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Language:
Español
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Published:
2024-09-22
Words:
918
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1/1
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47

Things I Miss

Summary:

Avril llega finalmente a Erusea después de la guerra. (Original por APchan: https://archiveofourown.org/works/51862195)

Notes:

Work Text:

Avril tenía que admitirlo, no era así como pensaba que sería su vida.

 

Cuando era pequeña, antes de saber lo horrible que podía ser el mundo, quería ser piloto. Como el resto de su familia antes que ella. Quería ser como los héroes en la televisión y en las viejas historias de la guerra. Luego, su padre murió y su abuelo le prohibió unirse al ejército en ninguna de sus formas, así que se enamoró de algo diferente: la mecánica.

 

Era lo único que la mantuvo cuerda el tiempo que estuvo en la unidad penal. Probablemente, también fue lo único que la mantuvo con vida. Durante un tiempo, pensó que eso era todo. O la extinguirían en la guerra o pasaría el resto de sus días pudriéndose en prisión con una pierna inútil que solo le servía de recordatorio de que nunca llegaría a ser piloto.

 

Viajar en jet privado hasta Erusea para convertirse en una asesora de la nueva reina no era algo que estuviera en su tarjeta del bingo, pero allí estaba.

 

Ella no necesitaba el jet privado o el armado equipo de seguridad con el que se supone que tenía que reunirse, pero Cossette había insistido. Aunque la guerra civil llevaba años acabada, la política de Erusea era un polvorín a unas pocas malas palabras de estallar. Y un ciudadano de Osea ocupando una posición de poder no iba a ayudarlo. Especialmente desde que empezaron a circular rumores sobre su relación.

 

Cossette estaba asumiendo un riesgo al hacer esto. Para ser una princesa joven y criada entre algodones, parecía tender a asumir muchos. Al menos, esta vez no estaba corriendo de cabeza hacia una fuerza o una base enemiga, saltando en medio de un combate entre dos cazas. Avril respetaba eso un montón, ninguna de las dos seguiría con vida si no fuera por esa valentía, pero a ella no le importaría poder quitarse los constantes ataques al corazón de encima.

 

A pesar de los riesgos, Avril tenía que admitir que estaba emocionada de haber llegado por fin. Después de que terminara la guerra, había acabado quedándose por allí, ayudando en todo lo que pudiese y proporcionando el soporte emocional y proporcionando consejos cuando le preguntaban. Con el tiempo, Cossette le ofreció un sitio para quedarse permanentemente. Y, por supuesto, ella aceptó.

 

No había nada que la mantuviera en Osea, excepto papeleo y, desafortunadamente, había muchísimo papeleo. Lo que se suponía que sería un rápido viaje de vuelta, para poner sus asuntos en orden, se convirtió en una estancia de tres meses en un infierno burocrático. Esas videollamadas que se alargaban demasiado en la noche, incluso con la excusa de la diferencia horaria, la mantenían con ganas, pero no eran comparables a verse en persona. Y, por cursi que fuese, ciertamente la ausencia es al amor lo que el fuego al aire, apaga el pequeño y aviva el grande.

 

Después de decenas de horas sin hacer nada más que viajar en línea recta, finalmente sintió que el avión giraba. Ella había cerrado las ventanas hacía horas en un intento fallido de dormir un poco, y abrirlas era casi cegador. Sus ojos tardaron un par de minutos en acostumbrarse lo suficiente como para ver la ciudad a lo lejos. Estaban aterrizando en una pista privada en las afueras de la ciudad para evitar a la prensa que no querían.

 

El aterrizaje fue sorprendentemente suave, mucho más suave que el de todos los transportes militares a los que estaba acostumbrada. El servicio también fue más suave. En cuanto recibió el visto bueno para levantarse y recoger su equipaje, un asistente se le adelantó. Aunque era agradable no tener que llevar cosas en la pierna, seguía siendo increíblemente extraño ver a otra persona bajar todas sus pertenencias hasta lo que era, evidentemente, un grupo de guardias de seguridad. Avril vislumbró una figura rubia mucho más baja, vestida con su característico blanco, que revoloteaba entre ellos.

 

Sonrió para sí misma. Por supuesto. Cossette le dijo que no se verían hasta que llegara al castillo, pero debería haber esperado algo así. Probablemente había una razón oficial de seguridad para ello, pero no le sorprendería si todo fuera por la sorpresa. Bueno, definitivamente no era desagradable.

 

Avril solo estuvo en tierra firme por un momento antes de que Cossette pasara a toda velocidad junto a ellos, claramente más rápido de lo que esperaban. Uno de los guardias hizo un movimiento para agarrarla, pero ella ya se había ido. Avril resopló. Ni siquiera podía culparlo por no haberla visto. Comenzó a acercarse lentamente, aunque sabía que no llegaría muy lejos.

 

Cossette aminoró la marcha justo antes de alcanzarla, lo que le dio el tiempo justo para verla bien. El resto del mundo se desvaneció en el fondo. La expresión de su rostro era mucho más brillante que cuando abrió la ventana, pero quería absorber cada detalle. Las videollamadas faltas de nitidez realmente no le hacían justicia.

 

Se abrazaron, como si algo fuera a separarlas violentamente en cualquier momento. Cossette estaba claramente atenta a su pierna, pero en ese momento no le importaba si se caían al suelo. Estaban allí, juntas y a salvo, y eso hacía que todo valiera la pena. Todo el papeleo y el viaje, todas las peleas y los riesgos. Todo valió totalmente la pena.

 

—No tienes idea de cuánto te he extrañado. —La voz de Cossette se sentía cálida sobre su pecho.

 

Ella no dijo nada. No tenía porqué hacerlo. Lo único que hizo fue inclinarse y besarla.