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IBAC'NER

Summary:

Bo-Katan agradeció que el casco ocultara su rostro, evitando así que su decepción fuera evidente al descubrir las preferencias sexuales de Din. Ahora entendía por qué él no había mostrado interés en ella aquella vez en Trask. Y ahora, después de seguirlo hasta su maldita secta, había pensado que tal vez tendría una oportunidad, pero... Din era un hombre que prefería a otros hombres, no la compañía femenina.

Chapter Text

Bo-Katan realmente se estaba acostumbrando a la vida en el Encubierto. Luego de dos meses viviendo entre ellos, ya sentía que era parte de la tribu. Al principio, había tenido sus dudas porque, bueno… no eran precisamente sus mandalorianos favoritos, pero era bueno sentir que pertenecía a algo.

Aquella noche, la lluvia caía a cántaros en el exterior. Se preguntó si el agua de la laguna subiría lo suficiente como para alcanzar la entrada de la cueva, pero, como si Din hubiera leído sus pensamientos, le aseguró con calma que no tenía de qué preocuparse. Según los miembros de la tribu, había llovido antes, y con mucha más intensidad que ahora.

"Entonces…" murmuró Bo-Katan, recostada sobre la colchoneta en la que dormía. La de Din estaba justo al lado, mientras que el niño descansaba en su cuna flotante. "¿Cómo se casa la gente aquí?"

Din soltó una carcajada, casi todo el Encubierto descansaba, excepto aquellos que hacían guardia. La temperatura había bajado, así que ambos estaban cubiertos con una gruesa cobija que Bo-Katan había encontrado en el Guantelete. Eran adultos, dormían pegados uno al otro, así que compartirla no era un problema.

"¿De dónde viene el interés?" preguntó Din con diversión.

"No lo sé, solo quiero estar preparada por si alguien me dice algo comprometedor y yo acepto sin darme cuenta." Lo dijo en tono de broma, aunque en el fondo, lo que realmente quería era saber más sobre la vida en el Encubierto… y tal vez más sobre Din.

"No es nada del otro mundo, Bo," le susurró Din. Ambos seguían con sus trajes de vuelo puestos; el beskar de sus armaduras estaba apilado en un rincón de la pequeña habitación tallada en la roca. "Solo es cuestión de decir los votos y ya."

Bo-Katan chasqueó la lengua. "Demasiado fácil. Pensé que lo llevaban a otro extremo. No me malinterpretes, ¿vale? Pero, quiero decir… si fuiste hasta Mandalore a redimirte, pensé que el matrimonio sería algo más complicado."

"No, no lo es," le aseguró Din con voz tranquila. "La redención fue algo mío."

Bo-Katan rodó los ojos bajo el casco. La oscuridad inundaba la habitación. "¿Entonces… no hay ninguna chica de la que deba preocuparme? Digo, estamos compartiendo cuarto y… no quiero que alguien me rete por algo que ni siquiera sé."

Din volvió a reírse y negó con la cabeza. "No tienes que preocuparte por eso."

"¿No?" insistió Bo-Katan, sintiendo que algo en su tono no terminaba de cuadrar.

Din guardó silencio unos segundos antes de susurrar con algo de incomodidad: "No… no me gustan las chicas."

Bo se removió ligeramente. Por un momento, pensó que había escuchado mal. Se giró de medio lado, casi queriendo ver el casco de Din entre la escasa luz. "¿Q-qué?" tartamudeó, confundida. No… seguramente había entendido mal.

Din suspiró y ladeó el casco para encontrarse con la mirada intensa de Bo-Katan a través del suyo. "No soy de chicas," repitió con voz baja. "No tienes que preocuparte, nunca me he relacionado con nadie en el Encubierto."

"¡¿Me estás jodiendo?!" Bo-Katan casi gritó al escucharlo. Se incorporó de golpe, y Din la imitó, mirándola sin entender su reacción. "¿T-te gustan los hombres? ¡Joder… dime que estás bromeando!"

"¿No?" respondió Din, frunciendo el ceño ante lo que parecía ser enojo. "¿Estás… molesta?"

El corazón de Bo latía con fuerza, y su cuerpo temblaba por la rabia. El corazón de Bo-Katan latía con fuerza, y su cuerpo temblaba por la rabia. Sentía cómo la impotencia se aferraba a su pecho como un puño cerrado. No era solo sorpresa. No era solo incredulidad. Era decepción.

Desde el primer momento en que vio a Din en Trask, le había gustado. Ese mandaloriano de armadura reluciente, silencioso y letal. Su sola presencia había hecho que la piel se le erizara y, en cuanto supo que era de los Hijos de la Guardia, no pudo evitar querer… provocarlo. Lo había querido para ella.

Bo recordó con amargura aquella noche en el bar, antes de atacar el carguero imperial. Habían bebido juntos, ella se había inclinado más de la cuenta, había dejado caer palabras con un descaro poco disimulado. Le había ofrecido la posibilidad de algo más.

Y Din… simplemente no había reaccionado. No se había inmutado. No había mostrado interés. En ese momento, Bo había pensado que quizá era por la devoción a su credo o porque era un tipo difícil de leer. Pero no. No era eso.

Él nunca la vio como una opción. Nunca la consideró.

El enojo la envolvió como una llamarada, y sin darse cuenta, sus puños se apretaron sobre la cobija. Sintió calor en su rostro, y por primera vez en mucho tiempo, se sintió estúpida.

Me ignoró porque nunca le interesé. Nunca le interesaría.

Din ladeó la cabeza, confundido por su reacción. "¿Estás… molesta?" Repitió nuevamente.

Bo dejó escapar una carcajada seca, sarcástica, y desvió la mirada. No, se dijo, no le daré el gusto de verme afectada. "¿Molesta? ¿Yo?" replicó con una sonrisa que no le llegó a los ojos, gracias al casco que ocultaba su rostro. Lo miró y soltó un bufido. "¿Por qué estaría molesta, Din? Solo… me sorprende, eso es todo." Y sí, lo sorprendía. Pero también la jodía. Porque ahora, entendía que todas esas veces en las que intentó acercarse a él, todas esas miradas, todas esas insinuaciones sutiles (y no tan sutiles)… fueron completamente en vano.

Bo-Katan Kryze no era alguien a quien los hombres ignoraban. Pero Din Djarin lo había hecho sin siquiera darse cuenta.

Din rió, algo apenado e incómodo a su lado, mientras esperaba que Bo-Katan se recostara de nuevo. "Me lo han dicho antes," susurró. "Quiero decir…"

Bo lo interrumpió antes de que pudiera terminar. “Pero… ¿has tenido sexo con mujeres en algún momento?" Intentó que su voz sonara neutral, pero la rabia se filtró en los bordes de sus palabras. No quería que fuera evidente. No quería que Din notara el nudo de frustración que se le clavaba en el pecho. Quería estrangularlo en ese mismo instante por hacerla sentir así.

Sus ojos verdes picaron tras el casco. Otra vez, la vida le arrebataba algo. El destino ya le había quitado a su familia, a su hermana, a su planeta, al sable oscuro… y ahora, a Din.

No quería ponerle nombre a esos sentimientos, pero allí estaban, golpeándola con furia. Mierda.

Los dos años que pasó exiliada en Kalevala no fueron solo por perder el sable oscuro. No quiso pelear directamente con Din Djarin porque… le gustaba. Había pasado noches en vela, imaginando cómo sería él bajo la armadura, cómo se sentiría su cuerpo contra el suyo. Se había perdido en fantasías con ese hombre de beskar sin pintar. Y ahora, todo eso quedaba reducido a nada.

"Sí," respondió Din con calma.

Bo sintió un vuelco en el estómago cuando él posó una mano en su hombro y le hizo una leve señal con el casco, indicándole que se recostara de nuevo.

"He tenido sexo con mujeres," admitió, y su voz sonó algo incómoda. "Y no es que sea malo, pero… no es lo mismo."

Bo-Katan sintió que la sangre le hervía en las venas. "¿No es lo mismo?" escupió, recostándose con rigidez. Sus ojos perforaron el visor del casco de Din, buscando respuestas. "¿Cómo que no es lo mismo? Sexo es sexo."

Din respiró hondo antes de suspirar con algo de vergüenza. "No se siente tan… intenso," confesó, casi en un murmullo. Dudó un segundo antes de añadir, aún más incómodo: "Me siento… raro. Incómodo. Y… muy húmedo."

Bo-Katan apretó los dientes. Su rabia no hacía más que crecer. "Tal vez no has follado con la mujer adecuada, idiota," soltó Bo, con la voz cargada de enojo. Sentía su rostro arder bajo el casco, un calor abrasador que no solo venía de la rabia, sino también de la frustración. "No puedo creerlo," murmuró para sí misma, casi sin darse cuenta.

Din rió de nuevo, como si todo aquello le pareciera una conversación trivial. Negó con la cabeza antes de responder. "Lo intenté," confesó con una naturalidad que solo logró enfurecerla más.

Bo-Katan negó con la cabeza, su respiración pesada dentro del casco. "Alguien como tú… con esa armadura, tu voz… eres un guerrero," murmuró, con un deje de incredulidad. "No pareces uno de esos hombres que se follan a otros." Se apresuró a aclarar, sin querer sonar ofensiva. "No me malinterpretes, simplemente no lo esperaba de ti. Pero…" Hizo una pausa, su mente aún intentando procesar la verdad que Din le había revelado. "Para gustos, los colores, ¿no es así? Es un universo libre."

Din rió suavemente. No había ni un rastro de incomodidad en él, como si todo esto no fuera algo que le diera muchas vueltas. Y antes de que Bo pudiera reaccionar, sintió la calidez de su mano al rodear la suya. Fue un gesto simple, casi despreocupado, pero el contacto le quemó la piel bajo los guantes.

Din le apretó la mano con firmeza, sin saber lo que aquello le hacía sentir a ella. "Tienes razón," dijo con voz adormilada antes de bostezar.

Bo-Katan sintió un nudo en la garganta cuando, sin más, Din le dio la espalda. Su mano se deslizó fuera de la suya sin ninguna resistencia, como si aquel contacto no hubiera significado absolutamente nada para él.

El casco de Bo tocó su espalda sin querer cuando intentó moverse, y su cuerpo se tensó al darse cuenta de lo cerca que estaba.

Cerró los ojos por un momento.

¿Qué demonios estaba haciendo aquí?

No tenía sentido. Ella no había decidido quedarse en el encubierto por comodidad ni por refugio. Lo había hecho por él. Solo por Din.

Y ahora…

Una parte de ella quería largarse de inmediato, marcharse sin mirar atrás. Pero entonces, una vocecita en su mente se alzó por encima de todo lo demás.

Eres Bo-Katan Kryze.

Ella nunca se rendía.

Si quería algo, lo obtenía.

Y Din Djarin era lo que más deseaba.

Lo encontraría, lo atraparía… y lo haría suyo. Para siempre.