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Born to Make You Happy

Summary:

Apretó los puños al recordar la noche anterior y se sintió como una vulgar prostituta, ¿a eso se vería reducido? ¿A intercambiar sus favores para poder ver sus peticiones cumplidas?
Lucerys había guardado su secreto con ayuda de su familia y ahora Aemond lo ha descubierto.

Notes:

Saludos amistades, les traigo una historia corta, (otra), espero les guste.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: I Wanna Be Yours

Summary:

Lucerys había guardo un secreto con ayuda de su familia, Aemond lo descubre.

Chapter Text

I. I Wanna Be Yours

 

 

Sabía que la corte murmuraba sobre ellos, aún más después de que Aegon secuestrará a Jacaerys, todos culpaban a su hermano de la huida del príncipe heredero, ‘lo embrujo con sus trucos de bastardo’, ‘todos saben que no hay omegas más lujuriosos que los bastardos’.

Bastardos.

Solían decirles esa palabra a sus espaldas, pero últimamente lo decían frente a ellos, cubriendo apenas sus labios bajo finos pañuelos, mirándolo con desprecio a él y a Joffrey, al menos Aegon y Viserys estaban a salvo de las venenosas lenguas de la corte.

Su corazón se contrajo al pensar en sus pequeños hermanos, eran demasiado jóvenes para darse cuenta lo que pasaba, él hacía todo lo posible para mantenerlos felices, ambos habían comenzado a preguntar por muña y kepa.

Muña…

Sintió deseos de llorar al pensar en su madre, Rhaenyra había muerto en el parto de Visenya junto a su hija, Daemon le siguió poco después al perder a su alma gemela, con eso no había nadie que se pusiera en el camino de Aegon para reclamar el trono después de la muerte de su padre, el derecho a heredar de Jacaerys solo había sido sostenido y defendido por su madre y su padrastro, pero sin ellos nadie les mostró apoyo, salvo el Norte.

Nadie había esperado que Aegon al ver los deseos enfermizos de su abuelo decidiera no ser una marioneta, se robó a Jacaerys, amenazándolo con la vida de sus hermanos pequeños para que no pusiera resistencia. Los cuidadores de Pozodragón soltaron a Sunfyre y a Vermax, contaron más tarde que el príncipe Aegon nunca soltó el fuerte agarre que mantenía en la cintura del príncipe Jacaerys y lo obligó a montar con él, huyeron la madrugada del día de su coronación montados en el dragón del alfa mientras Vermax los seguía alegremente, feliz de poder estirar sus alas.

Desde entonces nadie sabía dónde estaban.

La decepción de Otto pronto se vio sanada cuando se dio cuenta que sería Aemond quién subiría al trono, claro que tuvieron que hacer arreglos mientras organizaba todo de nuevo, haciéndose nombrar ‘regente’ por su hija para defender los intereses de su heredero, ganándose el apoyo de varias casas importante diciendo que alguna de sus hijas podía ser elegida para ser la Reina Consorte.

Lucerys sabía que después de la coronación de su tío se le informaría finalmente sobre su destino y el de sus hermanos, esperaba que los dejaran regresar juntos a Driftmark o tal vez los exiliaran a Rocadragón, al menos podían conservar a sus dragones con ellos, pero todavía no les permitían verlos. Baela y Rhaena seguían con ellos en la Fortaleza, ellas si volverían a Driftmark después de la coronación, se había pactado el compromiso de Baela y Helaena para apaciguar a los Velaryon por el rapto de Jacaerys, si él hubiera sido alfa su compromiso con Rhaena sería posible.

Tal vez pactarían un matrimonio para él también, su corazón se contrajo al mirar a sus hermanos jugando en el pasto con sus dragones de madera, si eso pasaba tal vez podía convencer a su futuro esposo de tener a ambos como pupilos o tal vez solo a uno de ellos.

Escuchó pasos y pronto su hermano Joffrey se unió a ellos, él apenas había dejado de ser un niño y temía por su futuro también, aun así intentaba mostrarse animado, le sonrió y a pesar de no ser apropiado se sentó a jugar con los pequeños, Elinda lo seguía, se saludaron con un asentimiento.

 

-Hace un día muy hermoso hoy, que bueno que salieron al jardín. -Dijo con una sonrisa.

-Escuché que los abuelos llegaran pronto, la delicada salud del abuelo le permitió viajar al fin, -comentó Joffrey- la abuela está tan preocupada que insistió en viajar en el barco junto a él.

- ¿En serio? Espero que Meleys no se moleste mucho.

 

Continuaron hablando, pronto una criada les llevó pastelillos de miel y de moras, un poco de fruta, además de jugo para que pudieran comer algo, les repartió pasteles a los pequeños y después Lucerys intentó concentrarse en su bordado, eso lo calmaba, estaba bordando dragones en una de las camisas de dormir de Viserys, justo entonces escuchó su llanto y dejo todo para correr a él.

 

-Tranquilo querido, ¿qué sucedió? -Preguntó preocupado.

-Fueron las hormigas, mira, no nos dimos cuenta que estaban tan cerca, seguro el olor de los dulces las llamó.

 

Contestó Joffrey mientras sacudía a los pequeños bichos de su ropa y Elinda cuidaba de Aegon, Lucerys besó con amor las manitas de Viserys y lo cargo para calmarlo un poco, para ninguno de sus hermanos era secreto que tenía un apego especial por el menor de sus hermanos, lo que a veces ponía un poco celoso a Aegon.

 

-Tranquilo, todo está bien, hay que ir con el maestre a pedirle algo para las picaduras, -dijo preocupado- si se rasca podría hacerse daño.

-Yo puedo hacerlo mi príncipe.

-No, no te preocupes, yo lo llevaré. Vamos Joff.

-A nosotros no nos picaron, -dijo Joffrey tomando un vaso de jugo- ¿no es algo exagerado? Solo son picaduras de hormigas.

-Es que…

-Anda ve, sino no estarás tranquilo, -le sonrió- te veremos en la cena.

 

Sonrió y salió cargando en brazos a Viserys que tenía la carita roja por el llanto. Fue seguido por Ser Erryk que permanecía como cuidador de los hijos de la princesa, mientras caminaban iba señalándole objetos al pequeño para distraerlo y que dejara de rascarse.

Iban dando la vuelta a uno de los pasillos cuando se toparon de frente con el futuro rey, su tío Aemond Targaryen, casi tropezaron, pero logró detenerse a tiempo.

 

-Lo siento príncipe, -dijo suavemente con la cabeza gacha- si me disculpa.

-Tu falta de modales no es una sorpresa, -dijo con burla- pero harías bien en recordar que de ahora en adelante debes referirte a mi como Majestad de acuerdo a mi título.

-Que yo sepa aún no ha sido nombrado Rey, mi príncipe, tenemos el mismo rango. -Contestó altivo, con la cabeza en alto.

 

Intentó rodear al alfa para seguir su camino, pero fue sujetado del brazo bruscamente, se aferró a Viserys que gruño bajito a su tío mientras Aemond se acercaba a él. Ser Erryk dio un paso, dispuesto a interrumpir aquello, pero fue rápidamente encarado por Ser Criston Cole.

 

-Que yo sepa solo uno de nosotros es un bastardo, -susurró en su oído- además de una ramera.

- ¡Basta! -Se soltó enojado con los ojos encendidos de furia. -No te permito insultarme y…

-Soy yo quién no te permito hablarme de esa manera. -Le sonrió de lado. -Debes portarte bien conmigo, en unos días tu futuro estará en mis manos.

 

Fue lo último que dijo con una sonrisa antes de irse dejándolo ahí en el pasillo, pálido y a punto de llorar, escuchó el carraspeó de Ser Erryk y le sonrió, siguieron su camino hasta llegar a los aposentos del maestre.

El anciano maestre Mellos continuaba sirviendo en la fortaleza, pero era ahora su ayudante, Orwyle, quién pronto tendría su puesto como Gran Maestre, reviso el brazo del pequeño y le dio un ungüento refrescante para combatir la picazón.

 

-Este tipo de picaduras no es grave, pero sí molesto, si no se tiene cuidado y se rascan pueden irritarse hasta llegar a tener una infección.

-Gracias maestre.

-Aplique hasta que los piquetes desaparezcan y no deje que los toque, le daré un tónico también para que lo apliquen durante su baño.

-Lo haré yo mismo. -Dijo Lucerys sonriente.

 

Salieron y se dirigieron a la guardería, en el camino pidió a una de las criadas que llevaran a Aegon para que pudieran bañarlo también, él se encargaba de atender a sus hermanos, a pesar de tener a Elinda para que lo hiciera, no se sentía tranquilo dejándolos solos.

La hora del baño era una de las favoritas de los pequeños, les gustaba el agua muy caliente, por lo que Luke o Joff se hacían cargo de bañarlos al ser de los pocos que aguantaban el agua a esas temperaturas, había sido su madre quién les enseño a bañarlos y Jace junto a Luke quienes se hicieron cargo cuando ella murió, pero desde el rapto de Jace era Luke quien los ayudaba, le gustaba ver cómo disfrutaban y jugaban con pequeños barcos de madera en la gran tina de cobre.

Después del baño Elinda vestía a Aegon mientras Lucerys atendía a Viserys, le gustaba frotar crema en la suave piel del bebé especialmente en la marca de nacimiento en su nuca, tenía la curiosa forma de una flama, o eso le gusta pensar que era, como la llama de una hoguera, elegir su ropa, peinarlo aunque no duraba mucho tiempo con el cabello en su lugar.

Esa noche cenaron en compañía de Baela y Rhaena, que solían pasar sus días acompañando a la princesa Helaena, estaban en su período de cortejo, ella pronto sería la esposa de Baela y Rhaena solía hacer de chaperona de su hermana junto con la septa que eligió la reina Alicent para vigilar a las princesas.

 

-Los abuelos llegarán pasado mañana si todo sale bien, dijo que traerán algunos barcos con telas para que Helaena pueda empezar a preparar su ajuar, -contó Baela emocionada- me ha dicho la abuela que también pedirá que le permitan visitar Driftmark, de esa manera podremos dejar todos juntos este horrible lugar.

-No es tan feo, -dijo Joffrey- pero yo extraño Rocadragón, me gustaría más regresa allá, además quiero ver a Tyraxes, me gustaría salir a volar.

-En una de sus cartas la abuela mencionó que podrían pactar un compromiso para ti, -Baela miró a Joffrey con una sonrisa- para Rhaena y Luke también.

- ¿No es muy pronto para Joff? -Preguntó Lucerys extrañado. -Bueno si se casará en unos años está bien.

 

Siguieron comentando sobre la próxima coronación de Aemond, habría una semana entera de festejos, lo habitual, un torneo, una cacería, banquetes todas las noches y un baile al final de la celebración en el que corría el rumor sobre el anuncio de su compromiso, varias familias importantes ya habían llegado a la Fortaleza con sus omegas en edad casadera para tentar al joven alfa.

 

~~~~~

 

Se despidieron y Lucerys pasó a la guardería para leerles un cuento a sus hermanos pequeños, lo acompañaba Rhaena a quien acompaño a su habitación, después se dirigió a la suya donde comenzó a quitarse su túnica, sus zapatos, estaba comenzando a aflojar los lazos de su corse cuando escuchó un ruido en la pared, volteó asustado para ver cómo el tapiz se movía dejando pasó a su tío.

Intentó volver a cubrirse y apenas iba a gritar para llamar a Ser Erryk cuando fue jalado bruscamente por Aemond.

 

-Si sabes lo que te conviene guardaras silencio. -Dijo en voz baja, tapando su boca.

 

Se removió incómodo hasta que Aemond lo soltó, recogió la túnica del piso intentando volver a vestirse, pero no pudo hacer mucho.

 

-No tienes que cubrirte, no hay nada de ti que no conozca sobrino.

 

Se sonrojo y soltó la túnica, Aemond tomó la daga que colgaba de su cinto, lo rodeo y cortó los lazos que sujetaban el corse, la prenda cayó al piso junto a la otra y Lucerys se estremeció al sentir la nariz del alfa recorrer sus hombros y sus manos rodeando su cintura. Se estremeció, no sabía si por el frío o la excitación, lo único que lo cubría ahora era su delgada camisa interior y las medias blancas sujetadas por listones en sus muslos.

 

-Has crecido muy bien Lucerys. -Dijo acariciando sus costados con suavidad.

-Basta, no es correcto…

-Pero si ya lo hicimos antes, no veo porque no podemos hacerlo de nuevo.

-Eso fue diferente y lo sabes, dijiste que mi deuda estaba saldada.

-Ah, sí, pero lo he pensado mejor y no creo que fuera suficiente una noche, después de todo yo perdí mi ojo por el resto de mi vida, debería hacer uso de tu hambriento agujero por el resto de la tuya. -Mordió suavemente su hombro mientras pellizcaba sus pezones, endureciéndolos. -Así estaríamos a mano.

-Te di mi primera vez, -reprochó- es lo más importante para un omega.

 

Su voz tembló al recordar aquella noche, cerró los ojos sintiendo el calor comenzar en su vientre y como su entrada empezaba a lubricar.

 

-Lo sé, pero decidí que quiero tener tu cuerpo cuando a mí me plazca.

-No…

 

Intentó negarse, pero no pudo hacerlo, después de todo el alfa era mayor que él y pudo someterlo fácilmente ayudándose con su aroma, tal como había dicho Luke, ellos ya habían compartido la cama hacía unos años. Se dio la vuelta y bajó la cabeza mientras sus manos comenzaban a buscar los broches del jubón de Aemond, quitándoselo y deshaciéndose de la camisa interior con rapidez.

El alfa rio en voz baja y de un tirón desgarro su camisa, cuando estuvo libre de su ropa lo alzó, haciendo que Lucerys le rodeara la cintura con las piernas, pudo sentir la pequeña erección del omega rozar contra su estómago, avanzo con él hasta la cama dónde lo deposito con cuidado, admirándolo.

Era todo tan diferente y al mismo tiempo era como si no hubieran pasado dos años desde la noche en que lo hizo suyo por primera vez.

Había crecido, su cuerpo había madurado también, sus caderas eran más pronunciadas, al igual que su cintura, recordó que casi no se distinguía entonces. Su trasero había ganado volumen, sus piernas eran más largas ahora que había alcanzado su altura definitiva, torneadas, sus muslos firmes.

Empezó dejando besos por su vientre, ignorando su erección que ya empezaba a gotear, subiendo hasta llegar a sus pezones, los recordaba un poco más claros y pequeños, sus pechos estaban un poco más abultados, acarició uno mientras su lengua atendía al otro, escuchando como el omega comenzaba a gemir dulcemente. Eso si lo recordaba, era exactamente como en sus sueños, los sueños que lo atormentaban la mayoría de las noches desde que poseyó a Lucerys.

Su dulce voz llamándolo deseoso y jadeante mientras le pedía más, sintió sus manos acariciar su espalda, arañando suavemente, sentía que no podía estar más duro, necesitaba estar dentro de él, quería que su interior se amoldara a su tamaño, que solo su semilla lo llenara.

Había intentado ignorarlo desde que regresó a la fortaleza para el funeral de su padre, pero no pudo resistirlo más. Los sueños donde lo hacía suyo se repetían todas las noches, con mayor nitidez, tanta que cuando despertaba estiraba la mano esperando sentir el cálido cuerpo junto al suyo y juraba que su dulce aroma a azahares permanecía en sus sábanas.

Se incorporó para quitar sus botas y sus pantalones, subió a la cama, arrodillándose después y acaricio las largas piernas de Lucerys cubiertas por sus medias blancas, hizo que las separará para poder descubrir por fin su intimidad.

Sintió que su verga se endurecía aún más al contemplar su agujerito que ya brillaba por el lubricante que soltaba, se tocó mientras lo miraba con deseo, su otra mano lo insto a separar más sus piernas, se hizo espacio entre estás, desato los listones para quitar la prenda jalándola, depositando besos a lo largo desde su muslo hasta el tobillo, haciendo lo mismo con la otra.

Después se acarició mientras disfrutaba de la vista, hasta que empezó a gotear y con firmeza rozó la cabeza de su verga con el fruncido agujerito, escuchó a Lucerys contener su respiración, entonces empezó a penetrarlo. Sabía que no estaba preparado para eso, pero no le importo, avanzó con firmeza sintiendo como el apretado interior del omega se estiraba y su lubricante salía mojando su verga, ayudando a la penetración. No paro hasta sentir que sus huevos chocaban contra las nalgas de Lucerys, lo miro, tenía los ojos cerrados y su boca entreabierta, se inclinó para besarlo y pronto su lengua también tomó posesión de ella.

Permaneció un momento sin moverse, disfrutando de las deliciosas contracciones del omega que se ajustaba a su tamaño, abrazando su verga, ordeñándola, cortó el beso cuando el aire les faltó, tomó uno de los muslos de Lucerys y lo separó, abriéndolo más, se incorporó para admirar su obra. Podía ver perfectamente como toda su longitud estaba dentro del cuerpo de su omega, salió un poco admirando el dulce lubricante brillar en la piel de su verga. 

Sonrió de lado y comenzó a moverse.

En un movimiento volvió a hundirse, enterrándose otra vez hasta la base, comenzó un movimiento que pronto fue seguido por Lucerys, sintió las manos suaves sujetar sus brazos, acariciarlos hasta llegar a sus hombros, lo sujeto de la cintura, haciendo que quedara sentado encima suyo, su verga llegando más profundo.

 

-Qybor… Es… mucho… -Comenzó a jadear, enterró sus uñas en los hombros de Aemond.

 

Se abrazaron con fuerza y continuaron moviéndose, era como si sus cuerpos se reconocieran, como si hubieran encontrado algo que les faltaba. Besos fueron depositados en su garganta, sus hombros, incluso sus pezones fueron alcanzados por la lengua ansiosa que parecía no poder decidirse dónde estar. Sentía como su erección se rozaba contra el vientre del alfa, en una fricción tan deliciosa que solo añadía más placer a su cuerpo.

Sus movimientos eran fuertes, a veces rápidos, a veces lentos, pronto el calor de sus cuerpos aumento haciendo que el sudor mojara sus pieles, haciendo que brillaran a la luz de las velas.

Las manos del alfa lo sujetaban con fuerza, sus dedos clavándose en sus caderas, era seguro que dejaría marcas en su suave piel. Unieron sus labios nuevamente, separándose cuando sintió que su orgasmo estaba cerca, Lucerys intentó sin éxito pedir que parara, rogarle que saliera de él, que no lo anudara como la primera vez, de verdad lo intentó.

Pero no pudo hacerlo.

Lo único que pudo hacer fue gemir y gritar de placer cuando su orgasmo llegó, provocando que el de Aemond siguiera, el alfa rugió de gusto al sentir el caliente interior de Lucerys apretándolo, con sus jugos bañando su verga. Se enterró tan profundo como pudo, sintiendo su nudo crecer, soltando su semilla en potentes descargas que estaba seguro llegarían directo al útero del omega, donde se plantaría para darle un cachorro. Lucerys sintió como la verga del alfa crecía aún más, estirándolo más de lo que recordaba en su primera vez, su semilla salió manchando sus pieles, gimió por el placer al sentir el nudo crecer, grande y perfecto, uniéndolos otra vez.

 

-Tan rico… -Susurro jadeante mientras se apretaba aún más. -Alfa…

 

Sus respiraciones estaban agitadas, Lucerys apoyo su cabeza en el hombro de Aemond, inhalando su aroma, cuero y madera, suspiró al sentir la nariz del alfa inhalar el suyo, el alfa se movió, acomodándolo con cuidado en la cama, seguían unidos, no dijeron nada, ninguno quería arruinar ese momento, solo disfrutar del placer que recorría sus cuerpos.

Cuando el nudo bajo Aemond salió de su cuerpo, descansaron un momento, acostados en la cama intentando recuperarse con las manos acariciando el cuerpo del otro. Volvió a tomarlo, esta vez igual que su primera vez, hizo que Lucerys se ofreciera a él, adoptando la posición sumisa, colocándose como una hembra que deseaba ser montada por su macho. Se acoplaron como animales, la recámara se llenó del sonido de sus cuerpos al chocar contra el otro, con el chapoteo de sus fluidos mezclados, el lubricante de Lucerys y las semillas de ambos.

El alfa había deslizado sus dedos por las nalgas del omega antes de penetrarlo, descubriendo su agujerito hinchado y brillante por su lubricante, su semilla escapando lentamente, no lo permitió, la tomo con sus dedos y volvió a meterla donde pertenecía, el interior de su omega.

Lo hicieron de nuevo, esta vez más lento, disfrutando de la sensación de volver a ser uno, gozó viendo como su verga se enterraba una y otra vez en su omega, viendo su agujero estirarse para abrazar su verga, adoraba esa vista, la espalda de Lucerys arqueándose de placer, como se acentuaba aún más su cintura y sus caderas se movían en un delicioso vaivén que aumentaba su placer.

 

-Dioses… tan apretado… Taobus

-Más… da-dame… más… Qybor… Alfa…

 

Aemond sujetó su cabello y lo hizo pegar su espalda a su pecho, mientras se movía con más fuerza y rapidez, Lucerys gimió dejándose llevar. Sintió una de las manos del alfa pellizcar y jalar sus pezones mientras la otra atendía su erección, susurró pidiendo más, rogando por su nudo como si nada más importara.

Cayeron rendidos después de su orgasmo compartido, se acomodaron para que su peso no cayera por completo sobre el más pequeño, Aemond acarició suavemente su vientre, sintiendo pequeñas líneas sobre la suave piel, el omega se tensó un poco, pero no dijo nada, estaba demasiado cansado. Cerró los ojos sintiendo que pequeños espasmos placenteros lo recorrían cuando sentía pulsar en su interior la verga del alfa, no sintió cuando abandonó su interior, estaba profundamente dormido.

Aemond permaneció en silencio, acariciando los costados del cuerpo de Lucerys, acariciando con su nariz los suaves hombros, depositando pequeños besos en su cuello, deleitándose con el aroma de sus rizos. Gimió de gusto cuando sintió su verga salir del agujerito apretado, su semilla comenzó a escurrir poco después, haciendo que el omega gimiera y meneara un poco sus caderas por el roce con su sensible piel, tomo con sus dedos un poco de la mezcla y la devolvió al interior, después lamió sus dedos con deleite.

 

-Mío, mi omega… -Susurró el alfa antes de quedarse dormido.

 

~~~~~

 

Lucerys despertó temprano al escuchar la puerta abrirse, estaba solo y desnudo bajo las sábanas, se estiro perezosamente sintiendo un placentero dolor en su cuerpo, sus criadas habituales entraron y no hicieron comentarios al ver las sábanas revuelta. Tampoco dijeron nada al ver las marcas en su piel cuando se levantó para tomar su bata y esperar el agua para su baño, se introdujo en la bañera con rapidez una vez que estuvo lista. Pidió que lo dejarán solo mientras sentía el agua caliente relajar sus músculos, vio en sus caras los gestos de burla, ninguna diría nada o eso esperaba.

El aroma que permanecía en el aire era el del futuro Rey, él tenía permitido tomar lo que quisiera aun si era al ‘bastardo’ de su hermana.

 

-Puedo solo, retírense. -Pidió secamente una vez salió de la bañera.

 

Elinda llegó poco después con la bandeja para su desayuno, el té de Luna iba disimulado entre los platos de fruta, pan, miel y queso. Sabía que Aemond lo ordenaría para él, tal como la primera vez.

 

-Buen día príncipe, -saludo con resignación- aquí tiene su desayuno.

-Gracias, por favor prepara mi ropa, ¿se han levantado mis hermanos?

-Sí, el príncipe Joffrey está desayunando con los pequeños, preguntaron por usted.

-Los veré después, Joff debe atender sus lecciones con el maestre.

 

Tomó la taza y bebió el té ahora templado, lo tomo en tres grandes tragos, sintió el sabor mucho más amargo de lo que recordaba y suspiró con tristeza. Se alegraba de que su madre no viviera para ver en lo que se había convertido, estaba reducido a ser el amante de su tío y seguramente todos en la Fortaleza lo sabrían pronto, si algo había aprendido cuando vivió ahí es que nada se quedaba en secreto para siempre.

No tenía apetito, pero se obligó a comer, cuando termino fue ayudado por Elinda para cambiarse de ropa, el color negro acentúo su aura melancólica, aun así lucía hermoso. Unos toques en la puerta y Ser Erryk entró, se inclinó respetuosamente antes de hablar.

 

-Buen día mi príncipe, -le sonrió- Ser Criston me ha dicho que esta tarde podrán visitar Pozodragón.

 

Aquello lo alegró y sonrió feliz, eso animaría a sus hermanos, pero al mismo tiempo sintió una punzada en el pecho, llevaban días solicitando permiso para visitar a sus dragones y todas sus peticiones habían sido rechazadas por Otto, que ejercía de regente.

Apretó los puños al recordar la noche anterior y se sintió como una vulgar prostituta, ¿a eso se vería reducido? ¿A intercambiar sus favores para poder ver sus peticiones cumplidas?

 

-Gracias Ser Erryk, mis hermanos estarán felices. -Le dio una sonrisa falsa.

 

El caballero asintió y se retiró, una vez termino de comer se levantó para salir a ver a sus hermanos, la noticia les alegraría mucho, especialmente a Joff y Aegon, Viserys no tenía dragón aun pues su huevo no había eclosionado por lo que pensó que tendría que pedir permiso al Rey para que el pequeño pudiera enlazarse a un dragón si este llegaba a enfriarse, Syrax y Caraxes habían vuelto a anidar en Montedragón, junto a Vermithor y Ala de Plata, mientras que Seasmoke anidaba en Driftmark, pero solía pasear a sus anchas entre las dos islas según contaban los cuidadores.

Rhaena había recibido un huevo de la última nidada de Syrax que había eclosionado poco después de la muerte de sus padres, naciendo una preciosa cría a la que llamó Alba por sus colores, los mismos del amanecer.

Paso la mañana con sus hermanos pequeños, almorzaron todos juntos con Helaena que se unió invitada por Baela para que reforzaran los lazos familiares, se unió brevemente a las lecciones de valyrio de Joffrey después del almuerzo y les dio el aviso de que podrían ir juntos a ver a los dragones antes de la cena. Fueron escoltados por algunos miembros de la guardia de la ciudad y Ser Erryk, Joffrey sonreía animadamente y hablaba sin parar con Aegon que no podía esperar a ver a su dragón, Viserys iba serio, un puchero en su boca demostraba que se sentía un poco incómodo por no tener un dragón propio.

Acarició los suaves rizos y beso su pequeña mano, el niño lo miró con sus grades ojos de color violeta y sonrió.

 

-Tendrás un dragón algún día, -acarició con amor su mejilla- te lo prometo.

 

Llegaron a Pozodragón, los recibieron los cuidadores que saludaron con respeto a los príncipes, soltaron a Tyraxes junto con Borrasca, el primero ya era lo suficientemente grande para llevar a volar a Joffrey que estaba encantado de probar su nueva silla de montar, Aegon se quedó aprendiendo a reforzar su lazo con su pequeño dragón acompañado de Elinda y él estaba feliz de ver a Arrax, que había crecido mucho, pidió que lo prepararan para volar y dejo en brazos de Ser Erryk a Viserys que reía feliz mientras veía montar a su hermano, esperando ansioso.

Su cuerpo protestó al subir a su montura le dolían los muslos y sus caderas, también sus piernas se resintieron un poco, se sonrojo al recordar la noche anterior cuando ‘montó’ a su tío. Una vez asegurado extendió los brazos y tomo a Viserys, asegurándolo con las correas extra de la montura, una vez listos se prepararon para volar.

 

-Soves Arraks. -Ordenó feliz.

 

Su dragón rugió animado y empezó a caminar de prisa para poder despegar, extendió sus alas y comenzó a volar, siendo seguido poco después por Tyraxes. Sonrió al escuchar la risa de Viserys, el pequeño extendió los brazos y señalaba todo lo que veía a su alrededor, dieron un par de vueltas por la ciudad y después fueron más allá de las colinas, donde había playas muy bonitas aunque no tanto como las playas de Driftmark, quería mostrárselas a Viserys.

Ordenó a Arrx comenzar a bajar, seguido de cerca por Tyraxes, quería dar un pequeño paseo por la arena antes de volver para darle un paseo a Aegon, además no quería que el sol quemara tanto la piel de Viserys, cuando una sombra los cubrió, su corazón saltó, asustado miro hacia arriba y escuchó como Joffrey maldecía a lo lejos, solo había un dragón capaz de cubrir el sol con su tamaño, Vhagar.

Viserys miró asombrado al enorme dragón encima y lo señalo con emoción, nunca había visto un dragón tan grande, se las arreglaron para aterrizar en la playa, Joffrey desmontó y se acercó rápidamente a su hermano para ayudarle con el pequeño, colocándolo en el piso a su lado.

 

- ¿Sabías que vendría? -Preguntó con desconfianza.

-Claro que no, -contestó- pero no entiendo que hace aquí, tal vez es solo una coincidencia…

-O la oportunidad perfecta para deshacerse de nosotros. -Dijo Joffrey intentando bromear.

 

Quiso reírse, pero no pudo, tomo entre sus brazos a Viserys que daba saltitos pidiendo ser cargado, ya era un poco pesado, pero a él le encantaba hacerlo.

No importaba cuantas veces la hubiera visto antes, el tamaño de Vhagar siempre imponía y los atemorizaba un poco, permanecieron juntos, vieron desmontar a Aemond y caminar hacia ellos con una sonrisa extraña en el rostro. Su cabello rubio brillaba reflejando la luz del sol, su ojo violeta resplandecía, aquel día iba vestido de negro y rojo, los colores de los Targaryen, se había dado cuenta que desde su nombramiento como Príncipe de Rocadragón dejo de vestir el color verde de los Hightower, algo que no tenía muy contento a su abuelo.

 

-Sobrinos, un día encantador para volar, ¿no es así?

-Claro, -contestó Joffrey- ¿no tienes algo más qué…?

 

Lucerys interrumpió a su hermano antes de que dijera algo imprudente.

 

-Agradecemos que aceptara nuestra petición, -hizo una inclinación que su hermano imitó sin ganas- teníamos días sin ver a los dragones y no están acostumbrados al encierro.

-Lo sé, Vhagar no ha estado nunca en Pozodragón.

-Supongo que es difícil para su tamaño estar cómoda entre los demás.

 

Aemond asintió distraídamente, mirando con detenimiento a Viserys, que jugaba con un botón de la manga de Luke.

 

- ¿Él no tiene dragón? -Preguntó curioso.

-Su huevo no eclosionó, -contestó Joffrey- pero no se ha enfriado, mamá decía que era solo cuestión de tiempo.

-Si no eclosiona hay otras formas de enlazarse a un dragón, podrá elegir uno cuando tenga la edad apropiada. -Dijo Lucerys besando los cabellos de Viserys.

-Para eso necesitará el permiso del Rey, -Aemond sonrió con malicia- como recordarás todos los dragones y sus huevos le pertenecen.

-Si mal no recuerdo hubo alguien que no pidió permiso para enlazarse a un dragón. -Contestó serio.

-Técnicamente era lo que se esperaba que hiciera, -avanzó hasta ellos- tenía el permiso del rey para enlazarme a un dragón, además pagué algo más por hacerlo.

 

Señaló el parche que cubría su ojo.

 

-Esa noche dijiste que no había deuda que pagar, que perder un ojo por ganar un dragón era justo. -aunque intentó sostenerle la mirada, al final Lucerys bajo la cabeza, avergonzado.

 

Antes de que Aemond pudiera contestar algo más Joffrey intervino.

 

-Deberíamos regresar, es tarde y dijiste que querías darle un paseo a Egg.

-Tienes razón, vamos. -Se recompuso y se dio la vuelta para montar a Arrax, sosteniendo a Viserys.

-Espera, te ayudaré. -Aemond se acercó a ellos.

-No es necesario, yo…

 

Antes de que pudiera decir algo su tío los había alcanzado y tomó a Viserys en sus brazos, el pequeño se revolvió incómodo, pero pronto se encontró a gusto, recargando su cabeza en el pecho del alfa. Joffrey sonrió al ver a su hermano.

 

-Le agradas, por lo general no le gusta que lo cargue un extraño.

-Yo no soy extraño, soy familia, ¿no es así? -Preguntó mirando a Lucerys con intensidad.

 

Solo pudo asentir, monto en Arrax y aseguro las riendas, entonces le tendió los brazos a Aemond para recibir a Viserys, pero el alfa no se movió.

 

-Sabes creo que al pequeño le gustará volar en Vhagar.

 

Viserys se rio feliz al escucharlo, agitando sus manitas hacía la dragona mientras asentía con entusiasmo.

 

- ¡No! -Exclamó asustado, intentando bajar de su dragón. -No es necesario, yo puedo…

-Los veré en Pozodragón. -Dijo mientras avanzaba con el pequeño en brazos hasta su dragón.

 

Joffrey intentó decir algo, pero solo observaron cómo Aemond subía con algo de dificultad por llevar a Viserys hasta la silla de montar, después aseguró las riendas y emprendió el vuelo. Ambos se apresuraron a seguirlo, el corazón de Lucerys latía con fuerza en su pecho, sentía un nudo en su garganta y parte de su estrés afecto a Arrax que voló con rapidez de vuelta a Pozodragón, con Joffrey detrás siguiéndolo de cerca. 

 

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Aemond sintió algo cuando tomó en brazos a Viserys, no sabía que era, un tipo de conexión que no podía explicar, un lazo familiar y extraño a la vez. El pequeño tenía el cabello rizado a diferencia de su hermano mayor cuya cabellera era lacia, sus ojos eran de un tono púrpura más claro, más parecido al color violeta de sus ojos que al color amatista de los ojos de Daemon o Rhaenyra si recordaba bien.

El pequeño parecía bastante cómodo en sus brazos, sería un alfa sin lugar a dudas, su tamaño lo decía, era alto para su edad por lo que escucho decir a las criadas de la fortaleza, lo escuchó reír y al mirarlo con atención descubrió que en su mentón tenía un hoyuelo que le recordó al de Lucerys. Ordenó a Vhagar hacer un giró que hizo al pequeño gritar con alegría agitando sus brazos, haciendo que su camisa se moviera al igual que su cabello por la fuerza del viento, se rio satisfecho, estaban por llegar a Pozodragón, acomodó su ropa y entonces la vio.

La marca.

La misma marca de nacimiento que él tenía, exactamente en el mismo lugar.