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Cuervos, autobuses y laberintos

Summary:

A la granjera le gusta el medio hermano de su mejor amiga.

Notes:

Publiqué esto en inglés hace un tiempo y tenía ganas de publicarlo en español.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

 

—¿Todo bien?

 

Maru preguntó detrás de la enorme pila de hojalata al cual llamaba robot

 

—Huh sí. 

 

—Has estado muy callada, no parece que estés aquí —se rio. 

 

—Me duele todo. 

 

Arar la tierra no es tan fácil como Hannah recordaba a su abuelo. 

 

—Ya veo, tranquila, los aspersores estarán listos pronto 

 

Ella sonrió cansada. 

 

—¿Quieres quedarte a la cena?

 

Maru se había vuelto su amiga apenas Robin se la presentó en la danza de las flores. 

 

Su familia era adorable, todo lo que ella hubiera querido. 

 

Bueno, adorable excepto a alguien.

 

Se dirigieron a la cocina y se encontraron con una sudadera negra conocida. 

 

Ella tenía la intención de decir hola pero él pasó a su lado apenas dejando atrás un asentimiento de cabeza de su parte como un saludo

 

Es lindo

 

Pero la intimida

 

Su naturaleza sombría y solitaria era un perfecto imán y repelente a la vez. Era una criatura nocturna sumamente interesante, y ella no podía quitarle la mirada de encima. 

 

Más aún cuando sabe lo que oculta debajo de ese duro caparazón. 

 

Hace ya más de un año, en el lago de la montaña tuvo lugar una interesante conversación acerca de los cuervos. 

 

Si, cuervos. 

 

Mientras que Hannah maldecía al pájaro con una boca más sucia que un marinero, Sebastian hizo con ligereza la mención de que le gustaba esa especie ya que le recordaba a uno de sus personajes favoritos. 

 

Y sí, Hannah al instante tuvo el impulso de lanzarse al lago por la vergüenza. 

 

Afortunadamente, no lo hizo. 

 

Esa fue su primera conversación. 



Maru es amiga de Penny, Penny es amiga de Sam, y Sam es amigo de Sebastian. 

 

Sorprendentemente, esta es la vía de conexión más rápida en vez de la de "Maru es media hermana de Sebastian".

 

Hannah es más que consciente de la tensa relación que hay entre ese par de cabezas duras, y es que, mientras uno desea ser más apegada al otro pero se niega a dar el primer paso, el otro está cerrado a la idea de que la otra persona siquiera lo tolere. 

 

¿Adivinas quién es quién?

 

Cómo sea, Hannah ha sido testigo de ambas partes de esta telenovela, presenciando los dramas, las mentiras y lo frustrante que puede llegar a ser la falta de comunicación.

 

Creo que ella ya se ha dado cuenta de que pasa más tiempo en la casa de las montañas que en la granja, pero siempre es bueno escapar del trabajo. 

 

No es como si esa fuera tu principal y única fuente de ingresos y comida. 

 

Nah, para nada. 

 

Esta estática relación dió lugar a su segunda conversación. 

 

Los viernes en la noche es una costumbre casi sagrada que hace que hasta gremlins antisociales como Sebastian salgan de su cueva y que forra de dinero a tipos como Gus. 

 

Sam, como buen extrovertido que es, invitó a Penny a su salida nocturna con sus amigos, en parte para tener apoyo moral en su plan para hacer avances con la linda maestra. Pero con lo que no contaba nuestro querido amigo rubio, era que Penny llevaría refuerzos. 

 

Hannah fue invitada junto a Maru, pero por claras razones y mucho cansancio, esta última lo rechazó. Hannah se llevaba muy bien con Sam, considerable con Abigail, y su estatus con Sebastian era libre a la imaginación. 

 

Después de unos cuantos tragos, se hicieron parejas para jugar pool, y por azares del destino terminó junto a Sebastian. 

 

Ella tuvo que contener la sonrisa tonta que se formaba en sus labios. 

 

La partida iba muy bien. Mientras que Sam era derrotado una vez más, el chico pálido a su lado se regocijaba con su dolor. 

 

Es un sádico. 

 

Un sádico muy atractivo. 

 

Y Hannah lo sabía. 

 

En el transcurso de la noche no hubo más que ocasionales roces de manos, algunos más intencionales que otros, pero podemos culpar de eso al alcohol. 

 

De vuelta a casa, ambos quedaron solos junto a la oscuridad. 

 

—Sam apesta en eso de los dardos. 

 

—Oh, créeme, hoy tuvo una buena racha.

 

Las risas flotaban al igual que el olor mordaz de la cerveza. 

 

—¿Mañana irás a la casa?

 

Por un segundo pensó no haber escuchado bien, pero se obligó a sí misma a procesar bien la información con tal de no pedirle que lo repitiera, esto casi al mismo tiempo que los latidos de su corazón se incrementaban. 

 

—Huh, tal vez ¿Por qué?

 

La esperanza apretaba fuerte sus palabras. 

 

—Es que mi mamá te quiere entregar unos materiales. 

 

La vergüenza se le subió a la cabeza, y nuevamente quería tirarse a un lago, pero para su desgracia, sólo tenía un bote de basura a su alcance. "Ya veo" murmuró ella por lo bajo, casi siendo opacado por los pasos que resonaban sobre el concreto. Se sentía tonta por el hecho de que una parte de ella deseaba que él quisiera verla, pero estaba claro que esa era una idea remota. Al menos en ese momento, porque sólo tomó unos cuantos encuentros nocturnos a la orilla del lago para que Sebastian inconscientemente anhelara encontrarse con esa linda granjera al subir las escaleras de su sótano. 



Sebastian es un tipo difícil al cual llegar. 

 

Y no es broma, el tipo solo sale una vez de su habitación al día con suerte. 

 

Por eso casi tira su taza de café al ver a una total extraña hurgando en su nevera. 

 

Y por supuesto, esta extraña de raíces citadinas no dudó en pensar que este chico desaliñado y de ropa negra era en realidad un ladrón. 

 

Un primer encuentro muy memorable. 

 

Después de muchas disculpas y unas cuantas aclaraciones, ambos dejaron el incidente atrás, aunque de vez en cuando, este recuerdo llega a la cabeza de Sebastian y le suele provocar una inevitable risa. 



A diferencia de Hannah que sabe lo que quiere, cómo lo quiere y cuando lo quiere, Sebastian es del tipo de persona que se percata de sus sentimientos una vez que los tiene justo enfrente. 

 

Siendo así, él se dio cuenta de que le gustaba esa peculiar granjera el día de su primer concierto en la ciudad con la banda. 

 

Un día 15 en medio del abrasador verano. 

 

Todos sufrían por la calefacción descompuesta en el autobús, por lo que para distraerse un poco del eterno infierno en el que estaban encapsulados, decidieron escuchar música, ya que casualmente, ambos estaban sentados el uno del lado del otro. 

 

Si, todo es mera casualidad. 

 

Ambos bromearon acerca de lo rápido que Sam cayó dormido a pesar de que hace unas horas estaba teniendo una crisis nerviosa, pero era aún más impresionante el dragón que Abigail le estaba pintando en su mejilla izquierda. 

 

Quien propuso lo de la música fue Hannah, y sin dudarlo sacó un par de audífonos blancos de su mochila, la cual era un desastre por dentro con todas las siglas en mayúsculas. 

 

Acercándose un poco más para no tensar demasiado el cable, Hannah le preguntó en voz baja qué tipo de música quería escuchar, y él, a pesar de tener toda una lista de sus artistas y canciones favoritas, le dijo que ella pusiera lo que deseara.  

 

Tal vez en parte tenerla tan cerca lo desorientó un poco. 

 

Ambos tenían una parte de sí mismos expuesta al mundo exterior, y otra que escuchaba algo que solo los dos podían.  

 

Pero para ambos era muy difícil concentrarse en la canción que sonaba con sus corazones latiendo sin parar en sus oídos. 

 

Después de 4 canciones que no conocía y 2 que reconocía, llegó una que le fascinaba. 

 

A simple vista Sebastian no parece del tipo romántico, y la verdad es que él tampoco se considera así, pero esta melodía en especial saca algo de sí mismo que ni él sabía que existía. 

 

La temática es simple. 

 

Un poema de amor hacia una chica en donde describe todo lo que lo hace amarla. 

 

Cómo su sonrisa es tan reconfortante como la brisa de primavera. 

 

Cómo su voz le da un nuevo significado a su nombre. 

 

Cómo ella lo hace querer una mejor persona. 

 

Y de repente y sin previo aviso, él sintió un peso en su hombro. Abrió sus ojos, y ante la vista, su corazón perdió cualquier cordura que lo atara. 

 

Pensó que la había perdido hace ya mucho tiempo, en esa tarde lluviosa en la que compartieron su paraguas en la playa. 

 

Y entonces, la letra de aquella bella melodía comenzó a cobrar sentido para él, como si todo este tiempo hubiera tenido una venda en los ojos. Y observando a aquella chica que era tan nerd como él, Sebastian supo por fin la verdad. 

 

Que estaba totalmente loco por esta chica. 

 

Y como si esa canción solo hubiera venido para hacer aquella gran revelación, pasó al siguiente tema como si nada. 



Los siguientes meses no tuvieron ningún avance significativo, aparte de los burdos y evidentes intentos de parte de los dos por estar juntos. 

 

Y claro, diversas suposiciones de parte de Robin, por qué no. 

 

En ese punto, ya ambos sabían lo que el otro sentía. Estaba escrito en su frente. 

 

Pero ya sea por mera timidez o estupidez de sus partes, ninguno había dado la gran declaración. 

 

"Me gustas" 

 

Menos de cinco palabras, que sin embargo, cargan con más emociones de las que deberían. 

 

Tal vez sea por esto que se tardaron tanto bailando el uno con el otro en lo que parecía un coqueteo interminable. 

 

Y es que a nadie le gusta quedar tan expuesto. Dejar tu corazón al alcance de otro ser humano. 

 

Y es que eso es lo más humano que puede pasar, tener miedo. 

 

E irónicamente, en el día en el que el terror reina en el valle, Hannah se lanzó a lo desconocido. 



Víspera de los espíritus. 

 

La noche en la que los niños gritan y los adultos fingen que no lo hicieron. 

 

Ese día, Hannah se había prometido a sí misma que sin importar las circunstancias, las personas que se atravesaran o si incluso aparecía un fantasma de la mina

 

Ella se confesaría.  

 

Simplemente ella ya no soportaba la agonía de tenerlo tan cerca y no atreverse a alzar la mano y alcanzarlo, o los distintos juegos silenciosos que Sebastian jugaba con ella y que Hannah no podía igualar. 

 

El chico era un verdadero sádico. 

 

Y el corazón de ella ya no podía aguantar mucho más. 

 

Por eso, si las palabras no salían, ella tomaría la drástica decisión de besarlo. 

 

(En realidad ella solo quería besarlo). 

 

Como siempre, Hannah llegó tarde, un tipo de mala costumbre que poco a poco se ha vuelto una maldición. 

 

Todos sus amigos se habían ido al laberinto en busca de esa estúpida calabaza dorada. 

 

Es decir, ¿Eso tan siquiera se come?

 

No importa. Después de saludar a unos conocidos, Hannah deambuló hasta encontrar su objetivo. 

 

A diferencia de las otras festividades del pueblo que están llenas de colores vibrantes en donde Sebastian contrasta totalmente con el ambiente, en esta festividad tan oscura es como si él se mezclara con su entorno. 

 

Así que, al contrario de anteriores meses, ese día no fue tan fácil encontrarlo entre la multitud. 

 

Intentando asustarlo, Hannah lo abrazó por la espalda, tomándolo desprevenido pero no causando una reacción más allá de unas palabras atragantadas. 

 

Bueno, la verdad es que su corazón dio un vuelco al estar entre tus brazos. 

 

Pero no lo admitiría.

 

Después de vagar un poco por el festival, ella logró convencerlo de dejar a las extrañas calaveras que se movían para ir al laberinto, pero solo porque Hannah puso un rostro suplicante difícil de evitar. 

 

Todo estaba tan oscuro, pero de alguna forma le parecía gracioso la manera en la que Sebastian se perdía entre la noche. Sin embargo, las risas se acabaron una vez que las primeras trampas aparecieron. 

 

—Me vas a romper los dedos. 

 

Hannah apretaba tan fuerte su mano que palideció de todo color. En primer lugar, ella la había tomado para " no perderse ". 

 

Ella lo soltó de inmediato como si estuviera tocando fuego, pero su mano volvió a ser capturada entre los dedos anudados de la otra persona. 

 

—Solo no presiones tanto. 

 

Su voz era baja y un tanto ronca, y se escuchaba cerca de su oído, tanto que su aliento le hacía cosquillas. La sensación le envió electricidad por todo su cuerpo y un extraño vértigo. 

 

Era un poco increíble lo audaz que podía ser este chico en la oscuridad. 

 

Siguieron con el camino repleto de telarañas, fantasmas, sangre falsa y sangre que probablemente no era falsa. De vez en cuando se encontraban con algún conocido, pero los evitaban lo más posible. 

 

Mientras tanto ¿Y las manos? Hannah se había tomado la labor de entretejer sus dedos en un agarre más cómodo. 

 

Pero como si la nube de éxtasis formada por su corazón se hubiera esfumado, volvió a poner en orden sus prioridades. 

 

Primero, besar al chico lindo. 

 

Segundo, tomarme de las manos con el chico lindo .  

 

Anduvieron por diversos pasillos, hasta que un cabello rubio conocido entró en sus campos de visión. 

 

Los dos sabían que si Sam los encontraba, sería el final de este extraño tiempo compartido. 

 

Por eso, con un movimientos rápido y fuerte, orilló al esbelto cuerpo de Sebastian al otro lado del muro, teniéndolo contra la pared de piedra. 

 

Ya escuchando que los pasos se alejaron pudieron soltar el aire que no sabían que retenían. Pero en vez de apartarse, se quedaron en sus sitios. 

 

Cerca. 

 

Sus manos aún entrelazadas estaban calientes, y a pesar de que no se podían ver con claridad, la escasa luz de la luna era suficiente. Los latidos que resonaban dentro de sus pecho escalaban a niveles cada vez más altos que ensordecían sus oídos. Ambos sentían esa necesidad de romper el espacio entre ambos y por fin simplemente ceder ante sus deseos más profundos, pero los pocos filamentos de cordura y autocontrol que les quedaban se los impedía. 

 

Podían sentir el aliento del otro en su rostro, una cálida brisa que sólo contribuía un poco más al rubor que se extendía alrededor de sus rostros, y con cada respiración, los hilos del autocontrol se iban rompiendo. 

 

Con su mano libre, Hannah apartó con ligereza en su toque los mechones oscuros del rostro pálido de Sebastian, que usualmente cubren la mitad de su semblante. 

 

—¿Qué? 

 

Susurró en lo que pareció casi un suspiro. 

 

—Solo quiero verte.  

 

Puede que la poca iluminación lo hiciera difícil de apreciar, pero sus ojos estaban cargados de cariño y adoración, como si estuvieran viendo lo más bello en el mundo. 

 

Ella trazó con su pulgar el contorno de su rostro, ligero como una pluma, desde su mejilla salpicada por tiernas pecas, hasta su barbilla, de dónde su mirada no pudo despegarse. Se sintió como si hubiera dejado un rastro de flores en su camino. 

 

Ambos sabían lo que iba a pasar. Estaba más que claro. 

 

Pero antes de cortar en último hilo de cordura, Sebastian rompió el espeso silencio a su alrededor con lo que era casi un murmullo. 

 

—¿Puedo…?

 

Lo dijo casi necesitado, solo esperando su pase de salida. 

 

Hannah, sintiendo su cuerpo ya no como propio, asintió levemente. 

 

Y se rompió. 

 

Sus labios chocaron descuidadamente y se fundieron en lo que fue un profundo beso. Ansiosos el uno por el otro, casi hambrientos. Una explosión de éxtasis se provocó en sus interiores. 

 

Por un tiempo, Sebastian se estuvo preguntando desde hace tiempo qué sabor tendrían esos labios carnosos, que con tan solo la luz más tenue, se volvían exquisitos a la vista. La sensación era tan irreal que pensó que esto era un sueño, lugar en el cual hasta ahora, había sido el único sitio en donde había sido capaz de probar el fruto prohibido de su boca. 

 

Melocotón

 

Una mano anudada se plantó en la cintura de Hannah, firme y a la vez amable, transmitiendo su calor cosquilleante a pesar de las capas de ropa que cubrían su cuerpo, lo cual hizo que de alguna manera esa área fuera borrada de su mapa mental. La usual temperatura fría de Sebastian con la cual lograba sobrellevar el invierno con éxito, ahora estaba elevada a tal nivel en el que su rostro se había vuelto un campo de rosas en plena floración. 

 

Era un beso aterciopelado terriblemente embriagador. 

 

El suelo bajo sus pies se volvió inestable, o al menos eso les hicieron sentir sus piernas víctimas de sus pesados latidos de corazón. Sus pulmones pedían a gritos una una bocanada de aire fresco, pero se tuvieron que conformar por los momentáneos segundos en los que sus labios se separaban para recuperar un poco el aliento, pero por supuesto, nunca dejando el contacto por completo. 

 

El beso voraz con el que iniciaron, se fue atenuando poco a poco, volviéndose en lo que se sentía como una suave caricia, dócil, pero aún cargada de todo el torrente de emociones que palpitaba en sus oídos. 

 

Sin darse cuenta, dejaron de moverse. Hannah apretó la desgastada tela de la sudadera con capucha de Sebastian en su puño, con tal de obligarse a sí misma para no desplomarse en el suelo. Sus alientos formaban una densa nube de pasión a sus alrededores, haciéndoles cosquillas en el rostro. 

 

El plan se había ejecutado con éxito. El único problema ahora era que las palabras estaban enredadas dentro de su garganta seca. 

 

Por eso, ella tomó el ligero apretón de sus manos aún entrelazadas como su todo. 

 

"Me gustas"

 

Ella imitó su delicadeza. 

 

"A mí también"




Han pasado un par de meses desde ese irreal momento. 

 

Y tal como llegó, el invierno se fue. 

 

Después de que ella le dijera a Maru que se iba de vuelta a casa, salió nuevamente de su cuarto y pasó por el extenso pasillo de madera repleto de recuerdos del pasado. 

 

El favorito de Hannah es la fotografía de un pequeño y sonriente Sebastian con su cabello pelirrojo alborotado mientras sostenía una rana. 

 

Es fascinante saber que un chico tan melancólico era capaz de hacer tal expresión de felicidad. 

 

El piso crujía un poco con cada paso que ella daba, pero en vez de seguir su ruta, se adentró a la creciente oscuridad de las escaleras que llevaban a la cueva de la peculiar criatura que Hannah había estado cazando activamente. 

 

Después de dar tres golpes con su propio ritmo único, Sebastian le permitió entrar a sabiendas que era ella. 

 

El contraste con el resto de la casa era más que evidente. Mientras que arriba reinaban los colores caídos y un aura de comodidad, aquí dominaba la oscuridad y una sensación fría en el aire. El hábitat perfecto para alguien como él, que lograba camuflarse entre la falta de iluminación. 

 

Pero a diferencia de la apariencia de su entorno, la sonrisa que Sebastian le dedicó a Hannah a penas la vio estuvo llena de dulzura. 

 

Sin vacilar, ella se acercó a su escritorio y rodeó su cuello con sus brazos mientras él estaba sentado. 

 

—¿Por qué te fuiste tan rápido? Quería estar un poco contigo. 

 

Sus dedos pasaron por los largos mechones, similares al plumaje negro de un cuervo. 

 

—Tenía trabajo. 

 

Su voz era baja y ronca, con pequeños bordes nerviosos. 

 

Hannah sabía lo que ocurría. 

 

Hace poco, Sebastian la había llevado a su lugar especial en una romántica salida nocturna. 

 

Ella todavía recuerda el momento con mariposas en el estómago. 

 

Pero parecía que el chico todavía no era capaz de mirarle a los ojos, Por lo cual, la estuvo evitando lo más posible los días posteriores a ese gran evento. Esto era frustrante y contradictorio, lo cual ya había cansado a Hannah, pero en vez de confrontarlo directamente, decidió divertirse un poco. 

 

—Hace unos días no parecía que me quisieras lejos. 

 

Sus palabras salieron en un susurro que rozaron el oído de Sebastian. 

 

Su acción fue suficiente para hacer que su corazón diera un salto para iniciar una frenética carrera en su pecho, dándole una tierna coloración rosa a sus mejillas pálidas. 

 

No hubo respuestas del pobre chico aparte de que desvío su mirada de ella totalmente apenado. 

 

Él no era tan peligroso una vez que sus defensas bajaban. 

 

Dándole un pequeño respiro, Hannah retiró su agarre casi a regañadientes, pero esto solo lo hizo conociendo su siguiente movimiento. 

 

—¿Qué haces…?

 

La confusión estaba pintada en el rostro de Sebastian al igual que la impresión. 

 

—Hoy estoy muy cansada como para volver a casa. 

 

Hannah se había auto invitado a la cama de Sebastian, simplemente sentándose en el centro como si fuera lo más natural del mundo. 

 

—...A menos que tú no quieras. 

 

El aspecto de Hannah era verdaderamente atrayente en ese momento, con su cabello alborotado, su linda sonrisa engreída, sus ojos traviesos y la vieja sudadera con capucha ella le había robado y cuyo peso caía sobre su cuerpo curvilíneo. 

 

Sebastian tragó audiblemente. 

 

Las mariposas que revoloteaban en su estómago ahora flotaban por toda la habitación. 

Notes:

Tengo una historia principal con esta pareja, pero considero esto como una historia alternativa de cómo se pudieron haber enamorado Hannah y Seb.

Atte-June❤️