Work Text:
Fin de año, podía sentirse en el ambiente. Los días fríos, casi helados, con los paisajes blancos debido a las primeras nevadas, hacían sentir que las vacaciones estaban cerca. Las decoraciones rojas y doradas sumadas a varias luces de colores en las tiendas también eran recordatorio de que las fiestas estaban a la vuelta de la esquina. Familias y amigos se observaban disfrutando de los alrededores, ya sea haciendo compras o bebiendo chocolate caliente. Todo parecía una escena perfecta de película, pero había una sola persona que no parecía estar disfrutando de todo aquello.
La vida de un universitario era demasiado difícil, aún más si el estudiante en cuestión estaba en época de exámenes y mil entregas que realizar. Arakita estaba con la energía consumida por su falta de tiempo y sueño, por lo que parecía ser el Grinch arruinando el paisaje de novela navideña al estar caminando en medio de la calle con un ceño muy fruncido. No importaba cuánto se esforzara, los trabajos parecían nunca acabar, y las noches se sentían más cortas de lo habitual cuando lograba conciliar el sueño a horas adecuadas. "Un día más" se repetía a sí mismo como un mantra para sobrevivir hasta las tan anheladas vacaciones. Deseaba el tiempo libre no sólo para descansar, sino también para poder convivir sin interrupciones con su novio pelirrojo. En momentos de estrés y agotamiento como esos simplemente añoraba poder abrazarse a él, pero Meiso estaba demasiado lejos como para cumplir un capricho como ese antes de las vacaciones.
Con la imagen de una cabellera pelirroja llena de mechas azules en mente siguió con su rumbo, distraído, hasta que por fin llegó a su hogar. Un pequeño apartamento que rentaba a mitad de camino de la universidad, y que además servía como punto medio cada vez que su novio iba a verlo por unos días. Era acogedor, sin contar que tenía el espacio suficiente para sus mascotas: dos gatos y un conejo. Introdujo la llave en la cerradura y giró el picaporte, encontrándose con una imagen que lo desconcertó al ingresar. Apenas eran los primeros días de Diciembre, pero su vivienda parecía estar sumergida de lleno en la navidad; era como si lo hubieran transportado al polo norte.
—¿¡Qué mierda es esta!?
Masculló molesto mientras observaba cómo sus adornos de Halloween (los cuales le dio pereza quitar en su momento), fueron reemplazados. Donde habían telarañas y calabazas colgando, ahora yacían unas cuántas guirnaldas rojas y verdes; un par de bastones de caramelo a modo de adorno estaban sujetos en las paredes, y no podían faltar los calcetines cerca de donde solía armar el árbol en un rincón de la sala. Demasiada navidad para él, pero la frutilla del postre fue ver aparecer a sus gatos maullando y disfrazados. Lilith vestía un gorrito junto con una pequeña capa, ambos de color rojo y blando; Ace por su parte tenía un par de cuernos marrones y un collar con cascabel. Santa y el reno. A último momento se les sumó el duende de la historia: Usakichi usando un pequeño gorrito verde y un vestido del mismo color. Una escena surrealista.
—¡Yasuuuuuuuu!
La voz tan familiar apareció de repente antes de que Arakita tuviera tiempo de conectar los hilos de todo lo que estaba ocurriendo. Su novio lo estaba saludando con una sonrisa de oreja a oreja mientras sostenía un par de cables enredados.
—¿Hah? ¿Qué haces aquí, demonio?
—¡No se supone que digas eso cuando hace tiempo que no nos vemos!
Shinkai hizo un puchero notorio y exagerado, algo que hizo sonreír al azabache. Arakita se olvidó por completo de la molestia acumulada por la universidad y la casa decorada, y sin perder tiempo se acercó a su pareja para aplastarle las mejillas.
—¿Por qué mi casa luce como el taller de Santa?
—No diré nada hasta recibir mi beso de bienvenida.
Enfurruñado, Hayato parecía un niño, pero obtuvo lo que quiso cuando Arakita picoteó sus labios, dejando varios besos cortos sobre estos. El ex demonio de Hakone ya estaba feliz nuevamente, así que dejó lo que sostenía en las manos para abrazar debidamente a Arakita.
—Mi receso comenzó antes, por lo que creí que sería una buena sorpresa venir sin avisar~
—¿Y la respuesta a mi otra pregunta?
—¡Es navidad, Yasutomo! Tenía que empezar a preparar el ambiente.
—Faltan más de dos semanas para navidad...
—Nunca es demasiado pronto para decorar y comprar cosas. ¿¡Acaso no es lindo que hasta las mascotas estén vestidas para la ocasión!?
Arakita ocultó el rostro en el pecho contrario y se dio el lujo de reír allí, escondido. No importaba cuánto renegara acerca de la insistencia de Hayato sobre vestir a los gatos y Usakichi, o sobre su emoción respecto a la navidad; a esas alturas simplemente se daba por vencido y le seguía la corriente. Probablemente jamás lo expresaría abiertamente, pero encontraba adorable la forma en que el pelirrojo se entusiasmaba para esas fechas, independientemente de que a él le dieran igual. Es más, le daba gracia cómo parecían cambiar de papel: para Halloween era Hayato quien, de forma fallida muchas veces, le seguía la corriente; ahora le tocaba a él.
Cediendo ante el espíritu navideño, la tarde transcurrió tranquila, entre bromas, risas y mimos furtivos mientras la joven pareja ultimaba los detalles restantes de la decoración. Colgaron algunos calcetines grandes de color rojo en las ventanas, agregaron guirnaldas coloridas en la puerta de entrada y, por insistencia de Shinkai, las luces cálidas del árbol acabaron en la pared de la sala, iluminando felizmente el pequeño rincón en el cual se ubicaba el kotatsu. Algo muy romántico a ojos del pelirrojo, algo demasiado meloso para el pelinegro.
Una vez que todo estuvo en su lugar (y Hayato se sintió satisfecho), prepararon chocolate caliente y algunos dulces para poder acurrucarse a gusto, para recuperar parte del tiempo que la universidad les había quitado. Al final de cuentas, pese a las diferencias que pudieran tener respecto a la importancia que le daban a ciertas fechas/gustos/celebraciones, se divertían. La prioridad siempre era disfrutar de la calma y familiaridad que sentían cuando estaban juntos. Lo más lindo de esto, es que era algo recíproco e implícito entre ambos desde el día en que decidieron comenzar a salir de manera oficial.
—Este año también comeremos pollo frito y tendré mi postre extra grande de chocolate y banana ¿verdad?
Un Hayato con las mejillas llenas de dulces habló, sacando de sus pensamientos a Arakita. A modo de regaño, uno de sus cachetes fue pellizcado.
—Por supuesto, ese postre es tu regalo de todos los años.
—Regalo... ¡Regalo! Yasu, me lo recordaste... Jamás encontraste el sweater que te regalé en nuestra primera navidad ¿verdad?
Arakita negó con fingida conmoción, aunque la verdad fuera que guardó tan bien esa prenda que se perdió en el armario. Con suerte se habría ido a otra dimensión. En la primer navidad siendo novios, Hayato le regaló un abrigo con el Grinch en el frente, con unos colores chillones... Algo desastroso. Rieron y se burlaron de cómo le quedaba puesto, parecía un chiste, pero luego se volvió habitual para Shinkai regalarle sweaters feos en esas fechas. Lo que comenzó como una broma del momento, para Arakita se convirtió en una verdadera pesadilla de navidad.
Lo positivo de la situación, aún así, era que a veces le daba el gusto al pelirrojo de usar alguno de esos abrigos dentro de casa. Así evitaba toda escena dramática posible, pero no comprendía por qué estaba tan obsesionado con ese primer sweater. Por eso, cada vez que Shinkai sacaba el tema o lo recordaba, Arakita sentía estar caminando por un terreno minado: algo que dijera de más o de menos y quién sabe si sería obligado a buscar ese abrigo, o algo peor.
—¡No te preocupes ya por eso! No pude conseguir el mismo, pero tengo algo mejor~
—¿Heh? ¿A qué te refieres?
—Te veía tan afligido cada vez que te preguntaba por ese sweater, que este año me esforcé por conseguirte uno aún mejor. ¡Espera y verás!
Antes de poder decir algo, el pelirrojo se escabulló para buscar en su mochila el regalo de ese año. Una vez que lo tuvo, lo sostuvo desplegado frente a la cara estupefacta de su novio para que pudiera apreciarlo a la perfección.
—¿Hayato qué carajo? ¡No pienso usar eso!
—¡Yasutomo no seas así! ¡Es mejor que el Grinch!
—¡Ni Grinch ni renos ni mierdas!
Así comenzó la "discusión" de todos los años, en las que Arakita insultaba cada media palabra y Hayato ponía su mejor cara de cachorro melodramático para convencerlo. Y eso siempre terminaba a los cinco minutos, con un Arakita accediendo a usar un sweater feo. Para este año su novio parecía haberse esforzado en serio: una prenda de color rojo chillón, con un reno algo desproporcionado color marrón en el frente. Como si fuera poco, el animal tenía una nariz roja absurdamente grande y con relieve. En esos momentos el ex lobo de Hakone se preguntaba si era realmente necesario estar vestido así... Hasta extrañaba al abrigo horrendo del Grinch.
Con suspiros pesados, dejó que Hayato le sacara fotos que usaría como fondo de pantalla, y cuando creyó que no podía empeorar, se le dió por apretar la nariz del reno.
—¡Lo descubriste por ti mismo, Yasu!
Instantáneamente una melodía comenzó a sonar, y no era el típico villancico navideño, sino que era una canción que Hayato había pedido específicamente para ese sweater.
—Hayato, de verdad... ¿Por qué gastas dinero en esto?
—¡Shhh! Viene la mejor parte. —tarareando y moviendo la cabeza al ritmo de la melodía, cantó a la par.— "All I want for Christmas it's You" ~ ♪
Arakita se llevó una mano a la cara. Era tan bizarro, sin sentido, una situación extremadamente estúpida que se repetía cada año... Y aún así, aunque se quejara hasta de lo más mínimo, siempre terminaba riéndose a carcajadas sin poderse contener. A eso se sumaban las risotadas de Hayato, y todo aquello que era tan ridículo a ojos de cualquiera, para ellos estaba bien. Después de todo, ambos tendrían muchas anécdotas navideñas para recordar con gracia y felicidad en el futuro.
Arakita se secó una pequeña lágrima con el dedo, le dolía la panza de tanto reír, y cuando pudo serenarse se percató de que Hayato se había puesto otro de esos sweaters terribles. Literalmente era un árbol de navidad, la maldita prenda tenía decoraciones que sobresalían al frente y hasta luces.
—¿Estamos celebrando navidad o el ugly sweater?
—¡Merry ugly sweater, Yasu~!
—¡Pfft! Idiota.
Entre risas se besaron y volvieron a acurrucarse. Eran dos jóvenes vistiendo prendas bizarras, pero era su forma de celebrar, y ninguno cambiaría por nada del mundo esa extraña tradición que comenzaron desde hacía unos años.
