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Language:
Español
Stats:
Published:
2022-09-23
Updated:
2022-09-23
Words:
4,087
Chapters:
3/?
Kudos:
6
Hits:
126

Las penas con pan son menos...

Summary:

Frank es rechazado por Lotte. ¿Cómo lidiará con esto?...

Chapter 1: La derrota de Frank

Chapter Text

Frank no solía viajar en metro.

De hecho, ningún estudiante de Appleton lo hacía...

Siendo de las escuelas más prestigiosas de toda Europa, contaba con un alumnado bastante selecto: celebridades, herederos y promesas deportivas o cualquiera que contribuyera con cifras astronómicas al presupuesto escolar... Pero sobre todo podías encontrarte con hijos de políticos.

La identidad de una nación yace en su cultura.

...Siendo así, su padre era quién representaba la imagen pública del país.

A pesar de su poca seriedad y su debilidad por las señoritas, Frank admiraba mucho el trabajo de su padre: el ministro de cultura inglés.

Trabajaría lo necesario en Appleton, para que su nombre fuera sinónimo de orgullo para su padre y para toda Inglaterra.

Pero hoy no...

Ni mañana...

Quizás no durante toda la semana...

Esta vez quería ser un chico del montón, que huía de sus responsabilidades un par de horas: y sobre todo escapar de sus propios pensamientos...

La ventana del metro ofrecía un paisaje pintoresco, pues el cristal del vagón ahora dejaba ver un río azul, tan hermoso como los ojos de-

No, ahora no debía pensar en eso...

Soltó un suspiro.

Todo le recordaba a ella: aquel atardecer dorado como el cabello de la chica por la que estuvo latiendo su corazón durante varios meses.

A medida pasaba el tiempo con ella, se sentía cada vez más cerca de conquistarla...

y la última semana todo se fue al diablo.

Bueno... casi todo: Aún podía seguir siendo su amigo.

Frunció el ceño, recordando una sensación que hace mucho tiempo había olvidado: frustración.

Ese sentimiento que se instalaba en tu pecho cuando tu juego favorito se descomponía, tenías que mudarte y abandonar a tus amigos de la infancia, tu maestra te acusaba con tus padres o cuando la persona que te gusta consigue pareja...

¡Bingo!: Lotte había conseguido pareja.

Chasqueó sus labios recordando el porqué estaba en el metro:

°°°

-- Frank, ¿Podemos hablar un segundo?...-- Dijo Lotte visiblemente nerviosa y desviando la mirada.

-- Lotte... ¡Desde luego! ¿Qué puedo hacer por tí?. -- Contestó Frank con su habitual entusiasmo, entusiasmo que crecía al estar cerca de la rubia.

-- Verás... Tú siempre has sido muy amable y gentil conmigo desde que nos conocimos en la fiesta. -- Dijo acomodándose los lentes mientras se acercaba más al chico copetón. -- Realmente me siento muy agradecida por haberte conocido mejor...

-- El gusto es mío, Lotte. Me he divertido mucho hablando contigo.-- Dijo agachándose un poco para poder oír y contemplar mejor a su interlocutora. -- Aunque presiento que hay algo más que quieres decir...

-- Lo hay... -- Se quitó los gruesos lentes y dejó ver aquellos ojos de hermoso azul, pareciendo pequeñas ventanas a un cielo en el cual volar con libertad. -- Es muy importante, de hecho.

-- Soy todo oídos...

En ese instante ella alzó la mirada para verlo cara a cara: llena de coraje, pero aún con un semblante nervioso y dubitativo sus labios se preparaban para soltar el meollo del asunto...

Era tan linda cuando se ponía así: sus brazos recogidos a la defensiva, su mirada y sonrisa perpetuamente bondadosa, su pálida piel sonrojarse por cualquier cumplido sincero y sobre todo la amabilidad y gentileza sinfín que a Frank le habían flechado como nadie antes...

"Estoy saliendo con alguien justo ahora..."

°°°

Y fue cuando cayó a la realidad:
Frank se había permitido enamorarse muchas veces. Algunas veces fueron correspondidas, pero otras no...

A pesar de la pasajera tristeza siempre lograba ver una pequeña esperanza y después de un tiempo volvía a ser el mismo entusiasta de siempre.

Esta vez era diferente.

Ella era la indicada...

Se mordió el labio subconscientemente. Él no era el indicado para ella: esa persona ya había llegado a su vida. Y eso era lo que dolía...

Frank quería ser esa persona.

°°°

-- Ya veo... -- Dijo reuniendo coraje para poder responder "adecuadamente"... -- ¡Felicidades Lotte, espero seas feliz con el afortunado!.

-- Gracias Frank. -- Dijo la rubia visiblemente aliviada. -- Aunque querrás decir "afortunada"...

Frank arqueó la ceja: -- ¿Es alguien que conozco?...

-- Es Bárbara Parker. La amiga de Diana...

°°°

Repasó ese nombre con su mente: sonaba con fuerza en lo profundo de su memoria y de no ser por que seguía en ese asiento del metro se hubiera palmeado la cara.

Claro. La chica pelinegra del séquito de Diana...

Siempre la había visto de reojo en las fiestas: se mezclaba bien en el ambiente elegante al igual que Diana y su siamesa pelirroja.

Parecía tener la gracia y la educación suficiente para una conversación casual:
Pero más allá de eso,a Frank siempre le pareció una fachada sin chiste...

Lotte en cambio, era muy diferente: discreta y sin intenciones de llamar la atención, pero sobre todo genuinamente buena... Aquel contraste entre lo que conocía y lo que la rubia le mostraba sacudió su mundo.

Ese fue el por qué ese flechazo de cupido fue el más intenso que presenció en su corta vida, no obstante, por mucho pretendía ser el más doloroso que sufriría el resto de sus días.

Era curioso: La chica que siempre le pareció frívola y superficial había ganado el corazón por el que Frank competía.

Quizás se había apresurado a juzgar a Bárbara:
Si había conquistado el corazón de Lotte, ¿Que tan mala podía ser?...

°°°

-- ¿Seguimos siendo amigos?...

-- Yo quiero si tu quieres. Estoy felíz por tí, Lotte...

°°°

Aún mantuvo contacto con ella, pero desde que eso ocurrió las conversaciones fueron notablemente más... incómodas.

Eso fue por correo mágico, dado que las brujas de la academia no eran muy afines a los sofisticados teléfonos inteligentes...

Y Frank lo agradecía, puesto que no sería capaz de verla cara a cara u hablar con ella siendo el mismo de siempre: por que Frank simplemente no era el mismo... No en esos momentos.

Al ser vacaciones de invierno, pudo darse el lujo de quedarse en su habitación sin asistir a la escuela... Simplemente se envolvió en su sábana y dejó pasar los días mientras repasaba su realidad. Esta rutina solo era Interrumpida por la comida o algún mensaje ocasional de su amiga Lotte...

La casa del ministro perdió algo de brillo desde que Frank se instaló en su refugio improvisado: su típica emoción que daba un poco de color a la rústica mansión fue olvidada rápidamente por los ahora monótonos pasillos.

Es por eso que su padre trajo a su mejor amigo, en un intento de hacerlo recapacitar:

°°°

Andrew Hanbridge, el estoico. Ahora estaba tocando la puerta, al principio con educación... Pero tras múltiples intentos sutiles de llamar la habitación finalmente perdió la compostura que lo caracterizaba:
-- ¡Franklin Manchester! ¡Abre la puerta en este instante!...

Aguzó su oido intentando oír alguna respuesta:
Se oyó un gruñido bajo y el crujido de la cama, seguido de pesados pasos...

Quejas perezosas se hicieron audibles al otro lado mientras el anfitrión de la habitación se aproximaba a la entrada para girar el picaporte y entreabrir la puerta: Asomó un ojo marrón y un poco de aquel voluminoso copete rubio:
-- ¿Andrew?... Cielos, ¿Qué haces aquí?.

-- Eso debería preguntar yo... ¿Qué rayos haces en tu habitación desde hace 4 días?. -- Preguntó Andrew con una ceja levantada. -- Según recuerdo detestas los lugares cerrados...

Sin mediar más palabras, tiró del brazo de su amigo y lo arrastró adentro para cerrar la puerta tras de sí.

El panorama del cuarto hubiera dejado boquiabierto a cualquiera, incluso Andrew se permitió abrir completamente sus ojos y abandonar por un instante la expresión seria de su rostro:
Libros revueltos por doquier, bolas de papel arrugado dentro y fuera de un desbordante cesto de basura, y sobre todo, un desfile de bandejas con galletas deformes, quemadas y de colores extraños se distribuía por toda la habitación...

Aún así, nada superaba la surrealista vista que Andrew tenía de su amigo:
Usaba una pijama desaliñada de rayas azules, completamente arrugada... Sumado al anticlimático aspecto del chico: su generoso copete ahora era no más que mechones despeinados y sus ojos cargaban unas espantosas bolsas. Sólo era un cascarón depresivo del viejo "Frank".

-- No te ves bien, amigo...

-- No lo estoy, amigo.