Chapter Text
A lo largo de los últimos 3000 años custodiar la tumba del faraón y los objetos milenarios había sido considerado un honor para mi familia, pero a mí me parecía poco menos que una maldición. Como el primogénito varón mi deber sería suceder a mi padre en esta tarea cuando él falleciera, por lo que mi destino estaba sellado desde el día en que nací.
No llegué a conocer a mi madre, pero mi padre seguía tan arraigado en las viejas costumbres que hizo que nuestras vidas solo giraran en torno a esa «misión sagrada». Mi hermana Ishizu y yo no acudimos a la escuela con el resto de niños; nos quedábamos en casa y él nos enseñaba sobre la historia de nuestro pueblo y las tradiciones ancestrales que debíamos seguir a rajatabla. No entendía que con el paso de los años nuestra labor había perdido toda razón de ser; que los únicos ladrones de tumbas que existían eran los directivos de los museos que nos acosaban a llamadas de vez en cuando. Que la mayoría de objetos milenarios ya habían sido robados y vendidos por nuestros antepasados durante las épocas más duras y que no había forma de que fueran a regresar a su lugar.
Y que no existían espíritus malvados y presencias antiguas adheridas a esos trozos de metal.
–¡Marik! ¿Qué tal?–
Mi rostro se iluminó al ver a Odion. Su familia era una de las pocas que vivían lo suficientemente cerca de la nuestra como para verle a diario, y aunque era algo más mayor que yo nos llevábamos realmente bien. Solíamos pasar las tardes jugando juntos hasta que se ponía el sol y ambos debíamos volver a casa, pero su vida no se parecía en nada a la mía. Él iba a la ciudad cada día para asistir a la escuela y a otras actividades que mi padre consideraría «pérdidas de tiempo» como deportes, fiestas de cumpleaños o celebraciones locales. Me daba tanta envidia…
En casa no teníamos televisor pero sí una vieja radio que mi padre utilizaba exclusivamente para escuchar las noticias. Todas las noches, cuando él se iba a dormir (tenía una rutina estricta por la que se acostaba y se levantaba al mismo tiempo que el sol) mi hermana y yo sintonizábamos las emisoras locales y nos quedábamos horas embobados escuchando las historias del mundo exterior. Aquellas voces desconocidas, junto con las anécdotas de Odion o las que me contaba mi hermana tras las raras veces en las que padre le permitía ir a la ciudad a hacer compras para la casa eran lo único que mantenía viva mi esperanza de tener algo mejor. De llegar más allá de la tumba del faraón, más allá de la ciudad, y más allá de las pirámides…
Pero la vida siguió su curso y fui obligado a realizar el ritual de iniciación que consolidaría mi posición como guardián de la tumba. «Iniciación» es un término muy amable para definir horas interminables de dolor mientras mi padre grababa en mi espalda las antiguas escrituras con una cuchilla al rojo vivo. Me pasé semanas tirado en la cama, y aunque mis heridas ya habían sanado yo seguía teniendo pesadillas en las que supuraban y me despertaba por el dolor.
Yo no era más que un crío que apenas había entrado a la pubertad, y teniendo en cuenta el estúpido aislamiento en el que vivíamos probablemente mi modo de pensar se parecía más al de un niño que al de un preadolescente. Me sentía furioso, perdido…y cansado.
Fue entonces cuando me escapé de casa por primera vez. No conocía el camino hasta la ciudad pero pensé que había salido a despedir a mi hermana o a mi padre las suficientes veces como para recordar hacia dónde se dirigían sus pasos.
Me equivoqué. Acabé perdido en mitad de la nada y estaba a punto de ponerme a llorar cuando escuché la voz de Odion detrás de mí:
–Ah, estás aquí.–lo dijo como si llevara toda una vida buscándome
Y…por alguna razón eso se sintió muy bien.
–...Odion…–me acerqué a él
–¿Te has perdido?–su mano sobre mi cabeza
–Algo así.–admití–No quiero volver a casa.–
–Ven.–me ofreció la mano–¿Quieres pasear por la ciudad?–
–...–yo sabía que podía meterme en un lío tremendo si aceptaba
Pero mi padre no tenía por qué enterarse, ¿no? Él ni siquiera sabía que me había escapado. Podía permitirme caminar durante un par de horas con Odion por la ciudad.
Y así fue.
Para mí se sintió como pisar un parque de atracciones por primera vez: la gente, el ruido, las tiendas…parecía un planeta completamente distinto al mío. Odion me enseñó las calles principales, me compró una tanda de dulces que yo jamás había probado antes y en definitiva me hizo olvidarme de todo lo que me había estado atormentando las últimas semanas.
Aquella noche pude dormir como un bebé por primera vez desde la iniciación.
Mis escapadas con Odion se volvieron más y más frecuentes con el paso de los meses, por lo que tuve que acabar contándoselo a Ishizu para que me cubriera delante de padre los días en los que me retrasaba un poco. Ella aceptó sin dudarlo, aunque me advirtió que no era buena idea y que si padre se enteraba no iba a interceder por mí. Sabía que era mentira, pero entendía su punto.
El día que cumplí 16 años Odion me dijo que haríamos algo especial y que lo esperara frente a mi ventana cuando todos se hubieran ido a dormir. Me puse unos pantalones de cuero de imitación que había comprado en una de esas salidas y que aún no había podido estrenar (una de mis primeras prendas de «soy todo un adulto con estilo ahora») y delineé mis ojos con cuidado antes de salir.
Me quedé boquiabierto al ver a Odion llegar en moto. Yo sabía que él tenía 20 años y ya se había sacado el permiso de conducir, ¡¿pero en qué momento había conseguido una moto?! Me miró con una sonrisa como diciendo «¿no subes?» y me apresuré a montar detrás de él.
–Hoy vamos a ir un poco más lejos, quiero llevarte a un local.–me prestó un casco
–¿Qué tipo de local?–me lo puse y me aferré a su cintura
–Es un bar de copas, creo que te gustará. Así lo celebramos.–
Era la primera vez que salíamos tan tarde, por lo que yo nunca había podido ir a ese tipo de lugares (aparte de porque era un crío que aún no podía beber legalmente, claro). Me pasé todo el camino imaginándome cómo sería; el tipo de música que sonaría, las bebidas, el ambiente… No me di cuenta de que nos estábamos adentrando en la parte más moderna de la ciudad; mucho más lejos de nuestro hogar que las calles que normalmente recorríamos.
–Hemos llegado.–así que cuando Odion aparcó frente a un edificio tan alto que tenía que estirar el cuello para ver el final me quedé anonadado–¿Vamos?–
–Ah, sí.–me quité el casco y entramos juntos
Me preocupaba que no me dejaran pasar, pero Odion habló con el tipo de la puerta (puede que deslizara un billete o dos en su bolsillo) y subimos las escaleras hasta la planta más alta. Era un local impresionante; con billar y vistas al río. La música llenó mis oídos por completo y estiré de la muñeca de Odion para pedirle que bailáramos. Intentó decirme que no, pero usé la carta de «es mi cumpleañoooos, para una vez que venimos a un sitio así…..» y no pudo rechazarme.
Un par de canciones después nos sentamos y pedimos bebidas para ambos. Yo me había decidido por un refresco (que ya era lo suficientemente especial y raro para mí) pero no podía evitar mirar de reojo la copa de Odion, que brillaba con los colores neón de las luces del local.
–¿Quieres un poco?–me ofreció su vaso
–...–
No tenía ni idea de la cantidad de alcohol que llevaba esa bebida, pero hizo que me ardiera la garganta como si me hubiera bebido el sol.
–Joder…–tosí–¿Cómo puedes tomarte eso?–
Odion se rió en voz alta.
–Te acostumbras.–me pasó el brazo por los hombros–Dale otro sorbo y verás que sabe un poco mejor.–
–¿Mm?–le obedecí
Tenía razón solo a medias, pero al final acabé tomándome varias copas con él. La cabeza me daba vueltas, pero me sentía tan…bien. Cuando estaba con Odion tenía la sensación de que podía ser yo mismo y que nada más importaba; ni mi padre, ni los estúpidos deberes de mi familia…absolutamente nada.
–Oye, Marik…–se agachó para susurrarme algo al oído–¿Y si no dormimos en casa?–
–No puedo…tengo que estar allí…por la mañana…–levanté la mirada, pero apenas podía enfocar la vista
–No me estás entendiendo…–juntó su frente con la mía
–¿Mm?–
–Quiero pasar la noche contigo.–lo dijo sobre mis labios
–...–y yo lo besé, claro
Mi primer beso sabía a tequila y a cigarrillos. Odion me acercó más a él para poder seguir besándome y acabé básicamente sobre su regazo. Recuerdo el calor de su cuerpo bajo el mío…y la sensación de sus dedos recorriendo mi espalda, por debajo de la camiseta.
Lo que no recuerdo es cómo llegamos a aquel hotel. O cómo acabé tumbado en la cama con él sobre mí. Solo que quería seguir besándolo…que tenía tanto calor que empecé a quitarme la ropa…y que grité de dolor cuando se hundió entre mis piernas.
–Perdón… ¿estás bien…? Ya casi está…–sus palabras de apoyo no me hicieron sentir mejor
–Duele mucho…–me agarré a él
–Ssh…lo estás haciendo muy bien…–me animó–Eso es…–me premió con besos cuando mis músculos se relajaron un poco
El dolor se transformó en placer con el paso de los minutos, y para cuando me di cuenta ambos nos estábamos moviendo frenéticamente, empapados en sudor y entrelazando nuestras lenguas a cada oportunidad. Podría haberme quedado allí para siempre…
Pero desperté por la mañana con un terrible dolor de cabeza y el brazo de Odion alrededor de mi cintura. ¡¿Qué hora era?! Ya había salido el sol, probablemente mi padre se había dado cuenta de que yo no había pasado la noche en casa…
–Buenos días.–me olvidé por un momento de las consecuencias de mis actos cuando noté aquel beso en mi nuca
–B-buenos días…–
–¿Cómo te encuentras? Lo siento si anoche fue todo…demasiado. Estaba…un poco emocionado de más y…bueno. No quería hacerte daño.–me apegó más a él
–¡No, no, estoy bien!–le aseguré–Pero tenemos que volver en seguida o…voy a tener problemas.–
–Claro.–asintió
Cuando Odion aparcó la moto a 20 metros de mi casa mi padre ya estaba esperándome en la entrada. Me dio el discurso de «apestas a alcohol, dónde has estado», «eres una deshonra para esta familia», «no quiero volver a verte cerca de ese tipo», todo acompañado de unos cuantos golpes, claro. Pero ni siquiera me importó; estaba tan embriagado por todo lo que había sucedido la noche anterior que apenas si me inmuté.
Aquella noche le conté todas mis aventuras a Ishizu, que estaba entre preocupada por mi discusión con padre y feliz por verme tan emocionado. Le prometí que no volvería a pasar la noche fuera sin decírselo y ambos volvimos a nuestras rutinas. Claro que mi rutina nunca sería la misma después de esto: buscaba cada momento que podía para ir a ver a Odion; nos acostábamos en su casa, nos besábamos cada vez que nos veíamos…yo estaba en el quinto cielo. Teníamos que tener cuidado para mantener las cosas en secreto y que ninguna de las personas que vivían en las cercanías (aunque no eran demasiadas) avisaran a mi padre de que aún éramos tan… «cercanos», pero tener nuestra propia burbuja de amor no estaba nada mal.
Y entonces mi padre falleció.
Fue tan repentino que ni siquiera tuve tiempo de procesarlo. Los médicos dijeron que fue un ataque al corazón, pero Ishizu y yo sabíamos que él hubiera dicho algo como «ha sido una maldición de los espíritus, es vuestra culpa por no estar manteniendo el honor de la familia». Aquel pensamiento me hizo sentir culpable, por mucho que yo supiera que no era verdad. Odion vino a recogernos al hospital (era la primera vez que estábamos allí y habíamos venido en ambulancia, ni siquiera sabríamos volver) y se quedó a dormir en casa por primera vez desde que nos conocíamos.
Las cosas cambiaron a pasos agigantados a partir de ahí; y probablemente no hubiera podido mantener el ritmo de haber sido un poco más mayor, no tengo ni idea de cómo lo hizo Ishizu. Empecé a ir al instituto (tardé tres años en graduarme en lugar de dos porque tuve que tomar un montón de clases extra, pero lo conseguí), hice amigos allí y salía con ellos prácticamente todos los días. Odion me regaló un teléfono móvil y me dedicaba a mandarle mensajes cariñosos durante los descansos de clase. También descubrí las maravillas de internet; las películas y las series de ficción, los creadores de contenido digital…todas esas cosas que para el resto de personas de mi edad habían formado parte de su vida prácticamente desde su nacimiento pero que yo solo estaba empezando a disfrutar.
Pero lo más emocionante de todo fue mudarnos a una casa en la ciudad. Ishizu tomó la mejor decisión del mundo y aceptó una de esas ofertas para convertir nuestras «reliquias familiares» en colecciones de museo y un lugar para visitas turísticas. Decidimos quedarnos con los objetos milenarios (el collar para ella y el cetro para mí) como único recuerdo y nos dedicamos a disfrutar de la pequeña fortuna que acabábamos de conseguir.
–¿Has pensado qué vas a hacer después de graduarte?–Odion tenía las manos enredadas en mi pelo después de una sesión de sexo matutino–¿Mhn?–un beso en mi mejilla
–Bueno…nos han dado una lista de universidades pero…aún no…he decidido.–
–¿Y si nos fuéramos de aquí?–en aquel momento me sonó como una completa locura
–¿A dónde?–pregunté
–Tengo algo de dinero ahorrado…y ahora tú también.–sus manos bajaron por mi espalda–Estados Unidos…Japón…el mundo es nuestro.–sonrió–¿No quieres ver qué hay más allá de las pirámides?–
–¿Tú y yo...solos?–
–Tú y yo solos.–asintió
Y sellamos el trato con un beso.
