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Language:
Español
Stats:
Published:
2015-06-13
Completed:
2015-06-13
Words:
41,079
Chapters:
6/6
Comments:
7
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31
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4
Hits:
507

Fan(non)fiction

Summary:

Si alguien le preguntara a Patrick Stump qué piensa sobre dar entrevistas, probablemente dijera que las odia y que, si por él fuera, no daría una sola en su puta vida; que no sirven para nada excepto para hacerle preguntas estúpidas una tras otra o ponerlos en situaciones comprometidas; que son, en definitiva, cosa mala. Cosa muy mala. Cosa mala equiparable a Satanás. O a George Bush. Así de malas.

Chapter 1: Eso es ficción (tiene que serlo)

Chapter Text

 

Si alguien le preguntara a Patrick Stump qué piensa sobre dar entrevistas, probablemente dijera que las odia y que, si por él fuera, no daría una sola en su puta vida; que no sirven para nada excepto para hacerle preguntas estúpidas una tras otra o ponerlos en situaciones comprometidas; que son, en definitiva, cosa mala. Cosa muy mala. Cosa mala equiparable a Satanás. O a George Bush. Así de malas.

O, bueno, si realmente alguien le preguntara a Patrick qué piensa sobre dar entrevistas y tuviera que contestar y alguien (ese mismo alguien u otro alguien) tuviera que oírlo, lo más seguro es que empezara a soltar una retahíla en plan “dar entrevistas es necesario para blablablá, blablablá” porque Patrick no sabe no ser educado y le resulta imposible decir lo que realmente piensa, por si acaso ofende al periodista de enfrente, o al fan de ahí al lado, o al Sumo Pontífice ya puestos. Pero sí, la realidad es que Patrick odia las entrevistas.

Esto de odiar no es una regla, es decir, no una de esas en las que hay ocasiones en las que se dice “esta es la excepción que confirma la regla”. No. Esto no necesita excepciones para confirmarse. Es así. Es por el hecho de ser. Hubo una vez un filósofo que dijo eso de “el ser es y el no ser, no es”. Pues esto es. Es.

Sí, es cierto que hay entrevistas mejores y entrevistas peores, pero también hay ocho círculos en el infierno de Dante y, aunque hay unos mejores que otros, no deja de ser el puto infierno. Que no es que Patrick compare el dar una entrevista con ir al infierno, ojo. Patrick está totalmente seguro de que en el infierno, sobre todo en el de Dante, se lo pasaría muchísimo mejor.

Por eso Patrick no espera que vaya a suceder un milagro cuando se sienta en el sofá con el estampado naranja chillón después de haberle dado la mano a las dos chicas frente a ellos, presentándose (porque sabe que aunque no debería ser necesario, lo es. Ya lo han llamado Pete más de una vez) con una sonrisa que ni es falsa ni es sincera. Las chicas les dicen sus nombres y Patrick hace un esfuerzo por retenerlos la media hora que van a estar allí, aunque sabe que va a ser una tarea difícil. La del pelo azul es algo así como “Mia”, la rubia Patrick está seguro de que se lo ha inventado.

Joe se sienta a un lado, Andy va junto a él. Pete entra el último y recorre todo el espacio que ocupa el sofá para sentarse al otro lado de Patrick, haciéndole una mueca con media sonrisa cuando se deja caer.

—¿Esto es radio o tele? —pregunta Pete antes de que el cámara les de la señal.

—Web —responde una de las chicas.

Pete sonríe y le guiña (“guiña”) un ojo a Joe. Web está bien, es mejor que radio o televisión. Web significa que solo lo van a ver los fans y que seguramente los dejen decir tacos y hablar de idioteces sin contestar realmente a las preguntas cuando sean demasiado obvias o demasiado estúpidas. Sí, web está bien, así que Patrick se permite relajarse un poco, incluso se quita el cárdigan azul que lleva y lo deja a un lado en el sofá, entre él y Joe.

El cámara da la señal y el piloto rojo se enciende. Las chicas los presentan, se presentan y empieza el show.

Las primeras preguntas son las de siempre, (¿qué tal, chicos?, ¿qué os parece la ciudad?, me encanta vuestro disco, ese del que solo he oído medio sample de una o dos canciones, etc.) preguntas de cortesía que se responden fácil y las puede responder quién sea.

Lo peligroso siempre llega luego, cuando el entrevistador se queda sin repertorio neutral y le da por innovar. Últimamente les ha dado a todos por hacerles preguntas de los fans, Patrick supone que porque es más fácil que otra persona te haga el curro. A él le da igual, suelen ser preguntas más interesantes de todas formas. A veces incluso tiene suerte y le preguntan cosas sobre música. Son días dignos de celebrar.

Este parece ser uno de esos días. Las chicas les preguntan sobre sus influencias, sobre el proceso de producción, sobre las distintas capas de música con las que han trabajado e incluso pasan unos minutos debatiendo las modificaciones vocales del directo y el álbum. Patrick tiene que admitirlo, está gratamente impresionado. De hecho, está cómodo. Está tan cómodo que incluso se ha dejado caer un poco en el sofá.

—Bueno, chicos, basta de formalidades. Nos han contado por ahí que sois muy aficionados a los trivia —dice la chica rubia, pasando la hoja en el block que lleva—, así que os hemos preparado un juego.

—Genial —dice Pete y se frota las manos. Joe murmura algo parecido. Andy simplemente está ahí. Patrick a veces se pregunta si no habrá perfeccionado eso de dormir con los ojos abiertos. Lo de Andy en las entrevistas siempre será un misterio—. A Patrick se le dan muy bien estas cosas.

—Meehhh, más o menos —añade a lo que ha dicho Pete, haciendo una mueca y encogiéndose de hombros. Un juego. Sí, por qué no. No puede ser muy horrible.

—Perfecto, ¡empezamos entonces con el Trivia de Fall Out Boy! —dice la chica y se ríe, haciendo un gesto con la mano hacia una pequeña pantalla que tienen junto a ellas. El titular “Fall Out Boy Trivia” sale en letras grandes que parecen sacadas del Word Art. Patrick se pregunta si lo han hecho a propósito o si son así de cutres de verdad.

—Este juego se llama “Ficción o No ficción” —empieza a hablar su compañera y Patrick recupera la postura en el sofá. Algo le huele mal. Algo le huele muy—. Sabemos, sabéis, chicos, que se han escrito muchas cosas sobre vosotros. Algunas reales, otras no tanto.

—La realidad es tan relativa… —añade Pete y todos se ríen. Sí, Patrick también. Lo hace por inercia, en realidad no le hace ni puta gracia.

—También sabemos que estáis familiarizados con que vuestros fans escriban historias, sobre vosotros —dice la rubia y ese “sobre vosotros” a Patrick le chirria en la cabeza. Los chicos siguen riéndose, asintiendo, diciendo “sehh” o “uhhh” en plan “qué divertido es esto”. A Patrick le recorren sudores fríos por la espalda. ¿Dónde está su cárdigan? ¿No llevaba un cárdigan?

—Así que nuestro Trivia va sobre eso. Os vamos a leer algunas anécdotas y vosotros vais a tener que decir si es algo real, es decir, si es algo que habéis dicho vosotros, o si es ficción. Patrick —lo llaman y Patrick salta en el sofá—, como te gustan estos juegos, ¿te parece si empezamos por ti?

Patrick parpadea un segundo, sintiendo la necesidad de quitarse las gafas y limpiárselas con el borde de la camiseta. Pete murmura algo como “me parece que Patrick no va a querer jugar a este juego” pero las chicas parecen ignorarlo. Patrick no lo entiende. ¿Dónde se ha ido el ambiente distendido de antes? ¿Dónde están las preguntas rigurosas y profesionales? ¿Dónde esta todo? ¿Dónde?

A la vista de que las preguntas no van a contestarse, Patrick se encuentra a sí mismo asintiendo con la cabeza mientras la pantalla cambia y aparece un pequeño texto.

—En 2005, en el Nintendo Fusion Tour, Pete fingió llamarse Jason para ligar con una entrevistadora, ¿Ficción o no ficción?

—Ehh… —Patrick se lo piensa. Suena a ficción. Suena totalmente a ficción, pero Pete está a su lado con la boca torcida y los ojos apretados, intentado disimular para nada disimuladamente que se está partiendo en estos momentos. Así que Patrick va a tener que decir…—. ¿No ficción?

—¡Correcto! —contesta la del pelo azul e instantáneamente aparece en la pantalla unos segundos de un video donde se ve a Pete diciendo que se llama Jason. Joe se ríe a carcajadas, limpiándose las lágrimas diciendo “hijoputa, no me acordaba de eso”, mientras Pete murmura algo como “qué épico, joder”—. Vamos con la siguiente. Podéis contestar todos esta vez, pero tenéis que poneros de acuerdo, solo aceptaremos una respuesta.

Las siguientes preguntas son sencillas. Realmente todas deben ser sencillas, porque al fin y al cabo, Patrick sabe de sobra qué ha hecho y qué no ha hecho en su vida. De todas formas, él no está implicado en ninguna así que deja que contesten los chicos, que al parecer se lo están pasando en grande. Cuando la respuesta es “ficción”, en la pantalla sale el nombre de la historia de donde lo han sacado. Joe dice algo sobre apuntarlos para echarles un vistazo. A Patrick le dan escalofríos.

—En una ocasión, Pete decidió recrear en Patrick todos sus tatuajes con ayuda de un bolígrafo. ¿Ficción o No ficción?

Pete se ríe de nuevo y se tapa la cara con las manos, negando con la cabeza. Patrick rueda los ojos, va a tener que contestar.

—No fueron… A ver, no ficción. Pero no fue exactamente así —empieza a decir, pero entonces ve que las chicas fruncen el ceño y miran sus notas, mirándose luego la una a la otra.

—Eh… vaya, parece que nos hemos confundido —sonríe la rubia, y en la pantalla aparece el título de una historia—. Vale, esta no la damos por valida entonces. Seguramente ese dato lo cogieran de alguna… ha sido un error. ¡Vamos con otra!

Cuando Patrick se gira para mirar a Pete, este le devuelve la mirada con el gesto extrañado. Patrick le murmura un “¿tú no…?” y no necesita decir nada más antes de que Pete esté negando con la cabeza. Patrick vuelve a mirar al frente intentando entender lo que ha pasado. ¿Acaso Pete no lo había contado él mismo? ¿Era posible…? No, no era posible. Quién hubiera escrito eso no podía simplemente haber adivinado que aquello había ocurrido. Tenia que ser un error, seguramente alguno de los chicos…

—Pete siempre ha sido un amigo considerado con Patrick. Tanto es así, que cuando el cantante empezó a subir de peso, Pete trató de quitarle importancia diciendo que posiblemente sus camisetas hubiesen encogido al lavarlas. ¿Ficción o no ficción? —pregunta la del pelo azul, y sí, esta Patrick la ha oído un par de veces.

—Eso es ficc-

—No ficción —contesta Pete, y Patrick se gira de golpe para mirarlo. Qué coño…—. Qué le voy a hacer, soy así de encantador —bromea.

—¡Correcto! —contesta la chica y Patrick está a punto de protestar cuando en la pantalla sale un video de él mismo diciendo exactamente lo mismo que la chica acaba de narrar.

Patrick tiene que procesarlo un momento, porque, guau. No recordaba para nada que eso hubiera ocurrido. Ni siquiera recordaba que él lo hubiese dicho. Parece que le debe varias disculpas a algún que otro fan.

—En un famoso tweet, Pete asegura que perdió la virginidad con Patrick —lee la rubia, que no puede evitar reírse—. ¿Ficción o no ficción?

Pete va a contestar, Joe ya se está riendo, y no. No. Patrick tiene que aclarar esto.

—A ver, eso es —se le traba la lengua, se le suben los colores y todos se ríen—. Es que, hay diferencias, ¿sabéis?  Porque está la no ficción, está la ficción escrita por fans y luego está la ficción escrita por Pete —explica y los chicos se ríen más aún—. Así que si la pregunta es si que eso ocurriera es ficción o no, la respuesta es que sí, que es ficción. Si la pregunta es si Pete realmente escribió eso o no, pues entonces la respuesta es que no es ficción —dice y las chicas asienten con la cabeza. Pete también asiente, intentando mantenerse serio—. En definitiva, la respuesta más completa es que NO es ficción que Pete escribiera algo que SÍ es ficción.

Se oye un “gracias, Patrick” que debería de ser de una de las chicas, pero que en realidad es de Pete. Patrick no sabe como soporta la tentación de fulminarlo con la mirada.

Las preguntas siguen, hablan sobre Joe y su TOC (No ficción), sobre las carrera de Andy en Historia y Antropología (No ficción), sobre Infinity on High y sus referencias a Mikey Way (“Ficción”, aunque a Pete se le atragantara un poco la mentira), sobre Folie siendo un disco escrito sobre Patrick (Ficción. Aunque Pete dijera No ficción en principio y luego tuviera que retractarse diciendo que pensaba que hablaban de What a Catch. “Aunque, qué coño, sí que es un disco sobre Patrick”, añadió luego, disculpándose y preguntando si podía decir “coño”). Después de eso, Patrick entiende que van a tener que tener cuidado con lo que contesta.

—Según Pete, él y Patrick son almas gemelas. Su conexión va más allá de la amistad y la hermandad, y casi podría decir que ya se conocían en otra vida. ¿Ficción o no ficción?

—Ficción —contesta Patrick, rodando los ojos. Sí, vale que Pete haya dicho cosas sobre ellos, pero eso ya es demasiado. Demasiado poético, demasiado profundo, demasiado todo. Patrick está seguro que está sacado del fanfic más cursi que han podido encontrar en toda la red.

Sobra decir que se le suben los colores cuando ve a Pete en pantalla, en una entrevista de no hace mucho tiempo, diciendo exactamente las mismas cosas que la chica acaba de repetir.

Patrick decide que no va a volver a contestar. Va a dejar que lo hagan los demás, o que no lo hagan o lo que sea, pero él no va a contestar. Porque al parecer tiene muy mala memoria y muy malos instintos, y la está cagando más de lo que en un principio hubiera pensado que se podía cagar, así que sí. La boca cerrada.

Y menos mal que lo hace.

Porque de pronto empiezan a llegar preguntas a las que Patrick hubiera contestado “Ficción” indiscriminadamente. ¿Que si Pete ha dicho que Patrick es la única persona en el planeta que lo entiende completamente? Ficción. ¿Que si Pete pudiera elegir un superhéroe elegiría a Patrick? Ficción. ¿Que Patrick ha sido la razón por la que Pete sigue vivo? Súper Ficción. ¿Qué Pete y Patrick se han comido la boca en el backstage por hacer el idiota con unas chicas? SUPERULTRAMEGAFICCIÓN.

Sin embargo parece que no. Parece que ninguna de esas cosas disparatadas han salido de la mente perturbada de una fan con muy poca moral y mucho tiempo libre. No. Todo eso ha salido de Pete. O de él y de Pete, al parecer. Y Patrick se quiere morir cuando ve la entrevista de Pete en pantalla en la que dice que, ‘¿comerse la boca con un tío? Pues claro, muchísimas veces, de hecho Patrick y él han jugado un montón de veces a eso de ‘yo beso a mi amigo si tu besas a tu amiga’’. Pete sigue riéndose y Patrick conoce muy bien esa risa. Una risa que pide clemencia.

Clemencia por los cojones.

 

*

 

Patrick ni siquiera se despide como es debido cuando el pilotito rojo de la cámara se apaga. Simplemente sonríe, hace un gesto con la mano, y sale de allí como alma que lleva el diablo, rojo, sudoroso, con el cárdigan mal abrochado y con ganas de encasquetarse la fedora en la cara para que nadie pueda mirarlo.

Los chicos van detrás. Los puede oír charlando, bromeando, haciendo comentarios sobre las preguntas, ¡comentarios! Como si realmente no hubieran vivido uno de los momentos más incómodos de su vida. Ni siquiera Pete parece tan afectado como debería (porque debería), aunque claro que Pete normalmente no reacciona debidamente en determinadas situaciones de riesgo.

Patrick piensa ocuparse personalmente de que Pete reaccione debidamente.

Lleva lo que parecen dos horas aunque no sean ni cinco minutos esperando en el coche que tiene que llevarlos al hotel cuando los tres rezagados se montan sin dejar de bromear y hacer referencias a lo gracioso que ha sido noséqué y nosécuantos. Por alguna razón Patrick esperaba que actuaran como los adultos que son y se callaran al ver lo muy afectado que había salido él mismo de allí (comportamiento no muy adulto, si realmente lo piensa), sin embargo lo único que recibe es una palmada en el hombro por parte de Joe.

—Hostia, tío, no veas las pintas de recién follado que tienes ahora mismo. Pareces que acabas de salir de un ‘fic’ de esos —dice y se ríe a carcajadas. Patrick frunce el ceño hasta que le salen arrugas nuevas y de pronto Andy también se está riendo.

—¿Tú también, Hurley? ¿En serio? —pregunta dolido. O sonaría dolido si no tuviera un mosqueo de agárrate que vienen curvas.

—Tienes que admitir que ha sido gracioso, Patrick —contesta Andy, consiguiendo poner media sonrisa amistosa antes de caer de nuevo en la carcajada.

—Esto es todo culpa tuya —se revuelve, alzando un dedo acusador contra Pete, que abre grandes los ojos y se lleva las manos al pecho, como si el dedo de Patrick le hubiese hecho un agujero a distancia.

—¿Yo? Pero si soy el único que no se está riendo, tío —contesta todo digno el mamón, como si no hubiesen pasado a penas segundos desde que estaba partiéndose el culo con los otros dos gilipollas. Patrick ni siquiera lo ha oído, tiene demasiada sangre hirviéndole en las orejas.

—¿A quién hostias se le ocurre decir las cosas que has dicho? ¿Cómo coño vas a…? ¿Cómo se te pasa si quiera por la cabeza, por el amor de dios? ¡Pete! —casi grita y Pete salta como un resorte, con los ojos aún abiertos y una ceja levantada, una expresión de ‘¿¿queeeee??’ que a Patrick lleva poniéndolo de los nervios desde hace más de catorce años—. Joder, tío, ¿lo de los besos en el backstage? ¿¿En serio??

Le sale la voz casi chillona, y si se pone rojo es porque está de muy mala hostia, no por recordar nada en especial.

Sus reproches solo sirven para que Joe siga partiéndose la caja como si no hubiera mañana, pidiéndole a Patrick por favor que pare, que como siga hablando está seguro que mañana va a tener agujetas en la barriga de tanto reírse. Patrick lo amenaza con partirle la boca para contrarrestar el dolor. Eso solo parece hacerlo reír más.

—Ni siquiera sé porqué te molesta tanto, joder, Patrick —responde Pete, un poco a la defensiva—. Lo dije hace un millón de años, y no es como si no fuera verdad…

—¡Ya sé que…! —se calla y cierra los ojos. Ya sabe que sí es verdad. Prefiere no admitir que ese es parte del problema—. Pero ya sabes como soy, Pete, sabes como es… ¡todo! ¡Podrías haberlo dicho de cualquier otro!

—¡Es que es eso! ¡Es que no es para tanto, Rick, por dios! —Pete alza las manos como si clamara al cielo—. Es como si no me hubiera comido la boca con a saber cuantos tíos —dice y empieza a contar con los dedos—. Con Brendon, con Gabe un millón de veces, con Trohman —lo señala y Joe giña un ojo, chascando la lengua—. Éramos críos, no significa nada. Todo el mundo lo sabe, tío, no es como si nadie se te fuera a echar encima o algo por recordarlo en la entrevista de hoy.

Patrick sabe que Pete tiene razón, sin embargo eso no implica que el burbujeo que siente en el estómago deje de hacerlo sentir como si estuviera en la cubierta de un barco en plena tormenta. Hay algo que no le encaja o que le encaja donde no tiene que encajar, y todo el asunto lo está mareando de una manera que no es normal.

Decide cerrar los ojos y calmarse, haciendo un alto con las manos porque no tiene una bandera blanca para hondearla. Tampoco es necesario, Pete lo entiende y no dice nada más, volviendo a hablar con los chicos que ahora han derivado el tema de ‘ficción escrita por fans’ a ‘ficción escrita por profesionales’. Andy comenta el último libro que ha leído y Pete dice algo sobre el autor. Patrick intenta no prestar mucha atención. Está un poco harto de la ficción ahora mismo.

Cuando se bajan del coche Joe dice algo sobre hablar con Marie por teléfono, que al parecer va a ponerle a la pequeña a ver si le balbucea alguna palabra. Pete y Andy van a ir a la recepción del hotel a ver si les pueden conseguir el libro sobre el que han venido discutiendo. Patrick tiene intención de irse directo a la habitación, a ver si tumbándose un rato puede hacer que se le pase el dolor de cabeza.

—Hey, ¿todo bien? —pregunta Pete, agarrándolo de la muñeca antes de dejarlo subirse al ascensor. Patrick tiene que sonreír al verle la preocupación en la cara.

—Es solo… la cabeza, ya sabes —dice, haciendo un gesto con la mano libre, quitándole importancia.

—Hmm —Pete asiente y suaviza un poco el gesto, pero aún no lo suelta—. Nos vemos luego, ¿no? Antes de…

—Sí, sí, no te preocupes —asiente Patrick, dándole una palmada en el hombro.

Realmente es cierto, piensa mientras sube en el ascensor hasta su piso, no le pasa nada en especial. La cabeza le da vueltas, eso sí. Los motivos no son comunes, eso también. Pero lo que es en sí, no le pasa nada. Solo tiene que descansar, aclararse y todo habrá pasado.

Pete tiende a preocuparse demasiado cuando se trata de Patrick, al menos durante estos últimos años. Patrick piensa que es la manera que tiene Pete de decir ‘lo siento’ por todas esas veces en las que Patrick estuvo jodido y Pete no se enteró por tener la cabeza demasiado enterrada en su propio culo. A Patrick eso le da igual, es agua pasada. Sí, dolió en su momento, pero también lo entendió, así que nunca se lo tomó en cuenta o le guardó rencor por eso. A Patrick le basta y le sobra con que Pete ya esté bien. Para él eso es suficiente recompensa.

Cuando llega a su habitación lo primero que le apetece hacer es tumbarse en la cama, pero sabe que es mejor darse una ducha ahora o si no luego no va a haber quién lo mueva. Se quita la ropa con desgana, subiendo un poco la temperatura de la habitación para no helarse cuando salga del baño.

El agua no está del todo caliente, pero le pega fuerte contra la espalda cuando se mete en la ducha y Patrick espera que el brusco masaje que le va a dejar la piel roja le ayude por lo menos a centrarse. Ni siquiera entiende porque le está dando tantas vueltas a la cabeza, sabe que no debería hacerlo. Sin embargo, algo lo ha dejado pillado. Tal vez lo que le molesta sea el hecho de haber comprobado que su memoria no es tan buena como creía. O puede que sea que no esperaba que hubiesen salido a la luz todas esas cosas justo ahora. Sí, en teoría ya habían visto la luz hace años, pero él no lo había descubierto hasta este día. Las desventajas de haberse pasado la adolescencia viviendo en una cueva sin conexión a internet.

Ambas son buenas posibilidades, pero Patrick sigue teniendo la sensación de que falta algo más, como cuando tienes una palabra en la punta de la lengua, tan cerca que saboreas las vocales y casi le ves los colores, pero aún así no das con ella, como una melodía que se repite en tu mente y luego se niega a materializarse en tus dedos.

Cuando sale se siente mejor, aunque no necesariamente menos centrado en el tema. Decide meterse un rato en Twitter, responder a algunas preguntas. Sabe que no es la mejor manera de quitarse el asunto ‘fanfiction’ de la cabeza, pero al menos ahí sabe qué respuestas tiene que dar, al menos por ahora.

Al final se le termina haciendo un poco tarde, pero le aseguró a Pete que se verían antes de volver a casa, así que sale de la habitación igualmente, bajando por las escaleras en vez de tomar el ascensor mientras recuerda en que planta está Pete. Sabe que no están muy lejos, así que no le supone un problema en realidad.

Se asegura dos veces de que es el número correcto antes de llamar a la puerta, dejándose caer un poco sobre el marco. Pete le abre con un “Hey, ya pensaba que no venias”, apartándose para dejarlo entrar. Pete solo lleva el pantalón de pijama puesto, y tiene la maleta preparada al lado de la puerta. Solo queda abierta la mochila donde meterá las últimas cosas que vaya a usar ese mismo día.

Patrick se saca los zapatos con los pies antes de subirse en la cama, sentándose con las piernas cruzadas y recostando la espalda en el cabecero. Pete se tumba a su lado, usando un brazo para alzarse un poco, apoyando la cabeza en la mano.

—Eh. Siento haberme puesto estúpido antes —murmura Patrick, haciendo una mueca con los labios antes de mirar a Pete—. Ya sabes que a veces se me va un poco con estos temas.

—Bah, Patrick, no… —Pete hace un gesto con la mano—. Es una tontería, no pasa nada.

Patrick solo gruñe y asiente, riéndose por la nariz cuando Pete tira de él hacia abajo, deslizándolo sobre la cama para dejarlo recostado a su par, el brazo de Pete sirviéndole de apoyo tras la cabeza.

—Tenemos otra cosa más importante de la que hablar —dice Pete y Patrick lo mira alzando una ceja—. He estado pensando en lo del avión de mañana.

—Oh. Entiendo.

—Y realmente no veo el problema, puedes cambiar tu billete y volver a casa en el mismo vuelo que yo. Le digo a Meagan que nos pasamos por tu casa antes y ya está, seguro que le parece genial, estará deseando ver a Elisa y al peque.

Patrick frunce la nariz y echa los ojos a un lado, contemplando la posibilidad de la situación. No lo termina de convencer.

—No sé, Pete. Vamos a llegar reventados, lo menos que vas a tener ganas es de estar de visitas nada más llegues. Lo que querrás será ducharte, tumbarte y estar con los críos.

—¿Y se supone que no puedo hacer eso en tu casa por…? —replica Pete y Patrick rueda los ojos.

—Porque es mi casa y querrás estar en tu casa —explica.

—Aww, Rick, eres muy ingenuo si aún piensas que mi casa y tu casa son dos cosas diferentes —dice y lo aprieta contra él—. Son… como la misma entidad, tío. Solo necesitamos que el teletransporte se perfeccione y ya será como vivir juntos.

—Oh, dios… rezaré porque no ocurra.

Pete finge estar totalmente ofendido y lo demuestra apretando más a Patrick contra sí, enterrándole la cabeza en el pecho e impidiendo que se zafe. Patrick intenta quitarle los brazos, pero hace bastantes meses que Pete le ganó en fuerza, así que lo que le queda es jugar sucio e ir a por una efectiva combinación rodilla—pelotas. Pete lo suelta de golpe, no sin antes devolverle el ataque mordiéndolo con considerable fuerza en el hombro. Cuando Patrick gruñe y se queja, Pete se aparta riéndose, levantándose de la cama.

—Juegas sucio, Stump —dice, apoyándose en el mueble que está bajo la tele. Patrick bufa. Como si le estuviera diciendo algo nuevo.

Tiene tiempo para limpiarse las gafas, que han quedado hechas un asco, y recolocárselas bien, junto con la ropa y el pelo, mientras Pete se mete un momento en el baño. Se sube la manga de la camiseta y suelta un quejido cuando ve la marca de los dientes de Pete en su piel. Ese cabrón… solo espera que no se le ponga morado.

Va a decirle algo al respecto cuando sale del baño, pero se fija en que Pete lleva el pelo mojado, gotas de agua en los hombros, y una expresión rara en la cara. A lo mejor él también se ha pasado con el rodillazo, así que es mejor dejarlo todo estar.

—Con toda esta historia me han dado ganas de tomar algo, ¿a ti no? —pregunta Pete. Patrick solo en encoge de hombros—. ¿Escocés? —ofrece, abriendo el mini bar y mirando dentro.

—Nah, ¿sabes lo que se me apetece ahora mismo? Un café bien cargado. Hace semanas que no me tomo uno, ¿te lo puedes creer? —dice y Pete sonríe—. Igualmente dudo que vaya a pegar ojo esta noche, así que…

—Marchando, pues, un café bien cargado para el señorito —dice Pete mientras descuelga el teléfono.

—¡No! Eh, no hace falta que molestes ahora con… —empieza a decir, pero Pete le bate las manos en el aire, empezando a hablar con el servicio de habitaciones.

Patrick se recuesta de nuevo en la cama mientras oye a Pete detallar punto por punto las peculiaridades del café como le gusta exactamente.

Solo pasan unos diez minutos antes de que la puerta suene y un chico les deje un carrito con su pedido. Pete se disculpa por la hora y le da una buena propina por las molestias. Patrick sonríe y se disculpa también cuando el chico dice que no pasa nada antes de marcharse por la puerta con mejor cara de la que traía.

Patrick está a punto de pasarse a la pequeña mesilla que hay a un lado de la habitación, cuando Pete le dice que ni se le ocurra moverse y lleva las bandejas hasta la cama. Dos cafés y una caja de donuts. Al menos Patrick está seguro de que no van a dejar migas.

—Ohh… —dice mientras coge un donut espolvoreado con chocolate y relleno de vainilla, mirando a Pete con los ojos enormes—. ¿Sabes la de tiempo que hace que no como uno de estos?

—¿En serio? —pregunta Pete, dándole un mordisco a uno rosa—. Si lo llego a saber pido más.

—Tú estás mal de la cabeza —niega Patrick, dándole un mordisco al dulce y cerrando los ojos porque, dios, que bueno—. Después eres tú el que se mata en el gimnasio. No yo. Y luego tengo a los fans diciéndome que si cada vez estoy más-

—Bah. Que les den —lo corta Pete, terminando de meterse su donut en la boca—. ¿Esta bueno o no?

—Evidentemente —Patrick rueda los ojos, dándole otro mordisco. El puto paraíso el donut de los huevos.

—Pues ya está —termina de decir, llevándole el pulgar a la comisura de los labios de Patrick, limpiándole un poco de vainilla y llevándoselo a la boca—. Joder, sí que está bueno —dice y se adelanta, comiéndose el último trozo que le quedaba a Patrick en la mano, sujetándolo por la muñeca y chupándole los dedos.

—¡Ehh! ¡Eso era mío, hijo de…! —se queja Patrick empujándolo, aprovechando para limpiarse los dedos en el pecho de Pete.

—Ahí tienes más, egoísta —se defiende Pete.

Patrick dice algo sobre no saber qué relleno tienen y Pete le contesta que le meta los dedos, a ver. Ambos se ríen a carcajadas y acaban rompiendo los donuts con los dedos. Dos más son de vainilla. Solo uno de chocolate. Otro tiene un relleno de un color extraño y Patrick se ríe mientras Pete empieza a decir que es sospechosamente pegajoso. Patrick lo coge con dos dedos, escurriéndosele por la mano mientras se lo acerca a Pete a la cara canturreando ‘¿quieres un poquito, Pete? ¿quieres?’, antes de llevárselos a la boca y descubrir que al parecer era una especie de crema de nata. Al final, cuando terminan de comerse los donuts, hay migas, azúcar glas y chocolate en polvo por todos lados. Además, el café está frío.

—Has hecho subir al servicio de habitaciones para nada —dice Patrick, dándole un sorbo al café y comprobando que sí, está helado.

—¿Para nada? ¿Estás seguro? —pregunta Pete, señalándose el pecho donde aún le quedan restos de chocolate. Patrick se tiene que reír—. Además, yo no sé que habitación te habrán dado a ti, pero la mía —salta de la cama y camina descalzo hasta un mueble, abriendo una puerta— tiene microondas —apunta orgulloso.

—Vale. Has hecho subir al servicio de habitaciones para beber café de microondas —repite Patrick, levantándose y llevando los vasos.

—Oh, por favor, como si hubieran ido expresamente a Colombia a buscarte el café…

—Después de todas las indicaciones que les has dado, pues casi que me lo creería —dice mientras mete las tazas, marcando el temporizador.

—Lo mejor para mi amor —sonríe y Patrick le saca el dedo.

Esta vez si que se sientan en la mesa, Pete asegurándole a Patrick que esta noche piensa dormir en su habitación por que su cama está hecha un asco. Patrick le discutiría, solo para dar por culo un poco, pero la verdad es que tiene razón.

Se le viene a la cabeza todas las veces que han dormido juntos y todas las veces que la gente habrá escrito que han dormido juntos. Se queda pensando mientras se lleva la taza de café a los labios, notando como el sabor es exactamente ese que lo hace relamerse. Mira a Pete por encima de la taza. Debería darle las gracias. Sin embargo los pensamientos siguen ahí, y dale las gracias a Pete solo lo hace pensar en la cantidad de bromas que surgieron a partir de aquel determinado y estúpido momento.

—¿A qué le estás dando vueltas? —pregunta Pete, dándole con la rodilla. Patrick solo lo mira para desviar la mirada. Es suficiente—. ¿A lo de antes aún? ¿En serio?

Patrick solo gruñe y esconde más la cara en la taza de café. No va a mentirle a Pete, pero eso no significa que tenga que decirle la verdad.

—En serio, Trick, es una estupidez. No deberías dejar que esas cosas te afectaran tanto.

—Yap —asiente con la cabeza y deja la taza en la mesa.

—Pero te da igual lo que yo te diga, ¿no? —pregunta Pete y Patrick sonríe de lado.

—Sep —contesta y Pete cierra los ojos—. No, no es eso. Es… A ver, tú puedes decir lo que sea, y puedes llevar razón, que la llevas. Pero eso no va a hacer que se me vaya así porque sí, ¿sabes? De todas formas, probablemente se me pase al llegar a casa. Ya sabes como funciona mi cabeza. Se centra en un tema hasta que lo agota y una vez agotado paso absolutamente de él.

—Ok —asiente Pete, aunque su gesto no es de estar muy seguro—. Eso espero.

Ya. Eso espera también Patrick.