Chapter Text
"Que piensas?"
"Nada..." contestó la morena pero Marta no le creyó, el rubor se le había subido violentamente al rostro a Fina, y Fina Valero nunca se sonrojaba así. Bueno, nunca excepto en esos segundos justo antes de que el amor y el placer se le hicieran una sola cosa mientras Marta la acurrucaba en sus brazos, tal como había pasado unos minutos antes.
"Anda que te has sonrojado y yo no he hecho nada... todavía..." Marta la miró provocativa y le dio un beso suave entre risas.
Fina le devolvió el beso con un poco más de intensidad para luego rozar su nariz con la suya y mirarla a los ojos.
"Te acuerdas cuando volviste del internado?" Marta la miró curiosa y levantándose de su pecho apoyó la cabeza en su mano para mirarla mejor.
"Claro que me acuerdo, pero no sé si estamos pensando en lo mismo", dijo entrecerrando los ojos.
Fina se incorporó un poco y tomó aire como para darse valor y le dijo: "Pues yo lo recuerdo muy bien. No sé que fecha era pero hacía un día precioso, el sol causaba que todo se viera más colorido". Se perdió un momento en el recuerdo y continuó. "No hacía mucho calor, eso lo sé por que había estado jugando en la finca con unas amigas y me retrasé para almorzar. Cuando llegué corriendo a la cocina Digna me regañó por el retraso y por que ella misma se había retrasado con varias cosas.
Estaba en medio de su regañina y de pronto se dio cuenta que se había dejado unas fuentes que necesitaba en la casa. Se quedó pensando y me dijo: ay niña creo que me puse a regar las plantas de la salita y las dejé ahí, me las traes por favor? Si alguien te dice algo le dices que yo te mandé. Así que fui a la salita y entonces...."
Los colores se le subieron al rostro de nuevo y Marta no pudo evitar sonreír al recordar ese mismo momento.
"Sé que el día estaba precioso no porque había estado jugando afuera...lo sé por que cuando entré a la salita estabas tú mirando por la ventana y el sol hacía que tu pelo brillara de una manera especial, entonces te volteaste a verme y ufff... Es que tus ojos Marta...."
"Mis ojos? Pero si ya los habías visto mil veces!!"
Dijo Marta riendo y recordando la expresión en el rostro de esa niña de 12 años en la salita de la casa.
"Si pero es que cuando el sol les da así medio de lado y con esa intensidad de luz...cambian de tono y no sé...como que brillan de una manera especial y preciosa!"
Le dijo sin poder refrenar las ganas de besarla suave pero intensamente mientras acariciaba su rostro.
"Es que yo me quedé así, petrificada porque siempre te había mirado de lejos, siempre te había admirado, pero hacía mucho tiempo que no te veía y encontrarme contigo así de repente y tan hermosa...Ay es que ni sé que me dijiste yo solo podía pensar que en realidad no podía existir en el mundo una mujer mas hermosa que tú"
Marta rió suavemente y se acercó para besarla de nuevo. Fina agarró un puñado de pelo ondulado profundizando el beso y sintiendo a la vez la risa de Marta en su boca.
"A!! que te estas riendo de mi!" Dijo separándose.
"No no!" Trató de defenderse Marta sin lograr convencerla.
El puchero de Fina la enterneció casi como la niña de sus recuerdos y aún riendo explicó:
"Es que, te quedaste mirándome y pensé que no te acordabas de mi!!"
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"Hola Fina, soy yo Marta! Como estás? Mucho tiempo sin vernos!"
Le sonrió a la niña pero Fina sentía que casi no podía respirar, se le había atragantado todo: los pensamientos, las palabras, los pies y las manos. Cómo no iba a saber quien era, si desde pequeña la miraba desde lejos y soñaba con un día ser tan distinguida e independiente como la señorita Marta.
Pero algo le había pasado en el exacto momento en que esos ojos azules (que ahora la luz hacia bailar entre calipso y verde mar con todo lo que hay entremedio) se posaron en los suyos, todo se le había atorado dentro.
"No puede haber nadie más hermosa que ella en el mundo"
Fue lo único que se le vino a la mente y por un milagro de Dios el pensamiento no se le escapó por la boca.
Se dio cuenta de que ella le hablaba pero su cerebro no procesó ni media palabra. "Así deben sentir los marineros con las sirenas" reflexionó.
Entonces su nombre dicho en un tono de preocupación la sacó de su estupor. "Fina?" Le decía Marta, la señorita Marta mientras extendía un brazo para tocarla.
Fina supuso que si la tocaba se moriría ahí mismo y el pánico de que ello pasara la hizo reaccionar.
"Ssse se se señorita Marta, si que la recuerdo, co co cómo ha sido ssususu viaje?"
Un calor violento le arrebató las mejillas, seguro se había puesto como un tomate pero no alcanzó a reflexionar sobre eso porque cuando sintió la mano de Marta apretando la suya el calor se le arremolinó por todo el cuerpo e hizo lo único que pudo: mirar al suelo y concentrarse en la punta de sus zapatos.
"Que bueno! Pensé que te habías olvidado de mi!, venga! Apuesto a que vienes por esto que creo que Digna se las ha dejado acá "
Le dijo la señorita Marta con una sonrisa que la desarmó aún más mientras le pasaba las fuentes que claramente no tenían nada que hacer ahí en la mesita de centro.
"Sssisisi gra..gracias!" Fue lo único que pudo medio decir mientras tomaba las fuentes y se giraba para volver a la cocina con Digna.
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"Pero como iba a olvidarme de ti Marta!!"
"Pues no sé! Si eras una niña y casi no nos veíamos!"
Ambas rieron, y mientras Fina tomó unos cabellos de Marta entre sus dedos, Marta la miró a los ojos mientras posaba su mano en la clavícula de su mujer. Se quedaron así, disfrutando el contacto físico y la complicidad unos momentos hasta que Fina rompió el silencio.
"Igual después nos veíamos menos, pero era porque yo trataba de esquivarte como fuera"
La confesión hizo que Marta se sentara en la cama y le tomara las manos
"Esquivarme? ¿Pero por qué?" Preguntó medio sonriendo, medio preocupada.
"Pues Marta que yo tenía 12 años, tú 18, yo hija del chófer, tú la señorita de la casa, y pues tú y yo somos mujeres... Y yo cada vez que te veía...pues no podía dejar de pensar en ti... así que decidí que era mejor si no me encontraba contigo, si no hablábamos ni nada"
Un sentimiento de tristeza se apoderó brevemente de ambas, Fina jugaba con los dedos de Marta entre los suyos y continuó.
"Pasó el tiempo y entonces te fuiste de vacaciones...y cuando volviste..."
Marta sabía bien que parte de la historia venía ahora. Unas vacaciones en la costa francesa la habían hecho encontrarse con un muchacho simpático, de buena familia, médico. Ella ya había cumplido los 21, edad más que suficiente para dar el siguiente paso importante de su vida. El matrimonio era lo mejor que le podía pasar a una mujer, y un candidato como ese, era bastante atractivo para su padre.
Jaime no estaba mal, no era como la mayoría de los hombres. Él si escuchaba lo que Marta tenía para opinar frente a lo que fuera, le gustaba leer, la música, el teatro. Además, era increíblemente caballero y respetuoso. La primera vez que lo besó, Marta sintió que podría hacerlo fácilmente el resto de su vida.
Que más podía pedir? Finalmente, esas cosas que describían las novelas de amor que al final le aburrían y nunca terminaba de leer eran una fantasía ridícula. Jaime era un buen amigo y un buen hombre con un buen empleo y con sueños. Un hombre que a diferencia de su padre entendía que a Marta le interesaban más cosas que llevar una casa y la respetaba por ello, aunque ni ella misma sabía bien que más le interesaba en la vida.
Así que cuando regresó de esas vacaciones y después de unos meses de noviazgo la decisión estaba tomada.
Marta tiró suavemente de las manos de Fina y soltando la sábana arremolinada en su pecho se acercó a ella para sentarse a horcajadas sobre sus piernas. Fina la sostuvo posando sus manos en su espalda baja y se perdió en el azul de esos ojos que la miraban con una intensidad que en otro momento de su vida la hubieran hecho mirar al suelo.
Las manos de Marta se enredaban en su pelo negro y Fina suspiró pensando y sintiendo una mezcla de mil cosas en su pecho. La piel se le puso de gallina cuando Marta se acercó aún más y pudo sentir su piel desnuda apretada junto a la suya. Cerró los ojos y enterró su nariz en el cuello de Marta, inhaló fuerte dejando que su olor la cubriera por completo. Su mujer la abrazó aún más fuerte y acarició su espalda suavemente.
"En ese tiempo no entendí por qué, pero me dio tanta pena saber que te ibas a casar. Para ese entonces yo ya no pensaba tanto en ti y bueno, ya me había dado cuenta de que no iba a tener novio... Pero escuché que Digna le contaba a mi padre y no sé me dio una pena terrible "
Marta acarició su cabello, le dejó varios besos en la frente y preguntó
"En ese tiempo?"
"Cómo?" Fina levantó la cabeza para mirarla sin entender la pregunta.
"Dijiste que en ese tiempo no entendiste por que te había dado pena"
Fina Valero volvió a sonrojarse por tercera vez esa noche (sin que fuera "culpa" de Marta) y Marta acarició su rostro para animarla a hablar.
"Te va a parecer estúpido mejor dejémoslo"
"Mi vida, te juro que nada de lo que me digas me va a parecer estúpido...ni ahora ni nunca"
Fina vio el amor en los ojos de su mujer y decidió confesar su mayor secreto.
"Es que.. en ese tiempo habían muchas cosas que yo no entendía sabes?. Yo sabía que jamás tendría novio pero no podía distinguir los sentimientos de admiración o de amor o de amistad. Y ahora cuando recuerdo esos momentos, me doy cuenta de que ese día en que regresaste del internado y aunque yo era una cría...pues ese día me enamoré de ti Marta... Y sabes por que lo sé ahora?"
Marta negó con la cabeza, Fina levantó de su espalda una de sus manos y tomó una mano de Marta, la acercó a su corazón y mirándola a los ojos le dijo: "Por que ese día cuando te vi en la salita, sentí exactamente lo mismo que siento ahora mi amor"
Marta tomó su rostro entre sus manos y la besó.
La besó con todo su amor, con toda la pasión, pero también con reverencia porque si había algo digno de adoración en este mundo, eso era Fina Valero, la mujer que siempre la había amado desde lejos, en la penumbra y que a pesar de todo y de toda la oscuridad que pudiera reinar en algún momento de sus vidas, siempre iba a estar ahí con ella a pesar de todo y a pesar de todos.
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El orgasmo fue tan intenso que Marta aún sentía que lo único que existía en el mundo además de ella misma, era Fina.
Su boca, sus manos, su cuerpo, su olor, su sabor.
Solo anclada a ella la existencia tenía sentido real. La boca de Fina besaba suavemente su oreja y su cuello aún.
"Te adoro mi amor" la escuchó susurrar en su oído con la respiración aún entrecortada.
Marta tenía los ojos cerrados, pero estuvo segura de que Fina aún estaba sonrojada.
Todavía le pasaba que a veces sentía que todo era un sueño, como si estuviese atrapada en una de esas novelas rosa que nunca terminó de leer. Igual que meses atrás, pero por razones diferentes, se sentía como la protagonista de una de esas historias y entonces le entraba el miedo.
"Y si es un sueño y me despierto?".
Y siempre, de una u otra forma y como si leyese sus pensamientos, cada vez que ese miedo la asaltaba, Fina hacía algo que lograba desterrar ese sentimiento de su pecho. Como ahora, que sentía su nariz rozando la suya y sus pulgares apretando más fuerte sus caderas. Le siguió un beso en su nariz y el pubis de Fina presionando sobre el suyo. La sensación le hizo abrir los ojos y ahí estaba ella: su mujer, mirándola con toda la adoración del mundo.
Acomodó un mechón de pelo tras la oreja de la morena y la luz de la luna llena le dio de lleno en sus ojos haciendo que se vieran algo más verdosos de lo normal.
Un recuerdo tomó forma en su mente de pronto.
"No sé cómo es que puedes ser tan bonita...y tan dulce...y tan apasionada...y con tanto carácter al mismo tiempo", le dijo a Fina, con ojos enamorados antes de basarla por enésima vez esa noche.
"A que no sabes que pensé de ti la primera vez que te vi cuando volví de Niza"
Fina abrió los ojos muy grandes y contestó: "Que era una tarada en matemáticas " dijo riendo, "yo estaba estudiando para un examen en la mesa de la cocina y no entendía nada!!"
Marta rozó con un pulgar uno de los pezones de Fina la besó en la quijada y le dijo:
"No, esa no fue la primera vez que te vi..."
Fina se sentó arrodillada aún entre las piernas de Marta
"Como que no?!"
"Ven aquí " dijo Marta medio sentándose, pero tirando de los brazos de Fina para que cayera de nuevo sobre ella.
Después de un par de risas y de rodar de un lado a otro en la cama, encontraron de nuevo una posición cómoda para seguir hablando sin dejar de tocarse.
Que imposible era aún después de tanto tiempo dejar de tocarse. Ni Fina ni Marta sabían muy bien cómo hasta ahora, nadie las había atrapado en medio de caricias y besos furtivos entre los estantes del almacén, los perfumes de la tienda o los pasillos camino al despacho...
"Pues no, antes de empezar el viaje de regreso hablé por teléfono con Digna, y como resultado de nuestra conversación donde me prometió toda la comida española que quisiese, lo único en que podía pensar cuando llegué a casa era en una toledana. Así que dejé las maletas y bajé corriendo a buscar a tu padre"
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Isidro estaba por encender el auto cuando vio por el retrovisor a doña Marta correr hacia él.
Doña Marta, Isidro casi no podía creer que la señorita de la casa, esa niña a la que tantas veces cuidó ya era toda una señora.
Que orgullosa estaría doña Catalina.
"Isidro por favor no te vayas!"
"Doña Marta dígame que necesita?"
"Por favor llévame a la cantina de la colonia vengo soñando todo el viaje con una toledana de ahí" Marta le dijo sonriendo.
Isidro le hizo el gesto para que subiera al auto y una vez adentro le dijo "yo la llevo sin problema, pero dígame si necesita volver a alguna hora porque tengo que pasar a recoger a mi Fina hoy"
Marta no había pensado en Fina, en realidad no había pensado en nada que no fuera la bendita toledana de la cantina, pero cuando Isidro la nombró se le vino a la mente esa niña de 16 años en un vestido verde y mirada sombría el día de su boda.
"No sé si podría reconocerla en la calle! Vas a tener que presentármela de nuevo!" Le dijo a Isidro riendo, después de todo que edad tendría ahora? 18?,19?
Ciertamente ya no debe quedar nada de la quinceañera pensó Marta.
"Si doña Marta, mi Fina ya no es una niña pequeña, viera usted como tengo que andar espantando moscones!!"
Isidro rió de buena gana y Marta le siguió la risa aunque el comentario le pareció...bueno si ya tenía 18 años, en cualquier momento le iban a buscar marido. Ojalá y no le encuentren, ojalá nunca puedan encerrarla pensó para sí.
"Listo doña Marta, ya llegamos, pero no me dijo a qué hora la recojo"
Marta volvió a la realidad y sonriéndole a Isidro habló mientras bajaba del auto "no se preocupe, yo me vuelvo en taxi"
La toledana de la cantina quizás no era tan maravillosa, pero si era todo lo que recordaba Marta y eso fue suficiente para hacerla feliz todo el rato mientras comía. Pero pronto la toledana desapareció y con ella los instantes de felicidad que había traído.
Había vuelto a casa, pero no sabía muy bien a que. Su esposo no iba a dejar su trabajo y ella ya no quería estar viajando de un lado a otro ni conocer lugares exóticos. Pero Tampoco quería estar aquí, porque ¿qué podía tener la colonia, su casa para ella?
Abrió su bolso y sacó su inseparable libreta, rebuscó la pluma dentro del bolso y se quedó con ella en la mano mirando la hoja en blanco.
'Mi vida es como esta hoja en blanco: lista para escribir lo que sea que yo quiera, pero yo sigo sin saber que quiero escribir. Además, en esta hoja no hay mucho que pueda anotar porque por mucho que quiera escribir un millón de cosas en ella, esta es una sola hoja donde no caben más de 100 palabras... ¿y cómo voy a limitar a tan poco mi vida? ¿Como voy a elegir correctamente esas 100 palabras?'
Un suspiro de desgano y tristeza se le escapó mientras releía lo que había escrito, pero antes de poder sumirse en esos sentimientos unas voces agitadas la sacaron de sus pensamientos.
"Que no María que no puede ser!"
Marta se volvió a mirar de donde provenían las voces. Eran 3 muchachas una de ellas con ropas que reconoció como de operaria de la fábrica. La aludida contestó algo que no pudo escuchar y la misma muchacha de antes le dijo con pasión y enojo:
"Es que por mucho que sean los patrones! Que no corresponde que hagan eso!!!! tienes que hacerte valer y respetar!"
"Fina hija baja la voz que vamos a meter a María en un lío si te escuchan!"
"Pues que me escuchen a ver si se dejan de ser unos negreros fascistas de mihdhgsa!!!!!"
"CÁLLATE!!" dijo la muchacha tapándole la boca para evitar que todo el mundo oyera a Fina que al parecer no tenía ningún problema en que todo el mundo se enterara de su muy fuerte opinión respecto a los jefes de la fábrica.
Vio a las muchachas caminar apuradas. María y la otra tirando de los brazos a Fina y ella sólo pudo pensar:
"¿Como es que alguien puede ser tan bonita, dulce, y tan apasionada y con tanto carácter al mismo tiempo?"
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Las palabras de Marta habían abierto un baúl de recuerdos en la mente de Fina.
Marta ayudándola ese día a estudiar matemáticas.
Marta preguntándole si tenía que estudiar algo más.
Marta diciéndole que bien le quedaba esa chaleca roja.
Marta ofreciéndole un suizo de los que había hecho Digna esa tarde.
Marta regalándole una blusa que de seguro "le iba a quedar muy bien con sus ojos".
Todos y cada uno de esos recuerdos (y muchos más) se le agolparon en un segundo. Todos los había atesorado en su memoria a lo largo de los años y en todos ella siempre hacía lo mismo: tartamudear y mirar a cualquier parte (de preferencia sus pies) que no fueran los ojos de Marta.
Nunca en un millón de años se le había pasado por la mente que doña Marta merodeaba la casa pensando en que decirle y como encontrarse con ella para hablarle de cualquier cosa. Miró a su mujer acurrucada entre sus brazos, y de pronto reparó en que esa misma mirada y esa misma sonrisa estaba también en cada uno de esos recuerdos.
"Madre mía Marta...estas bromeando verdad?!"
"Es que en ese tiempo yo tampoco entendía bien que pasaba ni que sentía..." Se acurrucó en su cuello, dejó un par de besos ahí mismo y estrechó sus brazos que rodeaban la cintura de Fina.
"También me he dado cuenta ahora, de que ya en ese tiempo sentía esto mismo mi amor. Y entonces tú te fuiste a vivir a la colonia"
"Y tú empezaste a trabajar en la empresa"
"Y tú conociste a Esther..."
El cómodo y cómplice silencio de siempre las cubrió por un instante, hasta que Fina se atrevió a preguntar
"Que hubiera pasado si nos hubiésemos dado cuenta en ese entonces?"
Sonriendo y sin un momento de duda Marta le contestó "Nos hubiésemos escapado y ahora viviríamos en otro país y tendríamos una pastelería"
Fina la miró sorprendida y sin dejar de acariciarle el rostro preguntó "De verdad crees eso?"
"Si, en esa época yo aún no estaba encerrada en una jaula, sabía que me estaban dejando volar en el patio de mi casa solamente, pero aún no tenía barrotes a mi alrededor. Y si hoy sé que puedo estar en cualquier parte y hacer cualquier cosa que quiera siempre que esté contigo, en ese tiempo no me hubiese detenido a pensar en las consecuencias de absolutamente nada".
Pasaron unos momentos de silencio y continuó "Me tendría que haber cambiado el nombre eso si...para que no me encontraran"
"A si? Y que nombre te hubieras puesto?"
"Marta Valero, así pasábamos por hermanas "
Dijo sonriéndole, a Fina le explotó el corazón y miles de mariposas se le escaparon por el ombligo mientras tomaba el rostro de su mujer para besarla de nuevo. Se giró sobre ella enredando otra vez sus piernas y posó su frente sobre la de ella. Con los ojos cerrados suspiró, trató de ordenar las palabras en su cabeza, pero al final y como siempre le pasaba si tenía que ver con Marta, decidió hablar aunque no sabía que tan buena idea era decir en voz alta esos pensamientos.
"Y algún día vas a dejar que te saque de esa jaula de oro?"
Marta apretó la mandíbula, sus manos apretaron más la cintura y la espalda de Fina. Sus brazos se contrajeron para pegar su cuerpo más aún al de ella.
"Eres todo para mi lo sabes verdad? Sabes que no puedo respirar... No puedo vivir sin ti.... El tiempo que estuvimos separadas Fina...no quiero volver jamás en la vida a pasar por eso. Incluso mi vida antes de ti, nunca tuvo sentido ni propósito alguno"
Algo pesado se anudó en la garganta de Fina pero no dijo nada, solo esperó al momento en que ella dijera, pero.
"Lo he pensado mucho y aunque sé que no puede ser hoy ni mañana quiero que sepas que tú eres la llave de mi jaula"
Por un momento Fina creyó haber entendido mal, y abrió los ojos para mirar los de ella y asegurarse de que había entendido bien.
"Muchas cosas están pasando en mi familia y en la fábrica ahora mismo, pero ya he empezado a apartar dinero. Jaime me ha ayudado a moverlo de una cuenta a otra de manera que no levante sospechas, por eso digo que no puede ser ahora ni mjshñsna"
Fina la silenció de un beso, ya no importaban más las palabras que salían de su boca. La sola no existencia de un pero le había parecido suficiente. Tal como ese día que el escucharla decir cuanto la quería había sido suficiente.
Sintió que una lágrima le caía por la mejilla, pero no reparó en ella porque en ese momento nada podía importar más que ella, ella que la amaba como nunca jamás nadie la amaría.
Ella, que todos los días arriesgaba todo y aún así la cuidaba de las maneras más sutiles a las más evidentes.
Ella, que ahora volvía a convertirse en todo a su alrededor.
Ella, que ahora sabía con certeza no tenia duda alguna en tomarla de la mano para salir de su jaula y no volver nunca mas a entrar ahí.
Ella
Marta de la Reina
La señorita Marta
Doña Marta
Marta
Marta Valero.
