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Al besar, le gusta cerrar los ojos a tiempo y sujetar el aire. Hay un leve movimiento antes de inclinar la cabeza y sentir los labios contrarios sobre su boca, lentamente, incluso cuando puede volverse salvaje y abrumador un segundo después.
Una mano lo toca en la nuca, pero apenas, presionando muy suavemente sobre la piel y la pelusa de su cabello corto. Es un toque débil, sin embargo, la forma en la que sucede lo hace emocionarse porque el contacto amable parece lo suficientemente encantador.
Kakashi podría quedarse así por horas, con la sonrisa bailando entre el beso, con esa única mano en la nuca, estática, y estar para siempre volando en esa emoción chispeante que se siente absolutamente real.
No es hasta que accidentalmente levanta su mano y toca su mejilla que lo recuerda y se aleja. No hay una dura expresión ahí, ni huesos resaltados, ni una mandíbula poderosa o una risa que por muchos años ha escuchado demasiado cerca y sabe que el suave gesto en comparación no alcanza para cubrir el vacío.
— Hokage... — Shizune dice y Kakashi odia abrir los ojos para verla. Cree que si mira solo un momento su cabello negro y corto, si toca las puntas, si mantiene las manos lo suficientemente quietas, lo puede volver a creer — ¿Estamos saliendo juntos hoy?
Los ojos negros de Shizune llenos de emoción casi lo convencen de irse juntos, porque también en eso se parece, un poco, solo un poco, y ese poco a veces puede bastar para sumergirlo en su fantasía y se pregunta si lo podría convencer un rato más.
Tal vez, en otro momento, Kakashi acepte su propuesta, pero ahora el anhelo por su auténtico deseo parece ausente y aleja la mano de Shizune, quitando también los dedos delgados de su nuca cuando gira sobre la silla del escritorio.
— Hoy no.
Shizune asiente feliz, dándole una sonrisa que, en su opinión, no es lo suficientemente buena.
Gai lo visita a menudo en su oficina cuando no está dando lecciones a los jóvenes en la academia como últimamente hace.
Él habla todo el tiempo, a gritos, y su voz resuena en la habitación de un modo tan agradable que puede reír solo con oírlo decir cosas tan exuberantes sobre lo más trivial. Los halagos son esponjosos, llenos de alegría y emoción. Está un poco agitado por moverse en la silla de ruedas pero las gotas de sudor en su frente solo lo hacen lucir mucho más vivo y fresco que de costumbre.
Gai se alegra de verlo, siempre lo hace, y se ofrece a llevarle cosas del mercado en su próxima visita, amable como cada vez, increíblemente ruidoso y jovial.
Kakashi tiene que resistir el impulso de sonreír mucho o decir cosas que no debería. Su corazón se acelera cuando Gai se acerca para despedirse, suspirando cuando su mano grande toca su hombro y descansa su calor ahí.
Hay muchas cosas que quiere decir y debe mantener en la oscuridad, cerrando la quijada hasta que los dientes le duelen y las palabras se hacen polvo en la lengua.
Finalmente, Gai aleja su mano y con ello su calor, también su sonrisa, y le regala solo unos pocos segundos más del brillo de su cabello oscuro y sus ojos negros y la alegría sincera y simple.
Kakashi no olvida la forma en la que su fleco se mueve en el umbral del pasillo y mira ahí por algunos minutos hasta que eventualmente Shizune regresa.
Él la hace esperar en ese lugar mientras finge levantar algunas cosas, observando como el viento agita los mechones de su pelo.
De algún modo, algo falta, y tras unos segundos le dice que entre y deje cerrada la puerta.
Kakashi no lo hace tan seguido como se esperaría.
Se queda quieto, muy quieto, con los dedos colgando en los papeles mientras hay un desfile de documentos entre un par de manos delgadas que están muy cerca de su cuerpo por casualidad.
Son manos pequeñas, aunque no débiles, y se ofrecen a un masaje por la tarde cuando no ha conseguido nada de su atención y no le queda más que recoger migajas de las que no se da cuenta que ha estado comiendo desde su posición de reemplazo.
Él no acepta, pero no deniega, y su mano sigue colgando alrededor de las hojas mientras se concentra en el contacto y nada más, resaltando las similitudes, despeinando el fleco de Shizune cuando se sienta sobre sus piernas y trata de formar difícilmente un corte de tazón.
Shizune se ríe muy suave por las caricias, pero Kakashi detiene sus mechones oscuros detrás de sus orejas y piensa en cómo se vería con un corte más adecuado. Un fondo verde, hombros anchos, brazos gruesos, una voz autoritaria y una risa amplia.
— Deberías cortarte un poco más el pelo — cuando se da cuenta de lo que está diciendo es demasiado tarde para retractarse y deja que su mano señale un punto sobe su nariz — Aquí.
Es casi una petición descabellada pero Shizune se está riendo, halagada por alguna razón, sonrojada, y a Kakashi le gusta el tono de su piel cuando cruza un dedo por el costado de su mejilla donde debería existir una línea.
Lentamente, Shizune cierra los ojos y se inclina a besarlo otra vez.
Él no sujeta su cintura, solo le devuelve el beso y aprieta los ojos con fuerza.
Shizune aparece la mañana siguiente con un corte de cabello nuevo. Todavía no es un corte de hongo recto como quisiera, pero está mejor.
Kakashi y Shizune están saliendo de la oficina sobre la calle principal, cargando un par de carpetas y luchando con los pergaminos de misiones cuando Gai pasa inesperadamente a su lado, girando alegremente sobre sus ruedas y soltando un discurso breve sobre la casualidad encantadora de verlos.
Se ve muy feliz, sonriente, tan increíble. La luz del sol brilla sobre su rostro atractivo y Kakashi suspira. Se emociona con verlo incluso por unos segundos y es tan patético que se ríe brevemente de sus sentimientos. Hoy no es diferente a como se sentía ayer, y tampoco lo será a como se sentirá mañana, se da cuenta.
Shizune se para al lado de Gai, charlando con él, hablando sobre cosas sin importancia que suenan entretenidas cuando Gai lo comenta con su voz amable que de algún modo lo hace admirarlo.
Kakashi quiere grabar esa imagen en sus pupilas, quiere engañarse y creer que Shizune tiene el cabello así de brillante, los ojos así de oscuros, que también irradia la misma bondad.
La mira fijamente para recordar ese momento, cada detalle de su rostro, para evocar como se veía el rostro de Gai a su lado, como un fantasma sobre la sombra de su nuca.
Equivocadamente, Shizune se da cuenta que la mira y se sonroja.
Ella no sabe que cuándo se van juntos a casa, lo único que ve en el fondo de sus ojos es lo brillante que era la sonrisa de Gai.
Algunas personas lo sospechan con el paso de los días, incapaces de ignorar las sonrisas cómplices de Shizune y la forma en la que parece tan nerviosa a su alrededor.
Es algo que la gente se da cuenta mucho antes que él, porque Kakashi no está prestando atención a esos detalles. Él pasa los días mirando por la ventana en busca de un vistazo verde, soñando con una voz amplia y manos callosas alrededor de sus hombros.
Al final de la semana, sin embargo, la puerta de su oficina se abre y Kakashi está feliz de ver al auténtico Gai moverse por la habitación y no un fantasma.
Él se desliza a toda prisa, casi golpeando el escritorio con las ruedas antes de estar de pie, tocando el hombro de Kakashi y bajando el rostro muy suavemente para susurrar.
— Rival, felicidades.
Kakashi está distraído por el contacto para entender de lo que habla y parpadea en confusión, porque no sabe las razones por las que lo está felicitando.
— ¡Estoy muy feliz por ustedes dos! — Kakashi ahoga un ruido cuando Gai lo abraza haciendo equilibrios peligrosos con su única pierna. Su piel es tan cálida y suave, presionándolo con fuerza, haciendo que el rostro de Kakashi se aplaste en su cuello y respire todo su delicioso olor.
Por un instante, casi olvida las palabras de Gai antes de que vuelvan a acomodarse uno frente al otro, demasiado cerca.
— ¿Nosotros dos? — su rostro está sonrojado, y su mente gira a la deriva entre las sensaciones hasta que los ojos de Gai implican secretismo y euforia.
— Sí, tú y Shizune… ¡me lo ha dicho todo! ¡No sabía que estuvieran juntos!
Kakashi se ahoga. Hay un hundimiento en su estómago y un ardor en su pecho que retuerce su interior. Difícilmente, logra forzar una sonrisa.
— ¡Lo tenías muy bien guardado, pero estoy feliz de que estén juntos! — Gai parece absolutamente feliz por ello. Lo hace darse cuenta de que está siendo sincero, de que no le molesta. De que no está celoso. De que no tiene oportunidad.
— Uh, sí.
El abrazo regresa y Kakashi hunde el rostro en el hombro de Gai, sintiendo la vibración de su risa, el fino movimiento de su piel debajo de su frente, el calor debajo de sus manos cuando devuelve el abrazo con tanta fuerza que duele.
Que todo duele.
— ¡Serán muy felices, Kakashi! ¡Estoy seguro de eso!
Su rostro masculino y anguloso se tuerce en la más honesta de las sonrisas y por una vez Kakashi levanta la mano para acariciarlo, suspirando con la barbilla ancha, con los brazos enredados en su cuello, con la respiración atascada y una nausea de desesperación en su interior quemando su piel.
Gai suelta unas pocas palabras más de emoción y ánimos que Kakashi no escucha.
Sabe que no importa lo que diga, nada lo hará más fácil o mejor.
Su abrazo es demasiado fuerte, y aun así, no basta, no es suficiente para sostenerlo.
Kakashi tiene que luchar para no llorar.
