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Si alguna vez, se le hubiera dicho a Tomura de antemano que se le presentaría una oportunidad como esta para derrotar a esos irritantes héroes; muy seguramente, los habría desintegrado a la mitad de su oración, convencido de que intentaban burlarse de él.
Siendo que, Tomura, es plenamente consciente sobre lo difícil que es deshacerse de todos aquellos molestos estorbos en su camino.
Así que es realmente sorprendente el descubrir que, de hecho, ni siquiera necesitaban hacer una gran intervención para derrotarlos.
Incluso si es molesto y humillante para Tomura, él no puede quejarse ante el hecho de que se les presentara una situación tan beneficiosa; aún si esta ocurrió de una forma tan espontánea, accidental e inesperada.
Ciertamente, ninguno de ellos lo había esperado en absoluto. Sin embargo, tampoco estaban dispuestos a rechazar tal ventaja, así que fácilmente la utilizaron a su favor.
Después de todo, Sensei le enseñó a Tomura no desperdiciar las oportunidades.
Así que realmente no duda mucho antes de azotar contra el suelo el pequeño cuerpo de lo que antes era, hace tan sólo unos segundos, uno de los mocosos más molestos e irritables que estaban empeñados a siempre arruinar sus planes. No le importó lo pequeño que era ahora, ni tampoco su rostro infantil; Tomura continuó empujando su rostro contra el concreto y aplastó sus pequeñas extremidades con la ayuda de sus piernas.
No se atrevió a soltarlo, ni siquiera cuando sabía que no podría levantarse por sí solo, incluso si Tomura decidiera dejarlo ir.
Se burló de él, mirando con abierta alegría al pequeño mocoso retorcerse bajo su agarre, incapaz de defenderse.
Le pareció muy irónica la situación; tantos problemas y conflictos a lo largo de los años, sólo para que un pequeño descuido, totalmente fuera del control de ambos bandos, fuera lo suficiente para darles la victoria de forma tan inesperada.
No pudo evitar estar un poco molesto al principio, siendo que no pudo ser el mismo Tomura el causante de tal desenlace.
Sin embargo, la molestia no duró demasiado tiempo.
Escuchar a los tontos compañeros del mocoso gritar de horror, sólo mejoró su humor e hizo desaparecer cualquier indicio de mal humor que hubiera traído con anterioridad, incrementando, así, su impulso por querer desintegrarlo frente a ellos, en ese mismo instante.
Contrario a ellos, la pequeña mocosa a la que el hijo de Sensei protegió, fue mucho más inteligente y se quedó callada.
Sin embargo, incluso si ella no grita, Tomura aún puede disfrutar ver su expresión de culpa y terror mientras observa fijamente sus brillantes manos y se da cuenta de lo que hizo.
<<Quizás debería considerar enviarle un buen regalo algún día, como una forma de gratitud.>> Pensó, burlonamente.
Decidiendo ignorarla por ahora, Tomura quita una de sus manos sobre el cráneo del mocoso y, en su lugar, decide empujarla directamente hacia su cuello.
Aprieta tanto como se lo permiten sus cuatro dedos.
Tomura no es un tonto.
Por más que Sensei hubiera querido refutar los hechos y argumentar a su favor, Tomura sabe muy bien que ya es demasiado tarde para el mocoso mal agradecido de Sensei; su juicio ya estaba demasiado afectado y corrompido por la sociedad, como para intentar lograr convencerlo y hacerlo recapacitar.
Sólo hace falta ver su puro salvajismo por el simple hecho de obedecer y/o complacer, algo que incluso -por muy locos que estuvieran- la mayoría de sus miembros no tenían, para poder darse cuenta que, Midoriya Izuku, estaba mucho más allá su alcance y que sería imposible, tanto para él como para cualquier otra persona, el ayudarlo a abrir los ojos.
Tomura lo conocía, él ya había interactuado con él, y sabía que nada podría sacarlo de esa maldita terquedad insufrible.
¿Dónde mierda estaba eso cuando se trataba de ellos?
¿No se supone que son familia?
Sensei se negó a verlo y creyó, ciegamente, que aún tenían alguna oportunidad para redirigirlo al camino correcto; al camino que él debió de tomar. Sensei se convenció a sí mismo que lograría razonar con él y lo sacaría de la idea tan comercializada y romantizada del heroísmo, aun cuando nadie más pensaba que lo lograría.
El mismo Tomura intentó expresarle sus propias dudas, pero Sensei no lo escuchó y Tomura no tuvo otra opción que confiar en él.
...De Sensei, que estaba tan convencido de que podría razonar con el mocoso; sólo porque era su hijo y porque creía que aún existía algún tipo de afecto o cariño entre ambos.
Ese fue su mayor error y su perdición.
Sin embargo, Tomura no era Sensei y, por más que Tomura aun quisiera a Sensei, no se dejaría derrotar sólo porque era el hijo de su maestro con quien él peleaba.
¿No era acaso él como su pequeño hermano?
Así que no, Tomura no se detuvo sólo porque el mocoso malagradecido de Sensei, repentinamente, se volvió mucho más pequeño y fácil de eliminar, por culpa de la otra mocosa.
Ni siquiera sus pequeñas manos, que intentaron apartar inútilmente los brazos de Tomura de su cuello, o sus grandes ojos confundidos a punto de derramar lágrimas, lo hicieron dudar cuando comenzó a asfixiarlo y el mocoso no dejó de retorcer miserablemente su cuerpo, en busca de oxígeno. No se detuvo ni tampoco se atrevió a apartar la mirada, temeroso de que su repentina ventaja desaparezca tan sorpresivamente como apareció.
― ¡No ganarás! ¡Incluso si yo muero...! ¡Alguien te detendrá! ―grita, aun teniendo el descaro de ser demandante, pese a su posición.
Y entonces, el mocoso finalmente lo pierde y comienza a llorar.
Y Tomura no puede evitar recordar…
Cuan débil y deplorable fue alguna vez Tomura.
Quizás sea porque sabe que morirá, por su lamentable inutilidad o por el hecho de haber perdido, de forma tan estúpida, la peculiaridad que Sensei ha buscado recuperar durante generaciones. No importa cuál sea realmente la razón, pero eso logra hacer una expresión dolorosamente familiar en su rostro.
No es la gran cosa y, si Tomura realmente se pone a reflexionarlo, realmente no es muy diferente del rostro de cualquier otra persona que sabe que esta jodido; pero el sólo hecho de verlo provoca que Tomura se enfurezca aún más de lo que ya estaba.
No le gusta verse a sí mismo en otras personas, mucho menos si es similar a cómo era antes de conocer a su maestro.
Eso sólo hace que los asesine de forma mucho más rápida y aborrecible.
Sin embargo, contrario a sus otras víctimas, Tomura, pronto descubre que no puede activar Decay en el mocoso, por más que lo intente; su propia peculiaridad se mantiene apagada en contra de su voluntad.
También descubre que no puede obligarse a sí mismo a matarlo.
Y Tomura, de verdad quiere simplemente apretar sus manos sin meñiques alrededor de su cuello y romperlo. Quiere hacerlo llorar de agonía hasta su último aliento y hacerlo sufrir por todo lo que hizo y todo lo que provocó. Pero no puede, porque allí, en ese momento, el mocoso le recuerda un poco a lo que pudo haber sido.
Algo feo que se retuerce nauseabundamente sus intestinos y que, Tomura, rápidamente sofoca.
Ya no hay esperanza para él, se obliga a recordar.
El mocoso gimotea e intenta arrastrarse, pero no consigue moverse ni unos cuantos centímetros a pesar de que Tomura, desde hace ya un tiempo, aflojó su agarre sobre él.
Una sola mirada es suficiente para comprobar que, muy probablemente, Tomura debió de haber lastimado su espalda realmente mal o que, por otro lado, consiguió herirlo de mucho peor manera de lo que pensó en un inicio.
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A unos cuantos metros, los amigos del mocoso siguen intentando entrar al campo de fuerza que activó Tomura. Hay una pequeña grieta; no lo suficiente para preocuparse, pero si lo suficiente para saber que el campo de fuerza no durará demasiado tiempo.
No le importa los gritos desgarradores que se escuchan, un poco más allá de ellos.
Espera que sus subordinados se diviertan un poco con ellos.
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Se aleja del mocoso, resignándose al hecho de que no podrá obligarse matarlo y, en su lugar, simplemente lo patea. Tomura aún está enojado con él, así que está completamente bien si se desquita un poco; no lo lastimará lo suficiente como para matarlo, así que bien podría divertirse un poco con él mientras lo inmoviliza.
Ya sabes, un poco de tiempo entre hermanos metafóricos no legalmente presentados.
La mocosa del cuerno se encoje notablemente y suelta un gemido lamentable que resuena casi dolorosamente, dentro del campo de fuerza. Eso, por consecuencia, ocasiona que el mocoso malagradecido de Sensei lo ignore a él y, en su lugar, intente consolar a la mocosa al repetirle una y otra vez que nada de esto es su culpa.
Claramente lo es, por lo cual, los absurdos intentos del mocoso por intentar hacerla sentir mejor, sólo provocan irritación en Tomura.
Tomura odia absolutamente ser ignorado.
Pero, él pronto descubre que también odia (y de mucho peor manera) cuando lo dejan de lado por alguien más.
Especialmente cuando es alguien que debería de estar de su lado, apoyándolo a él.
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Si la próxima patada que le da al mocoso es con el doble de fuerza que la anterior, eso no es culpa de Tomura.
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― Pero mira lo que tenemos aquí ―exclama Tomura, molesto―. Actúas como una mierda con tu verdadera familia ¿Pero quieres actuar como un hermano mayor con extraños? ¿No es eso un poco hipócrita?
― No somos… nada ―dice, entre jadeos de dolor―. No eres más que un pobre cínico idiota a quien All for O-
― ¡Silencio! ―interrumpe―. Será mejor que seas más respetuoso, pequeño bastardo ¿No querías ser un buen hermano mayor para la maldita mocosa? Entonces, se un buen ejemplo y guarda silencio ―muerde con ira, jalando del cabello del mocoso para obligarlo a levantar la cabeza hacia la mocosa del cuerno―. Aunque mírala, ¡ella parece mayor que tú ahora!
― E-es rico de ti decir eso ―escupe el mocoso, claramente teniendo dificultades para respirar―… c-cuando ni siquiera… puedes fingir ser un buen falso hermano mayor o... tener una mierda de los modales básicos. Incluso un niño es mucho más maduro que tú-
Sin algún arrepentimiento ni culpa, Tomura pisa la mano del mocoso y la retuerce con la ayuda de su bota; sacándole, así, un grito horrible de dolor. Casi le da lástima a Tomura, notando lo deformada que estaba su mano ahora; con sus dedos en terribles posiciones, hasta el punto de hacerlo pensar que se le saldrán los huesos, y de un color purpura muy feo, casi al punto de convertirse en negro.
Los pequeños pedazos de piel desprendidos tampoco se ven bonitos.
<<Es triste>> piensa, <<a penas, hace unos minutos, la mocosa del cuerno lo había curado.>>
Si no lo supiera mejor, Tomura diría que el mocoso estaba a punto de desmayarse por el dolor, tras ver como a penas se mantiene despierto y no dejaba de temblar mientras, desesperadamente, intentaba proteger su mano herida, haciendo ruidos agonizantes de dolor ante el menor movimiento; sin embargo, Tomura, sabe lo realmente duradero que es el pequeño bastardo, por lo que la información no le es del todo relevante.
― ¡Deku-san..!
La otra mocosa, asustada, intentó correr hacia él, pero Tomura fue mucho más rápido y, antes de que ella si quiera pudiera tocarlo, Tomura la agarra del cabello y la lanza hacia los escombros.
― ¡No la toques! ―grita el mocoso, furioso, entre lágrimas de dolor.
― ¡Cállate! ―exige― Todo es culpa tuya ¡Nada de esto habría pasado si sólo no fueras un imbécil que prefiere darle la prioridad a los extraños y simplemente hubieras obedecido a Sensei!
― ¡Ustedes intentaron mm-ma-tarnos-! ¿Cómo puedes pensar que estaría de tu lado después de eso? ¡Ni siquiera yo te importaba antes de que-!
― ¡HE DICHO QUE TE CALLES!
El silencio que viene después es ciertamente reconfortante. Aun si incluso eso provocó que el mocoso volviera a intentar acercarse a esa maldita mocosa, que no dejaba de gimotear y llorar sobre los escombros; él fue sólo para protegerla. A ella.
El pequeño bastardo ni siquiera podía moverse, ¿Cómo podría protegerla él? ¿A ella, una desconocida?
<<Olvida el maldito regalo de gratitud. Tomura no iba a darle una mierda>>
― ¿Por qué no puedes simplemente obedecer y ser un buen maldito hermano menor? ―dice y, aunque no tuvo la intención, casi suena como una súplica―. Sensei perdió tanto por tu culpa y tú prefieres apoyar al enemigo ¿Acaso tengo que matarte para que dejes esto?
Tanto el mocoso como la maldita niña no le contestan; el mocoso estando demasiado ocupado en vigilar a la estúpida niña y la mocosa estando demasiado ocupada en llorar por su cabello y sus estúpidas rodillas raspadas.
Una parte de él quiere que sea el miedo lo que provocó su silencio; pero, otra parte de él, también desea que sea porque sus palabras verdaderamente están llegando al mocoso.
―Dime, Midoriya Izuku, ¿nunca has pensado en lo que sería de ti sin ese llamativo quirk? ¿Qué te habría pasado si All Might no te hubiera elegido? ―dice, notando su estremecimiento― ¿Habrías seguido rechazándonos de la misma manera en que todos te rechazaron?
Tomando toda la fuerza que le quedaba y sin estar dispuesto a flaquear, el mocoso lo mira con una terrible determinación, completamente seguro de sí mismo―. Us-ustedes sólo lastiman a quienes quiero. Jamás podría aceptarlos… incluso si All Might no me hubiera elegido. Sin importar qué.
― ¿Sabes, Izuku? ―dice, mirando sus manos distraídamente― A puesto a que habrías sido un buen hermanito menor si sólo fueras más obediente y menos obstinado.
Sí, un hermanito.
¿Acaso eso no sonaba lindo?
Hana no fue una muy buena hermana mayor; pero, quizás, Tomura sí podría serlo.
Se supone que los hermanos menores siempre deben de obedecer a los mayores, no como su desobediente hermanito. Si sólo el mocoso fuera más obediente, entonces habría sido un lindo hermano menor.
Y luego piensa, <<Oye, tengo la peculiaridad de Sensei y hay millones de peculiaridades más, ansiosas por ser descubiertas.>>
― Hey ―dice Tomura, sonriendo con renovada alegría―, quizás realmente pueda existir otra opción.
Si, piensa, mirando fijamente a su pequeño hermanito, siendo ahora completamente consciente de lo pequeño era y centrando su atención únicamente en ello.
Empezar de nuevo suena fantástico.
Pero por ahora-
Se acerca a la mocosa del cuerno, sin poder la ocultar la pura satisfacción de su rostro mientras extiende lentamente su mano hacia ella, y ella abre los ojos con puro horror.
Se asegura de no cubrir sus ojos para así poder ver su expresión todo el tiempo, y que sea él lo único que ella vea.
Ni siquiera las suplicas, ruegos o lloriqueos de Izuku lo harán detenerse, sin importar cuánto intente arrastrarse por el suelo o cuántas promesas falsas haga para intentar convencerlo de que se aleje de Eri.
Tomura se ríe.
Tener esto definitivamente le servirá…
