Work Text:
—No puedo —dice Kisaki.
—Sigue intentando —contesta Hanma.
—Es muy alto —se rehusa Kisaki.
—No es mi problema —lo ignora Hanma.
Kisaki reprime sus ganas de tomar las dos grandes enciclopedias frente a él y tirarselos encima. Porque 01: sin Hanma no hay permiso, y sin permiso no hay Halloween, y 02: pesan demasiado.
—No llego.
Hanma da otro giro en la silla giratoria con el manga sobre su rostro y se detiene en seco. Le acaba de ocurrir la mejor respuesta para Kisaki.
—Entonces crece.
Oh, ahí estaban dos amigos; uno en cada extremo de la habitación corte gótico con problemas mentales del mayor. Teniendo una conversación slash discusión antes de abandonar el lugar e ir a casa de los Haitani, para dar comienzo a sus primer Halloween juntos.
—No logré crecer un solo centímetro en dos años, menos voy a poder crecer veinte en un minuto —replica Kisaki, tirándole una almohada encima para que deje de leer su estúpido manga y le preste atención antes de que se transforme en una criatura de color verde con más músculo que cerebro.
Hanma echa el cuerpo hacia atrás, usa el libro como escudo y, con un gruñido, encara a su amigo.
—Haz el intento.
—Aunque lo intente no creceré.
—Usa una silla.
—Soló hay una silla en la habitación. Y adivina qué —pausa Kisaki—, lo tienes tú.
Cierto. Lástima que no se iba a levantar.
—Entonces busca otra —Hanma se encoge de hombros, haciendo oídos sordos a las quejas y maldiciones del menor.
Bah, qué le importa lo que el pelinegro diga. Hanma aún está indignado con Kisaki y lo seguirá estando hasta que se canse. O, por lo menos, reciba algo lo suficientemente bueno para sosegar a su mini-hanma interior. Algo como un "Te ves bien, Hanma" o tal vez un "Wow, me gusta tu disfraz, Hanma". Porque Hanma no pasó toda la mañana en un estate quieto infinito, a la espera de que su madre terminase de hacerle el maquillaje, para no recibir ningún tipo de reacción por parte del niño de once. Ni una mirada sorprendida. Ni un elogio. Ni una sola mueca.
Y decir que le había puesto tanto empeño a su disfraz sólo por querer lucir genial frente a Kisaki.
—¡Bien! Lo haré por mi cuenta. De todos modos, quién te necesita estúpido poste —Kisaki toma otra de las almohadas y se lo tira en un fracasado intento de golpearle.
—Como quieras.
Shuji se estira con pereza sobre la silla y se desinfla en ella nuevamente; sin desviar su vista de Kisaki, quien lleva algunos minutos batallando por alcanzar el envase de ligas para el cabello que su madre había comprado hace unos días. Estaba usando libro sobre otro para ganar un poco altura y aún así no llegaba ni a tocarlo con la yema de los dedos.
Lindo, sí. Gracioso, también.
Podría quedarse viéndolo sufrir el día entero y no aburrirse.
En uno de los intentos de Kisaki por tirar el envase con ayuda del control remoto, su lindo sombrero puntiaguda con estrellitas blancas se suelta de su cabecita y Hanma tiene que hacer un esfuerzo sobrenatural para no correr hacia él y ponérselo de nuevo.
Kisaki salta de su escalera de enciclopedias, toma el sombrerito y se sacude la túnica celeste con caritas de gatitos blancos.
—Hanma —llama Kisaki, mirándolo con ojitos tristes y el labio inferior saliente.
Oh, no.
La carita no.
Hanma se abstiene de abalanzarse sobre Kisaki y repartir besos por todo su pequeño rostro mientras lo envuelve en un abrazo de oso.
No va a ceder tan rápido.
—Kisaki —contesta, alargando la última vocal en su nombre.
—Debo amarrarte el cabello y para eso necesito las ligas.
—No quiero.
—Tu mamá dijo que te amarraras el cabello o se enojaría contigo —alude el chiquillo, ladeando la cabeza y pestañeando ligeramente.
Oh, no.
Los ojitos no.
—Que se enoje, no me amarraré —suelta. Parece rudo pero en su interior está gritando por no poder apapachar a su amigo de 1,48.
El que persevera gana, dijo su madre.
—Te daré un besito si me dejas atarte el cabello.
Ah, bueno.
Igual. Hanma no caería. Jeff the Killer no lleva el cabello atado, él tampoco. Por más que lo dejase casi ciego de un ojo y que su madre luego lo regañara, no iba a hacerlo.
Se negaba a ver a un Kisaki triunfante salir de su habitación.
Hanma ladea la cabeza, estirando los labios con una mueca pueril de niño caprichoso a quien ofrecen algo que desea, pero que quiere hacerse rogar.
—No lo haré —reitera, mirándole por el rabillo del ojo.
—Dos besitos —aumenta Kisaki, viéndolo con una sonrisita.
¿Qué se creía este Kisaki? ¿Acaso pensaba qué con dos besitos iba a convencerlo?
Hanma no era tan fácil.
—Gracias, cariño. No sabía como hacer que Hanma se amarrase sin tener que corretearlo por toda la casa.
—No hay problema, señora Shijie. Fue fácil —Claro, dice fácil pero en realidad casi saca el ultra instinto.
El tiempo parece dar una zancada para Hanma, porque de pronto se encuentra en el umbral de su puerta con Kisaki a su lado y su madre frente a él. Ambos con sonrisas satisfechas en sus rostros. Está agarrando un saco de tela con una mano, entrelazando los dedos con los de Kisaki con la otra y tiene el cabello recogido en una cola de caballo.
Bueno, será para la próxima.
Por esta vez fingiría ser derrotado.
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La casa Haitani fue la primera parada del dúo dinámico. La primera y la peor para Hanma. Kisaki había hecho caras lindas y soltado varios "Wow" cuando los hermanos se dejaron ver. Y eso para Hanma fue como darle maní siendo él un alérgico al maní.
—Rin, Ran, sus disfraces son divertidos —les dijo, pasando sus deditos por la tela.
—Tú disfraz también lo es, 'Saki —le respondieron ellos.
—Sí, pero el de ustedes me gusta.
Inaceptable.
Imperdonable.
Indignante.
Hanma quería ponerse frente a Kisaki y zarandearlo hasta el cansancio, mientras le repite una y otra vez que Jeff the Killer era mucho mejor que Batman y Robín.
La segunda casa fue la de los Kawata. Bueno. Aquí hay una excepción. Porque, pues, Souya es Souya. Y cualquiera hace muecas lindas con Souya. Además, el niño de cabellos corte algodón de azucar iba disfrazado de Candy Pop y eso para Hanma fue como descubrir América.
—¿Hanma, también te gustan los creepypastas? —preguntó el Kawata menor con un brillo en los ojos. No. No le gustaban. Le fascinaban.
—Soy el mayor conocedor de creppypastas —presume, inflando el pecho con orgullo, como si fuera algo de lo que realmente debería sentirse orgulloso.
Souya niega, sin quitar su sonrisita— Estas equivocado, Shu, Nahoya es el mayor conocedor de creppypastas.
¿Eh? Vaya mentira más grande, él lo era. Y en el momento en que sus labios se abren para decir algo contra esa afirmación, es interrumpido por la presencia de Kisaki.
—Me gusta —dice de la nada. Ambos niños ladean la cabeza, mirando con curiosidad al niño de lentes—. Tu cabello lacio, me gusta, parece una cascada de algodón de azucar.
—¿En serio? —preguntan ambos al mismo tiempo.
Hanma se aleja un poco para comprobar lo dicho por Kisaki es cierto y cuando estaba por quejarse con el niño por mentirle, su boca se vuelve "O" y lo observa enterrar sus pequeños deditos en la cabellera turquesa de Souya.
Enterrar sus deditos en la cabellera de Souya.
Kisaki.
Kisaki acababa de tocar el cabello de otra persona que no es él o su madre.
Kisaki acaba de tocar a Souya.
El mismo Kisaki que se negaba a ser tocado por el resto o a aceptar contacto físico con otro ser humano que no fuera Hanma, sus padres y la madre de Hanma.
Debería estar alegre, ¿Cierto?
Kisaki estaba aceptando a sus amigos. Muy pronto no necesitaría de su compañía para sentirse en confianza con el resto.
Muy pronto.
Una expresión amarga se dibuja en su rostro y una pequeña incomodidad en el pecho se hace presente.
—¡Hanma! —No se da cuenta de que se ha quedado pegado al suelo por más tiempo del necesario hasta que la voz de Kisaki lo hace volver a la realidad.
—Sí, sí, ya voy —dice, inaudible para el otro.
Su energía parece haberse ido lejos en un instante.
¿Y si les decía que le dio indigestión y regresaba a casa?
No. No podía. Si lo hacía entonces Kisaki también tendría que regresar con él y no iba a arruinarle su primer halloween.
Para cuando Hanma estaba dispuesto a retomar su andar, es envuelto por un par de brazos y ese olor a cítrico que tanto le gustaba invade sus fosas nasales.
—Tienes una cara triste ahora mismo —susurra Kisaki, fregando sus mejillas en su ropa como si fuera un gatito.
Hanma se sintió morir.
¡¿Cómo podía ser tan chiquito?!
—Debes limpiarte los lentes, no tengo ningún tipo de cara triste —dice eso, pero aún así sus brazos cubren a Kisaki y su mentón se posa en la cabeza del más bajo.
Está bien.
Por unos minutos se quedaría así y olvidaría que estaba enojado con Kisaki por no elogiarlo.
La cuarta y última casa a pasar fue la de los Akashi. Esta casa fue una tortura para Hanma. Principalmente porque el hermano mayor de los Akashi y el hermano mayor de los Sano lo cargosearon a más no poder porque —entre comillas— Hanma tenía un vasto conocimiento en el mundo del terror y necesitaban que elegiera entre uno de ellos.
—Entonces, Hanma —empieza Takeomi, quien iba disfrazado de Pyramid Head, pasando su brazo por el hombro de Shinichiro, quien iba disfrazado de Laughing Jack— ¿Quién es mejor? ¿Él o yo?
—Kisaki.
Y eso fue todo.
Luego estaba Kisaki, quien había sido robado de su lado por Senju y su nuevo mejor amigo, Takemichi. Qué dolor de trasero eran esos dos. Después estaba Sanzu, que parecía empecinado en hacerle echar humo por las orejas diciendo que Jeff the Killer estaba sobrevalorado. Irónico, porque él iba disfrazado de Spider-Man.
En fin.
Capitán America y Bruja escarlata parecían no tener planes de devolverle a su brujito en un largo rato. Y él había perdido el hilo de la conversación con los Haitani y el Kawata menor.
Hanma frunció el entrecejo y ralentizó su andar. No le importaba mucho quedar atrás. De hecho, le parecía la idea.
Estando de último podía ver mejor a Kisaki.
Y como si hubiera escuchado sus pensamientos, Kisaki volteó hacia él. Dibujando en su rostro una encantadora sonrisa. Mentiría si dijera que no quizo responderle de la misma forma y luego abrir sus brazos para el niño.
A veces Kisaki hacia de él un suavecito.
En su cabeza empezó a sonar un alarma de emergencia y, recordando la película que vio con Kisaki hace unos días, imaginó mini Hanma's corriendo de aquí a allá, gritando "3312".
Hanma esquiva la mirada y Kisaki achica los ojos.
¿Qué si Hanma aún seguía resentido con Kisaki? Sí, bueno, no. Pero todos habían recibido un poquito del afecto de Kisaki y él... él había recibido dos besitos y un abrazo. Pero eso no cuenta. Kisaki no lo elogió como a los otros y eso es inaceptable.
No le hablaría en todo el día. E incluso le ignoraría.
—Hanma —dice Kisaki, apareciendo en su campo de visión.
Bien.
Estaba feliz. Pero no por Kisaki.
—'Saki —suelta el vocablo de su apodo casi roboticamente.
¿Qué estaba diciendo?
Que lo ignoraría. Cierto. Eso iba a hacer.
—No estés molesto —le ordena, tomando posesión de ambas mejillas con sus manos para, seguidamente, zarandear su rostro.
—No estoy molesto —miente. Kisaki blanquea los ojos, y Hanma le escucha murmurar un "Mentiroso".
—Lo estás.
—No lo estoy.
—Que sí.
—Que no.
—Que sí, estás arrugando la nariz y poniéndole cara de Doberman enojado a todo el mundo —claudica el pelinegro de lentes, tomándolo del cuello, tirándolo hacia abajo y, simultáneamente, empinándose para depositar un corto beso en la punta de su nariz.
Jfkfidkg.
Y Hanma viajó.
—Ught, no empiecen con sus homosexualidades tan temprano, por favor —oye decir a Senju. Pero su cabeza aún está en un estado de estremecimiento como para pensar en una respuesta creativa a lo dicho por la niña.
Shuji envuelve al menor en sus brazos y deja un besito en su coronilla. Se inclina un poco más y deja otro más en su frente y el último en su mejilla. Deleitándose por las suaves risillas de Kisaki bajo el tacto de sus labios. Bah, qué más da los elogios. Quién podría estar molesto con el niño disfrazado de Merlín con afición por los gatos.
—Me gusta tu disfraz por sobre todos los presentes —confiesa Kisaki, contrayendo la comisura de sus labios y achicando sus ojitos llorones. Hanma suspira—. Podría incluso decir que es mi favorito.
Bueno. No es por ser egocéntrico pero eso Hanma ya lo sabía. Porque ¿Quién podría resistirse a Jeff the Killer Hanma ver? Nadie, exacto. Pero calmadas, chiquillas, Hanma sólo le pertenece a Kisaki.
Oh, cierto. A lo que estaba.
Hanma sacude la cabeza y Kisaki dibuja en su rostro una mueca divertida y curiosa a la par.
—También eres mi favorito —dice Hanma. Aunque para nadie es sorpresa, ni siquiera para Kisaki.
El Merlín es el favorito de Hanma y no hay nadie en el pueblo que no lo sepa.
—DIOS paren ya o voy a vomitar, soy muy joven para presenciar este tipo de cosas —reclama Rin, tapando con sus manos los ojitos de Souya.
Se miran, luego miran al niño disfrazado de Robín, vuelven a mirarse y de nuevo al niño disfrazado de robín.
Kisaki y él hablan al unísono:
—No.
El menor de los Haitani frunce las cejas y resiste el impulso de hacer un puchero. Kisaki era tan molesto como Hanma cada que el mayor estaba con él.
—En fin, vayamos a por los dulces antes de que me reviente la iris con una ramita —repone Senju y con los ojos entrecerrados, mirando en dirección a los Haitani, agrega—. Ojito, ojito, que yo a ustedes los tengo entre ceja y ceja. Este año no dejaré pasar ningún robo de dulces —la niña se acomoda el disfraz y da vuelta sobre sus talones—. ¡Andando!
—Señor, sí, señor —dicen los chiquillos al unísono, llevando una mano al pecho y empezando a marchar detrás de la niña al estilo militar.
El primer Halloween de Kisaki con Hanma y sus amigos recién empezaba y Hanma iba a hacer que fuera inolvidable para el pequeño Merlín.
