Chapter Text
La verdad es que Sonny pensó que Cuti iba a limitarse a chequear como estaba de vez en cuando, pero el morocho no mintió cuando dijo que iba a estar ahí para él. Se tomó con completa responsabilidad su promesa y ayudó al coreano a transitar toda su nueva vida como universitario y de paso, lo ayudó a enmendar su corazón roto.
Cristian acompañaba a Heung-Min a sus clases, lo invitaba a almorzar, iban al cine, estudiaban juntos y la amistad entre ellos inevitablemente creció. Una amistad que floreció en el amor maduro que hoy, ambos sentían por el otro.
Si tenemos que hablar de Rodrigo, bueno, esa historia es completamente diferente. Negado a pedir perdón por sus errores, se refugió en su carrera universitaria y no volvió a su casa hasta que su madre se lo rogó llorando. Honestamente se arrepiente de haber sido un estúpido y huir como un cobarde esa mañana luego de su altercado con Sonny, en vez de ser un hombre y quedarse a implorar el perdón de la persona que amaba, piensa con bronca.
Para el momento en el que se reunió con Heung-Min, unos cuantos meses después de su “conversación”, le pidió perdón y el muchacho como el ángel que era, lo perdonó, pero sentenció que todavía no estaba listo para retomar su amistad. El mayor había entendido su punto y lo despidió, sorprendido observó que a la salida de la cafetería, el menor se subía a un auto que él reconoció como el de su hermano Cristian.
Tardó en animarse a admitir que sus sentimientos por el coreano siempre habían sido románticos, pero cuando quiso confesarse era demasiado tarde… su hermano ya había hecho sus jugadas y tenía al menor comiendo de su estúpida mano.
Ya no podía negar que odiaba a su hermano, más que nada en navidad, cuando su padre lo obligaba a volver a casa para que viera todo lo que se había perdido por ser un imbécil. Algo que Rodrigo odia también es admitir que Cristian ama a Son más de lo él se permite pensar, es completamente ridículo como su hermano mayor conoce las mañas del menor, sus gustos; y lo que más aborrece es tener que ver cómo cada que sus miradas se cruzan parecen comunicarse sin necesidad de hablar, compartiendo un secreto en silencio. A Lolo eso lo llenaba de odio, su vínculo con Sonny nunca había sido así, el coreano miraba al mayor de los Romero como si este fuera un batido de frutilla gigante… y por dios, su hermano odiaba esos batidos, pero gustosamente besaba los labios de su novio después de que este se tomara uno. Era ridículo.
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Rodrigo entro nervioso al local, divisando la mata de cabello negro casi al instante. Camino hasta la mesa y se sentó frente a su hermano, que levantó la mirada dejando su teléfono de lado — ¿Cómo andas, Lolo? — preguntó mientras hacía un ademán para llamar al mozo.
Inmediatamente después de que el mozo desapareció de su vista, Rodri hizo saber a su hermano su descontento con lo que a su punto de vista, era desinterés — ¿Te importa? — escupió notando como la sonrisa del otro se desvanecía y se ponía serio — ¿Qué quieres?¿Restregarme en la cara que papá te dio la gerencia de la empresa? —
Cristian ríe con sarcasmo — No puedo creer que te sigas comportando como un maldito niño, esto no tiene nada que ver con mi, muy, merecido ascenso… vine a darte esto — masculla, dejando sobre la mesa un sobre elegante.
— No voy a ir — sentencia el menor, levantándose de la silla — mis condolencias a Sonny por elegir esto para sí mismo —
El mayor rodo los ojos y agarró la muñeca de su hermano, obligándolo a sentarse de nuevo — Tenemos que hablar Rodrigo y lo sabes, hablemos por favor — le da un sorbo a su café y suspira — no te puedo decir que estoy arrepentido de la decisión que tomé… si lo estoy de ver como te afecto lo que hice —
Rodrigo se ríe con sarcasmo — Claro, ahora quieres jugar el papel de hermano mayor preocupado… según tengo entendido los buenos hermanos no se quitan los intereses amorosos entre ellos — escupe con sorna, disfrutando lo incómodo que logra poner a su querido hermano — ¿Qué pasa? ¿Ya no quieres hablar más del tema? — inquiere.
Aclarándose la garganta, el mayor afloja el nudo de su corbata tratando de pensar algo coherente para decir. Con Lolo nunca habían sido unidos así que fingir que no estaba acostumbrado al desdén de su parte sería una burda mentira. — Yo puedo vivir con que me odies, ya estoy acostumbrado… pero Heung-Min por otro lado, no; por favor no lo odies, nada de esto es culpa suya — explica y mira como su hermano niega, luciendo completamente abatido — él te quiere mucho —
Enojo, eso es lo que puede describir como se siente Rodrigo en este preciso momento, ¿Cómo se atreve su hermano a decir tal cosa? — Si me hubiese querido, nunca se habría acostado contigo — bufó con molestia al darse cuenta que le dio a conocer a Cuti lo mucho que le afecta que él esté con la persona que ama — que asco que me dan tu y tu puta —
Respira con tranquilidad que no tiene, no concibe la manera en la que su hermano está hablando de su futuro esposo — ¿Sabes que? Me cansé de tus estupideces ya tienes veintiocho años, Rodrigo, madura de una buena vez. Tuve suficiente de tu mierda por años, no voy a dejar que arruines mi matrimonio. ¿No deseas ir a mi boda? Perfecto, lo único que quiero es que tengas algo muy claro, si sigues siendo un maldito resentido la familia eventualmente se cansará de ti y vas a terminar sólo; y no quiero ser malo pero quizás te lo merezcas — sentencia sacando unos billetes de su billetera, se levanta de su silla y se coloca su pesado saco de gabardina gris, colocando sus pertenencias en sus bolsillos — Supongo que te veré por ahí — concluyó y comenzó a caminar hacia afuera, donde lo esperaba el frío sepulcral del invierno de la ciudad de Londres. Reprocha su elección de palabras para con su hermano pero finalmente decide que era algo necesario, sus padres nunca pusieron un freno a ninguna de las actitudes del menor, dejando que siempre haga y diga lo que le viniera a la mente. Él era una persona sensata y tranquila; pero Rodrigo tenía la maldita costumbre de llevarlo al límite y luego quejarse de las consecuencias. Suficiente, Cristian no iba a permitir que su hermanito arruinara su relación.
El menor era el único culpable sobre cómo terminaron las cosas con Heung-Min, Cuti tenía la conciencia limpia y tranquila, en lo que a él respecta, Rodrigo podría arrastrarse hasta el mismísimo Vaticano a pedirle al Papa el perdón divino y a él no le importaría una mierda. Era hora que su hermano hiciera frente a sus problemas como un adulto y asumiera la responsabilidad que tenía sobre su propia vida.
Su teléfono vibra y él rápidamente atiende — Hola amor, ¿ya fuiste a probarte el traje? — pregunto tan rápido como contesto.
La voz al otro lado ríe y eso hace que la amargura que sentía, se disipara un poco — ¿Cómo sabías que era yo? — preguntó la dulce voz de su prometido.
— Eres el único ser humano que me llamaría a la hora del almuerzo, además de mi padre, pero él está contigo así que… lo adiviné — bromea, escuchando encantado como el coreano larga otra carcajada.
— Hubiera sido bastante raro que le digas amor a Lionel, me encantaría ver cómo reaccionaría a tal situación — respondió y Cristian sabe que está alzando las cejas, seguramente con una de sus hermosas sonrisas tirando de sus apetitosos labios. Dios, lo extraña tanto — Dice mi suegrito que dejes de holgazanear y vayas a trabajar de una buena vez —
Rodando los ojos, empuja la puerta del edificio y entra, sintiendo inmediatamente el cambio de temperatura — Si, eso suena a mi papá, dile que ya estoy en el edificio. No me contestaste, ¿ya te probaste el traje? — preguntó subiendo al ascensor.
— Todavía no, cariño. Tu madre tuvo un pequeño problema con Alejo así que muy a pesar de tu padre y mío, estamos yendo tarde… no te preocupes están todos bien. Te llamo cuando estemos volviendo —
— Está bien, te amo, nos vemos luego — sonrió sentándose en su silla.
Sonny tira un beso al teléfono — Adiós cielo, te amo — contesta y da por terminada la llamada.
A veces no puede creer su suerte, como pasó de ser sólo un amigo del bonito chico a ser su prometido. Se sorprende de lo mucho que el coreano lo conoce y como comprende cada cosa de su persona, está completamente orgulloso de la muy bonita relación que han construido y está más que feliz de poder dar un paso más con él.
Sonny había pasado toda su vida pensando que iba a crecer para casarse con Rodrigo… por eso mientras se miraba en el espejo y alisaba arrugas inexistentes en su traje pensaba -¿qué pensaría mi yo del pasado si me viera ahora? Probándome un traje para mi boda con Cuti, el hermano mayor de Lolo-
— Te queda precioso, cielo — dijo entre lágrimas su suegra, quien lo había acompañado en esta ocasión.
— Gracias María — sonrió, sintiendo las lágrimas acumulándose en sus ojos.
Lio se acercó al muchacho que pronto iba a ser oficialmente su hijo político — Te sienta bien el color — comentó acomodando las solapas del precioso traje beige. Estaba orgulloso de que al menos alguno de sus hijos había sido lo suficientemente inteligente como para pedir la mano del muchacho y aunque siempre pensó que iba a ser Rodrigo, no le sorprendió cuando el mayor apareció un día en su despacho contándole sobre sus sentimientos por el coreano. Él confiaba que si los tres mayores no hacían el trabajo, Alejo lo iba a cumplir pero ahora ya no tenía manera de comprobar su teoría… — El día de la boda, quisiera que me cumplas un capricho ¿puede ser? —
¿El señor Romero con caprichos? Heung-Min estaría mintiendo si dijera que no está acostumbrado al comportamiento infantil del hombre, aunque no era algo regular — Seguro — contesta dedicándole una mirada a María, que niega con la cabeza ante la actitud de su esposo.
Rebusca en su bolsillo hasta que encuentra los gemelos familiares — Los mandé a hacer para vos hace algunos años, siempre supe que ibas a formar parte de la familia… y ahora que es oficial, me gustaría que los uses en este día tan especial para vos y para nosotros — expresa, dejando los pequeños botones en la delicada mano del muchacho.
Conmovido por las palabras y por el gesto de su suegro, envuelve sus brazos alrededor de su torso, sintiendo al hombre rodearlo con fuerza — Muchas gracias, Lio, claro que lo voy a usar — murmura — creo que ya podemos volver al trabajo — comenta cuando se separan. Lionel asiente y deja un beso en su cabello; sonriendo, Sonny camina al cambiador para sacarse el costoso traje.
María se acerca a su esposo y entrelaza sus brazos — ¿Quién hubiera dicho que ibas a ser todo un sentimental cuando envejeciéramos? — bromea mientras limpia una pequeña lágrima de la mejilla del hombre.
Bufando, corre su cara del alcance de la mujer —Ya me conoces, cariño, soy un hombre sentimental— comenta —cuando los veía siempre supuse que iban a casarse— confiesa, dirigiéndose a la salida de la sastrería.
— Cristian lo dijo ni bien anunció que eran novios — resalta la señora, sin entender a dónde quiere ir su marido con su comentario.
Niega y abre la puerta para que su esposa salga primero — Estaba hablando de Lolo, pensé que ellos iban a casarse. Ni siquiera sabía que Cuti estaba interesado en Heung-Min — explica.
— Se ve que el destino tenía otros planes — comenta la mujer, observando a su yerno salir de la tienda. — ¿Vamos, amores? — pregunta y recibe un asentimiento de ambos hombres.
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— Yo… en serio estoy muy arrepentido por lo que pasó entre nosotros, nada de lo que dije en su momento era cierto, perdóname por haber sido tan cruel contigo cuando no lo merecías — dijo Lolo después de que ambos terminaron sus respectivas bebidas.
— Sabes… yo en verdad creo que las cosas tienen que pasar por algo. Todo lo que pasó me llevó a Cristian y lo haría todo de nuevo si tuviera que, incluso lo de esa noche. No te preocupes más por eso, ya no importa Lolito, yo te agradezco por haberme ayudado a encontrar al amor de mi vida — dice con esa dulzura característica el muchacho. Deja unos billetes en la mesa y se levanta — Cris quiere que vayas a comer a casa algún día y yo también, nos vemos Ro, te quiero — dice dejando un beso en su mejilla y saliendo del lugar.
El mayor lo observa marchar con tristeza, pensando en lo tonto que fue de dejar ir al muchacho. De todas maneras, mientras hablaban amenamente tomando el café, a Rodrigo le pareció innecesario mencionar que él se dio cuenta que había estado enamorado de Sonny desde, prácticamente, siempre. Y creyó que lo era ya que, en ese momento se había dado cuenta que Heung-Min estaba feliz y él no podía ni quería quitarle eso. El muchacho había sido su solcito personal por años y erróneamente lo dio por sentado. Lamentablemente, tuvo que perderlo para darse cuenta lo que tenía; y reconoció que su hermano mayor era el más inteligente de los dos porque si vio lo que él no pudo incluso cuando lo tenía frente a su nariz.
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Lolo observa a lo lejos a su hermano y su esposo bailar el vals, ambos completamente sincronizados… eran un sueño.
— Ese podrías haber sido vos si no fueras un cobarde — dijo Alejo, su hermano menor, a su lado.
— No es tan fácil — trato de justificarse Rodrigo, tomando todo su espumante de un sorbo y agarrando otra copa de la bandeja que pasaba por enfrente suyo.
— Si que lo era, pero siempre le tuviste miedo a hacer lo correcto — resalta el menor y bufa — que pocos valores que tiene tu hermano, yo le había pedido el segundo baile a Sonny — se queja señalando en donde su hermano Giovani está bailando con el esposo de su hermano mayor.
— Alejo, Heung-Min estaba preguntando por ti para bailar la tercera pieza, ve — habla Cristian en dirección al menor de sus hermanos. — Gracias por venir, Lolo — comenta dándole una copa de champán al mencionado, que la acepta y deja la vacía en la mesa.
— De nada — contesta Rodrigo, chocando suavemente su copa con la de su hermano.
Cuti sonríe y aprieta el hombro del muchacho — Y… gracias por… no contarle nunca —
Mirando extrañado a su hermano, Rodrigo pregunta — ¿No decirle que a quien? —
— Por no decirle a Sonny que estuviste enamorado de él todo este tiempo — contesta Cristian, tomando un sorbo del espumante y mirando a lo lejos a su esposo bailar con su hermano más chico.
— ¿Como- —
— Siempre lo supe — dice en medio de un suspiro — retrase lo más que pude mi relación con Sonny por eso mismo, para que tuvieras tiempo para darte cuenta y hacer algo… pero nunca lo hiciste —
— Yo no… no tenía idea — murmura — pero, ¿y vos? — Rodrigo no quería creer que su desalmado hermano había puesto en segundo plano sus propios sentimientos por el bien de los suyos.
— Pasé mucho tiempo haciéndome la idea de que no iba a poder tenerlo, estuve siempre dispuesto a mirarlo de lejos… pensé que eventualmente me iba a enamorar de alguien más pero no fue así. Cada día que pasaba con él me gustaba más. Yo… quería que vos seas feliz y aun sabiendo que parte de tu felicidad era Sonny, no pude evitar amarlo… perdón por ser un egoísta— confiesa el mayor. Si era honesto él había sido testigo de cómo Sonny miraba a su hermano y en las interacciones que había tenido con el menor le fue completamente imposible no caer rendido a los pies del dulce Heung-Min.
Cristian siempre tuvo noción de lo excelente que era, la gente lo llamaba engreído, él admitía que lo era un poco. Bueno en los deportes y académicamente. Había sido presionado por su padre por ser el mayor de sus hermanos y el primer heredero de la familia, él estaba acostumbrado a lo exigente que era Lionel y lo soportaba porque sabía que esa presión era sinónimo de éxito.
Aunque también sabía de dónde venía esa voracidad de grandeza, la necesidad de demostrar ser mejor que su hermano en cualquier destreza. Y la respuesta era Son Heung-Min.
Mientras Cristian se mataba estudiando, practicando y entrenando, su hermano pasaba las tardes con su vecino y cuando sus dos hermanos más chicos tuvieron edad suficiente, se unieron a Rodrigo en visitar al muchacho de la casa de enfrente.
Hubo ocasiones en las que Cuti se quedaba con los Son porque tenía exámenes que dar y sus padres viajaban con los más chicos. Muchas veces resigno horas de estudio para jugar con el adorable hijo del matrimonio.
Heung-Min parecía ser la única persona a la que no le importaba que Cristian sea un orgulloso y mal perdedor, el menor lo dejaba ganar e incluso lo felicitaba cuando lo hacía de verdad. Ahí pudo entender la fascinación de Gio y Alejo con el chico, era un completo ángel.
Y no odiaba a sus hermanos por no tener que cargar con el peso que él cargaba, amaba a sus hermanos con su vida y lo eran todo para él. Pero eso no significa que no sintiera envidia por la libertad que poseían los menores.
Con Rodrigo siempre le costó establecer una relación, el menor era retraído y un completo desgraciado, imbécil e inservible cuando se lo proponía. A veces dudaba que fueran hermanos de sangre ya que eran el agua y el aceite.
Cuti no era estúpido, él sabía del complejo que tenía su hermano con lo que representaba su existencia en la familia. “El niño de oro” solía llamarlo su tío Walter cuando él todavía tenía unos 15 años. Sabía lo difícil que había sido para sus hermanos crecer en su sombra, pero de todas formas no era su culpa él sólo cumplía las exigencias de sus padres.
Envidiaba como su hermano podía pasar tiempo con Son y como este parecía estar enamorado de él. No podía superar a Rodri en el asunto y eso él lo tenía muy claro. Cuando ambos pelearon el día del cumpleaños del menor, Cuti no se sintió aliviado ni mucho menos; estaba furioso. Su hermano tenía la bendición de tener al coreano a sus pies y el imbécil se las arreglaba para arruinar incluso eso, tal como había hecho con su ingreso en Oxford. Lolo había empujado a Heung-Min a sus brazos… y quién era él para negarse.
Le dio tiempo al muchacho y le dedicó muchas horas a su promesa, él quería que estuviera bien y que eventualmente se reconcilie con su hermano. Pero cada semana que pasaba, su mente se nublaba más, su corazón desbordaba de sentimientos por el chico y cuando éste un día lo besó de improvisto, Cristian decidió darles rienda suelta. ¿Qué era lo peor que podía pasar? Pensó en ese momento… y puede deducir una respuesta mirando el anillo que brilla en su dedo anular.
Rodrigo suspira y le da un sorbo a su copa, mirando a lo lejos a su padre bailando con su madre y Sonny — Creo que es lo que me merezco por haberlo hecho sufrir — comenta y mira a su hermano — yo no te culpo por amarlo ni a él por amarte, ustedes simplemente… se aman y eso es maravilloso — explica con sinceridad. Él sabía que su hermano era todo lo que el coreano podría necesitar y lo aceptaba, la verdad es que dolía que no sea él pero ya no había marcha atrás — ¿Cuándo supiste que te gustaba? —
Cristian suspira y hace memoria — Hace unos siete años… vos y Gio se habían ido a pasar las vacaciones de invierno con el tío Román y el tío Pablo… mamá y papá se habían ido con los Son a Corea y Ale era chico todavía así que se había quedado bajo mi cuidado al igual que Sonny — Rodrigo asiente, recordando esas dos semanas que había pasado con sus tíos en España — Heung-Min estaba reprobando matemáticas así que me pidió que sea su tutor, verdaderamente yo no quería tocar un libro en todas las vacaciones pero verlo tan decaído por el tema me hizo recapacitar, así que le enseñe — sonríe cuando recuerda lo gruñón que se había puesto su ahora esposo cuando estaba explicándole el sistema de ecuaciones — Me puso triste cuando todos volvieron… no sé, me di cuenta que me gustaba pasar tiempo con él y no quería dejar de hacerlo… Cuándo aprobó el examen me compro uno de esos asquerosos batidos de frutilla y me rogó que le prestara el libro que estaba leyendo en ese momento. Parecía tan interesado en entender que estaba estudiando y yo la verdad es que nunca conocí a alguien como él — toma todo lo que quedaba en su copa y mira a su hermano — no tenía planeado enamorarme, pero no lo pude evitar —
Rodrigo ríe y niega, tratando de pelear las lágrimas que se quieren juntar en sus ojos. Se acuerda de esas vacaciones, cuando volvió Sonny se la paso hablando de como Cristian lo había ayudado… recuerda haberse puesto celoso por las adulaciones de su amigo hacia el mayor.
Por Dios, su hermano llevaba años amando a Heung-Min en completo secreto e incluso trató de darle tiempo para que hiciera algo con respecto a sus sentimientos.
— ¿Qué hace mi esposo que no está conmigo en la pista de baile? — pregunta el coreano tirando sus brazos sobre los hombros de su amado, que besa sus labios y le sonríe.
— Poniéndome al día con este boludo — dijo medio riendo, y cuando Heung-Min gira a mirar a Lolo, este puede ver la sorpresa reflejada en la mirada del menor.
— Rodri, perdón, no te había visto — dice avergonzado y Rodrigo sonríe con tristeza mal camuflada. Claro, porque iba a verlo si Cristian estaba ahí, tan perfecto como siempre.
— No pasa nada cuña, soy el que pasa más desapercibido de los cuatro — dice Lolo simulando una risa que suena más como un chillido que otra cosa y si los tórtolos lo notan, no comentan nada al respecto — en fin, felicitaciones chicos, les deseo muchos éxitos y un matrimonio feliz y duradero — y en serio lo hace, choca su copa con la de los recién casados y se da la vuelta para irse.
Sonny mira a su marido y este asiente en su dirección. Haciendo puntitas de pie, deja un beso en los gruesos labios de Cuti y camina tras Rodrigo.
— Lolo — lo llama y este se da la vuelta — gracias, por venir y… por todo en realidad — el menor deja un beso sonoro en la mejilla del amor de su infancia, limpiando una lágrima que se desliza por la misma — quizás en otra vida — murmura con melancolía.
— Ojalá — contesta Rodrigo con un nudo en la garganta.
Heung-Min seca sus propias lágrimas y se ríe — No sé si sabes, pero por acá anda un colorado muy lindo, primo mío, al que le pareciste muy guapo… yo que vos — comenta alzando las cejas exageradamente y guiñándole un ojo.
— Cállate — dice entre dientes Rodrigo, pero de todas maneras termina riendo.
Sonny tira de él en un abrazo apretado — Te quiero Lolito, gracias —
Corresponde el abrazo y susurra — Yo también Minie, yo también —
— ME DEBES UNA PIEZA — gritó cuando se alejó en dirección a la barra, miró al muchacho reír y asentir. Si bien Sonny ya no lo amaba cómo supo hacerlo en su momento, le importaba Rodrigo y todavía lo quería, después de todo era su cuñado.
Sintió unos brazos alrededor de su cintura y unos labios en su mejilla — ¿Se encuentra bien, señor Romero? — preguntó la voz de su esposo cerca de su oreja.
— El único señor Romero es tu padre, por favor no me llames así — contestó riendo, dándose vuelta y rodeando el cuello del moreno con sus brazos. Presionó un beso contra los gruesos labios y señaló con su barbilla a la pista — ¿sería tan amable de concederme esta pieza, señor Son? — bromeó.
Cristian rodó los ojos cariñosamente, sonriéndole a su marido — ¿ahora yo soy tu padre? — cuestionó con sarcasmo.
Arrastrando al hombre hasta la pista, Sonny asintió — Podrías serlo, si eres un viejito — respondió.
Acercando su boca a la oreja de su marido, deja un beso en la unión de su cuello — Vas a ver lo que te va a hacer este viejito hoy a la noche — contestó mordiendo sensualmente el lóbulo de su oreja.
Heung-Min observo a su marido bailar con su madre, Ji-woo reía de lo que sea que Cristian estaba diciendo, sonriendo pensó en lo feliz que estaba de haberse enamorado de él. Ama completamente a su esposo... sin embargo, no puede evitar sentirse angustiado por Rodrigo. Él entendió algunos años después de su fallida declaración, que su amigo verdaderamente no estaba bien y que éste lamentablemente había proyectado sus inseguridades en su persona; Sonny estuvo dolido un tiempo, no pudo evitarlo pero eventualmente llegó a empatizar con el mayor. No cree que haya sido fácil para Lolo haber vivido bajo la sombra de Cuti y las exigencias de Lionel. De todas maneras, nada justificaba como era con él.
Trataba de ser buena persona, a grandes rasgos sabia que lo era. Quiso evitar a toda costa tener sentimientos por el hermano de su amigo, se había torturado a sí mismo cuando se dio cuenta de los mismos, recriminando el cómo podría siquiera estar enamorado cuando algunos meses antes creía imposible superar lo de Rodrigo.
Aunque una cosa vale destacar, Heung-Min no se arrepentía de cómo resultaron las cosas y quizás algunos piensen que eso lo hace una mala persona, pero a él no podría importarle menos. La única verdad era que se había cansado de siempre poner a Rodrigo y sus intereses por sobre sí mismo, de soportar los comentarios hirientes, por Dios, se había cansado de toda la dinámica que tenían.
Y el acontecimiento del día de su cumpleaños, fue la gota que termino por rebalsar el vaso... Rodrigo había sido tan cruel con él, no le importo nada verlo llorar; simplemente se paró ahí y lo dejó pensar que era un muchachito patético que se merecía ser tratado con desdén. Ver el verdadero comportamiento de su amigo lo hizo darse cuenta de que el Rodrigo del que estaba enamorado no era real sino que más bien era una idealización suya.
Con el paso del tiempo decidió perdonarlo y dejar atrás el asunto, para esa fecha ya estaba un poco enamorado de Cris así que decidió dar por terminado cualquier vínculo que tuviera con su hermano. Él quiso de verdad a Lolo, sin embargo a veces el amor no es suficiente y ellos eran el claro ejemplo de eso.
De todas maneras, él no quiere profundizar en ese tópico más de lo necesario, ya que de todas formas siempre llega a la misma conclusión y es que lo que pasó, fue para mejor. Lo que había sentido sentido por Rodrigo no fue amor y nunca lo hubiera sido, de eso estaba seguro.
— ¿Listo para nuestra luna de miel, esposo? — escuchó a su derecha y una mano se extendió frente a él, se quedó un momento observando el hermoso anillo que se posaba en el dedo anular de la misma, simbolizando su compromiso y matrimonio legal. Sintió sus ojos llenarse de lagrimas y una sonrisa tiro de sus labios, Cristian lo era todo para él.
Asintió tomando la mano que le fue ofrecida — Estoy íntegramente listo para nuestra luna de miel, esposo mío — contestó mientras se levantaba.
Sujetó la cara de su maravilloso esposo y dejo un cariñoso beso en sus labios — Te amo, Heung-Min, en cuerpo y alma, para toda la eternidad — murmuró cerca de su boca.
— Cada latido de mi corazón es un te amo que te dedico a ti, para toda la eternidad — susurró de vuelta.
Con grandes sonrisas en sus labios y sus manos entrelazadas, los novios se fugaron de la fiesta sin despedirse de los invitados ni de sus familiares.
Lolo los observó marchar con una sonrisa triste, se volvió hacia su acompañante y le ofreció su mano — Sin los novios presentes no tiene sentido seguir aquí, ¿nos vamos? — sugirió.
Alzando sus cejas, el colorado lo miro con picardía — No, me gustaría bailar un poco más — sentenció y lo arrastro a la pista de baile.
Sorprendido pero no disgustado, Rodrigo acepto bailar una canción tras otra con el bonito muchacho hasta que prácticamente los echaron del salón. — Me gustaría verte algún otro día, ¿Qué te parece? — preguntó con nerviosismo.
Tomo de las mejillas al mayor y planto un beso en sus labios — Me encantaría, guapo — contestó y se marchó dejándolo parado en el medio de la acera, estático por la sorpresa de la acción.
