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No recuerda cuánto tiempo lleva ahí. Solo recuerda, un destello, calor y abrir los ojos en medio del estruendo: máquinas tragamonedas iluminadas, música incesante, voces mezcladas en risas falsas y aplausos sin sentido. Un casino que nunca cierra, infinito, sin puertas ni ventanas. Un limbo disfrazado de su tan anhelado legado.
Se llama Quackity o era Big Q, o al menos así cree llamarse. Camina entre mesas de póker y ruletas sin final, con pasos perdidos sabiendo que incluso si retrocede no encontrará el punto de partida, a su alrededor, todo parece brillar, pero nada se siente vivo o más bien, no se siente suyo, las luces parpadean como recuerdos rotos y el aire huele a una nostalgia disfrazada de loción barata como la cierto alcalde corrupto.
Cada vez que intenta detenerse, su "otro yo" aparece frente a él. Tiene lo que alguna vez fue su yo más joven, su rostro sin cicatriz, su altura, su voz aun carente aún rencor o malicia manipuladora.
—No insistas —le dice— Nadie va a sacarte de aquí —
Quackity intenta responder, pero el otro ya ha desaparecido.
Pasa lo mismo una y otra vez.
Reconoce a alguien en una de las maquinas. Era un joven de sonrisa cálida, ojos tristes y vacíos detrás de unos lentes con cristal gastado, demasiado joven ser padre y aún mas para ir a una guerra pero demasiado viejo para ser protegido por otros. Recuerda sus conversaciones que podían durar horas y las insinuaciones coquetas eran un segundo idioma entre ellos. Para su yo más joven era una conexión, tan viva, real pero al día siguiente, ella ya no estaba solo dejando un cuerpo frío y crater humeante, como si nunca nada hubiese estado ahí.
Recuerda cuando se le acercó un grupo. Rieron con él. Compartieron historias. Uno le ofreció empujó a ser más ambicioso, otro lo animó a ser más sanguinario. Creyó tener amigos. Pero luego las luces cambiaron, se enfrentó con quién no debía, lo perdio todo nuevamente y todos tomaron caminos diferentes, lo dejaron atrás y ahora lo miraban de lejos, sin reconocer en lo que se transformó.
Cada proyecto, cada intento de crear algo, se desvanecía como humo entre cartas marcadas. Inició un mural en una pared del casino. Pintó un amanecer. Al día siguiente, alguien había pintado encima. Unas fichas de póker sonrientes.
Y siempre su otro yo regresaba.
—No lo entiendes, ¿verdad? Si hubieras dejado de intentarlo todo sería mejor pero siempre es lo mismo. Empiezas. Crees. Te ilusionas. Y luego… destruyes todo lo que tocas. —le dice— Porque tú mismo lo saboteas. Porque nada puede estar cerca de tí sin corromperse. Porque ya no confías en nadie...
Quackity intenta decirle que se calle, pero su voz ya no está es absorbida por la música y las monedas cayendo, lo único que puede hacer es alejarse con la esperanza de que su yo más joven lo deje en paz alguna vez.
Y finalmente algo cambia, desde la galería más alta del casino, lo ve. Un hombre con una colorida máscara sonriente, inmóvil, observándolo a la distancia, le recuerda a alguien que alguna vez pudo tener a su merced y eso le hace sentir un escalofrío, no son el mismo ser y no sabe si está ahí para ayudarlo… o disfrutar su sufrimiento.
—¿Quién eres? —susurra Quackity, un sonido apenas audible incluso para él debido al ruido.
El hombre de la máscara inclina la cabeza, como si supiera todas las respuestas, como si hubiera estado ahí desde el principio — Que paso, carnal, a poco te olvidaste de mi, como que ya toca ajustar cuentas — Y en un destello de lucidez, Quackity se da cuenta.de si mala suerte y se haya encontrado con alguien, tenía que ser él pero dentro de cada traición que cometió, cada abandono que sufrió y cada fracaso… este, no, él era un mal menor, casi estaba feliz de verlo, buen pudo ser dream, Wilbur, jschlatt y la lista seguía de quienes estaban más que dispuestos a verlo sufrir por despecho, venganza o solo por qué si.
Su otro yo vuelve por última vez.
—¿Tanto quieres sufrir? Porque quieres más castigo, aquí no hay perdón para tí..
Y entonces, todo se congela. Las luces parpadean por última vez. Las máquinas callan. La música se disuelve. Solo queda Quackity, la copia… y el hombre con la máscara sonriente, que por fin camina hacia él a paso despreocupado.
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— Pero este sueño termina aquí, no crees que fuí lo suficientemente amable en dejar hechar un vistazo al limbo, mascota —
