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My Little Bunny

Summary:

Aún si la oportunidad de joder con Dabi se vió arruinada. Tomura no iba a dejar su avance a medias, lo que empezaba, lo iban a terminar y claro que deseaba que su segundo al mando terminara con él.

Chapter Text

 

Oh genial, estaban en un tráfico.

 

Dabi estaba encendiendo su cuarto cigarro y apenas han avanzado dos metros, todo porque al maldito mimado de Tomura se le ocurrió la fantástica idea de ir a dar una vuelta y quería ir en limusina, y claro, como Re-Destro parecía ser su Suggar Daddy , no le negaba nada. Además de eso, Dabi estaba obligado a acompañarlo, porque según el narigón, Shigaraki aún se estaba recuperando de la pierna.

 

Y ahí estaban, sentados en una limusina con los vidrios polarizados, aburridos y con la tensa presencia del otro.

 

— Estoy aburrido.

 

— Tú siempre estás aburrido, Shiggy.

 

— Pero ahora estoy muy aburrido.

 

Dabi puso los ojos en blanco, sintió golpes a un lado de su muslo, vio como su jefe trataba de acomodarse sobre el asiento, tal parece que no le gustaba ninguna posición y ahora parecía una babosa al que le acaban de tirar sal.

 

— ¿¡Puedes dejar de hacer eso!? —le agarró la pantorrilla a Tomura.

 

— ¡Estoy incómodo! —se quejó soltando su pierna de la mano caliente de Dabi.

 

— Es una puta limusina, Jefe, no puedes estar incómodo.

 

Si lo estoy —se cruzó de brazos—, si no pongo mi pierna sobre algo no estoy cómodo.

 

Dabi resopló.

 

— Ven, ponla sobre mi pierna, a ver si así te quedas quieto —se acercó.

 

Sintió la carne del muslo de Shigaraki aplastarse contra su fémur. Dabi respiró y se lamió los labios.

 

— ¿El bebé ya está cómodo? —se burló el pelinegro.

 

Shigaraki frunció el ceño y le mostró el dedo medio, pero no dijo nada y sólo miró por la ventana.

 

El pirómano siguió fumando mirando por la otra ventana, sólo había un montón de autos tocando la bocina y unos cuantos edificios.

 

Y de repente, Tomura había puesto ambas piernas sobre su muslo y ahora balanceaba ambos pies. Se volteó a verlo y el estúpido lo estaba mirando, esperando alguna reacción de Dabi.

 

— Joder, eres un maldito mocoso —se quejó poniendo su mano sobre la pierna, subiendo la temperatura de su palma, haciendo que su jefe se encogiera.

 

Sin embargo, Shigaraki le mostró la lengua y se cruzó de brazos.

 

— No sé como el narigón te soporta —inhaló el cigarro—, te da una limusina, una habitación enorme, videojuegos, dinero y aun así te comportas como la mierda.

 

— Él se beneficia de mí.

 

Dabi sabe que no estaba hablando de algo sexual, pero estaba demasiado aburrido como para no burlarse.

 

— ¿Oh sí? ¿le das una buena mamada cada noche? —se rió dando otra calada al cigarro.

 

Shigaraki sólo lo miró en silencio y a Dabi se le cayó la sonrisa.

 

— Debes estar bromeando...

 

— ¿Por qué? ¿estás celoso?

 

El tono burlón de su líder no le hizo gracia, apretó el muslo y aumentó la temperatura, haciendo que Tomura se quejara y agarrara la muñeca de su subordinado.

 

— No juegues conmigo, jefe...

 

Su mano subió hasta la cara interna del muslo del jefe.

 

— No me das miedo —siseó, mirándolo fija e intimidantemente.

 

— Debería darte miedo —sacó su mano de la pierna y la llevó al cuello de Tomura—, deberías estar aterrado ...

 

Shigaraki no intentó detenerlo, sólo lo miró, tragando con dureza.

 

— Eres un maldito mocoso —gruñó, apagando el cigarro en la puerta y sacando humo de la boca—, tal vez tu papi narigón te soporte, pero yo no tengo porqué hacerlo —apretó el cuello.

 

El menor se quejó y agarró el brazo de Dabi.

 

— Él no es mi papi... —dijo con voz ahogada.

 

Dabi rió.

 

— Oh, entonces el puesto está libre.

 

— ¿Por qué? ¿te interesa? —sonrió mostrando los dientes, colorado por la falta de oxígeno.

 

Se mordió el labio.

 

— No sé, ¿tú quieres? —calentó su palma sobre el cuello sensible.

 

Tomura asintió enérgicamente.

 

— Sí quiero.

 

Rió cínicamente.

 

— Dime qué quieres.

 

Tomura se quejó.

 

— Vamos dímelo.

 

— Qui---apretó los ojos avergonzado— quiero que seas mi papi...

 

Dabi rió gustoso y sin mediar palabra, besó a Tomura, atrapándolo contra la puerta de la limusina, recibiendo un gemido complacido de su jefe.

 

Se acomodó en el sillón y su mano derecha se perdió entre los muslos regordetes de su líder, llegando hasta su entrepierna, acariciando con dureza la separación de las piernas.

 

Mantuvo sostenido el cuello con agarre firme, metiéndole la lengua hasta la garganta, escuchando los quejidos de Tomura.

 

Se separó y lo vio tomar aire casi desesperadamente.

 

— Respira por la nariz —fue lo único que dijo antes de volver a besarlo obscenamente.

 

Su otra mano sacó el botón del pantalón de vestir y la metió. Sintió humedad y no una erección como esperaba. Con la nueva información en su cabeza, tocó la hendidura sobre la ropa interior con dureza.

 

Tomura se separó para soltar un largo suspiro. Dabi rápidamente metió la mano dentro de la ropa interior, tocando el vello púbico y el clítoris agrandado. Tomó el órgano sobresaliente entre dos dedos y lo apretó levemente.

 

— Dabi... —jadeó, tomando los cabellos negros entre sus dedos.

 

Subió y bajó su mano por los labios separados, dando leves apretones al clítoris. Shigaraki movió sus caderas siguiendo el tiempo de la mano para sentir más la fricción.

 

— Por favor, por favor... más rápido ...

 

Dabi lo intentó, pero su mano derecha era su mano más inútil, así que tomó fuerte el cuerpo de Tomura, acomodándose mejor entre sus piernas para usar su mano izquierda.

 

Metió nuevamente la mano en los pantalones de su jefe y tocó los pliegues mojados, pellizcando el clítoris.

 

— D-Dabi... —sus piernas temblaron un poco.

 

Poco a poco metió un dedo al interior y Tomura soltó un pequeño gemido.

 

Subió sus labios hacia el oído de su jefe.

 

— ¿Quieres otro dedo? —rió.

 

Sí, sí, sí ...

 

Con suavidad llevó el anular hacia adentro.

 

— Otro... otro... otro... —gimió Shigaraki, tomando las mandíbulas de Dabi.

 

— Qué chico tan ambicioso... —sonrió, metiendo otro más.

 

Escuchó un quejido.

 

— Quieres tres dedos, pero ni siquiera puedes soportarlo...

 

Tomura se tapó la cara.

 

— Sólo quiero más de tí...

 

Dabi se lamió los labios.

 

— No deberías decirme eso mientras estoy entre tus piernas...

 

— Te lo digo sólo porque estás entre mis piernas... —bajó sus manos.

 

Dabi gruñó y volvió a besarlo, moviendo los dedos dentro, buscando el punto que lo haría gritar. Shigaraki se ahogó en el beso y sus caderas se movieron erráticamente. El pirómano sabía exactamente donde tocar dentro.

 

Le dio un golpe en el brazo para separarlo.

 

— Fóllame, por favorrrr... —se quejó casi haciendo una pataleta como un niño.

 

— Bien, bien, mocoso —sacó los dedos y tomó la cintura del pantalón de vestir—, levanta el trasero —bajó la ropa, desnudando una sola pierna, tocando la piel clara con su mano caliente.

 

Tomura llevó sus manos hasta el cinturón de su subordinado, desabrochándolo con torpeza, siguió con los botones y el cierre.

 

— Dios, es como un sueño... —gruñó Dabi, abriéndole las piernas, comprobando la flexibilidad de su jefe y viendo los labios separarse.

 

Estaba lleno de colores pasteles, sus labios eran colorados y brillaban, el vello era tan claro y tan lindo, su piel era tan clara y suave.

 

— Quiero comerte —susurró.

 

— Luego, ahora sólo quiero que me la metas —suspiró tomando el rostro de Dabi.

 

El pelinegro rápidamente se bajó los pantalones, liberando su pobre miembro, soltando un suspiro.

 

Escupió en su mano y la pasó por su pene, sin dejar de mirar a su jefe.

 

Tomó las piernas por debajo de las rodillas, separándolas, escupió en el coño. Tomura soltó un gemido vulgar, con sus lindos ojos rojos rodando hacia atrás de su cabeza.

 

— Te voy a follar tan bien, jefe, que no querrás que nadie más vuelva a tocarte —le lamió la mejilla—, ni siquiera podrás tocarte a ti mismo sin pensar en mí...

 

Tomura gimió altamente estimulado, asintió con entusiasmo, bajó su mano hasta su entrepierna y abrió sus labios.

 

— Hazlo, hazlo, por favorrr —le tomó la nuca para hablarle en el oído—, te quiero adentro...

 

Dabi se lamió los labios y gruñó, tomó su pene y acarició desde el clítoris hasta su perineo con su glande.

 

— Joder, eres tan lindo cuando estas callado y obedeciendo... —tomó a su jefe del cuello y lo apretó sólo un poco, Tomura sonrió por la sensación de asfixia y sus ojos se fueron detrás de su cabeza.

 

Poco a poco metió la punta, sacando un leve quejido de su jefe.

 

— Ya estamos por llegar a la mansión, jefe —anunció el chofer, haciendo que ambos saltaran.

 

Rápidamente se separaron para arreglar su ropa, Tomura hizo una mueca de asco al ponerse la ropa interior estando tan mojado, mientras que Dabi metía su miembro a sus pantalones otra vez, le dolía apretar su dura erección. Se arreglaron un poco el cabello y trataron de calmar sus respiraciones.

 

Tomura bajó un poco el vidrio, viendo como se acercaban cada vez más a la mansión donde seguramente los esperaba Re-Destro. Dabi gruñó a su lado y volteó a verlo, estaba tratando de calmar su erección.

 

Antes de llegar, se acercó rápido a él y le besó los labios.

 

— Ven a mi habitación esta noche —dijo sobre sus labios, tocando su gran erección, saboreando el delicioso gemido de su subordinado.

 

Dabi le devolvió el beso, pero su jefe se separó de inmediato cuando la limusina se estacionó.

 

— Te espero, no tardes —se bajó y se encontró a Re-Destro.

 

Dabi los vio enojado, el anciano lo idolatraba y sonreía como un tonto.