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Me recuerdas a las personas que amo

Summary:

Sylvie tiene una nueva rutina que Loki adora. (Por que le recuerda a las personas ama)

Notes:

Esto no es más que fluff tierno, con un Loki con traumas sin resolver pero enamorado de Sylvie.

¡Espero les guste!

Work Text:

"Me recuerdas a las personas que amo."

Sylvie había tomado esta nueva costumbre.

Ahora que las cosas se habían finalmente asentado en una rutina tranquila y cómoda en su relación, ahora que la situación con el multiverso se había resuelto y ellos dos habían descubierto que tenían mucho tiempo libre.

Habían conseguido un departamento en Nueva York, uno enteramente midgardiano y sencillo.

¿Y vivir juntos? No lo habían planeado. Se suponía que se estarían quedando en ese lugar en lo que descubrían a que parte del universo ir para continuar su viaje.

Habían decidido conseguir un lugar para vivir un par de semanas en tranquilidad en lo que decidían. Se supone que sería temporal.

Pero el tiempo había pasado, y habían disfrutado mucho de la tranquilidad de la tierra que sin hablarlo habían decidido sólo quedarse y dejarse llevar.

Si al final sus caminos los llevaban a otro viaje estarían bien con eso, de momento, disfrutar de pequeños placeres como no tener que correr entre planetas extraños, tener una cama a la cual regresar cada noche, comida y gente que conocían al alcance.

Y tener costumbres, no sólo un horario si no una rutina.

Al inicio las cosas fueron un poco extrañas, no lo iba a negar.

Probablemente por el hecho de que ninguno estaba acostumbrado a una relación formal y tener que aprender a compartir su espacio con alguien más fue complicado.

Las primeras semanas, Loki durmió más veces en el sillón de las que había dormido en toda su vida en uno, además que Sylvie pasó mucho más tiempo vigilando a la puerta de la que nunca lo había hecho antes.

Loki no soportaba el movimiento constante en su misma cama, y Sylvie creía que en cualquier momento alguien aparecería para matarlos, pues era demasiado obvio y peligroso quedarse en el mismo lugar por mucho tiempo.

Nadie nunca atravesó la puerta con malas intenciones y Loki poco a poco se acostumbró a abrazar a Sylvie cuando sentía que ella se inquietaba por algo.

Su rutina empezaba con Loki despertando por la mañana, cocinando para Sylvie, entonces Sylvie se levantaría y lo ayudaría con la comida, refunfuñando sobre cómo Loki debería despertarla para poder hacer el desayuno juntos.

Loki sólo le diría que se veía bonita durmiendo y que a él le gustaba cocinarle.

Comerían en la barra, limpiarían un poco y después cada quien se perdería por ahí para hacer sus cosas.

A veces Loki saldría con su hermano o Mobius, o Sylvie invitaría a Wanda y a Stephen a pasar el rato en el departamento.

Otros días solo se recostarían en el sillón, leerían juntos, escucharán música, platicarían de cosas sin sentido o verían muchas de las películas que sus amigos les recomendaban.

Pero cada día, no importaba que, cada día, cuando llegaba la noche, Sylvie diría que era hora de tomar un baño, ella tomaría a Loki de la mano y lo arrastraría hasta la habitación.

Loki elegía las pijamas que iban a ponerse y Sylvie preparaba el agua para que fuera agradable para los dos.

Ambos se desnudarían y tomarían un baño juntos, Sylvie tomaría su tiempo para lavar su cuerpo y su cabello, y Loki haría lo mismo por ella.

Después, se pondrían toallas esponjosas y suaves, de color verde porque eran unos ridículos y ese color tenía que estar en todos lados.

Loki tendría una en las caderas y en el cabello, Sylvie una alrededor del cuerpo y otra en el cabello también.

Se pondrían su ropa interior, Sylvie tendría un par de bragas y un sostén, Loki estaría en Boxers y dejarían de lado las toallas esponjosas excepto las que secaban los rizos en sus cabezas.

Entonces Sylvie lo llevaría hasta la habitación, colocaría una almohada en el suelo, lo ayudaría a sentarse ahí, ella se sentaría sobre la cama, por encima de él, con las piernas cruzadas y un cepillo en sus manos.

Justo como se encuentran ahora.

—Solo relájate —dice la chica, masajeando unos minutos los hombros tensos de Loki, hasta que él se derrite como mantequilla entre sus dedos.

Es un momento pacifico y perfecto, como la mayoría de estos momentos lo son.

No hay muchas palabras, en silencio, Sylvie desenreda la toalla de su cabeza y la pone a un lado, con el cepillo en la mano, con cuidado lo pasa entre el cabello mojado del pelinegro para deshacerse de los nudos.

La rubia toma su tiempo, concentrada mientras cepilla de arriba hacia abajo con dedicación.

Loki se siente tranquilo y como si pudiera dormirse en cualquier momento. De hecho, este sería el momento perfecto para cantar un poco o escuchar una historia.

Algunos días Sylvie terminaría y le pediría que hiciera lo mismo, entonces Loki tomaría su lugar y peinaría con adoración los rizos dorados de su novia, utilizaría magia para crear hermosos tocados que le podría en el cabello, como pequeñas flores blancas, broches brillantes de mariposas por los cuales Sylvie se quejaría, o unos bonitos cuernitos que Sylvie casi llora cuando vuelve a ver.

Otros días, Sylvie solo lo cepillaría una y otra vez hasta que Loki se duerme entre sus dedos, entonces ella usaría un poco de magia para moverlo a la cama, iría por una manta y se recostaría sobre su pecho, cubriéndolos a ambos para dormir.

Días como hoy, Sylvie solo dejaría el cepillo de lado y con dedos expertos empezaría a hacer trenzas.

Y es ahí donde Loki se siente pequeño, pequeñito.

Las lágrimas pican en sus ojos, un nudo le cierra la garganta y los recuerdos inundan su mente una y otra vez.

Porque cepillar el pelo de alguien de esta forma, trenzar su cabello una y otra vez, era un gesto dulce y cariñoso que Loki recordaba de su infancia.

Un gesto de su madre.

No importaba cuanto tiempo había pasado, años o minutos; Loki siempre tenía ganas de llorar cuando pensaba en su madre.

Había sido difícil solamente aceptar que ella ya no estaba, él lo había visto en un recuerdo en la TVA y había sabido que era cierto incluso sin quererlo aceptar en lo más profundo de su mente.

Mucho más cuando llegó para ocupar el lugar del Loki de la sagrada linea del tiempo, en 2023, diez años después de la muerte de su madre.

Pese a esas pruebas irrefutables de su muerte, Loki seguía negando aceptarlo porque el realmente nunca lo vio.

El jamás vivió el momento, jamás le dijo esas cosas hirientes, jamás mandó a su asesino directo a ella, él jamás se despidió.

Esas eran cosas que le habían pasado a un Loki que ya estaba muerto también, él solo lo había visto desde los ojos de un tercero.

Sin embargo su madre, su verdadera madre, había estado preocupada por el la última vez que la vio, en Asgard, antes de que Thor volviera y el cayera por el bifrost a la nada.

Y, aunque no quisiera, a veces tenía ese sentimiento de que aún estaba viva, a veces solo quería detenerse y buscar su consejo, quería recostarse contra ella y aceptar sus dulces palabras y sus abrazos, incluso aunque había visto con sus propios ojos el recuerdo de Thor sobre el funeral al que no asistió.

Había veces donde su recuerdo lo inundaba con fuerza, en las situaciones más extrañas, momentos como Sylvie peinando su cabello que le regresaban a esos días.

A los buenos días, cuando su madre se ponía detrás de él y se entretenía cepillado su cabello y trenzándolo, contando historias de guerras, cantando canciones.

—¿Estás bien? —susurra Sylvie, sus dedos son gentiles mientras dividen el cabello en tres secciones y lo entrelazan una y otra vez.

Loki entonces regresa al presente, los recuerdos disolviéndose mientras vuelve a ser consciente de dónde está y con quien.

Una sonrisa lenta acude a sus labios y siente sus mejillas mojadas, no se dio cuenta cuando empezó a llorar.

Sylvie termina de trenzar su cabello, sus manos bajan a sus hombros y después por sus brazos mientras se recuesta sobre él, rodeándolo en un abrazo.

La rubia coloca su mejilla contra su cabeza, ambos pueden ver al otro en el reflejo del espejo.

La mirada de Sylvie muestra preocupación al notar sus lágrimas, pero Loki le sonríe para tranquilizarla.

—Estoy perfectamente, mejor que nunca. —contesta el pelinegro, dejándose envolver en el cariño de la chica, ella se inclina y le deposita un suave beso en la mejilla.

—Te ves muy guapo. —dice, cambiando el tema, sus ojos azules mostrando como entiende que no es el momento para hablar de lo que sea que le hizo llorar.

Loki vuelve a sonreír, sus mejillas coloreándose de un suave tono rosa por el cumplido.

—¿Tu crees? —el pelinegro mira hacía atrás tanto como puede, donde Sylvie está hincada a sus espaldas, hasta que finalmente sus ojos se conectan con los de ella.

La rubia se muerde el labio inferior y asiente con la cabeza, pasando los dedos de su mano derecha sobre su cabello trenzado.

—Como el príncipe más guapo de todos.

Loki no piensa mucho antes de girar su cuerpo completo y tomar a Sylvie entre sus brazos, recostándola en la cama y colocándose sobre ella.

Sylvie suelta un jadeo de sorpresa, pero después de un momento solo se ríe y rodea a Loki con las piernas.

El pelinegro reclama un beso en sus labios, suave y lento, Sylvie está haciendo ese sonido satisfecho que siempre hace cuando la besa por sorpresa, y Loki no puede dejar de pensar en lo afortunado que se siente de tenerla en sus brazos, de que ambos tengan esta rutina y Sylvie le recuerde con esos suaves gestos a la otra mujer que más amó con toda su alma.

El recuerdo de su madre siempre va a romperle el corazón, pero, a lado de Sylvie, el dolor era soportable y menos solitario.

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