Actions

Work Header

Socios en el crimen

Summary:

— ¿Quién es él y por qué se parece tanto a Mike?
El sarcillo oscuro de celos se envolvió y resalto sobre todas las emociones tumultuosas de Will y tuvo que tragar antes de responder.
— Boris Pav… algo. — el chico lo habia pronunciado tan rápido que no podría replicar el sonido ni con toda la capacidad de su fonética. — Y no tengo idea porque se parece a Mike, pero claramente no están relacionados. No parece de por aquí.
— Mike no es de Leonora. — dijo confundida Jane y Will reformulo.
— Por aquí, como Estados Unidos. — ella hizo una pequeña o con sus labios y caminaron hacia la calle donde en unos minutos aparecería Jonathan. — Creo que es nuevo.
— Seguro, no lo habia visto hasta hoy. — dijo ella y Will se estabilizo por un instante cuando otro sarcillo rencoroso apareció.
Sin dejarse llevar lo aplastó y siguió a su hermana.
— Sí, parece difícil de pasar por alto.

Will está bien siendo un cascaron vacío, con un propósito vacuo, viviendo una vida que prefería no continuar. Hasta que un agujero negro, con el nombre de Boris, aparece para absorverlo.

Notes:

Solo voy a decir que apenas tuve voz o voto en esto, la historia se escribió practicamente sola.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

La señora Wocker era una mujer de unos cuarenta que tenía una silueta similar a la de su madre, pequeña, frágil y amable. Pero donde Joyce Byers tenía una energía nerviosa y ansiosa, permanentemente cocinándose bajo la piel, la señora Wocker podía estar sentada por horas en una misma posición solo pestañando en intervalos exactos de 20 segundos.

Los habia contado en su primera sesión con la psicóloga. No habia hablado aquella vez, muy tarde se dio cuenta que si quería que le den en alta habia comenzado con el pie izquierdo.

Se supone que la gente ama hablar de ellos mismos, todos sus amigos podían divagar por horas de sus problemas, y Will los escucharía.

Ahora, cuando tenía que hablar, nada venía a su cabeza.

¿Qué podía decir? ¿Cómo empezar?

Esa primera vez fue horrible, y pensó en saltearse la próxima, pero eso solo le traería más problemas con el doctor Gray.

— Probemos con algunas sesiones de psicoanálisis. — le habia dicho el psiquiatra a su madre, aunque lo miró a él.

En realidad, prefería a la señora Wocker que a Gray. Wocker siempre mantenía una mirada amable en sus ojos demasiado analíticos, mientras que Gray lo veía como un bicho en una vivisección.

Así que fue a la segunda sesión y solo le habló de la escuela, aunque fue difícil al principio. En realidad, no habia prestado atención a mucho más allá de asegurarse de que Jane esté bien, anotar sus tareas y mantenerse lejos de los problemas. De los demás.

Así que solo le contó que su profesora de Literatura era ligeramente torpe y casi nunca les daba tareas, siendo la favorita de muchos. El profesor de educación física quería que entrara algún equipo— algo sobre su complexión— y el profesor de química era paciente y serio, no era malo, pero echaba un poco de menos al Sr. Clarke.

Wocker le preguntó por su profesor de ciencias en Hawkins y Will se permitió recordar algunas anécdotas.

Fue más fácil a partir de ahí.

Will sabía lo que ella quería y se sentía mal por no poder dárselo. Aunque si la Sra. Wocker se frustró por su pobre colaboración, nunca lo demostró. Lo escuchó y comenzó a hacer algunas aportaciones también.

— Con tus amigos realmente disfrutaban de los proyectos. — comentó cuando le contó sobre la vez que hicieron un experimento con plantas y música de heavy metal.

— Si, era divertido solo estar juntos haciendo cosas. — se hincó de hombros Will, sentado frente a ella.

— Me imagino que también veían películas y esas cosas. — dijo y una ligera sonrisa curvo sus labios. Ella no se maquillaba.

Will se pateó por notar eso, los hombres generalmente nunca notaban cuando una mujer estaba maquillada.

Jonathan ciertamente no podía decir cuando Nancy estaba maquillada, para el solo se veía bonita o extra bonita.

— Sí. — respondió Will luego de un segundo. — Vimos los cazas fantasmas como cien veces, aun no entiendo como la cinta no se desintegró. — agregó sonriendo.

— ¿Era tu favorita? — preguntó la psicóloga.

— Una de ellas, mi favorita es El Puente sobre el Río Kwai.

— Oh sí, esa es buena. — dijo con una pequeña inclinación y Will quiso removerse un poco.

Se sentía un poco presumido, pero sabía lo que estaba haciendo ella. Ganándose su confianza, poco a poco, alimentando su necesidad de atención.

Ellos hablaron un poco de la película, de que el abuelo de Will fue a la segunda guerra mundial y luego apenas una mención de como su padre siempre soltaba eso como si él pudiera reclamar ser un ciudadano superior gracias a su servicio.

— Creo que eso es todo por hoy. — dijo Wocker y la pequeña sonrisa que le dio le dejó en claro que lo hizo bien.

***

Will ya no odiaba tanto los jueves. Sabía que estaba evadiendo temas importantes con la Sra. Wocker y que era egoísta hablar con ella solo de cosas inofensivas y que le agradaban, pero lo dejaba uno o dos días con mejor humor y su madre y Jane lo habían notado.

Jonathan no, pero él notaba pocas cosas últimamente.

— ¿Qué tal la nueva casa? — preguntó esa tarde Wocker — Me dijiste que era muy diferente a Hawkins.

— Sí, es más grande. — dijo Will, ya no se sentaba en el sillón de la habitación como si tuviera agujas escondidas, habia podido relajar su columna poco a poco.

Ese día hasta se habia atrevido a estirar un poco las piernas más allá del espacio educadamente permitido.

— Veo que eso te agrada. — le contestó Wocker con una sonrisa conciliadora. Will evitó sus ojos un poco culpables.

— Es bueno que cada uno tenga su espacio. — dijo diplomáticamente.

— ¿Y qué haces en tu espacio?

— Tengo una estantería con libros y comics, es agradable tenerlos ordenados. Mi mamá también me regaló un caballete, pero no lo he usado mucho.

— ¿Te gusta pintar?

— Si, lo hacía todo el tiempo. — dijo Will, notando que uno de los bordes del sillón tenía unos rallones profundos, como si alguien hubiera enterrado las uñas ahí y las arrastró hacia atrás. Parecía las garras de un animal intentando escapar.

Tragó y volvió su vista a la mujer.

— Pero ahora no lo hago mucho. — Wocker solo ladeó la cabeza en una pregunta silenciosa. — No sé qué pintar.

— ¿No sientes inspiración? ¿Qué te inspiraba antes? — preguntó lentamente.

— A mis amigos. — comenzó Will y torció los labios porque eso no era exacto. — Pero no eran ellos. Jugábamos a un juego, Calabozos y Dragones, y dibujaba sus personajes.

— De cierta forma. — dijo lentamente la mujer. — Los dibujas desde tu perspectiva particular.

Will asintió recordando esos tiempos un momento. Una sonrisa se le escapó.

Tiempos mejores, tiempos ingenuos y blandos. Simples.

Ella le hizo unas cuantas preguntas más y Will le contó sobre como Dustin era un Bárbaro, aunque él siempre pensó que hubiera sido un Bardo mucho mejor. Que Lucas era el Explorador, lo que iba bien con él. También que su clase favorita eran los Magos y Mike siempre era el Paladín.

Mike, el eterno justiciero y protector.

Él se mordió los labios después de decir eso y cuando miró a Wocker sabía que ella lo habia visto. Pero su tiempo se terminó y lo despidió por esa semana.

***

Era jueves de nuevo y el cielo en Lenora era tan oscuro y tormentoso como se sentía.

Cuando se sentó frente a Wocker trató de hacerlo con el mismo cuidado de siempre. No sabía que lo habia delatado, tal vez eran solo las habilidades psicoanalistas de la mujer.

Cuando pasaron dos segundos ella arqueó una ceja.

Ella si se contorneaba las cejas.

Se pasó una mano por la frente, aún más frustrado.

— Bueno, hoy fue un día… de mierda. — se derritió Will sobre el asiento un poco y miró el techo de la habitación.

— A veces es. — dijo la mujer, sin inmutarse. Will nunca habia usado maldiciones.

Cuando ella no lo presionó y solo esperó algo se agitó dentro de Will y volvió a mirarla.

— Le escribí a Mike hace unos meses. — dijo lentamente, caminando sobre hielo. — Él es un poco distraído y puede ser vago para cosas como escribir, así que simplemente esperé. — se hincó de hombros, mirando cada uno de los diplomas de Wocker, vio en uno que su nombre era Lisa. — Pero nunca me llego una respuesta hasta hoy y… — hizo una seña vaga con las manos. — Era apenas un párrafo.

— Las mudanzas a veces son difíciles para la amistad. — aportó la mujer. — Todos gestionamos diferente ese tipo de situaciones. ¿Tus otros amigos te escriben?

— Sí, a veces. — se hincó de hombros Will.

Estaba siendo injusto, Lucas le escribía cada pocas semanas, aunque era un poco aburrido. Generalmente hablaba de Max, el equipo de básquet y se quejaba de su hermana. Dustin era un poco más entretenido y le escribía cada semana prácticamente.

— Pero Mike es mi mejor amigo. — dijo bajo, no estaba seguro si ella escuchó.

— Y dijiste antes que él era un poco vago y distraído, tal vez las cartas no son lo suyo.

— Él siempre le escribe a Jane. — salió de sus labios antes de poder evitarlo, se los mordió después pero ya era tarde. El silencio de Wocker lo presionó y, desinflándose, agregó: — Ellos están saliendo.

— Así que le responde a su novia, pero no a su mejor amigo. — dijo la mujer y Will la miró, su expresión no era compasiva, era solo conocedora. — Los chicos de quince años pueden ser así.

Will se enroscó un poco sobre el sillón, un resorte listo para saltar y escapar.

— Y la escuela no fue mucho mejor. — dijo luego de casi treinta segundos, necesitaba cambiar de tema.

El hielo se sentía frágil bajo sus pies.

— ¿Esa chica, Angela? — preguntó la mujer siguiendo su tema sin resistirse.

Will asintió y despotricó sobre ella; como siempre estaba sobre la yugular de Jane y, aunque quería arreglar la situación, no se le ocurría cómo sin empeorarlo.

Conocía las escuelas, sabia como pasar desapercibido, pero Jane no. Ella, sin saberlo, iba atrayendo su atención, como dejando un rastro para pirañas rastreras.

— ¿No han hecho amigos en estos meses? — dijo y por lo menos la pregunta de Wocker no se siente goteando preocupación como la de su madre.

— La gente aquí es diferente. — explicó Will. — En Hawkins, de cierta forma, todos se conocían, conocía a sus padres y tal vez compartían abuelos. Aquí … — Will se detuvo, que todos sepan todo de él era algo que odiaba de Hawkins, aquí se sentiría una pisca más cómodo si no fuera por Jane.

Un sarcillo de resentimiento se alzó, generalmente lo controlaba mejor, pero el golpe de su carta aún estaba fresco, lacerante. Lo obligó a bajar y esconderse antes de continuar.

— Hay mucha gente. — terminó Will. Se arriesgó a mirar a Wocker.

— ¿Y nadie interesante ahí? — simplemente preguntó y Will pestañeó un par de veces.

— Realmente no preste atención. — dijo eso porque la alternativa era que no le interesaba buscar, porque todo lo que quería y necesitaba estaba a kilómetros de distancia.

La sonrisa de Mike se alzó como ese sarcillo de resentimiento y con más practica lo empujó también.

El resentimiento a su hermanastra era reciente, incomodo y discordante pero su amor por Mike ya era un sentimiento conocido, generalmente no lo sorprendía cuando saltaba sobre sus pensamientos.

— Bueno, ese fue nuestro tiempo por hoy. — finalizó la mujer y le dio una sonrisa después de un segundo. — Cada día es una nueva oportunidad.

Will se obligó a asentir y corresponder la sonrisa cuando salió.

***

Sinceramente, pensaba ignorar a la Sra. Wocker. Su rutina en la escuela era bastante cómoda si mantenía fuera del radar a Jane. Realmente no necesitaba mucho más.

Su madre estaba feliz con su progreso, aun le daba miradas preocupadas, pero eso era normal para ella. Estar preocupada era el estado semi permanente de Joyce. Jane también estaba yendo a un terapeuta y no hablaban de sus sesiones, pero últimamente estaba obstinada a no dejarse aplastar por los otros estudiantes, incluso se habia unido a un club de ajedrez y parecía disfrutarlo.

Así que no habia buscado nuevos amigos o algo así. Era peligroso: la mayoría de los chicos no tenían nada en común con él y estar con chicas llamaba mucho la atención.

Así que ya era miércoles y estaba haciendo tiempo en la biblioteca mientras Jane se reunía con su club. Cuando terminó de releer nada menos cliché que Romeo y Julieta para la clase de literatura, sacó un cuaderno de bocetos, y miró la hoja en blanco por cinco minutos con el lápiz a un milímetro de la hoja.

Nada venía a su cabeza, solo ruido blanco. Hizo círculos solo por el placer de sentir la textura del papel a través del lápiz, pero cuando notó que eso se estaba convirtiendo en unos ojos maniáticos, rayó la hoja con furia hasta romperla y arruinar su lápiz.

Will suspiró viendo el desastre, metió las cosas en su mochila y notó que se habia cortado un lado de su palma derecha con el papel. Otro suspiro exasperado y caminó al baño para limpiarse. Una ojeada al reloj del pasillo le dijo que aún faltaban unos veinte minutos para que Jane terminara y Jonathan pasara por ellos.

Arregló el desastre de sangre en su mano en uno de los lavados frente al espejo. Estaba agradeciendo mentalmente no haber manchado su ropa, y que los pasillos estén vacíos, cuando una puerta de los compartimientos a su espalda se abrió estrepitosamente. La puerta golpeó con un latigazo el compartimiento a un lado y Will se quedó petrificado.

No fue por el exabrupto, fue por el chico a su espalda que apareció en el reflejo del espejo.

Rizos como un nido de cuervos, ojos igual de oscuros y labios demasiado rojos.

El chico se estiró en un bostezo displicente que lo extendió en toda su altura.

«Mike»

Will se dio vuelta, mirando al chico como si un fantasma se hubiera aparecido de pronto, para cobrar una deuda de vida o algo igual de fatídico.

— Me dormí. — dijo el chico y no sonaba nada como Mike. Era un acento que solo había escuchado en películas, algo como muchas erres y bordes afilados en las vocales.

Los ojos oscuros se centraron en él y Will se dio cuenta de todas las diferencias de pronto. Fue otro chapuzón de agua fría. Donde Mike era suave en su rostro este chico era afilado; donde era cálido en los tonos marrones de sus ojos este chico solo frio y negro y donde Mike era apacible cuando sonría a Will, la sonrisa que rompió estos en los labios era dura e indolente.

— ¿Te asuste? Mis disculpas. — se acercó a Will, aun petrificado, y miró su herida fresca enarcando una ceja y luego de nuevo fue directo a sus ojos. — ¿Qué hora es?

— Son las cuatro y cuarenta. — respondió cuando se dio cuenta de que los ojos negros no iban a dejarlo ir sin esa información.

— ¡Ja! — rió rápido y vibrante, como un trueno que no vio llegar, y la sonrisa se hizo más grande. — El día paso rápido. Boris Pavlikovsky. — extendió una mano, delgada y huesuda, para presentarse.

Will la estrechó porque estaba en un ochenta por ciento en piloto automático y el azote de la risa del chico había reconectado sus extremidades.

El apretón fue practico y practicado, una rápida sacudida y se separaron. La sensación fría de la mano del chico… Boris administro su cerebro, se esparció en su mano hasta que apretó sus puños disimuladamente para borrarlo.

«Frio y duro, como un cadáver.» Pensó antes de poder evitarlo.

— ¿Y tú tienes nombre? — una ceja se alzó y el gesto se veía tan extraño por un segundo porque nunca había visto a Mike hacerlo.

— Will Byers.

— Will de William ¿No? Buen nombre. — el chico asintió y sacó un cigarrillo de algún bolsillo de su blazer negro.

— No se puede fumar aquí. — se apresuró a decir Will y Boris lo miró con el cigarrillo ya prendido. Señaló rápidamente el detector de humo en el techo.

Para su consternación Boris soltó el humo de su calada hacia la dirección del aparato y le sonrió.

— No funciona, William.

— No me llames William. — se quejó Will tratando de que su cara no caiga en una mueca de disgusto.

— ¿Por qué? Te queda bien. — dijo contemplativamente, sus ojos negros fueron desde sus zapatillas hasta la punta de su cabello sin perder el tono burlón debajo del acento.

Will abrió la boca para replicarlo, pero la alarma de incendios atravesó sus tímpanos en ese momento. En menos de un segundo Boris apagó el cigarrillo con sus propios dedos y lo metió en un bolsillo interno. Antes de que Will pudiera terminar de procesarlo, una de las manos huesudas agarró su antebrazo y estaban corriendo por el pasillo.

Tuvo que apresurar sus pasos porque las piernas de Boris eran demasiado largas y, luego de doblar unas esquinas, estaba saliendo por una de las puertas que daban a la escalera de emergencias. Will ni siquiera sabía que camino tomaron para llegar aquí.

Cuando salieron la urgencia de Boris dio un tirón repentino a otro ritmo más casual y caminando arrastró a Will a uno de los bancos del patio.

El chico miró hacia atrás y volvió hacia él con una sonrisa radiante en los labios.

Will se rompió.

— ¡Estás loco! ¡Claramente funcionaba! — gritó Will y de pronto una presión fría se asentó en sus entrañas.

Él no gritaba, no sabía cuándo fue la última vez que gritó así.

— Bueno, era un cincuenta y cincuenta. Generalmente no funcionan. — dijo el otro chico sin inmutarse y, cuando volvió a sacar el cigarrillo y lo prendió, Will tuvo que pasarse las manos por los ojos, para deshacerse de su frustración.

— ¡Will! — escuchó de pronto como Jane lo llamaba y cuando levanto la mirada ella estaba corriendo hacia ellos.

Ella los miró, tropezando un poco cuando vio a Boris.

— Pryvit. — dijo Boris después de exhalar humo, miró a Jane y luego volvió a Will con una pregunta silenciosa en los ojos.

Will lo ignoró.

— ¿Están bien? — dijo Jane, mirando de vuelta a ambos. Ella también tenía una pregunta en su mirada. — Estábamos saliendo y el profesor Henrison nos dijo que se estaba prendiendo fuego el refrigerador de la cocina.

— Oh, así que era eso. — el chico más alto tenia de nuevo una sonrisa petulante en sus labios y Will quería gemir. — Soy Boris. — dijo hacia Jane y ella dio un pequeño asentimiento aun mirando hacia el chico alto y Will.

— Jane Hooper. — concedió la chica.

— Mi hermana. — se obligó a decir Will. Ojos pétreos estaban de nuevo sobre él. Sinceramente Will no quería saber nada más con esa mirada, le picaba en los huesos.

— Un gusto, americanos. — dijo Boris, el cigarrillo en sus dedos era una colilla hasta el borde y la tiró haciéndola volar entre el dedo medio y el pulgar. Fue bastante frustrante cuando en realidad cayó dentro del basurero a un par de metros. — Hay que cuidar el medio ambiente. — agregó con un tono aún más burlón. — Nos vemos William, Jane.

Jane lo vio irse por unos segundos y después miró a Will, sus ojos grandes ardían de curiosidad.

— ¿Quién es él y por qué se parece tanto a Mike?

El sarcillo oscuro de celos se envolvió y resaltó sobre todas las emociones tumultuosas de Will y tuvo que tragar antes de responder.

— Boris Pav… algo. — intento inútilmente. El chico lo habia pronunciado tan rápido que no podría replicar el sonido ni con toda la capacidad de su fonética. — Y no tengo idea porque se parece a Mike, pero claramente no están relacionados. No parece de por aquí.

— Mike no es de Lenora. — dijo confundida Jane y Will reformuló.

— Por aquí, como Estados Unidos. — ella hizo una pequeña o con sus labios y caminaron hacia la calle donde en unos minutos aparecería Jonathan. — Creo que es nuevo.

— Seguro, no lo habia visto hasta hoy. — dijo ella y Will se trastrabilló por un instante cuando otro sarcillo rencoroso apareció.

Sin dejarse llevar lo aplastó y siguió a su hermana.

— Sí, parece difícil de pasar por alto.

***

Will se sentó frente a la Sra. Wocker y reprimió el deseo de pasar sus uñas por las marcas del apoya brazos.

— ¿Que tal la semana? — preguntó con una sonrisa apaciguadora. No sabía cómo lo hacía, pero ella veía el remolino que tenía por dentro. — ¿Hiciste algún amigo?

Will se abstuvo de pasarse las manos por el cabello.

«No es tan grave» se, dijo. «No es tan terrible, solo estas sobre reaccionando»

— Algo así. — concedió hablando lentamente, sosteniendo cada silaba.

— Eso es genial — sonrió ella y esperó.

Dos segundos y Will se rompió.

Le conto como conoció a Boris Pavlikovsky — obtuvo correctamente su nombre cuando los profesores lo llamaron — exceptuando el accidente con su block de dibujos.

— ¿Y hoy volvieron a hablar? — preguntó Wocker y Will volvió a evitar sus ojos.

— Compartimos algunas clases. — respondió. — Me tiró algunas notas en algebra, aunque entendí la mitad, su letra es horrible. — se quejó Will. — Y en literatura se burló a mi lado toda la clase, tiene algunas opiniones fuertes sobre Shakespeare.

Wocker asintió y Will suspiró. Ella sabía que había más y podía sacárselo sin siquiera escarbar.

— Y me preguntó si quería ver películas o algo después de las clases. — Will no pudo evitarlo y se enrolló, habría traído sus rodillas hacia el pecho si eso no estuviera fuera de su personaje, fuera de lo que se esperaba de él.

— ¿Y ese plan es inadecuado? — preguntó Wocker y Will se mojó los labios.

— No, hm, no lo sé. — evitó a Wocker y volvió a reprimir el impulso de esconderse detrás de las rodillas.

— ¿Qué sientes exactamente? — preguntó ella, tan despacio y tranquilo que Will cerró los ojos buscando las palabras.

Vagamente se dio cuenta que era la primera vez que ella le hacía esa pregunta tan explícitamente.

— Es parecido y diferente de todas las formas inadecuadas. — Will se arriesgó a mirar a Wocker y ella ladeó la cabeza. Quiso sopesar el impacto de revelarlo, pero la frustración estaba un paso por delante cuando simplemente admitió. — A Mike.

— ¿Mike tu mejor amigo o Mike el novio de Jane? — la pregunta lo dejó sin aire por un par de segundos.

Will quería cambiar de tema, contarle que Jane hoy se fue a patinar con una chica de su club de ajedrez, que su mamá estaba contenta porque pronto intentarían bajarle los medicamentos que mantenían dormido a Hooper y, tal vez, despertaría. Pero por primera vez desde que podía recordar necesitaba derramar sus secretos.

Una parte por lo menos, la más insignificante, porque todo esto parecía una broma cruel.

— A ambos, a todo lo que es Mike. — dijo Y Wocker solo asintió ante su tono certero.

Will podía decir que era experto en pocas cosas: D&D, dibujar — aunque eso no era tan cierto en este momento — y Mike Wheleer.

— ¿Y que son estas similitudes y diferencias? — preguntó la mujer, y tal vez era la mirada sincera e interesada en sus ojos, o la necesidad de Will de divagar con alguien al respecto, porque lo soltó.

— Su cara es casi igual; el mismo cabello, aunque un corte diferente, más largo; los mismos ojos, pero más oscuros; los mismos labios, pero su sonrisa se inclina hacia otro lado y es más alto, más flaco, huele a cigarrillos a un metro y si te acercas a alcohol. También tiene el asentó más extraño que escuche y ni siquiera se en que idiomas divaga, pero puedo saber cuándo está maldiciendo porque hace que las silabas exploten al final. — Will tomó aire y apoyó la cabeza en una mano cerrando los ojos. — Y Mike puede ser testarudo y difícil cuando se lo propone, pero Boris es un tiburón entre pirañas.

— Peligroso. — dijo la mujer alzando las cejas. — ¿Pero este chico es peligroso porque roza un comportamiento antisocial o porque se parece mucho a Mike?

Will gimió llevándose las manos al rostro y tiró la cabeza hacia atrás.

— Dime Will, ¿Hace cuánto te gusta Mike?

Se obligó a apretar los ojos porque las lágrimas le estaban picando como si la fuerza de una represa las empujara hacia adelante.

Miró a Wocker desde una abertura en sus dedos porque, aunque estaba aterrorizado de que ella lo sabía ahora, le asustaba más como ella estaba tomándolo.

Su mirada no cambio, ni siquiera lo miró con una pena velada o indiferente asco.

— No sé, siempre. — dijo tragando un nudo que casi destrozó su garganta cuando tragó.

— ¿Y Mike tiene alguna idea? — preguntó ahora, con el mismo tono conversacional que uso para preguntarle sobre Boris.

— Mas o menos, y que no me gustan las chicas. — aportó Will pasándose los dedos por la comisura de los ojos rápidamente. Borrando la evidencia de sus lágrimas.

Wocker se extendió hacia él y le empujó levemente una caja de pañuelos que estaba sobre la mesita entre ellos. Will se rindió con eso de tratar de fingir que no estaba llorando y tomó uno.

— Y supongo que eso fue una de las últimas cosas que hablaron. — infirió la mujer y Will asintió manteniendo un sollozo dentro de su pecho. Le lastimó las costillas y volvió hacia él con más fuerza.

— Y ni siquiera se alejó por eso, es solo… — su voz se rompió, pero se obligó a respirar y seguir porque ahora las palabras estaban presionando en su lengua con tanta fuerza como las lágrimas en sus ojos. — que ahora su mundo gira alrededor de Jane.

— Y el universo te tira una oportuna copia de Mike que no es nada como Mike. — aportó la mujer y Will tuvo que reírse mientras intentó limpiar sus ojos, porque necesita ver que expresión tenía.

— ¿No crees que es mucho? — preguntó Will sonriendo sin ninguna alegría. — Quiero decir todo eso y ahora esto.

— Es una mierda. — concedió Wocker y Will creía que la amaba un poco, porque se las arregló para darle un sarcillo de diversión, entre todo ese desastre.

— No sé qué hacer. No sé qué puedo hacer. — dijo Will luego unos minutos para calmarse. Sus ojos le ardían y le dolía todavía el pecho, pero, aunque el peso en su corazón no desapareció, se desplazó a otra posición dándole un ligero alivio.

— No podemos intervenir en los sentimientos de los demás, con suerte podemos intervenir en los nuestros, sobre todo en otras circunstancias. — ella esperó unos segundos y luego agregó. — Una buena guía es saber qué quieres.

— Quiero dejar de amar a Mike. — dijo Will lentamente. — Porque la forma en la que amo a Mike me hace odiar un poco a Jane y a Mike. — se detuvo para sonreír sardónicamente hacia la mujer. — Y eso me hace odiarme mucho.

— Tal vez siempre los odies un poco, eso está permitido mientras no te lastime.

— ¿Debería distanciarme de Mike? — preguntó Will, se sentía un poco patético como su pecho daba un tirón con eso. — En realidad ya estamos distanciados, sería solo asumirlo. — se hincó de hombros y esperó.

— Es esperable que algunas relaciones se distancien cuando se separan físicamente, y parece que ambos están pasando por experiencias totalmente diferentes, necesitan tiempo para ordenar lo que eso les deje.

Will volvió asentir y miró de nuevo a Wocker.

— ¿Y Boris? — preguntó casi como si el chico pudiera aparecer si decía su nombre demasiado fuerte.

— Y Boris. — Wocker lo miró. — Dale unos días y tal vez una patrulla se lo lleve.

Will se río un poco cuando se lo imaginó, aunque otro suspiro lo rompió. El llanto lo habia dejado vacío y agotado.

Notes:

Pryvit. (hola)


[edit 11/06/2024] Estoy releyendo esto par seguir con la parte 4 y, de paso, hice algunas correcciones. Nada demasiado importante: corregi algunos errores de ortografía y algún que otro detalle en la narración.