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Perdido sin ti.

Summary:

La oscuridad no es un buen sitio en el que estar. O como agarrar tu destino con las dos manos. Una historia protagonizada por dos secundarios q no llaman la atención, Manabu Okawa y Takeshi Kishida.

Notes:

Los personajes de Captain Tsubasa no son míos. Esta es solo una pequeña historia que tenía atrapada en la cabeza desde hace años y que de repente ha cobrado vida.

Work Text:

PERDIDO SIN TI

 

Fue allá en la secundaria de Nankatsu cuando le quedó claro lo que ya intuía. Y, pocas semanas después que poco podía hacer para evitar haberse enamorado, él Manabu Okawa, del defensa del Otomo, Takeshi Kishida.

 

Pocas personas supieron algo de estos primeros miedos por reconocerse como era en un ambiente como el que se movía, aunque no fuera de manera profesional. Vivir rodeado de las estrellas juveniles más relumbrantes del fútbol japonés no ponía las cosas fáciles. Y, reconocía que de poder decirle a él lo que sentía posiblemente o se llevaría su desprecio o mantener una relación clandestina.

 

La sociedad podía estar cambiando, pero había ambientes que parecían querer mantenerse anclados en unas épocas pretéritas llenas de silencio y dolor.

 

Fue 5 años después cuando él le robó un beso tras escabullirse de los entrenamientos para la previa de la selección sub-20 en la Copa Asiática. Y sí, como el mismo había previsto desde ese punto y hora, su relación fue un secreto a duras penas contenido.

 

Sobretodo porque tras comenzar sus estudios en medicina deportiva y haber ayudado a Tsubasa en su entrenamiento particular en Hawai junto al profesor Taishi Ariga este le consiguió continuar sus prácticas en el cuerpo médico de la propia federación de fútbol japonesa. Formando parte, principalmente, de los doctores que atendían a las categorías inferiores y el combinado juvenil.

 

Qué duro era verle cuando era convocado y no poder reconocer que suspiraba por él. Qué duro era verle parecer indiferente ante su presencia y bromear con los jugadores más populares entre las chicas o con aquellos compañeros que tenían parejas como Misugi, Hikaru, o el propio Ishizaki que contra todo pronóstico salía desde hacía años con Yukari.

 

Sí, pocas personas sabían de todo esto, una de ellas el mencionado Ryo, la ya esposa de Tsubasa, Sanae y Yuzo Morisaki, el tercer portero de la selección y compañero en el Shimizu S-Pulse del propio Kishida. Sus tres mejores amigos.

 

Por eso vio sus miradas tristes cuando tras ganar de nuevo a Brasil en otro torneo presenciaron como el defensa tonteaba y agarraba de la cintura a una chica seguidora del equipo delante de él. Por eso notó como hacían ademán de seguirle cuando abandonó el hotel apretando los puños sabiendo que dejaba atrás una relación insana que solo le causaba dolor.

 

Si él no consideraba que mereciese algo de respeto al menos no iba a continuar ni un segundo más con aquello. Les devolvió la mirada a sus compañeros frenándoles. Esto lo superaría solo. Que era, al fin y al cabo, como llevaba estando un lustro.

 

Meses después, con el equipo de nuevo reunido decidió que era hora de poner final de forma definitiva a todo aquello. Había presentado su carta de dimisión a la federación antes de iniciarse el torneo indicando que cuando este acabase o si eran eliminados abandonaría la organización rumbo a un nuevo y atractivo puesto de trabajo.

 

Que el Instituto Broad del MIT te llamase para formar parte de su cuerpo de investigación era una de esas cosas a las que nadie en su sano juicio podía decir no. Así que, teniendo en cuenta que realmente no tenía nada que le atase a Japón salvo su familia con la que tampoco es que estuviera muy unida tras su salida del “armario", decidió que sí, que aquella era su oportunidad de iniciar una nueva vida y curar heridas. Además, irónicamente, él iba a trabajar en la plataforma terapéutica del centro así que mejor manera que aquella de sanarse así mismo.

 

Recordaba mientras salía del despacho de Minato Gamo al que había acudido para hablar personalmente con el seleccionador de su renuncia, como el defensa no había dejado de llamarle tras haber abandonado el hotel aquella vez sin decir esta boca es mía. Estuvo meses así. Recordaba como al verle de nuevo en la actual convocatoria se había quedado blanco ante el joven asistente médico.

 

Y sentía su mirada fija en él mientras les decía a los chicos con los que había crecido que tras acabar aquellos encuentros no creía que les fuera a volver a ver salvo en alguna contada ocasión. Que separaba sus caminos para perseguir otras metas.

 

Todos le felicitaron, aunque les entristecía sinceramente su partida. Y él, los quería, pero lamentaba no haber podido ser realmente como era ante ellos. Quizá le hubiesen aceptado aún sabiendo que le gustaban los hombres, pero cómo arriesgarse. En el fondo, o no tan en el fondo, entendía a Kishida. Pero se había cansado de vivir en una mentira.

 

Sentir como sentía, amar como amaba no era una vergüenza. No era algo que debiera ocultar. Era una persona discreta, pero si quería besarse con el chico que amaba, cogerse de la mano y pasear por la calle, si quería poder salir a cenar o al cine. Si quería poder pensar en casarse y tener una familia no era quien se iba a poner la zancadilla así mismo.

 

Se merecía todo aquello. Y no se lo iba a negar.

 

Lo que no se esperaba fue lo que sucedió tras aquella despedida. Lo que no se esperaba era que tras ganar la final y celebrarla con ellos por última vez, a la mañana siguiente, a primera hora sus ojos le vieran abandonar la mesa de desayuno que compartía con los demás. Le vieran acercase al seleccionador y luego a Yuzo a quienes entregó sendas cartas.

 

No se esperaba que este se levantase asombrado mientras le veía salir del comedor y acercarse al joven Okawa.

 

Y no se esperaba la respuesta que salió de sus labios cuando respondió a la pregunta del tercer portero y le cogía la mano entrelazando sus dedos a los suyos.

 

  • ¿Por qué te vas ahora?
  • Porque no le merezco.

 

Y, desde luego no se esperaba el beso público y sinvergüenza que acalló su protesta.

 

Y, mucho menos, la sonrisa orgullosa que vio brillar en los ojos de él cuando le miró.

 

Ni el susurró en su oído.

 

  • Porque estoy perdido sin ti. – Como más o menos cantaba LP en aquella canción la primera vez que le sacó a bailar sin que nadie se diera cuenta de que comenzaba su danza.