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Doloroso, bizarro y agradable

Summary:

Es difícil estar cerca de ellos, así como aterrador y estresante, pero, al final, no tan malo

Tal vez hasta podrían salir cosas buenas de ello y lograría comenzar a relajarse más en su compañía

Pronto lo descubriria.

Notes:

Hola, esta historia no está muy editada y obtendrá algunas ediciones próximas, lo siento si tiene muchas faltas de ortografía o gramática, me encargaré de ellas lo antes posible. Además de todo, no está terminada aún, por lo que deberían faltarle uno o más capítulos que pronto serán agregados, sumado a eso, es mi primer fanfic en este fandom, pido disculpas también si las personalidades no coinciden y si hay algo que deba agregar o sea importante tratar puedes dejarlo en los comentarios que estaré apreciando muchísimo.
Quería aclarar también que esta historia se basa en Wrong Turn 1 únicamente, tomando la apariencia de los hermanos y todo lo demás de esta misma, solo agregando que serían más jovenes, me gusta la idea de que ronden los 20s como en Wrong Turn 4.

Pd: esta historia también se encontrará en Wattpad con el mismo nombre próximamente.

Finalmente muchas gracias por leer y espero te guste 👉👈🥺

Chapter 1: 👁

Chapter Text

Cumplía ya varios meses viviendo en esa casa junto a esos tres hombres primitivos y salvajes. Una situación digna de una película que jamás nunca en toda su vida habría siquiera imaginado.

A veces no creía que fueran reales si quiera, que todo incluido los alrededores y los días pasados solo eran un sueño muy extraño.
Aunque claramente no era así.
Todo era real y físico, todo podía verse y tocarse, como por ejemplo las paredes, los objetos, el suelo, y, claro, ellos.

De esa misma manera, ella podía ser tocada y observada también, a veces como si fuera algo irreal y propio de otro sueño esta vez de parte de los hermanos.

Las cosas muchas veces iban hasta el punto de sentirse admirada por esos cinco ojos tan inquietantes, parecidos a los de un depredador hambriento.

Pese a que optaron no matarla al último momento, perdonando su vida y llevándola a su lado en su hogar, no podía negar que se seguía sintiendo asustada de ellos.
Después de todo, fueron una amenaza horrible que quiso asesinarla y engullirla en el pasado no muy lejano.

De todos modos, con el miedo que seguía teniendo, no intentó ni intentaría siquiera agredirlos planeando su muerte o escapar un día estando sola en casa.
La verdad no tenía otro lugar al que ir, siendo echada de su casa y sin un solo amigo o persona que quisiera acogerla sin habilidades especiales o mínimamente un trabajo estable.

Por eso mismo acabó ahí en primer lugar, caminando y caminando sin rumbo durante horas hasta que fue subida a un auto a la fuerza con malas intenciones y sin al parecer un medio de escape o personas cerca que pudieran ayudarla. En ese momento aceptó su cruel destino y final, posiblemente arrojada como un objeto ahora inservible después de ser usada por un grupo de desconocidos.

Todo para que al final resultaran no estar tan solos entre esas colinas boscosas, y el resto es historia. Viendo el lado bueno, al menos no llegó a vivir en las calles mendigando y sin un rumbo u objetivo más que lo que comería ese día y así sucesivamente.

En fin, como se decía de su miedo, aún con varias cosas que agregar, está el tema de lo difícil que es convivir donde no puedes sentirte completamente cómoda todavía. Donde siempre hay una sensación presente que durará bastante más tiempo en desaparecer por completo y seguirá quitándole el sueño muchas más noches todavía.

El miedo así es, siempre tan horrible, brindando ansiedad que se manifiesta por fuera de igual manera.
Muchas veces hizo que sus piernas y manos temblaran cuando sus miradas se cruzaban y sentía el cuerpo grande y fuerte de cualquiera de los tres hermanos detrás suyo, rozando su espalda o sujetando su brazo empequeñecido a su lado.

Ella es la más pequeña de la casa, osease la única que no sobrepasa el metro con sesenta centímetros, y esa diferencia de alturas es más grande aún cuando se compara al hermano mayor, ese que doblada varias veces su forma, teniendo que agacharse para entrar por la puerta, golpeándose la cabeza con objetos y teniendo complicaciones por el tamaño de su cama.

Eso solo lo hacía más aterrador para ella, sintiendo su espalda estremecer cuando se colocaba delante o detrás suyo, elevándose, cubriendo la luz, y mirando hacia abajo en su dirección. Comiendosela con un par de ojos con estrabismo (detalle que compartían dos de ellos) para luego, con movimientos bruscos y pesados, tocar sus hombros, su espalda y su cara, revisándola de cerca o algo que no acababa de comprender sin estar en su mente.

En ocasiones, en ese mismo momento la empujaba para alejarla. Ella siempre lo asimiló a que no le gustaba mucho el contacto físico, o que era su modo de ordenarle el realizar las tareas del hogar que le correspondían desde el primer día.
En todo caso que no fuera nada de eso, en otras posibilidades qué le pasaron apenas por la mente, creyó que simplemente quería verla moviéndose o se desesperaba de la acción de sus dos cuerpos quietos.
O podrían ser todas las anteriores, después de todo, aun no confiaba en ella completamente, y no podía tenerla tan cerca suyo por mucho tiempo.

Muchas veces llegó a creer que intentaría aplastarle la cabeza, y estaba segura que debió haberlo pensado al menos una vez.

También, hablando de ello, no podía dejar atrás al hermano del medio.
Era tan grande y corpulento como el mayor, pero un poco más bajo, y un poco distinto en su modo de actuar.

Este, cuando se acerca, la estudia detalladamente, mirando todas las facciones de su cara, llevando manos callosas y ásperas a tocarla.
Pasando los dedos anchos por las mejillas y moviendo el cabello sobre la frente a un lado. A él parecía gustarle su cabello, porque solía tocarlo mucho, sintiendo esos mechones largos y a veces un poco enmarañados, llevándolos a su nariz y disfrutando de su aroma.

Notó que parecía gustarle el contacto físico tanto como el visual, porque, cuando la miraba directo a ese único ojo estando en cama adormecida y este arrodillado en el suelo a su lado, lo mantenía lo más que podía, mientras se acercaba a tocarla con un raro cuidado.

Finalmente, el más joven era un poco difícil de describir.

Tenía un poco de ambos hermanos, por ejemplo, compartía esa brusquedad y brutalidad con el mayor, porque a veces podía empujarla y gritarle cosas con esa voz aguda e inentendible suya, o burlarse de ella cuando se cayera o golpeara con alguna cosa dentro de la casa como un niño pequeño y risueño.
Otras veces, era un poco más suave y con tacto como el de en medio. Podía acercarse, invadiendo un poco de más su espacio personal, sonriendo y mirándola igual de maravillado por ella que los otros.
En ocasiones, cuando estaba por dormir pero aún no lograba conciliar el sueño, recostada en su cama, lo sentía mirándola, ya sea a lo lejos o muy cerca, sentado sobre otra cama o por ahí.

Lo que podría asegurar que era más propio de él que de los otros, era su sadismo y su forma de reír, siempre alegre de manera retorcida y soltando esos ruidos de emoción y jadeos muchas veces aterradores de escuchar por las noches o cuando eres perseguido por él.

Pese a ello, a sus personalidades distintas y su modo de actuar y ser, todos tenían un mismo factor en común.
Todos parecían asombrados por ella y curiosos de sentirla, de tocarla y admirarla.

Tal vez, su curiosidad iría un poco más lejos, cruzando una línea y haciendo las cosas ir en otra dirección.

 

(...)

 

Llegó a casa un poco mojada después de haberse metido a un río cercano.
En el lavó su cabello y su cuerpo con un poco de jabón y shampoo que encontraron en el auto de unos jóvenes que pasaban de viaje en su camioneta y llevaban muchos víveres y objetos de aseo muy funcionales. Los chicos le dieron todo lo que creyeron podría servirle y ella lo tomó sin dudar.

No sabía si alguno de ellos la había seguido hasta ahí, pero no lo creía posible porque habían salido hace apenas una hora y no acostumbraban llegar tan pronto. Debían quedarles un par de horas más de trayecto.

Por lo que se dedicó a disfrutar del agua fría y su cuerpo alejarse de la suciedad en solitario mientras se concentraba en sus pensamientos y los sonidos del bosque. Después de todo, ella, a diferencia de ellos, si era una persona común que hasta hace poco era parte de la sociedad, y necesitaba cubrir sus necesidades básicas como lo son el tomar baños.

Cuando terminó, tomó una toalla limpia que había lavado recién y se secó, cubriéndose luego con la camiseta grande que había traído para cambiarse y recogió del suelo su ropa sucia, caminando devuelta a casa, y arrojándola sobre un bote que usaba como canasto. Exprimió su cabello con la toalla, quitando el agua chorreante y luego lo dejó secar al aire libre.

Después del baño se dedicó a limpiar la casa, pero como intentó hacer una limpieza minuciosa y detallada duró varias horas, muchas más incluso de las que tenía pensadas, tanto que la noche ya había llegado y sus extremidades estaban agotadas y su estómago gruñendo con fuerza.

Miró hacia afuera constantemente, ellos no habían llegado aún y comenzaba a preocuparse. Sabía bien que sus cacerías tardaban muchas horas y los mantenían bastante lejos de casa, pero, aun así no podía evitar sentir miedo e inquietud de que algo hubiera ocurrido esta vez.

Intentó dejar de pensar en ello y se distrajo preparando algo de comer. Seguramente llegarán pidiendo algo de comer y se sentiría muy mal de hacerlos esperar más tiempo.

Cuando apagó el fuego, esperó un poco a que se enfriara y se sentó en una silla a comer. Cuando estaba por terminar escuchó un ruido afuera.

Se levantó, mirando por la ventana, corriendo apenas la cortina para asomar un solo ojo por si acaso aquello que escuchó no fueran los hermanos.

Suspiró con alivio cuando los miró bajar y vio eliminada la opción de tener civiles molestando.
Desataron varios cuerpos al estacionar y los cargaron sobre sus hombros únicamente los dos mayores, mientras el más joven tomaba algunos artículos en sus manos, cosas que obviamente habían sido de ellos.

Abrió la puerta y les permitió entrar con más facilidad, cerrándola detrás.

—Hice algo de cenar. —menciona, dirigiéndose a la cocina y tomando algunos platos para ellos—. ¿quieren comer? —pregunta, ellos solo la miran.
La pregunta parece obvia y asiente, vertiendo algo de sopa en los platos hondos y colocándolos en la mesa.

Se sienta a terminar su plato, mientras mira como los cuerpos son dejados sobre el suelo. Dos hombres y dos mujeres.

Sabía que debía acostumbrarse a ver tantos cadáveres ya que era una cosa muy constante en su nueva vida, pero aún no podía hacerlo del todo. Tardaría mucho tiempo para ello.

Al menos no estaban podridos aún, sin embargo lo estarían pronto y el olor comenzaría a rebosar por todas partes, sumado a las moscas y plagas y todas esas infecciones dañinas que pueden traer.
Ellos no lo sabían claramente, el riesgo de tener cuerpos dentro de la casa donde comen y duermen, tirados sobre el suelo y llenándose de suciedad.

Al menos tenían un refrigerador funcional gracias al ruidoso generador donde guardarlos por lo que podían preservarse y ser consumidos antes de su putrefacción. Aunque, bueno, no es como si les importara comer algo podrido y repugnante, estaba segura, pero no quería eso para ellos, ni para ella.

Tal vez podría enseñarles a preparar mejor su comida, a ser un poco más aseados y a mantener su hogar de la misma forma. Si, estaba segura de que podía si se los explicaba detalladamente, junto al bien que esto les haría y el mal que se generarían si continuaban de esta manera.
Al fin y al cabo, ellos parecían entender sus palabras aunque no hablaran, y si la habían aceptado como otra de ellos, aceptarían también los cambios para bien que quisiera hacer, ¿verdad?

En fin, se los diría en estos días.

Cuando se sentaron, ya había terminado su comida, dejó el plato en el lugar que usaba para colocar los platos sucios.
Los lavaría a la mañana siguiente en el río junto a varias cosas que lo necesitaban.

Era muy tarde, lo sabía por la oscuridad absoluta afuera en el bosque, y por el sueño que comenzaba a tener.
Se subió a su cama y se cubrió con las mantas. En el bosque nocturno siempre hacía frío y este se colaba por las aberturas más pequeñas.

Escuchó a los individuos en la cocina, dos de ellos parecían estar discutiendo sobre algo.
Reconoció la voz de Three Finger porque era inconfundible y algunos gruñidos más graves que supuso serían de Sawtooth, claramente no entendía el problema ni el significado de esos sonidos, pero permaneció escuchando.

Tal parece que uno de ellos se había molestado por algo y le reclamaba al otro, y comenzó a temer de que llegaran a golpearse, afortunadamente no sucedió, porque parecieron acordar algo y luego salieron.
Quiso detenerlos, pero no sabía que harían, tal vez era muy importante, tanto que debían atenderlo justo a esa hora y con esa oscuridad.

Se destapó, girándose sobre la cama y levantándose, caminando hacia la ventana.
Los vio alejarse en el camión de nuevo. ¿Irían a cazar de vuelta? ¿después de durar todo el día?
Desearía que pudieran hablar o al menos escribir para que le contaran lo que hacían y no estar siempre preocupada. Qué mejor sería aún que supieran de tecnología y tuvieran un teléfono para llamar cuando lo considere necesario.

Que mejor seria si solo fueran personas comunes.

Cuando se giró, dispuesta a volver a la cama, se encontró con una figura enorme y un rostro cicatrizado brillando por la débil luz de la lámpara junto a la puerta.

Su único ojo qué la observaba sin parpadear tenía un brillo especial y lucía tan aterrador, con una figura de pesadilla y de peligro absoluto, era perfecto para ser el protagonista de sus más horribles parálisis del sueño.

Gritó y saltó del susto al momento de observar la escena, cayendo hacía atrás sobre sus piernas intentando buscar algo de lo que sujetarse y fallando en el intento.

Cuando el susto pasa y su cabeza comienza a asimilar la situación, aun agitada, se da cuenta que solo es uno de ellos. (Aunque para muchos otros sería algo horrible de igual manera).

Tal parece que no los había acompañado y ni siquiera había notado que seguía en casa y que estaba mirándola justo detrás suyo, parado en el marco de la puerta de la cocina.

El susto fue tan grande que aún asimilando la situación y habiendo pasado varios minutos de este, permaneció temblando y jadeando con el corazón acelerado.

—Dios, lo-lo siento. —titubea, mirando como él también se sobresaltó por su reacción. Era One Eye—. no te había visto, disculpa, de verdad no fue mi intención. —le da una pequeña sonrisa y ya calmada se levanta, sacudiéndose la ropa un tanto avergonzada—. ¿por qué no fuiste con ellos?

Opta por olvidar el tema cuando recibe de respuesta una negación con la cabeza únicamente. Quería preguntarle también que harían y a donde irían, pero sabía que no habría forma de que se lo dijera, entonces mejor vuelve a intentar dormir.

Cuando la sigue de cerca hasta que se recuesta sobre la cama, se hace a la idea de que quiere pasar un tiempo con ella.
Tal vez incluso lo hicieron quedarse para cuidarla y no dejarla sola por más horas, quizás se preocuparon. Quien sabe.

—¿Qué pasa? —se cubre con las mantas mientras lo observa hacer lo suyo, arrodillarse en el suelo junto a su cama.

No cree que sea muy cómoda esa posición, menos tocando el frío suelo que podría ser malo para los huesos de sus rodillas que de por sí ya debían cargar todo su peso. Rápidamente una idea le surge, entonces retrocede y le hace el espacio suficiente, levantando las sábanas.

—Ven, el suelo está muy frío.

Se iluminó, emocionado de ser invitado a compartir la cama con ella. Cada vez que hacía eso, esperaba su permiso en silencio, esperaba con la esperanza de recibir la invitación que ahora por fin había llegado y no podía dejarla pasar. Se levantó, entrando a la cama y haciéndola hundirse cediendo por su peso.

Su cuerpo era grande y se expandía por la mayor parte de la cama, dejándola prácticamente en la orilla y reduciendo bastante el espacio.

Sus manos y pies aún con zapatos estaban helados, pero las demás partes de su piel eran cálidas, su pecho y su estómago abultado lucían cómodos y abrazables, y todo eso junto lo convertía en un potencial buen compañero para dormir.

Lo que arruinaba el cierto encanto qué poseía era claramente su olor y suciedad, pero era algo que al menos podía ser solucionado fácilmente con un simple baño.

Se preguntó cómo sería dormir abrazandolo, si se sentiría protegida, segura y amada a su lado.

Estaba fantaseando demasiado.

Al estar el hombre tan cerca de su cabello, empieza a percibir su olor, y no puede evitar oler más a fondo, concentrándose en el mismo con respiraciones profundas y audibles. Siente tantas ganas de acercarse y olfatear desde la raíz.

El hombre bestia no se puede contener más y toma uno de sus tantos mechones, llevándolo a su nariz. La dulzura impregnada lo desquicia tanto.

Ella rápidamente se da cuenta de lo que hace al oírlo y sentir su cabello siendo sujetado, pero lo permite sin molestarse o alejarlo. Es como un masaje cuidadoso en su cuero cabelludo que la arrulla y relaja, podría hasta ayudarla a dormir.

Al notar su reacción y aparente permiso a seguir, se aventura a enterrar su nariz en sus hebras como un perro buscando algo, luego, persiguió un camino por el extremo de su cara y bajando por su cuello. Se da cuenta rápidamente que toda esa zona ha sido tocada con un jabón perfumado y lo enloquece todavía más por siquiera pensarlo en sus manos mojadas, presionando contra su cuerpo.

Gracias a ella descubrió cuánto apreciaba oler y visualizar lo limpio en cosas como objetos, el exterior e interior de la casa y más aún, en ella.
No podía seguir ocultando que estaba realmente tan interesado y apegado a esa mujer que casi mataban. Nunca jamás había estado en esa situación, nunca jamás había experimentado algo como eso.

Aunque, en realidad, tampoco es que alguna vez hubiera tenido la oportunidad de permanecer tan quieto y pacífico cerca de otra persona que no fuera un miembro de su familia.

Se separa finalmente, con las mejillas hirviendo por la cercanía que acababan de tener. Ella levanta la vista al ya no sentirlo en su cuello y las cosquillas que le causaba.

—¿Qué ocurre?

No recibe respuesta ni con gruñidos o al menos un asentimiento y ni siquiera escucha el más mínimo sonido salir de él. Solo se dedica a observar.

Por un pequeño momento su mirada va a parar a su boca, y recuerda cómo ha visto a muchas personas juntar sus labios antes. Muchas veces eran solo roces cortos encontrándose en un cálido día de campo mientras sonreían, otras, un poco más violento y acelerado.

Como fuera, siempre se hacía ver al acto como algo especial y deseado. Le gustaría probarlo con ella también como todas esas personas si tan solo se lo permitiera alguna vez, así tal vez, hasta podría ser igual de especial.

Cuando sigue estático, perdido en sus pensamientos, ella asimila lo que podría estar pensando.
No lo culpa, puede que simplemente tenga curiosidad al respecto, que nunca ha tenido ningún tipo de contacto como ese y la idea pasó como un destello rápido por su mente que es difícil de ocultar y fingir qué no estuvo ahí.

A ella podría gustarle la idea, incluso. Él era quién mejor se portaba con ella y podría hacerlo como un favor para él, un cuidado y gesto de agradecimiento. Pero, ¿debía ser justo ahora? Podría ser cualquier otro día donde se encuentre limpio y un tanto menos desagradable. Aunque, bueno, ya lo invitó a su cama.

Ella se acerca, y para no dejarlo sin nada de su parte, le da un pequeño beso en la mejilla. Se sobresalta al inicio, pero no se aparta en ningún momento después. De hecho, reacciona de una manera muy rara, con su ojo abierto de par en par y con su piel clara enrojeciendose, como sorprendido.
Si un pequeño beso que ni siquiera fue a parar a los labios lo puso así, no quería ni imaginar si las cosas iban más allá.

Inevitablemente deposita otro más en la misma zona solo para verlo reaccionar de nuevo. Sus labios tocan apenas la piel, y con ella siente su textura un tanto escamosa por las capas de suciedad. Aun así tenía potencial, podía volverse suave y ser humectada, porque, de hecho, tenía un color lindo de piel, claro y enrojecido, al igual que sus labios gruesos y rosados. Se sentiría muy triste si todo su potencial para mejorar no fuera aprovechado, por lo que claramente ella lo ayudaría, y no solo a él, podía hacerlo con todos ellos.

Cuando se separan, nota como claramente desea más, como sus labios tiemblan con la súplica de ser besados de la misma forma.

Se la piensa mucho, no quiere hacerlo sentir mal, pero claramente siente un poco de asco ante la idea, de repulsión por usar su boca, la parte más importante y que mejor higiene debía tener y que se esforzaba en mantener limpia a pesar de todas sus carencias, para tocar la ajena. O sea, si, había tocado su mejilla, pero era distinto, esta podría ser pasable, pero, lo demás . . . No sabe si podrá soportar lo que eso generaba en su estómago, que se revolvía al pensarlo.

Claramente no tiene el valor de seguir, por lo que es él quien se acerca de a poco, afortunadamente solo besa la misma zona, repitiendo el acto.

Lo agradece bastante. Y aún más cuando para controlar su impulso de tomar sus labios va mejor a besar su cuello donde hace algunos momentos se encontró olfateando.

La sensación podía ser satisfactoria a la vez de incómoda, con todo el calor de sus cuerpos haciendo fricción y calentando el escenario. Aprecia que al menos intenta ser cuidadoso con ella, cosa que parecería irreal viniendo de alguien como él.

La situación rápidamente comienza a volverse cálida y subida de tono después. Puede sentirla yendo en esa dirección y su corazón palpita con fuerza.

—No, espera, no podemos. —dice, alejándose e incorporándose sobre la cama.

¿Qué pasaría si llegara a quedar embarazada?

Él se queda confundido, sin saber si ha hecho algo malo y por ello se aleja. Abandona entonces su posición al igual que la cama, planeando dejarla en paz, pero ella lo detiene antes de que pueda desaparecer de la habitación.

—No, no te vayas, no es que me molestes, al contrario, quiero que te quedes, no lo decía por eso, es decir—un montón de palabras revueltas salen de su boca y no sabe como hacerlas encajar en una frase coherente.

Su mano sujeta su camisa rasgada, y lo atrae de nuevo, haciéndolo sentarse de espaldas. Al menos parece que quiere oír lo que tenía para decirle, aunque seguía muy confundido.

Sabe que a pesar de que parece entenderle puede que no lo haga muy bien realmente, o que tal vez ni siquiera lo haga, por ello intenta lo mejor que puede explicarlo usando señas y palabras fáciles. Aunque se volvía un tanto complicado.

—Uhm, mira. No es que no quiera, ya sabes.—(o tal vez sí)—. Sabes, ¿sabes lo que ocurre si no . . . ? Bueno, pues—Dios, estaba haciéndolo pésimo.

Él no era un niño, era un hombre, un adulto joven en realidad, podía hablar de eso con él, pero, ¿por qué sentía tanta pena? Bueno, en realidad es más complicado todavía, tal vez él ni siquiera sepa nada de ello, ¿cómo podría? ¿Quién podría habérselo enseñado?

Es más, ¿estaría él intentando eso siquiera? Solo estaba besando y oliendo la piel de su cuello, solo eso, podría ser que las cosas no iban por ese camino y ella lo imaginó y malinterpretó todo, y por ello él no tiene una idea de lo que está hablando.

Que difícil se estaba volviendo todo, que difícil era intentar comprender a cualquiera de los tres complicados hermanos salvajes.

Aunque, a continuación, al darse cuenta de su reacción ante todo, y a pesar de que sabe que su mente no puede procesarlo bien, estaba teniendo una demostración de que su cuerpo sí lo hacía.

La vergüenza estalla como un globo lleno con agua dentro de ella, y sus mejillas están pintadas de un color rojo intenso. ¿Qué hace ahora? ¿Cómo va a arreglarlo? Es incluso peligroso si no se trata.

Ese día no podía ir peor. Estaba tan avergonzada e incómoda, tan insegura y sin saber qué hacer frente a cualquier situación.

Mira a todos lados, revisando desde donde está la puerta y ventana, solo para notar que no hay nadie aparentemente, el que estuvieran solos ayudaba mucho.

Entonces, pensando miles de cosas, tragando saliva, toma una decisión de la cual espera no arrepentirse.
La analiza solo una última vez más en su cabeza.

No traerá consecuencias, no podrá quedar en estado, no será tan sucio y no debería querer vomitar después.

Era algo rápido, podía hacerlo incluso cerrando los ojos y luego hacer como si nada hubiese pasado.

Se muerde los labios constantemente, la decisión ya ha sido tomada.
Solo será eso, solo eso y nada más. Puede hacerlo.

—Mira, solo, recuéstate, por favor, ¿puedes?

Hace lo que le dice, recostando su cuerpo grande de vuelta, al parecer esperando por lo que hará. Sus manos están a cada lado de su cuerpo, moviéndose un poco sin control. Está tan desesperado y con una inquietud que sabe debe estar ligada a ello y el cómo lo debe hacer sentir.

De última vuelve a pensar en lo que hará, pero sabe que ya ha avanzado bastante como para echarse para atrás. Después de todo solo era un simple favor de ella para él y nada más. Aunque no podía evitar pensar que parecían dos adolescentes primerizos y tontos.

Sus manos retiran sus zapatos y los dejan sobre el suelo, luego va hacia la cremallera. En ese punto sus manos tiemblan e intenta controlarse.
Cada movimiento qué hace es divisado y analizado fijamente por él, quién se siente tan curioso de lo que hace y lo que le genera, como si tuviera un control sobre él.

Intenta no fijarse mucho en el olor qué empieza a tener esa zona, del cual, aunque ya se ha acostumbrado un poco a su hedor común, no a esta en particular claramente. Debía ser mucho peor aun así, pues es esa zona que no se ve y está siempre cubierta y acumulando olores y todo lo peor del cuerpo.

Oh, dios, ¡qué asco! Esos horribles pensamientos hacen qué su estómago se revuelva y quiera huir, su estúpida mente no ayudaba en nada en ese momento.

Cuando baja el broche de la cremallera y el pantalón desgastado y viejo se abre, se da cuenta de que no lleva nada debajo. Tiene sentido tal vez.
Toca luego los extremos de la tela y la baja lentamente, cosa que lo hace estremecer al sentir el frío golpearlo en esa zona tan sensible.

Sus manos tocan las sábanas, su mirada va allí también. Está atónito, ya sentía algo raro justo ahí y ahora ver cómo se levanta y actúa como cuando sus extremidades se congelan con el frío es incluso más extraño de ver.
Su mirada se cruza luego con la de ella, e intenta darle una pequeña sonrisa que dice un silencioso “está bien”.

Aunque no sabe si realmente lo esté.

Cuando se siente sujetado, su ojo va a parar a todos lados de la habitación, vuelto loco sin saber qué hacer o a donde ver. De su boca salen sonidos involuntarios y en respuesta, una descarga directa a sus nervios va por todo su cuerpo, haciendo sus piernas moverse y temblar y sus dedos bailar como gusanos.

Se siente de una forma que ni siquiera puede describir, pero sabe que la palabra no sería negativa.

Su actitud empeora cuando toma un vaivén recurrente, que se repite tantas veces, sintiéndose cada una como la primera. Es tan sensible ahí, tan necesitado y delicado, varias veces se había golpeado y no obtendría más que dolor si tan solo pudiera sentirlo, así que realmente no obtenía nada, por lo que con ello creyó recibiría más de lo mismo, pero se había equivocado rotundamente.

Ahí supo que podía sentir realmente, que habían más cosas qué experimentar que solo extremidades entumecidas o congeladas por el invierno.