Chapter Text
6:00 am
Ha sonado la alarma. Después de buscar el teléfono Satoru logra apagarla. Vuelve a meter su mano dentro de la cobija. Vuelve a recuperar el sueño. La alarma había despertado a la pequeña niña de casi dos años quien volteó a ver a Satoru. No era la única que había despertado otro pequeño niño de la misma edad había abierto los ojos pero buscaba conciliar de nuevo el sueño. El tercer niño en el futón abrió los ojos fastidiado. La niña se olvidó de dormir, le inquietaba el silencio y solo estar sentada, por lo que pronto empezó a caminar por el suelo. Llamó la atención de los otros dos niños, el segundo se incorporó y el tercero solo giró su cabeza con pereza. La niña observó un bote de talco en lo alto de una mesa, se puso de pie aun tambaleándose e intentó alcanzarlo. El bote de talco se tambaleó y cayó. Por suerte Satoru logró tirarse en el suelo y resbalar para empujar a la niña y salvarla. El talco cayó en su cabeza formando una nube blanca que alarmó a los tres niños. Se comenzaron a escuchar los sollozos y luego el llanto de los tres.
A Satoru no le quedaba más que permanecer tirado y escuchar sus lloriqueos. Pronto escuchó los gritos del vecino de abajo.
“Estás haciendo mucho ruido, queremos dormir”.
Lo ignoró y solo dejó que los niños lloraran hasta que se cansaran mientras él suspiraba y trataba de recuperar su sonrisa. No había sido una buena semana. Se levantó y comenzó a reír para disipar el susto. Los llantos se volvieron sollozos y los sollozos se volvieron risas. Les habló para calmarlos:
—Hoy tenemos jugo de naranja para desayunar, ¿quieren jugo Nobara, Yuuji, Megumi?
Los dos primeros niños contestaron “sí” de inmediato mientras Megumi se negaba a dejar su cama.
7:00 am
De la cama a vestirse, sacudir el polvo y colocar sus lentes rectangulares y oscuros. Cambio de pañales mientras cuida que ninguno corra peligro. Cantarle a Yuuji para que deje que le pongan el pañal. Despertar a Megumi, lidiar con su modorra. Dos pantalones para ambos niños, playeras a rayas: roja para Yuuji, azul para Megumi. El vestido amarillo para Nobara y su moño de color morado del lado derecho. Pelear porque Nobara no quiere moño morado prefiere el naranja.
—las flores son naranjas.
Le dice ella. Es un argumento irrefutable. Satoru se disculpa. Evita que Yuuji se caiga de la silla.
7:15 am
El departamento donde viven es pequeño, un cuarto para dormir con otro para sala cocina y comedor y solo un baño.
El desayuno. Sacar puré de manzana del refrigerador. Satoru tiene que preparar algunas cosas por la noche, es parte de la rutina… es la costumbre. Todo es un caos, siempre había sido un caos. No se quejaba… no era una queja ¡nunca lo sería!
Repartir jugo de naranja en partes iguales con sumo cuidado para evitar peleas, apenas alcanza para llenar la mitad de cada vaso pequeño.
Anotar en lista del supermercado pegada en el refrigerador pequeño con pluma de osito panda, porque a Yuuji le gustan los pandas, “comprar jugo de naranja” justo debajo de comprar pañales especiales para Yuuji por alergia.
Pelear con Yuuji, se ha robado el jugo de Megumi ¡y Megumi llora!
Servir: huevos revueltos para todos aunque solo coman la mitad de la pequeña porción.
Yuuji exige pastel. Es muy temprano así que se le niega.
7:45 am
Preparar la pañalera: meter cambios de ropa de emergencia, hacer que quepan tres mamilas y la fórmula. Perseguir a Nobara y Yuuji por la casa. Pañales, talco, aceite, perfume, peluche de gato de Megumi, robot de Yuuji y bloques de Nobara. Limpiar restos de comida de sus bocas. ¡Se ha hecho tarde!
Tomar cangurera, asegurarla. Tomar pañalera, celular y cartera. Poner a Yuuji en cangurera. Cargar a Megumi porque le gusta abrazar fuertemente el cuello de Satoru por miedo. Corretear a Nobara, pescarla del vestido y cargarla.
7:55 am
Correr, al menos por un segundo mientras los tres niños gritan: es tarde corre, corre.
Satoru para y suspira. Con voz serena les contesta:
—Está bien está bien.
Los tres niños se sentían un tanto desconcertados. ¿Por qué su padre no corría? Si eso era de lunes a sábado. Satoru bajó con precaución las escaleras. Caminó hasta la parada del transporte público mientras cargaba a los tres niños y les hacía plática para que no se enfadaran de esperar. Les repetía oraciones simples para mejorar su habla, ellos hacían su mejor esfuerzo, aprendían rápido.
—¿Quieren algo de cenar en especial? Puedo traer peras y duraznos para sus purés.
Nobara se mostró inconforme.
—Yo toy grande tengo año… y medio. Puedo comer cakes.
—Tal vez considere los hot cakes.
8:15 am
Suben las escaleras a un segundo piso de un edificio y tocan la puerta marcada con el número 6.
Después de unos minutos abre una mujer con una cicatriz en su cara.
—¡Utahime!
Grita con emoción Satoru. La mujer lo ve y le cierra la puerta como todas las veces. Los niños gritan también su nombre aunque solo pueden articular “uta”.
Para ella es imposible resistirse así que abre la puerta y nota a Nobara y Yuuji sonriendo de la misma forma que lo hace Satoru, y a Megumi aferrado al cuello de Satoru agitando suavemente su mano para saludar. Algo la molesta y hace que abra la puerta.
—¡Cómo es posible que traigas a Nobara de esa forma! —Nobara aún colgaba, la traía agarrada de su pansa. Utahime se apresuró a tomarla— ¿por qué traes a Yuuji en cangurera? ¡Te he dicho tantas veces que esa cosa deformará sus piernas! ¿Quieres un hijo deforme?
—¡No tengo tres brazos!
Le contestó Satoru pero eso solo hizo enfadar aún más a Utahime quien tomó a Yuuji e intentó ponerlo en el piso hasta que… miró sus pequeños pies… Y luego los de Nobara y los de Megumi.
—¿Y sus zapatos?
—¡En sus pies!
Contestó alegre y orgulloso Satoru. Ella le mostró los pies de Yuuji quien se rio pues sentía cosquillas.
Ninguno traía zapatos ni siquiera calcetines.
En ese momento comenzó a sonar su celular, vio el nombre de uno de sus compañeros de trabajo y luego la hora. Se alarmó, le aventó a Megumi y la pañalera y salió corriendo
—¡Lo siento Utahime! Se hizo tarde cuídalos por favor volveré un poco tarde.
—¡Y los zapatos! ¡Satoru, me debes dos semanas! No puedo estar cuidándolos siempre… ¡No lo soporto!
Pero no recibió contestación. Él en verdad le molestaba.
Satoru subió de nuevo al transporte para llegar al trabajo. Acomodó su saco y su corbata y trató de guardar la calma… había dormido solo tres horas. Después de preparar el puré y terminar los pendientes se sentó a la mesa. ¿Qué iba a hacer? Esa semana habría recorte de personal, sus retrasos injustificados era posible que le pusieran la soga al cuello. Ya podía escuchar a su jefe gritándole. Ya lo sabía, pero tal vez solo, como cada mes, se estaba apresurando a sacar conclusiones. Al final de cuentas siempre entregaba sus pendientes.
10:15 am
Por fin llegaba a las oficinas. Marcaba su retraso y se acercaba a su cubículo para trabajar. Todo transcurrió con normalidad.
7:00 pm
Su jefe le pidió que fuera a su oficina en medio de sus pendientes. Siempre con la sonrisa en su rostro y ese humor que le caracterizaba Satoru se acercó incluso al ver lo inevitable.
“¿Qué voy a hacer?” —se preguntaba mientras escuchaba a su jefe explicarle con extraña calma.
—La empresa ha tenido pérdidas últimamente. Por lo que no tenemos como solventar los gastos de todos los empleados...
¿No tenían? Por supuesto que tenían incluso para contratar a más. Satoru sonreía con calma incluso cuando le molestaba ver a su jefe, quien el día anterior le había gritado por no traer café a su oficina, ser paciente y sentir pena por él.
“¿Qué voy a hacer?” —se preguntó cuando puso su firma en la nota de renuncia después de aclarar los términos del despido. Ese mismo día vería reflejado su sueldo del mes más su liquidación.
Finalmente, sin decir ninguna palabra, salió de la oficina, puso todas sus pertenencias del cubículo en una caja y salió. Una vez fuera del edificio desamarró la corbata de su cuello y la puso dentro de la caja. Caminó unas cuantas cuadras y se sentó en una de las bancas de un parque.
Estaba agotado. Solo dejaba caer su cabeza en sus manos. No servía de nada enojarse pero tampoco podía ser optimista… lo había sido por mucho tiempo. Creyó que si trabajaba más podría tener un ascenso, creyó que si tenía ese ascenso con el dinero extra podría ahorrar para mudarse a un apartamento más grande con un cuarto para los niños, pero no fue así, lo único que recibía eran quejas y exigencias. Lo que iba de vida de sus tres hijos no podía darles una casa digna, ni siquiera atención. ¿Y ahora qué haría? Se había quedado sin trabajo, le debía a Utahime por cuidar a los niños, tenía que pagar la renta. ¿Y en el futuro? Los niños pronto irían al kinder ¿cómo iba a solventar los gastos?
Masajeó con sus dedos su frente, acomodó sus lentes y tomó la caja. Comenzó a caminar. Fue al supermercado, hizo las compras pertinentes del día y tomó el transporte a casa de Utahime. Aún se sentía sumamente exhausto y frustrado. Se forzaba a fingir sonreír para los niños.
8:30 pm
Toca a la puerta del departamento de Utahime. La escucha gritar: ¡es su padre, le diré lo mal que se portaron el día de hoy!
Pronto escuchó la voz de Nobara gritar un “no”.
—¡Si no quieres que lo sepa entonces siéntate!
Y después de unos minutos se abrió la puerta.
—Vaya hoy llegaste temprano qué extraño.
Le permitió pasar. Los niños estaban sentados en la sala pero intentaron bajar para correr a verlo. En el trayecto Yuuji se cayó pero se levantó como si nada hubiera pasado y corrió para abrazarlo.
Aunque su día fuera horriblemente desagradable al verlos Satoru sonreía de verdad.
9:00 pm
—Me debes una —dijo Utahime— la conseguí en un bazar puedes pagármela después.
Sacó una carriola lo suficientemente grande para que los tres niños pasearan en ella.
Los tres la miraban con asombro y de inmediato se subieron en ella.
—¡Mínimo denme las gracias!
Los tres niños pronunciaron “gracias”. Satoru solo se rascó la cabeza. No sabía qué decir.
—Tiré a la basura tu porquería de cangurera. De nada.
—Te la pagaré… te pagaré todo solo…
—¿Solo? Eso no me gusta. Gojo necesito el dinero… y bueno tienes que saberlo. Estaré fuera durante el mes de agosto y no podré cuidar a los niños. Te lo digo con anticipación para que o busques a alguien más o los inscribas a la guardería. Hay una cerca de aquí.
—Claro… voy a buscar. Gracias por cuidarlos. Creo que ellos necesitan una madre. ¿No quieres ser su madre?
El enojo había pasado todo límite en Utahime solo podía expresarlo sonriendo y apretando sus puños estaba apunto de soltar palabrotas y golpearlo enfrente de los niños. Satoru solo emprendió la huida.
Los niños parecían divertirse mientras iban en la carriola. Era más cómodo era cierto pero no podría maniobrarla mucho en el transporte por lo que había decidido llegar a pie a casa. Para cuando llegaron los niños ya estaban dormidos. Les puso la pijama y los acostó en el pequeño colchón. Cerró la puerta para que no les diera la luz de la cocina. Él se sentó a la mesa, comió un poco y revisó las cuentas. Intentó dividir el dinero que tenía para que solventara todo el mes.
—Tengo que conseguir otro trabajo…
