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Los ojos astutos de Yae se posan sobre la figura de Sara. La mujer, seria y recta, mantiene una conversación formal con su esposa. Permanecen lejanas a todas las demás mujeres que han venido a este fin de semana de retiro con el propósito de desconectar del día a día. Tener un fin de semana de chicas, describió Lumine en su mensaje, hace dos meses, cuando sugirió la idea. Lejos del trabajo, de amistades difíciles y de cualquier cosa que pudiera suponer un estrés emocional. Simplemente, descansar.
Yae reconoce que, como idea, es buena, pero... Algunas personas no saben cómo descansar. Demasiado rectas. Demasiado cuadriculadas todo el tiempo.
Ella suspira. Pobre Ei, casada con una mujer como ella. Si su querida Ei es recta y seria, y su esposa lo es más, ¿qué vida tienen? Trabajo, trabajo, trabajo y más trabajo. ¡No hay entretenimiento, ni vida más allá del trabajo! ¡Qué horror! Sin embargo... ah, menos mal que en la vida de Ei aparecieron tanto Kokomi como ella misma.
Un toque de calor, una pequeña semilla de excitación, nace en su entrepierna, obligándola a apretar ligeramente sus muslos para resguardarla y sentirla mejor. Mm... Qué buenos meses han sido, tan divertidos y emocionantes. Cuando regresó a la ciudad tras años de trabajo, no esperó reencontrarse con su ex novia, casada y con una vida estable al lado de, nada más y nada menos, que Kujou Sara. Yae se había ido para tener un futuro laboral más prometedor, y solo había regresado cuando, por fin, pudo montar su propia editorial (muy exitosa en sus pocos meses de vida, por cierto). Pensó en volver a hablar con Ei, solo para tener su amistad, cuando se quedó paralizada al verla casada.
Qué molestia... Sara había sido amiga de Ei desde la infancia, como Yae. Aunque la mujer de largos cabellos rosados nunca había sido cercana a la primogénita Kujou, se respetaban mutuamente. No era un secreto que Sara estaba enamorada de Ei, pero se había mantenido alejada de la relación de Ei y Yae por respeto y amistad. Pero parece que aprovechó su oportunidad en cuanto Yae desapareció del mapa. ¿Nunca le han dicho que no se debe tener una relación con las parejas o ex parejas de tus amistades? ¡Sara, qué chica más mala!
—Parece que Ei no quiere meterse en el agua —le susurra, con una voz de sirena, su más reciente mejor amiga —. ¿No es esta una oportunidad perfecta?
Kokomi es perfecta. Su apariencia es delicada y dulce, como la de una muñeca. Su voz, angelical y cantarina, puede hechizar el oído de un amante como el canto de una bella sirena. Y, aunque suele tener buen corazón, se preocupa genuinamente por las personas que considera cercanas, no tiene una buena opinión de Sara. A Yae se le escapa el origen de la rivalidad de Kokomi y la primogénita Kujou, tampoco ha preguntado nunca, ni le importa. Todo lo que necesita saber de su mejor amiga ya lo sabe.
—Es justo lo que necesitábamos —dice Yae con una sonrisa misteriosa —. ¿Vas a unirte o prefieres jugar en el agua?
—Mis deseos de jugar están lejos del agua, más cercanos a cierta persona.
—Entonces, parece que este día va a ser muy divertido.
La delicada mano de Yae se posa sobre su boca, ocultando una sonrisa que bien podría delatar los pensamientos que pasan por su mente.
Sucede que, a espaldas de Sara, Yae y Kokomi han estado follándose a su esposa, Raiden Ei, constantemente. No fue fácil seducirla, pero entre las dos, consiguieron que Ei accediera a probar las delicias del pecado. La mente maquiavélica de Yae y la suave seducción de Kokomi atraviesan las defensas de cualquier mujer, incluso una tan recta y disciplinada como Ei. Y, una vez la imponente mujer cayó en sus redes, no pudo salir. Han sido meses, y meses, de sexo intenso y sucio a espaldas de Kujou Sara.
Hasta el día en que su esposa lo descubra. Si es que ese día llega.
..........
Con Sara alejada de Ei, en el agua, distraída por los juegos de Lumine y Yoimiya, las dos seductoras mujeres se acercan a su amante secreta con sus caderas moviéndose de lado a lado, seguras de sí mismas. La mujer de largos cabellos lilas permanece tumbada en la sombra, sobre una toalla de gran tamaño, y gafas de sol sobre su rostro que dejan ocultos sus ojos y dónde está mirando exactamente. Aunque sus dos amantes la conocen lo suficientemente bien como para sospechar qué mira Ei.
(Raiden Ei ha mostrado ser una amante de sus muslos muy ambiciosa. Morderlos, follarlos, besarlos, marcarlos. No hay nada que no le haya hecho a esos dos pares de muslos).
Con suavidad y un rostro amable, Yae se arrodilla a su lado y posa su mano sobre el hombro.
—Ei, ¿te pusiste crema solar?
—Alcancé a ponerme un poco —responde Ei, subiendo sus gafas de sol a lo alto de la cabeza —. ¿Vosotras?
—Aun estamos vestidas, querida. Íbamos a ponernos la crema ahora.
—Hemos estado distraídas ayudando a Lumine —añade Kokomi, arrodillándose al otro lado de Ei —. Lindo bañador, por cierto. Se ve bien en ti.
Por supuesto que se le verá bien. A una mujer como Raiden Ei, todo le queda bien. Su cuerpo es perfecto, bien proporcionado, de pechos grandes, muslos prominentes y curvas preciosas. La escasa tela del bañador, que nada deja a la imaginación, no solo enmarca muy bien sus grandes pechos, sino también la polla que oculta entre sus piernas y que tanto han saboreado las dos mujeres.
—Gracias —murmura, con seriedad, la mujer, aunque se escapa un toque suave de dulzura en el tono de su voz —. Vosotras estáis muy hermosas, aunque... —Duda por unos segundos —. Aunque, me gustaría veros con vuestros respectivos bañadores.
Yae ríe.
—Bueno, eso tiene una solución, ¿verdad, Kokomi?
La mujer con voz de sirena asiente.
—Yae, vamos a desnudarnos.
Kokomi echa un vistazo hacia el agua, donde Sara, de espaldas a ellas, parece observar como Ayaka y Kirara tienen una batalla de agua. Viendo que es territorio seguro, se pone en pie al mismo tiempo que Yae y le da la espalda a Ei. Dirige sus manos a la tela fina de su top azul, el cual estaba abrazando bien sus pequeños pechos y sus delicadas curvas, y se lo quita lentamente. Sabe que deja a la vista una marca roja en su espalda, resistente a marcharse de la última sesión de sexo que tuvo con Ei, hace pocos días. Por el suspiro de la mujer al verla, debe haber recordado el momento exacto en que la hizo. Motivada por la pasión del momento, con su polla follando intensamente a Kokomi sobre la cama de matrimonio que comparte con su esposa, atacó su espalda a traición.
Seguidamente, Yae, quién ha contenido una risa traviesa, agacha su torso hacia delante, dejando su culo al aire. La tela de su corto vestido no es suficiente para cubrir el secreto entre sus piernas en esta posición. Si la ropa que cubre su vagina fuera la habitual, se podría ver una mancha pequeña que revela lo excitada que está sin haberla tocado nadie. El solo pensamiento de lo que van a hacer la mantiene con el deseo en alto. Pero la tela del bañador es más gruesa. Sin embargo, se pega bien a su cuerpo, dejando la silueta de su entrepierna a la vista. Sus manos agarran el final del vestido y, mientras vuelve a incorporarse, lo eleva hasta quitárselo. Contrario a Kokomi, su cuerpo permanece intacto, sin marcas a la vista, pues hace más tiempo desde la última vez que pudo estar con Ei.
Girándose para ver a Ei, se encuentra con sus ojos ardientes observándolas con lujuria. La tela del bañador, de un color púrpura brillante, no oculta como despierta la erección entre sus piernas.
—¿Te gusta lo que ves, Ei?
—Sois hermosas...
Yae camina hasta posarse delante de su mejor amiga. Abraza a Kokomi, pero mientras la chica pasa sus brazos encima de sus hombros, las manos de Yae se dirigen a su culo, apretando sus dos pequeñas nalgas con las manos. Los ojos ardientes de Ei se posan en esas manos, observando como aprietan, separan y nalguean encima de la tela del pantalón. El jadeo de Kokomi es la cereza sobre el pastel.
—Yae... —Kokomi suspira.
—Es hora de quitar esta cosa.
Sus manos agarran la tela y bajan, poco a poco, el ajustado pantalón, mostrando el estrecho y pequeño bañador que no deja nada a la imaginación y deja ver muy bien su culo. El pantalón queda arrugado sobre la arena, olvidado.
Ei contiene la respiración. Justo cuando Yae podría continuar, se separa, dejando a Ei con ganas de más. Incluso si debería ser Kokomi la molesta por quedarse sin más, es Ei quién expresa molestia con la mirada.
—No seas impaciente, Ei —murmura, traviesamente, la empresaria —. Tenemos tiempo para todo. Pero, primero, debemos ponernos la crema solar, ¿verdad? No sería bueno que nos quemáramos al sol por impacientes.
—Estamos en la sombra.
—Ahora, estamos en la sombra —dice Kokomi —. Quién sabe dónde estaremos después.
—No sería prudente que hiciéramos algo ahora... —Ei mira hacia otro lado, evitando la tentación de esos cuerpos divinos que tan hechizada la tienen —. Mi esposa... Ella me buscará si no me ve. Un pequeño espectáculo no es un problema, pero algo más... Ella se dará cuenta.
Por supuesto, Ei ha estado muy dispuesta a ver a Yae y Kokomi tocarse. Si hubiera continuado, como están lejos de la orilla, Ei podría salvarse. Después de todo, las dos mujeres estaban de pie y ella tumbada. Sara no podría verla mientras observara a sus dos amantes secretas tocarse. Pero, Ei no quiere participar. O, mejor dicho, no es que no quiera, es que no cree poder hacerlo, a pesar de lo mucho que duela su polla por follarlas.
Qué dilema...
—Está bien, Ei. —Kokomi posa su suave mano sobre la espalda de su amante —. Mejor ayúdame a ponerme la crema en la espalda.
La mujer de largos cabellos lilas no ve como Yae y Kokomi se observan. Sus ojos brillan con lujuria y malicia. Ellas tienen un plan y, por ahora, está siendo un éxito.
Mientras Yae le pasa la crema a Ei, Kokomi toma asiento entre las piernas de la mujer. Sin embargo, a propósito y maliciosamente, queda sentada sobre el regazo, apretando su polla y calentándola con su entrepierna. El cuerpo entero de Ei tiembla ante el roce, la ola de placer que la hace estremecerse. No la aparta, pero tampoco corresponde nada. Se limita a poner crema sobre su mano y pasarla por la espalda de Kokomi.
Yae vuelve a mirar hacia el mar, solo un par de segundos. Sara sigue sin mirar, todavía hablando con Lumine. Es raro que no haya mirado a su esposa en todo este tiempo, tanto que Yae se extraña. Aunque Sara no sabe ni sospecha nada en absoluto sobre la relación extramatrimonial de su esposa, se ha mantenido en guardia cuando Yae está cerca de Ei. No es solo que Yae sea la ex novia de Ei, es que, además, es muy evidente la tensión sexual constante entre ambas y lo fascinada que Raiden Ei quedó al ver a su ex novia por primera vez tras tantos años.
Por otro lado, nunca ha sospechado de Kokomi, y Yae no lo comprende. Sumado a la rivalidad entre las dos mujeres, Kokomi no ha sido disimulada en sus miradas interesadas hacia Ei. Aunque, claro, nunca hizo un movimiento hasta que se hizo amiga de Yae y ella la convenció.
(Quizás, Yae esté un poco enamorada de Kokomi, tanto como su amor por Ei nunca ha muerto).
Cuando vuelve a mirar a las dos mujeres, se ve obligada a tapar delicadamente su boca nuevamente para no reír. La expresión de Ei es más lujuriosa que antes, su respiración superficial y sus ojos se nublan en la necesidad del sexo. Aun así, aunque sus movimientos son rectos y tensos, sigue pasando crema por el cuerpo de Kokomi. Excepto que no es la espalda lo que está cubriendo, sino el estómago plano de la mujer sobre su regazo. Los lentos, suaves y calculados movimientos de cadera de la mujer con voz de sirena, rozando estratégicamente su coño contra la erección, deben ser el motivo de la distracción de Ei.
Ei siempre suele resistirse al principio, por pura cortesía a su matrimonio y el amor que aun alberga por Sara. Pero no es un secreto que, en el fondo, siempre está deseando estar con ellas y que dicha resistencia es teatro.
La empresaria aprieta sus muslos. ¡Es tan excitante verlas rozarse! ¡Dos mujeres hermosas, las más bellas de la ciudad, dándose placer delante de ella! ¿Es esto el paraíso?
Caminando hacia ambas, sus dedos, adornados con uñas acrílicas rojas, tocan la barbilla de Kokomi, obligándola a mirarla. Las manos de Ei suben, temblorosamente, hasta poner crema sobre los pechos de la chica, debajo del bañador. La yema de sus dedos roza sus pezones erectos, aprieta por instinto y Kokomi jadea. No puede evitar apretar sus muslos y ver sus caderas temblar de excitación sobre la polla de Ei, estimulándolas a ambas.
—Qué belleza... —susurra Yae, maravillada con la expresión lujuriosa de las dos mujeres —. Soy tan afortunada de poder veros así.
—No debería... —Ei aparta sus manos, jadeando —. Ya te puse crema... Deberías retirarte, por favor... No deberíamos hacer esto...
En contra de su deseo (y del de Ei, a pesar de lo que ha dicho), Kokomi se pone en pie, temblando, recibida por un abrazo cálido de Yae. Ésta la envuelve y la besa apasionadamente, metiendo su lengua dentro de su boca ante los ojos expectantes de la amante que comparten. Una de sus manos baja por su espalda, aterrizando nuevamente en su culo. Acaricia finamente una de sus nalgas, mete los dedos bajo la tela del bañador rosado y acaricia los pliegues húmedos y sensibles. Se traga sus gemidos de placer, contiene sus temblores y le da placer con los dos únicos dedos que, contrario a tener uñas acrílicas, se mantienen con uñas más cortas.
—Te toca a ti... —susurra Kokomi contra su boca.
—Me pregunto quién querrá ponerme la crema en mi espalda... Mi querida Ei o mi dulce Kokomi.
—Déjame vigilar.
Yae sonríe.
—Qué chica tan buena. —Yae le da un beso más corto antes de separarse, retirando sus dedos, ahora mojados, de su coño. Los eleva hasta su boca y chupa —. Y qué deliciosa eres. Mm, nunca podré cansarme de este sabor.
Dicho esto, la mujer de cabellos rosados camina hacia Ei, dejando atrás a una Kokomi que bien podría marearse de la lujuria.
—Eres peligrosa —dice Ei, mirándola con tensión.
—Lo sabes desde siempre. No es una sorpresa.
—Qué me hiciste... —Ei suspira —. Soy incapaz de resistirme a vosotras. No importa lo que me diga la parte lógica de mi cerebro, cuánto me recuerde los votos de fidelidad a mi matrimonio... desde que apareciste, desde que la vi por primera vez... No he dejado de pensar en vosotras. Y todo ha ido a peor desde aquella noche, cuando las dos me sedujisteis.
—Pero, Ei... —Yae se agacha y, sin vergüenza alguna, se sienta sobre Ei, mirándola a los ojos y abrazando sus hombros —. Suficiente rectitud tienes en tu vida. Solo se vive una vez, ¿verdad? Entonces, aprovecha el momento y date a ti misma un poco de diversión.
—No deberías haberte ido... —Ei susurra contra su boca —. Entonces... Tú y yo...
Yae sonríe. Ese deseo, que proviene del corazón, significa que todo va por un buen camino. Lentamente, Ei se olvida de su esposa y anhela, no solo a Yae, sino a Kokomi. Las anhela en el día a día, emocionalmente, físicamente. Pero, sobre todo, el lazo con Yae es más fuerte, pues el recuerdo de las vivencias del pasado flota en el aire constantemente, recordándoles a todos que alguna vez se amaron intensamente y que todo terminó, no por falta de amor, sino por una decisión de Yae por el bien de su futuro laboral.
Las caderas de Yae se mueven sobre el regazo de Ei, retomando el trabajo que había estado haciendo su mejor amiga. La mujer bajo su cuerpo cierra los ojos, temblorosa, resistiendo una vez más a follarlas ahí mismo. A pesar de que su polla está completamente dura, goteando por la necesidad, intenta mantenerse recta y fiel a un matrimonio que ya ha traicionado incontables veces antes.
Sus manos, por otro lado, echan crema sobre la espalda de la mujer de pelo rosado, sobre sus hombros, brazos, muslos. Como con Kokomi, echa crema en todas partes, y no se resiste al beso que Yae pide.
Es demasiado para su cerebro. Incluso una mujer con tanta fuerza de voluntad, cede cuando son dos diosas las que la seducen. Ei hace del beso algo más intenso, su lengua dominando sobre Yae, quién jadea de felicidad y se abraza más fuerte a ella. Ei limpia de sus manos los restos de crema, torpemente sobre la toalla, y agarra el culo de la mujer sobre su regazo, siendo ella ahora quién la mueve al ritmo que desea. Cuando sus bocas se separan, Ei mira fijamente a Kokomi, quién ya no vigila a Sara, sino que las observa con deseo, lujuria y el rostro enrojecido.
Las dos, son tan hermosas...
¿Donde está su esposa? Sus manos tiemblan mientras retiran la parte inferior del bañador de Ei, dejando la tela apartada sobre al toalla. Sara está en el agua, su brazo retenido por Lumine, quién la está arrastrando más profundamente, con Yoimiya. Se alejan tanto, al otro extremo de la playa privada, que es difícil verlas, incluso forzando la vista.
¿Está Lumine alejándola a propósito? No importa. Si Sara está demasiado lejos para observarlas, e incluso oírlas gemir y gritar, entonces tiene campo libre para hacer lo que quiera con sus dos amantes extramatrimoniales.
Perfecto.
—Ven aquí —Ei ordena a Kokomi. Su polla palpita cuando ve a la chica temblar ante la orden. Puede que, en el día a día, Kokomi sea jefa y una líder excepcional, pero en la cama, ama cuando la manipulan y le quitan todo el poder —. Desnúdate y siéntate sobre mi cara.
—¡Sí!
Yae ríe.
—Mira, por fin cedió a sus deseos.
—Es vuestra culpa. —Ei las acusa con el ceño fruncido —. No habéis parado hasta conseguirlo. Siempre es lo mismo. ¿Tanto queréis que os folle? Entonces, eso es lo que vais a obtener. —Dicho eso, puntualiza su punto dándole una palmada en el culo a Yae, quién jadea.
—¡En el fondo lo estabas deseando tanto como nosotras!
—No hace falta que finjas —susurra Kokomi mientras se deshace del bañador —. Somos conscientes de tu deseo por nosotras. Aquí, no tienes que mantener la fachada.
Sabe que no tiene por qué hacerlo. Es solo costumbre y la rectitud a la que está acostumbrada. Es extraño para ella dejarse llevar tanto por sus deseos más obscenos. Solía hacerlo, en el pasado, cuando su relación con Yae era floreciente y próspera. Su ex novia siempre ha sido jovial y extrovertida, una contraposición a la personalidad más cerrada e introvertida de Ei. Perfectas la una para la otra, Ei siempre acababa dejándose llevar por los deseos de Yae y lo disfrutaba. Pero todo aquello se acabó con el final de la relación y no volvió con Sara.
Su matrimonio ha sido estable, pero aburrido. Monótono. Siendo Kokomi y Yae, pues, una luz, aire fresco y el recuerdo de días pasados, cuando la pasión dominaba sus días de juventud.
Raiden Ei se acomoda sobre la toalla, apartando a Yae de su regazo. Aunque la chica se mueve de buena gana, lamiendo sus labios, pues sabe cuál es su próximo objetivo. Mientras ella saca la prominente polla erecta de Ei del bañador, Ei se tumba bocarriba, recibiendo impaciente a Kokomi. Sus manos sujetan sus muslos, poniéndolos a cada lado de su cabeza. Los acaricia, sus uñas apretando suavemente su piel blanca, y sube lentamente hasta posarse en sus caderas. Entonces, la obliga a bajar, sentándola en su cara.
Las relaciones anteriores de Kokomi la habían acostumbrado a ser delicada con esta posición, sentarse suavemente y posicionarse de tal manera que no asfixiara a la mujer bajo su cuerpo. Pero a Ei le gusta más duro; la sensación de sentir que se asfixia entre los muslos de una mujer hermosa, recibiendo sus fluidos en la cara todo el tiempo mientras le da placer con la boca. Entonces, aunque la joven se posa delicadamente, Ei la obliga a bajar más, hasta tener su coño mojado posado sobre su boca y nariz.
—Ei... —Kokomi suspira.
La chica de voz melódica entrecierra sus ojos azules y mueve sus caderas. Siente la lengua cálida de Ei sobre sus pliegues mojados, haciéndose hueco entre lamidas. Sus labios besan sobre el clítoris, chupa y vuelve a besar. El cuerpo completo de Kokomi se siente tembloroso por el placer, sus gemidos salen altos, sin contenerse ahora que Sara está demasiado lejos para oírlas. Aunque, de estar cerca, es posible que no pudiera contenerse lo suficiente.
Por otro lado, mientras observa la maravillosa escena sexual delante de ella, Yae acaricia la polla de Ei con sus dos manos mojadas con su propia saliva y las gotas de semen que han estado saliendo constantemente contra la voluntad de Ei. Sus dedos envueltos alrededor, sus manos subiendo y bajando a un ritmo suave, contante, sin prisa. No quiere que su ex novia se corra tan rápido. Tienen tiempo, ella supone; y, si no lo tienen, nunca es tarde para que Sara vea de una vez por todas que Ei ya no la desea.
Kokomi preferiría no ser vista por la esposa de Ei, pero Yae... los pensamientos intrusos de la mujer de cabellos rosados son peligrosos.
Tiene material. Fotos, vídeos. Los tiene por el placer de tenerlos, para sí misma, y disfrutarlos en la privacidad de su hogar. Ei se deja fotografiar y grabar porque no es muy consciente de lo que Yae podría hacer con eso. No se lleva bien con las nuevas tecnologías. Aunque, Yae no tiene planes de hacer nada. Pero podría, y lo ha pensado. Un mensaje, una fotografía, un vídeo comprometedor; solo eso es suficiente para romper definitivamente este matrimonio aburrido.
Si no fuera porque Ei se molestaría...
Sonriente, baja la cabeza y posa sus labios sobre la punta goteante. Da un suave beso sobre ésta y chupa suavemente. Su lengua la rodea, baja por toda la extensión y vuelve a subir. Las caderas de Ei tiemblan y embisten hacia arriba, suplicando silenciosamente a su amante que la deje follar su garganta. Es bueno que Yae no tenga reflejo nauseabundo, pues Ei puede permitirse todo tipo de fantasías con esa boca y esa garganta sin límites.
Kokomi tiene otros talentos. Es buena con las manos, masajeando el cuerpo y la polla de Ei como nadie más lo ha hecho, ni siquiera Yae. También es buena usando los pies. Dónde, cuando y con quién diablos aprendió a usarlos de esa manera es todo un misterio, pero cuando los usa para masturbarla, Ei enloquece. Kokomi también sabe usarlos para masturbar a Yae, tocando en los lugares adecuados con la intensidad necesaria, dándole placer en lugares públicos bajo la mesa solo con su pie desnudo y una habilidad extraordinaria.
Finalmente, Yae cumple con el deseo de Ei y mete la punta de su erección en su boca. Chupa intensamente, se retira, lame y vuelve a chupar, esta vez hasta tener toda la extensión dentro de la calidez de su garganta.
El gemido grave de Ei, contra el coño de Kokomi, hace que la joven mujer sobre su rostro tiemble y solloce.
Es difícil concentrarse en darle placer a Kokomi cuando su mente se siente débil gracias a Yae, pero hace su mejor esfuerzo. Ei aprieta sus manos contra las caderas de la mujer y chupa su clítoris con más intensidad que antes. De lejos escucha las risas de las chicas que también han venido de vacaciones a la playa privada de Lumine. Cree oír a Sara reírse, muy lejos. Podría estar lo suficientemente cercana a ellas para darse cuenta de lo que sucede si mirara hacia su esposa. Incluso de lejos, a esa distancia, debería intuirlo.
Aunque Ei debería detenerse ante la sola idea de ser descubierta, sus caderas embisten con más fuerza la garganta de Yae y su boca chupa intensamente el coño de Kokomi. Los gemidos de la joven con voz de sirena se hacen más altos, a pesar de tapar su boca con una mano, y el temblor de su cuerpo más errático. Dos dedos entran en ella, llevándola a la cúspide del placer en poco tiempo. Se corre sobre el rostro de Ei, con un sollozo agudo; pero Ei traga todo lo que ella le da, todos sus fluidos, como una mujer sedienta en el desierto.
—¡Ei!
El cuerpo de Kokomi se tambalea, yendo hacia delante. Sus manos aterrizan sobre la toalla, su rostro cerca de la polla chupada por Yae. Sus caderas aun embisten contra la boca de Ei, sintiendo las réplicas del orgasmo y los labios de Ei que no la abandonan y alargan en placer hasta sentirse demasiado.
—¡Espera! ¡Otro! ¡Otro más...!
Los ojos de la joven mujer derraman una lágrima ante la intensidad y un segundo orgasmo la azota con más fuerza. Su piel suda, su coño se siente más mojado que nunca y su corazón parece latir enloquecido.
Solo entonces, ella encuentra fuerzas para apartarse y tumbarse, bocarriba, sobre la toalla de al lado. Necesita aire, solo unos segundos, o será demasiado.
Ei aprovecha ese momento para dirigir su mano sobre los cabellos desordenados de Yae, retirándola de su polla. La boca, manchada por la semilla de Ei y su propia saliva, permanece entreabierta, tentando a su ex novia.
—Mírate, qué sucia estás...
—Me pregunto gracias a quién —dice Yae entre risas.
—Ven aquí.
Se organizan hasta quedar en otra posición. Con Yae tumbada bocarriba, sus piernas abiertas y elevadas y sus manos sujetando sus propios pechos son una invitación clara. Ei no tarda en colocarse entre sus muslos, sujetando su polla humedecida, y embiste contra ella. Entra con crudeza, sin ningún tipo de resistencia, recibida por la calidez del interior de su ex novia y sus estrechas paredes que la aprisionan tan dulcemente.
Se siente tan bien...
Ei necesita cerrar sus ojos y calmar sus pensamientos. Si se deja llevar demasiado, durará poco. Aunque es inevitable perder el control cuando se trata de Yae o Kokomi. Sean los recuerdos del pasado, la seducción que mantienen sobre ella, su belleza o cualquier otra cosa, Ei siempre pierde el control en algún momento.
Pero, se siente tan bien...
Ei abraza el cuerpo de Yae, los pechos de ambas apretados y golpeándose con las embestidas. Las piernas de Yae envuelven sus caderas, apretándola más contra su cuerpo. Incluso si Ei quisiera separarse, no podría. No son solo las piernas la que la retienen. Es el beso intenso que se dan mientras follan, el obsceno sonido de sus caderas chocar contra la parte interna de los muslos de Yae, sus testículos chocando contra su hermoso y redondo trasero, los brazos que envuelven sus hombros y el sonido de sus gemidos.
Debería sentirse culpable. Está follándose a su ex novia, cuando su esposa está en esta misma playa. También debería sentirse culpable cuando tiene sexo con Sara y cierra los ojos, imaginando a Yae o Kokomi.
No lo hace.
En realidad, hace tiempo dejó de lamentarlo.
Kokomi las observa, masturbándose sin pudor al lado. Podría unirse, nunca se excluyen cuando están las tres, pero, en ocasiones, observar también es bueno. Cuando no hay celos, quedarse atrás puede proporcionar otro tipo de placer. Así que, mete sus dedos en su coño mientras observa a Yae gemir incoherentemente, a Ei moverse más salvajemente con el paso de los minutos, el sudor en sus cuerpos cada vez más evidente y el clímax cerca.
Ei misma siente que falta poco. Poniéndose de rodillas, eleva su cuerpo y la penetra más profundamente. Dirige una mano al clítoris de Yae, ayudándola a correrse con apenas unas pocas caricias. La mujer bajo su cuerpo se retuerce, sus ojos se entrecierran y grita. Yae solloza, apenas sin voz, aprieta la toalla hasta arrugarla más de lo que está y maldice. ¡Se siente tan bien!
Un par de embestidas más, Ei se corre dentro, vaciándose contra el útero de su amante a pesar de saber los peligros y los riesgos de hacerlo.
Un bebé de Yae... O de Kokomi... ¿Por qué eso la pone tan caliente? ¿Por qué la excita más?
Las dos mujeres jadean, separándose, y aterrizando sobre la desordenada toalla, sucia por los fluidos. Aun así, no hay descanso. Kokomi se posa sobre Ei y la besa. Ambas mujeres se abrazan, entre besos y caricias. Aunque Yae no tarda en unirse. En algún momento, las tres mujeres se retuercen entre caricias, besos y toques en sus partes íntimas. Cuellos, pechos, entre las piernas. Nada queda sin ser estimulado.
Tras varios minutos así, y con Ei erecta nuevamente, Kokomi les da la espalda y se pone de rodillas, con sus codos sobre la toalla y el culo elevado hacia la erección. Sus ojos nublados, con manchas de rastros de lágrimas, miran hacia el agua, donde Sara vuelve a ser distraída por Lumine. Es un milagro que no haya descubierto nada.
La mujer de cabellos lilas se alinea tras ella, masturbándose suavemente, y entra en su coño lentamente. Con la mitad de su eje duro dentro, sus manos se apartan de su polla y aterrizan sobre las caderas de Kokomi, acercándola más a ella hasta estar enterrada profundamente en su interior. Ambas gimen, se dan un momento, unos pocos segundos, antes de que Ei mueva sus caderas hacia atrás y hacia delante lentamente.
Aunque, por ahora, el ritmo es pausado, Ei se asegura de enterrar bien su erección y darle placer constante a una sollozante Kokomi que, de rodillas y con la espalda curvándose, tiembla y gime su nombre.
Ei sube una mano por su espalda, acaricia su delicada piel y aterriza en su cuello. Marca, sin dañarla, para dejarla quieta, y la folla más rápido. Sus ojos observan, sin embargo, a Yae masturbarse, manteniéndose apartada para disfrutar de la vista única de ver a Kokomi perder completamente la coherencia de sí misma y deshacerse en un mar de gemidos.
Es así como continúan por un rato, con Ei follando el coño de Kokomi mientras observa los largos dedos de Yae enterrarse en su propia vagina. Aunque, Yae no tiene la paciencia y el deseo tan fuerte de observar y quedarse atrás como su mejor amiga. Más pronto que tarde, se mueve y se une, asegurándose de que su entrepierna quede al alcance de Kokomi para que chupe y le de placer con su boca mientras Ei la folla por detrás.
Es ahora cuando Yae se permite el lujo de mirar hacia delante. Su mirada perdida se fija en su esposa. A la lejanía, Sara parece insistir en ir hacia Ei. Todavía les da la espalda, sin saber que su amada esposa tiene su polla enterrada en Kokomi. Lumine la detiene, con alguna excusa. Incluso a Sara debería parecerle sospechosa la insistencia de la rubia. Ei no entiende por qué Lumine se pone de su parte, o si solo quiere evitar que Sara salga dañada emocionalmente.
Algo se asienta en su estómago. No es negativo. No es culpa. Es nervios, emoción, una sensación de adrenalina que la lleva a follar salvajemente a Kokomi. La mano sobre el cuello de mueve hasta los cabellos rosados de la joven, enterrando su rostro contra el coño de Yae. Sus dos amantes gimen, temblorosas. Yae se corre con fuerza, gritando demasiado alto, temblando y agotada.
Un poco más... solo un poco más...
Sudorosa, Ei descarga su semilla en Kokomi. Siempre ha usado protección con Sara, pero con Yae y Kokomi... los arrebatos de placer en lugares escondidos las acostumbraron a no tener a mano un preservativo. Se ha vuelto normal correrse dentro, descargar su esencia en ellas como si deseara darles un bebé.
Sus últimas embestidas y la sensación del semen cálido y pegajoso de Ei le dan a Kokomi lo que necesitaba para tener su último orgasmo, ahogándose contra la vagina de Yae y entremezclando sus lágrimas con la humedad entre sus piernas.
Solo cuando Ei se retira, Kokomi se aparta y cae, agotada, sobre la toalla.
Yae ríe.
—Fue... Oh, Ei, Kokomi... Fue increíble.
—Sara va a venir —dice Ei —. Marchaos ahora. Corred.
Yae y Kokomi, jadeantes, miran hacia Sara, viendo lo mismo que ha visto Ei. Aunque Kokomi parece tener más prisa que su mejor amiga, se ponen rápidamente el bañador y desaparecen, corriendo por la arena.
Qué escusa le dirá Ei a su esposa cuando la vea tan sudorosa, con la toalla llena de semen y otros fluidos...
Bueno, todo dependerá de la credulidad de Sara y cuánto desee creerse la escusa barata de su esposa. Cuánto desee engañarse a sí misma.
