Work Text:
Momota suspiró por enésima vez en esa última hora. Echó la cabeza hacia atrás, encogiéndose en su silla, y soltando su bolígrafo con rabia. Llevaba por lo menos diez minutos estancado con un mísero ejercicio matemático, tratando en vano de terminar la tarea que tenía que entregar mañana por la mañana.
Bufó, jugueteando nervioso con un mechón de cabello. Ni siquiera entendía por qué él, el Luminario de las Estrellas, tenía que entregar una estúpida tarea de astrofísica. Había aprobado el examen de astronauta cuando todavía estaba en secundaria, maldita sea. No se explicaba por qué no podía conseguir resolver esa ecuación, o hallarle sentido si quiera.
Tenía que seguir intentado. Si había algo que Kaito Momota se rehusaba a hacer era rendirse, menos aun considerando que le quedaban solo un par de ejercicios para finalizar. Una tonta fórmula indescifrable no iba a coartar su gran despliegue de sabiduría: él no era un idiota, y esta era la forma más rápida y simple de probarlo.
Saltó en su silla cuando escuchó el ruido de la puerta cerrándose tras él. Volteó en su dirección y sonrió, contemplando como Maki dejaba a un lado su abrigo y le devolvía el gesto. Hace poco más de tres meses que habían encontrado ese pequeño departamento en el centro de la ciudad, el cual compartían con Shuichi. Él y Maki estudiaban en la misma universidad, mientras que Kaito hacía sus últimas preparaciones para su primera simulación oficial de viaje espacial.
La idea de vivir todos juntos había sido de él, por supuesto. Momota quería tener a sus compañeros bien vigilados, como todo buen héroe haría. Además, de esa forma cuando él se fuera al espacio ambos podrían hacerse compañía mientras esperaban por él. Ese había sido el plan, tres amigos conviviendo juntos durante sus aburridos años de universidad.
Hasta que las cosas habían comenzado a volverse...raras.
La primera vez había sido un accidente. Ambos estaban muy borrachos durante la fiesta de fin de semestre y terminaron haciéndolo en el baño de la casa de Kaede. Con los padres de Kaede en la casa.
La segunda había ocurrido luego de que Maki llegara enfurecida al departamento al saber que casi había suspendido una materia. Kaito le había sugerido que salieran a gritar a algún bosque cercano (para soltar tensiones, había dicho) y una cosa llevó a la otra. Shuichi había notado los restos de hojas y ramas en el auto, pero prefirió no decir nada. Por su seguridad más que nada.
La tercera vez fue gracias a un ofrecimiento descarado. Aquel día habían tenido una larga charla trivial con Shuichi en la que salió el tema de los fetiches. Maki había asegurado que no tenía ninguno, pero Kaito apostó a que lo más probable era que le gustara ser elogiada. Que así se la había ganado como compañera, había dicho. Harukawa fue a la habitación de Kaito esa noche, ordenándole que tratara de probar su teoría. Finalmente, ambos acordaron en que el de cabellos morados tenía razón.
Y así terminó por volverse un asunto rutinario, sin que ninguno de los dos se diera cuenta. Nunca pararon a pensar en un nombre, una etiqueta para aquello que estaban haciendo a escondidas de todos, incluso de la persona con la que compartían el techo. Tampoco es como si aquello valiera la pena: en un par de meses Kaito se iría al espacio y no volvería hasta dentro de un año. Maki ocultaba el incesante latir de su corazón convenciéndose de que le estaba haciendo un favor, que en el espacio extrañaría lo que era el sexo; Kaito trataba de pensar lo mismo, mientras reflexionaba sobre si sería muy raro masturbarse en el espacio pensando en ella.
— ¿Qué estás haciendo? — preguntó ella, sacándolo de sus pensamientos. Él soltó un resoplido como respuesta, apuntando a su cuaderno de apuntes —, ah.
La vio acomodar su mochila en su hombro y desaparecer dentro de su habitación, sin volver a dirigirle la palabra. Miró al reloj de pared frente a él, el que marcaba las siete de la tarde. Maki acababa de llegar de su última clase del día, por lo que debía estar igual de agotada que él. Shuichi, por otra parte, le había avisado que llegaría tarde ya que Kaede lo había invitado a un recital.
Kaito volvió a suspirar. Trató de concentrarse en su tarea, pero notó como poco a poco los números y letras en el papel se volvían borrosos frente a él. No cayó en cuenta en el tiempo que llevaba mirando a la nada, hasta que una mano en su hombro lo regresó a la realidad.
— Eres patético, ¿lo sabías? — suspiró Maki, sentándose en la silla al lado de él. Kaito acostumbraba a estudiar en la mesa del comedor, aunque tuviera un escritorio perfectamente útil en su habitación.
— Estas siendo demasiado sincera, Maki Roll — contestó, tumbando su cabeza contra la mesa con desgano.
Desde ese ángulo Momota no podía notar el gesto contrariado que se había apoderado del rostro de Harukawa. Atrapó una de sus coletas ente sus manos, jugueteando con ella nerviosamente.
— Puedo ayudarte — dijo finalmente. Kaito levantó la cabeza y la miró, alzando una ceja con extrañeza —, bueno, si quieres.
— No me mal entiendas Maki Roll, aprecio mucho tu oferta — dijo, rascándose la nuca —, pero no creo que puedas ayudarme con esta tarea.
Ella bufó, sintiendo como sus mejillas enrojecían. Kaito era un idiota, por lo que sinceramente no esperaba que captara su mensaje a la primera.
— No me refería a eso — aclaró, mordiéndose una uña. Kaito arqueó aun más su ceja —, puedo ayudarte a relajarte, a eso me refiero.
Obviamente se trataba de eso. Quería ayudar a su amigo a liberar un poco de estrés, lo que no tenía nada de malo. Sí, solo eso.
Sin embargo, Él ladeó cabeza, completamente confundido.
— Diablos, ¿quieres que lo escriba en mi frente o algo? — preguntó, golpeándose la frente —, solo bájate los pantalones, Momota.
Kaito ahogó un jadeo. El semblante sombrío de Maki, quien claramente se encontraba enojada por su falta de tino, hizo que un escalofrío le recorriera la espalda. Sin embargo, observó cómo la chica descendía de la silla hasta debajo de la mesa, asomando su cabeza por entre sus piernas.
Solo verla sentada allí, posicionada bajo él y mirándolo ansiosa, fue suficiente para que la sangre bajara de lleno hasta su entrepierna. Se veía hermosa y, viéndola así, solo podía imaginarse lo linda que se vería con su miembro en su boca mientras intentaba tragar todo su sem–...
En serio que necesitaba relajarse. Ahora.
Brindándole una sonrisa lasciva, Kaito desabrochó su cinturón y se levantó un momento, solo lo suficiente para poder bajar sus jeans y bóxer a la altura de sus tobillos. Su miembro se encontraba casi duro gracias a la abrumadora mirada de su amiga. Él descendió una mano, acariciando suavemente la mejilla derecha de la chica, como animándola a que ya comenzara con su tortura.
Maki asintió, tomando el falo entre sus manos. Kaito siseó, percibiendo la calidez del tacto de la joven contra su piel sensible. Escupió en su mano y acarició la longitud, haciendo lentos movimientos de arriba hacia abajo. Se concentró en hacer pequeños círculos alrededor de la punta, mientras veía como las manos del chico se volvían puños apretando fuertemente su muslo. Asintió, introduciendo su miembro en su boca sin previo aviso, haciendo que Momota soltara un gemido.
— Mierda, sigue — dijo con la voz ronca.
Echó la cabeza hacia atrás al sentir su lengua lamer cuidadosamente cada lugar de su miembro que lograba meter en su boca. Tenía que admitir, con conocimiento de causa, que Maki podía hacer maravillas con la boca; eso era lo que estaba haciendo, precisamente. Hacía suaves movimientos hacia arriba y hacia abajo, bombeando su cabeza contra su entrepierna mientras acariciaba sus testículos. Succionaba la punta y bombeaba la raíz, haciéndolo inhalar con fuerza. Cada movimiento que la chica realizaba contra su sensible piel lo volvía loco, lo hacía desearla más y más.
— Te gusta, ¿verdad? — Kaito no solía contenerse cuando hablaba sucio, y aunque a veces solo lo hiciera para molestarla, sentía que esta vez tenía motivos más que terapéuticos con todo el estrés que llevaba acumulando —, te gusta tener mi pene en tu boca, ¿no es así?
Ella asintió, revolviéndose incómoda en el piso. Desde ese ángulo Kaito no podía verle el rostro, la mesa en su camino sólo permitía que mirara como su miembro desaparecía dentro de la boca de la chica y sus dedos acariciando su longitud completa. Sentía que iba a morir ahí y ahora, sufriendo las atenciones de la chica a la que ni siquiera podía verle los ojos.
Preso de la necesidad de la reconfortante mirada de la chica chupándole el miembro, hizo un ademán para levantarse y dejarla salir de debajo de la mesa. Maki se levantó, continuando con sus caricias a su entrepierna, pero poniéndose de puntitas para poder alcanzar los labios del chico. Él sonrió, accediendo su petición, envolviéndola en un abrazo y estampando sus labios contra los de ella. Harukawa siguió masturbándolo, ahogando gemidos dentro del beso al sentir las manos del chico colarse por entre sus muslos. Solo bastó un apretón juguetón en estos para que ella soltara un gemido, momento que Momota aprovechó para introducir su lengua en su boca.
Algo que habían descubierto en ese tiempo era que ambos besaban de maravilla. Y obvio ninguno de los dos pensaba tonterías como que parecían hechos el uno para el otro o cosas como esa, claro que no. Solo se besaban apasionadamente, acaloradamente; como amigos. Tenían sexo sucio, se desquitaban el uno con el otro, descubrían sus cuerpos y lo que a cada uno le gustaba; claramente como amigos.
Una fuerte mordida por parte de la joven lo sacó de sus pensamientos, haciéndolo gemir. Ella lo miró, claramente haciéndose la inocente, mientras succionaba su labio con un ánimo de apaciguar su dolor. Él no se iba a dejar, por supuesto. La volteó y empujó sobre la mesa, lanzando todos sus libros y apuntes al suelo. La tarea podía esperar, lo único que necesitaba ahora era estar dentro de ella. Penetrarla, fuerte. Él sabía que ya ni siquiera era un asunto de estrés, ni siquiera de necesitar meterla en algún lado después de estar tanto tiempo solo. Quería sentir su piel contra la suya, oírla gemir gracias a él…amanecer su lado luego de todo eso.
Restregó su entrepierna desnuda contra su trasero
— Mira como me tienes — gimió, moviendo sus caderas para que sintiera su dureza contra ella —, dios, Maki Roll. Estás demasiado buena.
— Joder. Sí, lo estoy. Métemela.
La acomodó, apretando su cuerpo contra la mesa. Una de sus manos subió nuevamente y levantó su falda, aprovechando para acariciar sus muslos y trasero. Descendió otra vez hasta llegar a su entrepierna, sintiendo el calor que esta desprendía a través de sus bragas. Estaba mojada, demasiado, y pensó en cómo lo único que quería era enterrarse de lleno en su calor, ahogarse en su aroma.
Acarició el cuello de la chica con la punta de la nariz, inspirando el olor frutal de su cabello. Sus dedos se colaron por dentro de su ropa interior, acariciando con suavidad el lugar que ella ansiaba. Estaba mojadísima – lo cual no era una sorpresa – y sintió su miembro endurecerse más al pensar que se debía a las atenciones que le estaba brindado. Molestó su entrada con su miembro, restregándolo contra la tela de sus bragas.
— Dime que quieres, Maki Roll — dijo, succionando ese lugar tras su oreja que la volvía loca —, pídelo bien.
Maki suspiró, aferrándose a los papeles desparramados en la mesa.
— Necesito que me la metas, Kaito — dijo, alzando la voz al sentir cómo este depositaba una palmada en su trasero —, ahora.
— Ah, pídelo por favor — rio mientras movía la tela empapada de sus bragas a un lado, y molestaba su entrada con la punta de su miembro.
— Kaito, métemela ahora por favor o juro que voy a matart--… —
En el momento en que pronunció esas palabras, el chico entró de lleno en su interior, empujando la mesa hacia adelante gracias a la fuerza de su embestida. Volvió a acomodarla, a la vez que acariciaba la espalda de la chica y comenzaba lentamente con su arremetida.
Sus movimientos eran suaves, tranquilos. Entraba y salía del interior de Maki, disfrutando el calor y la humedad que lo envolvía. Sabía perfectamente que estaba yendo demasiado lento para el gusto de ella, el insistente movimiento de su trasero contra su pene lo demostraba perfectamente. Sin embargo, decidió tomarse su tiempo, hacerle el amor dulcemente sobre la mesa en la que Shuichi desayunaba.
Poco a poco sus movimientos aumentaron en intensidad, tratando de llegar hasta lo más profundo del interior de su amiga. Los gemidos de esta comenzaron a subir de tono en cuanto encontró ese punto exacto que a ella le encantaba, que hacía que las paredes de su vagina se contrajeran alrededor de él y lo envolvieran con olas de placer. Tiró de su cabello con fuerza, obligándola a levantar su cabeza de la mesa.
— Kaito, más fuerte — gimió, sin aguantar el calor y la poca fricción que éste le estaba entregando. De nada ayudaba que Kaito ni siquiera hubiera tenido la decencia de quitarle la ropa antes de cogérsela.
— ¿Segura? Una vez que empiece, no creo que pueda detenerme — la molestó, continuando con su ritmo dolorosamente lento.
— No me importa, mierda. Sólo cállate y cógeme.
Maki era una mocosa malcriada y siempre quería que las cosas se hicieran a su modo; incluso en situaciones como esta. Él obedeció, dándole el gusto. Escuchó un gemido de protesta en cuanto él salió de su interior, pero este se transformó en un grito ahogado en cuanto la tomó entre sus brazos y la empujó contra la pared al lado de la puerta de entrada.
La miró, sonriendo, memorizando cada detalle, cada gota de sudor recorriendo su rostro sonrojado. La abrazó con fuerza, mientras ella envolvía sus piernas alrededor de su cintura. Sus sexos estaban ansiosos por el contacto, por lo que cuando Kaito volvió a entrar de improviso a la vagina de la chica, ambos soltaron un fuerte alarido.
La embistió, fuerte. Sus estocadas se volvían cada vez más frenéticas, las poderosas contracciones de las paredes de la chica y los gemidos de ella directamente en su oído lo estaban volviendo loco. Maki intentaba acompasar los movimientos de Kaito, pero sus movimientos eran desesperados y erráticos. La empujaba hacia arriba, intentando tocar lo más profundo de ella, muerto de ganas de escuchar esos maravillosos sonidos que salían de su boca cuando su punta acariciaba su lugar más sensible.
La abrazó más fuerte, envolviéndola por completo, sintiendo como comenzaba a contraerse a su alrededor. Los gritos de placer de ambos ya debían haber alertado a sus vecinos, pero sinceramente no le importaba. Solo se concentraría en su venida, y en hacer que Maki se corra justo como a él le gustaba.
Metió su mano bajo la ropa interior de la muchacha, quien soltó una aguda respiración. Cada movimiento de sus dedos contra su clítoris provocaba que sus gemidos aumentaran de nivel, rogando que la siguiera cogiendo así, que la mordiera, que la hiciera correr. Y eso fue exactamente lo que hizo: mordiendo y succionando su cuello, sintió como su miembro era apretado, llevándolo al clímax. Ambos se corrieron al mismo tiempo, uniendo sus bocas en un beso húmedo para apaciguar los gritos de placer que amenazaban con salir sin control.
Kaito y Maki se quedaron ahí, abrazados contra la pared, descansando la frente de uno contra la del otro. Maki tenía razón, igual que siempre: esto era precisamente lo que necesitaba. Pasar tiempo con ella, su amiga, igual que siempre. No había mejor forma de capear el estrés que esa.
Besó su frente, un gesto únicamente platónico claro está, y depositó un beso en sus labios. Quizás fuera por lo cansados que estaban o porque estaban distraídos gracias al fuerte latir de sus corazones, que ninguno de los dos escuchó la puerta abrirse al lado de ellos. No fue hasta que escucharon un jadeo de asombro que cayeron en cuenta que ahí, frente a ellos, estaba Shuichi Saihara, mirándolos mientras se acariciaba el tabique de la nariz, con cansancio.
La escena era tan surreal que nadie dijo nada. El recién llegado se limitó a dejar las llaves de su hogar sobre la mesita y se dirigió directamente a su habitación, pasando por el lado de los dos idiotas que aun se mantenían unidos. No fue hasta que se escuchó el bloqueo de la puerta que ambos estallaron en carcajadas, tratando de ignorar cómo probablemente Shuichi había comprendido los sentimientos que tenían el uno por el otro solo al encontrárselos después de una sesión de sexo, y que ellos probablemente tardarían un buen tiempo en descifrar.
