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La vida que me tocó vivir nunca fue una fácil, pero fue una en la que tuve la
oportunidad de encontrar mi felicidad. Una en la que tenía un verdadero
propósito. Una en la que tenía la razón y fuerza para seguir viviendo, a pesar de
todas las dificultades que se podían presentar.
Desde muy temprana edad, recuerdo que mi vida en el palacio era muy
complicada. Si bien había días en donde aún tenía la oportunidad de jugar
tranquilamente con ciertos niños que también vivían en el palacio, aunque ellos
generalmente se encontraban más ocupados ayudando a sus familias en el
cuidado del palacio. En mi caso, yo no tenía padres ni hermanos a quienes
ayudar, pero siempre tenia a un compañero de juegos, llamado Haou.
Muchos adultos en su momento me contaron historias y leyendas acerca de lo
importante que era Haou, ya que estaba destinado a ser la persona que
controlaría el poder de la Oscuridad gentil, y la persona que heredaría el reino
una vez el Rey actual ya no pudiera continuar con su labor. Desde que me
aceptaron en el castillo, me habían dado las ordenes de cuidarlo y protegerlo
con toda mi fuerza, aun si eso me costara mi propia vida. Que la seguridad el
príncipe era lo más importante en este mundo, o si no el mundo entero seria
cegado por la Luz de la Destrucción.
En su momento, no le preste mucha atención a esas historias que únicamente
veía como leyendas. Yo simplemente deseaba pasar mi tiempo jugando junto a
Haou por haberme aceptado con los brazos abiertos, y siempre estar dispuesto
a jugar conmigo. Riendo y divirtiéndonos, era la manera en que pasábamos la
mayoría de los días en el palacio cuando teníamos la oportunidad.
Ciertos días parecían bastante ajetreados por el hecho de que parecía que lo
hacían estudiar acerca de la historia del reino, y de las responsabilidades y
conocimientos que debía saber un rey. Y aunque al inicio no lo era algo que
realmente deseaba, termine uniéndome a las clases debido a las órdenes del
Rey. Creo que en su mente pensó que, si yo era la persona que iba a cuidar del
rey y que siempre estaría a su lado, veía conveniente que también supiera de
estas cosas, para poder aconsejarlo en el futuro.
Yo obedecí porque eran las ordenes de su majestad, pero también porque Haou
a veces se veía desanimado recibiendo las clases, y yo quería verlo sonriendo en
todo momento. Tal vez si lo acompañaba, no se sentía tan solo. A veces
recibíamos regaños de los adultos por no concentrarnos en lo que nos decían, o
por estar haciendo algo más en vez de los deberes que nos habían dado. Pero
estando al lado de Haou, él era capaz de sonreír nuevamente.
Así pasaron los días, luego las semanas, luego los meses, y por ultimo los años.
Estudiando acerca del reino durante el amanecer, y luego salir a jugar hasta el
atardecer. Pero con el tiempo, las cosas fueron cambiando lentamente. Poco a
poco no solo nos estaban enseñando acerca de nuestro reino. También se
tomaron el tiempo de explicar acerca del resto de los reinos a nuestro
alrededor, y como es que algún día Haou también los terminaría gobernando.
Los adultos en su momento los terminaban describiendo como tierras de
salvajes, lugares peligrosos que debían ser gobernados para que tuvieran
finalmente un orden, y los habitantes pudieran tener una vida digna.
Al inicio, no lo entendíamos, pero si hubo muchas ocasiones en donde nuestra
hora de juegos terminaba siendo interrumpida repentinamente debido a que
los guardias le ordenaban a Haou, que se ocultara en la habitación real en
donde el descansaba. En mi caso, a mí me ordenaban ocultarme en un lugar
seguro. A veces podía durar solo un par de horas, pero en ocasiones, podían
llegar a ser días, o incluso semanas.
De lo único que podía tener la seguridad, es que cada vez que salía de ese
escondite y dirigía mi mirada hacia las afueras del castillo, siempre había
docenas y docenas de cuerpos ensangrentados y sin vida por todo el lugar. La
primera vez que vi algo así, no entendía que es lo que había ocurrido como para
que pasara algo así, pero algunos guardias se tomaron el tiempo de explicarlo
para que también lo entendiera.
Al parecer, habían sido guerreros de otros reinos que habían decidido atacar,
teniendo como objetivo obtener la cabeza no solo del rey, pero también de
Haou. No podía entender porque alguien querría hacer algo así, pero los
guardias me dijeron que era para hacer caer este reino y apoderarse de él. Si
ese realmente era el caso, si realmente había gente que deseaba hacerle daño a
la persona más cercana a mi corazón, no podía permitirlo.
Al inicio, únicamente dejaban salir nuevamente a Haou una vez que los cuerpos
habían sido retirados, y las afueras estuvieran limpias nuevamente. Pero con el
pasar de los años, le permitieron que viera lo que realmente estaba ocurriendo.
Vivíamos en un estado de guerra, en la que el objetivo, era acabar con su vida.
Una vez ambos éramos conscientes de ello, era como si hubiéramos perdido esa
inocencia infantil que ambos poseíamos.
Si bien todavía había ocasiones en donde podíamos regresar a jugar juntos, más
seguidos y más largos se volvían las sesiones de estudios que teníamos, y los
ataques que recibía el castillo. Incluso si le pedíamos a los guardias que nos
dejaran salir para poder estar juntos nuevamente, siempre nos decían que era
demasiado peligroso, y que debíamos volver a ocultarnos hasta que fuera
seguro de nuevo.
Hubo una ocasión en donde uno de los ataques fue especialmente malo.
Estuvimos varios días encerrados sin salir ya que había un poderoso ejército
tratando de penetrar las defensas del castillo. Si bien los guardias y soldados
estaban luchando con todo su poder para mantener el lugar seguro, un soldado
enemigo logro cruzar hasta llegar al palacio. A pesar de haberme escondido,
pude escuchar cómo es que caminaba por el lugar, y muchos gritos de dolor,
cada uno deteniéndose después de unos segundos.
Abriendo la puerta de la habitación en donde me ocultaba, pude ver frente a
frente lo que realmente había ocurrido. Cuerpos de personas con las cuales me
había encontrado y hablado en el pasado, ahora sin vida y cubiertos de sangre
ante mis ojos. Si bien me horrorizaba ver tal imagen en mi mente, antes de
poder hacer cualquier cosa, un solo pensamiento termino llegando a mi mente
con la fuerza de las mayores de las tormentas.
“Haou.”
Tomando la daga que estaba en las manos del cuerpo de una sirvienta, salí
corriendo con todas mis fuerzas, hasta la habitación real. Mas cuerpos termine
encontrando en mi camino, pero el único pensamiento que corría por mi cabeza
era Haou. Al llegar a la entrada de la habitación real, había soldados muertos
tirados en el suelo, con el enemigo a punto de abrir la puerta. Debía detenerlo
antes de que fuera demasiado tarde, y dañara a la persona más importante de
mi vida.
Con una última patada, ese enemigo abrió la puerta, y por un instante, o único
que pude ver fue a Haou. En sus ojos lo único que pude ver fue verdadero
miedo. Abrazando al rey, y con lágrimas con sus ojos, estaba completamente
aterrorizado. Eso era imperdonable.
“Yo te protegeré, Haou.”
Mis palabras terminaron distrayendo al asesino que había logrado cruzar las
puertas del palacio, y causar miedo en el corazón que más me importaba. Eso
me di la oportunidad, y logré clavar esa daga completamente en su espalda. Lo
único que puedo recordar después de ese momento es demasiado borroso.
Recuerdo que se sintió como si el tiempo se hubiera detenido por un instante.
Voces gritando tanto por el rey y Haou, corriendo hacia ellos para asegurarse
que estuvieran bien. El cuerpo sin vida de esa persona tirado en el suelo. Mis
manos ahora bañadas en rojo por la sangre. Todo era confuso, pero lo que
nunca podré olvidar, es la expresión de Haou en ese momento. Es una mirada
que, hasta el día de hoy, puedo ver claramente en mis recuerdos, como si
hubiera ocurrido hace meros segundos.
Esa noche, fue una en la que él y yo no pudimos dormir fácilmente. Recibí
noticias acerca de que Haou no podía dormir, por más que lo intentara, y estaba
pidiendo mi presencia. Se me había lado la autorización de ir hasta la habitación
real, y hacerle compañía. No dijimos ninguna palabra. Ya acostados en cama,
simplemente nos abrazamos, dejando que acomodara su rostro en mi pecho.
Ante esto, comencé a acariciar su cabello lentamente, tratando de calmarlo lo
mejor que pudiera. Me rompía realmente el corazón ver que había comenzado
a derramar lágrimas sobre mi pecho, pero yo solo le abracé más fuerte, y le dije
unas únicas palabras antes de que ambos cayéramos dormidos por el cansancio
y agotamiento.
“No te preocupes, Haou. Yo siempre estaré a tu lado, para que nadie más te
llegue a hacer daño. Lo prometo.”
Al día siguiente, recibí el llamado del rey, por lo que atendí de inmediato en un
lugar en donde estábamos solos. No había ni siquiera la presencia de guardias
que pudieran escucharnos. No sabía si podía estar molesto por mis acciones, o
estaría a punto de agradecerme por proteger a su primogénito, pero las ansias
me estaban comiendo el interior.
“Yubel. ¿Tus amas a mi hijo?”
Me pregunto el rey de manera repentina, haciendo que me quedara en
completo silencio por varios minutos. Pero no paso mucho tiempo, antes de que
finalmente me diera cuenta algo que sabía en el fondo de mi corazón desde
hace mucho tiempo.
“Así es, amo a Haou con todo mi corazón. Esa inocente amistad que
compartimos desde temprana edad lentamente floreció en un amor tan
profundo, que no soy capaz de ignorarlo por más tiempo.”
No sabía qué clase de reacción iba a tener el rey ante mis palabras, pero era la
respuesta que se encontraba en mi corazón. Y la manera en que podía tener la
seguridad de que era así, no solo fue mi deseo de protegerlo que le confese la
noche anterior. Era también mi miedo a perderle que experimente en ese
ataque. Si fuera a perder a Haou de mi vida, se sentiría como el infierno más
doloroso que podría experimentar.
“Muy bien. No solo me has demostrado que eres alguien en quien puedo
confiar para proteger a mi primogénito, y guiarle para volverse en un rey que
llevara a una época de prosperidad a este reino. También has demostrado que
tienes la voluntad y el valor para hacer lo necesario para cumplirlo.”
Dijo el rey, solo para después poner una mano sobre mi hombro, y mirarme
directamente a los ojos, pero en sus ojos, podía sentir un dejo de lastima. Como
si estuviera presenciando con sus ojos, un destino maldito que aguardaba mi
futuro.
“Sin embargo, en tu estado actual, me temo que es imposible que puedas
proteger a Haou. No solo has sido testigo de los incesantes ataques que reciben
nuestro castigo, y como es que se están volviendo más fuertes. Tengo el
presentimiento, que los origines de estos ataques, provienen de un fuerte
enemigo, que desea apoderarse de todo a su paso. Yubel, si deseas proteger a
Haou, será necesario que no solo abandones tu cuerpo, también tendrás que
abandonar tu humanidad. Tu ser actual dejara de existir, y tendrás que
convertirte una bestia horrible, una que esté dispuesta a acabar con todo
peligro que aparezca en su camino. Solo así, serás capaz de enfrentarte a las
amenazas que les traerá el futuro.”
¿Abandonar mi humanidad? Esa era una posibilidad que jamás pudiera haber
imaginado nunca. Con la mera mención, solo podía imaginar qué clase de
atrocidades nos esperaban, o las que tendría que hacer en orden de garantizar
su protección. Pero si era por él, si era en nombre del amor que tenía hacia él,
podía aceptarlo.
“Lo hare. No importa que es lo que es lo que deba hacer, o si el resto del mundo
me ve como un monstruo. Si es por Haou, hare lo que sea para protegerlo.”
El rey no dijo más. Simplemente hizo un gesto con su cabeza, entendiendo tal
vez mejor que yo en ese momento, lo que acababa de aceptar. Con su permiso
para retirarme, regrese al jardín real. Para poder disfrutar de mis últimos
momentos que tendría para disfrutar de mi humanidad junto a Haou.
Pasaron las semanas, y el ambiente había mejorado un poco, ya que, después
de esa ocasión, no hubo más ataques. Pero, para mi únicamente era la calma,
antes de la tormenta. Ese iba a ser un día, que jamás podría olvidar, por el resto
de mi vida.
Estaba en mi cama al igual que la mayoría de las mañanas, cuando súbitamente
me despertó el sonido de la puerta abriéndose de golpe. Ni siquiera tuve el
tiempo de procesar que es lo que estaba ocurriendo, porque sentí como es que
me pusieron una venda en los ojos para segarme, seguido de un par de
personas agarrándome de mis brazos y arrastrándome fuera de mi cama. Por
más que tratara de forcejear o gritar por ayuda, nadie parecía venir a ayudarme.
A pesar de ser mi responsabilidad el protegerlo, y asegurarme de que siempre
estuviera a salvo, la desesperación me hizo gritar el nombre de Haou. Ni
siquiera sabía si estaba bien, ya que por mi mente solo cruzaban las peores de
las tragedias. Tal vez el castillo había sido invadido por la noche, y todos ya
estaban muertos. Pero en mi mente y en mi corazón, solo podía clamar por él.
Escuché una puerta abrirse, y sentí como es que me habían puesto sobre una
mesa. Antes de que pudiera hacer cualquier intento de escape, me ataron a
grilletes en tanto mis tobillos como mis muñecas para que no pudiera hacerlo.
Por más que rogara por una explicación, o gritara por ayuda, nadie terminara
respondiendo. ¿Realmente seria esta la manera en donde encontraría mi
muerte? Sin siquiera ser capaz de ver el rostro de Haou por una última vez, con
los ojos cegados, y con mis extremidades encadenadas a una mesa.
“Les ordeno que me informen los resultados una vez la cirugía este completa.
Con esto, me retiro.”
En medio de la desesperación que estaba sintiendo en ese momento, pude
reconocer la voz del rey. En esos momentos, recuerdos de lo que me había
dicho regresaron a mi mente como repentinamente. ¿Era este el proceso que
tendría que seguir para abandonar mi humanidad y transformarme en el escudo
y espada que protegerían a Haou? Si era así, era algo que ya había aceptado. En
nombre del amor por Haou, tendría que seguir adelante.
“Padre, ¿qué están haciendo con Yubel? Exijo que se le libere en este momento.
Sabes muy bien que no ha hecho nada para merecer ninguna clase de castigo
como este. No después de haberme protegido durante el último ataque.”
Escuche la voz de Haou que había respondido a todos mis llamados de auxilio.
Una parte de mi deseaba poder ser libre y decir con mis propios labios cuanto le
amaba. Pero, en mi corazón sabía que, detenerme en este momento, solo nos
traerá miseria en el futuro.
“Hijo, este es el camino que Yubel ha elegido para ser capaz de protegerte. Si
realmente deseas ser capaz de enfrentar el futuro que les espera, este es un
paso que es necesario que ambos tomen. Tu como el futuro gobernante de este
reino, y Yubel como la persona que prometió protegerte con toda la fuerza de
su alma.”
Escuche decir al rey en un tono calmado y decidido, y tenía razón. Retractarme
de mis palabras en este momento, seria traicionar no solo la confianza que
había puesto el rey en mí. Mucho peor, seria traicionar la promesa que le había
hecho a Haou en ese momento. Eso era algo que no podía permitir.
“Haou, no te preocupes. Estaré bien. Simplemente espera por mí. ¿De
acuerdo?”
Dije tratando de mostrar una sonrisa en mis labios, para que así también
pudiera permitir que esto se llevara a cabo. Si bien no sabía que es lo que me
deparaba, fuera lo que fuera, tenía que enfrentarlo con toda mi fuerza. Si no era
capaz de superar esto, ¿cómo es que podría superar lo que nos espera en el
futuro?
“Muy bien, si es así, entonces respetare tus deseos. Estaré esperando
pacientemente por ti, Yubel. Pase lo que pase, es mi deseo que podamos seguir
juntos, no importa que ocurra.”
Después de esas palabras, no escuche más las voces del rey o de Haou. Solo los
pasos de ellos caminando hacia la salida para dejar que el proceso iniciara. Al
inicio, solo pude escuchar a un par de voces que no podía reconocer empezar a
hablar en un lenguaje que no podía comprender. Pero lo que realmente me
asusto, fue el sonido de lo que sonaba a algo similar a utensilios de metal. Sin
nada que pudiera calmar el dolor, o un paño para poder ahogar mis gritos, sentí
la hoja de una navaja cortar mi piel y mi carne. Fue ahí cuando perdí la noción
del tiempo, y lo único que podía experimentar era dolor y sufrimiento.
Sintiendo como es que cortaban mi piel se sentía como una de las peores
torturas que me pudiera imaginar, pero lo peor ni siquiera había comenzado.
Una vez se detuvieron con los cortes, sentí como es que uno a uno, empezaron
a arrancar trozos de mi piel. Era como si estuviera sintiendo un infierno en vida.
Sentir mis músculos contra la dura madera de la mesa y los fríos grilletes, es
algo que ni siquiera podría describir apropiadamente.
Después de varios minutos ya ni siquiera podía registrar lo que realmente
estaba pasando, y no ayudaba el hecho de que seguía con la venda puesta. Tal
vez era la mejor decisión, ya que así no era testigo de las atrocidades que le
estaban haciendo a mi cuerpo. Poco a poco, sentía como es que removían más y
más de mí, mientras que esas navajas seguían cortando a través de mi ser.
Con todo lo que me estaban haciendo, solo sentía que el mundo a mi alrededor
estuviera dando vueltas debido a la manera tan desorientada por el dolor que
sentía. Tampoco era capaz de reconocer ya que le estaban haciendo a mi
cuerpo debido a la sobrecarga de dolor que sentía en ese instante. Solo podía
tratar de concentrarme en mi amado Haou para ser capaz de sobrevivir esta
experiencia. Por el bien de nuestro futuro juntos.
Fue extraño, recuerdo que en cierto momento sentía como es que todo se
volvía más borroso y confuso entonces. Y por alguna razón, había dejado de
sentir el latir en mi pecho. Lo único que sé que ocurrió momentos después, es
como si algo estuviera entrando en mi pecho, haciendo que mi corazón volviera
a palpitar.
Después de lo que se sintió como décadas de dolor, y de cuchillas removiendo
todas las partes de mi humanidad una a una, empezaron a poner unas extrañas
cubiertas alrededor de todo mi cuerpo, calmando así la sensación de mi carne
contra la mesa. Era extraño, no podía sentir ninguna clase de sensación o calor
viniendo de estas capas sobre mí.
En ese punto, ya mi cuerpo se sentía demasiado débil y cansado por todo lo que
había experimentado. Aunque sentí como es que me liberaron de los grilletes
que me encadenaban, no tenía las fuerzas para levantarme siquiera. No como si
tuviera alguna intención de hacer eso. Ya había ido demasiado lejos. No tenía
ninguna clase de sentido rendirme en este punto, por lo que decidí que
terminaran con su trabajo, aunque estaba a punto de experimentar lo más
doloroso.
Terminaron removiendo la venda que tenía puesta, y mi vista se encontraba
demasiado borrosa como para reconocer los rostros que tenía en frente. Los
únicos objetos que pude reconocer, fue una especie de cuchillo de gran tamaño,
y lo que parecía ser un martillo. Siendo acomodada la hoja del cuchillo en mi
frente, vi bajar súbitamente el cuchillo, y luego un golpe directo a mi cráneo.
Fue tan repentino el golpe, que todo se volvió se volvió completamente oscuro
después de eso, pero, ya no era capaz de sentir ninguna clase de dolor.
No sé cuánto tiempo paso, pero eventualmente termine despertando de nuevo.
No parecía haber nadie más en la habitación, pero los grilletes junto a la venda
habían sido puestos de nuevo. Por alguna razón, no podía sentir ninguna clase
de sensación o calor venir de mi cuerpo, así que solo pude sentir el pánico llegar
hasta mi alma. Por más que estuviera clamando por cualquier persona para que
apareciera, nadie parecía responder. ¿Acaso había muerto y me había
convertido en un espíritu errante?
El solo pensamiento de eso me lleno de desesperación, y sentía que debía
escapar de inmediato. Trate de liberarme de los grilletes que me ataban, pero
para mi sorpresa, terminaron rompiéndose con relativa facilidad. ¿Acaso los
grilletes eran tan viejos y oxidados que no mostraban ninguna clase de dificultad
el romperlo? No lo entendía.
Termine removiendo mi venda, pero todo seguía completamente oscuro. La
única luz que era capaz de ver era la que provenía de la grieta debajo de la
puerta. Fui corriendo a toda velocidad contra la puerta con la intención de
derribarla y escapar. La puerta extrañamente también termino rompiéndose
con facilidad, pero la repentina luz que llego a mis ojos termino cegándome.
Mis ojos eventualmente terminaron acostumbrándose a la luz, aunque todo
extrañamente se veía mucho más claro que antes. Por alguna razón, podía ver
incluso más lejos de lo que podía ver en el pasado. Lo que realmente me asusto,
fue el hecho de que trate de cubrir ambos ojos con mis manos, pero todavía era
capaz de ver mi alrededor. Si bien no podía sentir ninguna clase de calor o
sensación venir de mis brazos, tenía la seguridad de haberme cubierto los ojos
por un instante.
Voltee a ver hacia mis manos, y ya no lucían como las manos que una vez tenía.
¿Es este realmente mi cuerpo? Si lo es, ¿Por qué es que no puedo sentir ninguna
clase de calor o sensación? No solo eso, pero eran completamente diferentes.
Ya no tenían esa apariencia que me había acostumbrado a ver durante toda mi
vida. La piel ahora un diferente tono, llena de escamas, y las garras en mis uñas
iguales a las de un dragón.
Ese no fue el primer shock que me lleve. Al voltear a ver el resto de mi cuerpo,
también pude ver como el resto de mi cuerpo ya no era el que una vez conocí.
Estaba completamente deformado, lleno de escamas, y como si diferentes
trozos de piel de diferentes seres completamente habían sido utilizados para
cubrir mi cuerpo.
Lo que más me sorprendió, fue el hecho de que había volteado hacia atrás
porque había escuchado como si alguien se acercara, pero termine
encontrándome con un par de alas que lucían exactamente a las de un
demonio. Pero lo que me hizo darme cuenta de que realmente eran mías, es
que con mis manos pude sentir como es que se encontraban conectadas a mi
cuerpo.
Era un monstruo. Ese era el único pensamiento que podía cruzar por mi cabeza.
Solté un grito con todas mis fuerzas, y solo pude salir huyendo. ¿Realmente este
ser era yo? ¿Era esto una clase de pesadilla? ¿Los dioses me habían juzgado y
habían decidido que mi destino era el infierno? No lo sabía. Solo deseaba
escapar, por lo que termine dirigiéndome hacia el bosque, en donde nadie
podría seguirme a través de los árboles. Corrí y corrí por un largo tiempo, sin
ninguna clase de dirección en mente. Solo deseaba escapar del mundo que me
rodeaba de alguna u otra manera. Sin haberlo planeado, eventualmente
termine llegando al lago que estaba detrás del castillo.
Al ser un lugar que reconocía, y sin nadie a mi alrededor, finalmente pude tomar
una leve pausa. Era extraño, a pesar de haber estado corriendo por lo que había
sido un largo tiempo, no sentí la necesidad de recuperar el aliento. Tal vez
estaba en lo cierto, tal vez realmente había muerto y ahora solo era un espíritu
que vagaba en este mundo. Pero, eso era algo que tendría que verificar con mis
propios ojos. Era momento de que finalmente enfrentara la realidad cara a cara,
sin importar que tanto miedo tuviera, miedo de descubrir en lo que me había
convertido.
Paso a paso, camine hacia la orilla del lago, con su agua cristalina. Paso a paso,
aumentaba más y más la ansiedad que sentía. Era como si con cada paso que
tomaba, se volvía más pesado, haciendo más difícil dar el siguiente. Era como si
cada fibra de este cuerpo estaba tratando de evitar que viera mi reflejo en el
lago, como si estuviera gritando que simplemente diera la vuelta y
desapareciera de este lugar, nunca volviendo a mirar hacia atrás. Pero en mi
corazón sabía que eso era algo que no podía hacer. Eso sería lo mismo a darle la
espalda a la responsabilidad que se me había dado. Pero, sobre todo, sería igual
a darle la espalda a la persona que más amaba.
Finalmente, llegué a la orilla del lago, en donde pude ver mi reflejo, y era como
si mis propios ojos también me estuvieran engañando. ¿Quién o que era ese
monstruo que estaba viendo en el agua? Su cuerpo esta uno que no podía
describirse ni siquiera parecido a uno humano. Era como si su cuerpo ni siquiera
tuviera harmonía consigo mismo. No solo estaba esa piel que se dividía en
múltiples secciones, intercambiando entre negro y purpura oscuro, incluso estas
mismas secciones se diferenciaban entre se teniendo unas una apariencia más
masculina, y la otra más femenina. El cabello desordenado, con una mitad color
morada y la otra blanca, esas alas y garras en mis manos que lucían iguales a las
de un dragón. Y lo peor, un ojo, un tercer ojo gigante en mi frente que seguía
cada uno de los movimientos de los otros 2 ojos que poseía.
“Un monstruo...”
Esas fueron las únicas palabras que lograron salir de mis labios. Prácticamente
sentía como es que el peso de la realidad caía sobre mis hombros como si fuera
el peso de mil montañas. ¿Es esto realmente en lo que me había convertido? Si
era así, ¿por qué es que no se sentía real? ¿Por qué es que no podía sentir la
sensación del agua en mis piernas? ¿Por qué es que ni siquiera podía sentir ni
un poco de calor viniendo de mi cuerpo?
Di un zarpazo al agua, haciendo que el agua se sacudiera y borrara ese reflejo,
con la esperanza de que tal vez volvería a ver mi antiguo rostro en el agua. Pero
no importaba cuantas veces lo hiciera, o que tanto deseara que regresara a mi
antiguo yo, ese mismo monstruo seguía apareciendo una y otra vez. A pesar de
que lo estuve haciendo por horas, y cuanto deseaba negar esa realidad, sabía
que no tenía otra alternativa. Pero si ese ser realmente era yo, entonces…
“¿Por qué es que no importa que tan profundo es el dolor en mi alma, y que tan
grandes son mis deseos de llorar, lagrimas no terminan saliendo de estos ojos
que se encuentran en mi rostro?”
Esto era en lo que me había convertido, un monstruo horrible que había
perdido toda su humanidad. Si ni siquiera era capaz de llorar en un momento
así, ¿cómo se supone que podría considerar que estuviera con vida? Alguien
como yo, no debería estar en el mundo de los vivos. Era una abominación, un
insulto a la vida misma, algo que no debía existir. Pero tal vez era algo que
podría solucionar.
Mis ojos se dirigieron a las garras de mi diestra, y sabía lo que debía hacer. Esas
garras que ni siquiera eran capaces de sentir su calor, las puse contra mi cuello,
en donde creía que estaba mi yugular. No solo era una blasfemia el hecho de
que siguiera con vida. Pensar en el hecho de que Haou podría verme de esta
manera, era algo que no podría soportar. Ver a la persona que paso a su lado
casi toda su vida, y lo vio crecer con cada año que pasaba. Ver como se había
convertido en una aberración, sería demasiado cruel. Aun si lamentaba no
poder ver su sonrisa una vez más, y poder declarar todo el amor que sentía en
mi corazón hacia él, esto era la mejor opción.
“Haou, por favor perdóname.”
Tome un respiro profundo, y lentamente aleje esas garras de mi cuello. Lo único
que podía desear en ese momento, es que Haou pudiera perdonarme por lo que
estaba a punto de hacer. Juntando toda mi voluntad, en un simple y rápido
movimiento, lleve esas afiladas garras hasta mi cuello con la intención de
cortarlo, y acabar con mi vida. Tal vez en otra vida, o en el más allá, seriamos
capaz de encontrarnos nuevamente, pero hasta entonces, esto era un adiós.
Esos fueron los últimos pensamientos que cruzaron por mi mente cuando esas
garras hicieron contacto con mi piel.
“¡Yubel! ¡Por favor detente!”
En ese instante, al mismo tiempo que escuche esa misma voz que se me hacía
tan familiar, mis garras hicieron contacto con mi cuello, pero para mí desgracia,
y sin importar mi decisión o la fuerza con la que había movido mi mano, no
fueron suficientes para siquiera hacer un rasguño en mi piel. Al darme cuenta
de lo que había pasado, y de cómo es que era Haou quien me estaba viendo en
ese momento, la mayor de las desesperaciones era lo que sentía mientras que
solo podía caer de rodillas. Ni siquiera al juntar toda mi decisión, era capaz de
suicidarme por más que lo deseara. No solo, la persona que más deseaba que
no viera en lo que me había convertido, estaba justo en frente de mí. Era como
posible esperanza de poder escapar de este destino tan cruel, se hubiera
desvanecido justo en frente de mis ojos. O tal vez, era que no había ninguna en
primer lugar. Solo podía enfrentar la realidad de lo que era en este momento.
“Yubel, ¿realmente eres tú? He estado buscándote por horas por todo el
castillo, junto a un largo grupo de guardias.”
Escuche como es que dijo en un tono preocupado mientras lentamente se
acercaba lentamente a mí. Ni siquiera podía sentirme de manera sorprendida
por el hecho de que me hubiera reconocido. De todas maneras, ¿Qué otra
persona podría haber sido tan ilusa como para dejar que la convirtieran en lo
que era ahora?
“Así es Haou, soy yo. No te culpo por tener dudas al respecto. Después de
todo… me he convertido en un monstruo.”
Decía con un inmenso dolor y agonía en mi corazón mientras levantaba mi
diestra para ver nuevamente esas mismas garras que habían fallado en acabar
con mi propia vida. En una situación así, solo podía sonreír de manera leve, ya
que ni siquiera podía llorar. En qué estado más lamentable me encontraba en
este momento.
“Este fue el resultado de las atrocidades que sufrió mi cuerpo. En este punto ni
siquiera puedo saber si sigo con vida, ya que no puedo sentir ninguna clase de
sensación en mi cuerpo. El calor del sol, los soplidos del viento, o incluso el agua
que se encuentra en mis pies. No solo eso, por más que lo intento, y por más
que agoniza mi alma, hasta el punto de intentar acabar con mi vida y fracasar, ni
siquiera soy capaz de derramar lágrimas. Alguien como yo en este estado, ni
siquiera se podría llamar humano. Me he convertido en una abominación, un
monstruo horrible que no tiene ni el derecho de estar frente a ti. Por favor, te
pido que me perdones, Haou. Por favor perdóname por todo lo que ha
ocurrido.”
Fue en ese instante, que pude sentir como es que sus manos tomaban
suavemente mi diestra, y la envolvía con sus palmas y dedos, haciendo que mis
ojos se abrieran repentinamente.
“No tienes por qué disculparte Yubel. Estoy aquí contigo en este momento.”
Le escuche decir con un tono de voz que mostraba que su corazón también
estaba sufriendo en ese instante. No solo eso, al voltear a ver su rostro podía
ver cómo es que lagrimas se resbalaban por sus mejillas, pero estaba haciendo
todo lo posible para mantenerse fuerte.
“Soy yo quien debe disculparse Yubel. Fue mi propia debilidad lo que hizo que
terminaras en este estado. Al no ser lo suficientemente fuerte para poder
avanzar en estos tiempos tan caóticos de guerra, he obligado a la persona que
más amo a hacer esto. No solo te he fallado como un príncipe, también te he
fallado como un amigo. Por favor, te ruego que me perdones.”
¿Amor? ¿Acaso mis oídos no me estaban engañando y había escuchado
correctamente? Me sentía de manera tan confusa. ¿Cuándo es que había
ocurrido algo así? Sentía como si mi mente estuviera divagando, pero lo que me
mantenía de manera concentrada, era el hecho de que podía sentir el calor de
las manos de Haou.
“Haou, no tienes por qué disculparte o derramar lágrimas por mí. Yo tome esta
decisión por mi propia cuenta. Tu padre, el rey, me advirtió que esto no sería
una tarea sencilla, pero igualmente decidí tomarla, porque mi corazón también
siente un enorme amor hacia ti. Esa fue la única razón por la cual pude
sobrevivir esta clase de transformación.”
Lo había olvidado. Esa era la razón por la cual había hecho todo esto en primer
lugar, por mi amor hacia Haou. ¿Cómo pude haber olvidado algo así? No
importaba que es lo que ocurriera, no podía olvidar esos sentimientos que
sentía por Haou, ya que esos fueron los mismos que lograron que sobreviviera
en primer lugar. Pero era exactamente por ese amor tan profundo que sentía,
que sentía la obligación de rechazar ese amor que él tenía por mí.
“También hace que sienta una enorme felicidad en mi alma y corazón el saber
que tú también tienes esos mismos sentimientos por mí. Pero me temo que, a
pesar de que haga que me pese el alma, es mi deber rechazarlos. Sabes muy
bien que tú también tienes un deber como un príncipe, y jamás podría
perdonarme si terminara siendo un obstáculo para ti.”
Esto era lo que debía hacer. Haou estaba destinado eventualmente a casarse
con una princesa de uno de los reinos para así formar una alianza, y así dar un
paso más para traer paz a estas tierras. El dejar que mis propios sentimientos
interfirieran con traer paz a estos reinos llenos de guerras, no solo sería un
pecado imperdonable, seria también sacrificar la vida de cientos de personas
por mis egoístas deseos. Eso fue de lo que me había convencido, hasta que note
en Haou una tristeza profunda por lo que había dicho, pero igualmente
mostrando una sonrisa en sus labios.
“Es cierto que las enseñanzas que se me han dado han sido casarme con una
princesa para así conseguir alianzas políticas y traer una nueva era de
prosperidad. Pero después de lo que ha ocurrido hoy, y de lo que has hecho por
mí, ¿cómo podría simplemente ignorar tus sentimientos y hacer algo así?”
En ese instante, por más que deseara simplemente decir que no a lo que estaba
diciendo, no encontraba la fuerza como para hacerlo. Mi corazón se encontraba
realmente conmovido. Tanto que incluso podía sentir como es que mi corazón
palpitaba con suma fuerza y velocidad.
“Después de lo que ha ocurrido, me he dado cuenta de una verdad que
simplemente no puedo ignorar, y esa verdad es que te amo. Te amo desde lo
más profundo de mi corazón, y no deseo ocultarlo más. En el momento en que
tuve que irme de esa habitación antes de la cirugía, y cuando supe que habías
escapado del castillo, sentí miedo. Miedo de perderte y jamás volver a verte en
mi vida. El temor que sentí con la posibilidad de jamás verte nunca más fue lo
que me hizo darme cuenta de todo lo que has hecho por mí, y de cuanto es que
verdaderamente te amo Yubel.”
Fue en ese instante, que sentí como es que su mano termino acariciando
gentilmente mi mejilla. La suavidad de su piel, además de su calor. Antes de
siquiera darme cuenta, empecé a sentir como es que lagrimas empezaban a salir
de mis ojos, mientras yo trataba de decir algo, pero solo sentía un nudo en mi
garganta que me lo impedía.
“No me importa cómo es que luzcas, o lo que llegue a pensar el reino, la gente
del castillo, o incluso mi padre. Yo te amo Yubel, te amo con todo mi corazón y
mi ser. Es por eso que te ruego, que sin importar lo que pase, te mantengas a mi
lado. No importa qué clase de dificultades se encuentren en el futuro, si
estamos juntos, sé que podremos superarlos. Te amo Yubel, y siempre te
amare.”
Sentí como es que Haou me abrazo, y lo único que pude hacer en ese instante
fue llorar. Sentir el calor de su cuerpo, y escuchar sus sentimientos hacia mí.
Finalmente podía sentir un calor, ese cálido amor que sentía por mí era lo que
necesitaba en ese instante. Me sentía tan feliz en ese instante, como si hubiera
encontrado esa fuerza que necesitaba para seguir viviendo. La tenía alcance de
mis brazos, y al poder abrazar a Haou, finalmente la había obtenido.
“Haou, prometo que también siempre te amare. No importa cuantos años
pasen, mientras siga con vida, mi amor por ti seguirá ardiendo con la misma
fuerza, y seguirá siendo así por el resto de la eternidad. Hare todo lo que sea
necesario para asegurarme de protegerte, y que juntos podamos traer
prosperidad a este reino. Haou, te amo. Verdaderamente, te amo.”
Abrazados y con nuestros ojos llenos de lágrimas, nos vimos mutuamente
mientras teníamos una sonrisa llena de felicidad en nuestros labios. Luego, sin
siquiera pensarlo, terminamos acercándonos a los labios ajenos para así poder
compartir un beso. Fue como si el mundo a nuestro alrededor desapareciera
por un instante. Sentir el calor y suavidad de sus labios, y el hecho de que
ambos pudiéramos compartir nuestro amor a pesar de todo lo que había
ocurrido. Verdaderamente me sentía feliz.
Una vez nos separamos del beso y mi corazón se sentía en calma, decidimos
regresar al castillo, en donde todo el mundo se encontraba buscándonos. Desde
la entrada secreta, teníamos ya la entrada frente a los ojos, protegida por un
par de guardias. Fue en ese momento en donde ellos nos vieron, pero sus
reacciones no fueron amigables. Se pudo ver un instante de alivio al ver que
Haou se encontraba bien, pero fue cuando notaron mi presencia que se
pusieran en guardia.
“¡¿Qué clase de monstruo eres tú?! Aléjate del príncipe en este momento, o te
enfrentaras a la ira de la guardia real. Príncipe, aléjese de inmediato. De ser
necesario entregaremos nuestras vidas para proteger a su alteza.”
“Un momento, están cometiendo un error. Se que esto será difícil de creer, pero
quien se encuentra conmigo en este momento es Yubel. Estoy seguro de que, si
nos dan la oportunidad, el Rey podrá explicar lo que paso.”
A pesar de las palabras de Haou, los guardias todavía se encontraban en
guardia. Aún peor, parecían estar más alerta y molestos que antes. Apuntando
sus lanzas hacia mí y acercándose paso a paso, estaban volviéndose tan hostiles
que tuve que ponerme entre ellos y Haou en un intento de protegerlo. Jamás
pensé en mi vida que en algún momento tendría que enfrentarme contra esa
misma gente que se suponía que debía protegernos.
“Bestia inmunda, has hipnotizado al príncipe para utilizarlo como tu marioneta.
Te haremos pagar por tus pecados, enviándote al infierno a donde perteneces.”
Ya me estaba preparando para que esto se volviera un enfrentamiento. Por más
que quisiera evitarlo, parecía que no tenía otra opción. El pensamiento que
cruzaba mi mente en ese momento era mantenerme al lado de Haou sin
importar que. Solo podía esperar que este cuerpo que se me había dado
cumpliera su propósito y permitiera defendernos contra los guardias.
Pasaron lo que se sintieron como horas, pero en realidad fueron simplemente
un par de segundos, y los guardias aumentaron súbitamente su velocidad para
empalarme con esas lanzas. Fue en ese instante cuando la tensión siendo
cortada por una voz que todos fuimos capaces de reconocer de inmediato.
“Deténganse en este instante. ¿Cómo osan levantar sus armas contra mi hijo?
Bajen sus armas en este momento.”
Era el Rey, que afortunadamente había aparecido antes de que esto se volviera
mucho peor. Con su aura solemne que inspiraba admiración y respeto, logro
hacer que los guardias se detuvieran. Caminando hacia nosotros, respaldado
por sus guardias personales, hizo que los guardias ya no se mostraran tan
agresivos y hostiles.
“¿Osan dudar de la legitimidad de las palabras de mi hijo? Él se encuentra
diciendo la verdad y nada más que la verdad. Si se atreven a cuestionarle una
vez más, me encargare de que sus cabezas rueden. Ahora, denle el paso a él y a
su acompañante.”
“Pero, su majestad. ¿Qué tal si esto se trata de una trampa?”
“¡Nada de peros! He dado una orden en este instante. Si se atreven a
cuestionarla, se enfrentarán a las consecuencias.”
Fue en ese instante, que Haou y yo pudimos ver cómo es que a guardia personal
del Rey ya tenían sus manos en los mangos de sus espadas. Al ver eso, los
guardias no tuvieron más opción que bajar sus armas, y dejarnos pasar. Fue en
ese momento, que, tomados de la mano, Haou y yo nos dirigimos al Rey para
mostrar nuestros agradecimientos.
“Agradezco enormemente la ayuda, padre. Sin ti, no sé qué es lo que habría
pasado si hubiéramos tenido que pelear.”
“No tienes por qué agradecerme, hijo. Yo me encargare ahora de aclarar
cualquier posible confusión para que esto no ocurra de nuevo. Y en cuanto a ti
Yubel.”
En ese instante, sentí como es que el Rey estaba observando mi nuevo cuerpo
de arriba a abajo. Por un lado, parecía estar complacido con el hecho de que la
operación había sido un éxito. Pero, no sé por qué, sentí cierta indiferencia en
sus ojos, como si el éxito de la cirugía era lo único que le importaba.
“Me complace enormemente saber que tú también te encuentras bien. Ahora,
espero que sepas que la responsabilidad que cargas en este momento es una de
suma importancia. No es una exageración decir que, el futuro del príncipe, y por
ende el futuro del reino, se encuentra en tus manos.”
El futuro del reino. Esa era en definitiva una responsabilidad muy pesada que se
encontraba en mis hombros. Pero, ya me había decidido a seguir con este
camino sin importar que nos trajera el futuro. Mientras Haou se encontrará a mi
lado, tenía la seguridad que todo estaría bien.
“Entiendo, su majestad. Justo como prometí, defenderé la vida del príncipe
hasta con la última fibra de mi ser. No le decepcionare con esta tarea que me ha
confiado.”
“Muy bien, si es así, entonces será mejor que ambos vayan a descansar. Yubel,
mañana en la mañana, quiero que te prepares. Si es tu intención defender a mi
hijo, entonces habrá muchas cosas que tendrás que aprender. Eso es todo, por
ahora, retírense.”
Haou y yo hicimos una última reverencia ante el Rey, para poder retirarnos
mientras tomábamos nuestras manos. Seguimos caminando, y antes de cerrar
la salida después de que el Rey estuviera dentro del castillo, tuve una última
oportunidad de ver a uno de los guardias que nos detuvieron a los ojos. Y la
sensación que pude ver en sus ojos, era de desconfianza, y también de
desprecio.
Después de eso, Haou y yo solo nos dirigimos a su habitación para poder estar
juntos a solas y sin nadie más que nos molestara. El Rey se encargó de llevar la
noticia a todos en el castillo acerca de mí, y como es que ahora me había
convertido en la mano derecha de Haou. Pero en ese momento, no quería
pensar en ello. Solo quería estar al lado de la persona que amaba.
Eventualmente cayo el sol y salió la luna. Abrazados en su cama, estuve al lado
de Haou toda la noche. El calor de su cuerpo era algo que calmaba mi corazón,
también el hecho de verlo dormir de manera tan calmada y aliviada. Pero en mi
caso, no pude dormir ni por un instante, o peor aún, ni siquiera podía sentir
ninguna sensación de cansancio o de sueño, como si mi cuerpo era incapaz de
sentirlos.
Por más que trataba de dormir, cada intento era en vano. Pronto termine
rindiéndome. Me concentre en simplemente pensar en Haou, y la promesa que
nos habíamos hecho. De ahora en adelante, esa promesa de amor era la razón
por la cual seguiría viviendo, y me decía constantemente que todo estaría bien.
Pero en el fondo de mi mente, algo que no dejaba de recordar, eran los ojos de
ese guardia.
“Con que un monstruo...”
Eventualmente llego la mañana y, sin haber dormido ni por un instante o sentir
cualquier clase de cansancio. Me levante para seguir las instrucciones que me
había dado el Rey. Durante las próximas semanas, estuve recibiendo
entrenamientos que venían directamente por parte de los mejores maestros de
artes marciales que podía ofrecer el reino para aprender acerca de combate y
defensa personal.
No solo eso, también recibí entrenamiento básico con respecto a tácticas y
estrategias en el arte de la guerra por parte de los mejores estrategas que
estuvieran a la mano. Todo acerca de ofensa y defensa, técnicas para obtener la
ventaja en medio de una batalla, preparar trampas y esperar el momento
adecuado para utilizarlas, usar el terreno a tu ventaja. Todo lo que alguien debía
saber acerca de cómo funciona una batalla, tuve que aprenderlo.
Pero, aun después de todos esos estudios, había algo que ellos no podían
enseñarme, y lo que sería la clave de la victoria en el futuro, y era como
aprovechar el cuerpo que ahora poseía. Por más que pasaba toda clase de
pruebas y entrenamientos físicos, se sentía como si este cuerpo no tuviera
alguna clase de límites. Incluso si me atacaban un gran número de soldados elite
al mismo tiempo, no solo mi cuerpo era capaz de terminar dañado con los
ataques de sus espadas, rápidamente lograba obtener la ventaja una vez
aprendí lo suficiente acerca de cómo luchar.
Un cuerpo que estaba hecho para luchar. Incapaz de ser herido, y perfecto para
acabar con cualquier enemigo que se le enfrentara. Eso era lo que ahora poseía.
Por un lado, no sabía que pensar acerca de tener un cuerpo así, pero sabía que
debía librarme de esos pensamientos. Si quería lograr proteger a Haou, tenía
que aprender lo antes posible. Y eso era porque el reino se encontraba en una
situación mucho peor de lo que me imaginaba.
Las razones de porque estábamos recibiendo tantos ataques por tanto tiempo,
es porque el reino del Sur había concentrado todos sus recursos en mejorar su
estructura militar, además de mandar más y más ejércitos para arrebatar más y
más de nuestro territorio. No solo eso, por más que intentáramos hacer
contacto con los reinos del Este y Oeste, se rehusaban a formar cualquier clase
de alianza para defender nuestro reino. Incluso había sospechas de que estaban
brindando recursos en secreto para ayudar a mantener a los ejércitos del Sur en
estado optimo.
Si bien el reino del Norte era que tenía el poder militar más fuerte a nivel
individual, si los reinos del Este u Oeste hicieran una alianza para acabar con
nosotros, sería muy complejo seguir repeliendo esos ataques a largo plazo. No
había duda de que, si esta guerra se alargaba demasiado, podría significar la
ruina del reino. Y siendo este el hogar de Haou, no dejaría que algo así pasara.
Incluso él había comenzado a tomar sus estudios acerca de política mucho más
en serio, dada la situación.
Para proteger a Haou, y para que no llegue a sentir una vez más ese miedo que
sintió cuando fuimos atacados y estuvo al borde de perder su vida, para que
pueda vivir tranquilamente, yo me encargare de ser la espada y escudo que lo
protegerán de cualquier amenaza. Esa era la resolución a la cual había llegado.
Pasaron meses desde que empezaron las preparaciones, y ahora todo se
encontraba listo. Debido a los resultados que había tenido después de tanto
entrenamiento, se había decidido que yo estaría en las líneas frontales, guiando
un ejército de 15 mil soldados junto a otros 2 generales. Si bien yo no me
encargaría de planear estrategias o comandar a las tropas, mi rol seria
puramente ofensivo. Mi única responsabilidad seria acabar con el mayor
número de enemigos posible. Eso era todo.
Al amanecer del día de mañana, tendría que irme junto al resto de tropas hacia
el reino del Sur. Haríamos un ataque a sus castillos con todas las tropas que
habíamos logrado conseguir, para así acabar con el castillo de un solo ataque, y
acabar con esta guerra. Solo así, se detendrían los ataques constantes que
estuvimos recibiendo por tanto tiempo. Eso era lo que quería pensar.
Pero, aun si estuve entrenando por tanto tiempo, en mi corazón todavía existía
ese miedo e incertidumbre acerca de lo que podría albergar el futuro. Sería la
primera vez que iría a un campo de batalla real. Y si bien no sería la primera vez
que mancharía mis manos con sangre, sí sería la primera vez que lo haría de
manera tan deliberada.
Lo único que me dio la fuerza por seguir adelante, fue el apoyo que me brindaba
Haou. Durante todos estos meses, nuestra relación se volvió mucho más
cercana. No solo se encargó de mantenerse a mi lado durante todo este tiempo.
También se encargó de que si había malas lenguas acerca de que alguien como
yo fuera quien lo protegiera, ordenar que se callaran de inmediato, e incluso
hacerles afrontar un apropiado castigo a los responsables de tales actos.
Si bien había un leve aire de que no era alguien bienvenido en el castillo desde
que se dio la noticia, yo hacía lo mejor para ignorarlo. Esto no era algo que
había hecho por ellos. Lo había hecho por Haou. Era únicamente su opinión la
que verdaderamente me importaba, por lo que trataba de ignorar al resto, o lo
que pudieran llegar a decir, por más difícil que fuera.
En esa misma noche, antes de mi salida, Haou ordeno que todos los sirvientes
abandonaran su habitación, y todos los cuartos y pasillos que la rodeaban.
Después de insistir lo suficiente, y con un poco de intervención del Rey,
finalmente tendríamos un momento en donde estaríamos a solas. Un momento
de verdadera privacidad en donde nadie nos molestaría. Era lo único que
podíamos pedir, dado el futuro que se acercaba pronto.
Estábamos acostados en la cama, el únicamente con sus prendas azules y negras
puestas, mientras yo reposaba mi cabeza en su pecho, dejando de sus manos
acariciaran ese cabello bicolor que poseía. Una sonrisa tenue en mis labios, pero
miles de pensamientos pasaban por mi cabeza. ¿Qué tal si la campaña era un
fracaso? ¿Tendría realmente la fuerza como para ir al campo de batalla y matar
a otras personas? ¿Qué pasaría si fallara? O peor aún, ¿Qué tal si algo le pasaba
a Haou?
“No te preocupes Yubel. Pase lo que pase, todo estará bien.”
Esa simple frase fue suficiente para cortar ese sin fin de pensamientos que
pasaban por mi mente, y hacer que me concentrara en lo que realmente
importara, y era la persona que se encontraba conmigo en este momento. Con
un simple movimiento de mi cabeza, voltee a verle a los ojos. Unos ojos serenos
y calmados, y brindaban paz a mi corazón de manera que nada más podía
hacerlo. Pero, esa incertidumbre todavía seguía ahí.
“¿Como puedes estar tan seguro de algo así? Mañana comienza probablemente
uno de los momentos más cruciales de toda la historia del reino. Por más que lo
intento, no puedo dejar de pensar en ello.”
“Simplemente estoy seguro de ello. Se que esto será duro para ti, pero yo confió
en que todo estará bien. No solo has estado entrenando para este momento,
también te has vuelto mucho más fuerte. Lo puedo ver en tus ojos. Y, sobre
todo, confió en ti Yubel.”
Esa dulce voz, esa misma voz que siempre me ayudaba a levantarme no
importara que pasara. No importaba que dijera, siempre le brindaban paz a mi
corazón y mi alma. Una voz que no me hablaba como un príncipe le hablaba a
su sirviente. Era una voz de una persona usaba para hablarle a su amante, ni
más, ni menos. Pero eso hizo que cierto pensamiento pasara por mi cabeza, uno
que nunca había considerado hasta ese momento.
“¿Alguna vez te has puesto a pensar como serian nuestras vidas si no
tuviéramos que pensar en todo esto? Sin responsabilidades de la realeza, sin
tener que preocuparnos acerca del reino, o sin tener que haber tenido que
pasar por esa transformación.”
Dije en un tono calmado, pero con una leve tristeza en mi voz. Sabía que no
tenía caso desear por una vida así, ya que esta era la realidad que vivíamos.
Pero, aun así, no podía evitar pensar en algo así. Fue en ese momento, que al
ver la expresión de Haou, podía ver cierto rastro de tristeza, oculto detrás de
esa misma sonrisa que mantenía.
“Mentiría si te dijera que nunca he pensado en algo así. Una parte de mi se
encuentra cansada de todo esto. Me hace extrañar esos tiempos en donde
simplemente podíamos jugar juntos sin tener que preocuparnos de nada. Pero
incluso en ese entonces, todavía había muchas cosas de las que no se me
permitían hacer al ser parte de la realeza. Y también sé que habrá muchas cosas
que no podre hacer tampoco. Esta es la vida que nos tocó vivir, y no nos queda
más opción que aceptarlo.”
Era la primera vez que hablábamos de algo así, y en mi mente solo corrían
imágenes de una vida más sencilla. Una en donde teníamos una cabaña en las
praderas, alejadas de todos los conflictos políticos y guerras. Una en donde
pudiéramos cultivar cosechar y cuidar de nuestro ganado. Una en donde
pudiéramos tener una vida tranquila juntos.
Pero pensar en algo así, hacia que la realidad que estábamos viviendo fuera
mucho más dolorosa, ya que era una de la que no podíamos escapar. E incluso si
llegáramos a obtener tiempos de paz, jamás de acercarían a eso que tanto
añoraba en este instante. Saber eso, hacia que mi alma sufriera en agonía. Lo
hacía de tal manera que era incapaz de describirlo. Ese dolor que estaba
sintiendo, hizo que agarrara con fuerza las prendas de Haou, lo cual lo alarmo.
En ese momento, solo deseaba que todo desapareciera, para poder estar con él.
“¿Yubel? ¿Qué es lo que te sucede? Por favor respóndeme.”
Podía ver lo preocupado que se encontraba en sus ojos, y sentirlo en la manera
en cómo me acercaba hacia él. De esa manera, no había posibilidad de que
pudiera ocultar como me sentía en este momento.
“Haou, mi amado, te lo suplico. Aunque sea por un momento, por el más breve
de los instantes, hazme olvidar este mundo en el que fuimos condenados a vivir.
Hazme olvidar tanto del pasado, como del futuro. Haou, por favor, tengo miedo.
Dime que todo estará bien.”
Sentía más y más miedo con cada segundo que pasaba, como si estuviera a
punto de perder el control y entrar en pánico. Pero fue en ese instante, cuando
más lo necesitaba, que sentí como es que Haou acerco sus labios a los míos y
me dio un beso. Con un gentil beso, logro calmarme, solo para después verme a
los ojos una vez nos separamos.
“Yubel, no importa lo que pase, estaremos bien. Mientras nos tengamos uno al
otro, todo estará bien.”
En sus ojos pude ver que lo que estaba diciendo, venia desde el fondo de su
corazón. Esos no eran ya los ojos de un niño inocente que no estaba consciente
de sus alrededores. Eran los ojos de alguien que era plenamente consciente de
lo que estaba ocurriendo, pero igualmente estaba seguro de sus palabras. Tener
algo así, era lo único que necesitaba para seguir adelante. Si la persona que más
amaba podía creer en algo así, yo también podría.
Antes de tan siquiera poder pensar en ello, nos encontramos de vuelta
besándonos con esa misma gentileza, pero esta vez sin separarnos. Abrazados
uno al otro mientras mantenía mi mano en su pecho. Poco después, sentíamos
como seguimos con nuestro beso, deseando más y más del otro, sintiendo como
añorábamos más y más del contacto ajeno.
El nombre de mi amado era lo único que podía salir de mis labios mientras
sentía como me abrazaba más fuerte, solo para después regresar a sus labios,
volviendo ese beso más intenso y apasionado. El calor de sus labios, y de sus
manos recorrer todo mi cuerpo, era algo que necesitaba en este instante. Sentir
más y más, hasta que mi único pensamiento en mi cabeza fuera el, era mi único
deseo en ese instante.
Podía sentir que ese mismo deseo era el que recorría su mente, por la manera
en cómo torpemente trataba de quitar las prendas de su ropa. Estaba
resistiendo el deseo de arrancarlas de un tirón, pero, usando toda la fuerza de
voluntad que podía, logramos retirar toda esa ropa. Y fue en ese momento, que
pudimos sentir nuestras pieles desnudas una contra la otra. No solo eso,
también sentí como es que algo largo y duro se estaba presionando contra mi
cuerpo.
“Haou, ¿estás seguro de esto?”
“Si, lo estoy.”
Después de preguntar de manera un tanto inocente por la situación en la que
nos encontrábamos, esa respuesta era lo último que necesitaba para dar un
paso así. Después de ello, solo pude sentir una enorme alegría en mi corazón,
solo para después continuar con ese beso. Sentí como es que poco después, se
separó de mis labios para poder besar en el área entre mi cuello y mi hombro, lo
cual se sentía completamente diferente. No solo eso, también como había
llevado una de sus manos para acariciar mi seno femenino.
No podía creer que, incluso con este cuerpo, era capaz de sentir esta clase de
sentir. O más bien era, debido a que la persona la cual lo estaba haciendo era a
quien más amaba, era capaz de sentirme así. Mi cuerpo estaba empezando a
sentirse más y más caliente, como si las llamas de la pasión hubieran
comenzado a arder dentro de mí. Y al poder sentirme de esta manera, lo único
que podía salir de mis labios era el nombre de Haou, una y otra vez.
Pero, aun en ese estado, sabía que no era justo que yo fuera la única persona
que se sintiera bien, y que debía hacer algo al respecto. Y fue ahí cuando bajé mi
vista por un instante, y pude verlo, el miembro de Haou. Ver lo largo y duro que
se encontraba, además de como parecía estar palpitando, fue intimidante, pero
no dejaría que algo así me detuviera. Por lo que, lentamente acerque mi mano a
su pene, teniendo sumo cuidado de no hacerle daño con mis garras, y lo tome
para sentirlo en mi palma. Fue ahí cuando escuche un leve quejido salir de la
boca de Haou lo cual me alarmo.
“Te pido disculpas. ¿Estas bien?”
“No te preocupes, estoy bien. Es solo que es la primera vez que siento a alguien
tocarme de esa manera.”
Con eso rápidamente resuelto, pudimos continuar en donde nos habíamos
quedado. Sentir algo así en mi mano era algo casi increíble. No solo estaba
realmente caliente y duro, con mi palma podía sentir cada palpitación que daba.
Fue ahí cuando empecé a mover mi mano lentamente para acariciarlo,
pudiendo escuchar esos leves sonidos de placer que venían de su voz. Escuchar
a la persona que más amaba, hacer sonidos así, solo hacía que deseara más.
Poco a poco, continué moviendo mi mano, rodeando todo su miembro con ella
mientras la movía hacia adelante y atrás, siguiendo un ritmo lento que creía ser
del agrado de Haou. Y por la manera en cómo lo escuchaba suspirar, parecía
que lo estaba haciendo bien. Lo que fue una sorpresa para mí, fue la manera en
cómo dejo de besar mi cuello para regresar a mis labios, pero esta vez sintiendo
como trataba de introducir mi lengua en mi boca.
No lo pensé mucho, y dejé que lo hiciera, tratando de imitarle en la medida de
lo posible. Era la primera vez para ambos, así que lo hacíamos de manera torpe.
Pero, aun así, sentir como es que nuestras lenguas se rozaban durante el beso,
era una sensación intensa que no podía hacer nada más que dejarme llevar.
Sintiendo como esa excitación crecía más y más, expresaba cuanto deseaba
seguir sintiendo a Haou de esta manera. Y por la manera en cómo sentía ese
duro miembro palpitar más rápido y fuerte, e incluso empezar a soltar un poco
de líquido en la punta, podía imagina que también era así para Haou.
Seguimos sintiendo nuestros cuerpos contra el otro, solo dejando que nuestro
propio y deseo y lujuria nos guiara. Sin experiencia o saber realmente que
hacer, hacíamos lo que creíamos que haría sentir bien al otro. Fue por eso, que
trate de mover mi mano un poco más rápido para hacer que se corriera. Note
como es que su cuerpo se terminó tensando, haciendo que se interrumpiera
nuestro beso. Instantes después, solo note como de ese miembro termino
saliendo unos pequeños chorros de semen que cayeron sobre mi cuerpo.
Regresé mi vista a Haou, y vi como su rostro estaba rojo y su respiración
agitada. No solo eso, también note como es que lucía apenado.
“Lo siento Yubel... Creo que me termine corriendo antes de lo que creía, y no sé
si tú también te estas sintiendo bien con esto.”
“Haou, puedes estar tranquilo. Que tú te sientas bien, hace que también lo
haga. Como tu dijiste, mientras estemos juntos, estaremos bien.”
Dije con una sonrisa serena en mis labios mientras hacia el cabello de Haou
hacia atrás para poder mejor su rostro, y acariciar levemente su mejilla. Fue en
ese momento cuando vi cómo es que se le veía mucho más calmado. Era normal
que no sabríamos exactamente cómo actuar o que hacer en una situación así,
pero mientras fuéramos capaces de disfrutar este momento juntos, era más que
suficiente para hacernos felices.
Sin decir otra palabra, solo pude ver cómo es que también mostro una sonrisa, y
con un movimiento de su cabeza dijo que entendía. Después de ese punto, fue
como si el paso del tiempo hubiera desaparecido por completo, y solo dejamos
que nuestras acciones hablaran en vez de nuestras palabras. Lo único que salió
de nuestros labios, fue el nombre ajeno en una mezcla de gemidos y suspiros
mientras nos hacíamos el amor mutuamente, olvidándonos del mundo y solo
concentrándonos en la persona que considerábamos nuestra otra mitad. Esa
misma otra mitad que nos permitía sentirnos completos.
Aun si mi cuerpo había hecho para ser un arma, y era uno frio e incapaz de
sentir cualquier cosa, Haou lograba hacer que alguien que muchos consideraban
un demonio, pudiera sentir que se encontraba en el paraíso. Sus manos
acariciando ambos pechos que poseía y mi espalda. Esos besos a lo largo de
toda mi piel, haciéndome temblar con cada uno y dejando marcas de sus labios.
O incluso sentir como es que frotaba su miembro contra mis muslos, mi
entrepierna y mis glúteos. Fue un frenesí que no pudimos parar hasta caer
rendidos en la cama, pero uno en donde logramos sentir una conexión incluso
más íntima y cercana que nunca.
Era el amanecer, y la hora de la verdad había llegado. Los 15 mil soldados
habían sido reunidos y preparados para salir a defender el reino, y evitar su
destrucción. Toda la gente del reino se había reunido para darnos la despedida,
enviándonos buena fortuna, y orando para que obtuviéramos la victoria en esta
guerra tan crucial. Y por mi parte, lo último que vi antes de partir, fue a Haou
despidiéndose también. Moviendo su brazo de lado a lado, reuniendo toda su
fuerza para mantener su sonrisa, me vio partir hacia el sur, en donde nos
enfrentaríamos a una dura batalla.
Estuvimos caminando 7 días desde el amanecer al atardecer, usando la noche
como nuestro único momento para descansar y recuperar nuestra energía. Aun
con el sol brillando con fuerza, y una velocidad rápida con la que avanzábamos,
mi cuerpo en ningún momento se sintió agotado. Pero lo que, si pude notar, era
como la tensión en el ambiente aumentaba más y más. No era la única persona
que se encontraba nerviosa por esta campaña. La mayoría de los soldados
también tenían un lugar al cual regresar, que eran sus hogares con sus familias.
Y aunque no quisiera pensar en ello, sabía que ese podría ser el caso con los
soldados del reino del sur.
Pensamientos así hacían que durante esas noches en donde podíamos usar la
calma de la noche para descansar, me dirigía en un lugar alejado de todo el
mundo para obtener un momento de paz y silencio. Esa clase de ambiente era
uno con el que no podía sentirme de manera tranquila. Y si bien la mayoría de
los soldados ya habían sido informados que estaba de su lado, era capaz de
escuchar como algunos todavía hablaban de mí, llamándome un monstruo,
haciéndome sentir como no era una persona bienvenida, o que tan siquiera me
veían como una persona.
Noches como esa, solo hacían que deseara volver a estar junto al lado de Haou.
En esas solitarias, en donde solo miraba al cielo y las estrellas en medio de la
soledad, lo único en mi cabeza esa él. Pero, sabía que esto era importante, que
tenía una responsabilidad que cumplir, así que eso me daba la fuerza seguir en
este lugar, y no salir volando para regresar junto a él. Y ese mismo pensamiento,
es el que usaría para poder luchar en la batalla que se acercaba, aun si eso
implicaría acabar con las vidas de otras personas.
Después de esos 7 días, nos terminamos encontrando en el horizonte con unas
colinas. Y detrás de esas colinas, sabíamos que se encontraba el reino que
debíamos detener para acabar con todo esto. El problema fue, que esas mismas
colinas estaban siendo protegidas por un enorme grupo de soldados. Además, si
bien había un valle en frente de nosotros, a nuestra izquierda y derecha estaban
bloqueadas por terreno irregular lleno de árboles. Por lo que podía ver, sus
números eran aproximadamente también de 15 mil. Pero antes de que
pudiéramos prepáranos de cualquier manera, vi como ese ejercito comenzó a
dirigirse a nosotros corriendo a toda velocidad.
Al darse cuenta de ello, escuche como es que los 2 generales también habían
ordenado a las tropas comenzar. Podía sentir como es que muchos estaban
realmente tensos, pero cuando se dio la orden, esa misma tensión se convirtió
en adrenalina que los empujo también a avanzar. Y yo al estar en frente, no tuve
más opción que avanzar junto a ellos también.
Con mis propios ojos, pude ver cómo es que miles y miles de soldados
avanzaban a toda velocidad con la intención de matar a sus enemigos, y eso
culmino en ver cómo es que ambos grupos chocaron con suficiente fuerza para
aplastar a las personas que habían sido suficientemente desafortunadas para
estar en las líneas frontales, siendo yo una de ellas. Era la primera vez que había
visto algo así en mi vida, y algo que, a pesar de estarlo viviendo, se sentía irreal.
Los generales estaban tratando de dar órdenes para indicarles a las tropas que
es lo que debían hacer, pero esas palabras no llegaban a registrarse en mi
cerebro. Hubo un momento en donde solo me pude quedar de pie, y miré a mi
alrededor. Soldados que terminaban siendo atravesados por lanzas y espadas,
cuerpos cayendo al suelo solo para que otra persona se parara de pie sobre
ellos, sangre siendo derramada izquierda y derecha. Esto era el campo de
batalla. No importaba si habías visto a tu compañero morir a tu lado, o si habías
acabado con la vida del enemigo en frente de tu rostro. Parecía que el único
pensamiento que parecía correr por la mente de todos en este lugar era matar
para sobrevivir.
Lo que finalmente hizo que saliera en ese momento de trance, fue escuchar
cómo es que alguien parecía haberse acercado a mí. Al girar mi rostro, lo que vi
fue a un soldado enemigo de pie con su espada y su escudo. Pero lo que más me
sorprendió, fue el genuino miedo y confusión que podía ver en sus ojos.
Probablemente no sabía a lo que se estaba enfrentando, pero sabía que lo que
tenía que hacer era matarme. Luego, en un instante vi cómo es que ese miedo
se convirtió en la decisión, la misma que uso para correr hacia mí con su espada
con la intención de atravesarme con ella mientras gritaba con toda la fuerza de
sus pulmones.
Ese grito fue lo que hizo que esos instintos de batalla que me habían sido
inculcadas actuaran. Con mi mano izquierda tome la hoja de la espada con
fuerza, haciendo que se detuviera en seco. Y durante un instante, lo que
probablemente fue menos de un segundo, pude ver a ese mismo soldado cara a
cara. Y en sus ojos vi lo que era el puro terror. Era la mirada de un hombre que
sabía que estaba a punto de morir.
“¡Un monstruo!”
Esas fueron las últimas palabras que escuche antes de que mis garras
terminaran cortando su cuello, haciendo que su sangre saliera a chorros,
cubriendo primero mi rostro, y luego el suelo cuando su cuerpo cayó como un
saco de papas. Aun si trato de cubrir su herida con sus manos, inevitablemente
ya había perdido demasiada ya que la herida era demasiado profunda. En solo
cuestión de segundos, había muerto justo en frente de mí.
Durante unos segundos estuve en shock, viendo como la vida se extinguía frente
a mí. Pero fue cuando vi cómo es que mi mano estaba también estaba llena de
sangre, que finalmente me había dado cuenta de lo que había hecho. De la
misma manera que lo había hecho esa noche en la cual habíamos sido atacados,
mis manos se encontraban llenas de sangre. Solo que ahora, ni siquiera tenía la
oportunidad de pensar en lo que había dicho.
Al darme cuenta, otro soldado había aparecido para atacarme. Logre bloquear
su espada con mi antebrazo, pero eso no logro hacer que se detuviera. Ese
soldado empezó a lanzar ataque tras ataque sin detenerse, con la intención de
matarme. Si bien se encontraba confundido al verme y lo que había hecho, eso
no haría que se detuviera. Utilizaría todas sus fuerzas para acabar conmigo, ya
que se vida dependía de ello. Aun si uno de sus ataques terminaba fallando o
siendo bloqueado por mí, ya se estaba moviendo para lanzar el siguiente.
Fue con eso que finalmente pude recordar en medio de la intensidad de la
batalla. Todo el mundo estaba con el propósito de defender su hogar,
incluyendo el soldado que se encontraba atacándome sin cesar. Todo el mundo
estaba decidido a luchar por ello, y así no perder lo que tanto apreciaban. Y en
mi caso, aquello que amaba y no deseaba perder, era Haou, por lo que debía
reaccionar de inmediato.
En ese momento, finalmente logre concentrarme para lograr detener uno de los
espadazos, agarrando la muñeca del soldado que tenía en frente de mí. Una vez
hice eso, sin más hesitación le quité la espada de la mano, para después cortar
su cabeza con un solo movimiento. Vi cómo es que la cabeza termino rodando
en el suelo y su cuerpo también cayo, pero esta vez, ya estaba viendo cual era el
próximo soldado que se encontraba dirigiéndome hacia mí para atacarme.
Ese fue el ritmo que estuve siguiendo todo el día, únicamente concentrándome
en el siguiente enemigo que aparecería, para acabar con él. Y luego de ese, el
siguiente que aparecería. Fue un ciclo que duro horas y horas. Dejando que mi
cuerpo terminara lleno de sangre, con la intención de servir como esa espada y
escudo que defenderían la vida de mi amado sin importar que. La batalla duró
hasta el atardecer, en donde ambas tropas terminaron retirándose para poder
descansar.
Durante esa misma noche, se armaron unos campamentos en donde todo el
mundo se reuniría para descansar, alimentarse, atender a los heridos, y contar
cuantos soldados seguían con vida. No solo eso, durante la noche también
fueron enviados espías que se infiltrarían detrás de los campamentos enemigos
para tener una mejor idea de su estado, además de un grupo extra que también
trataría de infiltrarse en el reino, pero eso tardaría más tiempo.
Al contar los números, había sido una batalla en donde por suerte no habíamos
perdido muchas tropas. Todavía quedaban como unos 14 mil soldados
disponibles. Si bien terminamos siendo atacados repentinamente, resistir el
ataque inicial y lograr obtener la ventaja era algo que serviría para mantener la
alta moral de los soldados. Ahora, lo único que había que hacer, era hacer
exactamente lo mismo durante los siguientes días, hasta que los números
enemigos se hayan reducido lo suficiente para forzarlos a retirarse, permitiendo
atravesar las colinas y llegar hasta el castillo. Los bosques a nuestros lados
serian algo que podríamos usar para hacer que esos soldados lograran infiltrarse
sin ser detectados.
Con un objetivo claro, todo el mundo trato de descansar, tanto física como
mentalmente, para poder continuar con la batalla el siguiente día. Y dentro de
esas personas, también estaba yo. Había sufrido el shock inicial del primer día
de la batalla, pero había logrado superarlo para poder continuar. También me
dio el tiempo de reflexionar acerca del cuerpo que tenía, y de lo que era capaz.
Aun después de pasar un día entero luchando, era incapaz de sentir cualquier
clase de agotamiento físico. No solo eso, pero también había sido capaz de
detener una espada con mis manos desnudas.
Si bien este era un cuerpo frio y que había sido creado para ser un arma, me
podía dar cuenta de lo eficiente que podía ser. Y que esto era algo que podía
usar, mucho mejor de lo que creía. Pero dentro del sinfín de cosas que pasaban
por mi cabeza, un par de palabras terminaron regresando a mi cabeza. Y ahora
que estaba en soledad, en medio de la noche, no podía escapa de esas palabras.
Unas de la cuales no podía escapar de ninguna manera.
“Un monstruo...”
Fue lo único que salió de mis labios, mientras recordaba los ojos de ese primer
soldado que había terminado matando durante el día de hoy. Lo único que pude
hacer, es sentarme en el suelo, abrazar mis piernas y cubrí cuerpo con mis alas
para alejarme del mundo que me rodeaba. Una vez más, el recuerdo de Haou
aparecía en mi cabeza, y mi deseo de estar con él. Recordándolo a él, y esa
noche en la que estuvimos juntos antes de esta campaña, es como pase mi
noche hasta que salió el sol nuevamente.
El mismo ciclo se terminó repitiendo durante los siguientes 4 días. Durante la
mañana en donde el sol salía, las tropas se preparaban, y se dirigían al campo de
batalla. La pelea parecía mantenerse pareja, pero poco a poco estábamos
obteniendo la ventaja. Cada día había un avance mayor, haciendo que las tropas
del sur retrocediesen. Aunque, también notaba como es que más y más tropas
enemigas parecían dirigirse hacia mí para atacarme. Parecían estar
concentrando más y más fuerzas para acabar conmigo, pero eso le daba la
oportunidad al resto de tropas concentrarse en el ejecito enemigo para reducir
sus números. Cada día que pasaba, si bien perdíamos mil de nuestras tropas,
ellos perdían 2 mil. Y en la noche, los soldados trataban de descansar y atender
sus heridas, mientras yo me encontraba en un lugar apartado a solas,
recordando a mi amado Haou.
Fue en el quinto día, que habíamos hecho nuestro mayor avance hasta el
momento. Con los 10 mil soldados que quedaban, habíamos acabado con la
mayoría hasta que quedaran menos de 5 mil. El mayor problema había sido que,
si bien la mayoría de los soldados estaban confiando en ambos generales para
seguir sus estrategias, habíamos perdido a uno de los generales ya que había
muerto en batalla. Era un golpe duro, pero podíamos continuar.
Al obtener la victoria en el quinto día, pude ver cómo es que la mayoría de los
soldados se retiraban para. En esta ocasión, aun cuando los soldados ya estaban
comenzando a retirarse a los campamentos para planear una estrategia, yo
decidí quedarme en el campo de batalla por un tiempo más. Pensando en cómo
nuestro objetivo se encontraba de estas colinas, y solo debíamos cruzarlas para
llegar al castillo, y poder acabar con esto. Pero después, bajé mi mirada y es
cuando pude ver el campo de batalla.
Un campo lleno de cadáveres y sangre, eso fue lo que termine viendo. Cuerpos
por todas partes, pintando la tierra de un rojo intenso. Algunos enteros, y otros
con alguna parte de sus cuerpos cortadas. Pero fue en ese campo, en donde vi
algo que no esperaba encontrarme. Un soldado de rodillas, sosteniendo un
cuerpo. La curiosidad gano sobre mi buen juicio, y decidí acercarme. En este
punto, con sus compañeros ya habían decidido hacer una retirada, por lo cual
dudaba que tuviera cualquier clase de voluntad para seguir luchando.
“Hermano... ¿Por qué tuviste que morir hermano?”
Eso fue lo que escuche mientras caminaba hacia él y veía como es que lagrimas
se derramaban por sus mejillas, solo para después caer sobre el rostro de quien
parecía ser su hermano. Después estar de pie en frente de él, finalmente noto
que no estaba solo. Agarrando un arco y una flecha, apunto una de ellas
directamente hacia mí, teniendo todavía la cabeza de su hermano en su regazo,
negándose a abandonarlo incluso en una situación así.
“¿Qué es lo que tú quieres? No te acerques a mí, te lo advierto.”
Ver cómo es que uno de los soldados aun en una ocasión así, frente a alguien
como yo, solo podía demostrarme cuan cercana pudo haber sido su relación
cuando estaban juntos, y cuanto le debía doler el hecho de haber perdido a una
persona tan cercana. Una de las cosas en las cuales no quería pensar, se
encontraba justo frente a mí. De la misma manera que le estaba arrebatando la
vida a los soldados a los cuales me enfrentaba, también le estaba quitando la
vida a padres, esposos, hermanos, y otras personas. Y era una realidad muy
dura que no quería ver más en ese momento.
“Vete de aquí...”
“Te dije que no estoy asustado de ti. No voy a abandonar a mi hermano de esa
manera, aun si me tengo que enfrentar a algo como tú.”
“¡Dije que te largues!”
En ese punto ya no quería ver más su rostro, o seguir pensando en todas las
consecuencias de haber matado a tanta gente. Aun si lo estaba haciendo por
Haou, muchas personas ya habían muerto en mis manos, y en ese momento no
sabía si sería capaz de cargar la culpa. Por lo que hice lo único que se me vino a
la cabeza. Di un fuerte pisotón en el suelo, y saqué mis garras para demostrar
que estaba hablando en serio en este momento.
“Tu hermano ya está muerto. Carga con su cadáver para entregárselo a vuestra
familia si deseas, pero vete de aquí. Todavía estas en el campo de batalla. ¡Si no
deseas seguir luchando, entonces lárgate en este instante!”
En ese punto el soldado respondió con miedo, pero parecía finalmente haber
entendido el punto. Guardo su arco y flecha, y usando las pocas fuerzas que le
quedaban, subió el cuerpo de su hermano en su hombro, para poder llevárselo
de este valle lleno de muerte. Una vez vi cómo es que se alejaba, simplemente
me di la vuelta, para poder regresar al campamento. Seguir en este valle era lo
último que deseaba en este momento.
Fue caminando hacia el campamento, que me encontré con algo que no
esperaba ver, en especial en un lugar como este. De una carroza real, vi a Haou
salir, en un lugar tan peligroso como este. Inmediatamente me di prisa, usando
mis alas para ir hacia donde él estaba, y detenerme justo delante suyo. Si bien
este era un lugar en donde no debía estar, también me encontraba realmente
feliz de que poder verlo de nuevo. Ante esto, un tono de voz preocupado fue lo
que termino saliendo de mi boca.
“Haou, ¿qué haces aquí? Deberías estar en el castillo. Un campo de batalla no es
un lugar en donde alguien tan importante como tu debería estar.”
“Lo sé, tengo muy claro que estar aquí es muy peligroso. Pero, aun si fuera
imprudente, pensé que sería buena idea venir a este lugar para subir la moral
de todos los soldados. Eso te incluye a ti, Yubel.”
Fueron las palabras que escuche de él mientras de manera gentil tomaba mis
manos, permitiéndome sentir ese calor que me revitalizaba por completo. Si,
era una decisión imprudente, pero en ese momento, era completamente
incapaz de sentirme molesta. Después de tantos días en donde me enfrentaba
batalla tras batalla, y tantas noches en donde me sumergía en mi soledad, poder
ver la persona que más amaba me brindaba una sensación de tranquilidad que
tanto necesitaba.
Aunque, momentos después uno de los generales que estaban liderando esta
campaña, termino apareciendo con una expresión seria y preocupada. No solo
eso, a pesar de tener unas cuantas heridas que lucían serias, se encontraba
frente a ambos, haciéndose ya una idea de la verdadera razón por la cual Haou
había venido. Pero antes de que pudiera decir cualquier palabra, Haou fue la
primera persona en hablar.
“General, no es necesario que diga nada. Lo tengo más que claro. Lo único que
le pido, es que me de unos cuantos minutos, y regresare al castillo de
inmediato. Me enfrentare a las consecuencias en su debido momento. Pero, en
este instante solo le pido que nos dé un momento juntos.”
El general al ver que había sinceridad en los ojos de Haou, decidió ceder, al
menos por un corto momento. Solo hizo una referencia hacia Haou, y se dio la
vuelta, probablemente para organizar una estrategia con la cual pudiéramos
hacer la invasión del castillo. Eso hizo que sintiéramos una gran sensación de
alivio. Una vez nos habíamos encargado de ello, sentí como es que Haou
empezó a jalar una de mis manos para guiarme.
“Ven conmigo Yubel. Hay algo que deseo preguntarte.”
Seguimos caminando hacia donde el me guiaba, que fue cerca del campo de
batalla. Una vez al detenernos, en sus ojos podía notar una expresión de
intranquilidad y preocupación. El ver esta clase de panorama, debía ser algo que
generaría un shock a cualquiera, o al menos una sensación de ansiedad y horror.
Esto debía ser algo que él no deseaba ver, pero también era su responsabilidad
conocer este tipo de cosas.
“Dime Yubel... ¿Te encuentras bien?”
Una pregunta un tanto inocente, pero entendía muy bien el peso de esas
palabras. También fue algo extraño, ya que desde el momento que había salido
del castillo, no me había preguntado si estaba bien.
“No se si bien es la palabra que usaría, pero al saber que estas aquí, me siento
mucho mejor que antes. Aunque debo preguntar, ¿cómo fue que lograste llegar
a este lugar?”
“Bueno, mi padre el Rey jamás me permitiría hacer algo como esto, pero me las
arregle para conseguir un carruaje y un par de personas para que me trajeran.
Fueron un par de días de viaje, pero al no poder dejar de pensar por lo que
podrías estar pasando, sabía que debía hacer algo para apoyarte en un
momento así, no importa que tan irresponsable pudiera ser.”
En ese momento, podía imaginarme que el Rey debía sentirse realmente
preocupado. Las noticias de que Haou había desaparecido seguramente habían
causado un alboroto en el castillo. Pero había una parte de mí, que no le
importaba fuera eso. Tenerlo a él, me brindaba una sensación de calma y
claridad inigualable a cualquier cosa en este mundo. Era él la razón por la cual
podía seguir adelante.
“Fueron unos días difíciles. Estar en medio de un campo de batalla es
completamente diferente a los entrenamientos que tuve en el pasado, en
especial por el hecho de que tuve que matar gente con mis propias manos. Si
bien no fue la primera vez que tuve que asesinar a alguien, es la primera vez que
pude ver realmente las consecuencias de mis acciones. Tener que acabar con la
vida de alguien, y no solo verlo a los ojos mientras se desangra, o ver cara a cara
las repercusiones que actos así tendrán. Tal vez... tal vez...”
En ese momento, estaba recordando vivamente no solo la imagen de aquel
soldado con el cadáver de su hermano, o la imagen del primer soldado que tuve
que matar al inicio del primer día. En mi mente estaban pasando imágenes de la
primera persona que tuve que matar ese día en el que fuimos atacados. No solo
eso, también las imágenes de todos los soldados que murieron a mis manos. Al
mismo tiempo, me imaginaba sus familias que ya no serían capaces de reunirse
con ellos, todo porque murieron en mis manos. Murieron usando este cuerpo
que se me había otorgado. Tal vez... tal vez si era un monstruo como todo el
mundo me había llamado hasta ese momento.
“Yubel, quiero que me escuches bien. Tu jamás serás-”
Antes de poder terminar esa frase, escuche un sonido de arbustos y ramas
moviéndose. Y al girar mi vista, lo que vi cómo es que alguien había disparado
una flecha. Pero, lo que hizo que verdaderamente me horrorizara, fue el ver
cómo es que esa flecha se había clavado en el pecho de Haou. El amor de mi
vida, la única luz en mi existencia, el origen de la fuerza que usaba para seguir
adelante, lo vi caer en seco al suelo, y ver cómo es que se empezaba a
desangrar.
“¡HAOU!”
Grite con toda la fuerza de mis pulmones mientras me ponía de rodillas y
sostenía gentilmente su cabeza. Fue ahí cuando vi que ya se encontraba
inconsciente. Esto no podía ser. Esto no podía estar pasando. El no, de todo el
mundo, él era la única persona que no deseaba que muriera. Esto era una
pesadilla, o una clase de cruel broma. Esta no podía ser la realidad que me
encontraba viviendo. Me rehusaba a creerlo.
“HAOU, POR FAVOR RESPONDEME. NO TE MUERAS POR FAVOR. ¡Medico! Por
favor alguien traiga un médico. Si no hacemos algo rápido. Haou... Haou morirá.
Por favor alguien que nos ayude.”
Sin siquiera darme cuenta, lágrimas y lágrimas caían por mis ojos mientras
suplicaba por ayuda. En ese momento no me importaba más. Todas esas
promesas, todas esas declaraciones de amor, no podían acabar de esta manera.
Si perdía a Haou, ¿cómo se supone que podría seguir viviendo? Ver su rostro
con esa expresión, y con esa flecha en el pecho, al tratar de tocarla, solo
termine llenando mis manos de sangre. Y al ver ese color rojo, al saber que la
sangre que ahora tenía en mis manos era de la persona que me había salvado
del abismo más profundo, sabía que iba a caer de nuevo en él, pero esta vez sin
nadie que me pueda salvar o que estuviera allí para ayudarme.
Después de gritar con todas mis fuerzas, y de estar llorando mientras sostenía a
mi amado con mis brazos, terminaron apareciendo el general junto a un grupo
de soldados que formaban parte del equipo médico. Al ver a Haou en ese
estado, también estaban horrorizados. Con lágrimas en los ojos, solo les podía
rogar que encontraran la manera de salvar su vida. No importa que pasara, él no
podía morir.
“Haou, por favor. Tienes que sobrevivir. Tú lo prometiste... Prometiste que, si
estábamos juntos, todo estaría bien. Haou...”
Después de darle un último beso, para al menos poder sentirlos una última vez
en el caso de que lo peor ocurriera, vi cómo es que era levantado
cuidadosamente por el equipo médico para llevarlo a la carroza real. Si los
caballos iban a toda velocidad, tal vez, tal vez todavía había esperanza de que
sobreviviera si lo llevaban al castillo a tiempo. Era la única esperanza que tenía,
para que todo el mundo no se derrumbara frente a mis ojos. Sentía tanta
desesperación, que solo podía seguir de rodillas y seguir llorando,
preguntándome porque esto tuvo que haber pasado.
Fue en ese momento, que me di cuenta de algo, y en ese instante, toda esa
desesperación, se transformó en ira. Una ira tan fuerte y tan intensa que ya no
era capaz de controlarla. Alguien había lanzado esa flecha, y había venido desde
los árboles. Quien sea que la haya lanzado, iba a pagar por lo que había hecho.
Herir a la persona que más amaba en toda mi vida, la que valoraba su vida por
encima de la mía. El hecho de que alguien se haya atrevido a herir a Haou.
“¡IMPERDONABLE!”
Mis alas se extendieron como nunca lo habían hecho nunca, y emprendí vuelo
para atrapar al responsable de esto. Quien sea que haya sido, pagaría con su
vida. Tendrá que pagar por lo que había hecho con su sangre. Como un halcón
bajando hasta el suelo para atrapar a su presa, me dirigí en picada desde el cielo
y volé entre las ramas y árboles, viendo de inmediato a la persona que estaba
corriendo con un arco en su mano. Lo tome de sus hombros y enterré mis garras
para evitar que se escapara, tacleando su cuerpo en el proceso. Y al finalmente
detenerme, no pude creer lo que estaba viendo.
“¡Tu! Después de lo que hice por ti, después de haberte perdonado la vida.
¡¿Como te atreves?!”
Tomándolo con mi mano izquierda del cuello y levantándolo del suelo para ver
su rostro mejor, era él. Era el hombre al cual le había personado la vida.
Después de haber visto como lamentaba la muerte de su hermano y de darle la
oportunidad de al menos poder recuperar su cadáver. ¿Realmente había
decidido abandonarlo de esa manera, para algo así? Esa ira solo podía volverse
más y más intensa con cada segundo que pasaba. Ni siquiera podía concebirlo.
Esas lagrimas que él había derramado, ¿acaso no habían sido para nada?
“Grandísimo imbécil. Solo tenías que haber regresado con tus camaradas para
darle un entierro digno a tu hermano. Solo tenías que regresar. Pero tu... Tú te
atreviste a.…”
Con solo pensar en ello, ya sentía como es que estaba a punto de llorar. Tan
siquiera pensarlo era demasiado doloroso. Pero, rápidamente ese sufrimiento y
dolor sirvieron para aumentar las llamas de mi ira. Unas llamas tan fuertes, que
en este mismo estaban ardiendo peor que el mismísimo infierno.
“Monstruo... Eres un monstruo...”
Eso fue lo único que podía decir con la poca fuerza que tenía, ya que en ese
momento se estaba asfixiando por el agarre de mi brazo. Por más que trataba
de luchar o escapar, era inútil. Aunque tuviera que perseguirlo hasta el final del
mundo, no dejaría que escapara. Pero fue cuando escuché lo que dijo, que no
pude resistir más. Usando mi diestra, saqué mis afiladas garras, y de un solo
movimiento atravesé su pecho con un movimiento de mi mano.
Una muerte como esta era demasiada rápida, pero era la única que era capaz de
satisfacerme en este momento. Mientras sostenía su corazón de mis manos, vi
cómo es que la vida desapareció de sus ojos, y su cuerpo dejaba de moverse.
Hubo ciertos reflejos post mortem que se dieron, pero aparte de eso, había sido
una muerte inmediata, en especial por el hecho de que ahora su corazón se
encontraba en la palma de mi mano.
“Imbecil...”
Era lo único que podía decir en este momento. La única forma que tenía ahora
de satisfacer esos deseos que poseía en este momento, fue aplastando ese
corazón en la palma de mi mano, hasta el punto de que se despedazó por
completo. Pero, aun así, no era suficiente. No podía ser suficiente. Fue en ese
momento que mis pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de otro
arbusto moviéndose. Al darme cuenta, lance el cuerpo lejos y busque de donde
venia ese sonido. Pero lo que me encontré, fue a uno de los espías que
habíamos enviado, completamente aterrado.
“Por favor, no me hagas daño. Traigo terribles noticias. Algo terrible ha
ocurrido.”
Por la manera en cómo estaba actuando, no sabía si la razón por la cual se
encontraba preocupado era por las noticias que había traído, o por la manera
en que me termino viendo acabar con la vida de alguien. Pero en un momento
así, no había manera de que algo así me importara.
“Dime de inmediato que está pasando, que sea rápido y breve.”
“Todo esto, ha sido una trampa. El número de soldados enemigos era mucho
mayor del cual habíamos calculado. Las tropas enemigas no eran solo 15 mil.
Dentro de la ciudad se encuentran más de 50 mil soldados en total. Y la razón
de esto es... ¡Las ciudades del Sur, Este y Oeste han formado una alianza para
acabar con nosotros!”
Al escuchar eso, fue como si toda esperanza que tenía hasta ese momento se
hubiera desplomado y desaparecido en un instante. ¿Cómo es que esto era
posible? ¿Una alianza de 3 reinos era tan siquiera posible? ¿Cómo es que había
ocurrido algo así? Con solo pensar en ello, hacia que empezara a apretar mis
dientes. Si ese era realmente el caso, esta batalla estaba perdida desde un
inicio. Todo esto había sido una trampa.
Pero fue en ese instante, que me di cuenta de algo. Si perdíamos esta batalla,
perderíamos la guerra. Y al hacer eso, el reino del Norte estaba perdido. Solo
bastaría reunir todas las tropas para hacer un ataque y perderíamos
absolutamente todo. Y eso significaba, que no solo perdería el lugar en donde
había vivido tantos años. Junto con él, perdería también a Haou. Y fue eso, lo
que me hizo darme cuenta de lo que debía hacer. Solamente había una salida
para esto.
“Esto es malo. Mi equipo completo termino siendo asesinado al tratar de
escapar de la ciudad. Probablemente ya están preparando sus tropas para
reunir a los soldados. Hay que advertirle al resto de inmediato.”
“Envíale al general este mensaje. Diles que mantengan a todas las tropas en
posición. Yo seré la que me encargare de esto.”
“¿Has perdido la cabeza? Son más de 50 mil soldados. No importa si eres un
monstruo, no hay manera de que puedas con tantos."
“Escúchame bien. Ya te dije lo que tienes que hacer, así que es mejor que no
pierdas el tiempo. Y hagan lo que hagan, no se acerquen al castillo.”
Le había dicho mientras lo agarraba de la ropa hasta el punto de que lo estaba
levantando del suelo, y lo miraba directamente a los ojos con unos ojos que
dejaban más que claro que este momento ni siquiera yo sabía de lo que era
capaz de hacer después de lo que había ocurrido. Solo sabía que, por el bien de
ellos, era mejor que no se acercaran. Luego de eso, lo solté de mis manos, y vi
cómo es que corría con todas las fuerzas que tenía.
Al ver cómo es que salía corriendo, era momento que yo también me pusiera en
marcha. Inmediatamente, me propulse con mis alas para salir de ese grupo de
árboles, y llegar hasta el tope de una de las colinas. Y ahí fue cuando los vi, un
enorme grupo de soldados que era mucho más grande al que me había
enfrentado. Las mismas personas que habían sido responsables de haber
causado tantos ataques. Los mismos trataban de destruir el único lugar al cual
podía llamar hogar. Los mismos que habían sido responsables de que Haou
estuviera herido.
“¿Cómo se atreven? ¿Cómo se atreven?...”
Sentía esa misma ira crecer nuevamente dentro de mí. Apretaba los dientes con
fuerza, mis músculos se tensaban hasta el punto de que empezaban a crecer. La
imagen de Haou siendo herido por una flecha, y la de su sangre en mi mano, eso
era lo único que se repetía una y otra vez en mi cabeza mientras hasta que mi
ira creció hasta el punto de no retorno.
“¡¿COMO SE ATREVEEEEEEEEEEEEEEN?!”
Dejando que todas mis emociones se desataran sin ninguna clase de intención
de controlarlas, di un grito desde lo más profundo de mi alma, que se
transformó en el rugido de un dragón. Sin perder un instante más, subí a los
cielos con el batir de mis alas, y fui en picada directamente hacia ellos con la
intención de acabar hasta con el último soldado que estuviera con vida. Por
haberse atrevido a herir a la persona más importante en mi vida, a mi amado
Haou, la muerte era el único destino que les esperaría.
Llegué hasta el grupo de soldados que estaban desprevenidos, y al primero que
vi lo encontré para enterrar mis largas y afiladas garras, y enterrarlas en sus
hombros mientras lo tumbaba al suelo. Luego, igual que un lobo con su presa,
abrí mis mandíbulas lo más que pude, para enterrar mis colmillos en su cuello, y
de un solo mordisco arrancar su yugular e incluso su tráquea. La sangre empezó
a esparcirse por todos lados, cubriendo mi rostro y alertando a todas las tropas
que se encontraban bajo ataque.
“Alerta, estamos bajo ataque. Todas las tropas en posi-”
Al escuchar a alguien hablar, mi primera reacción fue ir directo a esa persona.
En un instante ya nos encontrábamos cara a cara, y antes de que tan siquiera
pudiera terminar su frase, use mis garras para tomar su cabeza del rostro. Antes
de darle tan siquiera la oportunidad de gritar, enterré mis garras y cerré mi
puño, destruyendo por completo su rostro, haciendo que toda la sangre e
incluso partes de su cerebro terminaran escurriéndose y salpicando por todos
lados.
En mi cabeza solo había un pensamiento, y era el de matar. Matar a todos los
soldados que tenía a mi alrededor. Matar a todos aquellos que se atrevieron a
involucrarse en esta guerra para tratar de destruir todo lo que conocía. Matar a
aquellos que se atrevieron a hacerle daño a Haou. Y para ello, iba a usar este
cuerpo que se me había dado como el arma que usaría para acabar con la
existencia de todos aquellos que se atrevieron a hacer algo tan imperdonable. Y
con eso, les hacía sufrir toda mi ira sin ninguna piedad.
Podía sentirlo, y olerlo. El aroma a miedo que venía por parte ellos. Mientras yo
me encontraba lanzando zarpazos tras zarpazos con mis garras para masacrar a
toda persona que me encontraba de frente, podía sentir como es que se sentían
asustados. No importaba que trataran de rodearme y sacar sus armas para
atacarme, unos tras otro se terminaban cayendo con mis ataques, empezando a
pintar el suelo de rojo con su sangre.
“¿Dónde están los refuerzos? Los necesitamos de inmediato.”
Había dicho un soldado, antes de dirigirme hacia él y enterrar ambas manos
dentro de su estómago. Luego, de un fuerte y rápido movimiento separe ambas
mitades de su cuerpo, dejando caer todos los órganos e intestinos en el suelo, y
lanzando ambas mitades lejos una de la otra.
“Es un monstro. Es un verdadero monstruo.”
Al escuchar a otra persona hablar, salte hacia ella para poner su cara contra el
suelo mientras avanzaba volando por encima del suelo. Al mismo tiempo, solo
veía como es que su cara y su cuerpo se estaban deshaciendo al estar frotando a
tanta velocidad su rostro contra el suelo de tierra ya manchado de sangre. Al ver
que ya estaba muerto, solo lancé su cadáver contra el muro del reino tan fuerte
que se terminó estrellando, y se despedazo por completo.
Así continué, vida tras vida acaban en mis manos. No importaba que tanto
suplicaran o gritaran por piedad, nunca llegarían a ver algo así. La muerte era a
lo que todos enfrentarían cuando acabara una a una con cada una de sus vidas,
y lo haría utilizando este cuerpo. De una extraña manera, todo se sentía tan
fluido, tan natural. Por primera vez, había alcanzado un nivel de sincronía con
mi cuerpo que nunca había experimentado. Todo esto, mientras acababa con
hordas y hordas de soldados que trataban de rodearme, pero cuyos esfuerzos
para detenerme eran en vano. Estas llamas que habían encendido ahora no
serían capaces de extinguirlas hasta que yo haya consumido todo lo que
estuviera en mi camino. Hasta que yo les enseñara en carne propia todo el daño
que habían hecho, multiplicado por millones.
El manchar mis manos con la sangre de mis enemigos, y acabar con sus vidas se
sintió como algo tan natural, que podía sentir como es que mi cuerpo estaba
respondiendo a mis deseos a nivel que no estaba esperando. Sentía como es
que mis músculos crecían para darme más fuerza, como mis garras se volvían
más largas, y como es que mis colmillos se volvían más afilados. En cierto punto,
incluso con solo imaginar en tener las cabezas de 2 dragones en mis hombros,
terminaron saliendo de inmediato. No solo ello, también se movían acorde a
mis deseos para atacar a más soldados que se encontraban cerca.
Con cada instante que pasaba, mi cuerpo terminaba mutando y creciendo más y
más para cumplir mis deseos de seguir masacrando a todo soldado que me
encontrara de frente. Y fue en medio de este caos, de esta masacre, de esta
matanza, que sentí como es que tuve una epifanía, que había dejado todo claro.
Mientras escuchaba los gritos de dolor, escuché esas palabras repetirse una vez
más, y finalmente entendí mi verdadero deber. Y al hacerlo, solo pude decirme
a mi propia persona mientras seguía aplastando a todo soldado y carruaje que
me encontraba, llegando a destruir uno de los muros para entrar a la ciudad.
“Ahora entiendo todo. Así que esto es lo que verdaderamente soy. Soy... un
monstruo. Para esto fue que me dieron este cuerpo. Este es el deber que tengo
que cumplir, para así proteger a Haou.”
En ese momento, recuerdos de la promesa que le había hecho al Rey habían
aparecido en la cabeza. Le había prometido que acabaría con todo peligro que
se encontrara en mi camino, que haría lo que fuera para proteger a Haou, no
importa que fuera. Y era por no haber cumplido esa promesa, que Haou había
terminado herido. Si tan solo hubiera matado a ese soldado, Haou estaría sano y
salvo. Pero ahora, ya no cometería ese error. Nunca más.
“Un monstruo no necesita de sentido de la moralidad. No necesita piedad. No
necesita mostrar remordimientos al acabar con todo lo que se encuentre en su
camino. Haou, si es por ti, dije que haría lo que fuera necesario, pero ahora
realmente entiendo lo que significa. Si es en nombre de nuestro amor, me
convertiré en ese monstruo que está destinado a ir al más profundo de los
infiernos por las atrocidades que cometerá. Seré la bestia más vil y atroz si eso
significa que tu no tengas que caminar el mismo camino que yo recorreré.
Manchare mis manos una y otra vez si eso significa que las tuyas se mantengas
limpias y pulcras. Yo, Yubel, me encargare de convertiré en un monstruo, si eso
significa que tu jamás tendrás que hacerlo.”
Diciendo esas palabras, continúe avanzando a través de la ciudad mientras me
defendía de los ataques que se volvían más intensos y numerosos de los
soldados. En este punto, podía notar como es que una gran parte de las tropas
se encontraban atacándome, pero no era suficiente. Para ello, ya había puesta
mi vista en el castillo del reino.
“Haou, por favor, espera por mí. Me encargaré de acabar con todo esto, así que
por favor no mueras.”
….............................................................................................................................
Era de día en el castillo, el sol brillaba con fuerza sobre el reino que todavía
esperaba el regreso de la caballería que había luchado para mantener la paz en
el reino. Al mismo tiempo, en el castillo se mantenía un aura de tensión. Los
miembros de la corte real sabían que este era un momento crucial, y que ese
acontecimiento decidiría el futuro no solo de este reino. También decidiera el
del resto. Pero, esto no era lo único que mantenía las mentes de todo el reino
en una inquietud que era palpable en el aire.
Hace un par de días, había llegado al palacio unas noticias terribles. El cuerpo
del príncipe había aparecido en una carroza real, con una herida en el pecho
que podía ser mortal. Después de haber viajado por kilómetros a toda
velocidad, el príncipe estaba en un estado terrible, estando entre la vida y la
muerte. Los guardias habían hecho todo lo posible para contener la hemorragia
lo mejor que pudieron, pero ese fue el límite de sus habilidades.
La vida del príncipe era extremadamente valiosa para el reino, y por lo tanto su
muerte debía evitarse a toda costa. No solo eso, cualquier posible noticia de lo
que había ocurrido debía ser evitado, para que todo el reino no cayera en un
caos. La gente ya se encontraba pasando por todo tipo de dificultades por el
hecho de que las tropas se encontraban luchando la batalla más importante en
la historia del reino. Hacer que supieran algo así, haría que las cosas se pusieran
mucho peor.
Lo único que se supo después, es como es que el príncipe fue llevado a su
recamara, y un grupo de personas con toda clase de herramientas se les había
permitido la entrada. Cubiertos con capuchas negras, y hablando entre ellas con
un lenguaje que nadie podía reconocer, entraron en la habitación para
encargarse de salvar la vida del príncipe. Las únicas ordenes que terminaron
recibiendo tanto los guardias como el resto de las personas dentro del castillo,
fue nunca hablar acerca de lo que había ocurrido, o acerca de las personas que
algunos vieron dirigirse hacia donde el príncipe se encontraba en un estado
crítico. En el caso de desobedecer esas órdenes, serian ejecutados
inmediatamente. Esas fueron las órdenes del Rey.
Pasaron un par de días, y como si fuera alguna clase de milagro, el príncipe
había logrado sobrevivir. Reposando en cama después de haber estado tan
cerca de la muerte, era un verdadero alivio para la gente del castillo. Después
de 2 días en donde todo el mundo esperaba que el príncipe finalmente
recuperara la consciencia, finalmente se encontraba en un estado estable,
yendo en un camino en donde llegaría a una recuperación total.
Despertando de ese profundo sueño, abrí mis ojos lentamente, recibiendo la luz
del sol directo en mi rostro a través de una de las ventanas de la habitación. Me
sentía confundido y mareado, ya que no sabía en donde me encontraba. No fue
hasta que miré alrededor, que me di cuenta en donde estaba. Era la habitación
real en donde yo descansaba. La pregunta era, porque me encontraba en este
lugar. Estaba tratando de recordar que es lo que estaba haciendo, pero mi
memoria se encontraba un poco borrosa al recién haberme levantado.
“Su majestad, que alegría ver que se encuentra bien. Todo el castillo se
encontraba preocupado por su estado, así que el verlo consciente nuevamente
es un alivio para todos.”
¿Qué fue lo que había dicho? ¿Por qué la gente se encontraría preocupada por
mí en primer lugar? Antes de poder seguir haciéndome estas preguntas, fue
cuando sentí un leve pinchazo en el pecho. Me senté al borde de la cama, y vi
cómo es que mi torso estaba cubierto completamente por numerosos vendajes.
El ver los vendajes hizo que me confundiera incluso más, pero segundos
después, fue cuando todo había regresado en mi memoria de golpe.
Yo me encontraba en el campo de batalla en donde las tropas se encontraban
peleando contra el Reino del Sur para asegurar la supervivencia de nuestro
propio reino. Pero súbitamente sentí como es que una flecha termino atinando
a mi pecho, y en ese punto fue donde había quedado inconsciente. Pero
momentos antes, yo me encontraba haciendo algo más. Y fue en ese preciso
instante, que sentí como es que una gran sensación de urgencia surgió dentro
de mí.
“Guardia, necesito que me informe acerca del estado con respecto al estado de
la batalla contra el Reino del Sur. No solo eso, también quiero saber toda
información que sepamos acerca de Yubel, una de las personas que está
participando en esa campaña. Necesito saberlo lo antes posible.”
Yo me encontraba hablando con Yubel justo antes de ser atacado, por lo que
tenía que saber cómo es que se encontraba lo antes posible. Después de lo que
había ocurrido, sabía que Yubel debía encontrarse en una posición muy delicada
y posible. Era tanta mi preocupación, que termino notándose claramente en mi
rostro, lo cual es algo que pudo ver el guardia claramente.
“A la orden, su alteza.”
En ese momento, el guardia salió de inmediato de la habitación para que me
pudiera traer las noticias que le había pedido. Fue entonces, que yo aproveche
para levantarme de la cama y comenzar a vestirme. Todavía me hacía falta algo
de fuerza, pero no podía simplemente quedarme en cama y hacer nada. Tarde
unos cuantos minutos, pero logre vestirme por completo a pesar de la herida
que había sufrido. Luego, escuche como es que alguien había abierto la puerta,
y era ese mismo guardia. Pero, la expresión en su rostro y la manera en cómo
sudaba me daba un mal presentimiento.
“Su majestad, hemos recibido esta información justo hace unos momentos. Se
nos ha informado que la victoria en esta guerra ha sido nuestra. Hemos logrado
derrotar y conquistar el Reino del Sur de manera total y absoluta. No solo eso,
también hemos recibido mensajeros por parte de los reinos del Este y del Oeste
diciendo que piensan rendirse de manera incondicional.”
Escuchar esa clase de noticias tan súbitamente me hizo quedar en shock. Eran
excelentes noticias saber que habíamos ganado esta batalla. ¿Pero por qué es
los reinos del Este y el Oeste se estaban rindiendo también? Aun si hubiéramos
ganado de manera tan absoluta, el hecho de que nuestras tropas estuvieran tan
lejos solo significaría que cualquiera de los 2 reinos tendría la oportunidad
perfecta de atacarnos.
“¿Qué hay de Yubel? ¿Alguna clase de noticia acerca de cómo se encuentra?”
Fue en ese momento que pude ver cómo es que los nervios de ese guardia
habían alcanzado su punto más alto. Sudando de manera profusa, y con sus
manos incluso temblando mientras mantenía una pose de reverencia, parecía
que no encontraba la manera en cómo decirlo. Incluso su voz parecía estarse
entrecortando un poco.
“Su majestad. Fuimos informados por múltiples mensajeros no solo de nuestro
reino, también los del Este y del Oeste. Lo que ha pasado con Yubel fue que...
Fue que...”
En ese instante, oí por parte del guardia lo que había pasado, y me encontraba
completamente horrorizado por lo que habían escuchado mis oídos. No podía
creer que algo así hubiera pasado. Fue por eso, que sin importar el estado físico
en el que me encontraba, o incluso lo que llegara a decir el Rey, que debía
regresar de inmediato a ese lugar para ir con Yubel, antes que fuera demasiado
tarde, y algo irreversible ocurriera.
Montándome en uno de los carruajes reales, salí del castillo y del reino a toda
velocidad, para dirigirme en dirección al sur. Ordenando que fueran lo más
rápido posible, sabía que tenía que encontrarme con Yubel en este instante. Era
lo único que pasaba por mi mente en este instante. El viaje fue uno que solo
duro unas cuantas horas, pero para mí se sintieron como una eternidad. Solo
podía desear poder encontrarme con Yubel lo antes posible, y ver con mis
propios ojos como se encontraba.
Al llegar a las afueras del reino, nos encontramos con el ejercito que habíamos
enviado, que había formado un área en donde pudieran vigilar la entrada
principal del reino, justo después de haber cruzado las colinas. Habían recibido
la orden por parte de Yubel acerca de que nadie se acercara, y por lo que había
ocurrido, era mejor que nadie se acercara. Pero a pesar de lo que me
terminaron diciendo, sabía que tenía que llegar con Yubel, aun si sonaba como
una locura.
Junto a un par de guardias, decidí bajarme de la carroza, para así dirigirme hacia
la entrada del reino. Fue ahí que pude ver de cerca una vista que era increíble
para mis ojos, aun si la tenía justo al frente. Una gran cantidad de cuerpos por
todos lados. Muchos de ellos con toda clase de heridas, y muchos de ellos con
heridas que no podía imaginarme como tan siquiera habían ocurrido. No solo
eso. Uno de los muros que protegían la ciudad, tenía una gran parte que parecía
haber sido destruido por completo. O incluso peor, las partes que, si se
encontraban erguidas todavía, tenían grandes manchas de sangre por todas
partes.
Algo que volvía más inquietante el ambiente, era la completa ausencia de gente.
La ciudad estaba en completo silencio, sin absolutamente nadie en sus calles.
Con los soldados de nuestro reino fuera, el único ser vivo que parecía estar
dentro de la ciudad, eran los cuervos que habían aparecido para alimentarse de
los numerosos cadáveres que se encontraban dentro de la ciudad. La única
razón por la cual este lugar no parecía alguna clase de aldea fantasma es que se
podía notar como es que recientemente hubo personas en estos lugares.
Mientras seguíamos avanzando a través de las calles, podía ver cómo es que la
cantidad de cadáveres a nuestro alrededor aumentaba más y más. El suelo se
pintaba con ese rojo característico hasta el punto de que el único color que
hacía contraste era el blanco de los huesos provenientes de personas que
habían perdido una extremidad, o los diferentes colores de los órganos de
algunas personas que habían sido completamente despedazas.
Con cada paso que dábamos, y más nos encontrábamos con la masacre y
destrucción que había ocurrido entre más nos acercábamos a la ciudad, mi
ansiedad terminaba creciendo más y más. Mi respiración se agitaba y se volvía
más pesada con cada segundo. Sin darme cuente, ya me encontraba caminando
más rápido mientras entrabamos al castillo, cuyas puertas habían sido
completamente destruidas.
Luego, ese caminar apresurado, termino convirtiéndose en empezar a correr lo
más rápido que pudiera. Aun si estaba dejando atrás a los guardias que me
estaban siguiendo, tenía que encontrar a Yubel lo antes posible. Ignorando los
numerosos cuerpos que había por todas partes, cruce los numerosos pasillos del
castillo, gritando su nombre para ver si eso hacía que le encontrara más pronto.
Tratando de ignorar ese leve dolor en el pecho que sentía por hacer tal
esfuerzo, seguí buscando a través del castillo, abriendo cada puerta y revisando
cada habitación que me encontraba.
Fueron después de varios minutos de desesperación, que me termine
encontrando con un par de puertas enormes, las cuales termine abriendo
súbitamente. Estas me terminaron llevando hasta el salón real, en donde
termine viendo algo que horrorizaría y dejaría en un absoluto shock hasta la
parte más profunda de mi ser. Una vista tan horrible, que sabía que era algo que
jamás olvidaría por el resto de mi vida.
En ese momento, pude ver como el salón real se encontraba lleno de pilas y
pilas de cadáveres. No solo eso, las paredes, e incluso el techo se encontraba
manchado con sangre y restos humanos. Los cuerpos estaban tan
despedazados, que ya ni siquiera parecían cuerpos. Eran solo un montón de
órganos, huesos, extremidades y cabezas que cubrían a diestra y siniestra todo
el piso. Todos los cadáveres habían sido completamente despedazados hasta el
punto de que ya ninguno era reconocible como una persona que estuvo viva.
Y en medio de ese salón, podía ver cómo es que Yubel se encontraba en el
medio. En medio de tan horripilante escena, se encontraba la persona que más
amaba en este mundo, completamente cubierta de sangre, y con una mirada
perdida en el vacío. Aun después de haber hecho un sondo tan alto al abrir las
puertas, parecía que no me había escuchado. Casi parecía que su mente se
encontraba en el limbo.
Instantes después, terminaron apareciendo ese par de guardias que me estaban
siguiendo, y ellos también terminaron en shock por lo que se encontraban
viendo. Pude escuchar cómo es que uno termino cayéndose sentado en el suelo
de lo sorprendido que se encontraba, mientras que el otro no pudo contener el
asco y termino vomitando todos los contenidos de su estómago. Pero yo, yo
solo podía ver a Yubel directamente a los ojos, esperando que me respondiera.
“¿Yubel?...”
Pregunte con mi voz temblorosa mientras sentía un profundo terror por la
imagen que tenía ante mis ojos. El ver a quien más amaba en un lugar así sabía
que no podía ser bueno. Solo podía esperar que, con mis palabras, pudiera
obtener una respuesta acerca de qué demonios fue lo que había pasado aquí, y
parece que era lo que obtendría.
Lentamente vi cómo es que giraba su rostro hacia mí, como si su mente
estuviera saliendo de ese limbo en el que se encontraba atrapada. De una
expresión que se encontraba completamente vacía y sin ninguna clase de
emoción, vi cómo es que lentamente se transformaba en una leve sonrisa. Pero,
esa sonrisa lucia demasiado calmada considerando en la clase de escena en la
cual se encontraba de pie.
“Haou...”
Le escuche decir de una manera calmada y relajada, pero con un tono de voz
completamente diferente a cualquier cosa que había escuchado antes venir de
su parte. Como si algo en su interior había cambiado de manera tan extrema,
que había tenido tantas repercusiones más severas de lo que tan siquiera podía
imaginar.
“Yubel, ¿qué fue lo que termino ocurriendo aquí? ¿Qué se supone que paso con
los soldados a los que te estabas enfrentando?”
Pregunte de manera un tanto ilusa, tal vez queriendo creer que de alguna
manera lo que estaba imaginando era completamente diferente a lo que había
ocurrido en realidad. Quería creer, que de alguna manera esto no había sido
culpa de Yubel. Pero, no escuchar ninguna clase de respuesta o cambio su
expresión en la manera más mínima.
“Yubel, escuche que terminaron ganando la batalla, y que también lograron
conquistar la ciudad. Esta ciudad estaba llena de todo tipo de personas.
Ancianos, mujeres, e incluso niños. Me imagino que les diste la oportunidad de
escapar. Dime que realmente fue así. ¿Verdad Yubel?”
Dije tratando de poner una sonrisa y mostrar una actitud más relajada.
Cualquier cosa que pudiera hacer para hacer que Yubel respondiera de la
manera que esperaba, lo intentaría. Pero fue en ese instante, que pude ver
cómo es que su sonrisa se mantuvo igual, y me vio directamente a los ojos, que
pude realmente darme cuenta de lo grave que era la situación. Como si el
mundo entero se hubiera dado la vuelta en un instante, y el corazón se me caía
del pecho, sabía que esto era mucho peor de lo que me podía imaginar.
“Su alteza, manténgase detrás de mí.”
Escuche súbitamente a uno de los guardias gritar mientras sacaba su espada,
solo para después ponerse en frente mío, en posición para atacar a Yubel.
“Este ruin monstruo ha perdido completamente la razón. Me encargare de
conseguirle la mayor cantidad de tiempo posible para que usted escape. No
dejare que le ponga una mano encima.”
Dijo con un tono de voz agresivo, mientras se mantenía en una posición alerta
por si cualquier cosa terminaba pasando. No solo eso, vi cómo es que el otro
guardia, todavía asustado y sin saber que hacer, decidió levantarse y seguir su
ejemplo para intentar protegerme. Sabía que, en ese momento, tenía que hacer
algo o esto se volvería incluso peor. No solo por la vida de los guardias, también
por lo que le pudiera hacer Yubel en el caso de que le obligaran a atacar una vez
más. Debía hacer algo para que no terminara siguiendo ese camino cubierto de
sangre que tenía en frente. Sin importar que tuviera que hacer, tenía que
ayudar a la persona que más amaba, en este momento en el que tanto me
necesitaba.
“Escuchen, ustedes 2, les ordeno que bajen sus armas en este instante y se
retiren. Yo seré la persona que se encargara de esto, así que les ordeno que se
vayan de inmediato.”
Dije después de avanzar hacia adelante, y poner mis manos en sus hombros
para apartarlos hacia los lados para que me dieran el paso. Sabia solo yo podía
encargarme de algo así, por lo que nadie más debía involucrarse. En este punto,
solo yo sería capaz de hacer que reaccione finalmente, y salvar a la persona que
más amaba de caer en un abismo incluso más profundo y oscuro.
“Pero su alteza, no sabemos de lo que sea capaz. Es demasiado peligroso.”
“¡Nada de peros! Como su príncipe, he dado una orden, y es absoluta. ¿Acaso se
atreven a cuestionarla? Si es así, me encargare de no solo ustedes se enfrenten
a las consecuencias. También lo harán sus familias.”
Dije con un tono de voz firme y severo mientras me daba la vuelta para ver a los
ojos a uno de los guardias que se había atrevido a no solo sacar sus armas,
también a levantar su voz. No había manera de que cualquier cosa que pudieran
hacer fuera a ayudar en una situación así, así que no los quería cerca, en
especial en una situación como esta en donde sus vidas estaban claramente en
peligro. Y si bien no me di cuenta en ese momento, al ver la expresión que tenía,
y el hecho de que mis ojos se tomaron un tono amarillo por un instante, fue
suficiente para convencerlos.
Una vez vi cómo es que ellos salieron del salón y cerraron la puerta, pude darme
la vuelta, para ver cómo es que Yubel me estaba viendo directamente a los ojos.
Con esa misma sonrisa tranquila y relajada, y esa mirada vacía con la cual me
estaba viendo, Yubel no se movió ni un poco. En estos momentos, la persona
que más amaba se encontraba en un abismo muy profundo, y en nombre de esa
promesa de amor que nos habíamos hecho, era mi deber sacarle de ese lugar,
cueste lo que cueste.
….............................................................................................................................
Después de haber perdido el sentido del tiempo, solo sabía que me encontraba
de pie en medio de un salón oscuro. No sé si pasaron horas, días, meses, o solo
minutos. Solo sabía que me encontraba en una habitación llena de viseras y
sangre, y que yo era el monstruo responsable de haber causado tal masacre.
Todo se sentía confuso e irreal, casi como si estaba en medio de un terrible
sueño, pero en lo más profundo de mi corazón, sabía que esta era la realidad en
la que ahora me encontraba.
Pero, algo que interrumpió mis pensamientos, fue escuchar el sonido de un par
de puertas abrirse súbitamente. Tuve que mirar atentamente para ajustar un
poco mi vista, y no podía distinguir quien me estaba hablando, pero sabía que
era una voz familiar. Pero luego de unos cuantos instantes, pude reconocer a la
persona que estaba frente a mí, y su dulce voz. Esa dulce voz que llenaba
siempre mi corazón de alegría y felicidad.
“Haou...”
Dije tranquilamente mientras una leve sonrisa aparecía en mis labios. Después
de estar en un lugar como este por tanto tiempo, ver que mi amado una vez
más se encontraba conmigo. Y después de escuchar sus preguntas, ahora podía
recordar mejor. Todo lo que termino ocurriendo, y el porqué. Podía imaginarme
que estaría realmente feliz al saber lo que había hecho. No solo eso, también
había ahuyentado a un par de moscas molestas que parecían estar molestando.
El hecho de poder estar juntos de nuevo me volvía tan feliz.
“Yubel, ¿qué has hecho?”
“Que pregunta tan tonta, Haou. Tengo la seguridad de que puedes ver con tus
propios ojos lo que ha ocurrido en este lugar.”
“Quiero escucharlo de tus propios labios Yubel. ¿Qué es lo que has hecho?”
“Conque quieres escucharlo salir de mi boca. Muy bien, no tengo problema con
ello. Fui yo quien se encargó de asesinar a todas las personas en este reino. Y no
solo a las personas del Reino del Sur. Al parecer también había tropas del Este y
del Oeste también, pero tampoco fueron un problema para mí. Todos y cada
uno de ellos, murieron en mis manos.”
“Ancianos, mujeres e incluso niños...”
“Por supuesto, no podía dejar a ninguno de ellos vivo. Si sobrevivían, existía la
posibilidad de que en el futuro representaran una amenaza para nosotros, para
nuestro amor. Así que, arranque el problema de raíz. No importaba que tanto
lloraran, o suplicaran por sus vidas, no podía dejarlos con vida. ¿No estas
orgulloso de mi, Haou?”
Decía con un tono feliz y tranquilo en mis labios. Ya podía imaginarme como es
que una sonrisa aparecería en sus labios, y me diría que había hecho un
excelente trabajo. Como es que regresaríamos al reino, y podríamos disfrutar de
nuestra compañía mutua una vez más, haciéndonos el amor hasta que el sol
amaneciera. Pero esa no fue la realidad que encontré frente a mí. Por alguna
extraña razón, la expresión en su rostro que podía ver era la de una tristeza y
dolor desgarradores, lo cual me hacía sentirme de manera muy confundida.
“Yubel, ¿por qué? ¿Por qué has hecho esto?”
“¿A qué te refieres con el porque, Haou? Era mi deber hacer todo esto, ¿no lo
recuerdas? Fue la razón por la cual me encuentro aquí y ahora en este
momento. Soy un monstruo, y como tal, solo hice lo que debía hacer.”
“No... Yubel, tú no eres así.”
En ese momento, las palabras de Haou me estaban comenzando a preocupar, y
desesperar. Tal vez había algo malo que estaba pasando, pero no debía porque
preocuparme. Solo tenía que mantener la calma, y tal vez podría hacer que
entrara en razón.
“¿A qué te refieres, Haou? Recuerda, así es como soy ahora. ¿No lo recuerdas?
El Rey me dijo que tenía que ser tu espada y tu escudo. Dijo que tendría que
volverme en un monstruo despiadado y ruin para poder protegerte, y eso fue lo
que hice. Al pasar por esa cirugía, pude obtener el poder de protegerte. Esa
dolorosa e infernal cirugía... Al convertirme en un monstruo, ahora puedo
protegerte de cualquier amenaza que se nos ponga adelante. Jamás tendrás que
macharte las manos, ni estarás en peligro, ya que yo seré la persona que lo
hará. ¿Acaso no te hace feliz el monstruo tan horrible en el cual me he
convertido Haou?”
“¡Tú no eres un monstruo Yubel!”
Trate de mantener la calma, y de hacer entrar en razón a Haou. Pero en el
momento que escuche como es que me grito de esa manera, esa sonrisa que
mantuve en mis labios, la que trate de mantener para que pudiera ver que todo
estaba bien, termino desapareciendo en un instante. La expresión en mi rostro
se había convertido en una expresión de enojo. Lo siguiente que paso, es que
había saltado hacia Haou con mis brazos en frente, y termine llevando el cuerpo
de Haou contra un muro. Fue ahí, que nos encontrábamos cara a cara. Él con
esa misma expresión de tristeza y preocupación, y yo con una expresión de
enojo.
“¡¿Qué es lo que debo de hacer para que me entiendas?!”
Fue la primera vez que había reaccionado de tal manera hacia Haou, algo que
nunca creí que llegaría a hacer. Pero en esa posición, era en la que nos
encontrábamos ahora. No solo eso, cualquier cosa que le decía, no hacía que su
expresión cambiara.
“Mira a tu alrededor Haou. Mira a tu alrededor lo que he hecho, y mírame a
mí.”
En ese instante, podía sentir como es que un dolor desgarrador comenzaba a
surgir en mi pecho. Uno que se sentía como si estuviera estrangulando mi
corazón. No importaba cuantas veces haya intentado enterrarlo ya, siempre
surgía de vuelta a la superficie. Y ahora, estaba haciéndome sufrir de manera
horrible frente a la persona que más amaba. La única persona en todo este
mundo que deseaba que no me viera de esta manera.
“He asesinado a cientos y cientos de personas Haou. No solo soldados, también
gente inocente que no tenía nada que ver en esta guerra. No solo le arrebate
esposos y padres a un sin número de familias, también masacre incluso a esas
familias. Pero igualmente decidí hacerlo, estaba bien con ello. Estaba bien con
convertirme en el monstruo que todo el mundo pensaba que era. ¿Quieres
saber por qué?”
En ese momento, sentía como es que mi cuerpo estaba temblando, y un nudo
en mi garganta empezaba a cortarme el aire. Pero, aun así, estaba haciendo lo
posible para mantenerme firme. Tratando de mantener una sonrisa en mis
labios, no importa que tan difícil fuera, mire directamente a los ojos a Haou.
“Porque siendo un monstruo, podría justificar todos los pecados que he
cometido, todas las cosas tan horribles que he hecho. Un monstruo no necesita
ninguna clase de remordimiento, o sentido de moralidad. Un monstruo puede
cometer toda clase de atrocidad, no importa que tan horrible o ruin sea, y
seguir adelante sin problemas. Y al ser alguien que haría lo que sea para
proteger esa promesa de amor que nos hicimos, no me quedaba otra opción
más que volverme uno. De no ser así, ¿cómo se supone que podría seguir
adelante después de que me convirtieran en un arma, y tuviera que matar a
tanta gente?”
En ese momento, solo sentía como es que el peso de mis acciones me estaba
aplastando y asfixiando. Como si los espíritus de toda la gente cuya sangre había
manchado mis manos, sentía como las de ellos estuvieran ahorcando y
aplastando mi corazón. No solo eso, la persona que más amaba, la persona a la
cual le había jurado mi amor eterno se encontraba negando lo que había
aceptado desde el fondo de mi corazón para poder seguir adelante y viéndole a
los ojos. Ante tan dura y terrible realidad, lagrimas solo podían salir de mis ojos,
mientras miraba a Haou con enojo, dolor, tristeza y agonía.
“Si no soy un monstruo... Si no soy un monstruo... ¡¿Entonces que demonios
soy?!”
“Tú eres simplemente tú, Yubel.”
Al mismo tiempo que escuché esas palabras, solo sentí como es que Haou me
abrazaba con todas sus fuerzas sin dejarme ir. En ese momento, solo pude
quedar completamente inmóvil y sin saber que estaba ocurriendo, mientras mis
piernas finalmente cedían, haciendo que ambos termináramos de rodillas en el
suelo.
“No importa que es lo que el resto del mundo diga, o incluso lo que mi padre
piense. Tu nunca serás un monstruo para mi Yubel. El peso que tú cargas, ese
peso que te ha hecho sufrir tanto, es uno que no tendrás que cargar solo por tu
cuenta nunca más.”
En esos momentos, solo podía sentir como si esos espíritus que me estaban
torturando con la manera en cómo hacían sufrir mi corazón, estuvieran
desapareciendo poco a poco. Sin darme cuenta, y con esa misma expresión de
shock por lo que estaba escuchando, levante lentamente mis manos para
abrazar lentamente a Haou.
“Si ese peso que cargas es demasiado para ti, entonces yo estaré ahí para
ayudarte con él. Eso forma parte de esa promesa que nos hicimos ese día.
Mientras estemos juntos, todo estará bien. Así que no te atormentes más de
esa manera, te lo ruego. Yubel, para mí, nunca serás un monstruo. Para mí, tu
simplemente eres Yubel, la persona que más amo en este mundo.”
En ese momento, al escuchar esas palabras, solo podía sentir como es que mi
cuerpo se sentía tan liviano. Ese peso que estaba cargando, repentinamente
había desaparecido completamente. Cuando eso paso, y notar como es que
lagrimas también salían de los ojos de Haou, lo único que pude hacer fue llorar.
Lloré tan fuerte como pude, para así hacer que todas esas cosas que me
atormentaban de manera tan dura desaparecieran por completo. Deje que todo
ese dolor y angustia que sentía, se fueran a través de mis lágrimas, hasta que no
quedara ninguna más. Y una vez más, llore de felicidad al saber que sin importar
que pasara, o que es lo que ocurriera, Haou siempre estaría ahí, como lo había
prometido.
Una vez paso eso, recuerdo que terminamos saliendo juntos del castillo.
Caminando a través de las calles destruidas de la ciudad, ya que no quedaba
nadie que las habitara en ese momento. Eventualmente nos encontramos con el
general, y al ver cómo es que finalmente había salido del castillo, junto a las
indicaciones de Haou, finalmente pudo mandar al resto de tropas para que
ingresaran al reino, e hicieran lo que tuvieran que hacer. Por mi parte, solo
deseaba alejarme lo más posible de ese lugar después de todo lo que había
pasado, así que se me permitió irme junto a Haou de vuelta al castillo.
Mi regreso fue uno diferente al que había imaginado antes de salir del reino. En
vez de ser uno lleno de ovaciones junto al resto de soldados, fue uno tranquilo y
en silencio. Al viajar en una carroza por caminos alternativos a la entrada
principal, y el hecho de que la mayoría del reino no sabía todavía los resultados
de la guerra, pudimos entrar sin mayores interrupciones, y era así como lo
prefería.
Pasaron los días, y habían sido mucho menos problemáticos de lo que había
esperado. No solo el hecho de que el Rey había escapado del reino 2 veces, y la
manera en cómo es que había actuado sin ninguna clase de autorización, hacia
que esperara un severo castigo por parte del Rey. Pero, eso no fue lo que
termino ocurriendo. Haou y yo habíamos sido informados que por haber
logrado no solo una absoluta victoria contra el Reino del Sur, además de a
través de la misma conseguir la rendición de los reinos del Este y Oeste,
habíamos sido completamente perdonados.
En cualquier otra ocasión, me hubiera parecido realmente extraño que el Rey
haya tomado una decisión así, sin siquiera habernos dado una reprimenda. Pero
ya sin ninguna energía mental como para prestarle más atención a cualquier
cosa que decidiera hacer, simplemente lo deje ir. No cuestioné sus acciones de
ninguna manera, y me concentré realmente me importaba, que era al estar al
lado de Haou.
Después de tan dura experiencia, logramos obtener varios días en donde el
resto de los guardias y gente que estaba dentro del castillo no nos molestaron
de ninguna manera. Pero un factor que terminó siendo la razón principal para
ello, es que Haou también había sido afectado de manera muy significativa en
esta guerra. Estando ambos desnudos en la cama, tuve una mejor oportunidad
de verla con mis propios ojos. Una cicatriz en el centro de su pecho. Me conto lo
que le terminaron diciendo, y era que un grupo de médicos habían logrado
salvarlo de esa herida tan profunda que había recibido, pero que la cicatriz
sería permanente.
Al saber eso, me causaba gran tristeza el hecho de que haya permitido que algo
así pasara. Pero, de la misma manera que Haou me había dicho en ese
momento, el peso que sosteníamos sobre nuestros hombros sería uno que
cargaríamos juntos. Si realmente deseábamos mantener nuestra promesa de
siempre mantenernos juntos, eso también significaba hacerle frente a cualquier
cosa que la vida nos arrojara adelante. Y dentro de eso también estaba el
enfrentar las consecuencias de nuestras propias acciones.
Algo que también pude notar en ese momento de intimidad entre los dos, fue la
manera en cómo sus ojos habían cambiado. No solo era el hecho de que el color
se había tornado en un color ámbar. También su mirada era completamente
diferente. De una mirada que observaba el mundo con cierta inocencia, a una
que estaba más consciente de lo dura que podía ser la realidad. Pero, lo que
siempre se mantuvo, y en lo que podía confiar en que siempre se mantendría,
era la manera llena de amor con la que me veía a mí, y solo a mí.
Pasó el tiempo, y eventualmente el antiguo Rey, terminó muriendo, dejándole
el puesto del trono a Haou, haciendo que se convirtiera en el Rey Supremo de
este vasto reino que ahora estaba bajo su mandato. Con una armadura negra
que había sido hecha a su medida, se dirigió al balcón frontal del castillo, y
frente a él se encontraban cientos y cientos de personas que le estaban
esperando, ya que haría un anuncio muy importante, ya que sería su primer
mandato como rey.
Con una mirada determinada, y un puño de hierro, anunció ante todo el reino
de manera oficial, que yo sería la persona con la que se terminaría casando, y
que también serviría como la persona a cargo de defender al reino, y de lanzar
una ofensiva sin piedad a cualquier reino que se atreviera a poner sus miras en
estas tierras. Sin ninguna clase de temor, anunció a los 4 vientos que cualquier
reino que se atreviera a poner sus miras en este lugar, sufriría no solo una
derrota absoluta, también se enfrentaría a la aniquilación total por haber
cometido tal error.
Y yo, no serviría como un monstruo, como una vez había creído. Lo haría como
Yubel, la espada y escudo del Rey Supremo. Pero, sobre todo, lo haría como la
persona quien había hecho una promesa de amor, y esa promesa era una que
cumpliría, no importaba que. Y si alguien no estaba de acuerdo, seria exiliado
del reino junto a toda su familia, para nunca más volver.
Y una vez Haou terminó de hablar, el resto de las personas en ese lugar pudo
ver cómo es que con esas grandes alas demoniacas que poseía, baje del cielo.
Aterrizando de pie, y viendo a los presentes, todos fueron testigos de las nuevas
personas que estarían comandando el reino, guiándolo hacia una nueva era de
prosperidad. Ambos nos encargaríamos que esos tiempos en donde estuvimos
constantemente bajo ataque, como aquella ocasión en donde todo cambió,
fueran cosa del pasado. Aun si fuera a través de una mano de hierro que no
tuviera piedad, acabaríamos con cualquier cosa que resultara una amenaza no
solo para el reino, pero sobre todo para nuestro amor.
Y en esa ocasión, con todo el reino siendo nuestros testigos, nos tomamos de
las manos, y nuestras miradas se encontraron. Ambos con una sonrisa en
nuestros labios, y siendo capaz de ver una vez más esa mirada en los ojos de
Haou, compartimos un beso. Uno que no solo era una muestra del amor que
nos teníamos para que vieran a las personas que se encargarían de guiar el
reino, también sería una advertencia. Una advertencia para cualquier persona
que llegara a tratar de hacer algo para interponerse en nuestro amor. Ya que el
amor que teníamos era uno inquebrantable.
Pasaron los años, y desde ese día en el que el reinado comenzó, las cosas en el
reino comenzaron a ser mucho más diferentes. De la misma manera que había
prometido en esa ocasión, cualquier reino que intentó atacarnos, terminaba no
solo en un completo fracaso. Pronto se encontrarían con un contraataque lo
suficientemente fuerte para dejar al reino que se había atrevido a cometer tal
acto, en completas ruinas. Y a aquellos que, en vez de rendirse en paz,
decidieron levantar sus armas en contra nuestra, la muerte era el único destino
que les esperaba.
Y al frente de todo ello, siempre me encontraba yo. Guerra tras guerra, me
dirigía al campo de batalla, por la persona que más amaba en este mundo, y la
cual me daba la fuerza para avanzar hasta alcanzar la victoria, sin importar lo
dura que fuera. Con el paso del tiempo, incluso mi nombre también empezó a
resonar a través de todos los reinos. Algunos llamándome El Terror Encarnado,
otros, La Pesadilla Definitiva. Pero, nada de eso me interesaba, ya que yo tenía
claro quién era. Y quien yo era, era Yubel.
Surcando a través de los campos de batallas, y haciendo crecer el reino cada vez
más y más hasta que todo lo que se encontraba ante los ojos de Haou se
encontrara bajo su mandato, el reino alcanzó tiempos de prosperidad que
nunca antes se habían logrado en la historia. El nombre de Haou resonó a través
del último rincón, como el mayor Rey que alguna vez haya visto este mundo.
Uno que, a través de sus tácticas, intuición para la guerra, y una mano dura y
despiadada, logro llevar al reino a niveles que nunca había alcanzado desde su
nacimiento.
Pero, eventualmente, el paso del tiempo no se detuvo, y los años se
convirtieron en décadas. Mi bendición, pero a la vez mi maldición, era que este
cuerpo que se me había dado también había sido creado para nunca envejecer.
Y para mi desgracia, esa no era la realidad para alguien como Haou, que seguía
siendo alguien con un cuerpo humano. Y como tal, ahora se encontraba en
cama, en lo que en cualquier momento sería su lecho de muerte.
En ese momento, decidí simplemente quedarme a su lado. Alejados de las
guerras, las intervenciones políticas, y todo ese tipo de cosas, nos
encontrábamos juntos. Sosteniendo su débil mano, y viendo su cabello lleno de
canas, nos vimos mutuamente, juntando todas mis fuerzas para tratar de
mantener una sonrisa, ya que era mi deseo que esa fuera la manera en que me
viera. Feliz de poder estar a su lado que fuera posible.
“Yubel, no te sientas triste por mí, o por el hecho de que mi vida esté a punto de
llegar a su fin. Es mi deseo que esos recuerdos de nuestra vida juntos sean de
felicidad.”
“Haou, mi amado, cuando yo estaba en el suelo, fuiste tu quien me dio la fuerza
para seguir adelante, y superar tales dificultades. Nuestra vida juntos, es una
llena de felicidad, y por algo así no puedo agradecerte lo suficiente. El amor que
me has dado es uno que atesorare por el resto de la eternidad. No importa que
tanto tiempo pase, aun si son décadas, siglos, o incluso milenios. Yo siempre te
amaré con la misma intensidad y devoción con la que siempre lo he hecho.”
“Y de esa misma manera, yo siempre te amare también Yubel. Tus palabras
vuelven a un anciano como yo tan feliz...”
Le vi toser de manera fuerte de decir eso, solo para después apoyarse de nuevo
en su cama. En ese momento, sentí como es que su mano me apretaba lo más
fuerte que podía, así que yo hice lo mismo. Aunque fuera muy tenue, ese calor
en sus manos era uno que hasta el último momento pude sentir, y es uno que
nunca olvidaría.
“Haou... ¿Crees que algún día nos encontraremos de nuevo...?”
“No te preocupes Yubel... Yo siempre... estaré... contigo...”
Con una sonrisa en sus labios, y una expresión llena de paz, serenidad y
felicidad, vi cómo es que me miro a los ojos una última vez, y deje de sentir el
calor en sus manos. En ese momento, el espíritu de Haou había abandonado su
cuerpo. Con gran tristeza en mi corazón, me permití una última vez llorar con
todas mis fuerzas, para así ahogar la enorme pena que sentía en mi corazón, al
saber que la vida de la persona que amé con todas las fuerzas de mi alma había
llegado a su fin.
Pero, eso no significaba que ahora me encontraba en soledad. Mientras
mantuviera su memoria dentro de mí, como él había dicho, siempre se
mantendría a mi lado. Y en mi interior, gracias a ello, mantenía todavía la
esperanza de que tal vez llegara el día en donde nos encontraríamos de nuevo.
Y cuando ese día llegara, mantener esa promesa de amor que nos hicimos, en la
cual estaríamos juntos para siempre.
Después de consumar mi luto por Haou, y derramar hasta la última lagrima que
me quedaba, decidí desaparecer del reino. En ese punto, ya no tenía ninguna
clase de hilos que me ataran a ese lugar, así que simplemente lo abandone. Me
dirigí al sistema de cuevas más recóndito de la faz de la tierra, y decidí ir lo más
profundo que me fuera posible. En ese lugar, en donde no había ninguna clase
de ser que fuera capaz de encontrarme, decidí mantener reposo. Sin nada ni
nadie que pudiera molestarme, mantendría vivas las memorias de mi amado. Y
de esa manera, mantuve la esperanza de que algún día nos encontráramos de
nuevo.
Estuve en un profundo sueño por más tiempo del que era capaz de calcular.
Décadas, o incluso siglos, decidí refugiarme en las afueras de la civilización,
siendo los recuerdos de mi amado lo único que necesitaba para no sentirme en
soledad. Pude haberme mantenido de esa manera por el resto de la eternidad,
en un absoluto aislamiento del resto de la humanidad. Pero, hubo algo que me
hizo despertar de ese sueño eterno que pensaba mantener hasta el final de la
existencia.
En medio de ese absoluto silencio que se mantenía en lo más profundo de esa
cueva, pude sentir algo que hizo que me despertara. Algo que no había sentido
en cientos de años, pero que pude reconocerlo al instante. Y al darme cuenta de
que era, mi primer instinto fue el de salir de ese lugar en lo más profundo de la
tierra. Pasando a través de los estrechos senderos, logre salir a la superficie, y
encontrarme nuevamente con la luz del sol.
Por primera vez en quien sabe cuántos años, veía como eran los alrededores, y
como es que habían cambiado. Al salir de la cueva, pude ver cómo es que ahora
había un bosque extenso alrededor de la entrada, cosa que no se encontraba
antes. No solo ello, también parecía haber una especie de sendero que podría
seguir para salir de ese lugar. Pero, antes de poder ponerme en marcha,
escuché como es que un par de personas parecían acercarse.
Mi primer instinto, fue el de ocultarme, ya que, si me encontraba con un par de
personas corrientes, era claro de que lo que podría pasar no sería bueno. Detrás
de unas grandes rocas, me oculté para observarlos, y lo que vi fue algo que no
esperaba. Era un par de hombres que estaban recorriendo el sendero en una
clase de objeto que jamás había visto antes. En los pocos momentos que
estuvieron en frente de mí, el único objeto que pude reconocer es que debajo
de cada uno, había 2 ruedas. Pero, el resto me terminó confundiendo de
manera increíble. Eran como si esas ruedas estuvieran conectadas por una
especie de palos. Sin contar el hecho de que parecían estar vestido de una
manera que nunca me había encontrado en mi vida.
Pero, otro detalle que me di cuenta cuando estaba ocultándome detrás de esas
rocas, fue al prestarle atención a cómo es que lucía mi mano. Por alguna razón,
podía ver a través de ella. También mi mano podía atravesar la roca si la
presionaba contra ella. La única explicación que se me venía a la cabeza es que
el hecho de que haber estado tanto tiempo en un estado sin tener que usar mi
cuerpo de manera física, había hecho que adquiriera una forma más espiritual.
Pero, tal vez esto me ayudaría a recorrer los alrededores sin que nadie me
detectara.
Cuando parecían haberse ido por completo, decidí dejar de ocultarme, y
emprender vuelo para salir del bosque de manera más rápida. Y lo que vieron
mis ojos, fue una vista que no me podría haber imaginado en mis sueños más
salvajes hace siglos. No tan lejos, podía ver donde es que acababa el bosque. Y
alrededor del bosque, podía ver lo que solo podía describir como estructuras
gigantescas que llegaban hasta el cielo. Lo que parecían torres que eran más
altos que montañas, pero unos demasiado cerca de otros.
No solo ello, entre esas torres, parecían haber alguna clase de objetos en donde
la gente se encontraba dentro para recorrer esos caminos hechos de tierra
completamente plana y gris. Había cientos y cientos de ellos en todos los
senderos que recorrían. También los sonidos que podía escuchar por todas
partes. Extraños sonidos que no podía siquiera reconocer, pero si sabía que eran
muchos y que venían de todas partes. Y con mi sentido del oído tan sensible, en
especial después de haber estado tantos años en un silencio absoluto, era un
completo shock, uno al que me tarde en adaptarme.
Pero el shock más grande que recibí, y era uno al que nada se le podía
comparar, era la cantidad de personas que parecían estar por todas partes. Ni
en los tiempos más prósperos que había sido capaz de presenciar en el reino,
había visto tantas personas reunidas en un mismo lugar. O tampoco los campos
de batallas más grandes se podían comparar a una cantidad de gente junta tan
absurda. El incluso entender el número tan basto, me era difícil hacerlo.
Pero, ese no era el momento para que me estuviera distrayendo por mis
alrededores. Tenía que encontrar la fuente de esa sensación que había
experimentado. Luego tendría oportunidad para aprender acerca del mundo
nuevo que tenía frente a mí. Fue por eso, que empecé a volar en dirección a lo
que parecía ser el centro de este extraño lugar. Evadiendo esas enormes torres
y volando encima de esa enorme cantidad de carrozas y personas, logre llegar
hasta lo que era un gran edificio que decía llamarse hospital. Y era desde ese
lugar, de donde provenía una extraña sensación. Una como si algo, o, mejor
dicho, alguien, me estuviera llamando.
Volando hacia la entrada, me di cuenta de que nadie parecía prestarme ninguna
clase de atención, como si no pudieran verme de ninguna manera. Usé eso para
mí ventaja, y rápidamente atravesé los pasillos y el gran número de personas
que había en ese lugar. Toda clase de objetos con luces brillantes, sonidos
extraños y lo que parecían herramientas y cuerdas que estaban conectadas a las
personas. Pero, entre toda esa confusión, desorden y caos, aun podía
reconocerlo. Ese alguien que parecía seguir llamándome. Tenía que llegar de
inmediato.
Fue en ese momento, que, al llegar al final de un pasillo, lo encontré. Encontré
de donde provenía esa voz que clamaba por mí. Sin saber qué es lo que me
esperaría, avancé paso a paso a lo que parecía una habitación con una enorme
ventana que dejaba ver a la gente el interior. Fue al estar frente a esa ventana,
que me di cuenta el propósito de la habitación, y de lo que verdaderamente era
el origen de esa voz. En frente de mí, tenía un salón en donde había un gran
número de camas, y en ellas, se encontraban muchos bebes durmiendo y
descansando. Pero entre todos, podía ver como había una en frente, de donde
esa sensación tan familiar parecía venir.
¿Pero cómo es algo así podía ser posible? Esta sensación de familiaridad es una
que no había sentido por cientos de años. No desde que Haou había muerto, y
pude sentir su calor una última vez. Pero, algo así no era algo que simplemente
podría ignorar. Entre a la habitación, y parecía que todos esos infantes no
reaccionaban ante mi presencia. Era lo mejor. Ver a alguien como yo,
probablemente los asustaría y los haría llorar, por la apariencia que tenía.
¿Qué es lo que estaba haciendo en este lugar? ¿Por qué estaba aquí? ¿Era
realmente correcto para alguien como yo permanecer en un lugar como este?
No era más que un simplemente fantasma del pasado. Hace siglos que decidí abandonar
el mundo que me rodeaba, ya que había perdido la razón de mantenerme en el
mundo de los humanos. No solo eso, había incluso menos razones para que
alguien como yo siguiera existiendo en este mundo. El mundo que una vez
conocí ya no existe. Y por la manera en cómo es que todo parecía haber
cambiado, alguien que le habían transformado en un arma, ya no tenía un
campo de batalla, y peor aún, ya no tenía a la persona que les daba sentido a
mis luchas. Pero si era así, ¿Por qué es que sentía esta conexión viniendo de un
bebe el cual jamás había visto en mi vida?
A pesar de todos esos pensamientos que pasaban por mi cabeza, en ese
momento solo podía seguir, con la esperanza de encontrar la respuesta a todas
mis preguntas. Y fue en ese momento, en ese momento de caos que estaban
experimentando mis pensamientos, que experimenté un momento de claridad,
y encontré la respuesta. En medio de esa confusión, todo se disipó cuando note
como es que uno de esos bebes parecía estarme mirando. No, me estaba
mirando, lo que hizo que me congelara y me detuviera en seco.
¿Por qué es que podía verme? ¿Cómo es que podía hacerlo? ¿Por qué es que no
se encontraba asustado? Esa mirada inocente y curiosa que solo podía poseer
un bebé como él terminó llegando hasta mí. En ese momento, podría jurar que
incluso estaba viendo a través de mi alma. Tratando de comprender lo que
estaba ocurriendo, acerque mi mano lentamente, creyendo que haría algo al
respecto. Pero, a pesar de esa piel tersa y gruesa que poseía, con esas afiladas
garras que fácilmente podrían hacerle daño, su reacción fue la de levantar sus
débiles brazos, y tocar uno de mis dedos. Y fue ahí, en donde todo tenía sentido.
Ese calor, ese calor que había perdido hace cientos de años, era capaz de
experimentarlo de nuevo. Proviniendo de esas inocentes y pequeñas manos que
le pertenecían a este recién nacido. Y en ese instante de claridad, pude verlo
sonreír, lo cual hizo que perdiera toda mi fuerza y cayera de rodillas.
“Haou... Mi amado Haou... Has cumplido tu promesa. Justo como dijiste, te
encuentras aquí junto a mi como me habías dicho. Haou... No sabes cuanto
tiempo he esperado por ti. Soy tan feliz en este momento.”
Después de haber pasado tanto tiempo en esa cueva, sin nada más que tus
recuerdos para hacerme compañía, el tenerte junto a mi llenaba todo mi ser de
felicidad. Una felicidad tan intensa que saturaba todo mi ser hasta el último
rincón dentro de mí. Y durante ese momento, tratando de recuperar la
compostura, fue que vi un papel que estaba escrito en uno de los costados de
esa cama en donde ahora reposabas.
“Yuki Judai.”
Leyendo ese nombre al costado de esa cama, me di cuenta de algo. Ya no eras el
Rey que una vez que había conocido. Eras ahora un humano común, como
cualquier otro. Poniéndome de pie, y dándome cuenta de lo que esto
significaba, recordé esa noche que habíamos tenido juntos. Esa noche, en
donde tú me abrazaste tan fuerte y me hiciste el amor, había pedido un deseo.
Uno que jamás pensé que se cumpliría, pero ahora lo tenía justo en mis manos.
En esta época, ya no tenía castillos que debía proteger, campos de batalla en los
cuales debía luchar, o reinos que tu debías reinar. En ese momento, habíamos
logrado el escape que tanto habíamos deseado en ese momento. Un mundo en
donde ya no tendríamos que preocuparnos por nada, y podríamos vivir
tranquilamente juntos. Sin reinos que manejar, sin guardias que nos vigilaban,
sin miembros de una corte que nos fastidiaban, sin ninguna clase de esas
responsabilidades que forzosamente habían sido puestas sobre ti. Nada de eso
se encontraba en esta nueva vida que hemos obtenido. Y como tal, ahora ya no
eras Haou. En esta nueva oportunidad que el mundo nos había dado, eras Yuki
Judai, mi amado Judai.
Y ahora, de la misma manera que tu habías cumplido tu promesa, sabía que yo
también debía cumplir con la mía. Esa promesa de protegerte que había hecho
ese día era una que mantendría por siempre. Poniendo mi mano suavemente en
tu cabeza para acariciar tu cabello, me quedaba incluso más claro de la
situación. En este momento, eras un bebé. Un tierno e inocente, pero a la vez
indefenso bebé. Incluso más que en el pasado, era mi responsabilidad que
estuvieras a salvo, y que nadie jamás te pusiera un dedo encima. En el nombre
de la promesa que habíamos hecho, me encargaría de siempre estar a tu lado y
protegerte, y así no te ocurriera nada. Disfrutando de una vida tranquila,
estaríamos juntos, por siempre.
Con mi espíritu lleno de vigor y determinación, me preparaba para afrontar esta
nueva oportunidad que se nos había dado. No sería una sabia decisión
simplemente tomar a Judai y desaparecer con él. Era demasiado pronto como
para hacer algo como eso. Así que, dejé que los padres aparecieran, y llevaran a
Judai a su hogar. Y de esa manera, poder seguirlos hasta llegar al hogar en
donde pasaría mis días al lado de Judai. El nuevo lugar el cual ambos podríamos
llamar hogar.
Los primeros años de su vida, fueron los años más felices que había
experimentado en siglos. Verlo lentamente crecer fue algo que me llenaba de
alegría. De alguna extraña manera, se sentía como si finalmente tenía al alcance
de mis manos algo que deseaba, que era formar una familia. Compartir mi vida
junto a la de alguien más, en vez de tener que ponerle fin a la de los demás, o
tener que gobernarlas, era algo que llenaba mi alma y corazón de felicidad.
Al principio, era complicado poder pasar tiempo al lado de Judai, ya que los
padres lo tenían en constante vigilancia. Si no se encontraba uno, el otro se
encargaba de tomar la responsabilidad de cuidar a Judai. Al final del día, ellos
seguían siendo los padres biológicos, así que no me puse en el camino de ellos.
Además, eso me permitiría pasar de manera desapercibida sin que me detecten.
Durante esos años, era durante las noches que tenía la mayor oportunidad de
pasar al lado de Judai.
Cuando la noche cubría la ciudad, y los padres se encontraban durmiendo,
tomaba esa oportunidad para poder hablar y jugar junto a Judai. A pesar de mi
apariencia, nunca pareció estar asustado por la manera en cómo es que me
veía. Aunque fueran por unos cortos minutos, siempre me hacía feliz sentir
como es que esas pequeñas manos de Judai tomaba uno de mis dedos, y sentir
una vez más su calor, recordándome que todavía seguía con vida.
Esa fue la manera en la que compartimos nuestras vidas por 6 años. Con el paso
del tiempo, pude ver cómo es que poco a poco crecía. En esas noches que
compartíamos juntos antes de que fuera a dormir, pude ver como dio sus
primeros pasos, y como dijo sus primeras palabras. Ya habían pasado siglos
desde entonces, pero no podía evitar recordar a como era Haou cuando éramos
realmente jóvenes. Siempre con una sonrisa en su rostro, jugando y
divirtiéndose, y viendo al resto del mundo con gran entusiasmo y curiosidad.
Pero, en ese momento los padres de Judai pensaban que todavía no era un
buen momento para que Haou conociera incluso más acerca del mundo de
manera propia. La mayoría de los días, se la pasaba dentro de casa, sin poder
salir de ninguna manera, y siendo las ventanas la única mirada al exterior que
poseía. Pero eso no era lo único. Con el paso de los años, pude notar como es
que los padres de Judai pasaban menos y menos tiempo en el hogar. Había
llegado al punto, que ambos se la pasaban fuera de casa, dejándole a Judai solo
unas leves instrucciones acerca de donde encontrar la comida del día. En ese
punto, una de las pocas cosas de las que parecían estar al tanto, era el hecho de
que sabían de mi existencia, ya que habían sido varias veces que les termino
mencionando acerca de mí. Pero, en sus cabezas debían pensar que era alguna
clase de amigo imaginario que Judai había creado con su imaginación.
Hablando de manera sincera, había una parte de mí que agradecía que fuera así.
De esa manera, Judai y yo podíamos pasar incluso más tiempo juntos. Judai
hasta ese momento era la única persona que parecía reconocer mi existencia. La
gran mayoría de personas, incluyendo amigos que de vez en cuando aparecían
para jugar junto a él, no podían notar mi presencia. Tal vez era una existencia
solitaria para muchos, pero para mí, el simplemente pasar al lado de Judai era
más que suficiente para mí. Estando juntos, no solo aprendíamos acerca del
mundo actual en el que vivíamos. También disfrutábamos de la compañía del
otro, volviéndonos cada vez más y más cercanos. Era así todos los días hasta el
anochecer. Pero, en una de esas noches, pasó algo que no me pude haber
esperado nunca.
“Muy bien Judai, mañana será tu cumpleaños número 7. Me imagino que debes
estar muy feliz por ello.”
“Si, lo estoy. Papá dijo que traerá pastel, y todos mis amigos vendrán a jugar
también.”
“Eso es correcto. Y no lo olvides, yo también estaré contigo durante toda la
fiesta. No podré hacer mucho, pero que sepas que, al igual que hoy, siempre
estaré para ti.”
“¡Sip! Te quiero mucho Yubel. Y siempre te querré.”
Después de escucharlo decir eso, de manera inocente pude sentir como se
acercó a mi para darme un fuerte abrazo, el cual yo terminé devolviéndole sin
dudarlo ni un instante. Recibir su afecto de esta forma, tan inocente y llena de
alegría, no tenía ningún igual en todo el mundo. Acaricie ese cabello café que
poseía, y en mi rostro también apareció una sonrisa.
“Y yo a ti Judai, y yo a ti.”
Una parte de mi deseaba que pudiéramos quedarnos así por siempre. Juntos,
disfrutando de la compañía del otro, y compartiendo nuestro amor juntos.
Momentos así, deseaba que fueran eternos. Pero, pocos minutos después,
ambos escuchamos como es que se abrió la puerta, haciendo que ambos
termináramos el abrazo. La razón de esto era porque el padre de Judai había
llegado, y parecía tener algo en sus manos.
“Judai, sé que tal vez es muy pronto para esto, pero quería darte tu regalo de
cumpleaños.”
Había dicho mientras tenía su regalo en la mano. Judai al ver esto, termino
mostrando una gran sonrisa de emoción, mientras veía como es que el padre se
sentaba a un lado de la cama, y ponía el regalo al lado de Judai. Yo decidí
apartarme y ponerme de pie a un lado de la cama, y así ver todo lo que ocurría.
Por su parte, Judai no tardó mucho en romper el papel que envolvía el regalo
para así poder abrirlo. Y al hacerlo, sus ojos parecían iluminarse de la emoción.
“No puedo creerlo. Es una caja de aquel juego de cartas que todos mis amigos
me habían mencionado.”
“Escuché en el trabajo que era realmente popular, así que decidí comprarte una
caja entera para que así puedas jugar con ellos.”
“Gracias papá. Soy tan feliz por esto. No puedo esperar a mañana para jugar con
todos.”
“Me alegra escuchar eso. Muy bien, tu padre se tiene que ir a dormir temprano,
así que es mejor que me vaya a la cama. Y tú también tienes que ir a dormir.”
“Solo me quedare despierto unos minutos más. Que quiero abrir las cartas y ver
como son.”
“Okay, solo por esta vez dejare que lo hagas. Que descanses Judai.”
Después de decir eso, pude ver cómo es que el padre le dio un corto abrazo a
Judai, para después salir de la habitación y cerrar la puerta. Gire a ver hacia
Judai, y por su parte lucia muy feliz. La caja ya se encontraba abierta, y había
agarrado uno de los sobres para mostrármelo.
“Yubel, ven, ven. Quiero que los abramos juntos y ver que hay dentro.”
“Ahora voy Judai. Que yo también tengo algo de curiosidad.”
Me acerqué a Judai, y me senté a su lado para ver cómo es que serían los
paquetes. No sabía exactamente que esperar, pero me imaginaba que debía ser
algo parecido a las caricaturas que a veces veía con Judai durante el día. Pero
ese pensamiento fue rápidamente destruido al abrir el primer paquete. Al
abrirlo, en la primera carta que vi, terminé viendo a alguien que no esperaba
volver a ver nunca. Era uno de los generales que se había encargado de dirigir
tantas campañas de conquista en el pasado, sirviendo incluso como un fuerte
aliado en muchas batallas en las que participé. Aun habiendo pasado tantos
años, era perfectamente capaz de reconocer su rostro. ¿Por qué se encontraba
en una carta que decía Refuerzo Del Ejercito?
No solo eso, al seguir abriendo los sobres y seguir viendo que es lo que aparecía,
seguían apareciendo rostros familiares del pasado. Tanto aliados y enemigos
con los cuales había batallado. También en ciertas cartas parecían describir
ciertas tácticas usadas en el campo de batalla, e incluso la misma imagen de
esos campos de batalla. ¿Cómo es que algo así podía estar pasando? ¿Quién
había sido el responsable de esto? ¿Por qué es que el pasado que había creído
haber dejado atrás, regresaba para perseguirme? ¿Es que acaso, por más que lo
intentara, y por más siglos que pasaran, jamás podría escapar de él? Esas eran
las preguntas que pasaban por mi cabeza mientras sentía mi cuerpo tensarse
más y más.
“Este es el último paquete. Veamos que tiene... ¡Oh! Mira Yubel, en esta carta
estas tu.”
Por más que la dulce voz de Judai trataba de mostrarme la emoción que sentía,
en mi interior no había manera de que me pudiera sentir de manera más
perturbada de lo que me sentía en este instante. Era... yo. La misma persona
que se había encargado de llevar a tantos reinos a la ruina, y haber acabado con
la vida de tantas personas, se encontraba frente a mí, plasmada en una carta de
un juego para niños. Solo podía agarrar el colchón de la cama con mi mano, y
hundiendo mis dedos, tan fuerte, que termine atravesando el mismo con mis
garras. Tantos aliados, tantos enemigos, absolutamente todo mi pasado y todo
lo que había hecho, incluyéndome a mí, se encontraba en frente de mis ojos,
cuando pensé que jamás tendría que volver a pensar en ello.
En ese momento, sentía que estaba a punto de enloquecer. Pero, antes de que
eso pudiera ocurrir, sentí como es que la mano de Judai se puso sobre la mía,
haciendo que recuperara un poco el sentido. Al voltear a verle, pude ver en su
rostro como es que parecía estar confundido, e incluso algo preocupado.
“¿Yubel? ¿Qué pasa? ¿Te encuentras bien?”
Dijo con un tono de preocupación y confusión en su voz. Al ver eso, trate de
tranquilizarme, y recuperar la compostura. Después de un pequeño instante,
solo voltee a verle, tratando de lucir de manera calmada.
“No te preocupes Judai, me encuentro bien. Solo fue simplemente el shock de
haberme visto en una carta cuando no lo esperaba.”
“Si, también me sorprendió mucho al ver que tú también eras una carta. Pero, si
es asi, entonces significa que cada vez que juegue, tú también estarás jugando
conmigo.”
No pude decir nada en ese momento. Solo pude quedarme viendo mientras que
Judai se encargaba de juntar todas las cartas que había obtenido, como si
estuviera haciendo un mazo con el cual poder jugar.
“Si tú también eres una carta, eso significa que me podrás ayudar siempre que
esté en un duelo. Junto a ti, es que podré ganar, y así vencer a todos mis
amigos. Juntos, seremos invencibles.”
Con una gran sonrisa, y sus ojos llenos de una alegría inocente, fue que me vio
directamente a los ojos. Al hacer esto, hice mi mejor esfuerzo y decidí mostrar
una sonrisa mientras me levantaba de la cama.
“Tienes razón Judai, tienes mucha razón. Juntos, no habrá nadie que podrá
detenernos.”
Dicho eso, vi cómo es que Judai bostezaba, y dejaba su mazo en la mesita de
noche al lado de su cama. Parecía que esa preocupación había desaparecido, y
ahora se encontraba sintiendo una mezcla de emoción y cansancio a la vez que
se cubría con sus sabanas.
“Me alegra mucho escuchar eso. Es mejor que vaya a dormir, papá dijo que solo
podía quedarme por un rato más...”
“Okay Judai, mañana celebraremos juntos tu cumpleaños en el momento que
podamos. Hasta entonces descansa. Te quiero mucho.”
“Muy bien Yubel... Nos vemos mañana... Te quiero igual...”
Le escuche decir mientras se estaba quedando dormido, hasta finalmente
quedar en un sueño profundo. Después de verlo dormir, como último gesto de
buenas noches, le di un beso en la frente, y acomodé bien sus sabanas.
Después, me dirigí hacia la puerta, para salir de la habitación.
“No lo olvides Judai. Yo siempre te protegeré.”
Fue lo último que dije en voz baja, para después salir de la habitación, y
prepararme para un nuevo día, y el cumpleaños de Judai.
Llegó una nueva mañana, y junto a ella el cumpleaños de Judai. Pude ver cómo
es que terminó desayunando junto a su familia, solo para que después
aparecieran un gran número de niños de diferentes edades. Todos parecían
emocionados, corriendo por todos lados sin ninguna intención de contenerse.
Junto a ellos, estaba por supuesto Judai que era el centro de la atención. Podía
ver como sonreía y reía, siendo el centro de la atención el día de hoy. Me hacía
feliz verlo de esa manera, aunque yo no pudiera ser parte de ello.
Las siguientes horas pasaron como se podrían esperar, todos los niños jugando y
riendo, además de las pausas en donde todos aprovecharon para comer y
desearle feliz cumpleaños a Judai. Después de esos momentos, los niños habían
regresado a jugar, pero esta vez pude ver cómo es que la mayoría había sacado
un mazo de cartas, rodeados por una liga que las mantenía juntas. El ver algo
así, hizo que se me tensara el cuerpo, y mi alrededor se detuviera por un corto
instante, pero trate de recuperar la compostura en ese momento.
Eso solo era un juego de cartas después de todo. Aun si tenía muchas cosas que
me recordaban a mi pasado, era solo eso, imágenes del pasado. Ya esa realidad
no existía. Había logrado obtener una nueva vida alejada de ella, una en donde
podía ser feliz junto a mi amado Judai. Era solo un juego de cartas. Esas fueron
las palabras que me repetía una y otra vez para tratar de mantener la calma.
Este era el cumpleaños de Judai. Tenía que mantener la compostura, y hacer
esto por él.
El resto del día pasó sin muchos más problemas. Pude aprovechar que todos los
niños estuvieron jugando por horas, para familiarizarme con la manera en cómo
es que jugaban, y las reglas generales. Horas después, llego la noche y podía ver
cómo es que todo el mundo se encontraba agotado, incluido Judai. Todos los
invitados se fueron a sus hogares, y los padres Judai después de limpiar se
fueron directamente a la cama. Por mi parte, ya me encontraba en la habitación
de mi amado, estando a su lado y hablando antes de que fuera a dormir.
“Parece que te divertiste mucho el día de hoy Judai, en especial con ese juego
de cartas que tu padre te trajo ayer.”
“Sip, fue un cumpleaños muy divertido y la pase muy bien. Todavía no soy muy
bueno, pero igual fue divertido.”
“Al final eso es lo que importa. Se que hoy no pude estar mucho tiempo a tu
lado, pero igualmente quiero que sepas que yo también te deseo un feliz
cumpleaños. Me hace tan feliz poder pasar mis días a tu lado Judai.”
“Muchas gracias Yubel. Y hay algo que quería decirte.”
“¿Qué es lo que sucede?”
Dije con un tono intrigado, empezándome a sentir de manera levemente
inquieta cuando vi cómo es que sus manos se acercaban al mazo. Instantes
después, pude ver cómo es que en sus manos sostenía la carta que mostraba mi
imagen.
“En esta carta de encuentras tú, así que solo quería decirte que ahora es mi
carta favorita. Aun si no pude invocarte el día de hoy, quiero que sepas que lo
voy a seguir intentando siempre que pueda. Y también quería saber si me
podrías ayudar también en los duelos.”
Con una sonrisa fue que mire a Judai, poniendo mi mano en su cabeza para
acariciar su cabello mientras le miraba con ternura. Luego, se mie ocurrió una
idea que tal vez podría ayudar un poco con la situación. Algo que nos permitiría
estar incluso más cerna uno del otro durante esos duelos también.
“Judai, ¿me das por un momento esa carta?”
“¿Que? Ah, sí, seguro. Ten.”
Después de tomar la carta con ambas manos, la puse cerca de mi pecho y cerré
los ojos. Concentrándome en la carta, y en mi propio espíritu, visualicé la carta
en mi mente, al mismo tiempo que mi propio ser. Continuando con el proceso
por unos minutos, sentí como es que conecté mi alma con la carta, dejando mi
espíritu en ella también. Luego de eso, le entregué la carta a Judai en sus
manos.
“Listo Judai. Ahora, cuando tengas esa carta dentro de tu mazo, yo estaré
acompañándote durante el duelo. Así, podré estar a tu lado en esos momentos
también.”
“¿En serio? Muchas gracias Yubel. Créeme, te prometo que haré todo lo que
pueda para invocarte, y así ganar todos mis duelos contigo.”
“Se que así será Judai. Así será.”
Es solo un juego de cartas. Es solo un juego de cartas.
Pasaron los días, y después de que Judai lo había empezado a jugar, pude notar
a mi alrededor más y más lo verdaderamente popular que era ese juego. Tanto
que incluso se había hecho un anuncio de cómo es que los niños podían
participar en un concurso en donde podrían presentar sus dibujos para que se
volvieran cartas reales, en el cual Judai no dudó en participar. Incluso decidí
ayudarle un poco con los dibujos.
Los siguientes días no fueron tan diferentes. Después de ese cumpleaños, varios
chicos venían de visita para poder jugar con Judai. Verlo jugar siempre me hacía
sentir de manera nerviosa, pero estaba logrando controlarme a pesar de ello.
Después de todo, por Judai haría lo que fuera para asegurarme de que estuviera
bien y fuera feliz. Y al parecer él parecía querer lo mismo ya que, en cada duelo
posible, intentaba invocarme una y otra vez sin rendirse.
Eso fue lo mismo que ocurrió en una de esas tardes en donde recibió una visita
de uno de sus amigos. Ambos estaban jugando en la mesa, y podía ver cómo es
que Judai se balanceaba levemente con alegría mientras estaba jugando. Era un
duelo que estaba bastante parejo, y yo solo podía quedarme viendo a un lado
de Judai, observando todo lo que ocurría. Una vez más, tenía los nervios de
punta, pero estaba tratando de mantener la calma mientras esperaba a que
Judai robara su siguiente carta.
“Okay, es mi turno.”
Le escuché decir en un tono entusiasmado, y vi cómo es que sus labios se
transformaron en una gran sonrisa al ver que la carta que había robado era la
mía. Luego, sin ningún rastro de duda pude ver cómo es que trato de
invocarme.
“Finalmente puedo hacer esto. Sacrificaré 2 monstruos, para poder invocar a
Yubel.”
Me hacía muy feliz ver lo emocionado que lucía Judai al finalmente haberme
invocado. Y él también parecía estarlo. Pero, esa alegría duró demasiado poco,
ya que al parecer ese vecino parecía tener otros planes.
“Activo mi carta trampa. Código de Contraataque Perfecto 123. Al tener un
monstruo nivel 1, 2 y 3, puedo negar una invocación y destruir esa carta.”
“¿Que? No, espera. Yubel.”
¿Qué? ¿Qué había sido eso? ¿Una trampa dejada por el enemigo? No podía ser.
Justo cuando pensé que podría ayudar a mi amado Judai. Ese fue el primer
pensamiento que cruzó mi mente. Esto era malo, ya que Judai ya no tenía
ninguna otra que pudiera activar. En ese momento, no era capaz de protegerlo.
“Sin otra carta que poder activar, es momento de mi turno. Robare una carta.
Ahora, usando mis 3 monstruos, ataco de manera directa.”
“¡Judai!”
Con los nervios de punta, vi cómo es que el enemigo apuntó con su dedo para
declarar que atacaba. Pero, lo siguiente que pasó hizo que se mi mundo se
detuviera. Al voltear a ver a Judai, pude ver cómo es que caía hacia atrás,
soltando un alto grito. Como si el mundo estuviera en cámara lenta, vi cómo es
que cayó al suelo boca arriba. Era igual... era igual...
“Haou...”
Una vez más, me encontraba en el campo de batalla. No había sido capaz de
proteger a la persona que más amaba en este mundo. Aun después de haber
luchado tanto, lo único que tenía frente a mí era a la persona más importante
de mi vida en el suelo. Boca arriba con una herida mortal en su pecho después
de haber sido atacado. Nada había cambiado, todo era absolutamente igual.
Sentí como si algo me estuviera estrujando el pecho, y mi respiración se agitaba
cada vez más y más. Se suponía que mi propósito era luchar para proteger a la
persona que más amaba, pero una vez más había fallado.
“¿Como se atreven?...”
Dije en voz baja, mientras volteaba a ver hacía la derecha. Esa era la persona
que se había atrevido a dañarle. Imperdonable. Era imperdonable. Jamás le
perdonaría por haber hecho algo así. Con una irá que se podría comparar a las
llamas del infierno, me lancé hacia el enemigo que tenía frente a mí, para
hacerle pagar por lo que le había hecho.
Después de ese incidente, pasaron las semanas. Poco a poco, todos los vecinos
dejaron de aparecer para jugar por rumores que habían escuchado acerca de lo
que le pasó a la última persona. Los días parecían sentirse mucho más solitarios
para Judai. Y para empeorar las cosas, parecía que sus padres ya ni siquiera se
molestaban en aparecer. Únicamente dejaban el mínimo necesario, y
desaparecían por quien sabe cuánto tiempo sin dar explicaciones.
En una de esas ocasiones, Judai se encontraba en la sala de la habitación.
Únicamente con las cartas en el suelo, se encontraba tratando de arreglar su
mazo un poco, aunque podía ver cómo es que parecía un poco deprimido.
“Judai, ¿te encuentras bien?”
“Si... solo estoy un poco triste ya que ninguno de mis amigos viene a jugar.
Desde la última vez, parece que ya nadie desea venir. Además de que mis
padres nunca están tampoco. Se siente muy vacío aquí sin nadie más con quien
jugar...”
“Judai...”
Podía ver lo triste que se sentía lo cual me rompía el corazón. A pesar de todo,
solo podía pensar en consolarle para que se sintiera mejor. Sentándome a su
lado, use mis brazos para rodearlo y darle un fuerte abrazo, dejando que
sintiera todo el amor que sentía por él.
“Se que debes estar triste. Pero recuerda Judai. Yo siempre estaré para ti, no
importa que es lo que ocurra. Siempre me encargaré de hacer lo que es mejor
para ti.”
“Gracias Yubel. Tu siempre has estado para mi sin importar que. Eres la persona
más importante para mí.”
Esas fueron las palabras que escuché salir de sus labios. Al escucharlas, y sentir
como es que me devolvía el abrazo también, solo pude abrazarle más fuerte.
Después de ese duelo, pensé que lo había perdido para siempre una vez más.
Me hacía tan feliz poder sentir sus abrazos una vez más después de todo lo que
había pasado. Pensar en la mera posibilidad de perder lo que le daba sentido a
mi existencia, hacia que mi corazón se sintiera como si alguien lo estuviera
estrujando.
Pero, esa no era la realidad en la que vivía. Judai se encontraba a salvo, sin
nadie más que pudiera dañarlo. Aun si tenía que encargarme de eliminar de
cualquier persona que pudiera ser una amenaza, valía la pena para asegurarme
que estuviera bien, y pudiéramos compartir estos momentos en donde nos
mostrábamos nuestro afecto mutuo sin nadie que se interpusiera en nuestros
caminos.
“Judai, te amo...”
En ese instante, tome a Judai de sus hombros para que estuviéramos cara a
cara, para así darle un beso en los labios. Sintiendo el leve calor de sus labios
contra los míos, pude sentir una calma total en todo mi ser. Cuanto había
extrañado esta sensación que hace siglos no era capaz de experimentar. Una
vez más, podía sentir la felicidad de compartir un beso con la persona que mas
amaba.
Después de todo lo que había pasado, solo deseaba amarle, demostrarle mi
amor, y hacer todo lo que fuera necesario por él. Esa era la promesa que había
hecho hace tantos siglos, y era una que pensaba cumplir sin importar que
tuviera que hacer.
Instantes después, al separarme del beso, Judai solo se me quedó viendo a los
ojos, sin saber realmente cómo reaccionar o que fue lo que paso.
“Yubel, ¿Qué fue eso que hiciste?”
“Eso fue un beso, es una de las maneras de que tengo para mostrarte cuanto es
que te amo, Judai.”
“Oh, ¿de verdad? Si es así, entonces yo también hare lo mismo para que
también sepas cuanto te quiero.”
Le escuche decir con una sonrisa inocente, solo para después devolverme el
abrazo de nuevo mientras él apoyaba su cabeza en mi hombro, y yo acariciaba
su cabello.
“Lo se Judai, lo se. Yo sé que tú me amas, y siempre me amaras. Y de la misma
manera, yo te amo, y siempre te amare.”
Compartiendo ese momento juntos, deje que la calidez que sentía viniendo de
Judai me calmara, de la misma manera que yo le calmaba con el abrazo.
Momentos así, era lo único que deseaba. Poder estar al lado de Judai era lo
único que necesitaba para ser feliz. Era lo único que los 2 necesitábamos para
ser felices. Mientras estuviéramos juntos, siempre estaríamos bien.
Pero, había personas que se interpondrían en nuestro camino. Unas semanas
después de ese momento, los padres de Judai aparecieron mientras estábamos
jugando juntos. Eso ya habría sido poco común, considerando el poco tiempo
que pasaban junto a él, pero esta vez fue incluso más extraño. Había un grupo
de personas en traje cargando unos objetos extraños junto a ellos. Con una
mirada curiosa, Judai observó a sus padres, mientras yo tenía un mal
presentimiento acerca de esto.
“¿Mamá? ¿Papá? ¿Quiénes son esas personas?”
“Judai, estas personas vienen de Kaiba Corp. Nos han notificado que has sido
escogido como el ganador del concurso. Muchas felicidades Judai.”
“¡¿En serio?! ¡Qué bien que bien que bien que bien!”
Vi a Judai saltar de alegría, saltando y brincando de la emoción después de
haber lo que había dicho su madre. A mí también me alegraba verlo tan feliz.
Pero, había algo que estaba fuera de lugar con toda esta situación.
“Voy a ir por todos mis dibujos en este momento. Ya quiero que los terminen
viendo. Iré por ellos en este momento.”
“Eso es perfecto. Y Judai, tengo una idea. Nos habías contado acerca de esta
carta Yubel que se volvió bastante cercana a ti. Nos dijeron que incluso Kaiba en
persona le gustaría verla, ya que terminó muy impresionado por la historia.”
“¿De verdad?”
“Si. Estas personas que vinieron con nosotros son empleados de Kaiba Corp.
Vinieron personalmente para recoger tus dibujos, e incluso querían ver si
podían recoger la carta de Yubel.”
Espera, ¿venían por mí? Eso significaba que... me estarían alejando de Judai. No,
no podía permitir esto. Por nada en este mundo podía separarme de Judai. Esto
debía ser una especie de trampa. Un plan de los padres para alejarme de él.
Antes de que Judai llegara a su habitación, lo detuve frente a la puerta para que
me escuchara atentamente.
“Judai, escúchame. No me siento de manera segura de esto. Tengo un mal
presentimiento.”
“¿Eh? ¿Por qué lo dices Yubel?”
“Ellos... parece que quieren alejarme de ti. Algo está mal con todo esto.”
“Pero, mis padres dijeron que eran personas de Kaiba Corp. Mamá y papá nunca
me mentirían Yubel, ni me harían daño.”
“No, no quiero. Voy a quedarme aquí contigo sin importar qué. Eres demasiado
importante para mí Judai. Quiero quedarme a tu lado.”
Dije en un tono más asertivo mientras usaba mis brazos para abrazar a Judai,
aferrándome a él y sin querer dejarlo ir. Estar juntos era la manera en cómo es
que debían ser las cosas. Era nuestro destino y nuestro propósito. Si no estaba
junto a él, entonces no me quedaba absolutamente nada. Luego, segundos
después sentí como es que, con sus manos, también él me estaba abrazando.
“Tranquilízate, yo confío en mis padres. Ya verás que antes de que te des
cuenta, ya estaremos juntos de nuevo. ¿Okay?”
“¿Estás seguro de esto?”
“Sip, lo estoy.”
Sin haberlo esperado, terminé sorprendiendo cuando sentí como es que Judai
me dio un pequeño beso, solo para después mostrarme una sonrisa, lo más
seguro con la intención de calmarme. Después de ello, solo pude tomar un
profundo respiro para tratar de calmarme, y aceptar lo que me había pedido.
Era cierto, parte de mi responsabilidad era servirle y hacer todo lo que pudiera
por él. Así que, si él me pedía algo como esto, ¿cómo es que podría negarme?
“Muy bien Judai, si eso es lo que quieres, entonces lo hare. Por favor espera por
mí.”
Confiando en él, le di un último abrazo con todas mis fuerzas, y me hice a un
lado para que entrara a su habitación y recogiera sus dibujos, y mi carta. Con
una sonrisa inocente pude ver cómo es que se dirigió a sus padres, para poder
entregarles todo. Una vez hecho eso, todos esos papeles y dibujos, fueron
puestos dentro de una especie de caja reforzada. Antes de irme, volteé a ver a
Judai por una última vez. Y haciendo mi mayor esfuerzo, mostré una sonrisa
mientras levantaba mi mano y la movía de lado a lado para despedirme.
“Pronto regresaré Judai. Muy pronto nos reuniremos de nuevo.”
Esas fueron mis últimas palabras, antes de regresar a la carta y ponerme a
reposar. Siendo la última imagen que vería de Judai, una de él sonriendo
felizmente, mientras se despedía también con su mano. Pero, lo que no sabía en
ese momento, era el hecho de que esa sería la última vez que vería a Judai cara
a cara durante muchos años.
Antes de poder notarlo y hacer algo al respecto, me habían puesto en una
especie de contenedor completamente diferente. Uno del cual no era capaz de
escapar. No solo eso, pude ver cómo es que a mi alrededor se encontraban un
gran número de lo que parecían ser científicos, observándome desde el otro
lado de una habitación separada por una clase de vidrío.
“¡Oigan! Sáquenme de aquí. ¿Qué es este lugar? Regrésenme a donde esta
Judai.”
Por más que trataba de golpear las paredes de esa caja transparente, no tenía
ninguna clase de efecto. No importaba que tanta fuerza utilizara, ni siquiera era
capaz de hacer un pequeño rasguñó en ella. No solo era el hecho de que parecía
que me habían atrapado. También parecía que nadie parecía podía escucharme.
Pero yo si era capaz de escucharlos, y lo que escuche, era la absoluta peor de las
posibilidades.
“Estamos detectando altos niveles de energía viniendo de la carta en cuestión,
así que debemos apresurarnos. En este punto, ya todo se encuentra listo. La
capsula ha sido preparada apropiadamente para ser enviada al espacio. De esa
manera, ya no representará ningún peligro para nadie.”
¿Espacio?... ¿Acaso se refieren a fuera de este planeta? ¿Tienen planeado
lanzarme lo más lejos posible? No, no no no no no no no no no. Esto no puede
estar pasando. Mi lugar es estar al lado de Judai. Tengo que salir de aquí de
alguna manera u otra. No puedo dejar que hagan algo asi y me separen de mi
amado Judai.
“¡SAQUENME DE AQUI! ¡NO PUEDEN HACERME ESTO! ¡PAGARAN! ¡TODOS
USTEDES PAGARAN POR TRATAR DE SEPARARME DE JUDAI!”
Grite lo más alto que pudiera, y golpee con todas mis fuerzas hasta el punto de
que mis músculos estaban empezando a crecer, en un intento de hacer que se
detuvieran. Pero todo fue en vano. Por más que lo intentara, no parecían
escucharme de ninguna manera. Grite hasta el punto en el que cualquier
garganta se hubiera desgarrado, pero todas mis suplicas y amenazas solo eran
escuchadas por oídos sordos. Era completamente impotente de hacer algo al
respecto.
No importaba que hubiera sido capaz de acabar con cualquier enemigo que se
me cruzara en frente, o que hubiera sido capaz de hacer caer ciudades enteras.
En este instante, no era capaz de hacer nada. ¿De qué había servido pasar por
todo ese dolor, si ahora ni siquiera era capaz de hacer algo al respecto? Esa fue
la pregunta que pasó por mi mente una y otra vez, mientras veía como es que
con un cohete me enviaban al espacio.
Todo estaba vacío y oscuro. No había nada ni nadie a mi alrededor. La única
cosa que podía ver estando mi carta atrapada en ese lugar, era la tierra. En
algún lugar, Judai se encontraba ahí, sin mí a su lado. No importaba que tanto
tratara de golpear las paredes o cualquier cosa que hiciera, no podía regresar a
su lado. Después de un tiempo, había perdido toda sensación del tiempo
mientras que seguía mis intentos en vano para salir. Días, semanas, meses, o
incluso años. No lo sabía.
En los pocos momentos en donde simplemente me detenía y terminaba
cayendo inconsciente, incluso dentro de mi mente. Sin poder escapar de este
infierno en el cual me habían atrapado, podía ver a Judai en un vacío oscuro en
donde no había nada tampoco. Yo corría hacia él, con mi corazón lleno de gozo
al saber que finalmente nos habíamos reunido de nuevo. Pero, en el momento
en el que nos abrazábamos, ese calor ya no se encontraba ahí. Esa calidez de sus
caricias había desaparecido por completo. Lo siguiente que me daba cuenta, es
como me alejaban de él de nuevo.
“¡Judai, Judai! Por favor ayúdame.”
Era lo único que podía gritar, mientras sentía como es que me terminaban
arrastrando de nuevo a este infierno, solo para terminar despertando de nuevo
en esa maldita caja. Este proceso terminó repitiéndose una y otra vez,
perdiendo una parte de mi con cada repetición, hasta el punto en el que ya ni
siquiera era capaz de pedirle a Judai de nuevo.
Después de cientos y cientos de veces de haber experimentado el mismo sueño,
estaba en el punto en el que ya ni siquiera era capaz de comunicarme con Judai.
No importaba cuanto gritara o cuanto clamara por su nombre, nada funcionaba.
Flotando en medio de la nada, con el vacío del espacio siendo lo único que me
rodeaba, incapaz de sentir incluso la más mínima sensación, una pregunta
pasaba por mi cabeza.
“Judai... ¿Por qué?... ¿Por qué dejaste que esto pasara? ¿Acaso es que ya no me
amas?”
Por más que no quisiera creerlo, esa duda me atormentaba y no salía de mi
cabeza. Ambos habíamos hecho una promesa de amor. Estuvimos juntos
durante tanto tiempo. Nuestra relación había sido tan fuerte, que incluso había
superado la barrera del tiempo y de la muerte. Incluso me había dicho que nos
volveríamos a ver de nuevo. Si era así, ¿entonces por qué había dejado que nos
separaran? Debía haber una explicación para ello.
Mientras dudas de las cuales no tenía respuestas me estaban enloqueciendo, vi
cómo es que algo al horizonte se estaba acercando a mí. Algo que era incapaz
de reconocer. Y, antes de tan siquiera poder ver lo que era, una luz me terminó
cegando por completo. Una luz tan brillante y poderosa como nunca había visto
nunca. Tan poderosa incluso, que sentí como es que la nave en donde me
encontraba cambió de rumbo para dirigirse nuevamente a la tierra.
Debido a la gran velocidad en la que estaba yendo, la nave se puso caliente,
demasiado caliente. Todo el interior estaba ardiendo, como si estuviera en
llamas. Era tan extremo, que estaba sintiendo como mi cuerpo estaba incluso
ardiendo también. Aun si trataba de cubrirme con mis alas, ese dolor era tan
intenso que no podía soportarlo. Solo podía retorcerme del dolor mientras
gritaba con todas mis fuerzas.
Y en medio de toda esa agonía, tuve una epifanía. Todo este dolor, todo este
sufrimiento y agonía, era uno que no había experimentado en siglos. Una vez
más, desde aquel día en donde perdí mi cuerpo, era capaz de sentir dolor. Una
vez más me sentía... con vida. Este cuerpo ya no era uno que se sentía frío y
muerto, incapaz de experimentar cualquier clase de sensación. Era uno que
sufría. Pero, sobre todo, mi corazón también estaba sufriendo. Tanto mi corazón
como mi cuerpo estaban sufriendo como nunca lo habían hecho, recordándome
que seguía con vida.
Ahora lo entendía. Esto era lo que Judai deseaba hacer. Este dolor que me
estaba haciendo sentir, es solo una muestra de su amor, de cuanto me amaba.
Ahora todo tenía sentido. Gritando de la agonía, con una sonrisa en mi rostro y
lágrimas cayendo por mis ojos, me estaba dirigiendo a la tierra contra la cual me
estrellaría a toda velocidad, y lo esperaba con ansías. Si esta era la manera que
Judai tenía de demostrar su amor, entonces la aceptaría con los brazos abiertos.
Esos fueron mis pensamientos hasta que finalmente la nave terminó
estrellándose contra la tierra. Un fuerte impacto seguido de una enorme
explosión que destruyó todo a su alrededor, incluyendo mi cuerpo. Cuando
había despertado, sentí como todo mi ser se retorcía del dolor. Tan intenso, que
incluso terminé tardando unos segundos en darme cuenta de que lo único que
había quedado de mi cuerpo, era una de mis manos.
Tan placentero, tan dulce era este sufrimiento que estaba sintiendo. Una
muestra del inmenso amor que Judai tenía por mí. Una sensación como esta, no
había manera que pudiera dejarla solo para mí. Si, esto era algo que tenía que
compartir con Judai. Todo ese dolor que sentí no solo ahora, también todo el
dolor que sentí a lo largo de mi vida. Haría que Judai lo experimentara en su
totalidad, para que así también pueda ver cuánto es que lo amaba. Me
encargaría de volver realidad esa promesa de encontrarnos de nuevo, y hacerle
vivir el mismo infierno que yo viví, e incluso más. De eso es lo que
verdaderamente se trata amarse.
Y al horizonte, pude ver cómo es que alguien parecía acercarse. Alguien que
podría usar para encontrar de nuevo a Judai.
“Judai... Finalmente lo he encontrado. Mi camino hacia ti.”
