Chapter Text
Tú llegaste de la nada a revolverme el alma...
—Morat, 2022
...
—Kun, tráeme más café —Dijo el rubio, al revisar que en los frascos en donde generalmente estaba los implementos básicos para preparar la bebida que caracterizaba a la tienda, no había ni un solo granito de café.
—¡Ya voy! —Escuchó la voz de su mejor amigo desde la lejanía, suponiendo que iba a llevarle lo que había pedido.
Lionel Messi era un chico literalmente como cualquier otro chico que vivía en Madrid, aunque omitiendo deliberadamente cosas muy básicas como el hecho de que no fue a la universidad a pesar de tener veintiséis años, también que era extranjero y que vivía en un apartamento tipo estudio junto a Kun Agüero, su mejor amigo y ayudante en el café.
El dueño del lugar vio potencial en ambos jóvenes argentinos cuando estaban urgidos de conseguir empleo hace tres años atrás, y ahora estaban satisfechos de como desempeñaban su papel dentro del humilde lugar, aunque la paga no fuera tan buena como quisieran.
Entonces al ver a Sergio a lo lejos trayendo entre sus manos lo que anteriormente le había pedido, esbozo una sonrisa.
—Gracias boludo —Agradeció, mientras agarraba una tijera y cortaba el borde del paquete para servir el contenido de este mismo en el frasco de vidrio correspondiente.
—No hay de que, pulga —Este apodo era el contraataque de Agüero cuando Lionel lo llamaba "Boludo", haciendo que este último entrecerrara sus ojos por el comentario hecho.
En ese momento, su jefe entró al lugar algo ajetreado.
—Ya vamos a abrir, espero y estén listos para recibir a los clientes y que no les falte nada de los suministros.
Advirtió con algo de seriedad. La mayoría de las veces, justamente en las primeras horas siempre faltaba algo y se formaba una pequeña cola de clientes medio estresados que solo querían un café o un postre y los empleados del lugar no tenían los implementos necesarios para elaborarlos con eficacia en donde correspondía.
Además, que esto le generaba canas verdes a Neymar, quien era uno de los cajeros que trabajaba la mayoría de los días -como este mismo día-, cuando no se turnaba con Luis, uno de los más nuevos chicos que contrataron no hace mucho en realidad.
—Sí, ya Kun me acaba traer más café —Dijo dándole un abrazo lateral al mencionado, sonriendo ambos jóvenes inocentemente mientras que su jefe los miraba con el ceño fruncido.
—Más les vale —Dijo— Ah, y Sergio hoy abres el café —Fue su último veredicto antes de desaparecer por la puerta que daba hacia su oficina privada.
Los dos argentinos pudieron entonces suspirar más tranquilos. Su jefe en ocasiones les generaba imponencia cuando hacia acto de presencia, pero otras veces si era pana.
—Entonces me toca a mí hoy —Resopló Kun— Que fiaca me da.
—No te quejes, en toda la semana abrí yo. Ya era hora que te tocara o a cualquier persona —Y en efecto, desde el domingo hasta el día anterior le habían ordenado específicamente a él abrir las puertas y poner los anuncios en el exterior para atraer más público de lo habitual.
—Touché —Habló Kun sin más nada que agregar, antes de irse del lugar.
Cristiano en ese momento había finalizado una videollamada por Zoom con sus socios que comercializaban la venta de sus productos en tierras norteamericanas, y no negaba el hecho de que tenía un cansancio que nadie podía quitarle de encima, agravándose más con esa reunión de casi dos horas.
Y creía firmemente de que alguno de los 4 hombres de la llamada pudo haber notado esto en su comportamiento, porque no había hecho ni el más mínimo esfuerzo para ocultarlo.
Apagó la laptop al ver que ya no tenía nada más que hacer ese día, no sin antes revisar la hora: 14:20pm. Creía que era más tarde por la intensidad del sol brillando en el exterior, pero esta vez no le atinó correctamente.
Cuando se estaba encaminando hacia su habitación, vio como su hijo se acercaba a él con una gran sonrisa en el rostro.
—¡Pai! ¡Pai! —Llamó el menor— ¿Podemos salir hoy?
¿La mayor debilidad de Cristiano Dos Santos Aveiro? Exactamente, su hijo.
—Hoy no campeón —No había compartido con Junior en toda la semana por asuntos de la empresa, y cuando ya tenía algo de tiempo estaba totalmente exhausto— Tal vez mañana ¿okey?
—Pero es que yo quiero hoyyy —El niño de tan solo diez años hizo un puchero como última medida para convencer a su padre, enterneciendo a este último con aquel gesto.
—Tu ganas, pero más tarde —La cara de felicidad de Junior lo decía todo— Papá necesita descansar un poco.
—¡Vale! —Exclamó eufórico, antes de regresar por donde había venido en un principio.
Cristiano entonces suspiró cansado. No había sido fácil cuidar de Junior durante todos estos años por su trabajo que lo consumía lentamente en la empresa, además de que no había sido planeado desde un inicio. Las aventuras de una noche siempre dejan consecuencias y su caso no fue la excepción.
Pero aún así lo amaba con todo su corazón, y quería siempre lo mejor para él. Por esa razón siempre trataba de hacerlo feliz consintiéndolo en lo que solía pedir, pero con algunas condiciones de por medio.
Aunque veces como aquellos instantes en donde se ponía a reflexionar el sentido de su existencia, sentía que le faltaba algo en su vida. Ya tenía una empresa que generaba millones mensualmente, una gran casa para como más de treinta personas y un hermoso hijo del cual trataba de hacerlo feliz con lo que tenía a su alcance. Lo tenía todo y a la vez sentía que no tenía nada.
¿Qué era exactamente lo que le faltaba?
Sin embargo, detuvo sus pensamientos ahí. No quería sobre pensar las cosas, y mucho menos en ese momento. Quería descansar por lo menos una dos horas y así cumplía su palabra en llevar a Junior a pasear por ahí.
Con eso en mente, dejó su laptop en el buró de su habitación para que luego se echara en su gran cama king. Al momento de sentir la suavidad que lo envolvía, cayó con mucha rapidez en brazos de Morfeo.
...
Cuando Cristiano abrió los ojos, lo primero que entró a su campo de visión fue como el sol estaba empezando a ocultarse. Esto hizo que se levantara con prisa, no quería pensar que se había quedado tanto tiempo dormido.
Pero se relajó al ver que la hora que marcaba su móvil era las 16 y algo, no revisó con exactitud. Así que decidió tomar lo que vio en su armario, para luego proceder a vestirse con un outfit más casual para salir a pasear. Al momento de echarse algo de perfume, escuchó con claridad que su puerta era tocada con golpes lentos y precisos, así que supuso que era su hijo.
Le dijo que podía pasar, viendo que en efecto era Junior ya listo, pareciéndole algo gracioso que tuviera una playera del Barça puesta -cuando su hijo perfectamente sabía que él le iba al Real Madrid-.
El infante había planeado despertar a Cristiano al ver que había pasado el tiempo volando y este no había dado ni una sola señal de vida, pero sus planes fueron truncados cuando ya lo vio arreglándose para la ocasión.
—Pensaba que seguías en el quinto sueño —Comentó sentándose en la destendida cama, mientras inflaba sus mejillas.
—Pensaste mal, entonces —Respondió el mayor, peinándose un poco.
—¿Y para dónde vamos, pai?
—No sé —Respondió encogiéndose de hombros, antes de voltearse a ver a Junior, quien miraba el techo como si fuera lo más interesante en el mundo— Tú querías salir, dime algún lugar al que quieras ir.
—Uhm... —Se puso una mano en la barbilla, simulando que estaba pensando— Ni idea.
Ronaldo aguanto una carcajada, la conclusión de su hijo no se la esperaba para nada.
—Si quieres caminamos por el centro —Propuso el mayor, notando como a su hijo se le iluminaban los ojos.
—Dale, dale.
Junior aceptó con gran emoción, mientras que Ronaldo esbozó una sonrisa satisfecha.
Ese día, el trabajo en la cafetería era mucho más pesado que días anteriores. Al ser un viernes, la mayoría de la gente iba al lugar para reunirse con sus amigos o tener entrevistas de trabajo, teniendo muchos más clientes de lo habitual.
Y no solamente Neymar estaba algo cansado atendiendo a los clientes en la caja, sino también Lionel y Kun que se repartían el trabajo para así ser más rápidos a la hora de llevarles sus pedidos a la gente.
—Leo —Escuchó como la voz de Neymar lo llamaba, así que frenó lo que hacía para ver que quería su compañero de trabajo.
—Mande.
—Sé que es mucho pedir, pero ¿no podrías atender un ratito a los clientes en la caja? es que tengo ganas urgentes de ir al baño y por lo de la otra vez ya no confío en Kun —Pidió con algo de pena y amabilidad al mismo tiempo.
Lionel iba a negarse rotundamente a esto. No tenía tanto conocimiento para atender a los clientes, pero al ver en los ojos verdes del brasileño que de verdad necesitaba una ayuda, no decidió declinar ante su petición.
—Está bien, pero andá rápido —Dijo, antes de ver la sonrisa contenta de Neymar, quien a los segundos se marchó como cardenalito a tiros hacia los baños de los empleados.
Bueno, rogaba a Dios para que no se tardara mil años cagando, o lo que sea.
Antes de dirigirse a caja, le avisó a Sergio que iba a reemplazar a Neymar en caja en lo que el tardaba en volver del baño, recibiendo un "está bien, yo me encargo de los cafés" por parte de su mejor amigo. Confiaba en que no se volvería un ocho y dejara todo como él lo había dejado, sin ninguna clase de desastres de por medio.
Al momento de llegar, vio que había una pequeña cola de tres personas; relajándose un poco al no ver una fila kilométrica.
—Muy buenas tardes, ¿qué desea señorita? —Preguntó agarrando un pequeño cuaderno de notas, luego pasaría el pedido para la computadora.
—Un mocaccino mediano por favor, y si tienen tartaletas denme una de fresas —Pidió relajada la mujer.
Reviso un segundo en la computadora, viendo si habían tartaletas en el menú de hoy— Si hay tartaletas de fresa, señorita —Respondió Lionel tranquilo, montando el pedido hecho por la mujer en el ordenador— En total serían cinco euros con cuarenta y cinco céntimos.
La rubia asintió, sacando de su billetera el dinero que había mencionado Lionel.
—Su pedido debe estar listo en tres o cuatro minutos —La chica agradeció el servicio prestado, antes de irse de la cola y ver que un nuevo cliente estaba esperando su turno.
Y así pasaron varios minutos en donde atendió a varias personas, siendo siempre amables con su persona -aunque a veces le costara un poco el hecho de tomar los pedidos en la computadora- pero estaba bien y los clientes salían satisfechos a esperar lo que ordenaron.
Sin embargo, sentía que había vivido una vida atendiendo a la gente. ¿Qué carajos estaba haciendo Neymar? ¿Se lo había tragado el inodoro o qué?
Aunque al ver como un hombre alto, piel morena y mirada penetrante entraba al lugar, aparte de olvidar sus pensamientos anteriores; sintió algo nuevo en su interior que era totalmente indescriptible, pero decidió ignorar aquellos sentimientos que llegaron tras la aparición de ese guapo señor. Además, venía acompañado de un niño, suponiendo entonces que estaba casado o algo por el estilo.
—Muy buenas tardes, ¿en que lo puedo ayudar? —Lionel dijo casi eso en automático, sin poder evitar ver de reojo al hombre cada vez que tenía la oportunidad de no ser notado en aquel acto.
—Buenas, quisiera pedir un latte vainilla y... —Se quedó pensando por un momento— Junior, ¿te gustaría pedir algo? —Le preguntó a su hijo, quien estaba embelesado con los postres que reposaban en la vitrina del lugar.
—Sí, ¡uno de esos! —Señaló con su dedo índice una ópera, un postre netamente hecho de chocolate.
Con ya eso en mente, Cristiano procedió a recapitular en su mente lo que iba a ordenar— Entonces, dame un latte, la ópera y una marquesa de chocolate por favor.
Lionel asintió, antes de anotar todo en la computadora. Se sintió vigilado mientras anotaba, pero no le prestó tanta importancia en el momento, pero lo que no esperó fue cuando terminó su trabajo se cruzó con aquellos ojos castaños del hombre más alto, sintiendo algo que jamás esperó sentir en su vida.
Se sintió totalmente indefenso.
Y creía que no era él único que sentía algo raro por el contario, porque la mirada del sujeto transmitía fascinación y curiosidad, suponiendo que era dirigido hacia él.
—S-Son ocho euros co-con tres céntimos —Habló con claro nerviosismo, rompiendo aquel momento que se sintió tan mágico como irreal.
—Está bien —Casi Cristiano había musitado, sacando su tarjeta de debito de la cartera, entregándosela a aquel cajero bajito que lo cautivó desde que lo había visto en ese lugar tan distraído en lo suyo.
Cuando Lionel vio el nombre de la tarjeta, no podía creer quien era el hombre que estaba al frente suyo. Obviamente no vivía debajo de una roca, había escuchado por ahí quien era y que hacía Cristiano Ronaldo -y algunas le daba la loquera de comprarse alguna ropa de la marca del tipo, pero no podía darse tales lujos- pero tenerlo justamente compartiendo átomos de oxígeno ya era otro nivel.
Como decían los españoles; era la hostia.
No dijo nada sobre su descubrimiento, ni tampoco quiso formar ninguna clase de escandalo, sino solamente pasó la tarjeta del hombre con normalidad si fuera otro cliente más. Al finalizar su trabajo, retiró con sumo cuidado la tarjeta del punto, entregándosela con rapidez a su dueño.
Aunque con lo que no contaba era que sus manos se tocaran. Aquella experiencia se había sentido mucho mejor que cuando sus miradas se encontraron por primera vez, y para rematar se estaba reproduciendo una canción de Morat por los altavoces de la tienda.
Ya nada podría hacer que ambos hombres interrumpieran su momento mágico.
Solo el hecho de que el pequeño Junior comenzara a llamar a su padre jalando su playera blanca, estando un poco preocupado al verlo paralizado viendo fijamente al cajero que los atendía. Ya ahí la burbuja se explotó, sintiendo Cristiano una desilusión enrome por esto mismo.
—Su pedido estará listo dentro de ocho minutos —Dijo a lo bajo Lionel, concentrando su vista en la computadora mientras un sonrojo comenzaba a invadir sus blancas mejillas.
—Está bien, gracias —Agradeció Cristiano, esbozando una pequeña sonrisa sincera. Tenía muy en claro algo: Ese cajero castaño, con acento particular y mirada tímida lo había seducido por completo.
Entonces, padre e hijo se fueron a sentar a una de las mesas del lugar para esperar, haciendo que Lionel jadeara cansado. Había sido un día de locos, siendo sincero.
...
Al rato fue que decidió aparecerse Neymar algo despeinado y con la ropa un tanto... desordenada, haciendo que el rubio al verlo levantara una ceja completamente confundido.
—No preguntaré que carajos te pasó, ni tampoco quiero saberlo —Lionel fue el primero que decidió tomar la palabra. Lo que se imaginaba, simplemente era muy controversial.
—Bueno, lo importante es que estoy aquí en una sola pieza, ¿o no? —Dijo nervioso, rascándose la cabeza completamente apenado.
Messi revisó la hora de su reloj de muñeca, antes de ver una vez más a Neymar— Una hora después. Pensaba que me ibas a dejar todo el turno acá —Reclamó cruzándose de brazos.
—Perdona, no va a suceder otra vez.
—Lionel suspiró— Más te vale, Ney —Dijo sonriendo de lado, era imposible enojarse con alguno de sus amigos del café.
Aunque había algo que seguía rondando por su mente, lo anteriormente vivido con Cristiano Ronaldo.
