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Language:
Español
Series:
Part 3 of HARRY POTTER Y EL FABRICANTE DE POCIONES
Stats:
Published:
2012-09-17
Completed:
2012-09-17
Words:
138,580
Chapters:
13/13
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3
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73
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2,191

HARRY POTTER Y EL FABRICANTE DE POCIONES; LIBRO 3: “CAMINOS”

Summary:

La escuela ha terminado; el mundo es mucho más grande que antes, nuevos amigos y nuevos retos les espera...

Chapter 1: LA ACADEMIA DE AURORES

Chapter Text

 

 

 

 

 

HARRY POTTER Y EL FABRICANTE DE POCIONES

 

LIBRO TRES: “CAMINOS”

 

CAPÍTULO 1: “LA ACADEMIA DE AURORES”

 

Monochrome floors, monochrome walls,

Only absence near me,

nothing but silence around me.

Monochrome flat, monochrome life,

Only absence near me,

Nothing but silence around me

 

YANN TIERSEN - MONOCROMO

 

 

Pisos monocromos, paredes monocromas,

Solo ausencias cerca de mí,

Nada salvo el silencio rodeándome.

Sombreros monocromos, vida monocroma,

Solo ausencias cerca de mí,

Nada salvo el silencio rodeándome.

 

 

Agosto del 2000, Academia de Aurores del Ministerio Ingles, Londres.

14 meses después.

 

 

Harry aplicó el hechizo desvanecedor en él, se sintió ligeramente orgulloso por poder hacerlo ya sin pronunciar palabra alguna, a su alrededor vio como sus compañeros desaparecían al igual que él esperaba haberlo hecho.

 

El silencio se instauró en el aula mientras el profesor de ocultación; Hulme, paseaba lentamente por el medio, mirando con atención cada rincón. Harry, por instinto apretó un poco más la varita y se tensó, esperando atentamente el posible ataque.

 

Al profesor Hulme le gustaba torturarlos de esa manera, podía permanecer largos minutos en silencio, tan solo observando lo que deberían ser paredes vacías y que en realidad eran alumnos ocultos y en tensión, algunas veces lanzaba un hechizo a la nada, que hacía que todos reaccionaran y se movieran rápidamente, lo cual provocaba que los alumnos menos eficientes delataran su disfraz. Otras simplemente aguardaba, mirando sin mirar a todos hasta que alguno sucumbía ante la tensión y se delataba. Harry sinceramente esperaba que eso no ocurriera esa tarde, era viernes, viernes libre, el segundo viernes del mes, en que podrían salir a casa y no volver hasta el domingo en la tarde y aquella era la última clase, si alguien fallaba todos se quedarían mucho más tiempo practicando hasta que el profesor Hulme estuviera conforme.

 

—¿Hoy les toca libre? —preguntó el profesor Hulme con la varita en alto. Era un mago moreno y bastante alto, a Harry le recordaba en algo a Kingsley, aunque este sí tenía cabello, un alborotado cabello afro que sujetaba con una coleta cuando le tocaba dictar clases —. Muy apurados por partir… ¿Qué me dice, señor Ryszard? —murmuró a la vez que apuntaba con la varita hacia una esquina aparentemente vacía.

 

Harry contuvo la respiración al igual que, estaba seguro, todos sus compañeros, Edwin Ryszard era un chico de diecinueve años, bastante delgado y de cabello oscuro, pero lo que más le caracterizaba era lo rápido que se podía poner nervioso, no sería la primera vez que los nervios lo delataran y echara a perder un ejercicio.

 

—¿Nos estamos controlando más esta tarde? —continuó el profesor girándose bruscamente hacia la otra pared —…ya veremos.

 

No había terminado de decir las palabras cuando un rayo gris salió de su varita, automáticamente Harry salió corriendo hacia un lado, tratando de que sus pasos no se escucharan, sintió el roce de alguien contra su brazo y se quedó completamente quieto mientras Hulme giraba alrededor del aula con una sonrisa satisfecha.

 

—De acuerdo, en serio deben estar ansiosos por salir —suspiró —. Aparezcan —ordenó.

 

Un murmullo de alivio recorrió el aula mientras todos retiraban los hechizos de ocultamiento, Harry notó que con quien había chocado no era otro que Chris, que le sonrió aliviado. Harry trató de devolver la sonrisa antes de que el profesor, con un solo movimiento de su varita hiciera aparecer las carpetas individuales que habían sido removidas para el ejercicio.

 

—Por un momento pensé que el tonto de Ryszard nos malograría la práctica —comentó Violet sentándose en la carpeta junto a Harry.

 

—No le digas tonto —reprochó Harry, tratando de poner mala cara ante la chica. Si al terminar la escuela pensaba que al menos los problemas con las mujeres se habían terminado se había equivocado de cabo a rabo, porque existía Violet DiNovi.

 

Violet puso los ojos en blanco y negó con la cabeza —Demasiado noble para auror.

 

Harry agradeció que en ese momento el profesor los llamara al orden una vez más para no tener que contestarle, sintió la mirada de Dashiell en su nuca y trató de ignorarlo. Durante ese año en la Academia de aurores había descubierto que Dashiell era el insufrible hijo de un auror muy importante y que él, al igual que sus amigos, había estudiado toda la educación mágica en casa, con un tutor, también que se creía el mejor prospecto para auror e imaginaba llegar a jefe de auror tan solo por derecho, en menos de diez años. Y que además era novio de Violet, la cual, poco después de entrar a la Academia de aurores lo había dejado. El constante coqueteo de Violet con Harry daba pie a los rumores de que la chica había abandonado a Dashiell por Harry. Y por supuesto ahora Dashiell pasó de no soportar a Harry a detestarlo, al menos tenía su lado bueno, pensaba Harry, por lo menos ahora no tenía que esquivar las absurdas y aburridas conversaciones de Dashiell y su grupito de: “Oh, somos los mejores futuros aurores del universo”.

 

—Muy bien, chicos y chicas —habló el profesor con voz calmada desde el fondo —ahora que creo que ya lo tenemos dominado tendremos que pasar a algo más importante, a partir de la siguiente semana empezaremos a practicar en el campo así que quiero que todos estudien un poco las teorías y practiquen sus hechizos. Y ahora, para que vean lo bondadoso que puedo ser algunas veces, ¡lárguense de aquí! Antes que mi vena bondadosa desaparezca.

 

Ninguno necesitó que se lo dijeran dos veces y antes de que el profesor decidiera que mejor era seguir torturándolos todos salieron prácticamente corriendo del aula.

 

Logró colarse entre Joel y Edwin, que conversaban animadamente con Norman, otro chico con el que compartía habitación, dejando de esta manera a Violet atrás y sola en el pasillo.

 

—Yo no estaba en ninguna de las dos esquinas —iba diciendo Edwin —creo que lo dijo solo por molestar, no creo que haya podido ubicarme.

 

—Pues yo creo que vi un borde de tu túnica —lo molestó Norman a lo que Edwin negó con la cabeza.

 

—Pues esta vez yo no pude ver a ninguno —contradijo Harry.

 

—Sí —apoyó Joel —, además si es que Hulme nos dijo que pasaremos a campo es porque ya no vio a nadie, ¿recuerdan que lo dijo al inicio del semestre? Que pasaríamos al campo cuando estuviera satisfecho.

 

—Menos mal, si seguimos ocultándonos en las paredes de esa aula pronto todos nos pondremos grises —comentó Harry, los cuatro rieron por el comentario mientras llegaban a las escaleras.

 

—¡Muchachos! —llamó la voz de Posey, otro chico de su curso acercándose a ellos.

 

Harry puso los ojos en blanco mentalmente, aunque sonrió y esperó al igual que sus amigos.

 

—¿Que hay Posey? —preguntó Joel animadamente, aunque todos ya sabían para que Posey se les acercaba, Posey era el autonombrado organizador de las reuniones de camarería de los viernes libres.

 

—Un sitio nuevo y esperando por ser visitado.

 

—¿Dónde? —preguntó Edwin.

 

—Todos en media hora en Abercorn Place —informó el chico con una sonrisa.

 

—¿El mismo método? —preguntó Norman.

 

—Por supuesto —les respondió en voz alta el chico mientras se giraba y caminaba para hablar con el grupo de Dashiell.

 

Harry suspiró aburrido mientras subía las escaleras junto a sus amigos hacia su habitación, aquellas reuniones la mayoría del tiempo lo aburrían, pero sabía que no podía faltar, porque si lo hacía algunos se resentirían y lo tomarían contra él por darse demasiadas ínfulas y luego, en los ejercicios en campo pagaría por ello, ya lo había visto antes, en los primeros meses, en un chico cuyo nombre no podía recordar muy bien pero que había sido finalmente expulsado.

 

Cuando entró a su habitación encontró sobre su cama a Alba, con una carta sujeta a la pata y mirando todo con atención.

 

—Hola, Alba —saludó Harry acariciándole la cabeza y sentándose en la cama para poder desatar la carta.

 

—No te entretengas mucho, tenemos media hora —advirtió Frances Simak, otro de los chicos con que compartía habitación, recién llegando y dejando la mochila sobre la cama. 

 

—Ya… —masculló Harry  mientras leía la carta de Hermione donde le anunciaba que el domingo habría un almuerzo en la Madriguera y que esperaba que fuera. Harry puso el pergamino sobre la cama y con solo un par de movimientos de varita utilizó lo que ya estaba escrito para anunciar que asistiría. Le gustaba particularmente ese hechizo, aunque solo se podía hacer con cartas muy cortas, pues le servía cuando no tenía pluma y tinta a mano o cuando no tenía demasiado tiempo para escribir, como en este caso.

 

—He escuchado —empezó Joel parándose delante de Harry mientras Alba ya emprendía el vuelo de regreso —que Violet piensa lanzarse sobre ti esta noche.

 

—Pues perderá su tiempo.

 

—Ay, Harry, a veces no te entendemos —comentó Edwin mientras terminaba de reducir la mochila y la metía en el bolsillo del pantalón muggle que lucía —, Violet es la chica más linda de la Academia y tú no le das la más mínima atención.

 

—Pues el que sea la más bonita no significa que me tiene que gustar —respondió Harry mientras se quitaba la túnica del uniforme y se empezaba a vestir a lo muggle, pues sabía que irían a un lugar muggle; era lo mejor para evitar problemas como el que habían tenido luego de año nuevo, cuando un par de chicos y chicas de la Academia se habían emborrachado y armado cierto alboroto en uno de los bares de una avenida mágica. Por supuesto que aquellos también habían sido expulsados, el director había creído que de esa forma podría detener el ambiente juerguero entre sus alumnos pero se había equivocado; ellos simplemente se habían trasladado al mundo muggle.

 

—Ya, dejen de hostigar al chico —interrumpió Norman —hay chicas mucho más fáciles de manejar que Violet, ustedes saben lo engreída e imposible que puede llegar a ser.

 

—Pero que no te escuche Dashiell —contestó Simak, ya vestido mientras Harry terminaba de colocarse la camiseta.

 

—Cierto, luego los retará a un duelo para defender el honor de la pobre damisela —apoyó Harry. 

 

—Y la damisela le dirá que se vaya a freír espárragos —completó Joel, recordando una salida en donde un chico había estado coqueteando con Violet y la forma como Dashiell había saltado para según él, protegerla, pero Violet había sabido poner en su lugar al pretendiente y a Dashiell con solo un par de palabras.

 

Los cinco volvieron a reír y una vez constataron que no se les quedaba nada importante salieron del dormitorio, esta vez rumbo a la salida.

 

Bajaron las escaleras con cautela y con las varitas en alto, conversando en voz baja acerca de lo que harían durante el fin de semana, pero siempre mirando a todos lados.

 

El primer rayo cayó cerca de ellos y todos, ya por instinto, se pegaron a las paredes, incluso Joel se mimetizó con ella, el chillido de un chico detrás de ellos les dio el aviso de que el peligro aparentemente había pasado. Con suspiros de alivio se separaron de las paredes, Harry le dio una mirada al chico que había caído; era uno del nuevo curso que apenas había iniciado hacía un mes, parecía algo desconcertado mientras se sentaba, sujetándose la cabeza y mirando a ambos lados, era la primera “X” que tenía en el uniforme.

 

—Con tres de esas en un mes te expulsan —le advirtió Edwin.

 

—Gracias —murmuró el chico poniéndose e pie, le dio una mirada a Harry y luego a los demás, hizo un asentimiento y salió corriendo en dirección opuesta.

 

—Oh, los nuevos —suspiró Simak.

 

—No seas tan engreído, apenas estamos en segundo —reprochó Edwin mirando a ambos lados del pasillo.

 

—Al menos él tiene quien le avise, nosotros ni eso —recordó Harry —, ¿recuerdan a esa chica que recibió como cuatro de esos antes de que nos enteráramos siquiera que lo harían?

 

—Vagamente —murmuró Joel —¿Un bajita y guapa?

 

Harry se encogió de hombros —eso creo pero… Oh —se interrumpió y se tiró al piso, Edwin cayó sobre él y a un lado Joel y Norman cayeron también.

 

—Se lo están tomando en serio hoy ¿no? —jadeó Edwin algo agitado y poniéndose en pie —lo siento —dijo hacia Harry que solo asintió mientras se ponía en pie.

 

—Nos atacan tanto que un día nos volveremos paranoicos en lugar de buenos aurores —se quejó Joel en voz alta.

 

—Ya sabes, “alerta permanente” —remendó Harry a su tutor. Le había sorprendido de sobre manera que el primer día, cuando llegaron a instalarse fueran atacados más de una vez en los pasillos, luego se enteraron que aquello era una más de las formas de entrenamiento que tenían, la idea, según su tutor, era permanecer constantemente atentos y alertas, Harry siempre había querido preguntarle si es que no había conocido a Ojo loco Mody. Al menos, tras más de un año, ya habían aprendido a evitar casi todos los ataques, aunque algunas veces el esquivarlos los hacía llegar tarde a clases o retrazar sus salidas. Por lo menos Harry se podía jactar de ser uno de los pocos sin haber recibido un solo hechizo hasta el momento.

 

Por fin llegaron a las puertas de salida, sus demás compañeros ya estaban haciendo una fila para poder salir en orden, después de un año de entrenamientos ya solo quedaban veintiuno de ellos y estaban seguros que el número seguiría bajando en los dos años que aún les quedaba por estudiar.

 

Al inicio de la fila Harry divisó a Violet, que estaba junto a Dashiell, Chris y los demás hijos de aurores, ninguno de ellos habían sido expulsado hasta ahora y, pese al rompimiento de Violet con Dashiell, siempre andaban juntos. Como si la hubiera llamado con el pensamiento Violet volteó en ese momento hacia Harry que inmediatamente se giró y pretendió decirle algo a Edwin que soltó una carcajada.

 

—A veces creo que le tienes miedo a las mujeres.

 

—Pues… si conocieras a las que yo he conocido les tendrías miedo —comentó Harry recordando a Ginny y sus intentos de acercamiento cada vez que iba a la Madriguera, suspiró fastidiado recordando que el domingo probablemente se encontraría con ella nuevamente.

 

Finalmente Ginny había sido fichada para jugar en “Holyhead Harpies” y luego había comenzado a salir con uno de los empresarios que patrocinaba al equipo, aunque el noviazgo no había durado más de unos tres meses la chica había dejado en claro que Harry y ella ya no eran novios, Harry había estado con el alma en un hilo durante esa época de titulares escandalosos, pues temía que Ginny finalmente revelara cual era la verdadera razón para que no continuaran. Para alivio de Harry aquello no había pasado y luego de que la chica terminara con aquel hombre, había vuelto al ataque, tratando de acercarse cada vez en que lamentablemente coincidían en algún lugar.

 

La fila avanzó rápidamente, cuando Harry por fin llegó a las puertas los dos hombres de seguridad pasaron su varita alrededor y le pidieron su identificación, luego de constatar que verdaderamente tenía pase libre lo dejaron salir. El aire fresco de agosto le dio en el rostro mientras cruzaba los jardines junto a sus amigos hasta llegar a las grandes rejas. La Academia se encontraba en lo que al parecer era una fábrica abandonada en Mews Street, era una calle solitaria donde ni siquiera pasaban muchos automóviles, vio a varios de sus compañeros desapareciendo, seguramente hacia Abercorn Place.

 

—Vamos —apuró Norman mientras caminaba hacia un lado del edificio, Harry y los otros lo siguieron, y mirando a todos lados para constatar que ningún muggle los veía, fueron desapareciendo uno a uno hacia el lugar acordado.

 

*

 

Abercorn Place era una de las calles que daba a un gran boulevard de discotecas y bares, en el lado oeste de Londres, era completamente muggle, sin embargo había un gran campo abandonado y oculto que servía para aparecerse y desaparecerse, o al menos ese era el uso que le daban los chicos.

 

Harry apareció y se lanzó a un lado antes de desaparecer y aparecer una vez más, en esta ocasión unos cuantos metros más cerca de la salida, volvió a hacerlo una vez más, apenas y vio a varios de sus compañeros apareciendo y desapareciendo, contó rápidamente cuantos habían allí: dieciocho, así que volvió a desaparecerse. Aquel era un juego al que les gustaba jugar cada vez que salían, era aparecer y desaparecer dentro de aquel perímetro, moviéndose de un lado a otro hasta que los veintiuno estuvieran completos, el último en notar que los veintiuno ya estaban allí, es decir el último en aparecer y desaparecer, era el que pagaba la primera ronda, está vez le tocó a Richard Dick, un chico de cabello oscuro y corto y de voz poco agradable y gruesa, aunque, por lo que Harry había podido hablar con él, era un chico bastante noble. Se sonrojó ligeramente al saberse perdedor y asintió derrotado a que invitaría la primera ronda.

 

Todos formaron un gran grupo y caminaron en la ya oscura calle hacia el boulevard Abercorn que, pese a ser tan temprano, ya tenía gente circulando. Posey encabezó la caravana mientras Harry y su grupo se quedaba al centro, Dick y Emma Wilkie se les unieron, contándoles acerca de cómo habían visto a un chico de primero ser expulsado en uno de los pasillos por exceso de hechizos.

 

Finalmente Posey los llevó a un bar que Harry no había visto antes, era bastante oscuro y el interior parecía hecho completamente de madera, la forma circular de las paredes le daba la sensación de estar en un gran tonel de madera.

 

El mozo, en cuanto los vio, les acondicionó una enorme mesa al final del local, la mesa redonda fue rápidamente ocupada y una ronda de whisky y cerveza fue pagada por un avergonzado Dick. Tal como ya tenían por costumbre levantaron los vasos de Whisky y luego de juntar los vasos todos dieron un trago largo, bebiendo todo el contenido. ¿De dónde había salido aquel ritual? Harry no lo recordaba, parecía algo que él y sus compañeros hacía desde siempre, el entrenamiento y la vida en común había logrado eso, los había compenetrado tanto en algunas cosas que algunas veces casi no podía recordar en que momento se volvieron tan unidos… Dio un sorbo a su botella de cerveza y se perdió en los recuerdos de aquella noche: dos meses después de haber empezado las clases, cuando en realidad apenas y hablaba un poco con sus compañeros de habitación y ocasionalmente (siempre que Dashiell no estuviera cerca para reprochárselo) con Chris. Su tutor había tenido la magnifica idea de encerrarlos a todos juntos en una horripilante cabaña de madera, demasiado pequeña para mantenerlos a todos muy pegados, en medio de la nada y al principio, todos desconcertados, se habían quedado allí, de pie, mirándose sin saber que hacer o que no hacer para no ser expulsados, cuando los truenos y rayos empezaron a caer junto con la voz del tutor indicándoles que debían salir de ese sitio y llegar al edificio que se encontraba a trescientos metros de allí y que debían hacerlo todos juntos, que si dejaban a uno solo atrás todos serían expulsados, en ese momento fue cuando empezaron a trabajar como un equipo. En realidad, les había tomado media madrugada coordinar y compatibilizar, pero finalmente, cuando todos a la vez como una gran columna esquivaron hechizos y encantamientos y llegaron hasta el edificio habían por fin roto el hielo, desde ese momento todo se volvió más agradable, claro que había bastante competición entre ellos por ser el mejor y que habían sacado a muchos desde entonces, pero los que fueron quedando, si bien no siempre se llevaban bien y tenían sus problemas, a la hora de las prácticas de campo, no se podía obviar la gran coordinación que habían conseguido.

 

Miró alrededor estudiando el lugar con más atención y participando a medias de la conversación que se había formado cerca de él acerca de los hechizos de sigilo y rastreo que tendrían que memorizar para la semana siguiente mientras se dejaba envolver por la melodía que en ese momento sonaba, conocía al grupo: “Oasis”, le gustaban algunas de sus canciones y comenzó a repetir la letra mentalmente mientras una segunda cerveza era deposita en frente y las risas de sus compañeros empezaban a ir en aumento, sin embargo, pese al licor y el ambiente no se sentía del todo cómodo, aquella tarde era una de esas que tenía a veces en qué, pese a estar rodeado de sus compañeros, de estar estudiando algo que realmente lo apasionaba y saber que pronto vería a sus amigos y a Teddy y Andrómeda, se sentía terriblemente solo.

 

*

 

Durante el resto de la noche sus compañeros bailaron y bebieron animadamente, mientras él logró con éxito esquivar a Violet, la cual terminó marchándose molesta; un instante después, luego de darle una mirada de odio, Dashiell desapareció tras la chica.

 

Era cerca de media noche cuando finalmente sus demás amigos empezaron a partir, unos en parejas, otros solos; algunos más se quedaron en el bar, los que habían podido entablar conversación con alguna chica. Harry levantó la mano y se despidió de Joel, que conversaba con una chica rubia bastante guapa, antes de salir del bar y caminar por el boulevard, se sentía algo atontado par las cervezas que había tomado, pero aún no quería llegar a casa así que llegó al final del boulevard y luego de constatar que nadie más lo seguía o miraba se desapareció para aparecer en el este de Londres, en Carey Street, una calle llena también de discotecas y bares, pero de otro tipo, del tipo al que pertenecía.

 

Caminó entre la cantidad de chicos hasta llegar a “Madonna Club” un lugar bastante concurrido y al que le gustaba ir por la música y las bebidas, aunque en esta ocasión no tenía muchos deseos de disfrutar de eso, sino de otro tipo de placeres. Se metió rápidamente hasta el centro de la pista y comenzó a bailar, agitándose al ritmo de la música acelerada y dejando que las luces y el humo lo marearan más aún, luego de un largo rato divisó a lo lejos a un chico rubio y alto, que lo observaba de una manera que él ya conocía, se agitó un poco más y sonrió insinuantemente, un instante después aquel rubio de ojos verdes lo estaba tomando por las caderas y pegándolo a su cuerpo, siguieron moviéndose al ritmo de la música, devorándose con la mirada hasta que Harry fue el que dio el primer paso, acercándose un poco más a él y besando suavemente su cuello…

 

Media canción después Harry era empujado con rudeza contra la pared del cuarto oscuro de aquella discoteca, los gemidos de los chicos alrededor se mezclaba con la música acelerada del exterior que, junto a la oscuridad del lugar le daban un perfecto ambiente para lo que buscaba. El desconocido rubio mordió su cuello con agresividad mientras Harry se arqueaba y desabotonaba sus jeans, en tan solo un par de movimientos ambos quedaron con los pantalones abajo. El polvo fue rápido, duro e impersonal, justo lo que Harry necesitaba, ambos terminaron jadeando, el peso del chico sobre su espalda de alguna manera lo hacía sentir reconfortado, aunque claro, tal como había empezado, había acabado y luego de que el chico se recuperara se había vestido, le había dado un beso en los labios y se había ido. Harry, ya vestido miró alrededor y, sabiendo que todos estaban demasiado ocupados para reparar en él, se desapareció para llegar hasta el vestíbulo de su casa, en Grimmauld place.

 

La oscuridad de la casa lo recibió, la sensación de soledad creció mientras subía las escaleras y se desvestía para meterse en la ducha.

 

Una vez estuvo limpio y algo más despejado se dejó caer en la cama, cerró los ojos y trató de dormir, pero no pudo, después de dar varias vueltas en la cama se convenció de que definitivamente no podría dormirse rápidamente, sacó de la mesa de noche un sobre y tomó de la mesa el cenicero y los cigarros, fumar era algo que hacía únicamente cuando se sentía demasiado tenso o demasiado angustiado y aquella era una de esas ocasiones. Abrió las grandes ventanas, dejando que el aire de la madrugada llenara la habitación, observó el cielo por un largo tiempo, su mente vagando en recuerdos y anhelos. Abrió el sobre, la carta de Draco salió a la vista y volvió a leerla, tal como había hecho miles de veces, tratando de entender y comprender, pero nunca había podido…

 

 

Harry,

 

Sé que te preguntarás por qué y la respuesta la sabes, te la dije anoche y te la he dicho cientos de veces, porque te quiero y justamente por eso no puedo condenarte a una vida junto a mí, ambos somos muy jóvenes aún como para apostar por algo que puede estallarnos en la cara.

 

Como auror no puedes estar conmigo y como miembro de la sociedad mágica tampoco; y no hay nada a lo que yo tema más que a arruinar tu vida y tu futuro, porque es algo que no mereces. No es un asunto de lástima o cobardía, sino simplemente el ideal de ver a la persona que quiero feliz y libre de problemas…

 

 

Harry detuvo su lectura allí, no quería seguir leyendo ya, siguió fumando en silencio, mirando hacia el cielo cada vez más claro y preguntándose, como muchas otras noches, qué sería de la vida de Draco, si estaría bien y sobre todo si es que estaría realizando todo lo que deseaba, si es que era feliz… 

 

*

 

Harry dio vueltas en su cama, era ya pasado del medio día y sabía que debía ponerse en pie, sin embargo aún estaba muy cansado por la noche anterior y las dos semanas de clases y guardias. Dio una vuelta más y se cubrió con las mantas los ojos, para evitar el molesto brillo solar que se colaba por la ventana.

 

Y funcionó al menos un par de minutos, antes que un pop lo despertará nuevamente.

 

—El amo dijo que tenía que obligarlo a levantarse antes de la una de la tarde para que pudiera ir a ver a Teddy y luego salir en la noche —informó Kreacher con voz, para el ánimo de Harry, extremadamente chillona.

 

—Déjame dormir.

 

—¿El amo necesita de nuevo la poción para el dolor de cabeza luego de las fiestas?

 

—No, el amo necesita descansar —reprochó Harry tirando a un lado el cobertor con algo de enfado.

 

—Pero el amo dijo que debía obligarlo a despertar y levantarse antes de la una de la tarde para que pudiera ir a casa de Teddy y luego salir en la noche —repitió el elfo.

 

—Lo recuerdo… y ahora lo lamento  ¿En qué demonios estaba pensando? —dijo sentándose y cruzándose de brazos, el elfo sonrió complacido.

 

—Usted dijo que era muy importante que no dejara de visitar a Teddy porque solo lo puede ver cada dos semanas y que por eso quería que lo despertara antes de la una y…

 

—De acuerdo —interrumpió Harry tratando de no sonar demasiado agresivo y poniéndose en pie —. Me ducharé y desayunaré abajo y luego iré a ver a Teddy.

 

—De acuerdo, amo, Kreacher preparará el desayuno —con un ligero pop el elfo desapareció, Harry le dio una mirada a la cama y luego negó con la cabeza, después de todo la pereza y las ganas de seguir durmiendo se habían pasado.

 

****

 

Los fines de semana libres de Harry tenían casi ya una rutina establecida: los viernes, que era la noche en que los dejaban salir, iba con los chicos de la academia a tomar una copa, por lo general eso se extendía hasta la media noche, dependiendo de su humor podía partir de frente a casa, continuar con los más animados hasta más tarde o perderse en algunas de las discotecas de ambiente que conocía, luego, cualquiera hubiera sido el caso, al día siguiente se levantaba antes de la una de la tarde, (gracias a Kreacher solamente) y luego de desayunar pasaba la tarde con Teddy y Andrómeda, algunas noches, se iba con Ron y Hermione e incluso con algunos ex compañeros de Hogwarts a tomar una copa en algún bar mágico, otras veces prefería irse solo de fiesta a las discotecas de ambiente, incluso ya tenía varios amigos muggles y gays en esos sitios… disfrutaba mucho de su compañía. El domingo podía pasarla durmiendo durante toda la mañana o levantarse temprano de acuerdo a los planes que hubiera hecho (Quidditch con los amigos, almuerzo en la Madriguera, compras con Hermione y Ron, visitar a George… las alternativas eran innumerables) para luego regresar a casa cerca de las cuatro y preparar todo para marchar a la Academia nuevamente, cansado y con la firme idea de que el próximo fin de semana libre dejaría de lado algunas cosas para poder descansar en serio, que era lo que se suponía que debía hacer.

 

Aquel domingo le tocaba almuerzo en la Madriguera, no estaba particularmente emocionado por eso, pero no podía negarse tampoco, no tenía cara para hacerlo. Se levantó sintiéndose condenadamente enfermo, Kreacher rápidamente le trajo una de las pociones “para el dolor de cabeza después de las fiestas” como le denominaba el elfo (Harry casi podía imaginar a Draco dándole un golpe en la cabeza por andar cambiando el nombre a las cosas). La noche anterior se había excedido, lo sabía, sabía que no podía continuar emborrachándose y haciendo solo Dios sabe que cada noche libre que tenía, pero eso siempre era mejor que pensar… que recordar, al menos la inconciencia a la que lo llevaba el alcohol era mucho más manejable.

 

Luego de darse una ducha y que la poción lo dejara como nuevo pensó en desayunar algo mientras hojeaba “El Profeta” no había ninguna noticia interesante ni nada que llamara su atención… Ya casi se ponía en pie cuando reparó en un pequeño cuadro al final de la penúltima página, era casi insignificante, sin embargo las letras “MACH”  lo hicieron leer con atención.

 

La MACH se deja ver nuevamente

 

El día sábado la tienda de Ibrahim Schmidt (58), ubicada en el callejón Diagon y que se dedica a la venta de artículos de deportes, amaneció con las paredes escritas con pintura mágica de larga duración, solo decía:

 

“Aquí hay un gay”

 

Alrededor del Callejón Diagon se encontraron panfletos de la cada vez más conocida MACH (Magos Asociados Contra Homosexuales), instando a los vecinos y amigos del señor Schmidt a que lo ayuden a iniciar un tratamiento de cura contra la terrible desviación que lo aqueja. Los aurores no tienen ningún indicio acerca del o los culpables de las pintas, aunque sí dijeron que la Mach no estaba involucrada en el vandalismo. El señor Schmidt, soltero y que vive en un departamento sobre su tienda desde hace más de treinta años, no quiso dar ninguna declaración.

 

Harry frunció el ceño y recortó el pequeño recuadro, antes de ir hacia la Madriguera volvió a su habitación y de uno de los cajones sacó un pequeño libro de recortes, era una colección extraña, no había ni una sola fotografía, solo pequeñas noticias, tan pequeñas como la que acababa de leer e incluso más pequeñas aún, en todas se mencionaba a la MACH, que al parecer cada día, durante el último año y medio, iba tomando más fuerza y más acción. Había encontrado una vez uno de sus volantes, donde hablaban acerca de que ser homosexual era una enfermedad curable y que solo dependía del mago o bruja afectado empezar el tratamiento, que era como una adicción que podía evitarse. Aquellas palabras le recordaron a Ron y la vez que le había confesado sobre su inclinación, y aunque su amigo nunca más había vuelto a hacer un comentario desagradable respecto a sus gustos, Harry imaginó que aquello era algo que la mayoría de magos (sobre todo sangre pura) creían.

 

Algo le decía que ese movimiento al cual “El Profeta” ni los Aurores tomaban en serio era algo de temer, ojala y estuviera equivocado.

 

El día estaba bastante despejado y pensó que tal vez era mejor dar un paseo para despejarse antes de llegar a la Madriguera, del armario sacó su chaqueta de cuero negra y un casco y luego de la mesa de noche unas llaves.

 

—Kreacher —llamó cuando ya estaba cerca de la puerta que daba al pequeño garaje que había construido muchos meses antes.

 

—El Amo llama.

 

—Si es que Hermione o Ron aparecen por la red flú diles que llegaré en una hora aproximadamente a su casa, que iré en moto.

 

—¿El Amo usará esa cosa nuevamente?

 

—Sí —contestó Harry saliendo ya, escuchó a Kreacher mascullar algo como “Máquina infernal” pero se contuvo de contestar, era hasta cierta forma irónica la relación que podía tener ahora con ese elfo.

 

Se puso el casco y montó en la moto. ¿Por qué le atraían las motos? Supuso que tenía algo que ver con el poder volar en escoba y con el recuerdo de él siendo niño y volando en una de ellas, no lo sabía a ciencia cierta pero uno de los primeros fines de semana libres había simplemente ido a una de las tiendas muggles y había adquirido una, luego había pasado al menos un mes estudiando los distintos hechizos y encantamientos hasta que había podido convertirla en una moto mágica. Al menos eso le había entretenido la mente durante un tiempo.

 

El sonido ensordecedor de la moto siendo encendida llenó el garaje y un instante después la puerta se abrió. Salió hacia la ciudad, manejando con cierta cautela hasta poder estar ya en la autopista, en donde en realidad le puso una mayor velocidad a la que el pobre vehículo aguantaba. Le gustaba esa sensación, el viento golpeándolo y saber que un solo error podría ser fatal, avanzó hasta que se supo solo, hasta que ya no divisaba ningún auto y entonces presionó el botón que la convertía en invisible, para luego elevarse sobre el cielo azul. En la Academia de Aurores tenían un curso que se llamaba persecución, y uno de los tópicos  era la persecución en escoba, Harry suponía que sería lo mismo con la moto, solo que la escoba no se podía hacer invisible y la moto sí. Se preguntó si cuando ejerciera podría usarla para sus persecuciones y si el Ministerio la aceptaría.  Dio unas cuantas volteretas en el aire, disfrutando de la altura y la velocidad antes de dirigirse hacia La Madriguera.

 

*

 

Harry dejó “aquel trasto”, como lo denominaba la señora Weasley, cerca del armario de las escobas y con la chaqueta y el casco en una mano se acercó a la puerta de la cocina, no había siquiera extendido la mano para abrirla cuando esta se abrió y una muy guapa Ginny Weasley salió por ella.

 

—¡Harry! —saludó con una sonrisa amplia, Harry suspiró profundamente y se recordó que si estaba allí era por los señores Weasley, por George y por Ron y Hermione.

 

—Hola Ginny.

 

—¿Qué tal las clases? ¿Defendiendo el primer lugar?

 

—Tercero en realidad —aclaró Harry, recordando a Dashiell y como le había ganando en la última prueba de camuflaje, aunque sinceramente esperaba no dejársela tan fácil este semestre.

 

—Inmerecido, por supuesto —respondió Ginny haciendo que su cabello se balanceara hacia atrás, un agradable olor inundó el ambiente.

 

—No, lo cierto es que fue justo, y sé aceptar lo que es justo —Harry apretó un poco más el casco contra su pecho y avanzó —. Iré a saludar a los demás.

 

—Claro… yo te veo al rato —informó ella saliendo. Harry arqueó una ceja cuando la vio desaparecer cerca de los límites del jardín, era raro, por lo general ella permanecía allí, no importaba su estado de animo, siempre estaba en los almuerzos.

 

—Al menos es un alivio —reconoció mientras entraba a la cocina, la señora Weasley, como era su costumbre estaba allí, agitando la varita de un lado a otro mientras toda la comida se preparaba con movimientos que asemejaban a una gran orquesta.

 

—Harry, querido… Pensé que no llegabas —saludó acercándose y dándole un gran abrazo —. Seguramente has estado volando en esa máquina tuya.

 

—Motocicleta.

 

—Sí, eso… Pero déjame verte —la señora Weasley se apartó un par de pasos y negó con la cabeza —. ¿Qué te dan en ese sitio? ¿Músculos en el jugo? Ni siquiera puedo decir que estás flacucho… no como antes, ciertamente…

 

—Pero igual tengo hambre.

 

—¡Y debes tenerlo! —dijo con alegría, como si encontrara a que sujetarse —, con lo mucho que te hacen ejercitar y estudiar… debes alimentarte para mantenerte así de fuerte.

 

Harry asintió rápidamente y luego de sonreír caminó hacia la sala, en el camino se detuvo frente a un espejo de cuerpo completo que había allí y observó su reflejo como hacía tiempo no lo hacía; cierto que había ganado peso, o músculos propiamente dicho, al menos no se estaba poniendo como Joel o Norman que parecían compuestos únicamente de músculos, todo se debía a la gran pasión de su tutor: Jules Weber, por hacerlos entrenar de mañana, de tarde y de noche, sin importar la nieve, la lluvia y los tornados. Incluso recordaba haber pasado más de un medio día de pleno verano corriendo en círculos. Alejó su mente de todo lo agotador que era el entrenamiento y entró a la sala.

 

—Allí estás —se quejó Ron poniéndose de pie —, Kreacher dijo que tardarías en llegar.

 

—Hola.

 

—Seguro que llegaste volando —reprochó Hermione alcanzándolo también mientras Ron le estrechaba la mano.

 

—¿Cómo si no?

 

—¿Red flú? —contestó Ron.

 

—¿Aparición? —dijo Hermione a la vez.

 

—Aburrido —contestó Harry haciendo una mueca.

 

—¿A qué nos dejarás dar una vuelta allí? —preguntó George uniéndose a la conversación, el Señor Weasley desde el fondo asintió rápidamente.

 

—Por supuesto… si es que las señoras los dejan —se burló Harry dando un paso hacia atrás solo por si acaso.

 

—¡Ja! —soltó George —. Tú y yo somos dichosos, Harry, sin mujer que nos mande como a los otros… —miró  a Ron de manera burlona.

 

—¡Yo no tengo mujer que me mande¡ —protestó Ron.

 

—¡Ron! —se quejó Hermione a la vez que George hablaba.

 

—Al que le quede el guante que se lo chante, nadie habló de ti, hermanito.

 

Harry soltó una carcajada mientras Ron enrojecía aún más y Hermione resoplaba fastidiada, pronto los cuatro se enfrascaron en una larga conversación acerca de lo que estaban haciendo cada uno por esos días; de las nuevas bromas que tenían preparadas para la tienda y de la posibilidad de abrir más tiendas en los condados mágicos que se estaban creando alrededor del Reino Unido. Aquella era otra consecuencia de la guerra, la gente prefería ahora vivir junta, comunidades mágicas similares a la de Hogsmade se creaban por varios lugares, todas protegidas con hechizos y contra señas. “Es mucho más seguro” rezaba el anuncio de venta de casas de uno de esos sitios.

 

—En serio que creo que todo eso es un retroceso, el aislarse no hará que algún loco no quiera alzarse y controlar el mundo mágico —opinó Hermione.

 

—Pero la última vez la gente estaba muy separada, dispersa…  al final tal vez hubiera sido mucho más sencillo defenderse si todos estaban unidos —opinó George, siempre había resentimiento en su voz  cuando hablaban de la guerra.

 

—Pudieron mantenerse juntos sin vivir juntos —protestó Hermione.

 

—Chicos —llamó el señor Weasley haciendo levitar una bandeja con ponche color rosa —, les doy el ponche si es que cambian de tema de conversación.

 

Los chicos sonrieron, incluso George mientras tomaban sus copas y daban una probada, a Harry le gustaba mucho el sabor dulce mezclado con el licor amargo y más aún que el tema cambiara, no le agradaba tampoco hablar de la guerra.

 

Ginny no apareció el resto de la tarde, Harry se divirtió mucho conversando con Ron y Hermione, más de un año después, pese a los amigos que había hecho en la Academia de Aurores no podía negar que los extrañaba, extrañaba el compartir las clases y los deberes con ellos, sus teorías acerca de muchas cosas. Los extrañaba aunque no tanto como a Draco.

 

Cuando ya faltaba poco para que Harry tuviera que volver se refugiaron en el jardín, los tres se sentaron sobre el césped, Harry encendió un cigarro y se dejó caer sobre la hierba, a su lado sus amigos lo imitaron.

 

—No deberías fumar, no solo fumas tú, también lo hacemos nosotros.

 

—Hermione, en serio, nos vemos una vez al mes, no creo que sea un gran daño.

 

—Pero sí para ti.

 

—Ya, déjalo, Hermione, mejor que nos cuente como le va con esa tal Violeta…

 

—Violet, Ron —corrigió Harry. Harry les había contado acerca de ella y de la forma como siempre quería salir con él, en el fondo Harry no dudaba de que Ron estuviera esperanzado con que finalmente aceptara y dejaran de gustarle los chicos —. Y no va nada, ella está alrededor y yo la ignoro, pronto se le pasará.

 

—No lo creo, tal vez está obsesionada contigo… ya sabes, si sales con ella tal vez se le quite el querer andar contigo.

 

—Cierto —convino Ron con Hermione —, tal vez descubra lo aburrido que eres y te deje en paz.

 

—Yo no soy aburrido —se quejó Harry viendo como el humo se elevaba hacia el cielo —. Ron, ese señor Schmidt, su tienda estaba cerca de Sortilegios Weasley ¿cierto?

 

—¿Viste la noticia? —preguntó Hermione.

 

—Salió hoy, aunque no era tan grande, creo que la vi de suerte.

 

—Schmidt está furioso, no ha abierto ayer ni hoy, y no quiere salir de su casa, los aurores estuvieron allí un momento nada más y ya te imaginas, la gente pasa y mira raro el lugar… Creo que definitivamente tendrá que mudarse si es que quiere que le compren de nuevo… ya sabes, la gente no tolera mucho ese tipo de escándalos.

 

Harry frunció el ceño.

 

—¿No hay sospechosos? ¿Los interrogaron para ver si alguien había visto algo?

 

—Sabes que no, Harry, que como las veces anteriores nadie se preocupa… —Hermione pareció dudar un momento antes de meter la mano en el bolsillo de la túnica y sacar un volante color anaranjado chillón y pasárselo.

 

—Cada vez están más subidos…. Está vez hablan de hacer justicia… de eliminar a los malos ejemplos…

 

Harry leyó atentamente el nuevo y horrible volante —¿Puedo quedármelo?

 

—Claro… —Hermione suspiró profundamente —. Averigüé sobre ese movimiento, nunca se le han conocido líderes y durante los últimos veinticinco años sus acciones se han limitado a pintar en las casas de personas homosexuales… No repartían volantes, aunque sí dejaban el nombre de su asociación sobre las paredes…

 

—En teoría —comentó Ron —no están haciendo más de lo que hacían antes.

 

—Ya, claro —bufó Harry —, pero ahora el señor Schmidt tendrá que cambiar de lugar o resignarse a que la gente ya no le compre, al igual que esa bruja que vivía con, supuestamente, una amiga en las afueras de Hogsmade, se tuvieron que mudar porque mucha gente ya no le quería hablar o atender en las tiendas.

 

—Harry… ese no es ni será tu caso —le consoló Hermione.  

 

—Lo que sea, solo quería saber si el señor Schmidt estaba finalmente bien…

 

—Lo está, aunque ya sabes, no sabemos que más vaya a pasar, a mí me parece que estos se lo toman más en serio que los de antes…

 

—Pueden ser los mismos —contradijo Harry.

 

—No, si lo fueran no estarían siendo más agresivos… además tras veinticinco años de campaña yo supongo que algunos ya deben haber…

 

—¿Muerto? —aventuró Harry interrumpiendo a Hermione.

 

—Sí, algo así.

 

—En fin… me esperan dos semanas de torturas en la gloriosa Academia de Aurores —dijo Harry arrojando la colilla de cigarro y sentándose completamente. Ron y Hermione lo imitaron y le dieron miradas preocupadas, Harry arqueó una ceja —¿Qué?

 

—Harry… —empezó Hermione, Ron parecía ligeramente incómodo y miraba hacia el pasto como si fuera lo más interesante del mundo —yo… es decir, nosotros estamos preocupados por ti.

 

—Oh, no me vengan con eso de nuevo, ya me ven, estoy sano, y estudiando y todo…

 

—Sí, pero no creas que no sabemos de tus escapadas y…

 

—No puedo llevarlos conmigo todo el tiempo, tengo derecho a hacer lo que se me venga en gana y no siempre eso los incluye a ustedes.

 

—Pero tampoco significa que te emborraches todos los fines de semana que tienes libres —criticó Hermione cruzándose de brazos.

 

—Yo no hago eso —mintió Harry.

 

—Harry —habló Ron por primera vez, todavía lucía muy incómodo —, lo sabemos, lo que haces, como te vas todo el tiempo que puedes de fiesta, las condiciones en que regresas… en serio, compañero.

 

—¡No me llames compañero! —se quejó Harry —, menos si es que me han estado espiando.

 

—¡Esto es por tu bien! —protestó Hermione, Harry se puso en pie apretando los puños.

 

—¡Es por tu bien!, ¡es por tu bien! Estoy hasta las narices de que todos asuman cosas solo porque creen que es por mi bien.

 

—Cálmate.

 

—No me calmo nada, Hermione, no tienen derecho, ya no, haré con mi vida lo que me plazca y no tienen ninguna autoridad para opinar siquiera. Nadie la tiene.

 

—¿Ni siquiera ese chico con el que estuviste en Hogwarts? —preguntó Hermione, luego de la graduación Harry les había dicho que habían terminado, que era lo mejor para ambos no tener que preocuparse de una relación clandestina y aunque lo había contado como si no le diera la mayor importancia, Hermione sabía que no era así y que ese tema aún dolía.

 

—Calla ¿quieres? —replicó Harry con voz aguda mientras se colocaba la chaqueta.

 

—No le hables así —protestó Ron y Harry bufó pero no dijo más.

 

—Estoy segura de que a él no le gustaría saber que andas haciendo lo que haces, y sí, te reclamamos, y con derecho, porque temo… tememos por ti, porque estás haciendo demasiadas tonterías y luego…

 

—Ya déjenme en paz.

 

—Escucha, Harry —comenzó Ron —nosotros entendemos que…

 

—No entienden nada y no se atrevan a usarlo a él como algo que hará que cambie y deje de hacer lo que a mí me gusta, y si no tienen nada amable que decir ya me voy.

 

—Pero, Harry…

 

Harry escuchó la voz de Hermione pero no le hizo caso, simplemente subió a su moto y se elevó antes incluso de activar el hechizo de invisibilidad, aunque ya iba apurado no aceleró mucho más el paso, mientras la voz de Hermione le repetía una y otra vez si es que acaso a él le gustaría ver lo que hacía… Si a Draco le gustaría saber que andaba de esa manera y la respuesta, por supuesto, era que no, pero Draco no estaba allí para verlo ni reclamarle, para nada, porque Draco se había ido, había terminado con él sin darle opción a reclamo, ni siquiera a despedirse… Draco simplemente lo había dejado sin importarle sus sentimientos y por lo tanto había perdido el derecho a opinar sobre su vida.

 

*

 

—No creo que haya sido la mejor manera —suspiró Ron sentándose nuevamente en el césped, mirando a Harry alejarse por el cielo un instante hasta que la moto se hizo invisible.

 

—Lo sé… lo lamento, no debimos reclamarle lo de su comportamiento —apoyó Hermione.

 

Ron se guardó el decir que en realidad solo ella le había cuestionado acerca de su comportamiento.

 

—¿Qué haremos ahora?

 

—Esperar supongo…

 

—Ya hemos esperado mucho, ¿Qué tal si el siguiente en ser señalado es él? Si aparece en su casa la pintura de los de la MACH… Harry no nos lo perdonaría.

 

—Si es que la MACH quisiera ya hubiera puesto la pintura y lo hubiera señalado, tienen pruebas de sobra para hacerlo… creo que si nos han mandado esas fotos es porque en realidad no quieren hacerlo…

 

—¿Quieren curarlo dices? —preguntó Ron algo escéptico. 

 

—¿Para qué más lo harían? Es decir… mandar las fotos no parece estar dentro de su comportamiento normal…

 

—Aún está la posibilidad del chantaje.

 

—Se las hubieran mandado a Harry, no a nosotros.

 

—Saben que Harry no aceptaría un chantaje, que diría que no le importa que el mundo se entere… ya sabes lo terco que es y que no le gusta andar acatando lo que los demás quieren que haga.

 

—Pero tampoco nos han pedido dinero… —Hermione reflexionó acerca de las fotografías mágicas que habían llegado las últimas dos semanas, fotos donde Harry salía en las discotecas y bares, bailando y besándose y haciendo mucho más con diferentes chicos, era un seguimiento que había durado mucho tiempo —. En la primera decían que ese no era el comportamiento de un héroe de guerra ni de un futuro auror…

 

—Y en la segunda que si nosotros fuéramos sus amigos de verdad no permitiríamos que hiciera esas cosas… —continuó Ron.

 

—Creo que tienes razón, quieren que deje de hacerlo, no lo quieren exponer.

 

—Debimos decírselo, Hermione…

 

—Ahora ya es tarde, en poco más de una hora marchará nuevamente a la Academia y no serviría de nada el preocuparlo en este momento, encerrado allí no hay mucho que pueda hacer.

 

—Podríamos decir, si es que las fotos salen, que son trucadas, que no son ciertas —replicó Ron con ánimo.

 

—No, él no lo permitirá, ya de por sí no se siente cómodo fingiéndose lo que no es delante de todos los de la Academia… Es más lo expulsarían de la academia en primer lugar.

 

Ron se frotó la frente con una mano y frunció el ceño —Él detesta que le escondamos las cosas…

 

—Pero es porque nos preocupamos por él…

 

—También detesta eso.

 

—Le escribiré para juntarnos el siguiente sábado que tenga libre en la mañana y le enseñaremos todo —resolvió Hermione.

 

—Se enfadará.

 

—Pues es su culpa por andar de bar en bar cada fin de semana y por no cuidarse siquiera un poco para no ser descubierto —replicó Hermione cruzada de brazos —, una cosa es que sea gay y otra que ande con todos esos chicos con los que sale en las fotos.

 

—Ya… —Ron no quería discutir al respecto, no otra vez al menos.

 

—Hola, chicos —dijo Ginny apareciendo en ese momento en el límite del jardín, desde que la escuela había terminado ella y Hermione habían pasado a una relación amable, aunque ya nunca más habían vuelto a ser confidentes.

 

—Hola, te perdiste el almuerzo —comentó Ron, feliz de que su hermanita llegara y de esa manera interrumpiera la discusión con Hermione.

 

—Sí, tenía cosas que hacer ¿Harry ya se fue?

 

—Sí, hace poco… tenía que volver a la Academia… —respondió Hermione, aún preocupada por las fotos y como proceder al respecto.

 

—Cierto… la Academia, ¿le encanta eso de ser auror no?

 

—Ajá…

 

—Que bueno —comentó la chica con una sonrisa, luego hizo un ligero asentimiento y entró a la casa, a Hermione le supo mal el tono pero evitó hacer comentarios, después de todo Ginny había hecho las paces con Ron y se comportaba mejor, pero aun así algo en ella le provocaba desconfianza.

 

*

 

Nota de la autora:

*Aunque no se hace mucha mención sobre el trato que reciben en la Academia de Aurores, al ser magos preparados y constantemente evaluados yo deduzco que son tratados duramente durante su entrenamiento, sin llegar al trato militar.

 

*