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“Los Juegos Omegas” | “THE OMEGA GAMES”

Summary:

Cincuenta años en el futuro, las tasas de natalidad de alfas y omegas han disminuido drásticamente, y el gobierno lo atribuye a los omegas que han optado por ocultar su estatus y permanecer sin vínculos, como Will Graham. Para dar una lección a estos omegas, el gobierno decide organizar los primeros Juegos Omega, en los que un grupo de estos omegas se soltará en una zona despoblada y un grupo de alfas los perseguirán y los unirán, mientras son televisados. Hannibal Lecter sabe que una pareja sería un inconveniente teniendo en cuenta sus actividades extracurriculares; sin embargo, como alfa sangre pura, también siente la necesidad de continuar la línea de sangre Lecter, y por eso se apunta a los juegos. Observando a los omegas excepcionales, rápidamente reduce su elección a William Graham y Matthew Brown. Los dos son muy diferentes, pero cree que ambos tienen algo que ofrecer. Aunque, estos dos no son de los que se rinden sin luchar.

¡Qué comiencen los Juegos!

 

Notes:

En este universo a/b/o, solo las parejas alfa y omega producirán hijos alfa u omega. Si un alfa o un omega se une con un beta, el niño resultante sería, automáticamente, un beta porque es el gen dominante.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Cincuenta años en el futuro…

La Casa Blanca

Ahora ubicado en la ciudad capital de New Washington

(anteriormente Denver, Colorado)

En estos momentos se está celebrando una reunión del Gabinete Presidencial, presidida por el Presidente Marcus Nathanial Payne. El Presidente Payne está en su segundo año como Presidente de la recién formada Nueva América (Newmerica), que consta de seis distritos dirigidos por gobernadores territoriales.

–Está bien, está bien, tranquilícense, –dijo el presidente Payne a los miembros del comité reunidos sentados en la larga mesa de la sala de conferencias, todos ellos refunfuñando después de escuchar el informe del jefe del Comité de Finanzas, Gerard Ortega–. Las finanzas de este país están por el suelo. Lo han estado desde hace algún tiempo; todos lo sabíamos. Hemos sido golpeados con una serie de mala suerte en las últimas cinco décadas. Hace cincuenta años, el COVID mató a millones y casi puso a este país de rodillas. Luego nos golpeó la Varicela. Después de esto vino el ID-17. Luego el clima se volvió loco, la mitad del país se inundó mientras que la otra mitad estaba experimentando sequía. Y no olvidemos el asteroide que de alguna manera logró escabullirse más allá de todo nuestro costoso equipo de vigilancia y eliminó casi la mitad de Las Vegas. Y si lidiar con todo eso no era lo suficientemente malo, algunos de los estados decidieron que sería una buena idea comenzar su propio país y tuvimos esa maldita guerra civil que duró tres años y casi destrozó este país. Sin embargo, sobrevivimos a todo eso, y mi misión como Presidente es hacer que este país vuelva a ser completo y fuerte.

»Como acaba de escuchar del Sr. Ortega, actualmente le debemos a los chinos más de cincuenta billones de dólares, y no estoy contento con eso. Hace que este país parezca débil. En el lado positivo, supongo que los chinos no nos atacarán si quieren que les devolvamos su dinero.

En medio de una risa nerviosa, el presidente golpeó la mesa con los dedos, un hábito que tenía cuando estaba sumido en sus pensamientos. Mirando al Sr. Ortega, dijo:

–Cuando fui elegido presidente, una de mis promesas de campaña fue que cambiaría las cosas, y tengo la intención de cumplir esa promesa. Si no lo hago, entonces no seré reelegido en las próximas elecciones, y mi compañera, finalmente, se ha instalado aquí y no estará feliz si tenemos que empacar y mudarnos de nuevo tan pronto. Así que necesito que propongan algunas ideas para que el dinero ingrese a este país para comenzar a disminuir nuestra deuda nacional, y rápido. Si no se le ocurre algo para nuestra próxima reunión, Sr. Ortega, entonces le sugiero que actualice su currículum, porque encontraré a alguien que pueda.

–Sí, señor presidente, –dijo un hombre alto con un traje caro, frunciendo los labios, pero dejando caer los ojos ante la intensa mirada del otro alfa–. Está bien, sigamos adelante, ¿de acuerdo? Nuestro último informe es de nuestro comité más reciente, la Comisión sobre el Crecimiento de la Población y el Futuro Americano, una rama que me aconsejaron crear hace cuatro meses para tratar de averiguar por qué los nacimientos alfa y omega han disminuido tan drásticamente, mientras que los nacimientos beta se han mantenido prácticamente iguales. Sr. Carlyle, bienvenido. Espero que puedas arrojar algo de luz sobre esto.

–Sí, señor presidente. –Fue la respuesta de un beta bajo, de mediana edad y calvo que vestía un traje marrón que no le quedaba bien–. Creo que hemos descubierto la causa de la disminución de los números alfa y omega de este país y lo hemos rastreado hasta su fuente, –dijo de pie y aclarándose la garganta nerviosamente.

–Déjame adivinar –dijo el corpulento Secretario de Defensa–. Son esos malditos supresores que a los omegas les encanta tomar. Está arruinando sus partes productoras de bebé y haciéndolos estériles. ¿Estoy en lo cierto?

–No, señor, ese no es el problema. Es un poco más complicado que eso, me temo.

–Entonces, por favor, explique– dijo el presidente, haciendo un gesto para que continuara.

–Sí, señor. Hace años, cuando el COVID, la Varicela y el ID-7 estaban devastando este país, las personas se ponían en cuarentena, pues temían entrar en contacto con otros. Entonces, durante ese tiempo, los omegas, que estaban acostumbrados a ser buscados, unidos y cuidados activamente, de repente se encontraron básicamente ignorados. Los alfas evitaban las citas por temor a contraer algunas de estas enfermedades. Por desesperación, los omegas tuvieron que adaptarse. Como no se recibieron propuestas de vinculación los omegas se vieron obligados a mantenerse a sí mismos, comenzaron a buscar trabajo. Todas las muertes que causaron estos virus significaron que no hubo escasez de ofertas de trabajo; sin embargo, a pesar de la Ley de Igualdad de Omega, que otorgó a los omegas el derecho a trabajar sin discriminación, muchos omegas todavía se encuentran siendo discriminados. Entonces, lo que hicieron fue comenzar a ocultar su estado, mintiendo en las solicitudes de empleo y fingiendo ser betas. Las tasas de natalidad alfa y omega comenzaron a disminuir en ese momento.

–Sí, sí. –Interrumpió el presidente–. Pero fue entonces cuando el ex presidente Mitchell vio lo que estaba sucediendo y aprobó la Ley de Vinculación Omega, decretando que los omegas tenían que estar vinculados para cuando llegaran a la edad de 28 años, de lo contrario se seleccionaría un compañero para ellos. Pensé que eso resolvía el problema. Las tasas de natalidad alfa y omega aumentaron después de eso, ¿no?

–Sí, señor, lo hicieron por un tiempo, pero la Ley en realidad causó más daño que bien a largo plazo. Los omegas estaban furiosos porque estaban siendo forzados a vinculares. Muchos fueron emparejados con alfas incompatibles a ellos, alfas que los dominaron y los hicieron renunciar a sus trabajos. Para entonces, los omegas se habían acostumbrado a trabajar y ganar su propio dinero, y a tener la independencia que les daba, y lo extrañaban. Ahora estaban atrapados en casa con alfas que no se preocupaban por ellos, que a menudo los ignoraban o abusaban, y eran miserables y estaban frustrados. Así que lo que decidieron que no dejarían que sus hijos omegas sufrieran el mismo destino. Tan pronto como su hijo llegaran a la pubertad y se presentaban como un omega, inmediatamente los ponían en supresores. Para entonces, Abbott Laboratories había creado la innovadora píldora Omegabloc, que fue un cambio de juego para los omegas. Neutralizaba el aroma de un omega tan completamente que eran indistinguibles de una beta, incluso de cerca. También reprimió sus calores. Como usted sabe, señor, durante el celo de un omega es cuando es más probable que se unan y quieran formar una familia. Pero el Omegabloc reprimió sus ciclos de calor por completo, lo que, a su vez, eliminó ese impulso abrumador de unirse y tener crías.

–Sí, pero aun así se les habría requerido que se vincularan cuando cumplieran 28 años. –Interrumpió Ortega.

–Ah, pero mira que aquí fue donde los omegas burlaron eso. Cuando la siguiente descendencia omega terminó la escuela secundaria y se fue a la universidad o a buscar trabajo, inmediatamente se identificaron como betas. Cuando llenaron solicitudes universitarias, solicitudes de empleo, formularios de censo, formularios de impuestos, se identificaron como betas, de modo que cuando cumplieron 28 años, se deslizaron por las grietas porque todos nuestros datos los mostraban en todos sus documentos oficiales como betas. Así que estos omegas estaban ahí fuera, pagando impuestos, pero lo que no estaban haciendo era vincularse y tener hijos. Se mantenían solteros y guardaban su secreto, aterrorizados de que si los descubrían se verían obligados a un vínculo sin amor. Mi conjetura es que hay cientos de miles de ellos por ahí, probablemente viviendo solos y aislados. Mientras tanto, nuestros números alfa y omega continúan disminuyendo, y si no se hace algo para cambiar esto, y rápidamente, podría ser perjudicial para este país en las próximas décadas.

–Estás siendo un poco, demasiado, dramático, ¿no? –dijo el Secretario de Estado beta.

–Permítanme poner esto en perspectiva para ustedes –dijo Carlyle–. Hay muchos trabajos por ahí que están, casi exclusivamente, ocupados por alfas. Por ejemplo, el 95% de los militares son alfas; El 82% de todos los policías y bomberos son alfas; 84% de los agricultores, madereros, trabajadores de plataformas petroleras, etc. Si la disminución de los nacimientos alfa continúa, se creará una escasez de trabajadores en estos campos que eventualmente alcanzará niveles críticos. Ahora imagine tener un número reducido de alfas en el ejército protegiendo nuestro país. Imagínese tener un número reducido de agricultores que cultivan y crían ganado para que tengamos que recurrir a la importación de productos alimenticios de otros países para compensar. Por favor, no subestimen la gravedad de este problema.

–Entiendo su punto, Sr. Carlyle –dijo el presidente–. Entonces, ¿qué recomienda su comité que hagamos para cambiar esto y volver a criar nuestros omegas?

–En primer lugar, dado que este es un año de censo, creo que necesitamos obtener números precisos para que realmente sepamos dónde nos encontramos.

–¿Y cómo propones que hagamos eso ya que, si lo que estás diciendo es cierto, muchos omegas simplemente mentirán en el censo?

–Necesitamos una forma de identificar positivamente el estado de todos. He estado en contacto con una compañía que ha desarrollado un programa que puede analizar el ADN de una persona y determinar su estado simplemente haciendo que la persona toque la pantalla de su teléfono o cualquier dispositivo que esté usando. Se llama Analizador Genético GenXP. Si podemos tomar ese programa y de alguna manera combinarlo con un programa de censado, podemos realizar este censo electrónicamente y obtener resultados de estado precisos con bastante rapidez.

–¿Y después de eso? –preguntó el presidente.

–Honestamente no lo sabemos, señor. Pero si los números son tan malos como sospecho, es posible que se deban tomar medidas drásticas.

–Bueno, la Ley de Bonos Omega fue una medida drástica, pero eso parece haber explotado en nuestras caras, –dijo el presidente.

–Eso es cierto, señor –dijo Carlyle, luciendo abatido.

El presidente continuó golpeando la mesa con los dedos, luciendo pensativo.

–Nos ha dado mucho en qué pensar, Sr. Carlyle. Quisiera volver a convocar esta sesión dentro de dos semanas. En ese momento, me gustaría que todos en esta sala presentaran algunas ideas sobre cómo hacer que nuestra población omega y alfa vuelva a aumentar. Consulten con grupos de expertos, académicos, médicos, no me importa. Regresen a la próxima reunión con ideas, no me importa cuán raras o extravagantes puedan ser. Y, Sr. Ortega, también espero ideas sobre cómo mejorar nuestras finanzas en esa reunión–. Ahora, si no hay nada más, esta reunión se levanta.

 

La mansión Verger, unos días después...

Cordell Doemling hizo una pausa cuando un fuerte estruendo vino de la dirección de la oficina de su jefe. Mirando su reloj, eran solo las 10:00 p.m. El jefe regresó temprano de su cita y parecería que no había ido bien. Ese fue el cuarto omega en los últimos meses que Mason había perseguido activamente y que no había funcionado.

Suspirando profundamente, se dirigió a la oficina de Mason. Bien podría averiguar lo que pasó y acabar de una vez.

Llamó suavemente a la puerta antes de asomar la cabeza, listo para retirarse rápidamente si Mason le arrojaba algo a la cabeza.

–¿Todo bien, jefe?, –preguntó tentativamente, mirando los restos destrozados de un jarrón Ming que probablemente costó más de lo que ganó en toda su vida.

–¡Bien! –Mason estalló, caminando y claramente agitado–. ¡No! –dijo, luego mientras dejaba de caminar y pasaba una mano por su cabello ya salvaje–. Entra, entra.

Cordell entró en la oficina grande y bellamente amueblada y cerró la puerta. Sabía que lo que Mason necesitaba en este momento era solo alguien que lo escuchara mientras se desahogaba. Probablemente iba a ser la misma diatriba que escuchó cuando el último omega lo rompió con él. Y el anterior.

Cordell fue al aparador y le sirvió a Mason una bebida de un decantador de cristal y se la entregó, y el hombre la bajó rápidamente. Luego se sentó en una silla frente al escritorio y esperó. No tuvo que esperar mucho.

–¿¡Qué tengo que hacer para que un omega de calidad acepte vincularme conmigo!?, –dijo, prácticamente gritando.

–¿Asumo que tu cita con la señorita Silversmyth no salió bien?

–Ella lo canceló después de solo dos citas. ¡Dos citas! ¡No lo entiendo! Les doy vino, cena, asiento de primera en teatro y óperas con entradas agotadas, les halago, les hago regalos caros, y luego siempre es lo mismo: “Oh, Mason, lo siento, pero eres demasiado controlador”– dijo con una voz burlonamente aguda–. “Oh, Mason, eres demasiado agresivo”. “Oh, Mason, no creo que seamos compatibles; No vemos las cosas de la misma manera”. “Oh, Mason, quiero un alfa suave y más sensible”. ¡Pah! ¿Qué alfa real es suave y sensible? ¡Estoy tan harto de escuchar las mismas cosas una y otra vez! Antes si eras rico, los padres de las mejores familias prácticamente te arrojaban su descendencia omega. Los alfas tenían su selección de los mejores omegas que existían y los omegas no tenían voz en el asunto. ¿Qué tiene que hacer un alfa rico, guapo y exitoso hoy en día para obtener un omega con líneas de sangre decentes para vincularse con él y darle hijos para asegurar el legado de Verger?, –gritó, arrojando su vaso a la chimenea, donde se hizo añicos.

Ese era el resultado final, Cordell lo sabía. Mason no necesariamente quería un compañero, y podía comprar toda la cola que quisiera cada vez que se ponía cachondo. Pero Mason había llegado a un punto en su vida en el que estaba pensando en el futuro de la dinastía Verger Meatpacking, sin mencionar la continuación de la línea Verger. Él y Margot eran los únicos dos Verger que quedaban vivos, y ambos habían notado que Margot parecía sentirse atraída por las alfas femeninas, lo que significaba que no promovería la línea de sangre Verger en el corto plazo.

–Bueno– dijo Cordell tentativamente–. Hay omegas por ahí que se unirían a ti simplemente porque eres rico y te darían un heredero. Pero estoy seguro de que ya lo sabes.

–Sí. –Se burló Mason–. Del tipo necesitado que solo quiere ser cuidado y amado. ¡Yo cuido de mis cerdos! ¡Amo a mis cerdos! Quiero algo más de un compañero. ¡Quiero vincularme con un omega que traerá algo a la mesa! Genéticamente hablando, quiero decir, –aclaró, reanudando su ritmo–. Quiero un omega que infunda a la descendencia de Verger inteligencia y fuerza para agregar a la mía. ¡Deberían tener voluntad fuerte! ¡No quiero vincularme con un omega que me va a dar un montón de mocosos encogidos! La descendencia de Verger debería ser del tipo que intimida y golpea a los otros niños en la escuela, haciéndoles saber exactamente quién está a cargo desde el primer momento. Es como la cría de cerdos. Te aferras a los especímenes superiores para la cría y vendes el resto para la carnicería. ¿Por qué no puede ser tan simple con la gente? –Se enfureció, sacando un pisapapeles de Baccarat de su escritorio y arrojándolo al otro lado de la habitación, haciendo mella en la pared.

–Es una lástima que no vivamos en la época vikinga –dijo Cordell con calma, tratando de distraer la mente de su jefe de su cita–. En aquel entonces atacabas una aldea y enviabas a tus hombres a matar a los demás alfas, y luego, como jefe, habrías reclamado el mejor omega para ti, sin importa cómo se sintiera el omega al respecto.

–Sí. Esos eran los buenos viejos tiempos, Cordell, cuando los alfas tomaban lo que querían y no dejaban que nada se interpusiera en su camino.

–Dime, ¿no te estaba diciendo ese amigo tuyo en New Washington que estaban buscando ideas sobre cómo embarazar más omegas? Algo acerca de muchos omegas están ocultando su estado, pretendiendo ser betas. Parece que no eres el único que tiene problemas de omega. Tal vez deberías tener una idea. ¿No dijo que estaban buscando ideas listas para usar?

–Hmm. Cordell, creo que puedes estar en algo. También mencionó que también estaban buscando formas de ayudar a la caída financiera del país, y nadie sabe cómo obtener ganancias como yo. Voy a llamarlo ahora mismo y obtener más detalles.

 

Reunión del Gabinete Presidencial dos semanas después…

–Muy bien, comencemos esta reunión suplementaria –dijo el Presidente–. Nos hemos reunido para tratar de intercambiar ideas sobre formas de alentar a los omegas de este país a comenzar a reproducirse nuevamente, y para ver qué ideas, si las hay, se le han ocurrido al Sr. Ortega para comenzar a disminuir la deuda de este país. ¿Quién quiere empezar?

–Señor presidente, ¿qué pasa si convencemos a las compañías farmacéuticas de que dejen de vender supresores? –El Sr. Thompson del Departamento de Agricultura ofreció.

–Sr. Thompson, me encantaría escuchar cómo cree que podemos lograr que todas las empresas farmacéuticas dejen de vender un producto que genera miles de millones de dólares en ingresos a sus compañías anualmente –dijo el presidente–. Incluso si tratáramos de ordenarles que dejaran de vender supresores, sus caros abogados nos impondrían una orden judicial que ataría esa orden en los tribunales indefinidamente. Sin mencionar el hecho de que los omegas simplemente encontrarían una manera de obtener supresores de otros países. No, necesitamos algo que produzca resultados inmediatos.

–Señor presidente –dijo una mujer beta alta y delgada, de pie.

–Sí, Sra. Turner. ¿Qué se le ha ocurrido al Departamento de Educación?

–Me gustaría proponerle que ofrezca un incentivo financiero a los omegas para quedar embarazada. Ofrézcales $10,000 al probar el embarazo. De esa manera, incluso los que están trabajando verán el beneficio de ello, incluso si eso significa renunciar a sus trabajos–dijo, mirando complacida con su idea.

El presidente apenas se abstuvo de poner los ojos en blanco antes de decir:

–En primer lugar, Sra. Turner, incluso si no me opusiera a la idea de pagar omegas para quedar embarazada, que debería ser su deber, el Comité de Finanzas informó en la última reunión que este país está en grave deuda, y su solución es que le paguemos a omegas para quedar embarazados. Todos los omega que quedaran embarazados querrían ese pago, ¡incluso los que ya estaban planeando embarazarse, en primer lugar! Estaríamos desperdiciando mucho dinero.

–Sin mencionar el hecho de que los omegas con los que realmente quieres tener hijos no renunciarán a sus trabajos tan fácilmente –dijo Mason Verger con una ligera sonrisa burlona.

–Señor presidente, este es Mason Verger de Verger Meatpacking –dijo Gerard Ortega–. Lo he invitado aquí para contarles sobre una idea que se nos ocurrió. Es un amigo mío desde hace mucho tiempo.

–Sí, sé quién es el Sr. Verger –dijo el presidente, asintiendo con aprobación–. Usted dirige una de las plantas empacadoras de carne más grandes y exitosas del país. Bueno, ciertamente tengo curiosidad por escuchar tu idea.

Mason sonrió mientras estaba de pie, mirando alrededor de la mesa, con confianza. Después de su conversación con Gerard, había pensado esto cuidadosamente desde todos los ángulos.

–Los omegas que realmente quieres para criar hijos son los que no vas a poder convencer fácilmente. No con un incentivo financiero o súplicas del tipo “hazlo por tu país”. Han trabajado duro para conseguir los trabajos que tienen ahora, y se han acostumbrado a la libertad financiera que les da. Han estado escondidos durante mucho tiempo y son inteligentes y astutos. ¿Por qué renunciarían a todo eso para poder quedarse atrapados en casa sacando bebés?

–Adelante –dijo el presidente.

–Como dijiste, dirijo una de las plantas empacadoras de carne más exitosas de este país, y una de las razones por las que tiene éxito es que sé cómo producir existencias superiores y en mayor cantidad. La clave para eso es que mantengo mi mejor stock para la reproducción y vendo el resto. Tomo mis mejores cerdas y las pongo con mis mejores cerdos y dejo que la naturaleza siga su curso. No les pregunto a las cerdas si quieren ser preñadas, las pongo con los cerdos y confío en la fuerza y determinación superiores del cerdo para hacer el trabajo.

–¡No estás comparando seriamente a los humanos con los cerdos!, –dijo Turner, luciendo horrorizada.

–En este caso, eso es exactamente lo que estoy haciendo, señora Turner. Si quieres embarazar estos omegas y volver a sacar bebés alfa y omega, tendrás que ser duro. No van a salir solo porque tú quieres que lo hagan y decir: “Por favor, ten mi bebé”. Tendrán que ser sacados de su escondite pateando y gritando.

–¿Y cómo lograrías eso?, –dijo el presidente, luciendo intrigado.

–Gerard me dijo que se ha propuesto que hagas un censo este año usando algún tipo de programa que identifique correctamente estos omegas que pretenden ser betas. Creo que es un buen comienzo. Me gustaría recomendarle que agregue un parámetro al programa que cuando localice a un omega que ha estado fingiendo ser un beta, el programa capture su imagen y la envíe a un grupo de personas que calificarán objetivamente el atractivo del omega en una escala de 1 a 10 y agregarán ese puntaje promedio a su perfil. Una vez que se realice el censo, compilamos una lista de todos los omegas ocultos que tienen un rango de 7 o superior.

–¿Por qué? –Turner preguntó con sospecha.

–Porque esos son los que serán más atractivos para una audiencia de espectadores.

–Espera, ¿qué estás diciendo?, –preguntó el presidente.

–Lo que estoy diciendo es que a estos omegas escondidos se les debe enseñar una lección, y debe ser una lección muy pública que muestre a los omegas de todo el país que hay un precio que pagar por su engaño. Lo que estoy proponiendo es esto: después de que se conozcan los resultados del censo, seleccionamos un grupo diverso de 40 omegas atractivos que han alcanzado la edad de 28 años, pero que han ocultado su estado y no están vinculados. Estos omegas son esencialmente infractores de la ley, y vamos a impulsar ese hecho. Los llevamos a un lugar remoto y los soltamos con un grupo de alfas igualmente atractivos, pero agresivos, y dejamos que la naturaleza siga su curso y los vincule como se supone que deben ser. De hecho, tengo una propiedad que sería perfecta para esto. Nada más que tierra boscosa abierta por millas a la redonda. Lo televisaremos y lo llamaremos La Caza de Omegas. No, olviden eso. La palabra “cazar” trae a la mente a los alfas corpulentos que se escabullen por el bosque buscando disparar a Bambi. Lo llamaremos Los Juegos Omegas. La palabra “juegos” tiene una mejor connotación, trae a la mente diversión y risas y reunirse con amigos con bebidas y bocadillos. Pero seguirá siendo esencialmente una cacería.

–¿Y qué quieres decir exactamente con “cazar”?, –preguntó Turner.

–Quiero decir exactamente lo que dice: Los alfas cazan a los omegas, y cuando atrapen a uno, es suyo reclamarlo y unirse, y, eventualmente, reproducirse.

–¿Pero por qué televisarlo, y por qué tan pocos omegas?, –preguntó el presidente.

–Es un hecho conocido que la gente no puede tener suficiente de la telerrealidad. Cuanta más acción, más violencia, peligro, sexo e intriga exista más les gusta. Lo que estoy sugiriendo es que tomen un grupo de omegas saludables y atractivos, y los sueltes en el bosque, dándoles una ventaja, y luego sueltas a un grupo de alfas agresivos y plagados de testosterona que buscan compañeros para perseguirlos, y televisas todo. A la gente le va a encantar, y los van a amar por mostrárselo. Y aquí está la mejor parte. No solo les enseñas una lección a los omegas de este país, mostrándoles que no está bien ocultar su estatus y desafiar la ley, sino que también ganan dinero con ello.

–¿Cómo? –El Presidente se sentó más derecho ahora.

–En primer lugar, hacemos esto un evento pago. Gerard me ha dicho que están buscando formas de disminuir la deuda nacional, y creo que esto tiene el potencial de traer dinero, y mucho. Luego, cobra a los alfas por participar. Los alfas ricos y sin pareja pagarán un centavo para tener acceso al grupo de bellezas extraordinarias que elegiré para estos juegos.

–Si va a haber peleas y derramamiento de sangre y muy posiblemente sexo, ¡no puedes televisar eso! –Turner dijo, luciendo escandalizada.

–Oh, por favor, veo cosas peores en la televisión todos los días. –Se burló Mason–. Pero cuando se registran, podemos incluir un botón en el que tienen que hacer clic indicando que tienen 18 años de edad o más y que entienden que el programa que verán puede contener violencia, situaciones sexuales, posiblemente, incluso, la muerte. De esa manera estamos cubiertos.

–¿Muerte?, –dijo el Secretario de Defensa, luciendo interesado.

–Estos alfas van a estar en la naturaleza con su adrenalina y sus instintos más bajos saliendo a la superficie. Puede haber casos en los que dos alfas estén luchando para reclamar el mismo omega. Además, estos omegas no van a estar contentos con esto y no caerán sin luchar. De hecho, me sorprendería más si no hubiera muertes durante el evento.

El Presidente claramente lo estaba pensando.

–Y podemos hacer que los patrocinadores paguen por anuncios comerciales y establezcan sitios de apuestas para que la gente pueda apostar por quién se vincula primero, quién elige a quién, cosas así y ganar aún más dinero.

–Me gusta su pensamiento, señor presidente –dijo Mason sonriendo, sabiendo que tenía al presidente enganchado.

–¿Y cómo elegirás a los alfas que participen?, –preguntó el Secretario de Defensa con curiosidad.

–Ya tengo a alguien compilando una lista. Los alfas que elija serán solteros, ricos, agresivos y entre las edades de 25 a 45 años. He redactado un correo electrónico inicial con un cuestionario que se enviará de forma anónima y que me ayudará reducir a los alfas que cumplen los requisitos. Este primer correo electrónico será anónimo y vago porque queremos mantener todo esto en secreto durante el mayor tiempo posible. Luego, en función de sus respuestas, enviaré un segundo correo electrónico a unos pocos seleccionados y les daré más detalles. Deberíamos tener los omegas elegidos para entonces e incluiré fotos y una breve biografía y les preguntaré si les gustaría participar en los primeros Juegos Omegas con la oportunidad de vincularse con un omega de calidad por el precio de ganga de, digamos, $ 50,000 cada uno. Luego, los primeros 45 que se inscriban hacen historia.

–Pensé que dijiste que habría 40 omegas. ¿Por qué 45 alfas?, –preguntó el presidente.

Mason sonrió.

–Porque queremos asegurarnos de tener un buen espectáculo. Queremos que los alfas sepan que no todos van a terminar con un omega. Así que, si quieren uno, van a tener que vencer a la competencia. Los alfas que seleccionaré para el segundo correo electrónico van a ser competitivos por naturaleza. Ahora, si están en un escenario en el que podrían irse con las manos vacías, especialmente cuando han puesto una suma sustancial de dinero y saben que todo está siendo visto por, potencialmente, millones de personas, serán más competitivos, y créanme cuando digo que habrá mucha acción para mantener a la audiencia entretenida.

–Me preocupa que esto pueda ser contraproducente y perjudicar las posibilidades de reelección del presidente –dijo el secretario de prensa.

–En primer lugar –dijo Mason–: a los betas no les importa una mierda lo que les sucede a los alfas y omegas. No creo que realmente entiendan todo el asunto. Y les garantizo que a los alfas les encantará esto. Así que eso es más de tres cuartas partes de la población. Pero estoy de acuerdo en que habrá algunos corazones sangrantes por ahí que protestarán por este tratamiento de omegas. Así que sugiero que una vez que nos acerquemos a la hora del espectáculo, publiquen un par de segmentos de noticias que den mala prensa a los omegas. Muestren clips de omegas que tienen 28 años o más que se supone que deberían estar unidos y están tomando los trabajos de alfas con familias. Háganlos pasar por antipatrióticos, antipáticos y egoístas. Las historias no tienen que ser ciertas, pero un poco de mala prensa contra los omegas contribuirá en gran medida a que la audiencia espectadora apoye a los alfas. Señor Presidente, me parece recordar que cuando se postuló para presidente hizo un buen número con su oponente, haciéndolo parecer incompetente, corrupto y débil. Haz lo mismo con estos omegas. Haz que se vean como los malos. Convence a la gente de que se merecen todo lo que van a recibir.

–Brillante –dijo el presidente–. Pero para hacerlo más interesante, ¿por qué no ofrecemos algún tipo de incentivo para que los omegas luchen tan duro como puedan? Quiero decir, si no hay posibilidad de escapar de esto, algunos de ellos pueden ceder con demasiada facilidad.

–Eso definitivamente aumentaría las apuestas –dijo Mason con aprobación–. Lo que dice es que les decimos a los omegas que, si pueden sobrevivir hasta el final de la caza sin estar vinculados, no solo pueden salir libres, sino que también obtendrán $ 50,000 y su garantía personal de que conservarán sus antiguos trabajos –dijo Mason–. Pero no me preocuparía, señor presidente. La posibilidad de que cualquiera de estos omegas llegue al final es muy poco probable. Estoy más preocupado de que todos sean atrapados demasiado rápido, terminando los juegos muy pronto.

–Entonces, ¿cuál es el cronograma de esto?, –preguntó el presidente con entusiasmo.

–¿Qué tan pronto puede obtener los resultados del censo?, –Mason respondió.

–Sr. Carlyle, ¿puede responder eso?

–Bueno, señor, puedo hacer que los programadores se pongan a trabajar inmediatamente combinando el Analizador Genético GenXP con un programa de censo, y agregaremos el parámetro que el Sr. Verger mencionó, que captura la imagen de cualquier omega que se ha estado identificando incorrectamente y luego envía esa imagen a quien sea que los califique según su apariencia. Estoy pensando en dos meses para terminar el programa y otros dos o tres meses para realizar el censo y recopilar los resultados.

–Eso es perfecto –dijo Mason–. Déjemelo a mí, señor. Enviaré el cuestionario inicial a los alfas, comenzaré a construir una base de operaciones y viviendas en la propiedad, y equiparé el área con cámaras estacionarias y drones con cámara. Si esto resulta ser tan popular como creo, Sr. Presidente, puede organizar uno de estos eventos cada año. Saber que estás eligiendo omegas en la clandestinidad realmente los va a sacudir.

El presidente se frotó las manos, pensando en todo el dinero que esto traería.

–Muy bien, Sr. Carlyle, le estoy dando luz verde para proceder con el programa de censo electrónico modificado. Buen trabajo, señor Verger, señor Ortega. Ambos lo lograron.

–Por favor, señor, llámeme Mason. Sospecho que nos veremos mucho más el uno al otro.

–Está bien, Mason. Tenemos un plan y te estoy poniendo a cargo de todos los detalles para hacer esto. Comencemos de inmediato.

–Sería un placer, señor –dijo Mason, compartiendo una sonrisa y un apretón de manos con su amigo, Gerard. Ya podía sentir la emoción que corría a través de él. Estos omegas enganchados y arrogantes no sabrán qué los golpeó.