Work Text:
ROJO
Rei odiaba ese color.
El rojo.
No sabía cómo el mundo se las arregló para que siempre estuviera rodeado de ese maldito color. Desde que nació, desde que empezó a tener conciencia, supo que su familia estaba teñida de ese color.
El color de la sangre.
No importa lo que vistiera, siempre se teñiría del tono carmesí abisal nauseabundo que perduraba en sus prendas. Difíciles de remover, las cuales terminaban siempre desechando.
Estaba seguro de que su padre amaba ese color. Lo veía con él siempre.
Su pequeña mente no entendía lo que pasaba a su alrededor.
No entendía porqué un día sus padres estaban discutiendo, entraron a la habitación y momentos después su padre salió con las manos empapadas del líquido repulsivo… resbalando de sus manos y de la navaja que cargaba consigo.
Pero su madre nunca salió de la habitación.
Su padre no le dedicó ninguna palabra al respecto, restándole importancia desmesuradamente a la muerte de su progenitora. Tampoco le interesaba si su hijo fue testigo del imminente asesinato de la mujer.
No hace falta explicarlo. Que se acostumbre a esto, en el futuro lo vivirá de primera mano.
Está de más decir que no volvió a ver a su madre. Dudaba que siquiera lo hubiera amado, no la veía mucho y, cuando lo hacía, la mujer no se despegaba de la ventana de su habitación, que era una totalmente separada de la de su padre. No lo veía, no le hablaba, no le daba ninguna muestra de cariño.
Rei no sabía lo que era el cariño, nunca lo recibió.
Ni de su padre ni de su madre. Pero cuando llegó alguien que sí lo hizo, Rei se derrumbó cuando se fue.
Durante su niñez, vio mujeres ir y venir. Nanas que contrataba su padre para poder terminar de criarlo, así era mejor, estas si obedecían sin hacer tantas preguntas.
Sin embargo, ninguna duraba mucho tiempo. Todas se iban tan rápido como regresaron. Al día de hoy, Rei espera que sus vidas no hayan culminado el día que se fueron.
El niño recordaba con cariño a una nana que le maravilló grandemente, la señora Kazumi. Fue la mujer más maravillosa que había conocido. Poco después de que Akiko se fuera, llegó la señora, no mayor de sesenta y vistiendo un encantador uniforme de mucama. Con una sonrisa radiante como el mismo sol, y emanando la gentileza y paz que estaba extinta en la casona, se acercó al jovencito Suwa quien ahora ya tenía doce años. Se inclinó y lo tomó de ambas mejillas, mostrándole su sonrisa más cálida y encantadora. "Un gusto conocerle, amo Rei. Me llamo Kazumi y prometo cuidar muy bien de ti." y si había un Dios allá arriba, que bendijera el alma de la anciana. Pues tal como prometió, así lo hizo. Y le enseñó las cosas más lindas de la vida.
Tanto como su reuma se lo permitía, cargaba al azabache y lo sentaba en su regazo, juntos leían muchos cuentos. Le arrullaba por la noche para que el niño pudiera dormir, su canto era algo que nunca olvidaría. Ambos se escapaban de sus clases en casa para salir al patio a jugar juntos. Aprendió por primera vez lo que era el fútbol y el Frisbee, su nana escabullía muchas cosas, tesoros a los ojos de Rei.
Aún con sus sesenta años, la señora Kazumi disfrutaba de hacer travesuras con el heredero Suwa, incluso una vez se adentraron a la alacena de la mansión para devorar las galletas que 'contrabandeado' su nana mientras reían y comían.
Lo hicieron en el silencio de la noche. Porque sabían que en el día las paredes tenían muchos ojos y oídos.
Y a pesar de que sabía que no debía hacerlo, ella no escuchó.
A sabiendas de que su único trabajo era atenderlo en lo que necesitara, ella no escuchó. ¿Cómo podría hacer solo eso? Este niño necesitaba el calor de un abrazo y la gentileza de una caricia, la senil estaba más que dispuesta a dárselo. ¿Y lo tenía prohibido?
¿Por qué?
Cuando lo vió por primera vez, no pudo evitar afligirse, hizo lo que pudo para no arrodillarse a llorar y abrazar al niño. Nunca había visto a una persona tan joven y con tanta falta de emociones como había visto al pequeño heredero. En algún momento pensó que le habían hecho una lobotomía y había sido arrebatado de las emociones más humanas concebibles.
Este niño, que tuvo el infortunio de compartir sangre con el padre más despreciable y atroz que pudo existir, estaba muerto en vida…
No lo podía permitir. No era su problema, pero cuando un día el ojiazul se le acercó con un dibujo de él y ella jugando en el campo, con una enorme sonrisa más resplandeciente que las estrellas de su ventana, no vaciló en decidir que se jugaría su vida para enternecer el achicado corazón del pequeño.
Ella no obedeció.
Ella ignoró las advertencias.
Se apiadó del pobre muchachito frío que le recibió ese día y le enseñó la calidez de las personas.
Y esto, al amo Shigeki no le gustó.
Rei sabía que no era prudente lo que hacían. A pasos de bebé, fue perdiendo temor y se envalentó a caminar de la mano de su amada nana.
Maldito el día que lo hizo.
Y maldito el dios del que tanto hablaba la señora, fue el mismo dios que se la arrebató ese día.
El pequeño Rei de doce años, creció para ser informado que sería el heredero del clan Suwa. Y se le fue recordado algo muy importante.
Nunca tengas lazos con las personas. Son una debilidad.
Esa noche se volvió a teñir de carmesí.
Con la sangre de Kazumi, cuando la vio caer por su ventana y llegar al concreto de la mansión con un resonante golpe. Nunca olvidará la forma en que su cuerpo, ya demasiado frágil por su vejez, se desmoronó estampado en el suelo que daba a su ventana y un charco de sangre se formó bajo su cuerpo inmóvil.
Una discreta advertencia de parte de su padre.
Los Suwa no pierden el tiempo 'conectandose' con las personas.
Y los días regresaron a ser grises. El sol brillaba pero ya no sentía su calor, la comida caliente se servía pero ya no sentía su sabor, las flores que crecían en primavera, ya no sentía su olor.
Todo se fue con la señora Kazumi.
Incluso cuando intentó tomar cariño nuevamente, con el perro guardián de su padre, este lo obligó a deshacerse de él. Manchandose las manos nuevamente del color que repudiaba. Destruyendo otro lazo que forjó, esperando que su padre tendría misericordia del pobre animal.
Que iluso.
No se apiadó ni de su madre, ni de la señora Kazumi… Mucho menos lo haría de un simple animal.
Así que después de todo el sufrimiento, el pequeño Rei finalmente entendió.
Siempre y cuando no forme más lazos, no habrá sangre que lamente ver derramada.
Pero el rojo no dejó de aparecer en su vida.
Creció y se convirtió en el arma definitiva de su padre. Un joven Suwa diestro en el combate y en el uso de armas. Mataba a sus objetivos con la precisión de un veterano del ejército y levantaba en alto el nombre del clan Suwa.
No importaba cuántos fueran, se mancharía con todos ellos.
Su traje negro como la noche, regresaba a la mansión Suwa completamente empapado del rojo oxidado de los trabajos completados, su medalla de honor a los ojos de su padre.
Su padre… Su Jefe, completamente vacío de empatía y amor por su hijo, se limitaba a asentir tras escuchar el sucio trabajo completado por su hijo. Hecho un desastre de golpes, sangre y rasguños frente a él, obviaba todo eso y le hacía saber cuando sería su próxima misión. Despidiéndolo descuidadamente con un movimiento de su mano.
Era un ciclo sin fin de balas, muerte y sangre. Y cuando fue mayor, entendió que la familia Suwa resuelve todo con ese líquido repugnante. Que su madre, al igual que la señora Kazumi, habían muerto por mano de su padre, porque si no eran útiles, era mejor sacarlas del camino.
Y vaya que salian del camino, pero dejaban un rastro bermejo tras de sí. Rastro que todos obviaban menos Rei, eso lo atormentaba cada noche.
Rei a veces miraba al cielo, completamente avergonzado de que la vieja Kazumi y su perro lo estuvieran viendo desde ahí… Podría apostar lo afligido que estaría el corazón de su nana, viéndolo como terminó. Siguiendo a rajatabla los mandamientos de su progenitor.
Como un perro más.
Un perro que siempre estaba manchado de rojo.
Sí, el pelinegro odiaba ese color.
Pensó que lo seguiría haciendo…
Hasta que llegó él.
Kazuki Kurusu. Y al otro lado del café de Kyutaro, lo miró… Con esos intensos ojos rojos.
Y por primera vez, Rei sintió que el rojo no le molestaría más. Aprendió que el rojo podía tener diferentes tonos. Cada uno más hermoso que el anterior.
Se acostumbró a verlo, a ver sus ojos carmesí brillar cuando le salía bien una nueva receta y su comida resultaba más que exquisita. Su comida es lo mejor que ha probado, pero Rei no podría expresarlo bien. Ver su cara enrojecer de rabia cuando ensuciaba su sudadera roja de comida, le sacaba una pequeña sonrisa. 'Es lindo…' pensaba el pelinegro para sí. No estaba seguro qué fue exactamente lo que lo incitó a pensar así de su compañero… Su gentil personalidad, la forma en que siempre está cuidando de él atendiendo su alimentación, sus heridas después del trabajo o procurando que siempre esté sano y con ropa limpia… Cosas que jamás había recibido antes, con una amabilidad incondicional… Y
Y todo con una linda sonrisa en su rostro… Lindo, como sus rojos labios.
Sin ánimos de parecer descarado, debía admitir que una de sus partes favoritas de Kazuki, eran sin duda sus labios. El ojiazul pensaba que eran demasiado carnosos para un hombre. Y no es como si un chico no pudiera tenerlos así, al contrario, el que Kazuki tuviera los labios tan llenos atraía la admiración del pelinegro.
Entonces divagaba, ¿cómo sería besarlo?'
Se enteró de la respuesta, una vez mientras cenaban.
Ya había pasado tiempo desde que comenzaron a vivir juntos y sentaron las bases de su relación, pero aún no habían probado los labios del otro. Pensó que Kazuki daría el primer paso, dado a que tenía más experiencia que el azabache, sin embargo, no iban más allá del afecto físico. Aún así, no podía negar que estaba muy satisfecho con las caricias y los abrazos…
Pero no solo de pan vive el hombre.
Y Rei Suwa no viviría sólo de caricias.
El hambre y el deseo estaba naciendo y creciendo en él como el furor del incendio de un bosque. Todo destruido de las llamas rojas que habitaban dentro de él y no se había dado cuenta.
Hasta que lo conoció.
Y mientras el mayor estaba sentado frente a él, contándole cómo había sido tan afortunado de aprovechar la promoción de 3x2 en carne del supermercado, pasó lo que no se esperaba. El ojirrojo fue descuidado y… se pinchó los labios.
El tenedor que había usado para recoger un poco de pescado al vapor, llegó en un mal ángulo hasta su boca, provocando que rasguñara ligeramente su labio inferior.
"¡Auch! ¡Maldición!" dijo a toda voz el ojicarmesí con su semblante arrugado por la molestia causada. "Rei, pásame una servilleta, por favor."
Algo se había encendido dentro de él, el hambre que sentía se había reemplazado por el fuego escarlata del deseo en su interior.
Rei ya no estaba presente con él. Su conciencia estaba perdida en los gruesos y colorados labios del rubio, de los cuales brotaba ahora el rojo de su sangre. '¿A qué sabrá su sangre?'
Se preguntaba si podría ser tan dulce como sus tostadas francesas o si sería agridulce como su simpática y fuerte personalidad. Sin dar más cabida a la duda, así hizo.
A solo centímetros de la mesa, el pelinegro se levantó. Kazuki alzó la vista, pensó que se ponía de pie para ir a la cocina a traerle lo solicitado.
Oh pero no podía estar más equivocado.
Vio al más joven acercarsele, tortuosamente lento, lo que le hizo levantar una ceja al rubio. Ya a su lado se inclinó hasta su rostro, teniendolo a la distancia de un suspiro, fue eso mismo lo que produjo el mayor. La cercanía le provocaba escalofríos y ocasionó que su rostro se colorára.
Ah, ahí está. Que fascinante es ser testigo de tan hermosa faz bermeja.
Profundamente extasiado, el pelinegro tomó la cara ajena con su mano y tentativamente pasó su pulgar por sobre la sangre en el labio tembloroso del mayor. "No vas a necesitar eso." afirmó.
"¿Cómo dices-"
Finalmente, las palabras de Kazuki fueron ahogadas por los lengüetazos del pelinegro en su labio inferior. Un pequeño Eep! de sorpresa se escapó de entre sus ministraciones. El muchacho se hacía cargo de remover cada partícula del líquido rojo que lo había tenido intrigado hace unos momentos. Besaba y mordía sus labios a placer y el mayor, genuinamente complacido, no hacia más que dejarse abusar de los labios. Que Rei hiciera como quisiera. Era una sensación demasiado placentera como para querer detenerla.
Su gentil agarre pronto se tornó agresivo y también de la parte del rubio que lo tomaba de ambos brazos, comenzó a corresponder y devorar los labios del otro. Pronto ese agarre dejaría marcas y los labios del rubio estarían hinchados y rojos.
Eso motivaba más al ojiazul.
El rubio chupaba su boca sin piedad mientras con su lengua intentaba fisgonear la cavidad del pelinegro. La sorpresa del menor hizo que su boca se entreabiera, dándole el permiso que el otro había pedido sin palabras. La nueva sensación le provocó un hormigueo en su entrepierna. No dudaba que el ojirrojo se estuviera sintiendo igual y, alentado por ese pensamiento, decidió igualar el ritmo del rubio. Cada lengua combatiendo contra la otra en una disputa territorial de marcar la impropia con la saliva del otro.
Y mientras más lo observaba, más se daba cuenta que el rojo pertenecía a él. Le quedaba bien…
Fue ahí que el muchacho que rechazaba ese color, quería verlo más… Cada vez más en el rubio de ojos carmín.
El comedor era una sinfonía de gemidos y quejidos producidos por la pareja, quienes eran los directores de la orquesta de su romance. La situación cada vez escalaba más y más y Rei no podía evitar preguntarse, '¿Hasta dónde vamos a llegar?'
Rei podría estar muy motivado, pero realmente no sabía que hacer después. No ha recibido ningún entrenamiento previo, como lo había hecho con su entrenamiento de asesino.
Estaba completamente perdido en el tema.
Tampoco quería decepcionar a Kazuki, sabía que él hacía esas misiones Honey Pot y seguramente tenía expectativas altas del menor. ¿Sería Kazuki paciente con él? Si lo ha hecho con otros hombres, ¿estaría Rei a la altura? Su palpitante erección pedía la atención de alguien, y si era del rubio, sería mucho mejor. Lo que también le surgió la duda de si Kazuki estaría dispuesto a ser 'el de abajo'. No sería algo que perjudicaría su relación, pero sería hipócrita no admitir que si los adentros de su boca sabían tan bien, moría de ganas por saber como se sentía estar adentro de él.
Y a pesar de todo, solo pensaba en una cosa.
'¿Puedo… Seguir?'
seguramente en algún punto había dejado de besar al otro. Porque Kazuki tomó su rostro con ambas manos, llamando su atención al instante. El rubio lo miraba con sus pupilas dilatadas, exhalando pesado a través de su hermosa boca hinchada de haber sido aprovechada por el pelinegro. "Haah, Rei, no pienses tanto." jadeaba el ojicarmesí con una sonrisa pícara adornandola. "Jamás te había visto tan… Deseoso. A decir verdad, eso me excita muchísimo. Sigamos en mi habitación, Rei-kun~" ronroneaba el rubio con voz áspera, baja y llena de fogosidad.
Instintivamente, sus brazos volaron hacia la espalda y las piernas de Kazuki, cargándolo en estilo nupcial y prácticamente corriendo hasta la habitación del mencionado, teniendo cuidado con la escalera en espiral. Para cuando la pareja estaba en la privacidad y oscuridad de la recámara, el pelinegro estaba sumamente nervioso. Nuevamente, un cosquilleo se extendió por todo su cuerpo. Su voz había abandonado su garganta, podía jurar que Kazuki se veía asombrosamente más bello debajo de él. Con la tenue luz de la ventana iluminándole, el carmín de sus ojos parecía resplandecer aún más. Rei suspiró, embelesado por la vista.
Se inclinó una vez más y tomándolo de las muñecas, engañando al mayor de reiniciar otro roce de labios, y desvió su boca hacia su cuello. Inhaló profundamente la esencia del rubio, dándose cuenta de la delicia del olor de su piel, sintió su boca hacerse agua. Sin pensarlo más, cerró el espacio entre su boca y su cuello, y comenzó a llenar de besos cuanto espacio pudiera abarcar su hambrienta boca. Kazuki casi maullaba bajo las ministraciones de su pareja, jadeos escapaban y sus ojos se cerraban con fuerza siendo incapaz de manejar los ataques a su clavícula. Succionaba, lamía y mordía el cuello del rubio, migrando hacia su clavícula y prontamente sus pectorales. Se alejó por un instante únicamente para remover la prenda superior del mayor, resumiendo su ataque a su segunda parte favorita de su novio: sus pectorales.
Rei nunca había ponderado en la existencia de un dios, jamás le interesó confirmar si un ser todopoderoso habitaba en las alturas del cielo y perdonaba los pecados de los mortales. Pero si había un Dios allá arriba, cuya una de sus obras fue diseñar al ser humano, debía darle gracias profundas por haber creado a un hombre tan perfecto como Kazuki, sin ningún defecto, una impresionante construcción de adonis de pies a cabeza.
"P-pensé que serías tímido en la cama, Rei~" bromeó el rubio. Pero su comentario pasó por sobre la cabeza del pelinegro, completamente estupefacto y denotando maravilla en sus ojos. "Eres hermoso, Kazuki…" soltó, ignorando sin querer lo que había dicho el que estaba debajo de él.
Esa simple oración, hizo que el corazón del muchacho se acelerara tanto que le provocaría un infarto.
Moriría de amor con este hombre.
Rei alababa su anatomía repetidamente. Alternando entre besos y halagos hacia la contextura inmaculada del rubio. Estrujaba y amasaba los montículos de su pecho, alternando y dando atención entre ambos pezones. Los lengüetazos y mordidas hacia sus rosados botones apuntaban a un insaciable hombre motivado por los quejidos de su novio y el fuerte agarre en su melena oscura. En ese momento, el pelinegro clavó salvajemente sus dientes en la piel de miel del rubio y ocasionó que sus caderas se alzaran hacia la del pelinegro. Las de el azabache bajaron por reflejo hasta apretar su entrepierna contra la del rubio, ambos liberando un gruñido extasiado por la fricción persistente del menor.
Las piernas de Kazuki se enredaron sobre las posaderas del ojiazul, animándole a continuar el exquisito roce de pelvis que anunciaba algo más deleitable por venir. El pelinegro hundía su cara en la nuca del rubio nuevamente, encontró comodidad en la parte de su cuerpo que originaba sus hermosos gemidos y quejidos de los cuales él era el artista. Sus pálidos y esculpidos brazos serpentearon alrededor de la cincelada cintura del rubio, sujetándolo con implacable seguridad haciendo que su cadera levitára un poco mientras destruía su miembro a masajes con el suyo. Los pantalones del par ya se estaban comenzando a encoger en sus cuerpos, la ropa en general comenzaba a resultar ser un estorbo, sus falos demandaban liberación del aprisionamiento lo antes posible.
"Rei…" llamó el mayor, "¡Yo-Ah! Espera un momento, tonto!" alejó por los hombros al mencionado. El azabache se enderezó inmediatamente, apoyado en sus rodillas entre los muslos del ojirrojo.
Su cara permanecía indiferente, pero genuinamente sentía preocupación de haberse sobrepasado. Lo miraba atentamente, expectante del motivo por el cual detuvieron su sesión. "Escucha, lo que dije antes… Lo dije en serio. Realmente quiero hacerlo contigo. Pero necesito asegurarme de que tú también lo quieres." se elevó hasta apoyarse en sus codos, acercándose más al pelinegro. Lo vió vivamente a los ojos, "Dime si tú también me deseas tanto como yo a ti, Rei."
Podía drogarse con el sonido de su nombre que salía por los labios del rubio. Estaba obsesionado con él, era indudable.
Creyó haber enfatizado en lo mucho que deseaba estar con él, pero si todavía le cabía duda, Rei se irguió y, en un movimiento rápido, se removió su camisa blanca y su sudadera azul.
El rubio estaba deleitado ante la vista, definitivamente había tenido mucha suerte. Rei se alzaba imponente sobre él como un dios ante su siervo, la poca luz que entraba y rebotaba en sus pectorales y abdominales, hacia que al mayor se le cayera la quijada, patidifuso por la forma en que la línea en V se perdía en el dobladillo de sus pantalones; el tamaño de la erección que juguetonamente se levanta venerable le propiciaba un silbido de elogio de parte del rubio. Rei apartó la vista avergonzado, "Creo que ya tienes tu respuesta…" afirmó el pelinegro.
"Voy a tener más que tu respuesta." sonreía sugestivamente al mismo tiempo que desabrochaba su pantalón y lo jalaba hacia abajo junto con su ropa interior.
Rei jadeo sorprendido pero decidido a cumplir su cometido, se terminó de desnudar y ayudó a Kazuki a quitarse lo que le quedaba de ropa también.
Kazuki desnudo era una hermosa pieza de arte. Se puso a gatas sobre él, estudiando cada curva, cada bulto y cada arruga en su cuerpo. Quería retratar su físico en su mente y atesorarlo para siempre.
Pero inseguro de cómo proseguir, se detuvo en seco. "Y ahora qué hago?"
Kazuki no quería ser grosero por la primera vez del pelinegro, pero no pudo controlar la carcajada que se liberó. "Que imbécil eres, Kazuki." insultó el pelinegro, sus facciones indiferentes.
"NO! ¡ESPE- PERDÓN, PERDÓN DE VERDAD!" sus disculpas hacían poco para convencer al ojiazul, quien lo miraba molesto al ver la discrepancia de su disculpa y las risas que no paraban de salir. "No es con mala intención, te lo juro. Es solo que te veías como si sabías lo que estabas haciendo y el que dijeras eso me dio mucha gracia. No te preocupes, yo te enseñaré~"
Su ceño fruncido desapareció de su rostro y se aclaró la garganta, "¿Entonces tú serás el de abajo?" preguntaba un tanto avergonzado.
Kazuki golpeteó su dedo índice contra su barbilla, pensativamente." Seré quien reciba, solo por esta vez. Tengo curiosidad de cómo se siente tu enorme pene dentro de mí." sugirió tentativamente.
Rei asintió, las inseguridades podían irse al carajo. Concluyó audazmente que le daría al rubio la cogida de su vida.
Una atrevida mano se estiró hasta aplanarse contra el pecho bien formado del azabache, lo alejó lo suficiente para poder recoger sus piernas. Recostó su pecho contra la cama y levantó orgulloso su regordeta retaguardia. Los ojos de Rei estaban tan abiertos que sus ojos podrían fácilmente salirse de sus cuencas. Tenía el perfecto trasero de su pareja servido en bandeja de plata frente a él, tragó pesado, ojeando al rubio que lo veía sonriente. Alzó una ceja inquisitiva, "Debes mojar muy bien mi entrada para que te sea fácil introducir tus dedos. Y cuando pueda tener tus tres dedos adentro…" se relamió los labios desviando su mirada a la prominente rigidez del miembro de Rei. "Podrás enterrarmela." concluyó con su explicación. "Suena fácil, ¿no? ¿Alguna duda?"
"Entendido." respondió firme como si de una misión se tratase.
Y él siempre sobresalía en sus misiones.
Con seguridad, tomó ambos glúteos del rubio y los apartó con gentileza para dejar ver su entrada. Dado a que era testigo, por primera vez, de la retaguardia de este, no pudo evitar mirar con especial atención lo que tenía enfrente. Pasó de sólo tomarlos a masajearlos con fuerza, apreciando como enrojecían bajo su toque y dejaba marca de sus dedos por detrás. Debía alargar la lista de sus partes favoritas de su pareja, parecían unos jugosos duraznos y, como tal, dejó ver su dentadura para clavarle los dientes una vez más.
Las diferentes sensaciones hacían que el mayor perdiera la cordura progresivamente. sentir los besos mojados del azabache, sus mordidas y sus bruscos masajes, estaban suscitando gemidos ahogados en la cama del rubio.
Satisfecho con haber marcado también sus posaderas, el ojiazul acercó su rostro hacia el lindo agujero de Kazuki. Pasó delicadamente su lengua sobre el palpitante músculo, como si de tantear el territorio se tratase, y succionó. La forma en que el rubio se retorcía y jadeaba debajo de él era demasiado excitante para el pelinegro, sus gemidos silenciados por el colchón de su cama eran música para sus oídos. Rei pasaba su lengua con fervor por todo el anillo de músculos y cuando se cercioró de que estaba lo suficientemente mojado, introdujo un dedo en la cavidad floja del rubio. Kazuki liberó un tembloroso jadeo al sentir la pequeña intrusión, llevó sus manos hasta la almohada bajo él y la estrujó con fuerza, su rostro tenía una expresión de estar siendo torturado.
Y tal vez si estaba siéndolo, la ágil lengua del pelinegro se introducía en su interior al mismo tiempo que el dedo de este. Como si fuera poco, otro curioso dedo se asomaba por su entrada, trayendo consigo la promesa de más placer para su compañero. Rei estaba observando y estudiando cada reacción de su pareja deleitándose en la forma que se contorsionaba cada vez que entraban y salían sus dedos de su agujero. Continuaba abusando de su interior con sus apéndices, luego de un tiempo, vio oportuno añadir el último que se le indicó. Inició a empujar tres dedos dentro del rubio, tijereando en este para abrir paso a su enorme erección que ya estaba adolorida por la espera de ser atendida.
Justo cuando estaba intentando buscar un mejor ángulo, curveando sus dedos por toda la cavidad del rubio, tocó un punto que hizo al mayor levantar su cabeza de golpe con un estridente gimoteo saliendo de lo más profundo de su ser.
Rei se detuvo y esperó un momento a que Kazuki le indicara si lo había lastimado, pero al notar como el ojirojo le sonreía animándolo a continuar, la comisura de sus labios se levantó y resumió en abusar de su palpitante agujero nuevamente.
Los sollozos del rubio habían pasado de ser silenciosos a resonantes. Kazuki gemía su nombre constantemente en una hermosa sinfonía de súplicas de ir más rápido y más profundo. Rei obedecía cada exigencia suya.
Siempre lo había hecho, lo que él mandara, Rei lo haría. Estaba a los pies de este hombre.
Llegados a un punto de efervescencia absoluta, Kazuki le llamó, débilmente alzando la voz. "Rei… Haah, ya puedes entrar…"
No había terminado de decir la frase cuando Rei ya estaba bombeando su latiente masculinidad y posicionándose en la rosácea entrada del mayor. Empujó su verga lentamente, sabía que era de un tamaño 'destacable' y por el bien del trasero de Kazuki, debía tener el mayor cuidado posible.
Eso hasta que el rubio le indique cuando el salvajismo sea óptimo.
Media polla dentro y Kazuki ya estaba viendo estrellas, el repentino estiramiento lo sobresaltó y tuvo que aferrarse con ganas a las sábanas bajo él en un intento de aferrarse a la poca cordura que le quedaba. Rei estaba haciendo un gran trabajo sin esfuerzo, haciendo un desastre de él.
Finalmente tocó fondo, el aire que no sabía que estaba sosteniendo se dejó salir de sus pulmones. "Haah, ¡N'gh!" expresó cuando la suavidad de las paredes de Kazuki abrazaban tiernamente su virilidad.
Kazuki se levantó, estremeciéndose ligeramente. "¿E-es esa tu forma de decirme que se siente b-bien estar dentro de mí?" lo miraba sobre su hombro, divertido por ver como la cara del virgen se contorsionaba sin siquiera haber empezado a moverse. "Tienes que trabajar más en tus elogios~"
Rei le dedicó una mirada desafiante, cansado de las constantes burlas del rubio. Apoyó firmemente sus manos en las caderas del rubio y azotó fervientemente su pelvis contra su trasero. "C-callate la boca." sentenció.
"A-AH, ¡N'GH! ¡G'AH" No sería precisamente silencioso.
Los ataques impiadosos a la prostata del rubio elicitaban los ruidosos gimoteos y jadeos del muchacho. Kazuki estaba avergonzado, este maldito virgen le iba a hacer venirse en unos minutos.
Los esfuerzos de Rei en lucirse con Kazuki eran dignos de mérito. Al ser su primera vez, estaba constantemente al borde del climax, teniendo que alternar entre estocadas agresivas y gentiles cada cierto tiempo, marcando un delicioso tempo resonando contra el exuberante culo del rubio. En su estado más puro de concentración, el pelinegro arrugaba el entrecejo y mordía su labio inferior. Completamente hipnotizado por el redondo trasero que se formaba de esa hermosa y estrecha cadera de su pareja, sentía su climax aproximarse peligrosamente. Arremetió con ímpetu repetidas veces hasta asegurarse de que su retaguardia quedaría bellamente enrojecida, presentía el climax del rubio acercarse de igual manera. Sus paredes lo estaban estrujando cada vez más.
Fue entonces Rei recordó, que sí está sería la primera y última vez que pudiera sentir la deliciosa entraña de Kazuki, le sacaría provecho a como de lugar. Y así mismo, joderle hasta los sesos.
Se retiró de Kazuki quien lloriqueó molesto por el repentino vacío, acto seguido le empujó a un lado para tenerlo doblado de frente. Si iba a reacomodarle las entrañas lo haría de frente, como hombres.
El rubio jadeó sorprendido. "Rei, ¿que estas ha-? ¡Uwaah!" sin previo aviso, el pelinegro le estiró las piernas y levantó su cadera de la cama, sosteniendo lo únicamente de su trasero. Alineó su rígida polla para enterrarsela despiadadamente otra vez. Pistoneando la entrada aflojada del ojirojo, Rei veía con soberbia el manojo de gemidos y lloriqueos que había hecho del rubio. Las piernas de Kazuki se estiraban entumecidas y sus dedos de los pies se curveaban por las violentas oleadas de placer que recibía de cada maltrato a su prostata proporcionada por el imbécil que sostenía su cadera. Sos ojos comenzaron a humedecer y, aunque hiriera su orgullo, no podía evitar que las lágrimas de inmensa satisfacción rodaran por sus mejillas. Su cuerpo ya no le obedecía, se dejaba llevar por sus impulsos y su boca gritaba el nombre del pelinegro sin ningún atisbo de vergüenza, en un lindo mantra que se repetía una y otra vez, "Rei… Rei… Dios mío, Rei…"
La almohada que sostenía con su vida, amenazaba con rasgarse en cualquier momento. Kazuki se sentía desfallecer, esto era sencillamente increíble. ¿Así se sentían las mujeres? El rubio encontraba sorprendente la penetración desde el lado del penetrado. Estas sensaciones jamás las había sentido cuando se acostaba con sus objetivos de las misiones Honey Pot, las veía disfrutarlo, era evidente. Tener una verga enterrada hasta lo más profundo, ¿Se supone que se siente así de bien?
Es increíble
Es maravilloso
Es exquisto
Es… Es…
"Estoy c-cerca…" manejó con una voz débil y temblorosa. "Ya no aguanto m-más, Reiii…" alargó al final, su rostro arrugandose mientras gimoteaba con excitación.
Pensaba que no había forma de que se viera aún más precioso de lo que ya era, fue testigo de la vista más impactante de todas. Kazuki se aferraba con fuerza a la almohada bajo su cabeza, veía sus músculos tensarse y relajarse tras cada clavada, sus venas estaban resaltadas en cada parte de su cuerpo, su boca formaba una enorme 'O' y sus ojos rodaron hacia atrás. Estaba maravillado, sus ojos estaban rojos e irritados de tanto que había llorado y la parte superior de su cuerpo estaba lleno de marcas y mordidas carmesí.
Y para terminar de colmarlo, el adorable bulto que se asomaba y escondía desde el interior del vientre del rubio, le provocaba una increíble satisfacción.
Ya estaba muy en el fondo de Kazuki.
A quién iba a engañar, él tampoco aguantaba más. "Voy a hacerlo afuera." informó.
Las piernas de Kazuki volaron hacia su cadera, encerrandolo contra su entrada. "Hazlo adentro." ordenó. "Necesito que lo hagas dentro."
La forma en que le ordenó le causó un escalofrío al pelinegro. Arremetiendo con una fuerza descomunal, Rei pintó de blanco los adentros del rubio. Un gruñido áspero salió desde su garganta y el ojirojo expulsó su propia semilla sobre su abdomen, acompañado por su último grito, el que es acompañado por el clímax. Ese que se siente increíblemente bien.
Ambos estaban jadeando pesadamente, con la poca fuerza que le quedaba, bajó la cadera de Kazuki ceremoniosamente hasta el colchón, abandonando la calidez de su interior, y llevó sus piernas hasta su pecho nuevamente. "¡Auch! ¡Estúpido, espera me duelen las piernas!"
"Solo quiero mirar." apartando sus glúteos y estirando su agujero con su pulgar, Kazuki inconscientemente le mostraba a Rei lo lleno que lo había dejado. Su espesa semilla se resbalaba sin parar del agujero del rubio hasta que un gran charco de su semen se formó bajo su trasero. Estaba atónito con el espectáculo, encantado de haber inundado el vientre de Kazuki.
"O-oye, Rei." llamaba tartamudeando. "Ensuciaste las sábanas. Tendré que lavarlas junto con el colchón." apartaba la vista del ojiazul, consciente de sí mismo.
Tomó un desvío al baño del piso y regresó al rubio con el rollo de papel higiénico. Limpió el desastre lo mejor que pudo y los desechó.
Al ver que su novio se dirigía a descansar a su lado, Kazuki se apartó y le hizo espacio a su izquierda, se dio media vuelta para verlo. Rei veía al techo del cuarto de Kazuki, anonadado por lo ocurrido. "¿Y bieeen~?"
"¿Qué pasa?"
"Cuéntame, ¿Cómo se sintió tu primera vez?" dijo juguetón, apoyando su quijada sobre sus brazos cruzados sobre la cama.
"Fue…" increíble, estupendo, maravilloso, inigualable. "Me he quedado sin palabras, jamás sentí algo igual."
Kazuki le sonrió tiernamente. "Eso me alegra, también fue mi primera vez. Con un hombre, claro." pequeñas risas salieron de su boca al confesar.
El azabache enarcó una ceja. "En serio? Pensé que ya tenías experiencia. Sonabas cómo que sabías lo que hacías."
"Sé lo que hay que saber. Antes de ti, tampoco había sentido algo igual." se incorporó y se acercó al pelinegro para dejar un tierno beso en sus labios. La intimidad del acto hizo que las mejillas de ambos enrojecieran al instante.
Una pálida mano se aproximó a los dorados cabellos de su amante y pasó sus dedos entre ellos. "He de asumir que a pesar de llevar un tiempo en la relación, ninguno quería avanzar por miedo a incomodar al otro-"
"Pero ambos estábamos listos." interrumpió el rubio. "Sí, así fue. Creo que los besos del comedor fueron la gota que colmó el vaso." rió para sí.
Rei exhaló contento pero exhausto. "Creo que te llevaste toda mi energía cuando me vine dentro de ti. Jamás había hecho tanto esfuerzo como hoy. " su atractiva sonrisa ladina manifestándose.
Rió por el comentario. "Es el precio a pagar. De hecho… olvida lo que dije antes, quiero seguir siendo el que reciba. Esta experiencia me abrió los ojos."
"Y el culo."
"¡REI! ¡NO DIGAS COSAS TAN VERGONZOSAS!"
"Está bien, no hagas rabietas." cuando cogíamos eras más dócil.
En la intimidad de su habitación, Rei buscó reposo en los brazos de Kazuki. El latido de su corazón lo confortaba en gran manera, inhalaba y exhalaba la dulce esencia del rubio. Sí, la dulzura era algo que iba con él. Mientras tanto, el mencionado acariciaba su espalda amorosamente. " Sabes…" inició. "Hace muchos años, hubo una mujer que me enseñó muchas cosas." Kazuki escuchaba atentamente.
"Era mi nana. Yo era muy joven y ya no recuerdo su rostro muy bien. Pero no se me olvida la gentileza de su cuidado hacia mí y la forma en que me educó. Me enseñó la amabilidad de las personas… El calor de un abrazo… y la seguridad de las palabras."
Era la primera vez que Rei hablaba de su pasado, el rubio estaba agradecido de que finalmente veía la confianza en él para poder desahogarse. La señora se escuchaba como una hermosa persona que deseaba conocer." ¿Qué fue de ella?"
Rei se tensó bajo sus yemas de los dedos. "Con suerte está enterrada en un cementerio digno y no en el vertedero de cadáveres de mi jefe."
El rubio estaba mudo ante eso, era de esperarse de la familia de Rei. No es de extrañar que hubiera solicitado irse de su casa. "Entiendo… Lo siento mucho."
Se quedaron en silencio un rato. Luego lo volvió a romper el pelinegro. "La señora Kazumi ignoró las advertencias de la organización, era más importante para ella establecer un lazo conmigo que obedecer a su jefe… Eso la condenó. Y después de su partida, me terminé convirtiendo en una persona similar a la que le quitó la vida. A veces pienso que está decepcionada de mí. En ocasiones, ese pensamiento me deja abatido por las noches."
"Rei… déjame recordarte, que tú no eres el reflejo de tu padre. La señora Kazumi te hubiera amado sin importar lo que hicieras. Los lazos que formamos no son una condena, mi amor." le abrazó dulcemente, meciendose de un lado a otro.
Rei se aferraba al rubio, como si se fuera a escapar de entre sus dedos." Después de mi nana, no esperaba volver a sentir el afecto de una persona. Hasta que te conocí, no la pude proteger, pero no se repetirá lo mismo contigo, Kazuki. Te protegeré con mi vida."
Un calor acogedor surgió en el pecho del ojirrojo, sonrió con ternura por su novio." Lo aprecio, Rei. Pero sabes que no soy una damisela en apuros, si tú das tu vida por mí yo haré lo mismo por ti. Pelearía contra toda la organización de tu padre con una mano en la espalda para protegerte."
"Kazuki morirás, ni siquiera puedes apuntar bien un arma." su semblante era serio pero genuinamente estaba preocupado por su compañero.
"Vaya forma de bajarme los ánimos, voy a revocar mi juramento de protegerte con mi vida." el rubio fingía estar ofendido, sus facciones se suavizaron al sentir las manos de su novio en su rostro, trayéndolo hasta sí. Haciendo énfasis en lo que había dicho." No te preocupes, prometamos no ser imprudentes, así no temeremos perder al otro. Nuestro lazo no será una condena. ¿Te parece bien?"
Su mirada se suavizó al escucharlo, más conforme con esa respuesta extra. Se volvió a recostar en el pecho del rubio y este último regresó a acariciar amorosamente su espalda.
"Me da gusto estar contigo."
"Yo también te amo, Rei."
Besó su pecho, reciprocando lo antes dicho por el rubio. Las palabras no eran su fuerte, pero sabía que el rubio podía leer más allá de sus acciones. Lo amaba, no había duda de eso. Fue gracias a él que Rei aprendió que el rojo no sólo es el color de la sangre. Sino también de los ojos de Kazuki, de sus labios y de sus mejillas…
Su tono favorito de rojo era el de Kazuki.
