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Mirar al pasado no arreglara los errores cometidos

Summary:

Lucerys fue calumniada por Criston Cole como una infiel y se dijo que el hijo en su vientre no era de su esposo, Aemond Targaryen. Ese evento llevo a la finalización de su matrimonio y a su segundo matrimonio con Cregan Stark

¿Como reaccionaran los verdes al ver volver a Lucerys, dieciseis años mas tarde, con un hijo supuestamente bastardo que es identico a Aemond Targaryen

Chapter Text

Todo Roca dragón celebraba al hijo de Lucerys. Ella miro al niño en sus brazos y sintió el amor más grande del mundo embargarla. Solo un amor podía compararse a este. Su pasado amor por Aemond

Nunca pensó que pudiera sentir nada más fuerte que ese amor, pero aquí estaba. Sintiendo más que nunca un amor tan poderoso como las mareas que se tragaban barcos.

Ella tarareo mientras el niño, su hijo, se aferraba a sus senos. Tarareo las nanas que su madre y su padre cantaron para ella. Tarareo las nanas de Harwin Strong. El niño se durmió y ella le miro. Su abuelo lo había legitimado incluso aunque Lucerys se había divorciado por un falso rumor de infidelidad

Su precioso, precioso Rhaegar Targaryen. Su hijo, su primogénito

Necesitaría una madre fuerte. Una madre que no llorara por el pasado.

Lucerys se levantó con cuidado y se acercó a la caja de madera decorada con dragones que había estado en su escritorio desde que tenía memoria. La abrió y contemplo por última vez todas las notas que Aemond le había dado a ella incluso cuando ambos vivían en la Fortaleza Roja.

El ultimo papel era de antes del incidente

Lucerys había enviado muchos cuervos disculpándose después de eso. Pidiendo perdón a su tío. Pidiendo que volvieran a tener la relación que tuvieron en su día. Ninguno de sus cuervos obtuvo nunca respuesta. Pero ella no ceso

Amaba a su tío Aemond, le quería en su vida.

Para unir a la familia su abuelo había decidido casarlos y Lucerys había sido una novia tan feliz. La más hermosa de las novias por que amaba de verdad a Aemond y estaba feliz de casarse con él.

Habían sido felices por un tiempo. Aemond había sido cortes y amable con ella y Lucerys brillaba con luz propia a su lado. Amando a su esposo con todo su corazón. Tanto que todo el mundo pudo ver los sentimientos de la joven, su devoción y su fidelidad hacia su esposo

Mucha gente suspiro aliviada, pensando que este matrimonio evitaría los conflictos de la familia. Pero entonces empezaron los rumores tras el embarazo de Lucerys.

Rumores de que su hijo no era de su esposo

Lucerys pensó que Aemond no escucharía los rumores. Habían compartido lecho muchas veces, todas las malditas noches desde que se casaron. Ella pensó que sus encuentros eran apasionados y placenteros. Lucerys pensó que Aemond caería en la cuenta de que siempre que no estaba con él una septa de la reina la acompañaba como una sombra.

Pero Aemond se volvió cada vez más y más frio. Dejo de ir al dormitorio y los rumores dijeron que compartía cama con Alys, una bastarda Strong. Lucerys lloro por eso en su cama vacía mientras los rumores aumentaban por culpa del comportamiento de Aemond.

Al final, Lucerys estaba en su sexto mes de embarazo cuando Aemond la acuso de infidelidad ante la corte. Nunca supo cómo pudo mantener su rostro sereno aquel día, se sentía muerta por dentro mientras su esposo reclamaba que el niño en su vientre era un bastardo. Como su madre

Esa fue una puñalada especialmente dolorosa para ella

Viserys se sentó en el trono mientras se frotaba la frente y miraba a su segundo hijo.

- ¿Estas completamente seguro de lo que dices, Aemond? Una vez que de sentencia no habrá marcha atrás. Nunca podrás volver a tomar a Lucerys como a tu esposa o reclamar al niño en su vientre

-Estoy seguro de que esa mujer me ha engañado. – Dijo Aemond con decisión

- ¿No tienes nada que decir, querida? ¿No te vas a defender?

-No tengo nada que decir, abuelo. Este niño es hijo de mi esposo, nunca he mirado a otro hombre que no sea él. Pero si mi esposo es más feliz pensando que he sido infiel y que este niño no es su hijo…. Entonces deseo que mi matrimonio se anule. No quiero estar con alguien que me desprecia de esa manera sin motivos

Viserys asintió y la mayoría de la corte, los inteligentes, se dieron cuenta de que en ese momento el bando de Alicent había perdido un gran tesoro por las palabras celosas de Criston Cole. Todos sabían que él había iniciado el rumor. Los verdaderamente inteligentes sabían que el mayor apoyo había sido el amor de la princesa Lucerys por el príncipe Aemond.

El divorcio les quitaría casi todo su poder

-De acuerdo. El matrimonio será anulado. Lucerys recuperara su dote e ira a Roca dragón. Pero el niño será tratado como legítimo y le daré el apellido Targaryen.

La reina Alicent empezó a protestar con furia, pero el rey se mostró implacable y Lucerys vio como sus baúles eran sacados de las habitaciones que había compartido con su esposo desde su matrimonio. Una doncella trajo su labor desde el cuarto de costura. Un cinturón con el escudo Targaryen bordado trece veces. El ultimo dragón no estaba terminado y aun había espacio para dos más. Un regalo para Aemond en su onomástico. Ella simplemente lo dejo sobre la cama que habían compartido.

Tal vez la próxima esposa de Aemond lo terminara.

Se marcho a Roca Dragon sin atreverse a mirar nunca hacia atrás. Si veía a Aemond se derrumbaría. Como una tonta había albergado la secreta esperanza de que él volviera. Que volverían a esos meses cuando ella fue tan feliz. Pero todo eso habían sido esperanzas vacías.

Durante el parto, los dos días completos. Había mirado por la ventana, esperando ver a Vhagar, pero él nunca apareció. Las alas gigantes nunca hicieron el corto vuelo hasta ella.

Lucerys se miró en el espejo. Pálida, ojerosa, con el pelo despeinado y sudor aun en su cuerpo.

Las mujeres eran débiles, pero las madres fuertes

Cerro la caja de madera, guardando sus sentimientos por Aemond en su interior. Y la arrojo al fuego de su habitación. La observo quemarse con una oscura satisfacción y un escozor en el alma. Ya no necesitaba esos sentimientos, ese veneno en su corazón.

Seis meses tras dar a luz, Lucerys fue al norte donde se desposo con Cregan Stark. El único hombre que juro con sinceridad criar a Rhaegar como si fuera de su propia carne y sangre. Con ella llevo a Arrax y a la joven dragona de color violeta nacida del huevo puesto en la cuna de su hijo, Likyri. Llegaron a Invernalia con rapidez, siendo recibidos por el futuro esposo y uno de los amigos más cercanos de Jacaerys Baratheon.

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Rhaegar estaba esquivando la espada del desertor de la guardia de la noche. Su espada fue más certera sin matarle. Cregan miro a su hijo adoptivo con orgullo mientras su heredero sonreía a su hermano.

-Podría haberlo hecho yo. – Dijo Harwin mientras bajaba del caballo para ver como los dos soldados preparaban al hombre para ser ejecutado.

-Pero llegue primero. Y sin Likyri. – Rhaegar sonrió con suficiencia mientras una yegua negra se deslizaba a su lado. – Sombra Nocturna es más rápida que Flecha.

Harwin sonrió y bromeo con su hermano antes de que la situación se volviera seria y la espada Hielo fuera desenvainada para decapitar al desertor. Después ambos hermanos empezaron a bromear entre ellos como siempre.

Cabalgaron a buen ritmo de regreso a su hogar donde Likyri estaba saltando entre los árboles para ver caer la nieve… Otra vez. Para Cregan era divertido ver que una dragona que era llamada calma en valyrio era en realidad un polvorín. Lucerys solía decir que era porque lo repitieron mucho y al final la dragona no respondió a otro nombre.

Cregan supo que algo andaba mal nada más ver a su esposa y al maestre hablando entre susurros mientras su segundo hijo tenía su pierna vendada en alto. Brandon estaba leyendo un libro a sus hermanas que jugaban sobre pieles frente al fuego. Alyssa, Arya y Lyanna miraron a su padre y hermanos mayores entrar con sonrisas.

A Cregan siempre le sorprendía que de sus cinco hijos solo Harwin y Arya tuvieran el pelo negro y los ojos grises de su casa. El resto tenía el pelo plateado y los ojos violeta que marcaban la sangre Targaryen de su madre y la madre de Cregan. Rhaegar se sentó junto a sus hermanas y les pregunto qué hacían, interesándose en sus respuestas.

- ¿Qué ocurre, esposa?

Lucerys suspiro y miro a su esposo por dieciséis años

-La enfermedad finalmente ha alcanzado a mi abuelo y quiere que nos reunamos todos. Una última reunión familiar.

Cregan sintió su rostro congelarse y miro a sus hijos

- ¿Todos, todos? ¿Absolutamente todos? – Durante diecisiete años Lucerys había evitado la Fortaleza Roja y solo había vuelto en tres ocasiones. Siempre cuando Aemond no estaba. Y nunca había llevado a Rhaegar. Rhaegar era una copia exacta de Aemond, solo que más dulce y con mejor sentido del humor

-El cuervo que ha mandado nos ha citado a todos por nuestros nombres. – Lucerys miro a Rhaegar. – Es una orden real. No podemos evitarlo

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Aemond se había convertido en el príncipe viajero. Siempre montando en su dragón y moviéndose de un lado a otro. Nunca durando más de un mes en un solo lugar.

No desde que su esposa perdió su útero en el parto de un niño muerto que luego se demostró que era un bastardo Velaryon. Tenía gracia. Era un bastardo hijo del hermano menor de Corlys. Su esposa, Cassandra Baratheon, había intentado excusarse. Pero Aemond había sacado su espada para matarla y solo fue salvada por la reina. Ella le recordó a Aemond el poder de los Baratheon y que Cassandra tendría un destino peor si la enviaba de vuelta con su padre por su infidelidad.

Y eso le decían, pero el septo se había negado a anular su matrimonio por segunda vez y ese cerdo Baratheon mantenía a su hija con vida para vengarse de Aemond por demostrar la infidelidad de la mujer.

Sabía que Lucerys le había evitado cuidadosamente. Tanto como él había evitado Invernalia en sus viajes. Había escuchado mucho sobre su antigua esposa de los rumores de la corte. Sobre su matrimonio con Cregan Stark y sus cinco hijos en común. Y sobre Rhaegar, el bastardo de Lucerys. No había muchos rumores sobre el niño que llegaran hasta Aemond, la gente casi parecía callarse ese tema ante él y sus hermanos. Gente inteligente, sin duda

En los últimos quince años la vez que Lucerys y Aemond habían estado más cerca fue una vez que Lucerys volvía de visitar a su madre y se cruzaron en el aire. Aemond aun podía verla como si la tuviera delante.

Montada a lomos de Arrax, con la sonrisa aun congelada en su rostro por la sorpresa de verle. Con la trenza bailando al viento detrás de ella y gruesas pieles cubriendo su cuerpo. Aemond podía jurar que el broche que cerraba su capa era la cabeza de un lobo. Ella luego había girado a Arrax con una voltereta en el aire y habían salido volando hacia el norte. Aemond tuvo que frenar su impulso de seguirles.

Cuando recibió la invitación estaba en Alto Jardín, disfrutando de la cosecha más reciente de vino. No era un alcohólico como Aegon había sido en vida, pero podía disfrutar de un buen vino joven. También había algunas doncellas muy agradables que querían montar a un dragón. Una visita agradable, sin duda

Arrugo el papel y pensó en lo que significaría reunir a toda la familia. La última vez que habían estado todos juntos fue en su divorcio. Lucerys no asistió al funeral de Aegon por que acababa de dar a luz, lo mismo para el de Helaena y los niños. Víctimas de una enfermedad asquerosa que Aegon había contraído en un prostíbulo. O la enfermedad del rey Viserys, que los mato más rápido que al hombre. O puede que fuera la plaga que ese año asolo la capital

Aemond no quería pensar en eso. No. Su hermano, su hermana, sus sobrinos. Todos muertos en menos de un año. Helaena la última, con el corazón tan roto que su cuerpo no pudo luchar contra la enfermedad. Y ahora los Targaryen restantes se reunirían de nuevo en más de una década

Seria divertido.

Al menos le podría dar un buen vistazo al bastardo. Si tenía suerte, por fin sabría de quien era hijo y un hombre pasaría por su espada. Incluso aunque ya no estuvieran casados, Lucerys fue la esposa de Aemond. Tenía derecho a matar al antiguo amante de su esposa, porque sabía que ella fue sola a Invernalia con su hijo atado al pecho

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Lucerys maldijo al ver a Vhagar aterrizar en el foso de los dragones. Habían ido en barco, pero tenían que llevar a Arrax y Likyri al foso de los dragones. Así que Rhaegar y ella habían dado un vuelo lento y curioso mientras Likyri sentía curiosidad por todo a su alrededor y Lucerys se reía. Pero los dioses querían este encuentro, al parecer.

Lucerys dejo a los manejadores ocuparse de la gran dragona y vio la figura de pelo blanco que se quedaba parada, siguiendo a Arrax con la mirada. Podía ver el parche en el ojo

Lucerys condujo a Arrax con cuidado y amor. Su dragón había crecido mucho desde la última vez que estuvieron en el foso y aterrizo con pesadez. Alzando la cabeza y olfateando los olores familiares de cuando apenas era una cría. Lucerys bajo ayudada por uno de los manejadores cuando su mano fue tomada por alguien que la ayudo a estabilizarse. No necesitaba girarse para saber quién era

-Tío Aemond. – El titulo se sentía correcto. Ya no era Mond, su amigo de la infancia y primer amor. Ya no era su esposo, el hombre que tomo su virginidad y con el que fue feliz por menos de un año. El ahora solo era su tío

Las cejas se Aemond se contrajeron levemente y él sonrió antes de tomar la mano de Lucerys, sin el permiso de ella y llevarla a sus labios para besarla.

-Sobrina…

Likyri aterrizo de manera ruidosa y empezó a husmear por los alrededores mientras abría y cerraba sus alas. Rhaegar se lanzó al suelo mientras su dragona casi salía corriendo para investigar. Lucerys se acercó a su primogénito y le ayudo a levantarse

Había notado que Aemond se había quedado atrás. Ella entonces se dio cuenta de que Rhaegar y Aemond median lo mismo.

-Likyri está encantada de tener a tantos dragones cerca. Espero que no cause problemas.

-Likyri es muy entusiasta, pero es muy sociable y sabe cómo contenerse. Se ha controlado en Roca Dragon antes, lo hará aquí. Y es lo suficientemente mayor como para que Caníbal no se interese en ella.

Los ojos violetas de Rhaegar se fijaron en un punto a la espalda de Lucerys y ella miro su rostro. Así habría sido el rostro de Aemond si ella no le hubiera apuñalado por error. Los mismos labios finos y pómulos altos. Los mismos ojos y un pelo largo y liso que llevaba recogido en una coleta, pero esta se había deshecho cuando Likyri le había tirado al suelo.

Lucerys no necesitaba girarse para saber que estaba mirando a Aemond y como los manejadores de dragones miraban al príncipe bastardo, como había oído que llamaban a Rhaegar, y luego a Aemond. Uno soltó una risa histérica y se tapo la boca con la mano mientras pedía perdón. Lucerys se giro para mirar a Aemond y la complació verle tan sorprendido y anonadado mirando a Rhaegar.

Rhaegar, por su parte, estaba curioso pero tranquilo

-Tío Aemond, te presento a mi hijo y primogénito. Rhaegar Targaryen. Mi amado hijo., te presento al hermano de tu abuela, Aemond Targaryen.

Lucerys se sintió incomoda por el silencio hasta que vio llegar corriendo a un hombre de Invernalia. Les había dado tiempo suficiente como para llegar hasta allí mientras volaba con Rhaegar por los alrededores de Desembarco del Rey.

-Lady Stark, hemos preparado un corcel para usted y el Príncipe Rhaegar para que lleguen a la Fortaleza Roja. – El hombre miro a Aemond.

-Muchas gracias, Sir Loras. Vámonos, Rhaegar, no hagamos esperar a tu padrastro.

Los tres salieron del foso de los dragones dejando a un Aemond profundamente conmocionado en su interior

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Dicen las malas lenguas que la llegada de Lucerys Stark a Desembarco del Rey fue como ver un desfile de honor a punto de suceder. Los hombres y mujeres se arremolinaros en las calles, terrazas y tejados para poder ver a la mujer infiel y a su bastardo.

Los maestres aun cuentan como el silencio se propago por toda la calle a su paso mientras las gentes miraban anonadadas a Rhaegar Targaryen. El chico se mostro sereno y tranquilo y avanzo a caballo con firmeza, la cabeza en alto la espalda recta y el aire de un rey que vuelve de ganar una batalla. Una copia muy cercana al aspecto del príncipe Aemond Targaryen, solo que con dos ojos

A su lado cabalgaba su madre. Los años habían sido buenos con Lucerys Stark, se había mantenido esbelta a pesar de ser madre de seis y su rostro parecía el de una doncella mas joven. Ella también montaba de manera orgullosa. Su vestido estaba sostenido por un broche en forma de la cabeza de un lobo y su pelo estaba recogido en una larga trenza. Muchos de los mas mayores de entre la multitud pudieron recordar a la niña que habían visto sonriendo en su viaje al septo para casarse. Una joven de mejillas sonrojadas, una felicidad evidente y los ojos llenos de amor

En la mayoría de los corazones de los mas curiosos nació un deseo incontrolable de poder convertirse en moscas para observar la cena familiar que los Targaryen tendrían esa noche. Con la Reina Alicent, sin su nariz tras contagiarse de la enfermedad de su esposo, rabiando por dentro viendo como el niño al que desprecio por ser un bastardo volvía ahora demostrando que había nacido dentro del matrimonio. Eso era un duro golpe para el bando de los verdes, debido a que el Príncipe Daeron se había unido al Septo hacía unos años tomando los votos de castidad y el Príncipe Aemond no tenía hijos y su esposa era estéril.

Dos dragones solos no podrían enfrentarse al bando de los negros y la única solución sensata era la rendición. Además, Vhagar ya estaba entrando en años e incluso Aemond había dicho que pronto la anciana dragona encontraría su camino hacia el Extraño.

Otto Hightower, en su vejez, al ver a Rhaegar Targaryen se dio cuenta. Todos sus años planeando, todos sus esquemas, todos sus esfuerzos, todo había sido en vano. Sin saberlo, hacia dieciséis años había perdido la guerra al permitir que Criston Cole expandiera sus mentiras por la corte y luego al susurrar en el oído de Viserys y asegurar el divorcio.

Si hubiera retenido a Lucerys ella habría dado a luz a un montón de hijos para Aemond, como había hecho para Cregan Stark. Las cosas serian mas igualadas. Pero su nieto estaba atado a una mujer estéril y sin posibilidad de dejar descendencia. Incluso si mataran a la mujer y casaran a Aemond con otra mujer, los niños que salieran tardarían años en estar listos para ser una amenaza contra Rhaenyra y sus treinta descendientes. Sobre todo por que los niños Stark serian llevados al foso para ver si reclamaban algún dragón. Y con lo crueles que eran los dioses, lo mas probable era que los cinco acabaran con un dragón propio.

Los verdes habían perdido y todos lo supieron mientras Rhaegar Targaryen caminaba por los pasillos en busca de su padrastro y sus hermanos