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Infortunio

Summary:

Rei se aterra al darse cuenta que su pequeña burbuja puede explotar en cualquier momento.

Work Text:

« Porque te quiero, por encima de cualquier pero,

más allá del poderoso caballero don dinero,

tu renaces al amante, y adormeces al guerrero...

haces que solo sepa hablar con el corazón primero,

y te quiero,

eres la luz de mi agujero,

la manta que me arropa en este frío mes de enero . » 

(Nach [2003] Amor libre, 0m21s)  

Hubo un momento en su vida que no había más que sangre, la satisfacción de cumplir los trabajos dados eran suficientes para detener su sentimiento de estancamiento. 

No importaba que regresara herido y manchado de sangre a su casa, nada importaba más que completar el trabajo.

El rojo pintaba siempre hacía contraste con su ropa y su vida, y eso estaba bien. Hasta que ya no lo fue.

Porque su rutina fue rota por él desde el instante en el que cruzaron miradas. Había algo en él que lo impulsaba a ser mejor, pequeñas cosas que iban acumulándose y se transformaban en algo sano.

Kazuki era un sol. 

Alguien indomable, reacio a seguir la vida monótona de Rei. Y eso le gustaba. No importaba que tanto corriera, que tanto tratara de huir de esa estrella gigante, él siempre estaba ahí. En sus altos y bajos.

Lo sacudió, sacudió su mundo. Kazuki resguardó cada pedacito de su alma para que no sintiera más tristeza. Le permitió tener un lugar seguro al que volver, los fantasmas del pasado no le impedían avanzar.

Por primera vez pudo sentir que la felicidad llenaba su pecho, la sonrisa que se escapaba de su rostro hacía que su corazón latiera con ganas. No había nada que detuviera esta pequeña utopía, porque Rei iba a proteger a toda costa la sonrisa de su sol.

Nada era complicado a su lado, nada era imposible, sentía que podía enfrentarse a miles de hombres y salir victorioso. Lo quiere, y eso le da pavor; porque Rei era un soldado, un asesino, el deseo de su jefe: era su orden. Pero Kazuki lo hacía pensar en la traición. 

Y su alma lo anhelaba.

Sabe que no será posible, no hay posibilidades de estar juntos sin ponerlo en peligro. Y eso lo aflige. Siente que si algo le pasa perdería lo que le da sentido a su existencia. El aliento le falta de solo imaginar su rostro pálido y sus ojos desenfocados, podría ser su final si tan solo el verdadero Kazuki no estuviera frente a él.

– ¿Estás bien? 

Su voz, su voz es algo que lo envuelve dulcemente y lo guía a través de los pantanos de sus agrias memorias. No sabe desde cuando, ni sabe por qué, pero Kazuki tiene poder sobre él. 

Siente que las palabras se ahogan en su pecho, no puede hablar, no puede expresarse, no puede vivir. 

– Rei, no llores. ¿Qué pasa?

Quiere tanto poder tenerlo, poder gritar como se sentía, pero no podía. Su alma se quema y no hay nada que pueda calmarla. Kazuki nunca será suyo. 

Las caricias de consolación no hacen más que hacerlo quebrarse, tanto años acumulando mierda por culpa de su trabajo lo hacen incapaz de parar. No detiene la mano que se posa en su rostro ni los hipidos feos que salen de su boca.

No debía llorar, el trabajo de su jefe fue moldearlo en el asesino perfecto. Entonces, ¿porque no puede dejar de sentir? Hay algo en Kazuki que destruye sus enseñanzas, algo que lo incentiva a abrazar lo que siente. 

Pero, ¿era lo correcto? 

No puede detener el miedo que recorre su cuerpo, ¿qué hará su jefe cuando sepa de su pequeña debilidad? Eso lo carcome, ocasiona que llore de la impotencia sin parar. Sabe que lo matara una vez que lo sepa. 

Rei tiene miedo.

Y no puede hacer más que refugiarse en Kazuki, porque no entiende que hacer, no halla una forma de poder proteger a Kazuki. No comprende cómo continuar.

– ¿Rei papa? – Miri susurra desde la puerta de la cocina.

La voz de su hija no hace más que agregar preocupación a su corazón, no iba a ser capaz de proteger a Kazuki ni a Miri. Lo sabe bien, lo sabe bastante bien, y eso no hace más que incrementar su impotencia.

– Miri… Rei papa no se siente muy bien hoy, ve a dormir ¿si? – Habla suavemente Kazuki mientras acariciaba el cabello de Rei.

–Pero Rei papa prometió quedarse conmigo hasta que me durmiera. – susurra.

Miri no ha sido manchada, en su pequeña no hay espacio para la maldad ni la sangre. Ella solo tiene que reír, ella tiene que seguir jugando bajo el sol, ella tiene que sentir la hierba en sus pies mientras se divierte, ella tiene que vivir, ella tiene que ser feliz.

Pero Rei no iba a poder brindarle eso. Él sería el culpable de que sus tardes soleadas le sean arrebatadas, sería el culpable de que su cuerpo esté lleno de plomo.

No lo soporta, no soporta imaginarse el cuerpo sin vida de su hija. Sabe que Miri será asesinada frente a él, sabe que su jefe la usará para ocasionarle dolor.

El aire se hace escaso, la voz de Kazuki se escucha más lejana y el latido de su corazón hace eco en sus oídos. Sabe que al final su pequeña utopía será destruida por su jefe. 

– Rei, tienes que respirar. – la voz alarmada de Kazuki se escucha lejos – ¡Rei! 

De pronto el mundo le ha sido arrebatado y no hay más que oscuridad. La risa de Kazuki resuena en su cabeza acompañado de los berrinches adorables de Miri, eso estaba bien y se encargará de que sea eterno. Guardará en su alma los fragmentos que queden de ellos, resguardará cada memoria que tenga de ellos y dará su cuerpo para protegerlos.