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La luna de la cosecha se acerca, las noches se vuelven cada vez más largas y poco a poco el viento enloquece a los visitantes, perdiendolos en la vegetación; Theon tendría problemas si no estuviera ya acostumbrado a esta vida, se acomoda su sombrero, cuando aún vivía en las islas, lo usaba solamente para evitar desvanecerse bajo el sol, pero ahora, incluso en el norte, está tan acostumbrado y apegado a su sombrero que no tiene razón alguna para quitárselo.
Por supuesto, las perlas brillantes que adornan su sombrero y los detalles exquisitos también le parecen dignos de lucir, sobretodo en su cabello bien cuidado; su padre lo obligaría a cortar su cabello, Theon no es digno del cabello largo, ni de los anillos de hierro que se enredan entre sus hebras oscuras. Eso es para guerreros, para nacidos del hierro como su padre y sus hermanos. Theon no es nada de eso.
Los anillos de hierro en su cabello, su cabello lacio con ligeras ondulaciones que poco a poco ha estado creciendo hasta debajo de sus hombros, nada de ello es un símbolo de que Theon sea un guerrero, es símbolo de su habilidad en la brujería.
Coloca las flores de manzanilla cortadas cuidadosamente en la canasta tejida, a un lado del hinojo y la hierbabuena. Esta noche es su turno de recoger las hierbas, mañana deberá ayudar a las demás para recolectar las cosechas de estos seis meses.
Es un trabajo pesado, y apenas son cinco en el coven como para poder darse abasto con ello, claro, recoger es lo más fácil, Theon jamás ha sido capaz de hacer crecer una sola planta útil, todo lo que logró fue mantener viva una flor silvestre durante seis meses antes de que pereciera por el clima del norte.
Tomillo, laurel, y menta, es una verdadera lástima que no existan playas en el norte. Con agua de mar, Theon podría hacer grandes protecciones y hechizos eficientes, aún más si pudiera darse el tiempo de pasear por las cosas recogiendo la arena y las algas en urnas de plata. Las brujas norteñas no entienden nada de ello, para ellas no hay mejor cosa que sus plantas resilientes al frío.
—¡Theon, no tenemos todo el día! —le gritan desde el otro extremo del jardín. Enynce siempre mantiene la vista por encima de todos, es apenas dos años mayor que Theon, pero se comporta como Asha lo haría. Supone que no puede evitarse, ella es así por naturaleza.
—Cuando comenzaste ya había acabado—le contesta, poniendo los ojos en blanco, caminando de regreso hacia la cabaña.
Una casa de dos pisos con ventanas un poco maltrechas, con enredaderas enraizando a los lados y una chimenea, a pesar de tener suficientes habitaciones para el aquelarre, Theon no puede evitar pensar en lo pequeño que es a comparación de su casa en las Islas de Hierro. Claro, no se puede dar el lujo de pensar en ello.
No puede regresar a las Islas, especialmente después de que su padre lo dió como rehén a los Stark.
Una vez entra por la puerta principal, se quita su sombrero y la capa de piel, su protección contra el frío, es el primero en ir a tomar un baño con el agua que ha dejado hirviendo todo el rato en la cocina. Se deshace de la tierra de las plantas de sus pies y sacude de su cabello la suciedad, se limpia a conciencia con las ramas de hinojo y hierbabuena, se sumerge en la bañera.
Si estuviera en las Islas, primero se bañaría con agua de mar y después se daría un baño dulce, con canela y las hojas de menta. Se restriega el cabello con la infusión de romero durante tanto tiempo que le parece una eternidad.
—¡Theon, otra vez estás tardando! —Lylian azota la puerta con fuerza, como si quisiera romper la madera para obligar a Theon a salir.
—¡Ya salgo! —bufa y pone los ojos en blanco, la irritación pellizcando sus sentidos. Es siempre la misma discusión.
Apenas sale de la bañera, se envuelve en una piel cálida para evitar resfriarse y deja el bano libre para que las demás puedan limpiarse también, Lylian ya espera fuera, deshaciendo su peinado complejo y deshaciéndose de las ramas enredadas en su cabello pelirrojo. Cuando corre a su habitación, la prisa hace que casi se tropiece con los guardianes que tiene, dos pequeñas figuras de arcilla, un kraken y una sirena hechos con sus propias manos. Evitan que cualquier entidad o criatura entren a su habitación.
Se sienta frente a su peinador, quitándose la capa de encima y peina su cabello con cuidado. Debe ser riguroso esta noche. Cepilla su cabello sin detenerse, y una vez más coloca los anillos de su cabello con las conchas de mar y las piezas de hierro enredadas entre sus hebras oscuras; unta el aceite de cacao en sus labios y se perfuma con la esencia de rosas.
Las campanas de protección tintinean en la ventana de su habitación por la brisa de aire ligero que cruza el umbral; la luz se refleja en los cristales y sus muros se salpican de destellos.
Su ropa es ligera, algo con lo que sin duda no podría salir al público ni al pueblo, no es decente que un hombre vista de tal forma. Capas de faldas largas de tul y raso, casi transparentes, por encima de una falda a la altura de sus fuertes tobillos, abierta a los dos lados, sujetando los faldones con bandas delgadas con brocado de olas marinas.
El corpiño es de un azul que se inclina al blanco, suave al tacto, brocado con cuidado, con conchas marinas cosidas en la línea del pecho, el corte del pecho es cuadrado y las mangas son suaves, bordadas de flores, con mangas abullonadas, hasta la altura de las muñecas dónde la tela se extiende hasta la altura de la cadera.
Pasaré frío de esta forma, necesito ponerme mi túnica encima
Camina hasta el otro extremo de su armario. Es terciopelo bordado de estrellas plateadas, su túnica está forrada de piel por dentro, cuando se lo coloca es un poco pesado y le cosquillea la piel.
Se observa una vez más frente al espejo. Es el único que tiene tal privilegio por encima de las demás; ninguna de ellas tiene dinero ni es de gran familia, no tienen algo como un espejo. Cuando se unió al aquelarre, Theon aún tenía los bolsillos llenos de monedas.
Fue Enynce quien encontró a Theon rondando perdido por los bosques, huyendo de los Stark, sucio de barro, escondido en una esquina mientras hacía un hechizo de protección para evitar más problemas. En aquel momento no hubo mucha dilema en que decisión tomar: estaba haciendo brujería en un terreno que pertenecía a un aquelarre ajeno, una violación. O se unía a ellas, o lo usaban de sacrificio.
Se da la vuelta en el espejo y usa un pincel para dibujar en sus mejillas dos círculos rojos para protegerse, y extiende un triángulo azúl en su barbilla.
—Theon, solo faltas tú—Elianore toca a su puerta con delicadeza, siempre hace eso. Theon ha notado lo mucho que detesta hacer ruidos fuertes.
Cuando se coloca su sombrero, pone su velo blanco en él, lo ha modificado para poder quitarlo y colocarlo a su gusto; cae para cubrir su rostro y su cabello, hasta la mitad de su cuello.
—Estoy listo.
Theon puede comprender que las demás encuentren el correr como un acto liberador, pero no piensa lo mismo. Correr y gritar no le es tan divertido como a otras brujas. Theon siempre se ha inclinado por liberar energía a través del baile. Sin embargo, no se puede negar.
Su capa se mueve y sacude mientras corre a toda velocidad con las demás a su lado, no es el más rápido, y seguramente jamás lo será. Corre bajo la luz de la luna, puede escuchar los gritos y las risas de las demás, avanzando a través de la vegetación, por el mismo sendero de siempre.
Respira rápido y se me va el aire mientras corre detrás de ellas, no persiguen ni son perseguidos, solo liberan su energía a través de los pasos veloces, puede sentir sus talones latiendo con cada paso mientras su cabello y la tela de su ropa ondea con el viento contra su cuerpo.
El cielo estrellado y la luz de la luna iluminan su camino, de acercan al risco, por los desniveles de las tierras, el desnivel contrario hacia el bosque, dónde les espera el campo de flores aún frescas, silvestres y resilientes al clima frío.
No puede evitar sentirse cansado y soltar pequeños jadeos mientras se acercan cada vez más hacia el desnivel, las piernas le tiemblan pero no se detiene.
La primera en saltar a través del desnivel de alrededor de dos metros es Amalia, ella no le teme a heridas ni a rasguños, Theon sigue corriendo mientras la ve aventarse, su túnica flotando con el viento durante unos segundos, seguida de Enynce y Elianore, saltan casi al mismo tiempo, sus cabelleras rubias se mecen con viento.
Lylian y Theon son los últimos, ella se adelanta en su carrera y salta con velocidad y soltando un grito corto, casi como de sorpresa; Theon siente el manto nocturno cayendo sobre su cuerpo, las estrellas y la luna le guían con la luz hasta el desnivel de la tierra.
No lo piensa, se impulsa desde sus talones y rodillas para saltar, levanta sus brazos como si fuera a volar, pero cae. Aterriza sobre el campo de flores, ellas ya le esperan retozando entre las hierbas y los pétalos. Cuando cae, siente el dolor en su cuerpo, pero no es terrible, solo como pinchazos aquí y allá.
Se acomoda con ellas entre risas, acurrucándose con las flores, pétalos enredándose en su cabello mientras la voz de Enynce los arrulla, acercándolos al reino de los sueños.
Hay risas ligeras mientras se acurrucan, Theon no puede evitar ser contagiado por la alegría, el olor de las flores cosquillea su nariz, sus perlas brillan, reflejando la luz del cielo.
Las estrellas resplandecen ante sus ojos hasta que todo el aquelarre finalmente se calma, escuchando la voz de Enynce empujándolos hacia el sueño. Theon está tan cansado que no le parece una tarea difícil.
Elianor sacude su cabello rubio, trenzando entre sus dedos el cabello cobrizo de Lylian, a su vez, ella jugando con las puntas del cabello de Theon, acomodando las conchas de mar y sus anillos.
Amalia no tiene el cabello largo, una lastima, su cabello es tan oscuro como el de Theon. Supone que es porque jamás se ha dejado el cabello largo.
Amalia fue robada por un grupo de artistas callejeros cuando era una niña, poco después vendida a una bruja por el circense a cargo de la compañía. Theon supone que ella misma se deshizo de la vieja bruja para evitar morir, no está del todo seguro.
No creo que en el circo hubiera estado interesada en cuidar de su cabello
Por su parte, toma un conjunto de flores y comienza a tejer una corona, trenzando los tallos y las hojas sin parar, es un poco difícil teniendo solo la luz de la luna como su guía, pero logra hacerlo, Enynce le pasa algunas flores mientras canta, arrullando a cualquiera que escuche su voz.
Cuando termina con la corona de flores, la coloca en la cabeza de Amalia; Theon sonríe un poco, orgulloso de haber logrado hacerla a oscuras.
—No se distraigan más. Es tarde—Enynce regaña casi con dulzura. Theon no puede evitar pensar en Asha mientras palpa las trenzas delgadas y escondidas entre sus rizos que le hizo Lylian.
La noche es importante. Hoy es la primera parte del ritual: los sueños. Soñar con el destino es inevitable para las brujas.
Se mueve ligero frente al árbol, sus manos se mueven hacia el cielo como si empujara algo, mientras se mueve, dando vueltas en las puntas de sus pies, extiende una pierna en el aire para saltar, gira en un pie sujetando su corazón mientras su cabello se mece en el aire al ritmo en el que Theon baila.
Sólo un segundo, el aleteo de las mariposas crea en el aire un hechizo innombrable. Theon ya no baila.
Los ojos fríos le persiguen, de un azul tan claro que parecen casi incoloros. Theon corre a través del bosque, las ramas rasguñan su cuerpo mientras se escabulle.
Escucha los rugidos detrás de él. Es la bestia; Theon no lo ve, pero sabe que su hocico está lleno de sangre, y que sus colmillos se enterraran en él y no dejarán una pizca de su libertad.
En un instante, el bosque se convierte en los sembradíos y la choza. Y Theon ya no puede esconderse entre arbustos o ramas; corre sin detenerse a mirar atrás, la sangre gotea de su cuerpo pero no puede sentir dolor alguno.
La sangre se desliza por su cuerpo, cae hasta formar charcos en sus pies que lo hacen resbalar. No puede ver a la bestia, pero sabe que está hambrienta, sabe que va detrás de él y que una vez que esté bajo sus garras no podrá escapar.
Se abalanza contra la puerta y pasa por las escaleras, su sangre cae sobre el vestido, escucha gritos, pero no sabe de dónde provienen, no se da tiempo para detenerse, sus pies se resbalan entre la sangre y los escalones.
Las fauces se encajan en su vestido y lo arrastran hasta el final de las escaleras, Theon cae, sus huesos crujen contra los escalones cuando se da la vuelta. Es un perro negro, cuyos ojos podrían absorber el alma de cualquier mortal.
Y cuando Theon grita, la bestia ríe de él con su mirada, el hocico se abre, Theon se rasga la garganta sin poder huir, sintiendo el aliento dulce golpeando contra su rostro, las fauces de la bestia caen lento como la nieve ligera. Y grita, grita sin detenerse cuando su voz se mezcla con una ajena.
Despierta de un salto, con el corazón lleno de pavor y de inquietud, pero no tiene tiempo para pensar en ello.
El grito de ayuda atraviesa el campo de flores, desde el lado contrario, a las orillas del bosque, es desgarrador y poderoso; la reacción es inmediata, Theon se despierta con las imágenes difusas de su sueño aún en su cabeza, no hay señales de fuego ni de algún espíritu oscuro.
Al segundo grito, Theon reconoce la voz. Es una de las suyas, de su aquelarre, es la única razón por la que se aventura a levantarse de la cama de flores, viendo a las demás hacer lo mismo. Todas erguidas y buscando con la mirada alrededor.
Enynce, Amalia, Elianore, solo falta Lylian. Apenas entrecruzan las miradas antes de empezar a correr en una búsqueda imparable; tienen que rodear el campo hacia la derecha para poder subir, hacia el espacio de su cabaña.
Van tan rápido que a Theon le duelen los tobillos mientras corre a la par de las demás, pasando por la cabaña y sus sembradíos hasta el otro lado, llegando al bosque.
No se atreven a alejarse, todas corren en conjunto mientras buscan con la mirada entre cada raíz, cada árbol y hongo que encuentran en su camino.
No hay palabra alguna, pero es la forma en que Amalia se mueve con rapidez hacia la izquierda que llama la mirada de las demás. Se apresuran, acercándose hacia el cuerpo que yace en las raíces de un árbol, entre la tierra.
Deberían ser estúpidas para no notar su cuerpo herido, no por una bestia sino por un humano. La sangre cayendo de su labio roto, y los rasguños en su piel blanca.
Lylian respira, y tiene lágrimas en sus mejillas, pero no habla, solo tiembla con la mirada perdida, su cuerpo sin fuerza.
Cuando la levantan, desde su ángulo, Theon puede ver su muslo interno, con la semilla de un desconocido manchándola.
Imbécil, ahora está sucia
Mientras la llevan de regreso, Theon no puede evitar pensar en lo difícil que será para Lylian el seguir con su práctica normal. Hay hechizos que solo vírgenes pueden hacer, existe cierto poder en el nunca haber sido tocado.
Una vez que una bruja es desflorada, pierde el poder de virgen y su poder cambia por completo, debe cambiar hechizos, restringirse de otros, existe un límite imposible de cruzar. Por eso muchas brujas se mantienen doncellas.
Por supuesto, por el contrario, existen brujas que se apresuran a coger para abrirse paso a la energía nueva, para explorar la brujería que no pertenece a las doncellas.
Theon no puede entender por qué, la brujería de las doncellas es sin duda más fuerte; supone que hay quienes no tienen opción, como Lylian ahora mismo.
Pobre tonta, ahora tendrá que estudiar con Amalia
Apenas acomodan su cuerpo en la cama destartalada, escuchando sus sollozos entre sueños, Enynce convoca una junta mientras rompen el ayuno.
No tiene tiempo suficiente para divagar acerca de ello, frente a él un tazón con estofado humeante y un vaso de agua de limones con romero y jengibre para limpiar su cuerpo para la noche de la cosecha.
—¿Alguien sabe qué fue lo que pasó? —Es posible oír la rabia en la voz de Enynce.
—Lylian me despertó, dijo que iría a los bordes del bosque para buscar hojas de abedul—Elianore habla en voz baja, con tres pares de ojos fijos en ella—. Su sueño la había animado a hacer sigilos.
—¿Y la dejaste ir sola ?
Es la forma en la que Enynce habla, con tanta rigidez y furia que hace a Elianore tensarse. No está asustada, pero ciertamente está lejos de relajarse; Theon lo encuentra ridículo. Todo este acto le parece estúpido.
—Si no es capaz de cuidarse por sí misma, debería haber pedido que se le acompañará—interrumpe, poniendo los ojos en blanco mientras se arregla el cabello por su cuenta.
—¡Theon!
—Sabes que es verdad. Lylian es débil, si se iba a arriesgar a-
—No se arriesgó a nada. Ella estaba en nuestro terreno, debía estar segura—deja caer sus manos sobre la mesa, haciendo que incluso Amalia respingue—. Un hombre entró a nuestras tierras y la brutalizó.
—Lylian nunca tiene cuidado, Enynce. Es una suerte que la atacarán ya casi al amanecer, de otra forma hubiera arruinado la noche—ante las palabras de Theon, puede ver la furia crecer aún más en sus facciones, con sus ojos azules irradiando irritación—. Ella es descuidada con nosotros y con los hombres.
—¿Qué estás insinuando? —pregunta entre dientes, apretando su mandíbula cuadrada.
—Cuando Elianore, Lylian y yo vamos al pueblo ella se la pasa jugueteando descuidadamente—la mira a los ojos, como un reto silencioso. No soporta idioteces como estas. Si Lylian fue la que cometió un error, ¿Por qué tienen los demás que preocuparse de eso? —. Llama la atención y coquetea con los hombres del pueblo-
—Theon…—ahora es Elianore quien interrumpe. Para todas es evidente la forma en que Enynce está perdiendo la calma, es mejor evitar accidentes.
—Si coquetea de tal forma, era de esperarse que alguien viniera y-
—¡No escucharé una sola palabra más! —Enynce se levanta con fuerza, casi de golpe, con las capas blancas de su ropa revoloteando un poco ante su movimiento brusco.
Amalia toma un sorbo de su agua, bebiendo con calma antes de suspirar.
—Sea cual sea la situación, un hombre entró a nuestro terreno y… atacó a una de nosotras como si fuera su derecho—la mirada de Amalia cambia por un instante, casi le pasa desapercibido a Theon—. Se salió con la suya, si no hacemos algo, pronto tendremos a más de esos hombres viniendo no solo al terreno sino a nuestro hogar.
—...Tienes razón. No podemos dejar esto así, ese hombre podría regresar, traer a más gente. Debemos protegernos.
Theon vuelve a poner los ojos en blanco, pero no dice ni una sola palabra, en lugar de ello, se dedica a jugar con las mangas de su vestimenta.
—Ya hemos puesto guardianes de arcilla y no lo detuvo—Elianore interrumpe, temblando con nervios, mirando de reojo a Theon, ellos mismos se habían encargado de hacer los guardianes bajo la luna roja—. Sabes que ni siquiera con toda nuestra fuerza podríamos-
—No seas tonta. Aún con nuestra fuerza, somos mortales—Enynce se da la vuelta, con una sonrisa que no parece encajar del todo en su rostro.
Todos intercambian miradas hasta que Elianor arquea una ceja.
—Enynce, no- no te refieres a que-
—Theon, traéme el grimorio—tan rápido como puede, mete una mano entre los pliegues de la ropa de su pecho, y avienta a Theon una llave diminuta.
Se levanta con prisa, y corre desde el comedor hasta las escaleras, casi se tropieza con sus faldas, pero evita caerse sujetándose de la barandilla de la escalera. El grimorio está escondido, bien guardado en un cajón de madera en la habitación compartida.
Los grimorios son un privilegio, no cualquier bruja tiene la suerte de tenerlos, y más allá de ello, no es fácil encontrar a gente letrada.
Theon aprendió a leer en las Islas de Hierro, cuando aún era un niño escabulléndose en las bibliotecas de su tío, fue casi cómico ver los rostros de las demás al verlo leer sin dificultad alguna. Amalia también tiene la suerte de haber aprendido a leer, y ella le enseñó a Enynce. Por supuesto, Elianor y Lylian no tienen la mínima idea de cómo leer, mucho menos escribir.
A pesar de ello, el grimorios no es algo a lo que recurren constantemente. Solo se deja para ocasiones especiales; lo demás lo han aprendido de memoria y por mera lógica. Una vez conociendo las propiedades de los elementos que les rodean, es fácil crear y deshacer hechizos.
Theon abre al cajón con la llave entre sus manos y toma un segundo para contemplar el libro.
Cuando lo sujeta en sus brazos se siente pesado, la portada es de cuero grueso, le recuerda a un libro que su tío Rodrik solía prestarle. Tiene una piedra incrustada en el lomo, y un pentáculo por la contraparte de la portada. Siempre le emociona sujetarlo.
Cuando regresa, las tres están hablando con calma, en cuanto le da el grimorio a Enynce, ella empieza a buscar entre sus páginas sin descanso.
—Existe una forma de librarnos de ataques sin ensuciarnos las manos. Hay que invocar al demonio rojo—dice como si fuera la cosa más natural del universo.
—¿El demonio rojo?
Theon muerde su mejilla interna, agradecido de que sea Elianore quien pregunta, él tampoco sabe, pero odiaría quedar como un idiota frente a las demás.
—Es una entidad poderosa del norte, de la línea de los demonios del terror y de la violencia, el más fuerte; acude a quienes dan su sangre y muestran su interés en un contrato…—contesta, finalmente deteniéndose en una página desgastada del libro, dándole la vuelta para mostrar el hechizo a las demás. No hay ninguna ilustración pero aún así, Theon siente escalofríos.
—Es peligroso, Enynce. Sabes que no existe grimorio alguno que tenga información de el demonio rojo—cuando Amalia habla, todo el mundo calla. Puede que ella no sea la bruja mayor, pero jamás se le ha visto cometer un error ni dar juicios equivocados.
—Aquí mismo habla acerca de cómo invocarle—Enynce apunta a las palabras escritas en tinta oscura. Se ve demasiado complejo, muy difícil y pesado.
—No sabemos nada más que eso. No hay información de su tipo de contrato, de lo que pide, de su apariencia, no hay nada—dice entre dientes, Theon y Elianore se acercan entre ellos sin notarlo, buscando un refugio de la pequeña discusión que se desarrolla frente a ellos—. Ni un solo registro más que de su existencia y de cómo llamarle.
—No necesitamos saber más que cómo invocarle y que no existe entidad más fuerte y poderosa que él.
Invocar. Un demonio poderoso del norte
Theon puede ser muchas cosas, pero no es un imbécil, sabe qué es lo que pasa cuando se invoca una entidad. Y del norte, de entre todo.
—No voy a…—Theon tiene que tomar un momento, sintiendo los ojos de todas fijos en él— no voy a participar en esta tontería. ¡Si Lylian fue atacada fue por su propia culpa! ¡No me rebajaré a hacer ninguna invocación de estas tierras y de sus entes! —cuando grita, Amalia arquea la ceja, hace que Theon se vuelva a calmar.
No es secreto para nadie que el invocar, el contratar y demás requiere de compromiso. Theon no hará ningún compromiso ni dará su sangre a alguna entidad de estas tierras heladas. Sus dioses no mostrarán piedad ante Theon si es que se atreve a hacer una tontería como esa.
Enynce y Amalia se miran entre ellas. Theon siempre ha sido el problemático, fumando algunas raíces a escondidas, maldiciendo a personas que lo molestan un poco, escabulléndose para usar hechizos oscuros, tragando flores para alucinar y muchas más cosas que les parece ridículo, su rencor hacia las tierras del norte y todo lo relacionado a ellas no es secreto alguno. Suponen que su reacción es bastante esperable.
—No te voy a obligar a hacerlo, Theon—Enynce se encoge de hombros, mirándolo directamente a los ojos—. ¿No quieres evitar que nos vuelvan a atacar? Adelante. Incluso con ello, haré que la entidad proteja al aquelarre completo—Theon se relaja ante sus palabras antes de ser apuntado—. Sin embargo, tú te encargarás de cuidar a Lylian mientras se recupera.
¿Recuperarse de qué? No es como si pudiera darle un brebaje o pudiera lavarla para que vuelva a ser virgen, la pobre imbécil no tiene más que vivir con ello
Aún así, no dice nada, solo asiente, antes de volver a sentarse en la mesa. Mientras ellas discuten, Theon come su desayuno, cansado.
Finalmente tiene tiempo para pensar en su sueño premonitorio. Sus sueños nunca mienten cuando se han ritualizado, tal vez fue una señal para el incidente de Lylian, pero no tendría sentido.
Mientras Theon le da un sorbo al agua, su mente se llena de preguntas acerca del perro negro, cuando intenta conjurar en su mente la imagen, le es imposible. Cómo si algo lo impidiera.
Siente las miradas de todas fijas en él, cuando levanta su rostro, con la última cucharada del estofado en su boca, se da cuenta de que sí le estaban hablando.
—Tardaremos siete días. Cuando estemos listas, no salgas de tu habitación después de que se ponga el sol, estaremos ocupadas con el ritual—Amalia habla tan fuerte que las órdenes resuenan en la mente de Theon. Bien, tendrá esa noche libre entonces.
Apenas termina de atender a Lylian, se va corriendo a tomar un baño con manzanilla, rosas y miel. Está cansado de sus lloriqueos estúpidos, quejándose de haber perdido su pureza a la fuerza.
Apenas termina de bañarse, se envuelve en una túnica suave y corre a su habitación, incluso en el pasillo puede escuchar su llanto.
Si no quería problemas, debió evitarlos , piensa mientras cambia el agua en las bandejas de cristal al lado de sus guardianes de arcilla. Necesita mantenerlos bien tratados para que ellos puedan protegerlo. Cierra la puerta, mirando el pentagrama dibujado en el interior, antes de sentarse en su peinador, trenzando con cuidado su cabello, dos trenzas grandes y una delgada, amarrada con un hilo rojo, asegurándose de que las conchas y las perlas se queden apretadas en su lugar designado.
Una trenza es para trabajar en los campos, dos para vanidad, y la pequeña para protección, solía leer en un libro viejo y pintoresco entre las repisas de su tío Rodrik. Era acerca de una vieja bruja de Braavos.
Masajea su cara con la combinación de leche, trigo, sábila y demás hierbas que ha molido hasta hacerlas polvo hace días.
Está cansado, pone los ojos en blanco escuchando las voces de las demás rondando por el piso de abajo, a prisa. Pronto se pondrá el sol y ellas estarán ocupadas, aunque es difícil saber exactamente cuando, el cielo nublado es fácil de confundir con el nocturno; Theon las ha visto dar vueltas y volverse locas recolectando ingredientes, huesos, sangre y tantas cosas que es difícil enlistarlas.
Es asunto de ellas, no mío, se recuerda mientras camina desde el peinador hacia su cama, deshaciéndose de su túnica de baño para ponerse el camisón nocturno.
La cama de Theon está suspendida en el aire, no es como las demás. Se sostiene del techo con seis cuerdas gruesas, no toca el suelo en lo absoluto, a pesar de ello, Theon nunca ha temido caerse. Tal vez porque siempre ha estado abajo.
Su camisón para dormir le cosquillea un poco la piel, cuando se sube a la cama, esta se mece un poco, pero no pasa de ello, Theon gatea, se arrastra entre las sábanas ligeras y yace con calma.
Puede escuchar la lluvia golpear contra el vidrio de sus ventanas. Theon tiene tanta suerte de tener vidrios en su ventana, no todas pueden decir lo mismo. Escucha y observa la lluvia caer y hacerse cada segundo más pesada.
Se arropa con las sábanas blancas, entre almohadones y cobijas suaves, con su camisón lujoso. Theon puede sentir el olor de la lluvia mezclarse con el aroma de las flores en su habitación.
La lluvia se enfurece, lo puede escuchar mientras golpea contra los cristales, Theon mira hacia sus jardines, más allá hasta el bosque, puede oler la tierra húmeda, lo siente en los recovecos de su cuerpo.
La lluvia le recuerda a las mareas; solía quedarse durante horas viendo la lluvia estrellarse contra las olas de la playa cuando era pequeño.
Se acurruca con las sábanas, sintiendo la cama mecerse con suavidad, con su camisón ligero deslizándose por su piel ligeramente. No puede evitar caer dormido bajo la melodía de la lluvia.
Las flamas de las velas comienzan a enfurecer, humo negro saliendo de las llamas. Todas lo sienten: el aire cambia.
El humo de todas las velas es oscuro, pesado, ascendiendo hacia el mismo punto hasta formar una sombra en conjunto. Un perro grande, negro, cuyo cuerpo son las tinieblas y la oscuridad.
Y no se detiene: la sombra se sigue formando hasta que toma forma física. Y lo que podría haber sido ceniza, se solidifica, se vuelve carne. Carne impenetrable.
Enynce no tiene la oportunidad de abrir la boca para aclarar sus intenciones. El perro pasa a través de todas ellas con velocidad, apagando las velas en su camino.
Y todas las pesadillas cobran sentido.
Cuando la bestia marcha a través de las escaleras con ligereza, dejando ceniza y sangre contaminando la madera, Theon sigue durmiendo con tanta calma que ni siquiera el ruido infernal lo despierta.
En el reino de los sueños es tan fácil esconderse y dejar de pensar, que Theon con frecuencia prefiere quedarse vagando por ahí. Por supuesto, cuando no se somete a visiones ni a rituales.
Theon se mueve en la cama, envuelto en las sábanas mientras la lluvia cae, aún en sus sueños, su corazón late con fuerza, resonando en su jaula. Siente un escalofrío que lo despierta de un tirón, en cuanto abre los ojos, sabe que algo está ocurriendo.
No hace más que apoyarse en sus codos para sentarse, incapaz de moverse de la cama. Su mirada se acopla a la oscuridad en la tormenta, las velas que dejó encendidas antes de dormir aún se encuentran danzando, brindándole luz.
Cuando su puerta se abre, se da cuenta de que nunca tuvo tiempo. El destino no permite errores, no da oportunidades.
Es una bestia infernal, de tamaño descomunal, pelaje negro y ojos de un azul que no puede ser más que de los abismos helados. Theon parpadea tres veces e intenta reconocer que es lo que sus ojos están apreciando.
Los ojos azules se clavan en él como dagas en la carne, cuando da el primer paso, puede escuchar la arcilla de sus guardianes romperse en mil pedazos.
Y finalmente lo entiende: la imagen de sus pesadillas ha venido a reclamar el destino. Su premonición está aquí.
Las flamas se vuelven turbulentas, y se apagan un instante, al siguiente, vuelven a encenderse, las velas de su habitación iluminan el espacio, pero eso no evita que Theon tiemble de terror.
—¡¿Qué-?!
Antes de que pueda comprender lo que sus ojos observan, gatea hasta el lado izquierdo de su cama, intentando salir de las sábanas, detenido por un sonido inhumano. La bestia abre sus fauces y gruñe de tal forma que Theon se queda petrificado.
—No, no, no…—murmura, viendo lo inevitable frente a su frágil cuerpo terrenal. No tiene a dónde correr, el animal es tan grande que solo con una de sus patas delanteras podría romperle el cráneo.
Ante sus ojos, el perro se desfigura en ceniza creando una sombra espectral que vuelve a tomar forma poco a poco, pero ahora de un hombre.
Tan grande que Theon se siente como un infante ante él, no puede ser más que un mensajero del caos, un creador de destrucción.
—¡No! ¡Aléjate! —Theon retrocede en el poco espacio de sábanas que le queda, siente que su cama se mece mientras el hombre se inclina sobre él, cubriendo su cuerpo.
Su cabello es negro como la noche, largo, cae sobre Theon como si lo cubriera de toda luz.
Luz, ¿Qué luz? Nunca ninguna luz ya sido destinada a ser vista por mis ojos
—¿Qué modales son esos, pequeña criatura? —habla en una voz baja que envía un escalofrío por todo su cuerpo, con su mano, obliga a Theon a mirarle a los ojos. Azul y plateado, deslumbrantes.
No puede ser un simple espectro, es él, es el demonio
—Aléjate de mí…—dice con la voz estancada en su garganta, su cuerpo tiembla ante el tacto del demonio en su barbilla— ¡¡Fueron ellas quienes te llamaron, no yo! ¡Yo no tengo nada que ver-!
—No lo creo—su voz se vuelve afilada, y alcanza lugares ocultos en la mente de Theon—. Me ha llamado un aquelarre, y tú eres parte de él—su mano recorre de su barbilla hasta su cuello, y aprieta con dureza hasta que Theon suelta todo el aire que tiene en los pulmones.
Manotea, intenta patear, librarse de su agarre, pero sin importar que tanto luche, no puede encontrar fuerza. Cuando lo suelta, el demonio le sonríe con una burla cruel.
Mantiene su mano en el cuello de Theon, manteniéndolo quieto, está tan aterrorizado que no intenta moverse ni huir de su agarre. Al menos hasta que el hombre guía su otra mano a través del pecho de Theon, abriendo su camisón de dormir.
Y como si su cuerpo hubiera sido sumergido en la marea, Theon sabe que es lo que el demonio viene a hacerle.
—¡No, por favor! —siente que la garganta se le desgarra al gritar, mientras intenta liberarse una vez más, aterrorizado y con el cuerpo temblando mientras es despojado de su camisón, su cuerpo desnudo ante la mirada hambrienta del monstruo que solo se ríe de él— ¡Pertenezco al Dios-!
La sonrisa del demonio cae, se convierte en una mueca de furia mientras frunce el ceño, sus ojos resplandeciendo de ira mientras le acorrala contra la cama. Ahora desnudo, Theon es incluso más consciente de que el demonio en piel de hombre tampoco porta ropa alguna. Su cuerpo descomunal está tan cerca que puede sentir su calor.
—Una palabra más y me harás cambiar de opinión acerca de ser misericordioso—su aliento es dulce cuando se inclina hacia Theon, su cuerpo acorralado, siente su piel caliente y fría a la vez contra sí mismo. Theon exhala en temor.
—Por favor-
Se detiene de inmediato cuando el demonio se presiona contra él, su cuerpo es tan grande que cubre a Theon completamente, sus piernas se abren ante la fuerza con la cual el hombre empuja su cadera para asentarse entre los muslos de Theon.
Ramsay, el nombre resbala en su mente, apareciendo entre la bruma, un mensaje cristalino que no deja lugar a dudas.
—A ese nombre perteneces, a ningún otro—dice entre dientes, inclinándose hasta el hombro de Theon, aspirando su esencia.
Ramsay es su nombre. Ramsay es el nombre de su destino inamovible.
—Las he visto. Te he visto— habla en una voz ultraterrenal, atravesando cualquier barrera que Theon pueda tener, el mar dentro de Theon se enloquece en un ritmo tormentoso— . Y eres la criatura adecuada para tomar.
Fuí visto. Me vió. Me notó, piensa su mente traicionera, ese fragmento de él que siempre está hambriento. Tarda un segundo en darse cuenta a qué es lo que debería estar prestando atención: lo va a tomar.
Lo va a desgarrar y va a extirpar cualquier muestra de su pureza.
—¡No, espera! —Ramsay le sujeta las piernas separadas, sus manos son tan grandes que cubren por completo sus muslos— Espera, ¡No puedes! Yo no- yo soy-
Las palabras se quedan atoradas en su garganta, su mente corre a la velocidad de una presa, hay un calor indeseable que se asienta en lo bajo de su vientre, intenta ignorarlo, pero sabe que algo ha comenzado a envolverlo en suaves vislumbres de placer.
—Oh, lo sé—Ramsay ronronea en su oído, siente su aliento caliente, a pesar suyo, se derrite ante las palabras—. Y he decidido darme un festín con tu virtud.
Su risa está contaminada, llena de una crueldad inherente; Theon siente sus enormes manos descender hasta su pecho, es como si fuera el doble de Theon, se siente como un niño frente a un adulto.
Le recuerda a cuando su padre solía asustarlo para reírse de él en sus noches de ebriedad, cayéndose al entrar al comedor solo para sorprender a Theon por la espalda y verlo correr como una niña. Ni siquiera su padre se veía tan grande en ese entonces como lo hace Ramsay ahora.
En contra su propia voluntad, gime con suavidad cuando Ramsay se inclina más hacia él, presionando su pelvis en la entrepierna de Theon. Su cuerpo se calienta bajo su toque indeseado.
—¡Qué me dejes, maldito-! —sus palabras se cortan cuando los dientes de Ramsay se cierran en su cuello, y siente las enormes manos viajar por la extensión de su cuerpo mientras Theon intenta alejarse de él sin éxito alguno.
Las manos de Ramsay llegan hasta los pezones marrones de Theon, lo obliga a retorcerse entre lágrimas, y dibujan círculos en sus aureolas con una sonrisa siniestra, bebiendo de la vista mientras Theon arquea su espalda, hambriento mientras pincha los pezones con suavidad.
Tan suave que ni siquiera parece que sea un monstruo quien le está tocando con tanta hambre y delicadeza rítmica.
Theon suspira de placer culposo y siente su propio miembro endurecerse, avergonzado y lleno de rabia profunda, intenta mover las caderas para alejarse, pero solo termina por darle más espacio a Ramsay para asentarse entre sus piernas.
Es entonces que finalmente lo ve, la verga de Ramsay es, al igual que su cuerpo inhumano y animal, monstruosa, tan grande como el antebrazo de Theon. Es grande, pesada y puede ver la forma en que palpita ligeramente, endurecida por su propia hambre y lujuria.
Theon se queda helado de inmediato, no hay forma. Simplemente no. A pesar suyo, se siente avergonzado, humillado, cuando el rubor crece en su rostro a la vez que Ramsay succiona la piel de su cuello, dejando marcas rojas antes de recorrer con su lengua un camino hacia sus pezones, con devoción.
Cuando Ramsay chupa sus pezones hasta dejarlos rojos e hinchados, Theon se retuerce entre lágrimas, sin saber siquiera cuando comenzó a llorar. El placer es aplastante, y se detesta por ello.
No puede hacer nada cuando Ramsay muerde con suavidad sus pezones, sintiendo su verga, pesada e intimidante restregarse contra el propio pene de Theon. La diferencia es ridícula y humillante. Theon no se ve más que cómo un niño a comparación de Ramsay.
Para su propia vergüenza, el saberse humillado por la verga de Ramsay no hace más que retorcer una parte oscura de él. La excitación corre por su cuerpo y lo azota cómo un látigo.
Cuando la mano derecha de Ramsay masajea desde su torso hasta sus piernas y aprieta su muslo interno, Theon tiembla de placer y de una rabia fundada en el temor, confundido, con la mente oscurecida y los ojos nublados.
No puede hacer más que jadear cuando Ramsay mete tres dedos en la boca de Theon, llenándolos de su saliva.
Cuando los dedos de Ramsay bajan, pasando más allá de su miembro duro y llegan hasta sus nalgas para apretar, Theon arquea la espalda y suelta un jadeo sonoro.
Intenta retroceder en vano, Ramsay lo sujeta mientras su dedos hacen círculos en el agujero de Theon, masajeando de una forma tan vulgar que lo obligan a temblar. Reúne la fuerza en sus temblorosas piernas e intenta alejar a Ramsay otra vez, quiere correr. Huir de su humillación.
—¿A dónde crees que te escabulles? —cuando se ríe, el primer dedo se desliza dentro de Theon, es doloroso de inmediato y lo hace jadear entre lloriqueos— No, no, no, shhhhh…—el segundo dedo se desliza dentro de Theon, Ramsay se ríe cuando lo escucha gemir, y lo ve dejar de intentar patearlo—ah, lo sabes ¿No es verdad? No puedes correr de mi. Es inútil.
Dentro, fuera, dentro, fuera . Sus dedos masajean el interior de Theon, lo hace girar sus ojos hacia atrás, ponerlos en blanco mientras los dedos aterciopelados de Ramsay se entierran en él hasta los nudillos, con un sonido húmedo.
Arde, es doloroso y se siente un poco punzante, Theon se aferra a esa sensación, intentando no pasar por la vergüenza de disfrutar esto, pero no puede evitar gemir una vez que el dolor se convierte en polvo y solo queda el placer.
—Por favor, me iré, y nunca más volveré a pisar las tierras del norte y-
Murmura, con los dedos de Ramsay dan giros, masajean aquí y allá, Theon respira suave y lento mientras los dedos lo abren poco a poco.
—¿Qué pequeñas e insensatas blasfemias balbuceas? —murmura entre risas, salpicando besos a través del cuello de Theon hasta su vientre mientras masajea su interior con los dedos— ¿No pisar tierras norteñas? Cariño mío, si este será tu hogar, cuando haya acabado de reclamarte.
Las lágrimas de Theon se vuelven pesadas, llora en voz alta cuando Ramsay empuja sus dedos hasta lo más profundo de él, abriéndolo ahora con tres dedos. Las palabras se asientan en la mente de Theon mientras se retuerce ante su toque.
—Te lo ruego, imploro a tu misericordia…—murmura entre jadeos indecentes— por favor, hazme saber que deseas de mí y-
No es capaz de decir nada una vez que Ramsay desliza sus dedos fuera de Theon solo para restregar la punta de su verga contra el agujero de Theon.
—¿Para qué decirte cuáles son mis deseos? —ronronea con una voz llena de deseo, acariciando a Theon por toda su piel mientras mueve sus caderas contra él una y otra vez— ¿Para qué decirte que es lo que busco de tí cuando puedo tomarlo con facilidad?
No puede, no puede hacerme esto, piensa lleno de terror, la lujuria indeseada expandiéndose por su cuerpo como una enfermedad.
Hay hechizos que solamente los cuerpos vírgenes pueden hacer. Hay pociones, hechizos, invocaciones y demás que solo los vírgenes tienen el poder y autoridad de hacer. Si esta bestia, si este demonio hambriento lo deshonra, Theon se verá privado de varios hechizos que ha estado perfeccionando.
—Si supieras cuánto he deseado ensuciarte, tu inútil cabecita enloquecería—susurra sin aliento, presionando su verga contra la entrada de Theon.
Ante sus ojos, la sonrisa de Ramsay crece y para el horror de Theon, puede sentir como empuja sus caderas y finalmente se rompe ante él. Se abre ante Ramsay.
Ramsay lo empala de una sola estocada, su verga le llega tan profundo que Theon se arquea en un grito. Es apenas la punta de su miembro, y aún así, Theon ya está llorando y retorciéndose.
—¡No! ¡No va a caber, es inhumano, no va a-! —se aferra a los hombros de Ramsay como puede, enterrando sus uñas mientras la verga de Ramsay lo abre por completo, llorando mientras escucha la risa del demonio.
—Ah…—Ramsay suelta un jadeo suave, con los ojos en blanco por el placer— no preocupes tu mente con ello, voy a hacerlo caber.
Theon llora aún más alto, se arquea mientras sus piernas tiemblan, el dolor punzando en su interior, pero eso ni siquiera lo detiene. Ramsay empuja aún más, esta vez con suavidad.
—¡No va a entrar, por favor! —Theon llora y se sacude, sintiendo una descarga de placer a través de su cuerpo, intenta suprimir el gemido que suelta pero le es imposible— ¡Me vas a romper, me vas a-!
—Eso es…—Ramsay no parece escucharlo mientras da un último empujón, enterrándose por completo dentro de Theon, sus testículos pesados restregándose contra las nalgas de Theon—estás tan apretado…¿Lo ves? Es perfecto. Tu cuerpo se acostumbrará a mi a su debido tiempo.
Theon llora, siente su agujero apretarse en la verga de Ramsay, está tan estirado que es doloroso y arde, peor que ello, es el placer que se construye en lo bajo de su vientre y mantiene su miembro endurecido.
—Oh, delicia, si pudieras verte…—Ramsay ronronea con hambre en la mirada, una de sus manos lo mantiene en su lugar.
Ramsay lo usa como una muñeca mientras lo embiste profundo, Theon gira los ojos dejándolos en blanco, su interior arde y aprieta, gime en lo alto y se remueve sin tener resultado alguno.
Theon arquea la espalda entre lágrimas, gimiendo a la vez que Ramsay embiste en lo profundo, rápido, haciendo que Theon rebote mientras lo usa a su preferencia.
—Mírate, pequeño, mira tu vientre—escucha la rosa de Ramsay en su oído, mientras su mano se mueve hasta su vientre— ¿No eres una blasfemia preciosa?
Cuando Theon mira hacia su propio estómago, jadea con horror y placer, su vientre está abultado. La verga de Ramsay es tan monstruosa y poco humana que se puede observar su gran tamaño a través del vientre abultado de Theon.
Para su horror, eso hace que su propio miembro escurra de presemen; Theon jadea y gime, lloriqueando a través del placer y del dolor. Es horrible la forma en que se retuerce mientras Ramsay lo coge.
Alcanza profundo, tan dentro de él que Theon juraría que lo siente en la maldita garganta, Ramsay retrocede, dejando solamente la punta dentro antes de estrellarse con fuerza. Theon le rasguña la espalda entre gritos, el placer se lo come vivo.
—Me tomas tan bien, tu coño se aprieta alrededor mío como si no tuvieras suficiente de mi.
Ramsay gira sus caderas, alcanzando un punto incluso más profundo, curvando el movimiento de sus caderas mientras embiste. Theon casi puede ver estrellas, es horrible, siente que su cuerpo tiembla y se retuerce de puro éxtasis.
No me hagas correrme, por favor no, eso no , no podría vivir con una humillación como esa, no podría sobrevivir al saber que ha disfrutado tanto de su propia violación.
Ramsay gruñe a la vez que lo embiste profundo y duro, haciendo que Theon rebote en su propia cama, su mano grande y dura se aferra a la barbilla de Theon obligándolo a ver sus ojos de un azul frío y lleno de sangre.
Theon tiembla, siente escalofríos en lo profundo de sus entrañas cuando Ramsay se inclina para morderle el cuello, la piel tierna se rompe ante sus dientes feroces.
La sangre se resbala, Ramsay acelera su paso casi de forma instintiva cuando siente el sabor de la sangre de Theon caer en su lengua.
Su ritmo se vuelve solo un poco más lento en cuanto se alza por encima de Theon, una vez más le obliga a verlo, tiembla ante su mirada brillante.
Finalmente, Theon entiende que es lo que Ramsay está buscando, pero es demasiado débil para pelear contra ello. Con los ojos llenos de lágrimas, su cuerpo vibrando de placer, deja que Ramsay lo tome de las mejillas y le obligue a abrir la boca.
Theon gime, viendo a Ramsay romper su propio labio con sus colmillos. Las sangres se mezclan mientras Theon se retuerce de placer.
Finalmente, Ramsay cae en sus labios, es la primera vez que se besan. Debería estar prohibido, debería ser asqueroso, pero está muestra de cariño violento no hace más que acariciar las partes más oscuras y vulnerables de Theon.
Y ahora que ha bebido su sangre, Theon ha aceptado su destino. El amante de un demonio. Un compromiso sellado.
Con el sabor a hierro en la boca, las lágrimas de Theon descienden por sus mejillas, no es más que la prometida de Ramsay.
Las embestidas rápidas lo hacen retorcerse, y mientras lo obliga a sentir la sangre entre sus labios, mientras se convierte en la novia de Ramsay, no puede evitar correrse de inmediato.
—Ah…—Ramsay jadea, moviendo sus caderas sin ritmo, desesperado, aprovechando del clímax de Theon—, y- y cuando acabe contigo, deliquio, me darás pequeños engendros—murmura mientras pone los ojos en blanco, soltando gruñidos animales sin siquiera desearlo. Mueve sus caderas cada vez más rápido, embistiendo, sintiendo las paredes de Theon apretarse alrededor de su verga.
—No…—susurra débilmente, sobreestimulado, temblando, viendo su propio vientre y el de Ramsay manchados de su semilla.
— Sí , te tomaré una y otra vez, y llenaré tu vientre hasta que se hinche con mis engendros—se ríe, sujeta a Theon de ambos lados de la cadera mientras da estocadas profundas—. Oh, y serán tantos…—suelta un sonido inhumano, murmura algo en una lengua olvidada y siniestra que hace a Theon arquearse mientras siente la verga de Ramsay palpitar en su interior—me darás todos los hijos que desee.
—No, no, no, ¡por favor, eso no-! —ni siquiera termina de hablar cuando es interrumpido por un sonido animal, Ramsay le gruñe mientras da una última embestida, enterrándose lo más profundo que puede.
Ramsay se corre dentro suyo, Theon puede sentir la caliente semilla vertiéndose en su interior, mientras las bolas de Ramsay se vacían.
Bajo la bruma del placer indeseado, con su interior caliente, lleno hasta el borde de la semilla de Ramsay, Theon siente que se ahoga en sus lágrimas antes de desvanecerse.
Cuando Theon despierta, todo su cuerpo duele, siente las marcas de los dientes alrededor de la extensión de su piel. Marcado .
Hay sangre seca en su cuello, en sus clavículas y muslos, puede sentir moretones y ardor en todas partes. Le toma un segundo darse cuenta de dónde está, de qué sucede.
Parpadea, un poco perdido, aún siente la semilla del demonio derramándose desde su interior, goteando, su vientre inflamado por la cantidad que ha derramado dentro suyo. Arde como si estuviera quemándose desde adentro.
La risa que retumba entre sus paredes le hace darse cuenta de que a su lado, sin mostrar molestia alguna, el demonio le sonríe con burla.
—¡No-! —sus palabras se cortan en cuanto intenta huir de él con tanta prisa que su cama se balancea en el aire mientras él cae hacia el suelo, detenido por una fuerza superior que no puede ver.
Se queda helado, la lluvia se agravia en las afueras de la choza, Theon puede escuchar las gotas caer y plantarse en la tierra mientras su cuerpo tiembla aterrorizado con las fauces del pavor mordiendo su corazón.
No puede evitar mirarlo. Su mandíbula cuadrada y rasgos toscos ensombrecen en cuanto Theon observa los ojos del demonio, azúl argénteo, con un vislumbre de burla. Y si sus dioses lo vieran, temblarían también.
Theon siente las lágrimas caer por sus mejillas sin haberse dado cuenta antes, se maldice, quiere arrancarse la piel y postrarse en la tierra.
La violencia tiene el color de sus ojos, piensa sin desearlo.
—¡Theon! —lo llaman desde la puerta de su habitación. Theon ni siquiera se había dado cuenta de que ellas estaban observando, esperando a que despertara.
Entonces Lylian ya se ha levantado, piensa por un instante, viendo a las cuatro apretándose entre ellas para poder observar la escena. Theon se siente ridículo, incapaz de moverse a la merced de Ramsay.
—No se acerquen más—su voz no parece de este mundo, se enreda en cualquiera que escuche sus palabras como terciopelo—. Buenos días, Theon, parece que finalmente has decidido volver a ti—lo dice con destellos de gracia burlesca, llevando su mano derecha hacia el cabello de Theon, haciéndolo erizarse.
—¡Por favor, no! —las palabras resbalan de sus labios con prisa— ¡Suéltame, suéltame te lo ruego!
Un hombre como Theon no debería rogar, no debería estar llorando perdido y desolado de esta forma, pero, ¿Quién podría culparle?
—Oh, pero, ¿Por qué haría eso? —con su mano, atrae a Theon de regreso a la cama, atrapando a Theon con un brazo, apretándolo contra su cuerpo.
No hay nada que pueda hacer, no puede moverse, no puede pelear. Siente las lágrimas juntándose en sus ojos mientras su cuerpo se vuelve cálido ante el toque, con su corazón latiendo en contra de cualquier deseo suyo.
Le da vergüenza, pero aún así levanta el rostro para mirar a las demás; las cuatro lo observan con tanta firmeza que Theon se siente expuesto. Siente el horror asentarse en sus entrañas al darse cuenta de que necesita su ayuda, de que está rogándoles por ser salvado.
¿Por qué no me ayudan? ¿Por qué solo observan?
—Eres mi nueva adquisición, ¿No es verdad? —Ramsay acerca a Theon con más fuerza hacia él, ahora, la espalda desnuda y llena de moretones contra el pecho amplio y frío del demonio.
Su cabello largo cosquillea contra la piel de Theon cuando mueve su rostro hacia el cuello expuesto. Theon siente que todo su cuerpo tiembla y que su voluntad sucumbe, con la respiración de Ramsay acariciando su cuello y sus clavículas.
—...¿Qué? —pregunta buscando explicaciones en la mirada de las demás.
—He estado hablando con tus amigas mientras tú dormías. Parece que tienen un encantador hogar aquí, ¿No es así? —Theon no tiene palabras, no tiene forma de contestar ante su voz llena de oscuridad violenta— Oh, no pongas esa cara, es rústico, pero adorable.
—Theon, si-
Antes de que Enynce pueda pronunciar una sola palabra más, Ramsay sonríe y chasquea los dedos. La lluvia se estrella contra el suelo en el exterior, mientras Theon ve a Enynce doblarse de dolor en el suelo, gritando durante unos segundos antes de caer completamente al suelo, mientras las demás la sujetan hasta que se queda inconsciente.
Cree que podría vomitar, pero no tiene fuerza alguna para hacerlo.
—Si alguien interrumpe otra vez más y les sacaré los intestinos para colgarlas de ellos mientras se comen sus ojos. Bien.
Toda la habitación se queda en silencio, solo se puede oír la lluvia caer; Theon cierra los ojos un instante, esperando a que sus lágrimas se sequen, pero nunca sucede.
—Verás, los he visto por aquí—susurra cerca de su oído, causándole un escalofrío por todo el cuerpo—. Esta tierra es mía, llegue antes de cualquiera de ustedes; llegue antes que cualquier bruja o caballero, claro, les he dejado vivir aquí por amabilidad mía, les he visto correr y divertirse—cuando se ríe, todo su cuerpo parece volverse más grande, engullendo la figura de Theon, su lengua cálida se pasea por el hombro desnudo y adolorido, obligándolo a estremecerse—. Especialmente a ti, Theon.
Cuando Ramsay termina de recorrer su piel desnuda y herida con su lengua, Theon gime entre lloriqueos. Ya ni siquiera le importa que las demás lo vean de esta forma tan patética.
—No, no, no, no llores, dulce criatura—Ramsay habla con tanta dulzura que Theon deja caer sus defensas por un momento, se deja acariciar por sus manos grandes, deja que seque sus lágrimas y las deposite en su lengua—; tu pequeña amiga lloró también, ¿Recuerdas? ¿Y qué hiciste? Te burlaste. Oh, pero no te culpo, la gente débil debe ser abusada, por ello son débiles. Cómo tú.
—¡Yo no soy-!
Ramsay mueve su mano con rapidez, apretando su cuello, tan frágil como es, podría romperlo. Theon lo sintió en carne propia, sintió su fuerza en su piel.
La violencia y el horror en un cuerpo de apariencia terrenal. Ramsay es terrorífico incluso con solo verlo. Aprieta el cuello de Theon solo un poco, una amenaza nada más.
—Es la primera y última vez que me alzas la voz. No habrá ninguna advertencia a la siguiente—sonríe con gracia, su voz es dulce, sus ojos destellan en una burla contaminada. Theon asiente ante sus palabras, aterrorizado más allá de sus entrañas.
—Buen chico—Theon se avergüenza al encontrarse calmado escuchando el cumplido—. Cómo decía, tus amigas aquí parecen preocupadas, lo suficiente como para llamarme. Y bueno, si he sido tan amable como para dejarles vivir en mis tierras, ¿Por qué no habría de ayudarlas para protegerse de los crueles hombres?
—¿Qué? —cuando lo pregunta, sabe que ha escuchado perfectamente sus palabras. ¿Protegerlos de los hombres crueles?
Theon no puede soñar con una crueldad que vaya más allá, que sea más tortuosa, que la que Ramsay ejerce en él.
—He aceptado el contrato con tu pequeño aquelarre, cariño—sonríe una vez más, brillante de lo que parece una parodia de lo luminoso—. Les protegeré. Claro que hay un pago, de carne, de huesos y alma.
Theon sabe que debe confiar en ellas, lo sabe, ha intentado construir confianza con su aquelarre desde el inicio. No puede dudar de ellas, ¿Verdad?
Aún así, levanta la mirada, solo para darse cuenta de que ninguna puede mirarlo a los ojos, Amalia sostiene el cuerpo inconsciente de Enynce, pero aún si ella estuviera despierta, es seguro que no podría mirarlo a los ojos.
Y la tristeza se asienta en su pecho, como un incendio. Siempre ha habido una llama en su interior, quemándolo por dentro, una llama que ha controlado durante todos estos años.
Siente las brasas crecer en su pecho, abrazando sus entrañas, envenenando sus sentidos con el calor inmoral.
—...Me vendieron—pronuncia con veneno en la sangre, cegado por un instante.
Lo pagarán. No sé cómo, pero lo harán.
—¡Nunca haríamos algo como eso, Theon! ¡Él jamás nos dijo-! —Elianor habla por primera vez, pero no se mueve, demasiado asustada.
—Corrieron el riesgo de que tomara algo de ustedes en cuanto me invocaron. Debieron saber que había un precio—la voz de Ramsay resuena por encima del sonido de los truenos y relámpagos, Theon siente sus manos apretarle la cintura.
Amalia da un paso adelante mientras Lylian y Elianor toman el cuerpo de Enynce para arrastrarlo de regreso.
—Theon, sabes que no lo haríamos. Apenas lo invocamos fue corriendo hacia tu habitación, era demasiado tarde—es directa, pero Theon no sabe si miente o no. Amalia nunca se equivoca, entonces, ¿Cómo ha pasado todo este desastre?
—Váyanse—lo pronuncia entre dientes, con la rabia en el interior de su pecho, en un pozo sin fondo.
—Pero Theon-
—¡Cierra esa maldita puerta! —le grita envuelto en un calor irreverente, con la mente hecha pedazos, las manos de Ramsay son el único soporte que tiene ahora.
En cuanto se cierra la puerta, Theon siente que todo a su alrededor da vueltas, y cuando Ramsay lo aprieta entre sus brazos, no pelea.
—No tienes porqué sufrir de tal forma, cariño mío—sus palabras abrazan a Theon con la misma fuerza que sus brazos, siente que le falta el aliento cuando el rostro de Ramsay se acerca a su cuello para sentir su aroma—. Confía en mí, y nunca más tendrás que volver a sentirte así por nadie más que por mí.
No debería encontrar consuelo en él, no debería inclinarse ante su tacto, sin embargo lo hace. Con la mente ardiendo de traición y los ojos llenos de lágrimas, siente que Ramsay le abriga con su dulce violencia.
Entonces eso es todo; no hay decisión que tomar. E incluso si pudiera decidir, su cuerpo ya está sucio, ya ha sido desflorado y reclamado, ¿Que sentido tendría? La prometida de un demonio.
—Aún falta algo, dulce Theon—la voz de Ramsay le llama como si pudiera leer su mente terrenal, tal vez puede hacerlo—. Tú no has dado ninguna ofrenda, mientras que tus amigas han dado algo de sí mismas.
Una ofrenda. Theon hace ofrendas continuamente a sus dioses, al bosque, a las criaturas, pero ¿a un dios del norte? Supone que no puede haber más compromiso, está atado como su presa. Comprometido con el demonio.
Con su mano izquierda, alcanza las lágrimas en su rostro, sus manos tiemblan, pero, ¿Qué más puede hacer?
Con una fuerza como la de Ramsay no se puede pelear, solo se puede aceptar. Se puede sucumbir, se puede adorar, pero nunca pelear.
Cuando Theon alcanza sus propias lágrimas algo vibra entre sus costillas, avergonzado, con el cuerpo entre llamaradas, se siente en un sueño largo.
—No, no, no puede ser cualquier cosa—a pesar de sus palabras, toma la mano de Theon y lame sus lágrimas de la punta de sus dedos temblorosos—. Cómo te he marcado, he tomado tu sangre, tu sudor, tu llanto, pero necesito algo más…personal.
Cuando Theon se da cuenta de hacia dónde se dirige la mirada de Ramsay, siente que se petrifica. Todo su cuerpo se convierte en mareas inestables y la espuma de mar nace y desaparece en los rincones de su espíritu.
No, por favor, eso no, piensa, con el corazón sangrando, casi puede sentir la sangre deslizándose por su cuerpo.
Pero Ramsay sonríe, y con su aliento, tan dulce que debería estar prohibido por las leyes de los dioses que sea tan violento, hace nacer ceniza oscura en la palma de su mano derecha hasta crear una daga curvada.
Las lágrimas de Theon se derraman, siente que no tiene aliento, sujeta con ambas manos el arma que Ramsay le ha dado. Duele, duele el siquiera sostener el filo entre sus manos.
Nunca des tu cabello, Theon
Puede escuchar la voz de su madre resonando en su cabeza, mientras sus lágrimas caen por sus mejillas. Su cabello es su alma, su corazón y su vida.
Su cabello es su única protección. Esa es la razón por las cuales las sirenas cuidaban su cabello y lo peinaban durante horas. Es por ello que Theon usa velos al hacer hechizos, es por ello que trenza su alma.
Dar el cabello, regalarlo, es regalar la vida propia, el corazón, el alma. Es dar lo más importante.
Sus manos tiemblan, mientras corta la trenza tan delgada como el tallo de una flor, las lágrimas caen de su rostro, postrado, siente la mirada del demonio encima suyo.
A su pesar, siente que el cuerpo le arde de anhelo al saberse la presa de la bestia. Su corazón se acelera mientras la daga de Ramsay se presiona con más fuerza, cortando de un solo tajo la trenza de Theon.
Cuando Ramsay extiende su mano, Theon no puede evitar un suave suspiro, adolorido, siente la sangre en su boca, pero no puede evitar mirarlo.
Theon deposita su trenza en la palma de Ramsay, el dolor en su corazón lo golpea con tanta violencia y ternura que se siente envuelto en una tormenta.
Y la sangre cae por su cuerpo cuando Ramsay aprieta su trenza, y toma a Theon con su mano derecha. Cuando lo besa, Theon se derrite en su tacto.
