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Language:
Español
Stats:
Published:
2015-08-01
Updated:
2015-08-01
Words:
6,844
Chapters:
2/?
Kudos:
2
Hits:
106

Trucker

Chapter 2: Conociendo a la bestia (de acero).

Notes:

"Confiar en todos es insensato; pero no confiar en nadie es neurótica torpeza."

Juvenal

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

– ¿Subes o qué? – La voz grave e impaciente del hombre sentado frente a Jared fue la aguja que reventó su creciente burbuja de ensimismamiento.

El viajero parpadeó un par de veces antes de reafirmar su agarre en la manivela de acero y levantar una pierna. Las piedrecillas que se habían encajado en su zapato se desprendieron y cayeron, tintineando al rebotar contra la escalerilla y caer sobre el asfalto. A Jared le habría gustado subir mucho más ágilmente, como lo había pintado en su mente con anticipación. Un salto feliz al asiento del copiloto, volando sobre la puerta del auto. Pero en cuanto hizo el primer movimiento, sus músculos le detuvieron. Subió casi arrastrándose sobre el tapizado del asiento. Si no hubiese estado tan ocupado con la tarea de subir sin enredarse con la correa de su guitarra, habría notado como el otro hombre soltaba una risita por lo patético que lucía.

Cerró la puerta y se acomodó mejor en el asiento, tratando de colocar el instrumento a un lado sin éxito hasta que optó por colocarlo en el piso. Notó inmediatamente el olor de aromatizante para autos y el de las colillas de cigarrillo que terminaban de consumirse en un vaso de plástico abandonado entre ambos asientos. Se le hizo imposible notar también el cigarrillo que el desconocido sostenía en la mano izquierda, de tal forma que casi parecía a punto de caer por la ventana, y las latas de cerveza llenas y vacías frente a sus converse. Una parte de él estaba honestamente aliviada de haber conseguido transporte, pero la otra estaba considerando seriamente abrir la puerta y saltar de ahí o rodar escalerillas abajo.

Jared se obligó a no sentirse acobardado por el súbito ambiente hostil. Quizás era todo idea suya y estaba creando prejuicios cuando ni siquiera sabía el nombre del sujeto. Como todos decían, no debía juzgar a un libro por su portada. Especialmente cuando ese libro tenía un auto. O camión, en este caso.

–Mi nombre es Jared. Gracias por dejarme subir– Permaneció mirándole, con la mano apuntando hacia él hasta que la espera comenzó a hacerse incómoda. Jared se sintió estúpido entonces, y hasta cierto punto indignado. Tampoco lucía tan sucio… cuando comenzó a bajar el brazo de nuevo, un fuerte apretón le tomó por sorpresa. Y la palabra fuerte no se acercaba a la sensación que en realidad le había acaparado. Era como si la mano del contrario fuese tan firme que le hubiese envuelto todo el brazo, amenazando con dislocarle el hombro si se atrevía a desviar la mirada. Supuso que el efecto magnético aplicaba también en sus ojos semi-cerrados, almendrados y brillantes como dos piedras de ámbar. Los habría descrito en una sola palabra: fieros.

–Shannon– Soltó su mano sin más, haciendo que Jared frunciera el ceño. Dio una calada a su cigarrillo antes de tomar el vaso y vaciarlo en la carretera -una jodida propiedad del estado- echando dicho cigarro en el recipiente. Jared conservó el mismo gesto hasta que Shannon volteó en su dirección y le dirigió una mala cara– El cinturón.

–¿Disculpa?

–Ponte el cinturón.

Fantástico. Jared descartó sus comentarios irónicos sobre cinturones de seguridad en un auto con más alcohol que un autoservicio tan pronto como Shannon pisó el acelerador. Ahora su meta no era llegar a Los Ángeles, sino llegar con vida a cualquier ciudad a la que ese cafre de nombre extraño se dirigiera. Se ajustó la cinta con rapidez y se dijo que, a ese paso, su recorrido con ese sujeto no duraría demasiado. Al menos, eso era lo que esperaba.

Después, el intercambio de palabras se redujo a nada. Aquello le dio tiempo de sacar la cabeza por la ventana y dirigir la mirada hacia afuera, al naranja intenso del sol mezclándose con el verde de los brotes que se emborronaban tan pronto como pasaban frente a ellos a esa velocidad. La pintura azul oscuro del camión, así como la imagen de una rosa, se reflejaban en el espejo retrovisor. El diseño de la flor era exactamente igual a la gorra que su acompañante se había rehusado a quitarse a pesar de que el sol no lograba alcanzarle dentro de la cabina. Jared podía intentar fijar la vista en el paisaje, pero de vez en cuando usaba ese mismo espejo para observar a Shannon. Incluso, cuando se sentía con un poco más de valor, le daba un vistazo rápido directamente antes de fingir que sólo se acomodaba en el asiento.

Shannon era exactamente como Jared se imaginaba que sería un conductor de camiones, pero con unos treinta kilos menos. Tenía tatuajes, chaleco de mezclilla, su aparentemente indispensable gorra negra y barba espesa y abundante hasta la clavícula. Una que le permitiría portar una navaja colgada al cuello si necesitaba la ventaja de un ataque sorpresa a su enemigo en una hipotética pelea callejera por un sixpack de cervezas. Jared se encogió de hombros en su mente. Simplemente se veía como ese tipo de sujetos.

Jared volvió la vista al espejo sólo para encontrarse con la mirada de Shannon. Miró hacia otro lado, como si la superficie reflectante quemara. Mientras Jared se preguntaba si había sido demasiado obvio, Shannon hacía casi lo mismo, le observaba. Había tratado de ignorar al chico, pero desde hacía quince minutos no dejaba de mover la jodida pierna y eso estaba acabando con la poca paciencia que le había dado el último cigarrillo de la caja. Tenía más, por supuesto, pero para ello debería estirarse sobre el asiento del copiloto y forcejear con el maletero unos buenos minutos antes de poder conseguir su siguiente dosis de nicotina. Lo habría hecho si eso no implicase que tendría que acostarse sobre el regazo del muchacho en el proceso. No faltaba demasiado para llegar, de todas formas. Pero antes: la pierna.

–Oye niño, tranquilo. No es la primera vez que le doy el aventón a un hippie– Jared detuvo la acción al momento. Bingo.

¿Niño? Ese hombre no tendría unos 3 o 4 años más que él mismo, pensó Jared, aunque no tuvo tiempo de analizar más a fondo esa parte. ¿Le había llamado hippie?

–¡Hey! No es que tenga nada contra ellos. Pero no soy un hippie– Jared dijo mientras colocaba una mano en su propio pecho y negaba suavemente con la cabeza.

–Ah, ¿no? – Preguntó Shannon irónicamente mientras rodaba los ojos.

–No. Es decir, son buenas personas, pero no. Si acaso, puedo decir que soy vegano– Jared no captó la ironía de las palabras del conductor, sino que incluso se volteó levemente para encararlo y así continuar la conversación.

–Pues pareces uno– respondió Shannon, luchando por ocultar su creciente sonrisa. Nunca era mal momento para molestar a alguien.

–Soy un músico– ¡Duuh! Jared levantó su guitarra para enfatizarlo, como si fuese lo más obvio del mundo.

Shannon se encogió de hombros, un tanto despectivamente, sin despegar la vista de la carretera –Es lo mismo.

Jared abrazó resentidamente su guitarra, acunándola contra su pecho mientras le dirigía una mirada glacial al mayor. Sin embargo, no respondió nada. Dejaría que su orgullo sanase solo esta vez. No le quedaban ganas ni energías para comenzar a discutir sobre su profesión, cosa que siempre se tornaba intensa una vez que daba rienda suelta a su pasión por la música. Mientras tanto, colocó el mentón contra la lona negra que cubría el mástil de su guitarra y removió los pies, haciendo que las latas debajo de ellos chocaran entre sí.

–¿Puedes dejar de hacer eso?

–¿Dejar de hacer qué?– Jared realmente no tenía idea de a qué se refería su acompañante. No estaba haciendo nada.

–Has estado moviendo las piernas por el último cuarto de hora como loco. Pareciera que tus pies estuviesen sobre una hoguera.

–¿Cómo Cuauhtémoc?

–¿Cómo qué?

–Cuauhtémoc. Realmente nunca me gustó la historia, pero recuerdo muy bien esta parte en dónde un…

–No, no, no– Shannon lanzó una mirada rápida, pero no por ello menos intensa, antes de enfocarse en el frente –Yo no quiero saber- sólo, deja de moverlas. ¿Quieres? Es lo único que te pido para permanecer en mi camión.

Jared realmente habría intentado. Pero ahora que prestaba verdadera atención…

–No creo que pueda.

–¿Por qué demonios no puedes?

–Creo que necesito ir al baño.

Shannon soltó una risa corta y sarcástica, antes de murmurar “¿es en serio?” casi para sí mismo. Maniobró la imponente máquina sin mucho esfuerzo hasta aparcar en la orilla –Que sea rápido.

Jared bajó con tan poca gracia como había subido, llevando su guitarra consigo -ya había tenido malas experiencias con ello- y alejándose un par de pasos hacia las plantas de la orilla. Mientras trataba de que el viento de la tarde-noche no le hiciera mojar los pantalones, en la cabina del auto Shannon le dio un par de golpes al tablero hasta que éste se abrió. Una cajetilla descansaba solitaria al fondo del compartimiento, por lo que hizo nota mental de reabastecerse tan pronto como llegara a su destino. Introdujo el pitillo en un orificio del tablero hasta que éste se encendió y lo acercó a su boca.

Pronto, la puerta se abrió y Jared repitió el penoso proceso de montarse en el asiento. Esta vez Shannon estaba demasiado ocupado disfrutando de su cigarro como para prestarle atención. Sin embargo, antes de poner en marcha el camión, repitió con el mismo mal humor del inicio:

–El cinturón– Jared forcejeó un tanto mientras Shan negaba con la cabeza –¿Qué tus padres no te enseñaron la importancia de esa cosa?

–Nosotros nunca tuvimos dinero para un auto.

–Eso no importa. Alguna vez tuviste que haber tomado un autobús– Shannon se dio cuenta que quizás, estaba siendo un poco duro con él, así que lo siguiente fue dicho con voz mucho más comprensiva –He visto accidentes que te harían desear no volver a viajar en carretera nunca más.

Shannon esperaba a que Jared le respondiera con algo, pero tras varios minutos de silencio, decidió dirigir la conversación a otro rumbo.

-Además, no pagaré una multa por tu culpa– Jared le miró brevemente antes de sonreír un poco. De alguna forma, Shannon se las arregló para que su voz se escuchara como la broma que era –Y bien, ¿a dónde te diriges?

–A Los Ángeles.

–Eso es… lejos.

–Lo sé.

–¿Planeas llegar así hasta California?

–No tengo otra opción.

–Si yo hubiese sido tú, habría ahorrado antes de intentar cualquier cosa– la voz de Shannon se escuchaba diferente con el cigarrillo entre los dientes. Pero parecía que estaba más dispuesto a conversar de esta forma. Jared tomó ese dato y lo guardó en el bolsillo. Aunque dudaba que le sirviera para mucho en el futuro. De hecho, ya que no le vería, no le haría nada de daño contarle lo que había pasado. Así, le relató todo de forma resumida y sin mucha ceremonia. Como esperó, Shannon no pudo evitar reírse. No le ofendió tanto como pensó que lo haría.

–¿Hablas en serio? Tienes agallas, chico. Yo habría regresado directo a casa.

–Bueno, si regresaba no había realmente… gran cosa. Era todo o nada.

Shannon le comprendía. Ya había pasado una vez por ello, y sabía lo duro que resultaba hacerse paso a través de la adversidad por sí mismo. Asintió con la cabeza y después siguió conduciendo por largo rato, hasta que los autos se fueron apretando cada vez más y pasó debajo cartel verde con el escudo azul de la ruta 49 y la leyenda “Shreveport” en letras blancas. Un letrero amarillo junto al camino señalaba una curva cercana.

–¡Grandísimo imbécil! – Shannon golpeteó el volante y el claxon resonó. Un auto le había rebasado en la jodida curva, por lo que tuvo que hacer un movimiento bastante brusco. Por el rabillo del ojo vio como la cabeza de Jared se desvió a uno de los lados. Entonces cayó en cuenta que el chico estaba durmiendo. Un par de expresiones como ‘No soy su jodida niñera’ o ‘Por esto le suceden cosas como esas’ aparecieron en su mente, antes de pensarlo mejor. El muchacho probablemente estaba cansado después del largo día. Pero aún así, eso no justificaba el exceso de confianza, se dijo Shannon. No todos tenían buenas intenciones e hizo hincapié en decirle esto a Jared antes de que partieran caminos.

Dobló en la siguiente esquina y las luces del camión alumbraron el logo de Black Fuel Trading Co. que se hallaba pintado en uno de los blancos muros de concreto de la distribuidora. El camión dio un resoplido antes de apagarse, y Shannon saltó con cierta gracia producto de la práctica. Saludó a un par de viejos compañeros y a unos nuevos conductores. Unos cinco camiones, incluyendo el suyo, se hallaban alineados frente a las puertas del almacén, todos eran modelos medianamente nuevos. Shannon hizo un par de estiramientos antes de echarle un vistazo a su pasajero. Ni los constantes pitidos de los autos en el apabullante tráfico de la entrada de la ciudad lograron despertarlo, dormía como un tronco. En parte sentía un poco de preocupación por el muchacho. No aparentaba ni los 17 años, aunque no se había tomado la molestia de preguntarle su edad. Y viendo su tendencia a traer problemas, se le hacía bastante egoísta dejarle ahí varado en la ciudad. No era su obligación ayudarle, trataba de decirse. Pero ¡demonios!, el tipo sería carnada fácil si lo dejaba así sin más.

Entró y se sentó en una de las sencillas bancas de metal junto a una maquinilla expendedora de sodas. Sacó de su chaleco un nuevo cigarrillo antes de tomar su teléfono y marcar un número. Se odiaría a sí mismo por un buen tiempo.

–Buenas noches, está hablando a Black Fuel Trade Company. ¿En qué podemos servirle? – La voz de un hombre joven se escuchó del otro lado de la línea.

–Soy yo, Shannon.

–¡Hey bro! ¿Qué pasa? – El profesionalismo de unos segundos antes se desvaneció, dando paso a un tono mucho más informal.

–Oye, Tomo… quería pedir un favor.

–¿Tanto tiempo sin hablar a tu amigo en la oficinas y cuando lo haces sólo es por favores? Me siento algo usado– Tomo hizo una pausa antes de reír sobre su propia broma. Escuchó una risa entre dientes de parte de Shannon a través de la bocina del teléfono– Si es sobre adelantar la fecha de pago, ya te dije que no me encargo de esa área y la última vez que se lo pedí a Vicky ella…

–No, no es eso-–Shannon le interrumpió, exhalando el humo con rapidez en una fina línea antes de voltear hacia su camión estacionado al frente– Verás, tengo un par de asuntos que hacer en Los Ángeles, ¿crees que puedas arreglarme una entrega por allí?

–¿Los Ángeles? Ok, déjame revisar la agenda de entregas de la costa este y veré que puedo hacer. No te prometo nada- Shannon se formó una imagen mental de Tomo sosteniendo el teléfono entre su oreja y el hombro mientras se inclinaba sobre su computador de escritorio en su siempre desordenado cubículo– Aquí está. Dice… oh. Las entregas son aproximadamente cada medio mes. Y la última fue hace… como cuatro días.

–¡Mierda!

–Lo siento, hermano, ¿en serio necesitas ir ahora mismo? – el pelinegro dio un par de clics, leyendo atentamente los destinos y fechas planteadas.

–No estoy realmente obligado, pero sería muy bueno si fuera en los siguientes días.

–Lo más que puedo hacer por ti es asignarte entregas en esa dirección, al menos en lo que se asigna la siguiente a Los Ángeles. Te la daría, de eso no hay problema. Pero tendrás que esperar hasta que pase.

Shannon lo pensó por un minuto mientras vaciaba las cenizas en una maceta cercana. Nunca era tarde para hacer buenas acciones. Además, estaría trabajando mientras tanto. No perdía nada.

–Está bien. Pero asegúrate de que nadie más las tome.

–Claro, claro. De eso me encargo yo. Por cierto, ¿qué me darías a cambio?

–Mmm… no lo sé, ¿una bola de estambre para tus gatos? – Tomo le dirigió una risa un tanto falsa antes de responder.

–Ellos estarían muy felices, pero no puedo decir lo mismo de su dueño. ¡Vamos!, siempre estoy haciéndote favores y no recibo nada a cambio– Tomo se impulsó con los pies y su silla de rueditas avanzó hacia atrás, lo que le permitió subir los pies al escritorio.

–Una noche de boliche, ¿te parece? Sólo tú, yo y esos horribles zapatos. Quizás hasta te deje ganar.

–¡JA! Qué modestia, pero no la necesito. Saldré victorioso por mi cuenta. Ahorra para invitarme unas cervezas cuando eso pase– Shannon comenzó a reír, ambos sabían perfectamente que Shannon era un maestro en los bolos, pero de todas formas Tomo amaba fanfarronear.

–Está bien, tenemos un trato entonces. Y baja esos pies del escritorio antes de que tu jefe pase por ahí– Colgó antes de que Tomo negara los hechos. Era común que se pusiera cómodo cada que la conversación se extendía por más de cinco minutos. Se tomó su tiempo para terminar el cigarrillo y lo aplastó en el piso antes de recogerlo y arrojarlo al bote de basura.

–Hey, niño durmiente. Despierta– Golpeó la puerta con los nudillos hasta que Jared mostró señales de lucidez –El viaje terminó.

–¿Desde cuándo me quedé dormido? – Su voz sonaba un tanto pastosa, como si el sueño se negara a despegarse por completo. Estaba tan aturdido que ni siquiera reclamó por el nuevo apodo que Shannon había encontrado para él.

–¿Desde hace media hora? No lo sé, me di cuenta cuando estábamos entrando a la ciudad.

–¿Dónde estamos?

–Shreveport. Viajamos un poco más de una hora debido al tráfico– Shannon en serio consideró por un segundo ayudar a Jared a bajar de ahí arriba, viendo su rostro desorientado y el lío que se hacía con las correas de su instrumento. Pero al final, el muchacho se las arregló para no estampar la cara en el piso– Tengo una buena nueva para ti, así que presta atención.

Shannon le dijo que su jefe le había llamado y, ¡oh sorpresa! Ahora tendría una entrega a California en diez días. Por supuesto, evitó contar la parte en donde le pedía a su amigo que se encargara de que eso pasara. Pero había cosas que era mejor no decir.

–Así que, si quieres seguir viajando en mi bebé…– señaló a su camión, que en ese momento estaba siendo vaciado por varios obreros de la compañía.

–¡Pero por supuesto! Es lo mejor que me ha pasado en días– Jared comenzó a reír y Shannon no se habría extrañado si hubiese comenzado a saltar de alegría.

–Está bien, tranquilo. Puedes ir a dar una vuelta, esto no estará hasta dentro de una hora. Hora y media, quizás. Estaré aquí. Si no conoces la ciudad no te alejes demasiado y esas cosas.

–Ok– Jared comenzó a caminar rumbo a la salida, y cuando reaccionó para darle las gracias una vez más, Shannon ya estaba dentro de una pequeña oficina, firmando lo que parecía un par de papeles de la empresa. Se encogió de hombros mientras reanudaba el paso. Ya se encargaría de eso después.

Caminó unas cuadras hasta que encontró lo que más necesitaba. Comida. Una M enorme y amarilla le saludaba desde las alturas. Jared entró un poco temeroso de que lo echaran por su apariencia, pero al ver sujetos en musculosas y sandalias se sintió como en casa, y agradeció a lo que fuese que estuviera allá arriba por el aire acondicionado. Después de quejarse de que la estúpida ensalada costaba unas 4 veces más que una hamburguesa, pagó por ella y una bolsa de papas. Soda mediana. Eligió sentarse en una banca en el otro extremo de la acera, tratando de comer relativamente despacio y disfrutar de algo que no fuesen las aplastadas barritas de la mañana. Eran aproximadamente las nueve cuando sacó su guitarra y comenzó a tocar cualquier cosa. Joy Division y U2 siempre le ponían de buen humor, y aparentemente a la gente también, gracias a lo cual recolectó unos nada envidiables 4 dólares con 25 centavos.

–Parece ser que el día no fue tan mal como pintaba– Se dijo a sí mismo. Guardó su fiel compañera y regresó por donde había venido. Sin embargo, cuando se encontró con las enormes puertas cerradas pensó que había hablado demasiado pronto.

–Hey, ¿qué haces ahí parado? – Jared vio a Shannon salir de una pequeña entrada anexa. Shannon no le esperó y volvió a entrar, por lo que tuvo que alcanzarlo hasta el estacionamiento. Cuando lo logró, Shannon ya estaba rebuscando algo en el interior de la cabina.

–Ten– El mayor le arrojó una bolsa de plástico mientras bajaba el vidrio de la ventana –Cualquier hotel de por aquí cuesta al menos treinta dólares, y seguramente eso es más del dinero que tienes. Puedes dormir en mi camión, pero hay un par de cosas apiladas en la litera. Tendrás que arreglártelas con eso –Lo de su dinero no era exactamente cierto, pero la tarifa de los hoteles era una suma considerable y Jared no estaba dispuesto a dar eso por una simple noche.

El músico apretó la bolsa contra su pecho, un tanto extrañado por la amabilidad que podía presentar una persona como Shannon. Aparentemente, estaba en lo correcto. No debía de adelantarse y crear prejuicios contra los desconocidos.

–¿En serio no te importa que pase la noche aquí?

–No realmente- Shannon se encogió de hombros– Además, ya has dormido aquí antes.

–Tienes razón– Jared sabía que Shannon se estaba burlando de él, pero aún así no pudo evitar reírse por su broma.

–Bueno, trata de, ya sabes, descansar. Partimos mañana a primera hora– Shannon hizo esta observación mientras caminaba rumbo a la salida. Jared abrió entonces la bolsa y encontró una delgada sábana azul y una almohada. Levantó la vista y sonrió a la figura que se alejaba en la oscuridad.

Notes:

Para velynmars ;) por su cumpleaños

Notes:

Después de siglos sin aparecer, al fin traigo una historia. Respecto a las series “Mechanical Love”, no sé cuándo, pero las continuaré. Ya tengo un par de capítulos escritos, pero siento que algo les falta y no los publicaré hasta que no piense que están listos para ver la luz. Este nuevo long-fic (tendrá alrededor de 10 capítulos, dependiendo de cómo se comporten los chicos) se me hizo irresistible de comenzar, ya que es una de las historias más graciosas que haya decidido escribir. Espero que se diviertan con ella :D