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Category:
Fandom:
Relationships:
Language:
Español
Series:
Part 6 of HARRY POTTER Y EL FABRICANTE DE POCIONES
Stats:
Published:
2012-09-24
Completed:
2012-09-24
Words:
65,371
Chapters:
7/7
Comments:
3
Kudos:
53
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5
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1,500

HARRY POTTER Y EL FABRICANTE DE POCIONES SEXTO LIBRO: VIDA

Summary:

Enlazados y con una familia, ¿realmente existen los finales felices?

Chapter 1: UN NUEVO GRUPO ENTRA EN ESCENA

Chapter Text

HARRY POTTER Y EL FABRICANTE DE POCIONES

SEXTO LIBRO: “VIDA”

 

CAPÍTULO 1: “UN NUEVO GRUPO ENTRA EN ESCENA”

 

Cuando oigas a un niño preguntar

por qué el sol viene y se va,

dile: porque en esta vida no hay

luz sin oscuridad.

 

“Danza del fuego”

Mago de OZ

 

 

Era increíble lo rápido que pasaba el tiempo, a los diez meses de que Sofía y Zoe hubieran nacido el Ministerio finalmente dio la aprobación para la venta de las pociones de fertilidad, tanto para magos como para brujas, lo que desató una gran conmoción en el mundo mágico, los pedidos en la fábrica se incrementaron en casi un doscientos por ciento, y su fama creció a nivel mundial. Draco sabía que era el momento para crecer más aún, y estuvo muy aliviado de que Harry lo apoyara de la manera en que lo hizo, mientras organizaba no sólo las nuevas líneas de producción, sino también mientas se embarcaba finalmente en la creación de su nuevo proyecto: una clínica para la fertilidad llamada Navia*, la cual, desde antes de su inauguración, unos meses luego de que el Ministerio decretara la aprobación de la poción, ya tenía muchas citas reservadas.

 

La primera pareja en ser atendida, tal como Draco les había prometido, habían sido Ethan y Lucka, quienes se habían enlazado unos meses antes de someterse al tratamiento; Draco nunca olvidaría la cara de alegría que ambos tenían cuando finalmente el resultado fue positivo, al tercer intento. De ellos nació Patrick, un niño bastante guapo que había sido portado por Lucka, y de quien él era padrino.

 

Harry por su lado fue contratando más asistentes y profesores para su escuela de Defensa, Draco siempre estaba ayudándolo con el tema de finanzas y más de una vez le sugirió abrir una sucursal más en Escocia, aunque no estaba muy seguro de que pudieran manejarla tan bien por la falta de tiempo. La agencia de investigación, donde disfrutaba de investigar y capturar delincuentes de poca monta iba también bastante bien, incluso había llegado a recibir contratos de otras partes de Europa, Draco siempre lo animó a aceptarlos y no se quejó ni una sola vez cuando tuvo que irse y dejarlo solo con las niñas por algunos días e incluso semanas.

 

Gael seguía manteniendo una relación con Manfred, el único realmente animado a que Gael continuara con él era Draco, pues sus demás amigos, e incluso Harry, no lo toleraban mucho, les parecía demasiado arrogante y pomposo, pero, tal como habían dicho antes, si Gael estaba feliz con él, ellos no se inmiscuirían.

 

Además una mañana Gael había sorprendido gratamente a Draco, comentándole que tenía entre manos un nuevo proyecto, el de crear una tienda de pociones de belleza, más que nada por la cantidad de pedidos que recibía para crear aromas exclusivos; y así fue que fundó “Alma”, una tienda dedicada exclusivamente a perfumes y fragancias, donde se podía conseguir desde aromas exclusivos hasta perfumes ya conocidos por todos. Gael además recibió ese año el premio a perfumista del año, por una de las creaciones para una condesa alemana; y, según corazón de bruja, a uno de los personajes más populares de la comunidad mágica de Reino Unido, nadie mencionaba que en realidad Gael no era inglés, sino americano. Gael se mostró muy orgulloso con sus nuevos premios y mencionó que él ya había vaticinado aquello, cuando todos se burlaban de sus experimentos. Gael recordó, aunque no lo dijo en voz alta, que Mikel siempre estaba animándolo a que siguiera experimentando y se preguntó, como hacía seguido, dónde estaría Mikel y sobre todo si estaría bien y sería feliz. 

 

Mikel desapareció de la vista de sus amigos un par de semanas después del cumpleaños de Draco. Gael tardó un par de meses más en enterarse de que el chico había renunciado a su empleo en la clínica y que en realidad nadie sabía dónde estaba. Tuvo una gran discusión con Draco por habérselo ocultado, aunque Matías y Tyrone le dijeron que sabían que el chico estaba bien y que simplemente ahora necesitaba tiempo y alejarse; que había ido a despedirse de ellos, diciendo que tomaría unas vacaciones y que confiaban en que todo estuviera bien. Ocasionalmente Gael escuchaba que Mikel había mandado un saludo de cumpleaños o de navidad, pero nada más, no se atrevía a preguntar nada al respecto y sus amigos siempre evitaban el tema delante de él.

 

Como padres, Draco y Harry tuvieron que aprender muchas cosas en el camino: como aplicar pociones para cuando los dientes comenzaron a salirles, sin contar la cantidad de tiempo que permanecieron despiertos durante esa época, arrullando y consolando a sus niñas; también a tener calma cuando, por ejemplo, durante un invierno ambas se resfriaron e hicieron fiebres altas; aprendieron cómo enseñarles a dejar los pañales y a comer; y qué decir del miedo que les dio cuando Zoe empezó a caminar, Sofía, que empezaba a hablar un poco más, la seguía gateando y repitiendo su nombre una y otra vez; algunas veces se colgaba de ella, aunque de esa manera no llegaban muy lejos, pues ambas terminaban en el piso y llorando, hasta que Sofía fue capaz de seguir a su hermana en las correrías, allí si que no tuvieron más tranquilidad: tuvieron que llenar la casa de hechizos de protección para las niñas, que se escurrían por cualquier sitio, evitando que subieran las escaleras o que se dieran con algún mueble con punta, entraran a la cocina o trataran de salir al jardín.

 

Jules, el hijo de Ron y Hermione, aunque era algunos meses mayor, fue un gran compañero de juegos para ellas y los tres se pasaban tardes enteras jugando en la sala, vigilados por sus padres, mientras ellos conversaban o trataban de ponerse al día en algunos trabajos. Sortilegios Weasley era ahora una de las tiendas de bromas más conocidas de Europa y Ron y Fred se turnaban para poder hacer constantemente los viajes que éstas sucursales requerían, incluso Fleur ayudaba visitando la sucursal en Francia. En algún punto, que Harry no pudo ubicar, Ron y Draco se acercaron un poco más; Draco ayudaba a Ron con algunos contactos y con algunos consejos financieros, aunque la mayoría del tiempo ambos actuaban como si con las justas se toleraran, Harry sabía que de alguna manera se habían hecho más amigos ahora; lo cual era gratificante.

 

Las vidas de sus amigos habían cambiado también: Aarón y Boris finalmente se enlazaron, aunque no parecían muy dispuestos a tener niños, ambos parecían disfrutar de su vida en pareja a tal punto que no querían siquiera considerar la idea. Noah seguía viajando, pasó una temporada en Francia, donde consiguió un novio, pero al final las cosas no funcionaron y volvió a emprender el viaje, se detuvo unas cuantas veces en Londres, llevando regalos para Zoe, Sofía, Jules y Patrick, a quienes llamaba cariñosamente sobrinos y a quienes también enviaba una tarjeta y un presente en sus cumpleaños y navidad. Tyrone se dedicaba más que a nada a trabajar, con ayuda de la fábrica tomó varios cursos extra en la universidad y aprendió a hacerse cargo de las líneas de producción y del personal, ayudando de esa manera a Draco y Gael.

 

Su ritmo de vida fue cambiando, dejando de lado las fiestas a las que estaban acostumbrados para reunirse en el cumpleaños de alguno de los niños, y aunque aquello demostraba cuánto habían cambiado y madurado, también los hacía sentirse felices y realizados. 

 

La relación de Harry y Draco no era perfecta, ambos lo sabían, y aún así intentaban todo lo posible por hacer que funcionara, que el ajetreo de la vida diaria, de la rutina, no los desestabilizara ni alejara tanto, aunque había épocas en que parecía imposible…

 

*

 

Inglaterra, agosto de 2008.

26 meses después:

 

Harry sintió un pequeño dolor en el estómago, acompañado por el sonido de las risas de sus pequeñas. Abrió los ojos con cautela, para ver a las dos niñas dando saltos sobre su cama, y claro, dándole ocasionalmente uno que otro golpe en el abdomen.

 

—¡Hora! —gritó una de ellas, dando saltitos cada vez más altos.

 

—¡Hora! — gritó la segunda.

 

Harry se movió lentamente y antes de que sus niñas se dieran cuenta ya saltaba y las sujetaba a cada una con un brazo.

 

Ambas gritaron sorprendidas y comenzaron a soltar carcajadas mientras Harry las levantaba y las dejaba caer contra la cama.

 

—Las atrapé.

 

—Te felicito, ahora quizá podamos bajar a desayunar —comentó Draco entrando a la habitación, ya completamente vestido para la oficina.

 

—¡Papá! —gritaron las dos a la vez, tratando de soltarse del agarre de Harry y soltando carcajadas por las cosquillas.

 

—Oh, vamos, Draco sólo un momento más —le pidió Harry sin alejarse de las niñas ni mirar a Draco.

 

Draco suspiró y luego sonrió.

 

—Estas niñas traviesas que se andan escapando de la cama… —comentó lanzándose a la cama también y empezando a hacerle cosquillas a Zoe.

 

Harry tenía que reconocer que no había nada más gratificante que escuchar las risas de sus niñas por la mañana, era lo único que necesitaba para ponerse en movimiento. Y Draco lo apoyaba también.

 

Media hora después, tiempo en el cual Harry se había duchado y Draco había vestido a las pequeñas, los cuatro se encontraban en el comedor, donde una atenta Winky les servía el desayuno. Draco vigilaba a Zoe y Harry a Sofía, ambas ya comían casi solas, aunque por lo general gran parte del desayuno terminaba en el piso o en sus ropas.

 

—Luego de la guardería las recogeré y las llevaré a la fábrica —comentó Draco sujetando la muñeca de Zoe para que la cucharada de cereal llegara a su boca y no a su cabello.

 

—De acuerdo, ¿crees que podrás tenerlas hasta las siete? —preguntó Harry dándole un sorbo a su taza de café —. Sofía, no puedes jalar eso —reprochó mientras alejaba la azucarera que, tontamente, había dejado a su alcance.

 

—¿Por qué hasta las siete? —preguntó Draco tratando de darle una mordida a su tostada antes de que Zoe intentara nuevamente tirar el cereal.

 

—Joel ha escrito, quiere tener una reunión conmigo, dice que es de trabajo —aclaró Harry en el momento que la azucarera empezaba a arrastrarse hacia Sofía —. Sofía te he dicho que… —ladeó la cabeza y le dio una mirada desconcertada a Draco, que también había dejado de moverse y veía la azucarera avanzar hacia la niña.

 

—¡Oh, Dios! Sofía —jadeó Draco emocionado mientras se ponía en pie y le daba un beso en la cabeza a la niña.

 

—¿Eso es una demostración de magia? —le preguntó Harry a Sofía con cariño mientras le daba un beso en la mejilla. La niña soltó una pequeña carcajada y luego frunció el ceño, acentuando más aún su parecido con Draco y mirando la azucarera alejarse.

 

—Harry, no se la quites, se la ha ganado —le reprochó Draco mientras se sentaba junto a Zoe nuevamente.

 

—Yo no se la he quitado —susurró Harry mirando a Zoe, también con el ceño fruncido y su manita apretando la cuchara.

 

—Que competitivas —se burló Draco acariciando la manita de Zoe y dándole un besito —Muy bien pequeña, tú también has hecho tu primera demostración de magia.

 

—Es genial —le felicitó Harry acercándose a Zoe y dándole un beso en la cabeza también.

 

Vieron la azucarera moverse de un lado a otro de la mesa durante mucho rato más, mientras las niñas se negaban a seguir comiendo y finalmente tuvieron que sacarla de la vista para terminar con el desayuno.

 

—Y creo que han tenido su primera discusión seria también —comentó Harry con algo de burla.

 

—Genial, empiezan por una azucarera, ¿en qué terminaran?

 

—Ya que trágico —rió Harry poniéndose en pie —. De acuerdo niñas, les espera un gran día en la guardería.

 

—¿Para qué quiere Joel hablar contigo? No se acerca otra reunión de promoción ¿o sí? —preguntó Draco, refiriéndose a la reunión que una vez al año hacían los de la promoción de Harry, en donde todos hacían un montón de locuras, como si aún se encontraran en la Academia y donde bebían como vikingos. Draco no le reprochaba ni le ponía mala cara sobre eso, pero sí se alegraba de que la reunión fuera solamente una vez al año.

 

—No, ya la tuvimos en febrero —contestó Harry mientras hacía bajar a Zoe de la silla alta —; y eso es lo más extraño, le he advertido que si se trata de montar una fiesta no ando con tiempo, pero dice que no, que es algo muy importante.

 

—Tal vez quiera dejar a los aurores y trabajar para ti.

 

—Nah, nada de eso, él es feliz allí, en serio; así que no me imagino que será. En todo caso en la noche te cuento.

 

—A ver, niñas —dijo Draco mientras asentía como respuesta a Harry —, se portan bien, nada de pelearse entre ustedes ni molestar a nadie, ¿de acuerdo?

 

—Sí, papi —dijeron las dos a la vez con sonrisas inocentes, Draco supo que no le harían caso, nunca lo hacían.

 

—Vayan de una vez, las quiero —Draco se inclinó para darle un beso a cada una y luego uno más a Harry —; cuídate.

 

—Te veo en la noche —le respondió Harry sonriente —. Niñas, despídanse de papá Draco.

 

—¡Chao! —repitieron las dos a la vez, agitando las manitas libres mientras Harry las guiaba hacia la cochera.

 

Harry las llevaría en auto, como cada mañana, hasta una pequeña guardería que habían encontrado en las afueras de Gillingham, era para niños magos y niñas brujas; en un inicio ambos habían estado reacios a ello, a dejar sus niñas al cuidado de extraños, pero la forma como ellas dos se relacionaban sólo entre ellas, negándose a jugar con ningún otro niño más, les dio las luces de que debían hacerlas socializar un poco más. Incluso Hermione les consiguió un libro muy interesante donde se decía que era bueno dedicarlas a actividades diferentes durante el día para que cortaran el pequeño círculo exclusivo entre ellas. Llevaban yendo a la guardería por cerca de seis meses ya, en clases separadas, y aunque había costado llanto, berrinches e inclusos patadas y golpes, (no sólo a Harry y Draco, sino también a las pobres profesoras de la guardería) finalmente se habían adaptado a estar separadas por una parte del día.

 

Draco le dio una mirada más al diario que estaba abandonado sobre la mesa, con una foto suya y de Harry en la portada, el titular hablaba sobre la fiesta que habían realizado unos días antes, por el cumpleaños de Harry, y le alegraba saber que no había ningún comentario mal intencionado sobre ellos o sus pequeñas. Negó con la cabeza, esos diarios deberían ocuparse de cosas más interesantes que si Harry celebraba o no su cumpleaños.

 

—Winky, ya me voy —anunció. La pequeña elfina apareció con un ligero plop y asintió.

 

—De acuerdo, señor Malfoy.

 

—Regresaremos para el almuerzo las niñas y yo, Harry creo que tiene cosas que hacer.

 

—Sí, señor, Winky tendrá listo el almuerzo.

 

Se fue por vía flú hacia la fábrica, en lugar de ir directamente a su oficina caminó hacia la zona de producción, tenía un par de pociones que revisar antes de que los chicos comenzaran con la fabricación en grande.

 

—Buenos días —le saludó Gael desde uno de los extremos, mientras agitaba un caldero y vertía una sustancia rosada.

 

—¿Qué tal? —le preguntó Draco pasando directamente hasta la otra esquina.

 

—Supongo que bien, ¿Harry llevó hoy a las niñas?

 

—Ajá… ¿Qué tal tu cena con Manfred? ¿Qué era eso tan importante que quería decirte? —preguntó Draco levitado el caldero en el que había estado trabajando la noche anterior para poder observar los resultados, Gael no contestó, pero sucedió algo que no pasaba hacía mucho tiempo en esa fábrica: Gael hizo estallar su caldero.

 

—Demonios —jadeó Gael alejándose de la mesa y tapándose la nariz con una mano, Draco lo imitó.

 

—Pero, ¿qué carajos estabas mezclando allí?

 

—Era un perfume —contestó Gael agitando la varita para que el caldero desapareciera —, lo siento.

 

—Ya… —Draco arrugó la nariz—, tendremos que esperar a que el olor desaparezca.

 

—Lo siento —repitió Gael agitando su varita y usando todos los hechizos que se sabía para que el olor desapareciera —no recuerdo la última vez que pasó algo así, que tonto.

 

—Pues lo de tonto, sí, nadie te lo niega… ¿Por qué estás distraído?

 

—No lo estoy.

 

—Sí que lo estás, vamos, necesito algo de aire —Draco lo jaló de un brazo y lo llevó hacia fuera del laboratorio. Gael dio un suspiro de alivio en el pasillo, donde el olor ya no se sentía.

 

—Necesito un café —declaró Gael caminando hacia una de las máquinas de café que habían instalado un tiempo atrás por toda la fábrica —; ¿Quieres?

 

—No, paso… —Draco igualmente caminó con él hasta la máquina y lo observó usar el hechizo para hacer que la máquina le diera el café, hasta que finalmente el chico tuvo el pequeño vaso de plástico en la mano y aspiró profundamente su olor.

 

—¿No has dormido? —le preguntó Draco observando sus ojeras, ahora que lo tenía más cerca era posible notarlas.

 

—No, casi nada.

 

—Vaya, debe haber sido una buena cita.

 

—Más o menos… he llegado a casa a las once.

 

—Oh… no necesito esos detalles —le reprochó Draco.

 

—Solo, llegué solo.

 

—¿Se han peleado?

 

—No… —Gael arrugó la nariz y le dio un trago a su café —esto quema.

 

—Siempre te quejas de lo mismo. ¿No me quieres contar qué ha pasado?

 

—Me ha propuesto el enlace, formalmente y todo… hasta tengo un anillo —contestó Gael como si estuviera hablando del clima.

 

—¿Un anillo? Vaya… Te felicito, me alegra mucho y…

 

—No te adelantes a felicitar —le interrumpió Gael en voz baja —aún no le he dado una respuesta.

 

—Oh…

 

—Y Manfred me ha dicho que me lo puedo pensar, que él me esperará, que… pues, que me ama, eso ha dicho.

 

—Eso es grande.

 

—Lo es, es decir, Manfred es un chico responsable, tiene su propio negocio, es atento, le caes bien tú, no es tan celoso, ni tiene ningún vicio, o defecto importante…

 

—Pero…

 

—Pero —suspiró Gael, cansado de pensar en ese gran “pero”.

 

—Gael… ya han pasado dos años…

 

—Dos años y nueve meses —le aclaró el chico.

 

Draco se mordió el labio un instante y luego suspiró, pasando un brazo por los hombros de su amigo, lo empezó a hacer caminar hacia el elevador, para ir a las oficinas.

 

—Es mucho tiempo.

 

—Y aún así… —Gael le dio un trago más a su taza de café, sin hacer ninguna mueca de descontento ya —es que me siento tan estúpido… Manfred es un chico perfecto, no hay ninguna razón para siquiera estármelo pensando…

 

—Pero Manfred no es Mikel, ¿verdad? —susurró Draco apretando un poco más a su amigo, Gael suspiró profundamente y asintió.

 

—No, no es Mikel.

 

*

 

Lo único que no le gustaba del verano era que trabajar era mucho más cansado. Limpió con el dorso de la mano el sudor de su frente y se obligó a respirar profundamente, aunque tratando de hacer el menor ruido posible, localizó una vez más a Cleave en frente, cerca de los arbustos altos, estaba sonrojado y también algo sudado, supuso que estaría maldiciendo el calor de la misma manera que él.

 

Se removió incómodo, recordando la última conversación que había tenido con Draco la noche anterior, antes de dormirse, una que llevaban teniendo demasiadas veces; aquella en la que Draco le había recordado su grandiosa idea, más de dos años atrás, de tener tres niños cuanto menos. Sentía que no podrían manejar tres niños, a duras penas habían podido manejar a Zoe y Sofía, y aún estaban aprendiendo a hacerlo, no que se quejara, jamás, pero sentía que con un niño más se ahogarían. Así era como había tratado de explicárselo a Draco; pero él no había entendido, hablaba de sueños y de presentimientos, de que sabía que debían tener a ese niño, y Harry se había excusado diciendo que podían esperar algunos años a que las niñas fueran más grandes y responsables y no dependieran tanto de ellos para intentarlo. Harry había sentido la tristeza y la decepción en Draco, cuando se había girado para dormirse finalmente, pero no había sido capaz de ceder por hacerlo feliz.

 

El sonido de unos pasos, amortiguados por el pasto, lo hizo salir de esas cavilaciones y agacharse un poco más entre los árboles, en frente Cleave lo imitó, y ambos esperaron muy quietos, conteniendo el aliento hasta que la tan esperada criatura apareció:

 

El pequeño duende caminaba contento, silbando una tonada que se le hacía conocida, tenía entre las manos un atado de ropa, parecía ropa sucia. Se detuvo en el pequeño claro, entre los árboles donde Cleave y Harry se ocultaban, miró a ambos lados e incluso hacia el cielo antes de soltar el atado de sábanas al suelo, que cayó haciendo un ruido metálico e inconfundible.

 

El duende agitó las manos un par de veces y una porción del jardín donde se encontraba parado se removió, dejando ver un profundo y oscuro hueco. Harry y Cleave, aún en la distancia, intercambiaron miradas de entendimiento y aguardaron viendo como el duende iba jalando la sábana con los objetos metálicos hacia el interior del agujero, en cuanto lo perdieron de vista Harry saltó de su escondite, lanzándose un hechizo de camuflaje y corriendo para seguir al duende, mientras Cleave lanzaba las luces de auxilio y se conectaba con la central de aurores.

 

Harry entró arrastrándose hacia el escondite, era bastante bajo, para que cupiera un duende y no un mago adulto, así que no había forma de que pudiera levantarse y debía ser cuidadoso, porque si era descubierto no se podría defender muy bien desde esa posición. Apretó con fuerza la varita en una mano y sacó un pequeño cuchillo de un bolsillo, que tenía oculto en el brazo, sujetándolo con fuerza. Los duendes eran muy tramposos así que, mientras más armas tuviera a mano para defenderse, sería mejor. Observó, conforme se arrastraba por los escalones iluminados por las antorchas, lo que era al parecer una cámara abovedada, mucho más amplia que ese pasillo, llena de anaqueles con objetos brillantes. El duende, ajeno a todo lo que pasaba alrededor, continuó silbando mientras seguía arrastrando la sábana, que hacía un ruido metálico conforme chocaba con las pequeñas piedras del piso.

 

Tomó una profunda bocanada de aire más en cuanto pudo ponerse en cuclillas al final de la escalera y dio una mirada hacia arriba, la entrada por donde había bajado estaba empezando a cerrarse lentamente, podía ver como la línea que dejaba pasar el sol y el aire se iba acortando cada vez más. Frunció el ceño y miró hacia el frente de nuevo, el duende estaba a varios metros de él, demasiado ocupado colocando copas y bandejas en los anaqueles como para notarlo, además tenía el hechizo de camuflaje, aunque no estaba muy seguro del alcance de la magia de los duendes. Todas sus experiencias anteriores con ellos no habían sido buenas, así que tenía razones de sobra para estar tan tenso. Volvió a darle una mirada a la entrada, ya solamente era una línea casi inexistente.

 

El duende, que continuaba moviéndose por los estantes detuvo su silbido un segundo, antes de continuar. Harry supo que había notado algo, quizá a él, y se pegó más contra la pared, pensando en que tal vez los aurores no habían llegado a tiempo o que a Cleave le había pasado algo. Se quiso dar un golpe en la cabeza en el momento en que se le ocurrió que tal vez el duende, pese a su naturaleza, no estaba solo, Cleave y él habían pensado en esa hipótesis, incluso habían investigado con varios más de su equipo pero no habían encontrado nada y la habían descartado, tal vez se habían equivocado y habían caído en una emboscada de duendes.

 

En ese momento notó que el silbido se había detenido, había estado tan metido en sus suposiciones que ni siquiera lo había notado, el duende ya no estaba de espaldas sino de frente mirando alrededor con el ceño fruncido, sus pequeños ojos oscuros escaneando todo con atención. Harry contuvo el aliento mientras lo vio acercarse más y más, dio una mirada más hacia la parte de la salida, ya estaba completamente cerrada. Tomando una decisión precipitada empezó a recular por las escaleras, sabía que tendría que arrastrarse para poder salir, pero no le daba nada de gracia tener que darle la espalda al duende.

 

Antes de siquiera alejarse un par de escalones, el duende dio un salto hasta las escaleras, con un objeto extraño en la mano que Harry ni siquiera había notado, era un pica-hielo, y trató de darle al aire varias veces. Harry empezó a retroceder más, tratando de mantenerse lo más alejado del punzón, pero el duende saltaba y se movía tanto que era imposible esquivarlo, hasta que finalmente sintió el ardor del objeto clavándose en su brazo.

 

—¡Demonios! —gritó furioso mientras llevaba una mano al brazo, el hechizo de camuflaje se estaba desvaneciendo, lo podía sentir, mientras el duende daba un paso hacia atrás.

 

—¡Aja! —bramó el duende —Te quieres llevar mi fortuna, ¿no es así? Pero no te dejaré, es mía, yo la hice y me pertenece… a nadie más pertenece.

 

Harry entrecerró los ojos y se puso de pie lentamente, estaba muy enojado, con Cleave por tardar tanto, con los aurores por no llegar a tiempo y con el estúpido duende por haber roto una de sus túnicas de trabajo favorita y herirlo.

 

—No, no son tuyas, son de sus dueños, que pagaron oro, en algunos casos mucho oro, por tenerlas.

 

—No, eso era un alquiler, lo que un duende hace…

 

—Ya, me aburres —le interrumpió Harry levantando la varita —. Inmobilus.

 

El duende había abierto la boca, para contestar, pero antes de que una palabra saliera de su boca ya caía al piso completamente petrificado.

 

—Ah… ustedes y sus ideas —rumió Harry sacando del bolsillo un pañuelo largo y, usando la mano sana y la boca, atándoselo al brazo para que la herida dejara de sangrar al menos un poco.

 

—Levicorpus —masculló agitando la varita y volvió a las escaleras, arrastrándose y sintiendo detrás de él como el cuerpo del duende iba golpeando los escalones. Cuando llegó al final del camino usó un par de hechizos para poder derrumbar la salida. Frunció el ceño por la luz y sintió un par de brazos ayudándolo a salir,

 

—Jefe.

 

—Jefe y un demonio —gruñó Harry —, no me jales, el brazo…

 

—Diablos, lo han herido.

 

—Sí, Cleave, eres muy deductivo —respondió sarcásticamente Harry mientras hacía levitar el cuerpo del duende, había visto alrededor el grupo de aurores, pero ninguno parecía muy interesado en querer ayudarlos.

 

—Lo siento, jefe, es que ellos… o mejor dicho —empezó a mascullar cerca de Harry, mientras éste dejaba caer el cuerpo inmóvil del duende sobre la hierba, pero fue interrumpido por una voz que Harry conocía muy bien.

 

—Así que era cierto, en verdad había un duende en ese agujero.

 

—Dashiell —replicó Harry con los labios apretados —De todos los aurores que hay en el Ministerio tenías que ir por Dashiell.

 

—Es que Joel no estaba, ni Chris, ni ninguno que conociera y en cuanto dije su nombre…

 

Harry negó con la cabeza mientras giraba para ver a Dashiell, lucía realmente como siempre, musculoso, alto, fuerte y petulante.

 

—Pues sí, había un duende en el interior de esa cueva —le respondió con fastidio mientras le señalaba al duende petrificado en el piso.

 

—Oh, ¿y te ha dado en el brazo un duende tan pequeño?

 

—No me hubiera dado si es que los aurores hubieran entrado en el momento en que Cleave les pidió que lo hicieran.

 

—Es que los aurores no trabajan para Cleave, Potter, ni para ti.

 

—Ya, pero a mí me pagan por hacer el trabajo que ustedes no hacen.

 

—¿Es tu forma frustrada de pretender ser auror? —preguntó con burla Dashiell. Cleave observaba todo de manera atónita, no conocía a ese tal Dashiell, no lo había visto antes ni había visto a su jefe discutir tanto con alguno de los aurores, por lo general estos se llevaban bien con él.

 

—No, es una forma más divertida de vivir que ser un simple auror.

 

—Auror Prior —corrigió Dashiell.

 

—Oh, ¿Prior?, ¿y estás en medio de la captura de un duende ladrón? Es un alivio saber que los delitos han bajado tanto que el que un duende se meta a las casas para robar es un caso tan importante, como para que lo vea un Auror Prior.

 

Dashiell entrecerró los ojos, furioso, mientras Harry esperaba su respuesta, pero Cleave lo interrumpió antes de que el hombre replicara.

 

—Jefe, está sangrando, vamos a que lo revisen…

 

—Sí, Potter, no te vayas a desangrar —se burló Dashiell. Harry le sonrió petulantemente.

 

—Cleave, trae a los demás y a los señores Norwik, para que reconozcan sus cosas y hagan la denuncia delante del Auror Prior.

 

—Pero… —Cleave se detuvo al ver la mirada de fastidio de Harry y asintió, desapareciendo por entre los árboles, ya que habían acordonado la zona para que nadie pudiera aparecer y desaparecer.

 

—Dentro de la cueva encontrarás todo lo que el duende ha estado robando por los últimos dos años, según hemos podido investigar, las últimas víctimas fueron el matrimonio Norwik, que fueron los que, luego de ir al Ministerio y que éste no diera con sus objetos desaparecidos, decidieron ir a la agencia, ellos llegaran en cualquier momento para reconocer sus pertenencias y poner la denuncia formal, nuevamente.

 

—Interesante, Potter —replicó Dashiell mirando con fastidio al duende y luego a su equipo, que aguardaba por órdenes alrededor de ellos —, pero como sabes todo debe ir en un informe, y ninguno de mis muchachos es una secretaria para andar tomando notas.

 

Harry sonrió altaneramente y Dashiell lució desconcertado por eso, aunque no tuvo tiempo de preguntar, pues en ese momento ya cruzaban el jardín Cleave, junto a su equipo de trabajo, y acompañando al matrimonio Norwik.

 

—Informe —ordenó Harry señalando con la cabeza a Dashiell, Laurent, uno de los chicos nuevos que había contratado, y que al parecer había sido puesto en sobre aviso por Cleave sobre el comportamiento del auror, avanzó más a prisa los últimos pasos y le puso de mala manera en el pecho a Dashiell un archivo bastante abultado que habían armado durante las últimas dos semanas de investigación.

 

—Oh… que repugnante —masculló la señora Norwik, mirando al duende tirado en el piso.

 

—Ahora, el auror Prior, Dashiell McDowell, muy amablemente se encargará de ayudarlos a hacer la denuncia, él mismo se ha ofrecido a ayudarlos en todo lo que necesiten —les explicó Harry cortésmente.

 

—Oh, pero muchacho, te han herido —exclamó el señor Norwik, mirando con algo de admiración hacia Harry.

 

—¿Ha sido este horrible duende? —preguntó la señora Norwik mirando con temor la herida de Harry.

 

—No es nada, en serio, iré a curarme en un momento más.

 

—Gracias, pensé que no recuperaríamos nada de nuestras cosas —le dijo el señor Norwik mientras apretaba su hombro, del lado sano.

 

—No tiene de qué, ya sabe, para servirles, como siempre —Harry les sonrió a ambos y luego a Dashiell.

 

—Cleave, te quedas a cargo, que Laurent y Edelstein ayuden a los señores Norwik a reconocer sus cosas y a dar los datos extras que los aurores del equipo de Dashiell puedan necesitar.

 

—Sí, jefe —dijeron los tres a la vez, Dashiell le dio una mirada burlona.

 

—¿Hasta te crees jefe?

 

—No me lo creo, lo soy —farfulló Harry alejándose hacia los árboles para poder aparecerse en la clínica y curarse, el dolor en el brazo se estaba haciendo cada vez más agudo y además no tenía ganas de seguir escuchando al idiota de Dashiell.

 

*

 

—La solución es muy simple —le dijo Draco en cuanto Gael, que había sido llamado por el mismo Draco, entró a su oficina.

 

—¿Qué? —preguntó desconcertado Gael antes de acercarse a la esquina donde las gemelas jugaban, ambas acostadas sobre la alfombra, garabateando con crayones gruesos sobre cuadernos con hojas en blanco.

 

—“Gal” —gritó Sofía arrodillándose para darle un beso a Gael.

 

—“Tíyo” —dijo Zoe imitando a su hermanita y besando también a Gael, sólo que ella se entretuvo un poco más jalando la cabellera castaña.

 

—¡Pelo! —nombró con entusiasmo Sofía tirando del otro lado del cabello de Gael.

 

—¡Auch!

 

—Zoe, Sofía —llamó Draco desde su escritorio —¿Qué hemos dicho de jalarle el cabello a las personas?

 

Las dos niñas se detuvieron y miraron hacia Draco con esa carita de disculpa que solían poner y que le recordaban a Harry cuando hacía algo malo, antes de tirarse nuevamente en el piso a pintar.

 

—No seas tan rudo con ellas, no era para tanto —las defendió Gael mientras les acariciaba las oscuras y largas cabelleras antes alejarse para saber a qué se refería Draco cuando había entrado a la oficina.

 

—No soy rudo con ellas —se defendió Draco —, simplemente hay que decirles que está bien y que no, y andar jalándole el cabello a los demás no está bien.

 

Gael puso los ojos en blanco y jaló la silla delante del escritorio de Draco, sentándose con las piernas cruzadas y apoyando los codos sobre la mesa.

 

—Entonces… ¿De qué solución me estabas hablando?

 

—Del problema con Manfred, por supuesto.

 

—Ah —la sonrisa se borró del rostro de Gael y Draco suspiró cansado; estaba harto de ver a su amigo así, tan triste, fingiendo que todo estaba bien, que estaba conforme con lo que pasaba, cuando por dentro estaba sufriendo por la ausencia de Mikel. En el fondo había tenido la esperanza de que lo olvidara, que con el tiempo quisiera a alguien más, si no era Manfred, no importaba, a algún otro que fuera bueno, pero al parecer Gael no olvidaba —. Aún no estoy seguro de qué es lo que le voy a responder, y casi había apartado el tema de mi cabeza, ¿por qué me lo tienes que recordar?

 

—Porque necesitas arreglarlo, ¿te das cuenta de lo que pasaría si te enlazas a Manfred sin quererlo verdaderamente?

 

—¿Crees que no lo sé? ¿Qué no lo he pensado?

 

—Entonces no lo quieres —suspiró vencido Draco.

 

—Yo no he dicho eso.

 

—No lo quieres para enlazarte con él —aclaró Draco.

 

—No lo sé, es decir él es…

 

—Bueno, amable, cariñoso —interrumpió Draco agitando una mano —; ya me sé todo eso, me lo has dicho más de una vez, ¿te lo estás pensando en serio?

 

—¡Claro que sí! Él ha preguntado, tengo que darle una respuesta —replicó Gael cruzándose de brazos, estaba tan confuso, no sabía qué decirle a Manfred.

 

—Creo que… —Draco se mordió el labio un momento antes de asentir, convenciéndose de que aquello era lo mejor —. Antes de tomar una decisión necesitas hacer las paces con tu pasado.

 

—Puff — bufó Gael —; eso sonó a psicoterapeuta —Draco arqueó una ceja, fastidiado, y Gael agachó la mirada y se aclaró la garganta — ¿Y cómo se supone que uno hace las paces con su pasado?

 

—En tu caso, hablando con Mikel, por supuesto, verlo y decidir, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que lo viste, no sabes si lo que sientes por él es simplemente un sentimiento idealizado, ni si es que él tal vez ya tiene una nueva relación, incluso si es que ya se enlazó a alguien —lo último lo dijo lentamente, pudo ver como el rostro de Gael se ponía mucho más triste aún.

 

—¿Enlazado? 

 

—Ajá.

 

—No… es decir —Gael negó con la cabeza y empezó a jugar con las plumas que habían sobre el escritorio de Draco, cosa que Draco detestaba de sobre manera, pero esta vez lo dejó hacer —; ni siquiera sé donde está Mikel —musitó.

 

—Ah… —Draco abrió uno de los cajones con aire ceremonial —¿Qué tal si yo te digo que sí sé donde está?

 

—¿Lo sabes? —Gael dejó de jugar con las plumas y le dio una mirada de reproche a Draco —¿Desde hace cuanto lo sabes? ¿Por qué no me lo has dicho?

 

—Bien… son muchas preguntas, ¿verdad? —contestó divertido mientras sacaba un pergamino enrollado y lo ponía en el escritorio —primero: sí, lo sé, segundo: desde hace muy poco en realidad y tercero: no sabía si era información que quisieras saber, pero dadas las circunstancias…

 

—¿Dónde está? ¿Está bien? ¿Qué es lo que…?

 

—De acuerdo, basta —reprochó Draco poniéndose en pie, sus hijas voltearon a verlo con los ojitos grises brillando, expectantes, seguramente creyendo que era posible algún paseo o tal vez un dulce antes de la cena —. No, niñas, lo siento, sigan con eso… pronto nos iremos a casa, ¿sí?

 

Ambas asintieron y se miraron desilusionadas, pero luego de un instante continuaron pintando, una en el cuaderno de la otra, como si nada hubiera pasado. Draco soltó un pequeño suspiro de alivio, no tenía deseos de una rabieta de sus niñas en ese momento.

 

—¿Decías?

 

—Ah, lo siento, es que me fastidias con tantas preguntas; te puedo contar lo que sé, y luego pienso que deberías ir a verlo y hablar con él, no sé si está o no enlazado, o qué es lo que pasa en su vida en este momento, pero pienso que no puedes tener un panorama claro sobre la respuesta a Manfred si es que no has resuelto eso primero.

 

Gael se mordió el labio un momento, meditando acerca de la información que podía conseguir, queriendo saber si es que realmente era bueno para él remover esas heridas aunque, decidió, esas heridas nunca habían sanado del todo. Tal vez Draco tenía razón, tenía que verlo, tenía que saber…

 

—¿No te enfadarías tú si es que lo veo y decido que lo quiero aún?

 

Draco se encogió de hombros y luego negó con la cabeza.

 

—Lo importante aquí es que tú seas feliz. Yo… yo siempre he querido que seas feliz —susurró con cariño. Gael le devolvió una sonrisa agradecida antes de asentir.

 

—Quiero saber —respondió finalmente —¿Dónde está Mikel? Si me das la dirección tal vez esta tarde pueda ir a verlo y…

 

—En realidad —interrumpió Draco —nunca dije que estaría en Inglaterra, ¿o sí?

 

*

 

Harry apareció en la sala de emergencias de la nueva clínica para el tratamiento de fertilidad que Draco, con apoyo de Zettie, habían inaugurado más de un año atrás, cuando la poción de fertilidad de Draco había sido finalmente patentada y permitida. El Ministerio había sido muy estricto al respecto: no era una poción que se pudiera vender en cualquier tienda ni por catálogo, sino que se tenía que someter a los interesados a una pequeña evaluación psicológica y física, mantener los registros siempre al día y un sin fin más de papeleos que Harry no entendía muy bien. Draco había dicho que el que aprobaran la poción en menos de un año era más de lo que podía esperar y que estaba seguro que poco a poco, con los casos que fueran sumando, las exigencias y auditorias del Ministerio se irían relajando.

 

Harry aún recordaba, dos años atrás, la tarde en que Mikel se había aparecido por su oficina, para despedirse, habían charlado bastante ese día, y a él le dio pena como habían terminado las cosas, pero lo comprendió cuando le dijo que necesitaba alejarse, tomar unas vacaciones y despejarse. Mikel sabía, porque Ethan y Lucka se lo habían dicho, que Gael tenía un novio formal, y pese a que Harry había insistido en que tratara de hablar con él, Mikel no había cedido, se sentía demasiado inseguro y triste por ello.

 

Desde ese entonces Draco y él habían tenido que buscar otros medimagos, para las niñas y para ellos mismos, así habían conocido a Anthony Rush, el medimago Rush, un hombre mayor, de modales muy amables y sonrisa fácil, era muy paciente con ellos, sobre todo con Draco, que había demostrado ser un paranoico redomado cuando se trataba de las niñas y su salud. El medimago Rush se especializaba en niños y seguía el desarrollo de los que nacían en la clínica, sin embargo, no tenía muchos problemas en tratar ciertos casos de emergencia menor, como el que un duende le hubiera dado en el brazo tratando de escapar.

 

—Señor Potter —saludó la recepcionista de la pequeña clínica, mirando algo alarmada a Harry, aunque no tanto, pues no era la primera vez que llegaba herido, aunque nunca gravemente.

 

—Hola Betsie —saludó Harry con una sonrisa tranquila —¿Rush?

 

—En el comedor, está de descanso.

 

—Yo lo busco —le dijo en cuanto la chica ya tomaba el megáfono para llamar al medimago —, nos vemos.

 

—Sí, señor —se despidió Betsie en el momento que una pareja joven de chicos entraba tomada de la mano, Harry les sonrió mientras se alejaba, recordando que él su embarazo lo había tenido que hacer en casa, alejado de todo el mundo y, aunque ahora el embarazo masculino tenía sus detractores, ya no era tan extraño ver a algún hombre con la túnica abultada y esperando bebé.

 

Caminó por el pequeño pasillo blanco que llevaba hacia el comedor para el personal, saludando a algunos de los trabajadores con que se encontraba en el camino, los cuales le daban miradas alarmadas, hasta que finalmente se detuvo delante de la puerta que decía “Cafetería”. Empujó la puerta con cuidado, muchas veces había encontrado a uno que otro medimago o medibruja dormitando allí, sobre todo después de algún parto, y había aprendido a no ser tan bullicioso en ese lugar.

 

En el comedor, compuesto por cuatro mesas largas, una mesa extra donde había una cafetera y una alacena con hechizos de conservación, además de una radio que casi nunca estaba prendida, solamente estaba Rush, apoyado sobre sus codos y rellenando el crucigrama que traía “Londres Hoy”

 

—Hola —saludó Harry sentándose delante de él, notando recién que se encontraba demasiado cansado.

 

—Harry, ¿cómo estás? —saludó el hombre apenas dándole una mirada.

 

—Pues…

 

—Mira, aquí ponen “Fabricante de pociones” a que no adivinas cuál es la respuesta.

 

—¿Draco Malfoy?

 

—Exacto —respondió con una sonrisa el medimago mirando con atención a Harry, su sonrisa se desvaneció cuando vio la manga ensangrentada y rota y el brazo atado por un pañuelo —. Oh, no me había dado cuenta.

 

—Sí, eso —resopló Harry —, me encontré con un duende particularmente agresivo.

 

—Ya veo… vayamos al consultorio para curarte eso cuanto antes… no queremos que se infecte.

 

—No se apure, puedo esperar a que su descanso termine —ofreció Harry amablemente, pensando en la posibilidad de tomarse una taza de café.

 

—No, nada de eso, además no quiero ni pensar en lo que diría Draco si se da cuenta que he dejado que su esposo se desangre mientras terminaba el crucigrama.

 

—Está exagerando —replicó Harry, pero el hombre negó y le señaló hacia el brazo, Harry le dio una mirada y se dio cuenta que efectivamente, pese al pañuelo atado, sangraba demasiado, entendió porqué Betsie y los demás le habían dado esas miradas tan preocupadas.

 

El medimago le hizo tomar un par de desagradables pociones y le untó una pomada que olía a rayos, indicándole que al parecer el objeto con que lo habían herido posiblemente tenía algún tipo de encantamiento de defensa, que era una situación muy común y que sólo necesitaba tomar las pociones nuevamente en la mañana, procurar no golpearse ni hacer grandes esfuerzos como para reabrir la herida y que en dos días no sería más que un golpe y quizá una nueva cicatriz.

 

—Aunque Draco tiene una pomada muy buena contra esas cicatrices —le recordó el hombre, Harry se encogió de hombros.

 

—Ya, seguro le pido un poco, aunque se pone algo…

 

—¿Maniático?

 

—Exacto —aceptó Harry el comentario —, cuando salgo herido o algo así, aunque no sea nada.

 

—Y lo comprendo. En todo caso, aquí tienes las dos pociones para mañana y la pomada para el golpe, si tienes fiebre, dolor, o algún síntoma extraño, te pido me avises, no hay que arriesgarnos sólo por no enfadar a Draco.

 

—Por supuesto —contestó Harry cargando en una mano la camiseta rota y manchada y usando una nueva que había creado con las sábanas de una de las camillas, agradeció tener la previsión de tener en la oficina un poco de ropa extra por si acaso.

 

—Y muchas gracias.

 

—No tienes de qué, salúdame a esas dos lindas niñas.

 

—Gracias —sonrió Harry más ampliamente, si había algo que le hacía sonreír era recordar a sus pequeñas.

 

*

 

—¿Tan lejos? ¿Qué ha ido a hacer tan lejos?

 

—Intuyo que olvidarte, aunque no debemos apresurarnos —contestó Draco con paciencia —; Erin dice que está allí desde hace año y medio, antes de eso no sabemos dónde se metió, ella me ha dado todos los datos, simplemente debes ir allá y encararlo, resolver todas las dudas que tienes y luego tomar una decisión.

 

—Dicho así suena tan fácil.

 

—Lo sé, lo siento, pero solamente quiero ser práctico, si vas a estar volando calderos por esto nos vas a llevar a la quiebra.

 

—Exagerado —le reprochó Gael, aunque Draco no se lo admitiera, si entendía que era la preocupación por él lo que lo había movido a darle esa información.

 

—Mira, si partes esta noche, en un par de días podrás estar de vuelta, además que de paso le das una visita a Erin, hace tiempo que no la vemos.

 

—Cierto —Gael recordaba haberla visto por última vez para la reunión que hicieron para recordar a Jocelyn, unos meses atrás —; ella no me dijo nada de Mikel la última vez que vino.

 

—No, no lo hizo, pero… supongo que Mikel lo pidió, él tampoco se ha puesto en contacto con ningún otro, creo que solamente escribe para mandar tarjetas de cumpleaños.

 

—A casi todos… a mí no —replicó Gael, parecía herido y Draco se arrepintió del último comentario —. Tal vez eso significa que ya no siente nada por mí, que como dices, está enlazado o algo así y…

 

—O tal vez que no sabe qué te puede decir —le interrumpió Draco —y deja de ser tan negativo.

 

—Mira quien habla.

 

—Yo no soy negativo.

 

—Lo eres.

 

—No, Gael, soy realista, eso es diferente.

 

—Negativo —empezaron a gritar Sofía y Zoe, aparentemente ya aburridas de tener que estar pintando y comenzando a dar saltitos.

 

Draco sonrió a sus niñas

 

—Sí, muy bien, una nueva palabra.

 

Las niñas siguieron repitiendo “Negativo” y “Palabra” durante mucho rato más, mientras Draco le entregaba a Gael el ticket del traslador que había comprado para él esa mañana, tenía que estar en la salida de la Sala de Transportes del Ministerio Inglés en solamente tres horas, Draco lo había preferido así para no dejarle a Gael mucho margen de tiempo, así no se arrepentiría ni lo pensaría demasiado.

 

—De acuerdo —aceptó finalmente Gael —, terminaré unas cosas en la oficina e iré a verlo…

 

—Suerte —le deseó Draco seriamente, Gael asintió y salió corriendo. Un instante después volvió y antes de que Draco reaccionara se abrazó a él con fuerza.

 

—Gracias.

 

*

 

Luego de comer un emparedado y una gran taza de café, Harry estaba en su oficina, firmando los papeles del caso Norwik, para llevarlos al Ministerio, cuando Clémence tocó la puerta de su despacho.

 

—Señor Potter, Joel Zimmerman y Christopher Chandler, han venido a verlo —informó.

 

Harry frunció el ceño.

 

—¿Joel y Chris?

 

—Sí, tienen cita, recuerda que ayer dijo que…

 

—Sí, claro, es sólo que pensé que venía solamente Joel —negó con la cabeza —. Nada, déjalos pasar y tráenos algo de café, por favor.

 

Joel y Chris llegaron usando sus túnicas de aurores, se veían tensos cuando ambos le dieron la mano y se sentaron delante de él, el silencio se expandió mientras Clémence servía las tazas de café, cuando la mujer se fue Harry se inclinó un poco hacia delante.

 

—Si vienes a decirme que haremos una reunión más este año desde ya te digo que no.

 

Joel soltó una carcajada nerviosa y Chris sonrió suavemente, negando con la cabeza.

 

—Deja de pensar en las fiestas, Harry, tenemos un problema —su voz sonó bastante seria, lo suficiente para darle a entender a Harry que de verdad tenían un problema.

 

—¿Ustedes? ¿Es personal?

 

—Bueno… el tema es que en realidad lo creemos personal, pero también lo podemos catalogar como problema de la comunidad mágica —respondió Joel sacando un cigarro y levantándolo un poco, como preguntando si es que podía fumar allí, Harry asintió esperando más información, fue Chris el que se la dio:

 

—Ante todo, ¿recuerdas que en la Academia, los problemas de uno eran los problemas de todos?

 

—Por supuesto —contestó pasándole un cenicero a Joel —, siempre fue así, incluso ahora ustedes ayudan si es que alguno está en problemas.

 

—Sabemos que dejaste el cuerpo de aurores porque… bueno, por lo de Draco y todo eso y que sería de alguna manera demasiado pedirte que nos ayudes, considerando lo mal que terminó todo allí, pero…

 

—No fue exactamente por lo de Draco, fue todo, no me gustaba estar allí, no era lo que yo quería, las misiones sin tiempo de fin, la prepotencia… la intolerancia.

 

—Y tienes toda la razón, sobre todo en eso, la intolerancia.

 

—¿Qué ha pasado? Me están empezando a preocupar. ¿Alguno ha sido tratado injustamente? ¿Han sacado a alguien?

 

—No —negó Chris.

 

Harry les dio una mirada impaciente y Joel dejó el cigarro encendido sobre el cenicero

 

—Sebastian se ha enamorado.

 

Harry inclinó la cabeza hacia un lado, casi esperando que sus amigos rieran o alguien saltara gritando “broma”, como nadie lo hizo, fue él el que soltó dicha carcajada, pero Joel y Chris no parecieron nada divertidos.

 

—Oh, vamos, ¿planean hacerle una despedida de solteros? Realmente… ustedes saben que no nos llevamos bien, nunca lo hemos hecho, si quieren ayuda deberían tratar con Dashiell, lo he visto esta mañana, igual de prepotente y creído si es que me preguntan, con su título de Auror Prior…

 

—No, no, nada de eso… lo hemos dicho mal —interrumpió Joel.

 

—Sebastian se ha enamorado de Thea Lancel.

 

La mirada interrogante debió darle a entender a Chris que no sabía de qué estaba hablando.

 

—Ya, no me extraña que no te suene el nombre, a nosotros tampoco, pero hicimos averiguaciones…

 

—¿Han espiado a la novia de Sebastian?

 

—No. Fue Sebastian el que nos pidió ayuda… —Joel se inclinó hacia delante, hablando en un tono más confidencial —en un inicio le pidió ayuda a Dashiell, pero no le quiso ayudar, es más, se han peleado. 

 

—Eres conciente de que en verdad no me estás diciendo nada, ¿cierto?

 

Chris tomó una profunda bocanada de aire y para sorpresa de Harry, que casi nunca lo había visto fumar, encendió un cigarrillo.

 

—Thea Lancel es hija de una de las personas que delató mortífagos durante la guerra, es hija de un soplón, por así decirlo, aunque a Sebastian no le gusta el término —aclaró.

 

—¿Soplón?

 

—Claro, ve y dile que el término no le gusta para que él lo repita —le reprochó Joel, y Harry negó con la cabeza.

 

—Es que no entiendo, ¿hubieron informantes durante la guerra?

 

—Siempre hay informantes durante las guerras —aclaró Chris.

 

—¿Y cuál es el problema? No me dirás ahora que el Área de Aurores anda prohibiendo casarse con informantes también.

 

—No, esa es otra historia, el tema es que alguien está matando a los informantes —informó Joel con seriedad.

 

*

 

Draco sonrió y saludó a sus niñas, estaban en el jardín trasero, cercado y con un hechizo para que estuviera completamente iluminado, aprovechando que era verano y que no corría viento helado. Sus hijas jugaban alrededor de la casa para muñecas más grande que Draco había visto en su vida, aunque claro, no había visto muchas en realidad. Esta era una mágica, por supuesto, se las habían regalado Ron y Hermione por el segundo cumpleaños de las niñas, era tan grande que las niñas podían entrar y salir de ella como si se tratase de una casa real, aunque el hechizo de agrandamiento sólo serviría unos cuantos años más.

 

Estaba sentado en una silla de plástico, cerca de la casa de muñecas, releyendo unos contratos, cuando se percató de que pasaban de las siete y media, se preguntó cuál sería la razón para que Harry se demorara tanto, aunque no tenía ningún sentimiento de ansiedad o miedo, lo que indicaba que Harry estaba bien, aunque retrazado.

 

—Sofía, Zoe —llamó poniéndose en pie —vamos, hora de cenar.

 

—¡No! —gritaron las dos a la vez mientras corrían a esconderse dentro de la casita de muñecas.

 

—Vamos, no hagan que entre por ustedes —reprochó Draco, con un movimiento de muñeca desapareció los documentos y se acercó con pasos lentos hacia ellas, que se escondían tras una de las paredes plásticas.

 

—No hambre —gritó Sofía sacando la cabeza por lo que era una ventana.

 

—Sí, sí hambre, si no comes te quedarás enana —le respondió Draco mientras se arrodillaba en el piso y se acercaba más —vamos, de una vez.

 

Finalmente Draco tuvo que recurrir al viejo truco, desaparecer la casa de muñecas para que las niñas no tuvieran otro escondite, luego cargar a ambas hacia la casa, prometiendo que al día siguiente, siempre y cuando comieran todos sus vegetales, la casita estaría de vuelta.

 

Durante los siguientes cuarenta y cinco minutos Draco hizo acopio de toda la paciencia que podía tener, intentando darle de comer a las dos niñas a la vez, Winky lo ayudó, aunque tanto Sofía como Zoe competían en llamar la atención de Draco, pues ambas querían ser alimentadas por él, a falta de Harry.

 

Cuando las niñas ya habían terminado de comer Draco las entretuvo un rato más, esperando aún por Harry, hasta que llegó la hora del baño, esta vez se las ingenió para bañar a una por una, mientras la otra, acompañada de Winky esperaba en pie delante de la bañera, el baño duró mucho menos de lo acostumbrado y estuvo acompañado de sonoros llantos de una u otra, por la misma razón, todos los días Harry y él bañaban a las niñas a la vez, en la bañera que tenían para ellas, y esta vez no era posible hacerlo porque Harry seguía brillando por su ausencia.

 

Finalmente, cada una metida en su cama, se quedaron dormidas, Draco se quedó junto a ellas, aún con el libro de cuentos en las manos, mirando como dormían durante un rato más, hasta que escuchó el sonido de la puerta abriéndose, giró para ver a Harry, lucía algo pálido y sentía que algo le preocupaba.

 

—Lo lamento, lo lamento mucho —se disculpó Harry en cuanto entró, el tiempo se le había pasado volando y no se había dado cuenta de la hora hasta muy tarde, sabía que Draco estaría ligeramente enojado con él por eso, pues era toda una odisea tratar de hacer que ambas niñas comieran, se bañaran y se metieran a la cama; le había tocado hacerlo más de una vez cuando Draco había tenido que viajar, y tampoco era la primera vez que Draco lo hacía durante sus ausencias, pero siempre habían tenido la previsión de pedir ayuda a Hermione o a la Señora Weasley.

 

—Vamos afuera, acabo de hacerlas dormir —susurró Draco dejando el libro de cuentos en uno de los estantes y acariciando el cabello de Zoe antes de salir.

 

Harry le dio una mirada a las niñas y sonrió al verlas tan quietas y tranquilas, era muy difícil conseguir eso teniéndolas despiertas, luego apagó las luces, dejando encendidas las lámparas giratorias que recreaban estrellas y planetas en el techo, y salió de la habitación juntando la puerta muy despacio.

 

Draco no estaba en el pasillo, suspiró resignado a lo que sería una reprimenda y bajó a la cocina donde Draco se estaba preparando un té. La cena para ambos estaba ya servida.

 

—¿Tampoco cenaste?

 

—No, imposible hacerlo, Winky trató de ayudarme a darles de comer pero un poco más y se empiezan a tirar comida entre ellas, era un caos.

 

—¿En serio? —preguntó Harry sacando de uno de los estantes una botella de vino y dos copas —Suena divertido.

 

—Sí, estoy seguro de que me parecerá divertido en unos veinte o treinta años —respondió Draco algo cansado, arqueó una ceja cuando vio que Harry traía la botella de vino y las copas.

 

—¿Estamos celebrando algo?

 

—No, lamentablemente no —suspiró Harry sentándose junto a su esposo y sirviendo un poco de vino en cada copa —todo lo contrario…

 

—A ver, ¿es por la visita de Joel?

 

—Joel y Chris —informó Harry cansadamente, había meditado mucho si contarle o no a Draco lo que ocurría, pero luego de ver los casos y escuchar toda la información que sus amigos habían traído supo que sería imposible trabajar en ese caso sin que Draco se enterase, es más, ya presagiaba muchas peleas con él por no poder estar en las noches para ayudarlo con las niñas.

 

—¿Ambos?

 

—Sí.

 

—¿Planean otra fiesta? —preguntó no queriendo lucir enfadado porque Harry haya llegado tarde solamente por eso.

 

—No, casi hubiera deseado que lo hicieran…

 

—Me estás preocupando.

 

—Sí, lo siento… Escucha, Draco, esto que te voy a contar es muy delicado y quiero que me entiendas…

 

—Oh, Merlín —jadeó Draco dejando el tenedor sobre el plato de manera ruidosa y mirando a Harry con temor —¿Te has metido en algo muy peligroso, verdad? Harry no debes hacerlo, recuerda lo que dijimos, las niñas necesitan a sus dos papás y ninguno se va arriesgar a hacer nada tonto ni heroico, sobre todo tú.

 

—Draco —suspiró Harry, realmente estaba agotado —aún no te he dicho nada sobre lo que te quiero hablar, además, no expondré mi vida ni nada por el estilo, sólo que es un asunto complicado.

 

—Te escucho —respondió Draco seriamente, conocía a Harry, más de lo que el mismo Harry se atrevía a admitir y podía oler el peligro en ese nuevo caso por todos lados.

 

—Según me enteré hoy, y no sé si tú has estado al tanto de esto antes… y no es un reproche, ni siquiera una pregunta, es que yo no tenía ni idea… —Harry le dio un sorbo más a su copa de vino antes de continuar.

 

—Durante la guerra, mientras Hermione, Ron y yo íbamos por todos lados buscando los horcruxes, pasaron muchas más cosas, gente que se dedicó a esconder a los sangre muggle, gente que trató de cambiarse de bando, gente que por alguna razón se hizo de información de los mortífagos y luego la entregó a la orden y a algunos aurores que no estaban bajo el dominio de Thicknesse y Voldemort,  gente que se arriesgó por ayudar…

 

—Soplones —masculló Draco.

 

—Exacto, aunque preferimos no usar ese término —corrigió Harry recordando lo que Joel le había dicho.

 

—No lo dije como insulto —aclaró Draco —, era la forma como los mortífagos los denominaban, más de una vez escuché que agarraban a uno… —Draco dejó de hablar, la guerra y toda aquella época era algo que ya no aparecía en su mente nunca.

 

—Lo imagino —le dijo Harry tomándolo de la mano, Draco simplemente suspiró, indicándole a Harry que continuase.

 

—Hubieron muchos que sí se libraron de ser atrapados por los mortífagos en esa época, hasta donde tenemos entendido la orden y los aurores que te mencioné los reubicaron en lugares muggles, ocultos de los mortífagos, varios de esos informantes han salido del país en cuanto la guerra acabó, pero muchos otros se quedaron aquí, pero permanecieron la mayoría en el mundo muggle.

 

—Si la guerra ya había acabado, ¿por qué no volvieron?

 

—Algunos no tenían porqué o mejor dicho por quién volver, otros se acostumbraron a vivir entre muggles y otros pues… creo que tenían miedo.

 

—¿Miedo?

 

—A ser atrapados, creo…

 

—¿De qué hablas?

 

—Los están matando, Draco —respondió Harry en voz bastante baja —uno a uno, no es una masacre en gran escala, uno, máximo dos crímenes por año, siempre al estilo muggle, sobre todo a los que viven en el lado muggle, lo hacen parecer un asalto, ninguna nota, ningún recordatorio, nada, es más, ni siquiera se encuentra relación entre uno y otro asesinato, en el lado muggle al menos, pues esta gente está dispersa por todos lados y…

 

—Espera —lo interrumpió Draco poniéndose en pie —¿Me dices que hay mortífagos afuera ajusticiando gente?

 

—Sí, más o menos es eso.

 

—¿Y piensas ir por ellos?

 

—Pues…

 

—No, definitivamente no, Harry —negó Draco en voz alta.

 

—Draco, cálmate.

 

—No me digas “Draco cálmate”, piensas salir a exponerte para capturar a un grupo de ex mortífagos locos que te pueden matar, ¿cómo demonios pides que me calme?

 

—No grites, las niñas…

 

—Insonorus —gritó Draco agitando la varita, para insonorizar la cocina. —¿Contento ahora? —preguntó en voz más alta.

 

—No.

 

Draco entrecerró los ojos, estaba furioso, más que furioso, la guerra había terminado, diez años atrás había decidido olvidar toda esa época, y había costado… pensar en todo lo que había perdido, en quienes había perdido, supuso que ese capítulo en su vida, así como en la de Harry, estaría cerrado, no era justo que ahora Harry decidiera traerlo nuevamente.

 

—Escucha, no podemos dejar que los mortífagos, o quienes sean los que están haciendo esto, continúen.

 

—No, yo no he dicho que deban dejarlos, pero para eso están los Aurores, son los que se encargan de eso, no tú.

 

—Ellos han matado gente que ayudó a los de la orden y a los que trataban de, a su manera, derrotar a Voldemort, ¡los están matando! Encuentran donde viven, donde están ocultos y van y los degüellan como si se tratase de animales. Es más que seguro que tienen vínculos en el Ministerio, y hacer una investigación abierta en este momento sería ponerlos en sobre aviso.

 

Por un instante, un pequeño instante, Draco recordó a su madre, a su madre asesinada. Se giró, incapaz de seguir mirando a Harry a la cara, de seguir discutiendo ¿Por qué él era tan terco? ¿Por qué no se daba cuenta?

 

Harry suspiró profundamente, no había querido decir lo último, tampoco quería decirle que Joel, Chris y él mismo creían que el primer asesinato de ese grupo de vengadores había sido el de Narcissa Malfoy.

 

El silencio se expandió entre ellos y Harry estaba ya por levantarse y tratar de acercarse a Draco, cuando este se volteó, su mirada era tan fría que, por un instante, se sintió desconcertado.

 

—¿Qué pasará con lo que hemos estado hablando?

 

—¿Qué pasará con que?

 

—Con el niño, por supuesto.

 

—Ah… —y allí el tema del niño, Harry se sentía egoísta por no querer hacerlo ahora, porque después de que él había sido el que había insistido en un inicio con que tuvieran muchos niños, ahora no estuviera listo o dispuesto para hacerlo. Si tan sólo Draco comprendiera que sentía que un niño más desarreglaría todo el orden que a duras penas estaban logrando mantener en casa.

 

—Ya veo.

 

—No, no, escucha… podremos hacerlo ¿de acuerdo? Pero más adelante, después, cuando las niñas sean más grandes y todo esto pase…

 

—No lo quieres hacer, ¿verdad? —susurró Draco con temor; esa discusión la habían tenido desde unos meses atrás, en que él había empezado a soñar con ese niño. Si le preguntaban qué aspecto tenía, él no lo sabría explicar, pero los sueños eran muy similares, entraba a casa y no estaban solamente las niñas, estaba ese niño, sonriéndole y abrazándolo. En otro estaba en su despacho, y era Harry quien llegaba con los tres niños, eran una familia, era como si recién se hubiera dado cuenta que era lo que faltaba para que su familia estuviese completa. Se lo había dicho a Harry, y éste había resuelto que tal vez era simplemente la ansiedad por tener a un bebé más lo que lo hacía soñar. Draco tendía a enfadarse mucho con él por eso, sobre todo porque llevaban semanas conversando acerca de lo mismo y Harry siempre le daba largas con, “podemos hacerlo más adelante” o su respuesta de casi siempre “no nos lo podemos tomar a la ligera, déjame pensarlo” No lo había pensado mucho cuando se trató de las niñas, no hicieron planes ni mucho menos, todo lo fueron arreglando sobre la marcha. En cambio en esta ocasión sería mucho más simple, más fácil… Pero Harry no quería.

 

—No es eso —respondió Harry poniéndose de pie y alcanzándolo —no empieces a pensar en tonterías —le reprochó con voz suave mientras lo tomaba de los hombros —cuando acabemos este tema de los vengadores, podremos darnos el tiempo de analizarlo a conciencia.

 

—¿Y qué es lo que hemos estado haciendo las últimas semanas? —preguntó irritado, por un instante pensó en soltarse de Harry, alejarse de él y buscar calmarse pero no, Harry se la estaba poniendo muy difícil —, ni siquiera he dicho que tienes que ser tú, yo lo puedo hacer, no me molestaría hacerlo, llevar al niño, lo arreglaría todo yo, tú no tendrías mayores problemas.

 

—¿Me usas como un banco de esperma?

 

—No seas ridículo.

 

—Y además —levantó la voz un poco más Harry —¿Cómo demonios se supone que podré estar tranquilo trabajando e investigando si sé que estás en casa, con las dos niñas y además esperando a uno más?

 

—Ya has tomado el caso, ¿no es así?

 

—Ya te dije, no puedo quedarme de brazos cruzados mientras…

 

—Pues yo no quiero esperar —interrumpió Draco desafiante —, no me apetece esperar y si lo que tengo que hacer es encargarme de las dos niñas y esperar al tercero mientras su padre está jugando en las calles a que aún es el bendito héroe de la comunidad mágica, lo haré.

 

—Te estás pasando, Draco —advirtió Harry apretando los dientes y apartándose de él.

 

—¿Yo lo estoy haciendo? ¿Y qué se supone que estás haciendo tú? No me extrañaría saber que te hubieras alegrado cuando te propusieron ese caso, otra excusa más para seguir dando largas a este tema del nuevo bebé.

 

—¿Y tú qué estás haciendo? Quieres alterar nuestra vida, nuestro equilibrio y además ordenarme que no tome un caso solamente por un niño con el que has soñado, por algo que ni siquiera existe.

 

—Claro, a este paso no existirá ¿cierto? Tal vez cuando las niñas vayan a Hogwarts y tu preciosa rutina no se vea tan afectada lo pensaras, pero entonces seguramente, ya será muy tarde.

 

—¿Por qué dices eso?

 

—Porque no pienso esperar a que te decidas, por eso —bramó Draco furioso, con un movimiento de varita desactivó el hechizo de silencio y sin tocar su comida, aunque jalando su copa de vino, caminó fuera de la cocina, rumbo a su habitación.

 

Harry miró por un instante el espacio donde Draco había estado y también tomó su copa de vino pero caminó hacia el lado opuesto.

 

Se sentó en los escalones que daban al jardín interior, donde la casita de muñecas había desaparecido y dejaba ver todo el paisaje verdoso, a ellos les encantaba tener fiestas allí, la de su cumpleaños, hacía muy pocos días había sido en ese jardín, con Patrick, el bebé de Ethan y Lucka; con Jules, Teddy; con los hijos de George, de Bill y las gemelas, también habían asistido Noah y su nuevo novio; Gael y Manfred,  Aarón y Boris… había sido una gran fiesta. Le gustaba creer que después de todo sí había logrado tener una gran familia… Y quería cuidarla, tener un niño en ese momento no era viable, por muchas razones: ese grupo no era ningún aficionado, tras diez años de ejecuciones sabían lo que hacían, tenían medios para encontrar a sus víctimas, tenían información y eran peligrosos. Además no quería que Draco pasara el embarazo solo, si es que en verdad fuera él quien se embarazase, si resultase que él se embarazase nuevamente no podría seguir con el trabajo y no estaba dispuesto a parar en ese momento.

 

Dio un trago largo a su copa de vino y convocó con la varita el resto de la botella, se sirvió otra copa más mientras miraba hacia el oscuro cielo, salpicado de estrellas por ser verano, le gustaba su vida así, no quería cambiarla, pero tampoco quería que ese grupo de vengadores ganara más fuerza, la comunidad mágica, pese a todo el tema de la intolerancia gay, se había mantenido en una forzada paz durante esos años, y sabía que debían hacer todo lo posible por mantenerla.

 

*

 

Draco salió de la ducha aún enfadado, se miró en el espejo mientras acomodaba su cabello y abrió uno de sus cajones, para ver si aún le quedaba poción para el dolor de cabeza, entonces la vio, el frasquito de la poción de fertilidad: ahora modificada, tras tanto tiempo de investigación, con duración más larga y mejores efectos. Levantó el frasco y lo vio a contra luz, su brillo dorado era invitador y también desafiante. Pensó en el niño que quería tener, en el niño que, él sabía, debía tener, y luego miró hacia el frasco nuevamente, la discusión con Harry aún bailando en su cabeza…

 

*

 

No terminó con la botella de vino, era conciente de que debía levantarse temprano al día siguiente, tenía unas cuantas cosas que hacer, además de preparar a las niñas para ir a la guardería, era su turno de hacerlo, para que Draco las pudiera llevar.

 

Pasó por la cocina, donde los platos con la comida casi sin tocar habían desaparecido al igual que los cubiertos y cualquier otro utensilio. Winky era muy efectiva en la casa, siempre estaba atenta a todo lo que ellos necesitasen y administraba la casa de tal manera que lo único que a ellos les preocupaba, además de trabajar, era cuidar a las niñas.

 

Pese a no haber comido mucho durante el día, ya no tenía hambre, la discusión se lo había quitado. Dejó sobre la mesa limpia de la cocina la botella media llena y la copa y antes de salir escuchó el sonido de ambas desapareciendo.

 

Subió con calma por el pasillo y antes de llegar a su habitación se detuvo en la de las niñas, abrió la puerta y sonrió al verlas aún dormidas, cada una en su pequeña camita, iluminadas suavemente por las luces de las lamparitas giratorias.

 

Cuando llegó a su habitación las luces ya estaban apagadas, Draco estaba sobre la cama, dándole la espalda y completamente cubierto por las mantas, pese a ser verano. No dijo nada ni hizo ademán de querer despertarlo, se desprendió de la ropa y pasó de largo hacia el baño, se duchó rápidamente y cuando volvió a la cama se dio cuenta que Draco no se había movido ni un centímetro. Mientras se secaba observó la espalda rígida de su esposo, era obvio que no estaba dormido. Se puso unos boxer y se metió a la cama, abrazándose inmediatamente a la espalda desnuda de Draco, que se tensó un poco por el toque, pero no se alejó.

 

—Hey… —suspiró Harry mientras una de sus manos acariciaba lentamente la cadera de Draco, sintió su cuerpo estremecerse por el toque y sonrió antes de darle un beso en el cuello.

 

—Hola —respondió Draco con voz lenta, una de sus manos fue hacia atrás, buscando las caderas de Harry y oprimiéndolo un poco más contra su cuerpo.

 

—Lo lamento, ¿de acuerdo? No deberíamos discutir, no nos hace bien.

 

—Yo tampoco quiero discutir, yo también lo lamento —Draco sintió el aliento cálido de Harry sobre el cuello, seguido por la presión de esos labios, haciendo que su piel cosquilleara y se estremeciera, refregó un poco más sus caderas contra la pelvis de Harry, sintiendo aún bajo la tela del ropa interior, la erección creciendo.

 

La mano de Harry serpenteó hacia delante, mientras sus labios eran reemplazados por gentiles mordidas. Sus dedos llegaron hasta la cinturilla del bóxer y luego se colaron en el interior, sólo un poco, acariciando únicamente la punta del erecto miembro de Draco.

 

—Mmm… Harry… vamos —le apuró Draco empujándose hacia delante y tratando de hacer que esa mano se hiciera completamente de su erección.

 

Harry no contestó, retiró su mano y antes de que Draco se diera cuenta ya estaba tirando de su ropa interior hacia abajo, Draco ayudó levantando las caderas, aún sin girarse y sintió la tela resbalando hasta la mitad de sus piernas, apresándolas de alguna manera, pero no le importó mucho cuando sintió esa mano sujetando completamente su erección. Se agitó hacia arriba tratando de poner mayor velocidad mientras Harry continuaba con sus besos y mordidas, esta vez en la oreja y refregando su cada vez más dura erección, cubierta por la ropa interior, contra sus nalgas desnudas.

 

—Te amo —susurró Harry en su oído antes de apartarse de él. Draco lo sintió moverse en la cama y aprovechó para mover las piernas y deshacerse de la ropa interior. Las sábanas que lo cubrían habían desaparecido también, sintió a Harry apoderarse de su erección nuevamente, acariciándola de la misma manera que unos instantes antes, solamente que esta vez se refregaba entre sus nalgas la erección resbalosa de Harry. 

 

Draco se arqueó y jadeó, tratando de apurar a Harry mientras éste se elevaba un poco y le levantaba la pierna, Draco se dejó acomodar y sintió la presión en su entrada, y a Harry entrando poco a poco en él.

 

La mano de Harry fue rápidamente hasta su miembro, mientras mordisqueaba los hombros y el cuello, fue Draco quien se comenzó a empujar contra él, demostrándole su necesidad.

 

Sus movimientos se hicieron coordinados rápidamente, Draco se empujaba contra ese puño cerrado y contra la ardiente invasión, que lo llenaba de placer en cada estocada, sus hombros y cuello eran mordidos deliciosamente y escuchaba a Harry gemir conforme en su oído.

 

Harry sintió como Draco lo apretaba con fuerza en su interior, podía sentir su propio miembro siendo absorbido y devorado por esa caliente estrechez, la espalda de Draco arqueándose, las uñas de Draco sobre su cadera, clavándose y enviándole oleadas de placer, de necesidad.

 

Se movieron el uno contra el otro con fuerza, ambos sabiendo que no podrían aguantar más tiempo. Draco dio un empuje más contra la mano de Harry y gritó roncamente, sintiendo su orgasmo tensar sus músculos y luego relajarlos; sintió a Harry empujarse con fuerza contra él, con tanta fuerza que lo hizo girar un poco contra la cama, el peso reconfortante de Harry contra sus espalda, su respiración agitada y ese gemido de placer… oh, cuanto amaba escuchar ese gemido de placer de Harry.

 

—Oh, Dios… — jadeó Harry dándole un beso en la nuca y luego con una mano temblorosa acariciando su cabello, ordenándolo un poco hacia un lado.

 

—Mmm —suspiró Draco demasiado relajado para moverse, si Harry continuaba acariciando su cabeza de esa manera se quedaría dormido en cualquier momento, y Harry lo sabía.

 

Harry se apartó con lentitud de él, Draco no se movió ni un poco mientras él aplicaba un hechizo de limpieza sobre ambos y jalaba las ropas interiores y los cobertores a la cama. Volvió a acariciar la espalda y el cabello de Draco, repartiendo pequeños besos por aquí y por allá tranquilamente mientras sentía el cuerpo de Draco cada vez más relajado, hasta que su respiración se hizo pausada y rítmica. Solo entonces se apartó un poco y se acomodó sobre la cama, abrazándose a Draco y suspirando contento. Sabía que la discusión no había terminado, en realidad no habían arreglado nada, tan solo habían dejado de pelear, por el momento. Espero que por lo pronto Draco dejara de pensar en todos los reproches por el nuevo bebé y la nueva misión, al menos por un tiempo, para darle la tranquilidad que necesitaba para investigar.

 

*

—Hey, ¿encontraste algo? —preguntó Leonard Attanasio, un chico de treinta años, con el cabello oscuro y sujeto en una coleta con un lazo verde, del mismo tono que el color de su túnica.

 

—Hay una pareja de muggles en la calle siete de Whitehall Quay que saldrán de viaje a Bermudas dentro de cinco días, creo que sería un buen botín —contestó Darío Wren dejando de lado el diario que estaba leyendo.

 

—Ah… ¿has investigado la casa?

 

—Sólo un poco, ya sabes, lo de siempre, alarmas, sensores de movimiento… Espero que a la mujer no se le ocurra dejar sus joyas en el banco como a la anterior.

 

—Igual sacamos buena cantidad de oro de la anterior.

 

—Pero las joyas hubieran sido mejor, hay que ver que no lo hagan, sólo para saber porqué vamos realmente —dijo la voz de Leyla Browning, que llegaba en ese momento.

 

—¿Qué tal el trabajo? —le preguntó Leonard, sonriendo de manera coqueta. Leyla puso los ojos en blanco y negó, mientras se dejaba caer en una de las sillas libres.

 

—Asqueroso, no tiene nada de divertido el servir mesas a magos y brujas que se creen superiores a ti solamente porque pueden pagar esa comida.

 

—A ninguno nos gusta trabajar de esa manera, es decir, yo pude ser un medimago, de hecho estaba por terminar la carrera, antes de que… —Leonard frunció el ceño, no le gustaba recordar eso.

 

—Bueno, bueno —llamó la atención William Hurston, entrando en ese momento, traía una pipa vieja y gastada entre los dientes —, ¿qué hemos dicho acerca de andar lamentándonos?

 

—No nos lamentábamos —aclaró  Wren —sólo recordábamos.

 

—Lo mismo es —refunfuñó Hurston sentándose junto a ellos en la desgastada mesa de madera, estaban en esa cabaña abandonada que habían conseguido muchos años atrás, cuando el Ministerio había levantado a algunos sus condenas de firmar ante ellos y los había echado de los condados mágicos creados para mantenerlos vigilados. Desde esa época era muy difícil mantenerse, pues los trabajos escaseaban, sobre todo si tenías como antecedente ser un Exonerado. Algunos de ellos habían tenido que conseguir trabajo en el lado muggle, lo cual era en extremo vergonzoso, algunos otros como Leyla habían tenido algo de suerte y lo habían conseguido en el lado mágico. Aunque sólo era algo de suerte, pues el sueldo no era para reventar cohetes y los trabajos eran sin mucho futuro, como ella, que servía mesas en uno de los restaurantes más exclusivos del callejón Diagon.

 

—Ya, no peleemos —pidió Leonard —, de todas formas Wren ya tiene una casa.

 

—Ah, que genial —río Hurston —en cuanto lleguen los demás podremos ver el plan y qué tan accesible es.

 

—De acuerdo —respondió Wren levantando el diario para cambiar de página, en ese momento Leyla extendió una mano para tomar la primera página, pues había visto algo que le había llamado la atención.

 

—Ah… sí, Potter y Malfoy, salieron en los diarios toda la semana, era el cumpleaños de Potter y dicen que le han hecho una fiesta —le comentó Hurston con fastidio.

 

Leyla asintió. Los había visto una vez, a Potter y a Malfoy, en el restaurante en el que trabajaba, para el cumpleaños también de alguien, de uno de sus amigos, eran una mesa enorme y ella los había visto allí, llegaron tomados de la mano, y pasaron la velada riendo y conversando, se veían tan felices… Malfoy ni siquiera dio muestras de reconocerla, tal vez no lo había hecho, tal vez ya no se acordaba de su rostro.

¿Quién diría lo que ese chico había logrado? Solamente porque se había metido con Potter, porque no encontraba otra explicación para que ese muchacho, en peor posición que ellos mismos, fuera ahora el dueño de un gran fábrica, como decía el artículo, además padre y esposo.

 

—Definitivamente odio las hamburguesas —protestó Dan apareciendo en ese momento, con el uniforme muggle rojo y blanco, manchado de grasa —, son asquerosas.

 

—Ya, yo lo puedo limpiar —le tranquilizó Leyla mientras le extendía el diario a Dan que arqueó una ceja mirando interrogantemente de la fotografía hacia su hermana.

 

—¡Es que no es justo! —respondió ella a la muda pregunta —, ¿no te parece que es injusto que ese niño, pese a todo, haya salido con bien?

 

—¿Hablan de Malfoy? —preguntó Leonard levantando  un poco el rostro para ver la página del diario que Dan sostenía.

 

—Honestamente yo siempre supuse que acabaría como Nott, ya saben, en un callejón abandonado y sin donde caerse muerto, sobre todo después de acabar con Narcissa, el niño parecía no poder hacer nada sin ella —opinó Wren.

 

—Sigo pensando que no es justo, él era uno de ellos, un ortífagos y está mejor que nosotros que ni siquiera matamos a nadie.

 

—En teoría él no mató a nadie —corrigió Hurston —es lo que dice su expediente.

 

—Pero Leyla tiene razón, no es justo, él merecía estar preso, no tener todo lo que tiene ahora —protestó Dan

 

—Yo los apoyo —intervino Leonard; Hurston le dio una mirada interrogante a Wren que asintió rápidamente.

 

—De acuerdo… —suspiró, casi vencido, ellos tomaban las decisiones por votación, no tenían un jefe ni ninguno quería ocupar esa posición, ya habían aprendido que eso de los jefes y Lords no funcionaba apropiadamente, además ellos sólo buscaban vengarse, no dominar a ningún mundo ni crear una nueva sociedad, y el método les estaba funcionando bastante bien —cuando lleguen los demás lo conversaremos.

 

Leyla sonrió complacida y jaló la página del diario que le había dado a su hermano, sentándose nuevamente y mirando con atención la fotografía, era una que habían sacado de la pareja saliendo de algún sitio, no era del cumpleaños de Potter, porque no habían dejado meter a ningún periodista en casa de los Potter-Malfoy, es más supuso que esa casa estaría mucho más que protegida para que los periodistas no se cuelen. En la fotografía salía Malfoy tomando la mano de Potter y murmurándole algo en el oído, Potter sonreía, Malfoy sonreía. No le gustaba ver a Malfoy sonreír. Después de todo lo que él y su familia habían hecho no era justo que sonriera.

 

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N/A

 

*Navia: Es una diosa precéltica de origen indoeuropeo. Se discute su origen y pertenencia a algún grupo étnico (cultura campaniforme, cultura de los campos de urnas o cultura de La Tène). De género femenino, se la suele considerar una diosa de la fecundidad. Se han encontrado ofrendas de espadas en su honor en los cauces de los ríos europeos. Se desconocen más datos de su figura, procedencia, a qué grupo de dioses pertenecía, tipo de rituales o ciclo de mitos asociado a ella. Fuente: Wikipedia.

 

 

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