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Miércoles, 8 de Abril
Enzo Fernández se paró de la mesa larga, abriendo sus manos y apoyando la punta de sus dedos en el vidrio que la cubría. El sol que entraba por la ventana enorme que llegaba del suelo al techo le pegaba en la espalda y parecía hacerlo brillar. Sacudió como limpiando la punta de abajo del saco azul marino, hecho a medida, que tenía puesto, mientras estudiaba con la mirada a la fila de hombres mayores que lo no despegaban sus miradas de él. Se los notaba desde furiosos a muertos de miedo, con las cejas arrugadas, la respiración agitada y los cachetes colorados.
- ¿Alguien necesita estirarse un poco? - Enzo apoyo su mano en su cintura y empujo sus caderas hacia adelante. –Las negociaciones así de largas hacen que se me acalambren las piernas-
A su pregunta la respondieron con un profundo silencio, salvo por la pequeña corriente del aire acondicionado que circulaba en la oficina. Enzo sonrió con disimulo.
- ¿Alguno desearía tomar un poco más de agua, tal vez? – Recorrió con sus dedos el nudo de su corbata negra con su mano izquierda. –Siento la boca un poco seca. -
-No – Dijo Benítez violentamente, la palabra saliendo de su boca antes que Enzo termine de hablar. –No queremos tu agua de mierda, así como tampoco estamos de acuerdo con la estafa que nos estas planteando en el acuerdo. –
El otro señor mayor, Morales, estaba inquieto en su asiento al lado de Benítez, con sus cejas blancas y pobladas fruncidas por el enojo. Los ojos calmos de Enzo se movieron hacia él antes de que le responda.
-Está haciendo tiempo, Fernández. Todo lo que decís es un montón de basura. - Las palabras de Morales sonaban como pequeños eructos que apenas podían salir de sus labios partidos, mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho. –Puras mentiras. Haciéndonos perder el tiempo a todos. –
Enzo se dio vuelta para alejarse. –Como ustedes quieran...-
Caminó diez pasos hacia adelante hasta llegar a la mesa/bar que estaba contra la pared. Una jarra de vidrio con agua condensada en su exterior, debido al hielo, estaba apoyada allí arriba. Tenía pedazos de pepino delicadamente cortados que se mezclaban con los hielos cuadrados perfectos. Agarró un vaso largo, fino y redondo, y empezó a llenarlo.
Se llevó el vaso a la boca y tomo un sorbo lento, dejando que el agua fría baje por su garganta y llegue al centro de su pecho. Miró por la ventana, viendo los autos pasar por la calle de abajo, su corazón palpitando en sus oídos. Había algo hipnotizante en mirar a otros hacer su vida sin una preocupación en el mundo sobre lo que estaba sucediendo arriba de ellos. Desde el piso cuarenta, Buenos Aires parecía una pintura de Seurat, la gente y los autos mezclándose y pareciendo puntos coloridos.
Si se quedaba viendo lo suficiente, podría ver su propio reflejo en el vidrio impoluto. Ya podía ver a las personas sentadas en la mesa atrás de él, clavándole la mirada en la parte de atrás de su cabeza.
En un lado de la mesa, estaba su jefe, el CEO de Martínez y Asociados, Emiliano Martínez. Martínez estaba sentado en su silla de cuero con respaldo alto, una pequeña sonrisa en sus labios, y su pelo castaño claro peinado de un modo responsable, pero con estilo.
Sentado a un lado de la silla vacía de Enzo estaba el cliente de la empresa, Alexis Mac Allister. Alexis se encargaba de comprar pequeñas empresas que fueran una amenaza para su propia empresa de construcción; Constructora Mac Allister, un gigante corporativo. Tenía pinta de que estaba incluso más cómodo en su silla, con sus piernas cruzadas encima de la esquina de la mesa, y un vaso de whisky en su mano.
Del otro lado de la mesa estaba el grupo de hombres que claramente no encajaban allí. Los dueños de Benítez-Morales Construcciones parecían listos en todo momento para trabajar; gracias a la cantidad de horas diarias abajo del sol, con las manos constantemente en cemento y tierra. Les quedaba mejor inhalar aserrín que estar abajo del aire acondicionado tomando agua con pepino.
El lado de Enzo usaba trajes hechos a medida, corbatas caras y finas, zapatos de cuero italiano diseñados exclusivamente para las formas de sus pies, e iban regularmente a la barbería y peluquería para que ningún pelo estuviese fuera de lugar.
Benítez y Morales usaban trajes hechos con tela barata; sus pantalones eran un poco cortos, las mangas de sus sacos un poco largas, sus pelos parecían haber adoptado permanentemente la forma de los cascos que usaban por horas en su lugar de trabajo. Sus zapatos de vestir todavía hacían ruido por la falta de uso. Incluso el dúo de abogados que los acompañaba parecían sacados de lugar, desencajados, y no dejaban de sacudir sus piernas o mover apenas sus manos, claramente nerviosos. Seguramente el presupuesto que Benítez y Morales podían gastar en asesoría legal era una mínima fracción de lo que Schilling gastaba todos los meses en comida para uno de sus perros.
Enzo llenó su vaso hasta que casi rebalsó.
-Entiendo que esto no ha sido un proceso fácil para usted, señor Benítez, - dijo, usando su tono de voz amable. –Ni para usted, señor Morales. -
-Usted no sabe una mierda, Fernández, - insistió gritando Morales. –¡Usted no es más que un buitre! - Tosió, golpeándose el centro del pecho. –¡Una sanguijuela de la sociedad! -
-Señores- Se rio Martínez. Su silla de cuero rechinando mientras más se acostaba en ella. –Cuidemos el lenguaje. –
Enzo evitó sonreír tomando otro sorbo de agua. Prácticamente podía imaginar la sangre burbujear por sus venas; la transpiración generada por el estrés caer en el cuello de sus camisas. Su cuerpo reaccionó; su sangre corriendo más rápido, la sensación de calor creciendo por debajo de su piel y su corazón volviendo a su ritmo normal.
Si giró nuevamente enfrentando la oficina, su mano derecha agarrando el vaso, su mano izquierda dentro del bolsillo del pantalón. Podía sentir la victoria mientras movía sus ojos de derecha a izquierda. Benítez y Morales estaban al límite, sus cuerpos tensos que si un arqueólogo los golpease apenas con su martillo se derrumbarían y quedarían hechos polvo.
-Estamos acá para ayudarlos, - dijo Enzo, humedeciendo su labio inferior. –Todo este tiempo estuve intentando ayudarlos. Me quiero asegurar de cuidarlos a ustedes. –
-Sos un mentiroso y un aprovechador, - le dijo Morales con la cara roja como un tomate. - ¿Por qué deberíamos creer las mentiras que salen de tu boca? Vos trabajas para- sus ojos se movieron hasta Mac Allister, su voz poniéndose más grave, -para él. - Tosió fuertemente mientras su compañero, Benítez, le daba la mano. Sus abogados revolvían papeles sobre la mesa. Enzo dio dos pasos hacia adelante.
-Entiendo lo que ustedes están sintiendo. - Enzo los apuntó con la parte superior de su vaso, moviéndolo de un lado a otro. –Lo entiendo más de lo que se imaginan. -
- ¿Qué se supone que significa eso? – preguntó Benítez, para luego fruncir sus labios.
Enzo parpadeó mientras lo mirada, y luego inclinó su cabeza.
- ¿Les puedo contar una historia? – Preguntó suavemente.
Los ojos de Martínez se arrugaron en los bordes, pero no se inmutó más allá. Su mirada iba de Benítez a Morales, quienes estaban silenciosos y petrificados. Mac Allister rellenó su vaso, el whisky cayendo al vaso el único ruido en la habitación.
Enzo, sin mover de ellos su mirada, les ofreció una sonrisa pequeña. Miró a los ojos a Benítez, sus cejas arqueándose. Un momento pasó hasta que este le devolvió un gesto con su hombro, dándole lugar a que hable. Morales lo miraba con furia mientras sostenía en su puño el centro de su camisa arrugada.
-Cuando yo era un niño pequeño, mi papá y su hermano comenzaron un negocio juntos, - comenzó a hablar Enzo mientras se acercaba a la mesa. –Abrieron un negocio que vendía- sus ojos se fijaron en la corbata de Morales, de un verde oscuro parecido al color del bosque con un pequeño pez bordado en el material, -cosas para pesca. - Volvió a mira a Benítez. –Carnada, cajas para pescar, cañas, esos pequeños cosos que, - arrugo sus ojos y chasqueo los dedos cerca de su cara, su labio inferior entre sus dientes, - que flotan. ¿Cómo se llaman? -
-Boyas. - dijo Morales de mala gana.
- ¡Boyas! - los ojos de Enzo brillaron mientras chasqueaba nuevamente sus dedos y los apuntaba en dirección a Morales. –Sí, gracias. Que tonto, ¿¡Cómo me voy a olvidar! Boyas, ganchos, - movió su mano en el aire, -todo lo que alguien puede necesitar para pescar, ellos lo vendían. -
Benítez se movió en su asiento, - ¿Cuál es tu punto? -
-Era un negocio muy, muy pequeño, -dijo Enzo, mirando la pared de vidrio de la oficina. Sus hombros se elevaron un poco. –eso era todo lo que mi familia podía tener. - tomó un poco de su agua y tragó rápido, juntando sus cejas y negando con la cabeza. –Nada que ver en tamaño o importancia a su compañía, ni cerca. Pero, - Enzo sonrió suave, -lo amaban. - apoyó su mano en su pecho. –yo lo amaba y sabía que quería trabajar ahí cuando creciera. -
Enzo estudiaba un punto arriba de sus cabezas, una mirada cálida y nostálgica se apoderó de él.
-Pasaba horas escondido abajo del mostrador. Disfrutaba estar en mis veranos mirando las pantorrillas de mi papa mientras él atendía gente y les vendía la mejor caña de pescar. Escuché darles consejos, explicar los pros y los contras de las carnadas y su recomendación para atrapar el pez deseado. Incluso, él me dejaba pretender que los gusanos eran mis mascotas, - dijo mientras se reía. Volvió a subir una mano a su pecho. –Me rompió el corazón enterarme dónde iban a parar mis mascotas. Creo que no era el chico más inteligente. -
Algo así como alegría recorrió los ojos de Benítez, y la expresión seria de Morales flaqueó un poco. Enzo se acercó hasta casi tocar la mesa y tomo un largo trago de agua. Incluso en esa posición sabía que tenía todos los ojos de la oficina sobre él.
-Al tiempo mi papá murió, - dijo, mientras pausaba antes de seguir. –Un ataque al corazón. -
La habitación quedó en completo silencio. Enzo asintió tres veces lentamente con la cabeza,
-Y mi tío, que nunca había dicho que quería vender el negocio familiar, fue víctima de un aprovechador que, durante un momento de tragedia, lo convenció de vender. Para dejar que otro negocio, más grande y mejor establecido lo controle, bajo la falsa condición de dejar que mi tío siga como dueño y tenga una parte de los ingresos. Creo que no tengo que contar la historia completa. Como verán, -Enzo estiro su mano hacia adelante, -No estoy detrás de la caja registradora de una casa de pesca. Ya no existe. El negocio que se hizo fue malo para todos excepto para el que se quedó con todo. Mi familia se quedó sin nada; mi papá se murió, perdimos la casa de pesca, no teníamos nada. –
Enzo tomo lo último de su vaso de agua y lo apoyó en la mesa. Se apoyó él también sobre esta y se acercó un poco.
-Esto, - dijo, mientras señalaba a Mac Allister sin mirarlo, - no es eso. Este no es un mal negocio para ustedes y su compañía. Por el contrario. Esto, - giró el contrato hacia ellos, -es un buen negocio, que los recompensa por tantos años de trabajo. –
Vio como Benítez y Morales estudiaban el contrato que, durante semanas, fue motivo de conflicto.
-Van a hacer recortes en nuestra compañía- dijo Benítez, con los brazos cruzados en su pecho. –Van a eliminar todo lo que hace que esta compañía sea nuestra. Elegir cantidad barata por sobre materiales de buena calidad, algo que nosotros nunca quisimos hacer. –
-Alexis no tiene interés de hacer algo así. – dijo Enzo, sacudiendo su cabeza. Martínez le imitó el gesto, sus manos levemente apoyadas en sus piernas. –seguramente haya cambios en la gestión, algo completamente normal cuando sucede este tipo de adquisición, pero desde la constructora Mac Allister quieren que vaya todo bien en la transición. ¿Quién conoce mejor la empresa que los empleados de Benítez-Morales? Sería el modo más fácil. -
-Pero, ¿Por qué les importa nuestra compañía? – pregunto Morales, sus manos apretadas en puños arriba de la mesa. - ¿Por qué nosotros? –
La respuesta era simple; desde la empresa Benítez-Morales habían construido una casa para una persona famosa, llena de elementos de carpintería diseñados exclusivamente, con una gran cantidad de detalles. Fue tan bien recibida por revistas de diseño que se convirtieron en uno de los grupos más buscados y solicitados de Buenos Aires. La pequeña empresa estaba interfiriendo con los clientes de la constructora Mac Allister, y él no disfrutaba de la competencia, especialmente de una compañía que tenía una reputación increíble, una creciente oleada de fans, y potencialmente una enorme ganancia anual. Todo lo que necesitaba era ser puesta en las manos correctas.
Enzo se sentó en su silla de cuero, y dijo, -La constructora Mac Allister está buscando hace bastante una compañía que le dé un toque personal, con mentalidad familiar a su estructura. El laburo que ustedes hacen es increíble. Ustedes le dedicaron toda una vida al trabajo. – Estiro sus brazos al frente suyo. - ¿Por qué no dejar que alguien más haga la parte pesada?
-Porque es nuestro legado, - dijo Benítez, empujando suavemente el contrato lejos de él. –Porque queremos que nuestros hijos, hijas, nuestras familias tengan algo que heredar. Porque nosotros hacemos a esta compañía, y ponerla en las manos de alguien más sería arriesgarse a tirar a la basura una vida entera de trabajo. –
-Entiendo completamente, - dijo Enzo, asintiendo y cruzando las piernas. –Tiene razón. – Acercó la carpeta que tenía adentro el contrato a su lado de la mesa. Dio tres golpecitos con sus dedos arriba de los documentos. –Me disculpo por hacerles perder el tiempo con mí, - dejo salir aire por su nariz, como en una risa, parpadeando lento con sus pestañas oscuras, -tonta historia de pesca. –
-No hace falta que se disculpe, - dijo Morales. Carraspeó para luego continuar. –Fue… fue una linda historia. –
-Gracias. Es muy amable de tu parte decir eso. Uno solo tiene un padre en esta vida, ¿vio? – Enzo dejó salir un suspiro, mezclado con una pequeña risa, mientras negaba con su cabeza. –Desearía que alguien me lo hubiese dicho cuando era un pibe. Habría pasado menos tiempo en la cancha y más con él. –
Los documentos hacían ruido mientras Enzo los apilaba.
Siguió, -Si no hubiese muerto, probablemente habría estado a su lado todo el tiempo posible. Para aprender de él. Entiendo completamente de donde vienen con su planteo. Yo habría peleado hasta con los dientes para quedarme con el negocio de ellos, solo para que él pudiera jubilarse tranquilo y cómodo, disfrutando del tiempo con su familia, sus hijos, sus nietos. Incluso siendo tan pobre como cuando atendía el negocio. –
Dejó caer la pila de documentos en frente de él, haciendo que una suave brisa corra sobre la mesa.
-Uno tiene una sola vida; una única chance de vivir de la mejor manera posible, - dijo Enzo, sonriendo a Benítez y Morales. –Yo sé que, si tuviera la oportunidad, la pasaría con mi familia, con la gente que quiero. –
Miró a su jefe, que durante toda su historia no había movido ni un pelo. Sus ojos se encontraron y el lado derecho de la boca de Martínez se elevó. Los ojos de Enzo apenas se cerraron por un segundo, e hizo una mueca con sus labios, como en resignación.
Sin mover todavía su cara, comenzó a decir, -Señores, permítanme acompañarle afue--
-Espere. –
Fue Morales el primero en romperse, su mano apoyada muy cerca de la carpeta que tenía Enzo enfrente. Mac Allister se rio disimuladamente mientras tomaba de su vaso, su cuello musculoso moviéndose mientras tragaba. El otro lado de los labios de Martínez se elevó también, listo para, junto a Enzo, sonreírles con calma desde el otro lado de la mesa.
Track: Duran duran | Hungry like the wolf
Cinco minutos después, Enzo tenia apiladas nuevamente las carpetas, pero ahora todos los documentos y contratos estaban firmados. Tanto Benítez, Morales, como sus abogados estaban juntando sus copias de los documentos, Martínez sirviendo champagne en copas en el centro de la mesa de conferencias.
Le rechazaron la bebida, ahora viéndose más que rojos y enojados, enfermos. Enzo se acercó para estrechar sus manos, como hacía siempre que cerraba una negociación, pero Morales lo agarro de los hombros y lo acercó. Olía a verano y al líquido que se usa para después de afeitar. Su nariz estaba permanentemente roja, maltratada tantos años por el sol, sus manos grandes como dos bifes bien hechos.
-Fernández. – le dijo, aunque sonaba menos violento que antes. Más bien, parecía un abuelo. –Si alguna vez necesitas que te acompañe a pescar, tenés mi tarjeta. No dudes en llamarme, hijo. Tenes casi la misma edad que el mío, Pedro. Nosotros vamos a pescar todo el tiempo juntos. – Sus líneas de expresión se acentuaron mientras le sonreía, sus manos dándole palmadas en la parte de afuera de sus brazos. –Nos encantaría que nos acompañes. –
Enzo forzó una sonrisa y asintió una vez. Sentía que sus labios querían caerse de su cara, sus cachetes haciendo mucha fuerza para hacer que su sonrisa no flaqueara.
-Gracias señor, es muy generoso de su parte. –
Benítez, Morales y su equipo dejaron la sala de conferencias, la puerta cerrándose atrás de ellos. Enzo vio al grupo caminar por el pasillo hasta desaparecer cerca de los ascensores.
Una botella de champagne se abrió.
- ¿Sería muy cliché de mi parte hacer un chiste sobre la pesca ahora? –
Mac Allister estalló de la risa frente al comentario de Martínez, mientras Enzo le sonreía a su reflejo en la pared de vidrio de la oficina.
-Sos un genio Enzito- le dijo Alexis, mientras le golpeaba la espalda. –Sos fantástico, vale cada millón este pibe. Te ganaste un cliente para toda la vida. –
Lo abrazó por el costado y lo volvió a llevar hacia la mesa. –Nico no jodía cuando me decía que eras el mejor. Aunque quiero recordarte que, - se rio y el aliento con olor a whisky inundó las fosas nasales de Enzo, -mantener a sus empleados o sus políticas no está en mi plan para su compañía, que, por cierto, - tocó el centro del pecho de Enzo, -ahora es mí compañía–
-Sí, lo tengo en claro. – Enzo humedeció sus labios y tragó en seco. Se preguntaba cuánto tardarían en darles la noticia sobre el futuro de sus trabajos a los empleados actuales. –Lo que sí, van a ser ricos. Muy ricos. –
-Ni cerca de lo rico que voy a ser yo una vez que haya hecho un par de remodelaciones en esa compañía. Pobres, me entregaron mina de oro sin darse cuenta. – Se terminó el whisky que le quedaba de un trago, apoyó el vaso fuertemente en la mesa y largó una gran cantidad de aire entre sus dientes apretados. –Me encanta cuando pasa eso. –
Martínez se les arrimó con una copa de champagne para cada uno. Le acercó una a Enzo, con una sonrisa burlona en su cara.
-Un papá pescador, ¿eh? Creo que eso no estaba en tu CV. –
Enzo le aceptó la copa.
-No creo poder reconocer a mi papá incluso si lo viese en la calle mañana. – Tomó un trago, su lengua lamiendo el labio inferior. –Nunca pesqué, tampoco. La semana pasada, en un vuelo, vi un documental sobre pesca. Me sentí inspirado. –
Mac Allister escupió champagne por su boca, Martínez sonreía con la copa tocándole los labios.
-Sos un hijo de puta, - le dijo Alexis, mientras lloraba de la risa. –Que alguien te de un Oscar por semejante actuación. Si no fueses tan bueno en lo que haces te recomendaría que hagas actuación. –
-Es bueno. Muy bueno, - dijo Martínez lentamente, con la voz baja. Le apretó los cachetes a Enzo, sonriendo orgullosamente. –Es esa carita tierna, el puchero que hace y el flequillo relajado lo que los termina comprando. Nadie se le puede resistir. Incluso con esos tatuajes en el cuello. – Sus ojos se ajustaron mientras pensaba, aflojando su agarre en le cachete. Le dio una pequeña cachetada. –Con razón te pago tan bien. -
Enzo hizo chocar sus copas. –Salud por eso! –
Su efusivo brindis no se condecía con la expresión resignada que tenía en la cara. La luz de sus ojos había desaparecido por completo, y sus labios no podían dejar de ser una línea tensa.
Una vez que los detalles del negocio se cerraron, se despidió de Alexis y de Emiliano con la excusa de volver a su trabajo. Subió solo al ascensor, mientras veía a otros empleados caminar en sus tacos de punta, polleras, trajes negros o blancos. El único color que podía observar eran las flores rojas en el escritorio de la secretaria.
Cuando las puertas del ascensor se cerraron, Enzo suspiró pesadamente, dejando que su cabeza caiga hacia adelante. Se ajustó el nudo de la corbata, estirando su cuello para ambos lados. Sacó su celular, mirando los mensajes que le habían llegado.
Tocó el botón de abajo y se llevó el celular a los labios, diciendo “llamar a mamá en los próximos tres días”. El celular emitió un sonido, una alerta de calendario apareciendo en la pantalla para ser aprobada. Mientras hacía eso, le entró una llamada. Los labios de Enzo se apretaron en una línea, su pulgar declinándola.
Su asistente, Rodrigo, lo había llamado varias veces, e incluso le había dejado varios mensajes y mails. Era comportamiento normal para él, que entraba en pánico cuando no sabía si Enzo había regado el palo de agua que tenía en la oficina. La respuesta era siempre un “no” rotundo. Enzo nunca se acordaba de regar la planta que Rodrigo le había insistido en comprar para mejorar la circulación cerebral o de oxigeno o alguna otra cosa que le había dicho, pero ya no se acordaba.
Mientras que su excesiva necesidad de llamarlo podría ser insoportable para algunos, a Enzo no le molestaba. Rodri era perfecto para, de una manera amable y perfecta, declinar las llamadas que Enzo no quería tomar y las personas que no quería ver, mientras que lograba acomodar su agenda para que Enzo no se pierda ninguna reunión, todo con una sonrisa en la cara.
Desde que Rodrigo era su asistente, Enzo no se había perdido ninguna reunión, ningún vuelo o evento de la compañía, y generalmente recibía comentarios positivos acerca de los modos de comunicación de su asistente con los clientes. Rodrigo todavía no le preparaba un buen café, pero al fin y al cabo era humano. Su fortaleza era la oficina, no la cocina.
Enzo bajó del ascensor en la planta baja, sus zapatos negros brillantes haciendo ruido en el piso de mármol que brillaba aún más. Llamo a Rodri desde su celular.
-Hola señor! –
-Hola Rodri, ¿qué pasó? –
- ¿Salió todo bien con Benítez y Morales? -
-Sí, los convencí – dijo Enzo, mientras empujaba la puerta grande para salir del edificio. –Está hecho. –
-Que bien señor!
Enzo podía escuchar la alegría genuina en la voz de Rodrigo. Si a Enzo le iba bien, el suelo de Rodri subía.
- ¿Qué pasó que me llamaste? – le preguntó Enzo mientras caminaba, el viento frio golpeándolo en la cara. –Y deja de decirme señor que pareces Jarvis de Iron-Man, no me gusta, me siento muy viejo. –
-Estás llegando de Scaloni, ¿no?
El corazón de Enzo se detuvo un momento. Dejó de caminar, la gente pasándolo en la verada a alta velocidad.
- ¿Qué?
- ¿Lionel Scaloni? ¿Tenes una reunión a las doce con él? Estoy seguro que lo puse en tu calendario. – Escuchó los sonidos de teclas a través del celular. –Esperame un momento, por favor, voy a intentar arreglarlo. –
-La puta madre – dijo Enzo, mientras se frotaba la cara con la mano. –Sí, si lo habías agregado. Recibí la notificación hoy a la mañana y me olvidé completamente. Es mi culpa. La otra negociación me llevo más tiempo de lo que esperaba y… - Miró su reloj, mordiendo su labio inferior. Camino rápido hasta la esquina. –Me voy a subir a un taxi. No voy a llegar ni en pedo si voy en tren. –
-Podría volver a reagendarla para usted
-No, no. – Enzo sacudió su cabeza, sus ojos moviéndose entre los taxis que veía pasar. –Estuve intentando coordinar esta reunión por meses. Está por cerrar una de las fusiones entre empresas más grandes del país, y no voy a perder este negocio, Gómez también está atrás de él. –
-Scaloni es un señor muy ocupado
-Sí, ya se
- ¿Querés que le avise que estas llegando tarde?
-No, no, es un señor malhumorado y tradicional. No le va a gustar. – Enzo se aplastó la nariz contra la cara, sentía el estrés correr por sus venas. –Dios, y mi día venia tan bien. –
Escuchó más sonidos de teclas.
-Teniendo en cuenta el trafico actual, creo que podés llegar al restaurante en ocho minutos, si logras subirte a un taxi en los próximos treinta segundos, dejándote un minuto y medio de tiempo extra a la hora acordada. –
-Sí, sigo intentando que algún taxi frene. – Dijo Enzo, levantando su brazo y haciendo que su saco se abra. Sus ojos se iluminaron mientras veía un taxi bajar la velocidad y frenar en frente de él. – Al fin, te aviso cuando llego. –
-Disfrute señor. Pruebe el plato de rabas, me dijeron que es muy rico. –
Enzo se rio fuerte mientras revoleaba los ojos. No había manera que Rodri no le diga señor, y tenían prácticamente la misma edad. Le cortó la llamada y apoyo su celular cerca de su pecho. Su celular empezó a vibrar, y con el pulgar cortó sin ver siquiera quien lo llamaba. Abrió la puerta y se subió al taxi, chocando con un cuerpo en el medio del asiento de atrás, que estaba entrando desde la otra puerta.
-Disculpame, - le dijo Enzo, usando su voz grave y empujándose contra el cuerpo de la otra persona. Su celular comenzó a sonar fuerte en el espacio cerrado. –Estoy seguro que yo entré primero. –
Ambas puertas se cerraron, y ambos hombres se acomodaron en sus respectivos asientos.
-Disculpame, - le dijo el otro. –Estoy seguro que yo entré primero. – Enzo solo pudo ver su espalda, el saco negro que tenía claramente era caro, y se notaban unos suaves rulos en su cabeza. –Tengo que ir a Avenida del Libertador y Matienzo, por favor, – le dijo al chofer.
-Dios, no estoy para esto, - se quejó Enzo, mientras se acomodaba en el asiento, -pero vamos los dos para Palermo. Ya que estamos, podemos compartir. – se acercó un poco al chofer, mientras el otro hombre a su lado volvía a sentarse bien en su asiento. –Voy a Battelo Restó. Está sobre Demaria, esquina Sinclair. Si doblas por Godoy Cruz llegamos cómodos. Es un restaurante que está en la esquina. Necesito que me lleve a mi primero. –
-Somos un poquito mandones, ¿no? –
Enzo miró por encima de su hombro, sus ojos recorriendo el cuerpo del extraño sentado en el asiento al lado de él.
Sus grandes piernas estaban cruzadas, tenía un aura de que estaba aburrido mientras su pulgar pasaba por la pantalla de su celular. Tenía lentes de sol oscuros puestos, y su saco negro estaba abierto de una manera que hasta parecía artística, dejando ver su torso musculoso. Estaba vestido todo de negro, desde su camisa, translucida y abierta hasta la mitad, hasta sus pantalones, apretados y de cuero. Se le veían los pezones detrás de la tela.
-Estoy llegando tarde a una reunión muy importante, - le dijo Enzo, apretando la mandíbula.
El hombre se rio, -como si a mí me importara. –
Enzo lo siguió mirando, tenía anillos casi en todos los dedos que brillaban un montón, y seguía usando su celular. Se le fueron un poco los ojos, pero volvió a mirarlo a la cara y comprobó que le caían unos rulos despeinados en la frente.
-No estoy seguro a qué llegas tarde vos, capaz un concierto de rock, pero mi reunión es realmente importante. – se giró a mirar al conductor y le dijo rápido, -por favor, empiece a conducir y déjeme a mi primero. No puedo llegar tarde. –
-No seas malo, - le contestó el extraño desde su asiento. Su bota negra moviéndose mientras movía su pierna cruzada. –No es mi culpa que no sepas manejar tus tiempos. –
Enzo parpadeo mirándolo y se sentó nuevamente en su asiento, su boca incrédula. El hombre, sintiéndose observado, levantó la vista de su celular y lo miró atentamente. Sus ojos cubiertos por los lentes de sol.
- ¿Si?
Enzo revoleó sus ojos y dejó de mirarlo, cruzando su pierna y sacando su celular. Vio que tenía tres llamadas perdidas de su mamá, más un mensaje de voz de Licha. Apretó sus dientes e intentó girarse lejos del hombre. Bajando el volumen del celular, le dio play al audio y lo acercó a su oreja.
-Amigo, Enzi, Enzo, - la voz de Licha estaba rasposa, se lo escuchaba sin aire. –Yo… Enz… ¡Cuti me propuso casamiento! ¡Nos vamos a casar! –
La voz de Cristian se escuchaba de fondo, diciendo “¡nos vamos a casar!” arrastrando mucho la r; era como si rayos de sol salieran a través del parlante del celular.
Enzo miró la calle desde la ventana del taxi, e hizo un esfuerzo para que su cara no hiera ningún gesto.
-Llamame cuando puedas, hermano. – Le dijo Licha, sonando incluso más emocionado. –No puedo esperar para contarte todo. Nos vamos a casar pronto. Realmente pronto. En menos de un mes. ¡En apenas unas semanas! Va a ser un casamiento en otro destino, paradisíaco. Cuti tiene todo planeado. Incluso se va a encargar de todos los gastos, es todo tan… ¡Cuti! –
Las palabras de Licha fueron interrumpidas por besos y risas. Enzo apretó sus dientes más fuerte, y su puño contra la parte externa de su pierna, esperando a que Licha siga.
-Va a ser increíble. Llamame cuando puedas, podemos contarte todo. Te voy a mandar por mail los detalles del viaje y estadía. No puedo esperar a verte en el paraíso, hermano. Te extraño. –
- ¡Y ahora vas a ser mi hermano también! –Dijo Cristian, arrastrando la n mientras celebraba.
Sus risas se escucharon muy fuerte antes de que se terminara el audio.
Enzo tragó, apretando su puño un poco más fuerte antes de relajarse. Se alejó de la ventana mientras salía del chat, agregándose un recordatorio para llamar a Lisandro en las próximas veinticuatro horas. Le llego un mail de él antes de poder terminar de guardar el recordatorio, y su celular volvió a sonar.
Suspiró y aceptó la llamada.
-No es un buen momento – murmuró – te puedo llamar en un- –
-Ay Enzi! ¿Escuchaste las noticias? Maravilloso –
Enzo cerró sus ojos y se apretó los ojos con los dedos. Podía escuchar al hombre al lado de él masticar chicle ruidosamente. Su pie todavía moviéndose en la visión periférica de Enzo.
-Sí – dijo, manteniendo la voz baja. –Estoy en un taxi yendo a una reunión. Te llamo más tarde. –
Su mamá siguió hablando.
- ¿Podes creerlo? Estamos todos re contentos con la noticia. Cristian es un chico muy dulce. ¡Toda la familia está feliz! Y en las Bahamas, que hermoso. Aprovechemos y tengamos unas vacaciones familiares como dios manda. Estoy segura que va a ser hermoso. –
-Realmente te tengo que cortar, - dijo Enzo, sintiendo la tensión en la parte posterior de su cuerpo. Usó su pulgar para intentar aliviarse. –Te llamo más tarde, ¿sí? –
-Oh, está bien. – Ella exhaló y murmuro. –Dios, ¿podrías olvidarte por un segundo de tu trabajo y ponerte contento porque tu mejor amigo se casa? ¡Los Martínez son familia, Licha es como tu hermano! –
Enzo sintió que su boca se sacaba, sus ojos mirando fijamente el cabezal del asiento del conductor. Su voz se sentía robótica mientras intentaba salir de su garganta.
-Estoy muy feliz por él, y por Cristian. Te llamo más tarde. –
Cortó la llamada antes que pudiera contestarle y guardó su celular en el bolsillo. Exhaló lentamente, sacando el aire por sus labios, intentando enfocarse en el sonido de la radio del conductor.
- ¿Y? ¿Cuál es la buena noticia?
Enzo se asustó cuando lo escuchó hablar, su cuerpo saltando hacia el costado, contra la puerta, y el aire saliendo violentamente de sus pulmones. El extraño le sonrió burlonamente, su pierna todavía moviéndose.
-Nada, - le dijo Enzo, sacando la mano de su pecho y acomodándose las mangas del saco. –No es de tu incumbencia. –
-Te olvidaste que estaba acá, ¿no? -
-Estoy seguro que es algo que pasa seguido. -
El extraño amplió su sonrisa, algo así como un hoyuelo haciéndose presente en su cachete.
-Ooh, sos malo eh. -
Se subió los lentes del sol a la cabeza, y quedaron descansado en su pelo. Sus ojos lo miraron y parecieron tomar una forma afelinada, quemándolo con la mirada y sin romper el contacto visual. Luego, descaradamente, le recorrió todo el cuerpo con la mirada, desde el flequillo perfectamente cortado, sus pantalones y el Rolex en su muñeca.
La pierna del hombre siguió moviéndose incluso más lento que antes, su lengua presionando en la parte interna en su cachete.
-Y también sos lindo. – le dijo, mientras su sonrisa crecía de manera lenta, coincidiendo con la manera de mover su cuerpo. Estiró su mano en frente –Soy Jack. Jack McQueen. –
Enzo largó una risa y miró por la ventana. Todo acerca a este hombre parecía demasiado único. Sus botas, sus piernas, sus dedos, sus ojos, su sonrisa. Incluso sus dientes tan blancos y ordenados.
Enzo miró su reloj y tocó con su pulgar la parte de arriba de su pierna.
-Preocuparte por el trafico sólo te va a estresar más. Ya vas a llegar. –
-Sí, gracias por tu consejo Zen - dijo Enzo volviendo a mirar al hombre. -Estoy muy contento de haber terminado con vos acá adentro. ¿Das seminarios sobre lecciones de vida? –
-Se podría decir, sí.
Las cejas de Enzo se arquearon, una risa escapado de sus labios.
- ¿En serio me decís?
Jack le sonrió y, como de la nada, sacó una tarjeta negra de trabajo (bussines card), balanceándola entre dos de sus dedos. Se acercó a Enzo, haciendo que su camisa se mueva y se abra aún más, exponiendo un pezón.
Su cuerpo expulsaba oleadas de calor, incluso con el espacio que había entre ellos. Su olor era masculino, con un tinte de transpiración metálico, como una moneda dejada mucho tiempo bajo el sol. El perfume que usaba era suave, dulce, e hipnótico, y se le olía en la piel lo suficiente como para ocultar el hecho de que estaba usando la ropa de la noche anterior, y que probablemente tendría que darse una ducha.
El hecho de que las rodillas de sus pantalones apretados estuviesen manchadas de tierra, y que su camisa estuviese arrugada, le dieron a Enzo una idea de porqué este hombre había terminado en un taxi al mediodía, luciendo como si la luna se hubiese perdido en un viaje de vuelta al espacio.
Estudió la tarjeta que le dio: Jack McQueen, acompañante personal.
La voz de Jack salió en un murmuro, -soy más bien un acompañante personal, trabajo mejor uno a uno- cerca de su oreja. Las cejas de Enzo se fruncieron. Se alejó del calor que el hombre emanaba y del suave aire que le llegaba al oído.
- ¿Disculpame?
La vista de Jack bajó a los labios de Enzo, pasando su lengua por el borde de sus dientes superiores.
-Tenes pinta de que sos un chabón inteligente. - Le sonrió, sus dientes mordiendo su labio inferior. -Estoy seguro que lo vas a entender, eventualmente. Si es así, no dudes en llamarme. - Le sostuvo la mirada a Enzo, su sonrisa creciendo. -Estaría muy feliz de ayudarte, de la manera en que necesites. -
-Ah, - dijo Enzo entre risas, asintiendo. –Ya entendí. – Las cejas de Jack se arquearon, volviendo a ponerse los lentes de sol y torciendo su sonrisa. - Sos un escort. –
La cara de Jack se giró en dirección al conductor, quien aclaró su garganta y aceleró el auto.
-Prefiero acompañante personal - dijo, moviendo sus manos sobre sus pantalones. -Pero, -levantó sus hombros agraciadamente, -me podés decir como quieras. - Se acomodó un poco su camisa sobre su ancho pecho. -A mí no me molesta. -
Enzo se rio fuerte. –Wow, y pensé que yo era bueno para decir mentiras. –
- ¿En qué rubro trabajas? -
-No importa eso, ¿o sí? -
Jack extendió su brazo sobre el asiento de atrás, sus dedos quedando apenas centímetros separados del hombro de Enzo.
-Simplemente estoy intentando conversar. -
- ¿Para eso te pagan? ¿Para conversar? -
Jack sonrió sin molestias
-Algunas veces sí. -
Enzo se rio, sonando ligero y sin aire.
-Estoy seguro que sos muy conversador. -
-Creo tener lugar en mi agenda para la próxima semana, si estás interesado en charlar. -
-Me estás jodiendo? No tengo necesidad, ni deseo de un esc- -Enzo se humedeció los labios, su cabeza girando se para sonreír. –Perdón, de un acompañante personal. –
-Yo creo que sí tenés necesidad, querido. Se te ve muy estresado, como la cuerda de una guitarra a punto de cortarse.
- ¿Acaso recitás poesía en tus consultas?
Jack se rio muy fuerte, sus dedos moviéndose en el asiento al lado del hueso del hombro de Enzo.
-Algunas veces. Me sale mejor hacer que otros me reciten a mí. Pero, si tengo ganas, puedo hacer una linda poesía.
-Dios, ¿quién sos? -Enzo exhaló, cruzando su pierna lejos de Jack. Revisó sus mails. -Sos como la versión cliché de un personaje de televisión. No me digas, ¿sos un prostituto con un corazón de oro?
-Algo así. Parece oro, pero en realidad está relleno de chocolate.
Una sonrisa genuina se hizo lugar en la cara de Enzo, su cabeza girándose para mirar por la ventana. Podía ver a Jack sonriéndose a sí mismo en el reflejo, sus rulos sobre su frente gacha mientras revisaba su celular.
-Soy un escort excelente, así como poeta, si todo lo que el cliente necesita es compañía. -Jack dijo después de un rato, sonando aburrido, pero sus palabras subieron la tensión que había entre ellos en el asiento de atrás. -Eventos corporativos, fiesta de cumpleaños, casamientos, - le dio intención especial a esa palabra, -y muchas cosas más. –
Los ojos de Enzo se detuvieron en el mail de Licha, donde describía el itinerario del viaje para la boda, en apenas unas semanas. Guardó su celular y se sentó derecho, apoyando su mano en la manija del auto.
-Estoy bien, gracias igual por la oferta generosa.
-Como vos quieras. -
El auto frenó en frente del restaurante. Enzo abrió la puerta y puso un pie en el piso. Llevó su mano al bolsillo donde tenía la billetera, pero la palma cálida de Jack lo agarró de la muñeca. Enzo podía ver su propio reflejo en los lentes de sol que el otro tenía todavía puestos.
-No te preocupes, - le dijo Jack. Sacó un fajo de billetes, sus dedos largos sacando un par de la parte de arriba. -Yo me encargo. –
Enzo le sostuvo la mirada un momento, los autos afuera pasando al lado del taxi.
- ¿Larga charla anoche?
La sonrisa suave que tenía Jack se perdió por un minúsculo momento, casi que imperceptiblemente. Se recuperó incluso antes de terminar de parpadear, volviendo a poner una sonrisa burlona en su rostro.
- ¿Larga? Sí. – Su lengua salió hasta la comisura de sus labios. - ¿Buena? No particularmente
Enzo vio de reojo a Lionel Scaloni acercarse a la puerta del restaurante. Caminaba lento, como dolorido por algo.
-Este señor también llegó tarde, - se dijo Enzo a sí mismo, riendo y saliendo del taxi. Volvió su atención a Jack, quien levantó la vista de su celular para mirarlo. -Bueno, – le dijo mientras ponía sus manos en los bolsillos de sus pantalones. -Mucha suerte en tu poesía. –
-Mucha suerte en tu casamiento. –
Las fosas nasales de Enzo se abrieron y juntó sus labios, como si le hubieran metido un limón en la garganta para que el jugo cayera en su corazón. Casi lo podía sentir, ardiendo tanto como cortarse con un papel.
-No es mi casamiento.
-No, estaba seguro de que no, – le dijo Jack, moviéndose para cerrar la puerta del taxi. Le guiñó un ojo. -Apurate. No querés llegar tarde a tu reunión tan importante. –
La puerta se cerró de un golpe, el auto siguiendo su camino.
…
Rodrigo miró su escritorio, sus dedos en su barbilla y sus cejas arrugadas. Se estiró como para agarrar la taza metálica que estaba en la esquina superior derecha del escritorio, pero decidió cambiar la posición de un lápiz, al que acababa de sacarle punta, hacia el otro lado de la lapicera que estaba allí.
Dio un paso hacia atrás y movió la cabeza a un lado, cambiando el peso de su cuerpo al pie izquierdo. Agregó una lapicera azul al lado de la otra, y luego volvió a moverlas, hasta que quedó el lápiz, la lapicera negra y la azul, en ese orden.
Cruzó sus brazos, achicó los ojos y se puso serio. Su cabeza se movía al ritmo de la canción que sonaba con volumen bajo en su computadora, elegida de una playlist que había hecho con canciones aptas para el trabajo.
Se estiró para mover el vaso apenas unos centímetros a la izquierda. Retiró su mano, y luego lo movió unos centímetros a la derecha. Ahora sí, la satisfacción inundó su rostro.
Asintió una vez, convencido.
-Ahora sí.
Miró a su alrededor, la oficina grande y moderna. Otros asistentes iban de acá para allá, papeles volando de las máquinas de fotocopiar y de las impresoras, teléfonos que no dejaban de sonar. Miró sobre su hombro a la puerta abierta de la oficina de Enzo.
Una asistente, Tamara, pasó a su lado rápido con una bandeja llena de vasos descartables con té y café, y una bolsa de criollos en la otra mano.
-Día ocupado! – le dijo a Rodri con una media sonrisa.
Él le sonrió, amigable pero profesional, agrandando sus ojos y aflojando un poco el nudo de su corbata.
-Ni me digas
-Te veo para el happy hour?
- ¡Seguro que sí! – le dijo, mientras sostenía su pulgar derecho hacia arriba.
La miró irse, y luego escaneó todo a su alrededor para ver que no haya otros asistentes cerca. Se volvió a acomodar su corbata, aplastando el material por su pecho. Agarró los bordes del cuello de la camisa celeste claro, y acomodó eso también.
Su jefe nunca le dejaba demasiado trabajo cuando sabía que Rodrigo iba a estar solo por la tarde. Mientras su itinerario estuviese organizando (Rodri prefería morir una muerte horrible a cagarla con alguna mala organización) y todas las tareas estén completas a tiempo (¿A tiempo? Por favor. La mayoría de sus tareas estaban completadas al menos veinticuatro horas antes de la fecha de entrega), Rodri era libre para hacer sus asuntos.
Su jefe nunca le pidió que le diga ‘Señor’, ni que lo trate de usted o lo llame por su apellido, algo que muchos otros asistentes sí tenían que hacer. Enzo quería que le diga Enzo. Rodri estaba intentando dejar de decirle señor, pero era un hábito adquirido hace años en el ambiente.
El gerente al que asistió antes de Enzo era un tirano; un señor de negocios que necesitaba a Rodrigo disponible las veinticuatro horas, los siete días de la semana. Si pudiese agregar un día de la semana, seguro lo haría, solamente para que Rodrigo tenga que trabajar más. Le exigía a todos sus empleados evitar el contacto visual, y solía susurrarle directivas a él para que tenga que decirlas en voz alta, lo que significaba que Rodri era el encargado de dar malas noticias, con su jefe sentado a su lado, mirando pasivamente y con una sonrisa burlona en su cara.
Mientras esperaba su turno para que lo entrevisten en Martínez y Asociados, veía a los demás aplicantes salir llorando de la oficina donde se estaban realizando las entrevistas. Cuando entró por la puerta y vio que solo estaba Enzo, estaba confundido. ¿Acaso ese joven era tan bestia para hacer que haya tanta gente llorando en el lobby?
Rodri descubrió ahí nomás que Enzo no era una bestia. Simplemente era directo. Nunca había estado tan contento de contestar “No, señor“ a la única pregunta que Enzo le hizo en la entrevista: “¿Sos un idiota?”.
Nunca le obligó a determinar sus horarios de comienzo y finalización de su jornada. Era más generoso de lo que Rodri jamás podría haber deseado, dejándolo llegar tarde o salir antes por cuestiones personales, sin siquiera pedir más información. Incluso determinó que, a las tres de la tarde de los meses de verano, su jornada laboral terminaba, aun cuando Enzo mismo se quedaba siempre hasta más tarde después de que Rodrigo se fuera.
Siempre se autochequeaba para asegurarse de cumplir al menos con las ocho horas diarias de trabajo, pero era bueno saber que, si se tenía que ir antes, su jefe no le haría problema, sin importar si era por una consulta médica o para almorzar con algún amigo que había venido justo a la ciudad.
La única tarea loca que tenía que hacer era pasear al perro de Enzo ocasionalmente, cuando se iba a algún viaje y su paseador no estaba disponible. ¿Quién en su sano juicio se quejaría de tener que tomarse una hora para jugar y mimar al pug más tierno del mundo, y encima recibir un pago por ello?
Rodri golpeó sus dedos en su barbilla, escuchando teléfonos sonar a su alrededor. Miró el celular en su escritorio, con la pantalla oscura, ningún sonido salía de él.
Pasó su palma por la pantalla de su computadora y luego la miró. Un pequeño suspiro salió de su nariz. Tocó la parte de arriba de la computadora con su dedo índice, más fuerte que antes, revelando una mínima cantidad de polvo en el centro de dicho dedo.
-Ah! – señaló a su computadora. -Te vendría bien una limpieza a vos. –
Se agachó con la intención de agarrar el limpiador que estaba abajo, en algún estante de su escritorio. Sus piernas abrazadas por el pantalón del traje caro se giraron a un costado de su cuerpo.
-Hola, - dijo Enzo, apoyando algo cubierto en papel sobre su escritorio. -Te traje para almorzar -
Rodri intentó pararse
-Auch! – se quejó, agarrándose la parte de atrás de la cabeza. -Digo, ¡hola! –
Se paró rápido, sus manos agarradas entre sí detrás de su espalda. Le sonrió brillante al lugar donde Enzo había estado hasta hace unos segundos.
-Perdón señor, - dijo, girando y caminando rápido hasta la oficina de Enzo.
Lo encontró revisando sobres atrás de su escritorio, con su cadera salida hacia la izquierda.
- ¿Estuvo bien la reunión? – sus ojos seguían cada sobre que el otro descartaba sobre el escritorio. - ¿Querés que lo haga yo? – se acercó más. -Por favor, dejame que lo haga yo. No pierdas tu tiempo en sobres estúpidos.
-Estuvo bien, - le dijo Enzo, tirando todos los que le quedaban en la mano, a la vez, sobre el escritorio. Miró a Rodri por encima de sus lentes de sol negros, una pequeña sonrisa en sus labios. - ¿Los sobres son estúpidos? –
Rodrigo respiró con dificultad. -Eh… estem… yo…-
Enzo se empezó a reír en silencio, subiendo sus lentes para dejarlos descansar en su pelo.
-Relajate. – Se sacó el saco. -Te estoy jodiendo. La reunión estuvo bien. Muy informativa. Lo hice reír un par de veces, así que creo que le gusté. Bueno, él también estaba bastante en pedo, - Enzo golpeó sus dedos en el escritorio, -así que creo que eso me ayudó a parecer más gracioso. –
-Leí por ahí que si podés hacer reír a alguien, podes lograr que hagan lo que quieras. –
-Si, si, gracias Marilyn Monroe. –
- ¿Querés tomar algo? – Rodri se acercó rápido a su lado y le agarró el saco, casi flotando hasta el perchero para colgarlo, cerca de la puerta. - ¿Té? ¿Café?
Enzo se sentó pesadamente en su silla de cuero, sacando aire por sus labios. Tiró sus lentes de sol al escritorio, frotándose las manos por la cara.
-Café estaría bien, gracias. Fue un día extraño. –
Rodri sonrió y asintió, -Perfecto, - justo antes de salir prácticamente corriendo de la oficina.
Enzo sacó su teléfono del bolsillo y lo apoyó en el escritorio, y luego tocó dos veces la barra espaciadora de su computadora. Revisó su mail, mientras se sonaba los dedos de su mano izquierda con el pulgar. Había escrito mentalmente un mail de agradecimiento a Scaloni mientras volvía a la oficina, y quería enviárselo antes de que se le termine el día.
Su celular vibró y se movió un poco. Vio que aparecía el nombre de Licha en la pantalla bloqueada, pero le llamó más la atención otra cosa; el pequeño movimiento había revelado la tarjeta de Jack, que él había puesto debajo de la funda negra clásica que tenía en su celular.
- ¿Querés que te guarde las sobras que trajiste en la heladera? –
Enzo parpadeó cuando escuchó la voz de Rodrigo tan alegre, y lo vio acercar el vaso con café al posavasos que tenía en frente.
-Eso es para vos. –
Rodri lo miró con todo el amor y la alegría del mundo. - ¿Me trajiste las sobras? -Apoyo una mano en su pecho, sobre su corazón. -Ay, ¡Gracias! –
-No, chico sobres estúpidos. Es ese plato de rabas asqueroso que me dijiste antes. Yo me pedí pollo, pero lo pude pedir para llevar en uno de los tantos viajes de Scaloni al baño. –
Rodri juntó sus manos debajo de su pera, sus ojos literalmente lagrimeando.
-Muchísimas, pero muchísimas gracias, - susurró, su voz temblando de felicidad. – Señor, Enzo. Gracias Enzo. –
Enzo se rio mientras comenzaba a cliquear en su computadora.
-Es un plato de rabas, Rodri. No iría planeando nuestra luna de miel todavía. –
-Oh! – Rodrigo parpadeó y volvió a su modo trabajo, prestando atención. -Hablando de lunas de miel, bueno, casamientos en general. Recibí la notificación de la boda de Lisandro y Cristian, y agregué las fechas a tu calendario. Todavía estoy esperando el itinerario de actividades completo. ¿Cuándo te gustaría viajar al hotel? Me puedo encargar de hacer la reserva. La mayoría de los invitados va a estar diez días, desde el sábado al lunes siguiente. –
- ¿Díez días? ¿Pero esta gente no trabaja? –
-Creo que muchos invitados van a usar sus días de vacaciones, o ir menos tiempo. Por el mail que te mandaron, parece que ellos quieren que estés todo el tiempo planificado. Cristian preguntó también si vas a llevar a alguien. –
Enzo arrugó las cejas y los ojos, pensando.
- ¿Por qué mierda necesitan tanto tiempo con los invitados? Los casamientos ya son insoportables incluso cuando tenés que dedicarles solamente la mitad de un día. – Más despacito, volvió a quejarse, - ¿¡Díez días!?-
-La invitación dice que quieren que sus invitados estén lo más relajados, atendidos y rejuvenecidos posibles, antes de presenciar la unión de dos espíritus libres en uno. –
-Me estas jodiendo. ¿Realmente decía eso? – Enzo se recostó en su silla, escuchando el ruido a metal que hacía. Su boca se movió como si hubiese chupado un limón cuando repitió lo que había escuchado, - ¿Dos espíritus libres en uno? –
-Si.
- ¿Ya memorizaste la invitación?
-Es que… - Rodri se aclaró la garganta. -Me hizo acordar a las Space Girls. –
Enzo por fin soltó una carcajada.
-Soy muy feliz de tenerte como asistente.
-También me mandaron una invitación personal, - dijo Rodrigo, satisfecho, juntando sus manos en frente de su panza, -lo que fue muy, muy generoso de su parte. No estaba seguro de qué opinabas sobre que yo vaya al casamiento. –
Otro mensaje de Licha llegó y Enzo intentó no quejarse, girando su celular para dejarlo boca abajo. Se crujió los nudillos de su mano derecha con el pulgar.
-Obvio que podés ir, si tenés ganas. Seguramente hablaste con Licha en este último año más que yo. De todos modos, yo voy a estar allá, así que no es que en esta oficina van a estar pasando muchas cosas. –
Rodrigo apretó las cejas y la boca.
-Pero, señor, por lo general cuando el jefe se va, el asistente se tiene que quedar a sostener el fuerte. –
- ¿Sostener el fuerte? – Enzo repitió con gracia. - ¿Eso está en algún manual? ¿Asistentes ejecutivos 1.1?
-Asumo que está en alguna publicación, en algún lado. –
Enzo jugó con la patita de sus lentes de sol, haciéndolos girar sobre su escritorio.
-Depende de vos. – Sostuvo su palma hacia arriba. -Hace lo que vos quieras, yo estoy bien con cualquiera sea tu decisión. –
-Perfecto, - dijo Rodri, un poco muy rápido. Enzo alzó las cejas, y una sonrisa amagó con aparecer en sus labios. Rodri se pasó una mano por la nuca. -Yo, em, estuve intentando planear un viaje para volver a mi casa, a ver a Leandro, y me funcionaría hacerlo en la primera mitad de esa semana, y después volar a Bahamas para el fin de semana de la ceremonia. – Sus cachetes se habían tornado rosados. -Viste que Cristian está pagando por todo, son unas vacaciones de fantasía. Lean casi se muere cuando le conté. –
Enzo se rio, y agarró la tarjeta de Jack.
-Sí, tenés razón. – Pasó su pulgar por encima de las letras de la tarjeta. -Y qué fantasía. –
…
TRACK: Nasty | Janet Jackson
En un amplio departamento en Palermo, agua lo suficientemente caliente como para quemar caía por la fuerte espalda de un chico que tenía su cabeza inclinada hacia adelante. Su cabello castaño estaba pegado a su frente, pequeñas gotas cayendo de él hasta su pecho tonificado. Miró caer el shampoo por su cuerpo, hasta perderse en el drenaje, sus pies sumándose a la mezcla espumosa del suelo.
Tomó una respiración fuerte y llevó su cabeza hacia atrás, dejando que el agua caiga con fuerza sobre su cara. Abrió la boca para dejar que entre, hizo un buche y escupió contra el cerámico blanco de la pared.
Agarró su jabón líquido para el cuerpo y puso un poco en una esponja, pasándola por cada parte de su cuerpo. Siempre le venía bien una doble limpieza después de trabajar. Cambió la esponja por un cepillo exfoliante, pasándose un jabón más cremoso nuevamente por todas partes. Se volvió a pasar shampoo por el pelo, dejando que la fuerza de la ducha le retire todo.
Salió de la ducha dejando el agua prendida. Agarro el tarro que tenía mascarilla hidratante de su cajón y se puso en la cara y el cuello, el olor a kiwi y uva llenando la habitación. Se tocó suavemente la seguidilla de chupones que tenía en las clavículas, y les puso también un poco de esa crema.
Se estiró hacia los costados en frente del espejo, antes de darse vuelta y plegarse un poco. Se separó los cachetes, sus dedos rozando la zona rosa, libre de pelos. Se dio vuelta de nuevo, tocando su estómago. Abrió un cajón y sacó una tijera.
Volvió a la ducha y comenzó a cortar el pelo debajo de su estómago, cerca de su línea en v. Bajó hasta su entrepierna, cortando el pelo que se encontraba allí para dejar todo lo más prolijo posible. Levantó su brazo derecho, recortando el pelo suave que encontró, y repitió lo mismo en el otro brazo. Volvió a meterse a la ducha, donde limpió la tijera bajo el agua y se aseguró de no dejar el piso sucio. Metió su cara bajo el agua para sacarse la mascarilla, pasándose las manos por el cuerpo.
Agarró la botella de acondicionador y puso un poco en su palma, pasándoselo por el cabello. Salió de la ducha y envolvió su pelo en una toalla, apoyando otra en la tapa del inodoro. Se sentó con un par de pinzas y un espejo con aumento, aprovechando para acomodarse las cejas.
Una vez que se había depilado, humectado y lavado, aprovechó y apretó su cabello limpio con la toalla, para secarlo un poco. Escuchó que su celular sonaba en su habitación cuando estaba con la cabeza casi entre sus piernas para ver mejor. Por el sonido del ringtone, supo que era de su celular de trabajo, que recibía mucha más atención que el suyo personal.
Caminó fuera del baño desnudo, solo con una toalla sobre sus hombros. El celular estaba en la mesita de luz, sonando hasta que lo agarró. No reconoció el número en la pantalla. Su estómago bajo tembló en anticipación, ojos oscuros, tatuajes en el cuello y una boca deliciosamente contestadora aparecieron en su imaginación.
Exhaló por sus labios, y se llevó el teléfono a la oreja, tragando una vez antes de decir, con su voz seductora – ¿Hola? –
Hubo un momento donde nadie habló, sólo se escuchaban una respiración entre cortada a través de la línea. Finalmente, la otra persona juntó el coraje para comenzar hablar.
-Si… ho-hola. Yo… - prácticamente se podía sentir la transpiración por los nervios a través del celular. -Quiero hablar con Jack. ¿Jack McQueen? –
No. La voz temblorosa no era de su chico-taxi, a menos que haya perdido todo su sarcasmo encantador en las últimas dos horas.
-Hola lindo. Habla Jack, - le dijo, dejando de lado la seducción para pasar a un tono más calmo. Caminó hacia su cajonera y comenzó a revolver entre las prendas. - ¿Cómo te gustaría que te diga? –
-Franco. Mierda, quiero decir, -Franco suspiró del otro lado de la línea. –Debería…, ¿no debería usar un nombre falso? Yo nunca he… yo… -
-Franco está bien, - Jack se rio, escuchando un pequeño y lastimoso gemido por el celular. -Encantado de conocerte Franco. ¿Cómo te puedo ayudar? -
-Yo… estoy necesitando compañía. Una cita. Para pasar la noche, si es posible. –
-Te pido disculpas, pero no paso la noche cuando es la primera vez del cliente conmigo. –
-Está bien… ¿Qué tal media noche? O incluso un par de horas, estoy necesitando… yo… -
-Capaz podemos arreglar algo. -Mantuvo su voz conversacional mientras sacaba un par de calzoncillos gris oscuro. - ¿Te puedo preguntar cuál de mis clientes te recomendó? –
Hubo una pausa.
-Preferiría no decírtelo. –
Jack hizo que su voz se tornase un poco más dura.
-No podemos seguir sino me decís quien te recomendó. –
Su lista de clientes se constituía casi exclusivamente por recomendaciones y referencias. Todos sus clientes eran ricos, algunos incluso en posiciones de poder, por lo que un escándalo con un prostituto no estaba en sus agendas. Descubrió que los hombres se comportaban mejor en la habitación cuando sabían que él conocía a alguno de sus amigos. Una red de alto perfil, increíblemente privada, era el mejor seguro que podía esperar.
-Estem... eh… -
Mientras Franco hacía una variedad de sonidos, claramente estresado, Jack se observó la espalda y más abajo en el espejo que estaba en la puerta es habitación. Recorrió con sus manos las marcas de las cachetadas, aún enrojecidas, que le habían quedado, y que iban desde su espalda baja hasta la parte superior de sus piernas, esa piel todavía algo caliente.
Le gustaba que lo azotaron tanto como a cualquier otro, pero a veces los clientes se involucraban demasiado; a veces se les subía el poder a la cabeza, atrapados en el momento. Una cachetada demasiado baja en sus piernas la consideraba un error, pero cuando una segunda caía casi en su columna, incluso luego de una advertencia verbal, se levantaba de la cama de inmediato.
Había agarrado a su cliente de la pija, lo había sacado de la cama y atrapado contra la pared. Lo puso en su lugar con un discurso sobre el respeto, los límites, y la manera apropiada de jugar con el poder y el cuidado posterior durante el sexo. Su advertencia fue tan severa que resultó en su cliente arrodillado, desnudo en la esquina la habitación, rogando por su perdón.
Parece que rogar lo calentó más, y le terminó pagando el doble de su tarifa por la noche. ¿Qué podía decir? Su versatilidad era uno de sus mejores aspectos, pero ese cliente particular no volvería a recibir esa experiencia nunca más.
Frunció las cejas a su reflejo, tirando los calzoncillos de nuevo en el cajón.
- ¿Franco? - Preguntó, manteniendo la voz baja. Sacó un jogging negro, suelto. – Amor, ¿Éstas ahí todavía? -
-Sí, sí. Estoy acá.
Sus piernas musculosas entraron una por una por la tela suave del pantalón. El elástico de la cintura apoyándose contra sus abdominales, los cuales se flexionaron mientras se estiraba de lado a lado.
- ¿Y tú referencia?
-González. Jerónimo González.
-Jerónimo González. Maravilloso. -Una sonrisa amenazando con aparecer en sus labios rosados. Jerónimo era uno de sus clientes más fáciles. Un viudo millonario de más de 60 años que prefería la rutina del novio dulce y sonriente, que lo abrazaba y con el que podía charlar, en lugar de sexo. – ¿Y tenés mucho en común con el señor González?
-No… Yo tengo más bien una preferencia.
- ¿Un fetiche?
-No… no sé si lo llamaría de esa manera.
-Fran, -se rio aireadamente. -Simplemente quiero ver si soy el chico correcto para vos. Si no, tengo amigos excelentes y discretos en la industria del fetiche que estarían más que contentos en ayudarte. –
-Vos sos el chico correcto, lo sé.
- ¿Cómo sabes?
-Jerónimo… Jerónimo dijo que tenés una sonrisa hermosa. Y una risa tierna. Y hoyuelos.
Sonrió al espejo por el comentario, frotándose con su mano el pectoral y observando sus dientes blancos. Pasó su pulgar por un pezón sensible, e intentó evitar temblar, la piel rosada y maltratada resaltaba en su pecho bronceado.
-Es muy amable de su parte decir algo tan lindo de mí.
-Me… Me gustan los hombres que pueden sonreír y, - su voz bajó, como si estuviese contando un secreto, -reírse. -
Ahí estaba
Algunos humanos eran extraños, criaturas únicas cuando se trataba de la sexualidad, nunca buscando poner un nombre a eso que querían por miedo a ser juzgados o burlados. Incluso en una llamada privada con la persona a la que iba a contratar para jugar con cualquier otro fetiche que tuviese, no podía verbalizar exactamente lo que quería.
-Fran, te entiendo, - le dijo lentamente, alargando su nombre con una sonrisa en la voz. Se rio apenas y escuchó cómo el otro tomo aire fuertemente, su sonrisa creciendo. -Me parece que podemos divertirnos juntos. -
Balanceó su celular entre su oreja y su hombro, levantando ambos brazos sobre su cabeza, torciendo su torso. Estudió la flexión de sus músculos debajo de su piel, algunos pelos marrones, suaves, apenas distinguiéndose en aquellas partes seleccionadas cuidadosamente.
- ¿Tenés alguna preferencia para el pelo de mi cuerpo? -Pasó sus dedos por debajo de su axila, siguiendo por sus costillas. -No estoy completamente depilado, pero sí en general suave. -
-Por favor, dejalo todo como está. Estoy seguro de que es perfecto. Jerónimo dijo que sos perfecto. -
-Me vas a tener que llamar más seguido, me estás haciendo sonrojar. – escuchó cómo el otro se reía un poco. Jack sonrió y continuó. –lo voy a hacer. Lo que no voy a hacer es permitir que me ates en nuestro primer encuentro. –bajo sus brazos y puso la llamada en altavoz, abriendo su calendario. –Me vas a tener que hacer reír por tu cuenta, sin nada que me restrinja.
-Perfecto. ¿Hoy a la noche? ¿Por favor?
-Lamento decirte que todas mis noches, por las próximas dos semanas, están reservadas.
- ¿Estás libre ahora?
Volvió a mirar las marcas rojas en su espalda baja, su culo sobresaliendo incluso con el jogging puesto. Miró a su cama, blanca, desordenada y sin hacer. Su computadora abierta en el centro, un episodio de Friends pausado a la mitad.
-No, perdón. – Se sacó la toalla de los hombros, y pasó sus dedos por su pelo húmedo.
- ¿No haces encuentros en almuerzo?
-Sí, me encantan. -
La alegría de Franco pareció crecer.
- ¿Mañana?
-No estoy disponible. Puedo… - Jack recorrió mentalmente su semana. – ¿Un almuerzo el viernes? Estoy libre desde las doce hasta las tres. Tenés que reservar un hotel, de no menos de cuatro estrellas, y voy a necesitar acceso privado a la ducha una vez que hayamos terminado. No voy a las casas de los clientes en la primera vez. –
-Perfecto. -
Jack levantó su toalla y la colgó en la manija la puerta.
-Voy a necesitar tu mail y un número de celular al que contactarte.
-Por supuesto, lo que necesites. -
Caminó hacia su cama, arrodillándose en el borde. Comenzó a hablar, pasando por los detalles mientras se metía bajo las colchas.
-Vas a recibir un contrato, que incluye el detalle del precio, un formulario de consentimiento para verificar antecedentes, un acuerdo de confidencialidad y uno donde renuncio a la responsabilidad, todo para el final del día. Voy a necesitar que todos estén firmados, escaneados, y que me los envíes de nuevo para terminar de confirmar tu reserva en mi calendario. -
Se puso a la computadora en sus piernas y abrió el calendario, para luego abrir un formulario para nuevos clientes vacío, poniéndolo en la mitad de su pantalla, la serie ocupando la otra mitad.
-Me vas a tener que dar un número de una tarjeta de crédito para el depósito. Por favor, asegurate de que el número sea correcto, debido a que lo voy a chequear. Cualquier número falso va a resultar en la pérdida la reserva, y también serás puesto en la lista negra para futuros servicios. –
-Nunca te haría eso, - Franco le dijo, apurado. –el dinero no es problema. Te puedo dar el número ahora mismo, si eso te sirve. Lo que necesites. -
Jack corrió el teléfono de su cara para bostezar, y retrocedió un par de minutos el episodio, moviendo su dedo por el pad de la computadora.
-Estás volviéndote rápidamente uno de mis favoritos. -
Franco se rio muy fuerte.
-Podes pagar con una tarjeta de crédito, -continuó Jack, -pero acepto también efectivo. El pago tiene que estar completo antes de nuestra sesión. Cualquier cancelación con menos de veinticuatro horas de anticipación, se retiene la mitad del depósito. Todo esto está explicado en el contrato. -
-Jerónimo tenía razón. Sos realmente un profesional. Me hubiese gustado que mi abogado del divorcio fuera tan serio como vos. O los chicos que trabajan en mi oficina. Vos sos realmente muy bueno. –
Jack mordió su labio inferior, mirando hacia abajo, sus sábanas blancas. Movió las caderas y sintió un dolor agudo subir por su culo. Se llevó rápido la mano a la boca, para tapar cualquier sonido, y se giró para acostarse en su estómago.
-Gracias, -le dijo suavemente. Dejó que su cabeza caiga sobre su almohada, algunos rulos cayendo en la tela suave que la cubría. Forzó una sonrisa e, intentando no sonar falso, rio, - ¿Estás listo para darme el número de la tarjeta de crédito, amor? –
…
Viernes, 10 de Abril
- ¿Necesitas ayuda con algo antes que me vaya a mi casa? Me tengo que cambiar . –
-No, estoy bien, gracias, - le dijo Enzo, alzando los hombros en el saco de su traje beige. -Gracias por buscar mi traje en la tintorería. Eso me fue de mucha ayuda. –
-Cuando necesites, - le dijo Rodrigo, balanceándose y subiendo hasta la punta de sus pies. -Te veo más tarde, ¿no? –
Enzo asintió. -Sí, nos vemos más tarde. –
Rodri salió de la oficina dejando detrás de sí olor a papeles, un clásico en la empresa. Enzo caminó hasta la puerta y agarró la bolsa negra que guardaba el traje adentro, colgada en el gancho que tenía detrás.
No era que odiaba ir a la ocasional gala de la compañía, exactamente. Esos eventos podían ser divertidos, con mucha comida y alcohol disponible, y la oportunidad de ver a sus compañeros ejecutivos en pedo bailar cuarteto o intentar hacer la macarena.
Pero, después de tres llamadas con Lisandro y Cristian en las últimas 48hs, donde le contaron todos sus planes para las vacaciones con actividades que culminarían con el casamiento, más una video llamada horrible donde se dedicaron a interrogar a Enzo sobre su vida amorosa mientras la conexión no dejaba de fallar; lo último que quería era ponerse un traje y estar parado en zapatos incómodos toda la noche. Solo.
Enzo en realidad no tenía problema con ir a eventos solo. Lo hacía todo el tiempo. Le gustaba más estar solo que arrastrar a alguien a una de esas galas, tener que presentárselas a todos sus compañeros, solo para tener que repetir el proceso en un próximo evento con la siguiente persona a la que decidiese llevar.
Por alguna razón, toda la charla sobre la unión de dos espíritus lo hizo pensar, con curiosidad, sobre porqué él nunca encontraba a alguien que le llame la atención por más de una noche. Pasar una noche con su perro, con suficientes hamburguesas como para no pasar hambre, y alguna serie sin sentido en la tele le llamaba más atención que ir a una lujosa gala con una cara bonita de su brazo.
Horas más tarde, caminaba por la sala de eventos que Martínez y Asociados había alquilado por la noche. Sus hamburguesas y su sillón nunca fueron tan llamativos como cuando miró al mozo llevando una bandeja con supuesta comida, que no solo eran impronunciables si no también diminutas.
-Fernández! Vení para acá.
Cada vez que intentaba llegar al bar, algún ejecutivo lo tiraba del brazo para charlar. Las noticias de su desempeño en la negociación con Benítez y Morales se habían difundido, y todos los empleados de la empresa parecían querer felicitarlo.
- ¿Hoy viniste sin cita? –
Con cada palabra para felicitarlo, venia la confusa pregunta sobre sus relaciones. Su falta de pareja para la noche, de una cita. Cómo era que él no quería arrastrar a alguien a ese salón lleno de tiburones, lobos y monstruos metidos en trajes y vestidos de gala.
Incluso Rodri no podía salvarlo de estar en pedo y soltero. Leandro, el novio italiano de Rodrigo, lo había sorprendido por el fin de semana, y se los veía perdidos en su propia burbuja de amor en un lugar cerca de la pista de baile. Para alguien que solo parecía escuchar pop, cumbia y reggaetón, a Rodri parecía encantarle bailar lento con la música romántica que estaba sonando.
Finalmente, Enzo llegó al bar que estaba en la esquina más alejada del salón. Se puso de puntas de pie, apoyando sus codos en la mesada, y estiró el cuello para ver que cervezas tiradas estaban sirviendo.
- ¿Qué le ofrezco, maestro? -
Miró a la bartender, una chica como de su edad. Capaz un poco más grande. -Una Ipa, por favor. –
Se bajó la primer cerveza de una. Sin mediar palabra, la chica le empezó a servir otra, mientras lo miraba con sus ojos marrones y simpáticos. Casi sintiendo pena.
Enzo se giró y apoyó su espalda en el bar., con los codos a su costado. Vio a otro mozo no muy lejos acercarse a un grupo, con una bandeja con cositas chiquitas apoyadas arriba que se suponía que eran comida; el grupo se movió para acercarse al mozo y liberó el espacio que había estado ocupando previamente.
Eso reveló la figura de un hombre con algunos rulos, de cuerpo relativamente delgado pero musculoso, con un traje puesto que le quedaba perfecto; se notaba que estaba hecho a medida. Esos rulos estaban peinados prolijamente hacia atrás. Su piel estaba bronceada y brillosa, su expresión en el rostro una mezcla de aburrimiento y relajación. Los colores de su cara, el marrón de sus ojos y el rosado de sus labios y sus cachetes, eran incluso más radiantes en la suave luz de la sala donde estaban, ahora sin que unos lentes de sol los cubran.
Enzo se encontró a sí mismo parpadeando de nuevo, sus cejas fruncidas. Como si pudiese sentir ojos sobre él, el hombre dio vuelta su cabeza mientras alguien le ponía un gin tonic en la mano.
-Vos, - le dijo Jack, sus labios curvándose hacia arriba.
-Vos, - repitió Enzo. Su boca imitó a Jack, su pequeña sonrisa apareciendo sin su control. Vio como el otro se le acercaba, quedando a menos de medio metro con sus cuerpos enfrentados entre sí. - ¿Sería muy cliché de mi parte preguntarte si venís seguido por acá? –
Jack sonrió, apoyando su codo en la mesada del bar.
-Me tuve que contener a mí mismo de hacerte esa misma pregunta. –
-Estas re… - Enzo lo miró con detenimiento, entrecerrando los ojos y haciendo girar su vaso enfrente de sí. -Más limpio. –
Jack hizo girar su bebida con la bombilla roja que tenía, los cubos de hielo chocando con los bordes y haciendo ruido.
-Sí, bueno, incluso los sucios estafadores como yo disfrutamos un buen baño cada tanto. Ya sé que te parece sorprendente. –
Enzo chupó la espuma de la cerveza de su labio superior. -Yo nunca dije que eras un sucio estafador. –
Jack le revoleo los ojos.
-No tuviste que hacerlo. – Su vista fue desde los zapatos que Enzo tenía puestos hasta su cara, recién afeitado y suave. -Nunca me dijiste tu nombre en el auto. –
-No, – le ofreció una sonrisa a Jack. -No me lo pediste. Te ves… -
Jack giró su cuerpo en dirección a Enzo, cruzando sus tobillos, la punta de uno de sus zapatos apoyada en el piso.
- ¿Me veo…? –
Enzo tomó de su cerveza, manteniendo su cara hacia el frente.
-Diferente. Estas más, - movió su mano en dirección a Jack, como señalándolo de arriba abajo, -normal, así. Creería que te vestís de esta manera todo el tiempo. –
-No todos los clientes quieren que esté prolijo. Algunos me prefieren más sucio, desprolijo; lo sienten más auténtico, creo. – Enzo sentía como si su traje se hubiera incinerado para mostrar que hoy había decidido no usar calzoncillos, los ojos de Jack recorriéndolo de pies a cabeza. -Todos jugamos con nuestros personajes. Yo no soy diferente en eso, - le dijo Jack suavemente.
- ¿Qué estás haciendo acá?
-Me invitaron.
- ¿Quién?
Jack movió su pera hacia el frente, saludando a alguien a la distancia, del otro lado de la pista de baile. Lo saludó moviendo los dedos de su mano levantada.
-El señor Maidana
-Vos… ¿Vos estás saliendo con Maidana? – Enzo miró a través de la habitación en shock al ejecutivo francamente anciano, rápidamente ocultando todo en una cara neutra. –Tiene como mil años. –
-No estamos saliendo. Hoy soy su cita. Eso es todo.
- ¿Por qué?
-Algunas personas disfrutan de tener compañía, incluso si no es sexual, aunque eso parece ser una consigna que vos no podés entender. Capaz te faltó leer algún documento. Deberías avisarle a tu asistente.
-No jodas con eso. Rodrigo dejaría este evento solo para revisar cada tacho de basura de la oficina con tal de que no se me pase algún documento.
- ¿Cuál de todos es Rodrigo?
Enzo movió su vaso de cerveza para apuntar a la esquina del lado izquierdo de la pista de baile.
-El pibe que parece atado al lindo de ojos claros.
-Está bueno.
- ¿Podés intentar controlarte? Sos como un gato feroz, en celo.
- ¿Tu asistente personal?
-Asistente ejecutivo.
-Ulala. Estoy hablando con un ejecutivo.
-Sí, no quisiera interferir en tú negocio como acompañante personal.
- ¿Y dónde está tu cita entonces? – Jack aplanó su mano y la llevo sobre sos ojos, pegada a su frente, mirando el salón como si fuese un pirata en un barco. - ¿Dónde está escondida? –
-No vine con nadie.
-Qué lástima.
-Estoy bien eh, gracias. -
- ¿Lo estás? – Jack hizo un ruido en la parte de atrás de sus dientes, comprensivo. –Estás pegado al bar. Cara miserable. Ojos solitarios. Ya lo vi todo antes. -
-No tengo una cara miserable. Ni ojos solitarios. No seas ridículo. Aparte, - achicó sus ojos mirándolo, - ¿Qué mierda estás haciendo acá? ¿No deberías estar al lado de Maidana? ¿Dándole viagra o algo así? -
Los labios de Jack se movieron, pero no se rio, pestañeando lentamente.
-Como te dije, no todos mis acompañamientos son sexuales. Él me trae a estos eventos porque es un hombre bueno al que le gusta compartir sus riquezas. Le gusta cuando sociabilizo y disfruto de la noche. – Su mirada se tornó más dura. –Podrías aprender algo de un hombre como él. –
- ¿Cómo viene el negocio? Bien, espero.
-El negocio viene bien, sí. – Jack arrugó su nariz. –Un poco cansador, pero bien más allá de eso.
- ¿Cansador? Debe de estar floreciendo entonces. -
Los ojos de Jack se movieron a una velocidad hipnótica mientras miraba el rededor de la sala, antes de volver sobre la cara de Enzo.
-Hoy arranqué temprano. Tuve un cliente que, entre otras cosas, me hizo cosquillas casi que las tres horas seguidas. – Pasó su mano por sus rulos. –Fue agotador. –
- ¿Qué? – Enzo se rio, una risa genuina que le sacudió el estómago, dejándolo casi temblando. - ¿Tres horas de cosquillas? ¿Nada de sexo? –
-Nada. Bueno, - Jack movió su cabeza de un lado a otro, -lo masturbé después, pero él ya estaba muy caliente así que no me llevó más de diez segundos. Nada de esfuerzo. –
Enzo se agarró las costillas, su boca formando una mueca dolorida.
- ¿Tres horas de solo cosquillas? ¿Qué mierda hiciste en todo ese tiempo? –
-Fue más que nada charlar y reír y tocar, con momentos donde se cebaba y me hacía cosquillas. Algunos juegos. Mucha atención en los pies, algo de lo que nunca me voy a quejar. La verdad es que no me puedo quejar de que me pague para darme a mí una hora de masajes en los pies, incluso si después me duele la panza de tanto reírme. – Se pasó la mano por el estómago. –Por lo menos mañana no tengo que hacer abdominales. –
Enzo movió su pera hasta casi apoyarla en su pecho, un sonido de disgusto saliendo de su garganta.
- ¿Cuánto cobras la hora? –
Jack levantó una ceja.
- ¿Interesado? –
-Te encantaría. No, solo soy curioso y quiero saber cuánto tuvo que pagar ese pobre viejo para rezarle a tus pies de sucio estafador. –
En los ojos de Jack se vio la sonrisa, mientras tomaba un trago de su bebida. Su olor llegó a Enzo. En lugar del perfume que tenía el otro día, sentía una fragancia más vieja, y que le hacía acordar a un perfume de mujer. Sus labios rellenos soltaron la bombilla; se veían húmedos y un poco hinchados.
-Cobro incrementos pasados los diez minutos. –
- ¿Te crees un abogado? –
-Me creo un hombre de negocios, - le dijo Jack, sin soltarle la mirada. –Me gusta la puntualidad. Mantener mi tiempo de tolerancia bajo me permite no estar más tiempo del necesario en lugares donde no quiero estar. Parece que la plata es lo único que hace que la gente cumpla con los tiempos estipulados. –
-La verdad que respeto eso. ¿Cuál es tu tarifa? –
Jack sonrió alrededor de su bombilla, mordiendo el plástico unos segundos más de los necesarios. Le revoleó los ojos a Enzo, levantando las cejas.
-Es un secreto de la industria, solo para clientes. –
-No me jodas, - Enzo se rio, alargando la A. Fingió cerrar como un cierre su boca. –Dale. Nunca le diría a nadie. Solo soy curioso. – Sus ojos brillaron con picardía. –Nunca conocí a nadie como vos. –
-Me estas jodiendo, - Jack le dijo, divertido, el lado derecho de sus labios subiendo, -y ni siquiera intentas disimularlo. Esperaba algo mejor de vos. –
-No, en serio. -
-No podés estafar a un estafador, amor. –
Enzo suspiró y apoyó su cadera en el bar, tomando un gran sorbo de su cerveza.
-Esta gala es una mierda. Podrías entretenerme. A menos que, - abrió grande sus ojos y tocó su bolsillo, - ¿necesitas que te pague? Pasaron unos minutos, no quisiera arruinar tus finanzas. –
-Ja ja. –
- ¿Todavía te reis? ¿Incluso después de tan divertida tarde? –
Jack movió lentamente sus pestañas.
-Sos muy divertido. No lo puedo evitar. –
-Mi asistente ejecutivo me informó hoy que si podés hacer reír a alguien, podes hacer que hagan lo que quieras. –
-Pensé que habías dicho que tu asistente se llamaba Rodrigo, no Marilyn Monroe. –
Enzo le puso pausa a la discusión, si así se la podía llamar, que estaban teniendo. Su lengua pasó por la parte de atrás de sus dientes de arriba.
-Dale. ¿Me decís cuánto? Realmente me da curiosidad. - Estiró una mano en dirección a Jack, su palma hacia arriba. –Sin juegos, te estoy diciendo la verdad. –
Sus ojos se encontraron, Jack mordiéndose la esquina de su labio inferior mientras Enzo tomaba de su cerveza, sus ojos oscuros mirándolo sobre el borde del vaso. Jack exhaló un suspiro por la nariz, liberando su labio de la prisión de sus dientes.
-Una hora completa de mi tiempo son seiscientos dólares, lo que implica cien por cada diez minutos. La mayoría de los clientes no se molestan con diez o veinte; me piden al menos una hora. Mi tarifa sube si es para pasar la noche o por varios días, y cualquier cosa que supere las tres horas recibe una tarifa adicional. Todos los viajes y alojamientos los paga el cliente, obvio, y- -
-Esperá, perdón. ¿Seiscientos? ¿Seis cero cero? – Enzo parpadeó mirándolo, sus parpados fallando en el intento de funcionar con normalidad. - ¿Seiscientos dólares?
-Sí.
- ¿Y la gente realmente te paga toda esa plata?
-Sí. Y lo hacen muy felizmente.
-Pero, ¿Qué onda? ¿Cuándo te cogen baja el mismísimo Dios a explicarles al oído el significado de la vida?
-No te lo podría decir, pero me parece que la mayoría de mis clientes son religiosos. No dejan de llamar a Dios por la mayor parte del tiempo que estamos juntos. –
-No lo puedo creer, - Enzo movió su cabeza más rápido, negando. Insistió, -no puedo creer que la gente pague esa cantidad de dinero para coger con vos, no importa cuán bueno creas ser. No puede ser cierto. –
-Creelo, amor. Tengo reservas por al menos un año. La mayoría de mis semanas están ocupadas, salvo que elija tomarme vacaciones. Soy discreto, profesional y flexible. Nunca tuve problemas para llenar mi calendario. –
Enzo no pudo evitar reír, tomando un trago de su cerveza.
-Si yo pagase seiscientos dólares, te haría algo más que cosquillas en esa hora. –
- ¿Sí? – Los ojos de Jack se arrugaron a los costados, su voz bajando hasta ponerse más grave. Su mirada dejaba rastros de calor mientras recorría el perfil de Enzo. – ¿Y qué me harías en esa hora, eh? –
Enzo le sonrió con burla, llevando sus labios hacia adelante y giró su cabeza. Su mirada encontró rápidamente la del otro.
- Seguro que te gustaría saber. –
Jack miró hacia la pista de baile, sacudiendo la cabeza, una pequeña sonrisa en sus labios.
-No tenés ningún interés en convertirte en mi cliente. ¿Por qué te importan tanto mis tarifas? –
-Solo me preguntaba cómo funcionaba tu negocio. Eso es todo. Parece… - movió su vaso en frente de sí mismo, - peligroso. Y estresante. Como que no vale la pela, incluso con tus precios indignantemente caros. –
-Tengo reglas. – Jack tomó de su bebida. –Un montón de reglas, en realidad. –
- ¿Cómo cuáles? –
-Todo tipo de reglas sobre seguridad y privacidad. Investigo a mis clientes antes de agregarlos a mi lista. Tener sexo seguro es un requisito absoluto. Todo el mundo firma NDAs, lo que me protege a mí y al cliente. –
- ¿Acuerdos de confidencialidad? – Enzo rio. - ¿Les tomas las huellas dactilares también? ¿Una muestra de sangre? –
-No exactamente, pero si reviso por antecedentes. Necesito que se testeen. También trabajo solamente por referencias, nada de extraños a menos que yo los invite. – La tarjeta de Jack parecía quemar en el bolsillo de Enzo, debajo de su billetera. –Descubrí que la gente se comporta mejor cuando conoces a sus amigos o colegas. –
- ¿Y aceptan todo eso? –
Jack tomó un poco de su bebida, su lengua rosada pasando atractivamente por sus labios.
-Al principio, que yo hiciera todo lo correcto parecía alejar a los clientes. – Su hombro derecho subió. - ¿Quién quiere llenar tantos papeles por su hábito de contratar al chico de alquiler? La idea de un escort revisando antecedentes y haciendo firmar NDAs no era nada común. Eventualmente, - relajó sus hombros, -pude construir una lista de clientes a la que no le importara el dinero y que no tuviera nada que esconder, que fue cuando las cosas se me hicieron más fáciles. –
-Entonces. A ver si entiendo. – Enzo se posicionó para quedar enfrentados, contando con sus dedos. - ¿Les cobras a esta gente un huevo, les haces llenar papeles, dios, te rehusas a darles anonimidad, y encima estas completamente reservado? –
-Sí.
-No te creo.
-Les exijo mucho a mis clientes, pero ellos también reciben mucho a cambio. Es un balance justo.
-Estoy seguro.
Los ojos de Jack lo penetraron con la mirada, amigables y calmos, pero con mucha concentración.
-Para aclarar las cosas, mi tarifa puede parecer alta, pero hago todo yo solo. Pago por mi propia seguridad, mi membresía online para revisar antecedentes, mi software de organización y calendario, honorarios de tarjetas de créditos, propinas para el personal de los hoteles con los que me llevo bien, y me tienen muy en cuenta y me cuidan cuando trabajo. Además de un montón de gastos para mantener mi imagen personal. –
-Tu imagen, - repitió Enzo, una sonrisa temblando por ser liberada.
-Lo doy todo por darle a mis clientes la experiencia completa, lo que incluye mantener mi imagen lo mejor posible. Ropa, skin-care, depilaciones, cuotas del gimnasio. –
-Claro, veo. – Enzo tomó de su cerveza, Jack tomando de su bombilla. - ¿Tenés un guardia personal o algo así? -
-No, tengo esto. –
Jack levantó su muñeca derecha y subió su manga blanca, revelando una pulsera fina de cuero negro, con un botón simple en el centro; un símbolo rojo pintado en el medio.
-Vos... – Enzo arrugó los ojos, sus palabras saliendo lentas. - ¿Vos pensás que tener diabetes va a evitar que un cliente te maltrate? –
Jack suspiró, revoleando los ojos.
-No tengo diabetes. Esta es mi seguridad. Si aprieto este botón por más de cinco segundos se notifica a la policía, junto a la compañía de seguridad a la que pago para que monitoreen mi ubicación. Lo uso cuando trabajo. También me encargo de notificar a esta compañía sobre mi calendario y eventos, y si no me contacto a la hora designada, alertan a las autoridades. Me sale un huevo cada mes, pero me hace sentir seguro. –
- ¿Qué pasa si te le dormís arriba?
-Lo tengo que apretar muy fuerte para que funcione. No pasa nada si esta debajo de una almohada o algo así.
- ¿Qué pasa si estás atado? -
La boca de Enzo se cerró a una velocidad record, su cerebro vibrando dentro de su cráneo. La pregunta le salió más rápido de lo que pudo anticipar. Jack no pareció perturbado, continuando con la conversación.
-Nunca les permito a mis clientes atarme de una manera en la que no pueda salir, y nunca lo permito sin antes haber pasado por al menos tres sesiones. Solo acedo a ser atado ligeramente, las manos, para lo que yo mismo proveo el material. Es más, por la vista que por la restricción en sí. Si quieren algo más heavy, les paso el contacto de colegas que trabajan como dominantes o sumisos profesionales. -
Enzo pasó el dorso de su mano por su frente, bajando un gran trago de cerveza. La bebida se había calentado en sus manos, su mano transpirando.
- Pero ¿qué pasa si alguien te droga? ¿O te ataca? –
Jack se encogió de hombros, tomando un poco más de su bebida con la bombilla. -Alguien podría atacarte o drogarte en cualquier momento, tanto si los conoces por tinder, en un boliche, en el super. Yo espero que la gente que busca mi acompañamiento tenga buenas intenciones. Por el momento ha estado todo bien. -
- ¿Alguna vez lo usaste? Al botón, digo.
-No. Soy bastante más atlético que la mayoría de mis clientes, estos músculos no son solo show, y también por lo general soy más joven. Lo máximo ha sido darles una lección sobre límites y se comportan como niños en la escuela. Una vez que pongo a alguien en mi lista negra no hay vuelta atrás. Ellos no quieren figurar en esa lista, por más pequeña que sea. –
Enzo apoyó su vaso vacío sobre la barra, otra cerveza apareciendo frente a él antes de tener que indicarle algo a la bartender. Le sonrió y asintió, tomando un trago.
- ¿Y tus reglas?
-Tantas preguntas, - Jack murmuró, sus ojos brillando con las luces. - ¿Estamos seguros que no trabajas de encubierto para LAM? Perdón amor, no cuento esas cosas.
-Capaz soy un policía. -
Las pestañas de Jack revolotearon, una risa divertida saliendo de sus labios.
-Te verías hermoso con un traje de policía, estoy seguro. Todo lo que hago es legal. Tengo una licencia de negocio, justo como si vendiera cerámica o sweaters de lana. –
-Sí, porque la cerámica, los sweaters y el sexo caen todos en el mismo rubro laboral. –
Jack levantó sus hombros despreocupadamente, sus ojos siguiendo una bandeja de arrolladitos que llevaba un mozo.
-Juzga todo lo que quieras, pero mi negocio es limpio.
-Okey. ¿Próxima regla?
-Nada de fotos.
- ¿Nada de fotos?
-Nada. Es una de mis políticas.
Enzo lo miró fijamente un momento, pasando su pulgar por el borde del vaso.
- ¿Cómo es posible eso hoy en día?
-Es posible.
- ¿Qué pasa si tu cliente te quiere en una foto?
Jack sacudió su cabeza, juntando sus labios hacia adelante y haciendo que resalten sus pómulos, las luces tenues del lugar generando sombras en sus cachetes.
-No me importa, - Jack dijo, medio cantando, subiendo su hombro derecho. –No permito que me saquen fotos. No permito que se filme nada. No hay ningún registro mío trabajando en ningún tipo de formato. – Hizo mover la bobilla de su vaso, los cubos de hielo haciendo ruido cada vez que chocaban con los bordes. –Todo esto lo aclaro antes de concretar cualquier tipo de acuerdo. Si descubro que algún cliente me filmó sin mi consentimiento, entraría en juego mi abogado. Ese es otro gasto del que me hago cargo, señor números. Aunque nunca tuve que usarlo. –
-O sea, ¿no dejas papelitos pegados en las paredes de la ciudad ofreciendo tus servicios? Creo que te verías increíble usando encaje rojo y labial. –
-Ay querido, - le dijo Jack arrastrando las letras e imitando el tono provocador de la pregunta de Enzo, su cabeza girando para mirarlo. –No tenés idea de con quien estas tratando, ¿no? –
-Y yo no estoy hablando de fotos desnudo, - le dijo Enzo, tomando de su cerveza. Se burló. – Dejá de pensar en cosas sucias. –
Enzo mantuvo su cabeza hacia adelante, pero escuchó lo que podría haber sido una risa ahogada a su lado. No estaba seguro sobre porqué estaba manteniendo una conversación con el chico, pero un calor de satisfacción le recorrió el pecho con la idea de hacer que se rompa su temperamento controlador y calculado con una risa.
- ¿Qué haces si un cliente quiere sacarse una foto con vos a un evento al que te lleva? Como este, por ejemplo. ¿Qué haces ahí?
-Mi respuesta sería un no rotundo, y lo sabrían antes de llegar al evento. Si quisieran obligarme, me iría y ellos tendrían que pagar algo así como una multa. Nunca fue un problema.
-Me cuesta creerte.
- ¿En serio?
-Sí.
- ¿Por qué?
-Cuándo pasas la noche con un cliente, ¿Cómo sabes que no te sacan fotos mientras dormís?
-Así que, - Jack le dijo abriendo los ojos, -sos ese tipo de acosador. – Se le iluminaron los ojos, tomando un tono más juguetón mientras sonreía; ya no se le observaba rastro alguno de indiferencia en su rostro. –Pensé que eras de los que coleccionaba ropa interior usada… -
-Disculpame, nunca hice algo así en mi vida, - le dijo Enzo, peleando contra una risa. –Solo creo que es una preocupación válida en, - su voz bajó para seguir, -tu línea de trabajo. –
-Casi nunca duermo si me quedo a pasar la noche- le contestó Enzo, sus dedos de la mano casi completamente estirados. –Y antes que asumas, al menos la mitad de mis encuentro nocturnos no incluyen sexo. –
Enzo vio a lo lejos a Maidana, con su pelo blanco claramente en decadencia y su espalda encorvada; tenía papel higiénico pegado en la suela de un zapato.
-Qué pena. -
Escuchó la exhalación de otra casi risa, suave, a su lado, silenciada por un trago del gin tonic. Enzo movió su mano para señalar la pista de baile, hablándole en voz baja.
-En eventos como este hay fotógrafos contratados por todo el salón, específicamente para sacarle fotos a los invitados cuando están en momentos incómodos, comiendo mucho langostino o riendo falsamente a cualquier cosa que les dijo su jefe. –
- ¿Estás hablando por experiencia? –
-Por favor. Nadie puede evitarlos. Son la estrella de las entradas en estos eventos. Lo que estoy tratando de decir, - Enzo suspiró y giró la parte superior de su cuerpo en dirección a Jack, -es que es prácticamente imposible escapar de alguna foto sacada en un evento como este. Es imposible. Incluso los pobres mozos terminan saliendo en esas fotos. –
La expresión de Jack seguía siendo neutra, además de que se veía hermoso sin siquiera intentarlo. Sus ojos miraban el salón como si hubiera un océano hasta las paredes. El hielo en su vaso se movió, su pulgar tocando la condensación en la parte de afuera.
-Soy bueno para hacerme desaparecer y pasar desapercibido si lo necesito, - dijo eventualmente, su voz apagada. –Muy bueno. –
Enzo se burló en un suspiro, mirando a Jack tomar de su gin tonic por la bombilla, que se supone que estaba ahí para mezclarlo.
-No te creo. –
Jack se encogió de hombros y ensanchó sus codos sobre la barra, a cada lado de su cuerpo. El simple movimiento elegante en sus fuertes brazos, su pecho ancho arqueándose hacia arriba debajo de la camisa blanca del traje.
Como si pudiese sentir ojos sobre él, sus ojos se movieron hasta encontrarse con los de Enzo. Le recorrieron la cara lentamente, hasta su pera, y volvieron a subir. El lado derecho de los labios de Jack subió lentamente, sus miradas fijas entre sí.
- ¿Encontraste una pareja para llevar al casamiento? –
La cara de Enzo permaneció perfectamente quieta por un momento. Las luces coloridas que habían estado molestándolo cambiaron a una luz más bien blanca, generando pequeños puntos luminosos en el espacio en lugar de esos láseres de colores.
-No. –
El otro lado de los labios de Jack, tan rosados y tan suaves a la vista, subió para completar su sonrisa.
-Interesante.
-No necesito a alguien. He ido a un montón de casamientos y eventos solo. El mundo siguió girando. –
Jack le sonrió con esos dientes perfectos y blancos. Sus labios carnosos volviéndose más finos al estirarse en el contorno de su sonrisa, sus hoyuelos apareciendo, y su lengua, incluso más rosada que sus labios, apareciendo para lamer el borde de su labio.
- ¿En serio?
-Sí. – Cuando Jack no dijo nada, simplemente sonriendo burlón y dejando que sus pestañas se muevan de arriba hacia abajo, Enzo apretó la mandíbula, sus ojos ajustándose. - ¿Qué? –
-Nada, - le dijo Jack, intentando no reírse.
- ¿Por qué es un requerimiento llevar a alguien a un casamiento? -
-No lo es, - le contestó, levantando su hombro izquierdo. –Solo suele hacer que todo sea más agradable, simple. –
-No voy a empezar a salir con alguien para, después de una cita, invitarlos a ir a un casamiento en otro país conmigo por una semana. Parecería un loco. Me muevo rápido en los negocios, pero no en las relaciones. –
-Sí que te moves rápido en los negocios, - Jack le contestó, levantando su vaso hasta su cara. Chupó el final de la bombilla, dejando una pequeña gota del líquido brillando en el centro de sus labios. Sus ojos recorrieron de nuevo y lentamente a Enzo, esta vez hasta la punta de sus zapatos negros y brillantes, antes de volver a su rostro. –Leí todo acerca de vos. –
Enzo escupió una risa, su cabeza cayendo hacia atrás en su cuello.
- ¿Qué? –
-Yo, por supuesto, sabía dónde trabajaba mi cliente. Lo investigué hace mucho cuando arrancó nuestro acuerdo. Pero, por pura curiosidad, visité de nuevo el sitio web de tu compañía, solo para saber con quienes podría encontrarme hoy. Fui muy a fondo. – Jack movió apenas el borde superior de su vaso en dirección a Maidana. –Investigarlo a él y a la compañía significó encontrarme con detalles tuyos. No lo pude evitar. –
-Mmm, como digas. –
Jack bajó el tono de su voz a uno rasposo, digno de un presentador de bandas de rock en un club.
- “Apropiándose de su campo laboral en fusiones corporativas y adquisiciones empresariales, Enzo Fernández comenzó su ilustrada carrera como el mejor de su clase en Economía y Negocios Internacionales de la UBA. Más tarde, completó un posgrado en negocios en la Universidad de Cambridge. Todavía sin llegar a los treinta años-“–
-Bueno, bueno, - Enzo le dijo, moviendo su mano. Levantó su cerveza en dirección a Jack. –Podes leer. Felicitaciones. –
Tomaron cada uno un trago, Jack sonriendo alrededor de la bombilla.
-Impresionante para alguien de, -.sus ojos se ajustaron, su pera moviéndose a la derecha, -alguien del conurbano. ¿San Martin? -
Enzo parpadeó en su dirección, curioso y un poco preocupado.
-Eso no está en mi biografía. -
-Soy bueno para estas cosas. Conoces a mucha gente en, -su voz bajó para igualar la que Enzo había usado antes, -mi línea de trabajo.
-Hey, yo no juzgo. Vos hace lo que vos quieras y no hay problema. No hay nada malo en trabajar para ganarse la vida. –
-Entonces ¿por qué no querés pagarme por mi tiempo? Claramente para vos sería como un vuelto. -
La curiosidad gentil que Enzo tenía antes desapareció para darle lugar a algo turbio en su mirada, sus labios apretándose en una línea. El marrón de sus ojos pareció oscurecerse, tormentosos. El aire en la sala pareció caer varios grados.
Lentamente, le explicó, -Porque prefiero ir solo a todos los eventos por el resto de mi vida que pagarle al fantasma de un roquero joven que pretende tolerarme. –
-Ah, ¿sí?
-Sí.
- ¿Por el resto de tu vida? -
-Por el resto de mi vida, - le dijo Enzo, su expresión inamovible.
-Una vida es un tiempo muy largo para estar solo.
-Y una vida construida en mentiras no es una buena vida.
-Palabras fuertes viniendo de alguien que hace un personaje casi tan bien como yo.
Track: Muse | Dead inside
-No sabes una mierda sobre mí.
-Te conozco porque sos como yo. Los parecidos nos reconocemos entre nosotros. Me doy cuenta.
-No sabes una mierda sobre mí, - Enzo repitió, enunciando con intención cada palabra. –Y no nos parecemos en nada.
- ¿No? – Los ojos de Jack le recorrieron la cara, neutra, sin emociones, que no demostraba el fuego que tenían sus palabras. Su voz bajó y gentilmente siguió, - ¿acaso no le mentís a la gente todos los días? ¿No pretendes ser alguien más en tu trabajo? –
Enzo parpadeó, sus pestañas moviéndose pesadamente.
-Yo no regalo mi cuerpo para poner comida en la mesa. -
-Uy querido, que decepción lo tuyo, - Jack le reprochó, sacudiendo su cabeza, una pequeña sonrisa apareciendo en sus labios. –demasiado juzgador para alguien que hace unos momentos dijo “yo no juzgo”. Y esto, - Jack señaló desde el piso hasta su propia cara, sus dedos de la mano tocando su traje caro, -no lo regalo. Nada más errado que eso. –
-Supongo que tenés razón. No cuando te aprovechas de viejos seniles- -
- ¿Aprovecharme? – Jack se rio mientras lo interrumpía.
- -que están solos y buscando algún tipo de compañía. Si quisieras ser un santo con los viejos podrías trabajar como voluntario en un geriátrico. –
-Yo nunca dije que era un santo. Los geriátricos pagan una miseria. – Enzo se rio de eso, sacudiendo su cabeza y tomando de su cerveza. – Tengo la sensación que toqué un nervio. Los pibes que son solitarios de jóvenes se convierten en viejos solitarios más rápido de lo que pensás, ambos buscando compañía más allá de la edad. –
-Mmm, sos muy sabio vos, - Enzo le dijo, pasando su pulgar por el borde de su vaso. – Un prostituto con alma de Buddha. –
Jack trago el resto de su bebida de un saque y apoyó el vaso vacío sobre la barra, limpiándose las manos entre sí.
-Me están llamando. -
Sonrió amorosamente a través del salón, viéndose aún más joven que momentos antes mientras estaban conversando acaloradamente. Se empujó lejos de la barra y se paró; aun así, Enzo notó que era un poco más bajo que él. La tela cara del traje se le ajustaba a las curvas de su cuerpo, sobre todo la que venía por debajo de su espalda. Miró a Enzo por encima de su hombro.
-Hermosa conversación, como siempre. –
Enzo soltó una corta carcajada y llevó su cabeza hacia atrás, terminando su cerveza.
-Disfrutá el resto de tu noche con tu cita. -
Las comisuras de los labios de Jack se elevaron
-Disfruta a tus amigos bailando lento en el paraíso mientras vos estas solo, sentado en una esquina, - ajustó sus ojos a una versión más seductora, pero todavía se les podía ver el fuego de la conversación, -contemplando el significado de la vida y tu mano derecha. –
Comenzó a caminar en dirección a Maidana, poniendo en su cara una sonrisa cálida y moviendo su cabeza hacia un costado.
-Jack. –
Sus pasos se detuvieron, el piso de madera deslizándose debajo de la suela de sus zapatos. No permitió que su sonrisa victoriosa apareciera en su rostro; en cambio exhalo lento y miró sobre su hombro, ya sintiendo el gusto de las bebidas que se iba a tomar en sus vacaciones pagadas por Enzo. Le vendría bien un poco de sol y calor.
Giró su pie derecho hacia el costado y estiró el cuello, lo suficiente como para ver a Enzo, pero manteniendo su culo hacia él.
- ¿Sí? –
Enzo se le acercó, sus manos en sus bolsillos. No le puso un dedo encima, pero su cuerpo parecía producir vibraciones de energía, como un campo magnético acalorado que entraba por la manga del traje de Jack y se esparcía lentamente por su cuerpo.
- ¿Qué querías ser? –
Jack parpadeó, confundido, su cabeza torciéndose sin su control. Mantuvo su cara hacia Medina, quien lo saludaba a lo lejos como un abuelo alentando a un nieto en un partido de futbol.
- ¿Eh? – le preguntó.
-Antes de esto, - la voz de Enzo le susurró en el cuello, haciendo que su piel suave no pueda evitar erizarse, - ¿de qué querías trabajar? –
Jack tragó, el fondo de su garganta sintiéndose áspero. Empujó sus sentimientos a su estómago, mentalmente imaginando el camino a través de sus venas y huesos, para terminar derretido en el piso.
-Quería ser fotógrafo, - le contestó, manteniendo un tono de voz neutral.
Enzo se rio lento, casi que sin humor. Jack podía sentir sus ojos fríos recorrerle la firme línea de su mandíbula, el lóbulo de su oreja, el pequeño rastro de barba que le había quedado cerca de su nuez. Enzo volvió a susurrar, más cerca aún de su piel.
-Un amante de la fotografía que pasa su vida escondiéndose en eventos a los que no fue invitado, asustado de las cámaras como un nene chiquito. –
-Y yo que me preguntaba cómo habías hecho para llegar a tu puesto de trabajo tan rápido, - Jack le retrucó con gracia. Giró su cara para mirarlo, sus ojos penetrándolo con fuego e intensidad, pero con una sonrisa calma en sus labios. –Ahora tiene sentido. Sos el lobo más cliché, pero disfrazado de ovejita. –
Enzo imitó la risa falsa de Jack, pegándose en la pierna y cayendo un poco hacia adelante.
-Ay, sos re gracioso. Un prostituto gracioso, - le dijo, dándole énfasis al título. - ¿Tus clientes te pagan por risa o por orificio? –
Jack no le dijo nada más, dándose vuelta y caminando por la pista de baile.
Enzo lo vio acercarse a Medina y hacerle una reverencia, su sonrisa juguetona haciendo emocionar al señor mayor al punto de aplaudirlo mientras se reía. Juntó sus manos, Jack apoyó la suya libre en la cadera del hombre. Subió sus manos unidas hasta donde Medina podía, y empezó a guiarlo en un vals. Medina sonreía de oreja a oreja mientras era girado por la pista de baile.
Enzo se volvió a apoyar en el bar.
- ¿Te sirvo otra?
-Sí, por favor. -
Escuchó el sonido de la canilla mientras le servía la cerveza en un vaso nuevo. Los miró bailar, sus cuerpos haciéndose lugar entre otras parejas en la misma sintonía, todos bailando al ritmo del vals que sonaba. Extraño. Era como ver girar una máquina del tiempo, cada vuelta exponiéndolo o a la cara joven y risueña de Jack, o a la cara casi decrépita y vieja de Medina.
-Acá tenés. -
Enzo asintió su agradecimiento y tomó de su cerveza recién servida. Cuando volvió a mirar a la pista, los ojos de Jack ya lo habían encontrado. Lo miraban fijamente a unos metros. Enzo le sostuvo la mirada, tomando un largo trago de su vaso. Cuando lo bajó, se relamió los labios y ensanchó el apoyo en sus codos sobre la barra. Los ojos de Jack aún no se despegaban de él.
Jack le sonrió con burla y siguió haciendo bailar a Medina, que estaba con los ojos cerrados y su cabeza apoyada en el ancho pecho de Jack, una sonrisa tranquila en su rostro.
…
Lunes, 13 de Abril
Rodrigo metió solo su cabeza en la oficina de Enzo, el resto de su cuerpo aún afuera.
- ¿Necesitas algo más antes que me vaya? Está todo listo para el resto del día.
- ¿Mm? – Enzo miró de su reloj a la cara de Rodrigo, una lapicera en su mano derecha. - ¿Qué hay hoy? –
-Hoy tengo turno en el dentista. – Rodri apuntó a su boca como para demostrar que los dentistas trabajaban con dientes. –Te mandé un mail y lo puse en tu calendario. ¿Está todo bien con que me vaya? –
-Sí, sí. Disfruta de tu tarde, con lo agradable que son los tornos y todas esas cosas. – A Enzo le recorrió un escalofrío y volvió a mirar todos los papeles que tenía delante. –Espero que tengas un buen almuerzo preparado para después, con muchos caramelos. – Los ojos de Rodrigo se achinaron, su sonrisa contagiosa. Enzo asintió en su dirección, una sonrisa tirando de sus labios, -que termines bien el día. –
-Vos también. Avisame cualquier cosa que necesites con las reservas para el viaje. Cristian me dejó un mensaje preguntando si ya te habías ocupado de eso. Me dijo también que te transfiere la plata apenas termines de comprar todo. –
-No es necesario que lo haga, peo gracias por darme el mensaje. –
Rodri empezó a irse, pero rápidamente volvió y metió medio cuerpo en la oficina, agarrando la puerta.
-Ay, me olvidé de preguntarte. ¿Leíste ya las actualizaciones en el cronograma?
-No, - Enzo pasó la mano por su flequillo, -estuve todo el día resolviendo cosas de esta negociación, no pude. –
-Cuando tengas un ratito pegale una leída. Cristian y Lisandro se pasaron, planearon un montón de actividades divertidas para toda la semana. Lean está re emocionado de que llegamos para las clases de ballroom. –
Enzo lo miró fijamente un momento, sus dedos sosteniendo una resma de papel, su cuerpo congelado.
-Bal… - se lamió los labios, su pera girando hacia la derecha. - ¿Clases de ballroom? ¿Danza? –
- ¡El jueves a la tarde! – El celular de Rodrigo sonó en su bolsillo, una gran sonrisa apoderándose de su cara. –Perdón, me tengo que ir yendo. Bah, quiero decir, - se paró derecho, - ¿Puedo?
-Sí, sí, - Enzo movió una mano en frente de él, -por favor, andate.
Rodri le dijo un alegre “chau, señor” sobre su hombro mientras volaba de la oficina.
Enzo reguló su expresión, soltando el paquete de papel para agarrar el mouse de la computadora. Abrió su mail personal y cliqueó en el correo que le había mandado Lisandro.
“Hola queridos familiares y amigos!
Acá les adjunto el cronograma para nuestro mágico tiempo juntos. Obvio que participar en cada actividad es opcional, pero esperamos poder verlos la mayor cantidad de tiempo posible. Si prefieren no realizar alguna, asegúrense de tener mucho protector solar y una buena malla.
¡¡Las playas son de lo más hermoso!! Estamos muy emocionados de verlos.
Namaste y Amor!
Licha y Cuti xoxoxoxo “
-Namaste y amor, - Enzo susurró para sí mismo, cliqueando en el archivo PDF adjunto. – Namaste, amor y muchos signos de exclamación. –
Un archivo con millones de páginas se abrió. Incluso habiendo elegido un hotel como “Flamingo Cove”, uno de los complejos hoteleros más sofisticados, elite, y con todo incluido que había en aquella zona tropical, Cristian y Lisandro se las habían arreglado para que todos sus invitados tengan habitaciones grandes, y habían reservado lugares en la playa para los eventos de la semana. Hacían valer su dinero.
Los bordes de las páginas del archivo estaban rodeados con ilustraciones de campanas de bodas y conchas marinas, con fotos de la playa intercaladas entre los párrafos. Cada día estaba resaltado en negrita, con su título correspondiente y un símbolo pequeño que lo complementaba, todo acompañado de muchos signos de exclamación.
¡Domingo de caracoles marinos! ¡Martes de tucanes!! ¡Viernes de flamencos!!! Sábado de ¡el día más feliz de nuestras vidas!!!!
Los ojos de Enzo se abrían cada vez más mientras leía. Cada día estaba repleto de actividades grupales y horarios para comer todos juntos. Si ibas a todas las actividades planeadas, estarías con el resto de los invitados desde el amanecer hasta la hora de irse a dormir.
Se aflojó la corbata, exhalando lentamente por sus labios. Miró hacia atrás para observar por la ventana la escena de un Buenos Aires lluvioso, con humo y niebla cubriendo las calles. Intentó hacer que sus latidos vayan al ritmo de los pasos de una señora bastante mayor, que estaba paseando a un perro muy pequeño, lento pero intencionado.
-Bueno, veamos, - habló bajo para sí mismo, volviendo a enfocarse en el calendario. Volvió hacia la parte superior del archivo, asintiendo. –Bah, yo puedo con esto. -
¡Torneo de vóley en la playa!
¡Asado playero al mediodía!
¡Bochas y tejo!
Aventura en bicicleta!
-Okey, - dijo, mientras continuaba leyendo. –Todo bien. –
Zumbaaa!
¡Cerámica con Licha!!
Su nariz se frunció.
¡Búsqueda del tesoro por la isla!!
¡Trae a tu pareja y prepárate para correr!
Extravagancia en el desayuno; ¡película familiar! (Recomendamos traer pañuelitos!!!)
¡Artesanías y macramé para joyería con Cuti!
Su boca se apretó, sus dientes apretando su labio inferior. –Mmm. –
¡Las primeras cutilicha-olimpiadas anuales de playa! Las CUTILIADAS! Preparate para ganar!
¡Pintada de totebags!
¡Yoga al atardecer!
Se le secó la garganta; todavía no había pasado el segundo día del cronograma.
¡Andar a caballo en parejas por la playa!
¡KARAOKE A LA MEDIANOCHE!!!
Miró fijamente su computadora, escuchando de fondo las máquinas de imprimir y las fotocopiadoras, afuera de su puerta. Un teléfono sonó una, dos, tres veces antes que alguien lo atendiera, la persona que lo atendió estaba lo suficientemente lejos en otra oficina, debido a que no se le entendía nada, y solo se percibían un murmullo de voces combinadas.
Tragó fuerte, suspiró, y agarró su teléfono, abriendo la aplicación de llamadas.
