Chapter Text
• Father •
父親
❝ Yo recé por tu paz, incluso aunque tu hayas comenzado toda esta guerra en mi, ¿Hiciste lo mejor o qué hiciste? A veces creo que te odio, lo siento, papá por tener estos sentimientos, no puedo creer que esté diciendo esto❞
Hospital Privado Sumire de Tokio
Alguien dijo alguna vez que los primeros errores de los padres suelen ocurrir con su primer hijo, ellos eran algo así como el conejillo de indias, o Tōuya así se sentía: Un conejillo de indias. Lo cual es irónico porque detesta a esos animales tan pequeños.
Quizás hubo un momento donde supo lo que quería en su futuro, como cualquier niño en una sociedad donde existen las particularidades, personas que salvan personas y reciben amor, Tōuya deseaba convertirse en un héroe. Sus ambiciones fueron implantadas en su cerebro desde una muy temprana edad, e incluso cuando su cuerpo comenzó a mostrar indicios de que su poder no iba acorde con su estado físico, seguía insistiendo en querer convertirse en un héroe. Aunque, tal vez, más que ser un héroe deseaba ser reconocido por su padre que sí era un verdadero héroe.
Por desgracia, a sus inocentes nueve años todo se vino abajo por la llegada de su tercer hermano. El hijo pródigo que su padre ha estado buscando durante años para satisfacer su egoísta deseo de superar al Símbolo de Paz. A pesar de que había llegado el hijo deseado , Tōuya siguió entrenando para demostrar que era capaz de superar sus propias imposiciones y convertirse en un héroe fuerte, deseaba mostrar su valía de cualquier forma.
Y otra vez ocurrió, se chocó de lleno contra una pared que le hizo reaccionar como un villano.
Tōuya no recuerda los detalles de lo que ocurrieron esos últimos meses antes del terrible incidente en la montaña, solo sabe que algo cambió ese día y que por ese evento, su poder explotó radicalmente.
El joven niño de cabello pelirrojo y ojos turquesa miraba desde su tableta táctil las noticias de hace una semanas, donde era el trágico protagonista de una mala obra teatral y, nuevamente como cada vez desde que pudo abrir los ojos y procesar sus acciones, el autoestima del hijo mayor de la prestigiosa familia Todoroki desapareció, llevándolo a qué quiera esconderse debajo de las sábanas y no salir nunca.
Hizo eso, pero llevó consigo la tableta para seguir viendo las noticias porque había algo masoquista en su actitud que le obligaba a mirar sus horribles consecuencias, el resultado de sus malas acciones y pésima conducta. Era su propio castigo autoimpuesto, lastimarse a sí mismo leyendo los mismos artículos y alimentando los demonios en su cabeza.
Un incendio forestal consumió el área sur de la capital de Musutafu, iniciado en una montaña a las afueras que sucumbió ante el peligroso fuego con varias hectáreas de tierra destruidas. Todavía se desconoce el origen de este atroz desastre, se presume que un villano capaz de controlar el fuego amenaza la paz de nuestra ciudad. El equipo de policía metropolitana se encuentra...
Apagó la tableta para llorar en silencio.
La intención de Tōuya nunca fue causar tantos problemas, su poder se salió de control y no se dio cuenta de que el fuego había comenzado a expandirse, no supo frenarlo, ¡No sabía cómo apagar el fuego que él mismo encendió! De hecho, se estaba consumiendo en el proceso y apenas se daba cuenta porque su cuerpo entró en shock.
Temeroso de que alguien lo viera, sacó su cabeza de debajo de las sábanas del hospital sorbiendo los mocos de su nariz.
—Nueve años y ya soy un villano —Bufó con fastidio.
Se sentía un peligro para todos, ni siquiera era capaz de protegerse de su propio poder y el ardor latente en sus brazos, torso y piernas era un recuerdo constante de que no puede cuidarse a sí mismo.
Aunque sus recuerdos sobre el incendio y las semanas antes de eso son una horrible mancha borrosa en su cabeza, todavía recuerda la enorme decepción que lo lastimaba hasta el punto de hacerlo perder el control. Había citado a su padre en la montaña para demostrarle que su cuerpo no era un impedimento para ser un héroe, por su cuenta fue capaz de aprender una nueva técnica que él perfeccionó en su adultez.
Incluso si se repetía que no iba a ir, todavía le quedaba un poco de esperanza.
Llegó en el momento justo que todo se salió de control y Tōuya de nuevo se lamentó por su existencia. Esúpido su quirk. Estúpido cuerpo. Estúpidas mutaciones genéticas. Estúpida su vida. Estúpido él. Estúpida familia. Estúpido… su maldito hermano perfecto, su hermanito apenas tenía unos meses de nacido y ya era bien sabido que sería la gran esperanza de su padre.
Para Tōuya, el nacimiento de su pequeño hermano Shōto era su propia muerte. Shōto nació con tanta suerte y él… apenas tuvo suerte de nacer, desarrollar un quirk y vivir por tanto tiempo.
Ahora que su padre fue capaz de verlo perder el control, provocando problemas en la sociedad, llevando el miedo a la ciudad que tanto protegía y, lo peor, haber recibido el título de “villano”, Tōuya estaba convencido de que lo llevarían con la Comisión de Héroes para entrenarlo o peor, a una correccional porque era demasiado peligroso y no era recomendable que conviva con otras personas.
Los pensamientos de Tōuya poco a poco se tornaban más oscuros, formaba diferentes escenarios donde era encerrado por su propio padre, porque él nunca permitiría que un posible villano viva en su familia y dañe la futura reputación de su hijo pródigo.
Tōuya enderezó la espalda mirando a su alrededor en busca de una salida. No quiere ser encerrado.
El sentimiento de desesperanza por no tener un futuro se mezclaba con la creciente culpa por seguir decepcionando a su familia y, por debajo de esos sentimientos, palpitaba el miedo. Tōuya tenía un inmenso miedo de lastimar por accidente a Fuyumi y Natsuo, luego de ver el incendio captado por las cámaras de noticieros, teme de su propio poder. Desde que se despertó no ha pronunciado una sola palabra e incluso rechazó la visita de su madre junto a sus hermanos, especialmente si venía con Shōto, por suerte el doctor les recomendó que no hubiera mucha gente en la habitación y lo dejaron tranquilo. Tampoco ha visto a su padre, no porque él o su progenitora no se hayan presentado, sino que Tōuya fingía estar durmiendo para no tener que dirigirles la palabra, afortunadamente en los primeros días de verdad estuvo imposibilitado para hablar porque su quirk casi logra quemar sus cuerdas vocales y estuvo lastimado. Ahora, recuperado y con voz rasposa, sigue sin querer hablarles.
Su padre que lo hizo a un lado luego del nacimiento de su hermano menor, su débil madre incapaz de defenderse y siempre tratando de complacer a su esposo, su hermana Fuyumi tan condescendiente, dulce y tranquila como siempre y su hermano Natsuo que siempre sanaba sus heridas. Su familia tiene defectos, pero no quiere lastimarlos de verdad, a veces le nace ese deseo de incendiar todo... pero eran solo pensamientos fugaces que siempre lograba aplastar.
Actualmente, esa elevada irritabilidad, ira y hostilidad extrema estaba siendo aplastada por la tristeza, el cansancio, la culpa y el dolor. En especial por aquellos pensamientos sobre querer dormir para siempre escuchando algún solo de violín, por momentos, la muerte le parece una dulce idea para descansar y abandonar el martirio que vive en su día a día. Porque es lo que se merece, dormir para siempre, porque es una mala persona, su quirk es inútil, sus padres no lo quieren, detesta ser consciente de que odia a Shōto, se siente el mayor error que pudo haber ocurrido en la familia Todoroki y todo es su culpa.
Es su culpa que todos estén tan mal. Si no estuviera presente, tal vez todo sería mucho mejor y serían felices, porque estaría muriendo un posible villano con el corazón lleno de odio.
Sus ojos se fijaron en una lata de gaseosa que le sirvieron junto al almuerzo hace dos horas, sin pensarlo dos veces, abrió la lata y dejó caer el contenido en el pequeño recipiente de basura junto a la cama. A medida que repetía como un mantra todos los posibles futuros donde era privado de la libertad, golpeado o señalado, fue rompiendo el fino metal para obtener algo filoso porque le dieron cubiertos de plásticos por ser un niño.
Tocó el borde cortando ligeramente su dedo índice, ante el delgado hilo de sangre que se deslizaba sobre su piel pudo percibir un poco de paz por la sensación punzante y quiso apretar más fuerte para olvidar el dolor de su corazón. Era un buen método, el dolor físico le hacía olvidar el dolor emocional.
Antes de que los pensamientos de Tōuya condujeran a un punto de no retorno, la puerta del cuarto se abrió y en un veloz movimiento, escondió su mano y los trozos de lata debajo de las sábanas. Quien venía a visitarlo todos los días era su padre, tal vez porque siempre fue más cercano a él o porque tiene la orden de custodiarlo antes de ser encerrado.
De nuevo las voces dentro de la cabeza de Tōuya le jugaban en contra e, inconscientemente, elevó un poco los hombros, retrocedió sobre la cama y se mantuvo a la defensiva por temor a que usara la violencia para controlarlo. Porque así es como se trata a alguien como él, un villano.
Enji Todoroki, mejor conocido como Endeavor el héroe N°2 en el ránking de Japón y quien más casos ha resuelto desde que se convirtió en héroe profesional, era un hombre que para algunos representa el peor lado de la sociedad héroica y para otros era un hombre formidable por su contribución a la comunidad. Opiniones muy opuestas. Dependiendo de dónde lo mire uno puede definir de cualquiera de esas dos maneras a Enji Todoroki.
Para Tōuya primero fue un héroe, no por su trabajo, sino por ser su padre y a medida que crecía deseaba obtener su reconocimiento porque consideraba que su madre no lo quería, no lo demostraba tanto como con Fuyumi o Natsuo, y con Shōto era mucho más cariñosa.
Si bien el matrimonio Todoroki ocurrió por fines eugenésicos de particularidades y fue una idea de Enji, fue Rei la que propuso tener un segundo hijo, luego el tercero, era como si su madre también quisiera cumplir con las expectativas de su esposo.
Tōuya y Enji eran la viva imagen del otro, desde su cabello hasta el color de los ojos, las facciones varoniles, el puente de la nariz y la forma de los labios, la única diferencia es que Tōuya poseía un tono de piel más pálido debido a las mutaciones genéticas por haber desarrollado un cuerpo adecuado para soportar el don de hielo en vez de fuego, de todas formas seguía con un tono oscuro en comparación a la palidez de sus hermanos. Su abuela Tenka Todoroki, madre de Enji, siempre le dijo que eran idénticos físicamente e incluso en actitud, esas palabras lograban calmar a Tōuya que desde muy temprano tuvo baja autoestima que se fue alimentando negativamente mientras su cuerpo fallaba.
El héroe profesional acercó una silla a la cama del hospital, tratando de no mostrarse dolido por la forma en que su primogénito se encogía en su lugar como si le tuviera miedo.
—¿Cómo te has sentido estos días? —Tōuya se encogió de hombros, sin dar una respuesta afirmativa ni negativa, Enji suspiró con pesar al notar la forma en que rompió la confianza tenían —El doctor dijo que tus quemaduras van a sanar y ni siquiera notarás las marcas con el tratamiento adecuado, por suerte tu piel va a estar bien.
Cabizbajo y con las manos ocultas en las sábanas, Tōuya acarició los vendajes en sus brazos.
Percibe el ardor constante que le causa comezón y le trae problemas para dormir, pero no dijo nada porque teme causar problemas y que su padre se decida a enviarlo más rápido a una cárcel para controlar a los villanos como él.
Enji notaba los temblores en los hombros de su hijo y la manera en que se estremecía por sus palabras.
—Aguanta un poco más, volverás a casa este fin de mes.
—¿Vol-? —Hablar de repente le causó dolor de garganta, tuvo un fuerte ataque de tos que le raspaba las cuerdas vocales y Enji le pasó un vaso con agua en un intento por ayudarlo. Segundos después, Tōuya consiguió calmarse —¿Vol… volveré?
—Obviamente volverás.
—Pero… soy un villano —Susurró con un hilo de voz, tanto para sí mismo como para su padre que lo miraba atento y ojos llenos de culpa —Soy un peligro.
Enji no dio una respuesta instantánea porque intentaba ordenar sus propios pensamientos.
Su hijo mayor nació con un don muy poderoso basado en su propia habilidad, muy superior al suyo, eso fue algo que siempre le causó una enorme satisfacción porque vio en su primogénito la oportunidad de superar a su eterno rival.
Lo entrenó de buena gana desde joven y Tōuya lo aceptó con una gran emoción, pero cuando comenzaron a surgir las primeras señales de que su cuerpo no era adecuado para un don de fuego, Enji decidió terminar con los entrenamientos porque le estaba causando daños a su hijo que podrían ser irreparables. Iba a olvidar sus deseos egoístas porque Tōuya era su gran esperanza, pero cuando nació Shōto, de nuevo fue cegado por el egoísmo y la envidia. Hizo sentir al resto de sus hijos como proyectos defectuosos, en especial a Tōuya, y fue el mismo Enji quien alimentó ese fuego en su interior.
Lo alimentó hasta convertirlo en un incendio forestal y cuando intentó contenerlo, fue demasiado tarde, había roto a su hijo al empujarlo hasta el borde.
Tōuya fue quien perdió el control de sus habilidades y provocó aquel terrible incendio, pero Enji siente que ese evento es su completa responsabilidad, porque si hubiera llegado unos minutos antes e impedido que la decepción de su hijo lo controlara, no solo podría haber evitado el incidente, sino que ahora no estaría viendo a su hijo cubierto por vendas para ocultar horribles quemaduras, con los ojos turquesa que alguna vez tuvieron vida, ya sea por emoción u odio, ahora apagados, la voz chillona era ronca y nada propia de un niño.
No estaba frente a Tōuya, el emocionado aspirante a héroe, el celoso hermano mayor al que arruinó con sus propios deseos o ese villano del que hablan en las noticias, se hallaba frente a un niño deprimido por el dolor que le infligió, un niño muy triste, no solo un niño, su niño triste.
Enji se levantó para sentarse en la cama, pero Tōuya se asustó creyendo que iba a golpearlo y, en lugar de cubrirse o retroceder, apretó fuertemente los ojos esperando un golpe que nunca llegó.
En su lugar, su aliento se cortó cuando sintió la calidez en la mano de su padre acariciando su cabeza como solía hacer cuando entrenaban juntos antes de que todo se fuera a la mierda, los fuertes dedos con callos y cicatrices se enredaron en sus hebras pelirrojas, con algunos ocasionales cabellos blancos que intentaba ocultar.
—Eres un niño muy valiente, Tōuya —De nuevo el menor se olvidó de cómo respirar, no podía levantar la mirada —Aunque tu cuerpo no es el adecuado para tu quirk, sigues luchando por tu objetivo, incluso aprendiste una técnica muy complicada por ti mismo.
—Pero... provoqué un incendio, mi fuego casi llega a la ciudad... soy una mala persona.
—No, fue mi culpa —Dijo con suma seriedad, recordando con dolor a su hijo de rodillas mientras el fuego azul rodeaba su cuerpo y se expandía a su alrededor, sin pensarlo se lanzó a las llamas para salvarlo y tras ver de cerca que estuvo por perderlo, le invadió la culpa —¿Sabías que solo aprendí a producir llamas azules cuando tenía veinte años?
—¿En serio? —Tōuya lo miró de reojo tímidamente.
—Tu abuela lo llamada “fuego frío”, aunque en realidad era mucho más caliente —Bufó tratando de aligerar el tenso ambiente, fingiendo que no vio la sangre que sobresalía por debajo de las sábanas —Puedo ver que tu mismo te empujaste a usar tu peculiaridad, pero sé que todas esas expectativas que deposité en ti jugaron un rol importante. Nunca debí haber puesto tanto sobre tus hombros.
—Yo…
—Lo siento por no estar ahí para ti —Enji no dejaría que Tōuya se disculpara, porque la responsabilidad es suya —Seguí huyendo de ti con la esperanza de que lo superarías y que todo esto quedaría como algo infantil, creí que si lo ignoraba... si te ignoraba, te rendirás tarde o temprano, pero al alejarme estuviste obligado a pagar el precio de mis errores. Cada vez pagaste lo que me correspondía.
Tōuya apretó los dientes y bajó la cabeza para esconder su cara, tratando de no llorar.
—Pensé que fomentar tus sueños y ayudarte a seguir el camino del heroísmo terminaría lastimándote, pero ahora lo entiendo... —Por primera vez, Tōuya sintió que su padre le agarraba del brazo con suavidad, su brazo vendado era muy pequeño en contraste con el héroe de fuego —Dejarte ir all por tu cuenta te haría mucho más daño. Te fallé... te fallé como héroe y como padre, lo siento, Tōuya.
—Viejo…
—¿Por qué tienes que llamarme así en este momento? —Suspiró exasperado por la forma tan cortante en la que su hijo seguía negado a llamarlo de nuevo papá o padre.
—Lo siento —Susurró Tōuya abrazando sus piernas y volviendo a levantar un muro entre ambos, más por pena que por miedo —Lo siento por nacer mal... perdón por ser defectuoso.
—No eres defectuoso, si te hice sentir de esa forma, lo siento. Prometo que no volveré a darte la espalda —Enji le dio una suave palmada en el hombro a su hijo, asegurándose de no ejercer fuerza y empeorar las heridas —Lo que quieras llegar a ser depende de ti. Héroe o no, apoyaré tu decisión, pero elige el camino que quieras por ti mismo.
—Entonces... ¿No me enviarás lejos?
—¿De dónde sacaste esa idea?
—Cuando desperté pude escuchar que hablabas con alguien de la Comisión de Héroes —El niño bajó la cabeza jugando con sus dedos —¿Me llevarán lejos?
—Ya te dije que volverás a casa.
—¡Pero, ¿No se supone que-?
—Tōuya —Enji cortó las palabras de forma tajante para dejar en claro su determinación, es cierto que hay asuntos preocupantes con la Comisión, pero sí fue capaz de usar su influencia para encubrir la razón tras el incendio, ¿Por qué no la usaría para enfrentarse a los ministros del Estado? —Yo me haré cargo de todo, asegúrate de descansar.
—De acuerdo —Dijo sin estar del todo seguro.
—Si te sientes mejor, le diré a Rei que-
—¡No quiero que venga mamá porque ella vendrá con Shōto! —Enji hace tiempo es consciente del odio de su hijo por el pequeño bebé y no niega que indirectamente provocó eso en Tōuya.
—Ella está preocupada.
—No es cierto.
—Es tu madre.
—Mamá no me quiere porque soy defectuoso —Nunca se dio cuenta de que Tōuya y Rei eran poco cercanos, pensándolo con seriedad y rememorando el pasado, su hijo solía pasar más tiempo con sus hermanos y abuela, rara vez pasaba tiempo de calidad con su madre —Ella solo te quiere a ti y a Shōto.
—¿A mi? —La duda estaba plasmada en el rostro de Enji, recuerda a su fría esposa que pocas veces muestra alguna emoción en su rostro y no entiende la lógica tras las palabras de Tōuya.
—Me dio a luz, luego a Fuyumi y a Natsuo, ninguno era perfecto, pero cuando llegó la pulga de dos colores estabas muy feliz y ella siempre sonríe cuando te ve —El menor poco a poco bajaba el volumen porque odiaba decir en voz alta que su madre no lo quería, porque eso lograba que el dolor fuera más real —No soy Shōto, por eso mamá y tu no me quieren.
—Lamento haberte dado es impresión —Enji aparta los rebeldes mechones pelirrojos que cubrían la mirada turquesa de su hijo, verlo tan dolido y traicionado le trajo recuerdos del pasado, cuando deseó el apoyo de su madre tras la trágica muerte de su padre —No eres Shōto —Tōuya se estremeció, pensando que eso era el peor pecado, no ser tan perfecto como su hermano menor —Te pareces mucho a mi. Cada vez que te veo… puedo verme a mí mismo.
—¿De… de verdad? —Las mejillas del menor se tornaron ligeramente rosadas, contrastando con la palidez que todavía se notaba por su mala alimentación.
—Así es —Asintió seriamente —Pero no debes ser Shōto o una copia de mi para ser querido, solo sé Tōuya.
—Gracias —Susurró con un hilo de voz —Y… gracias por ir… a verme y salvarme.
—Eres mi hijo, siempre iré y prometo que a partir de ahora voy a compensarte por todos mis errores. Pídeme lo que quieras.
—¿Lo que sea?
—Lo que sea.
—Cómprame un teléfono —Enji no se esperaba que el primer pedido de su hijo fuera un objeto tan mundano, pero no iba a oponerse ya que era la primera vez que Tōuya le pedía algo, hasta ahora no le ha comprado teléfonos a sus hijos porque escuchó en su agencia que esos aparatos pudren la mente de los niños.
—De acuerdo, podemos comprar un teléfono cuando salgas de aquí o puedes hacer una compra online y pagaré con mi tarjeta.
Esa fue la primera vez que Tōuya usaría la tarjeta de crédito de su padre.
También era la primera vez que padre e hijo se sentaban uno al lado del otro en un silencio no tan incómodo, Enji era consciente de que su hijo seguía con la guardia en alto y temeroso por su persona, pero agradeció que le permitiera sentarse junto a él en la cama.
Tōuya fue capaz de relajarse un poco, el latente miedo de ser enviado a una correccional, un internado o alguna cárcel para villanos menores estaba presente en su corazón, pero su padre dijo que volvería a casa y debía ser verdad. Incluso si existe la posibilidad de que todo fuera una vil trampa para meterlo dentro de un auto y enviarlo lejos, quiere creer que su familia lo quiere aunque sea un poco, solo una pequeña muestra de cariño era suficiente. Estaba sediento de amor, tan sediento que podría morir. Ocultaba su fragilidad detrás del enojo, la desesperación, los celos y ataques de ira, pero cuando se cayó esa fachada que construyó con los años las fuerzas para seguir viviendo le pesaron en el alma y corazón.
Su deseo por convertirse en un héroe tenía la misma magnitud que su deseo por ser amado.
Tras recibir las disculpas de su padre su estado de ánimo mejoró, pero sigue pensando que en cualquier momento podría volver a sus manías de siempre y lastimarlo, así que no confiaba del todo en sus palabras.
La pared que levantó para no volver a ser lastimado era muy gruesa, Enji lo notaba, su madre lo notaba y sus hermanos comenzaron a ver que había una marcada línea entre él y ellos. No es que Tōuya quiera aislarse y convertirse en un bicho raro, la oveja negra de la familia o una mancha negra en el legado Todoroki, en ese momento y luego de estar tan cerca de la muerte, sus fuertes emociones violentas y pasionales se transformaron en culpa, tristeza, pesar y desesperanza.
Enji se quedó con Tōuya incluso cuando su hijo comenzó a ignorarlo para mirar una serie de terror que lo tenía muy enganchado, se llamaba The Haunting of Hill House , que seguía a una familia víctima de una maldición hecha por espíritus en una casa aislada. Enji nunca se dio cuenta de que Tōuya tenía otros intereses que no sea el entrenamiento, acaba de descubrir que le gustaban las series de terror, suspenso y de vez en cuando lo veía sonreír cuando se exaltaba por un susto, como si estuviera bromeando consigo mismo por asustarse de algo falso.
La serie contaba la historia de una familia desestructurada que vuelve al que una vez fue su hogar, de donde huyeron después de terribles acontecimientos paranormales, y cómo logran conectar dos planos temporales en paralelo.
Tōuya prefería disfrutar de su serie porque le ayudaba a ignorar la presencia de su padre que le seguía provocando incomodidad.
Cuando Enji se retiró, Tōuya le dio pausa al tercer capítulo y sus ojos se fijaron en la puerta cerrada, apenas le respondió a su padre luego de su delicada conversación. Ahora que está solo fue capaz de relajarse lo suficiente como para disfrutar de su serie.
Residencia de los Todoroki
Enji regresó a casa sintiendo que cargaba con una piedra, una piedra llamada culpa que se había ganado por casi haber empujado a su hijo a la muerte porque influyó en que su estado mental se volviera frágil.
Desde que debutó como un héroe profesional ha visto muchas escenas trágicas, sangre, accidentes, muerte y lunáticos, pero la imagen de Tōuya llorando de dolor y pena, rodeado por un potente fuego azul, el olor a quemado, el crujir de los árboles ardiendo bajo las llamas y los chillidos de animales que huían era algo que seguía presente en sus retinas, oídos y mente. Posiblemente nunca iba a olvidarlo. Cada vez que cierra los ojos puede ver a su hijo quemándose, cuando huele algo quemado recuerda el aroma de la piel herida de Tōuya y durante la noche es incapaz de dormir porque sigue recordando esa horrible tarde. Por eso se tiraba en el sofá a beber algo que le permitiera desmayarse, incluso si al día siguiente tenía que trabajar.
El héroe número 2 permaneció sentado en la entrada tras acomodar sus zapatos en un costado.
Se lamenta haber tenido que llegar a ese extremo donde su hijo casi muere, y ahora quiere morir, para entender sus malas acciones. Está convencido… de que si Tōuya hubiera muerto, lo único que le importaría sería entrenar a Shōto, porque ya no habría vuelta atrás en sus pecados.
Delante de las cámaras se mostraba firme y controlaba el problema del incendio como si fuera otro incidente del montón, pero la situación le afectaba más de lo creían. Ni siquiera en su casa es capaz de relajarse.
Tímidamente, una niña de cabello albino con mechas rojas se asomó por el costado de la puerta de entrada.
Escuchó el auto de su padre y como tardaba mucho, decidió ir a ver si pasaba algo. Desde que su hermano mayor está en el hospital ha intentado estar pendiente de las noticias que su padre le traía, como era demasiado pequeña no podía ir a visitarlo, así que aguardaba pacientemente en casa junto a Natsuo. Apenas pasaba tiempo con Shōto porque Tōuya le preocupaba más y de seguro su madre estaba al pendiente del bebé.
—Padre —El hilo de voz rompió él silencio en el que Enji se había sumido, no esperaba encontrar a alguien despierto a las once de la noche, pero al voltear vio a su única hija con el cabello suelto sobre sus hombros, una pijama de dos piezas color rosa y un pingüino con gorro de panda en el brazo derecho —Bienvenido.
—Fuyumi —Luego de escuchar los lamentos de Tōuya por ser un producto fallido, lo desplazado que se sentía, la seguridad con la que afirmaba que no lo querían y lo mucho que se odiaba, se dio cuenta de que Fuyumi mantenía cierta distancia de su persona.
—Um, ¿Tōuya-nii está mejor?
—Mejorará —Fuyumi sonrió ampliamente ante la idea de tener a su hermano mayor cerca, porque era el que siempre peinaba su cabello y, ahora que su madre estaba ocupada, él pasaba tiempo con ella —Fuyumi —La niña le miró con timidez y moviendo sus pies para demostrar sus nervios e incomodidad, aunque no el miedo, dolor y rencor presentes en Tōuya —¿Me odias?
—¿Uh? —La niña dejó de agitarse y cambió de posición sus brazos, ahora abrazaba al pingüino delante de su cuerpo. Tōuya utilizaba un muro invisible para alejarlo y su hija un peluche más grande que ella —No te odio.
—Entonces —Ahora, el que actuaba tímido y temeroso, era Enji que extendió el brazo hacia su hija y vio que ella se movía unos centímetros hacia atrás, aunque vio en sus ojos más sorpresa que miedo y desconfianza —¿Te asustas de mi?
—Mmm… —Enji no quería que su hija, siendo tan pequeña, se viera obligada a pensar en una respuesta con tanta seriedad solo para no decir algo equivocado y ser regañada —Padre es un héroe —Se acercó sonriendo dulcemente y apoyó la aleta del pingüino, y su propia mano, sobre la palma extendida de Enji —Sé que soy débil, pero todavía amo a mi padre.
—No eres débil —El héroe apretó suavemente la mano de hija, preguntándose cuándo fue la última vez que esa pequeña mano estuvo en contacto con él o la última vez que le sonrió en lugar de mostrarse temerosa —Sé que no lo digo mucho, pero también te amo.
—¿En serio? —Los ojos de Fuyumi brillaron y Enji se sintió culpable, hasta ahora su hija lo ha amado sin estar consciente de que él la quería.
—Prometo que intentaré cambiar.
—¡¿De verdad?! —Enji asintió —Entonces…
—Si quieres pedirme algo, puedes hacerlo.
—¡Cárgame! —El adulto se sorprendió por las solicitudes tan simples que le hacían sus hijos, un teléfono y que lo cargaran. Extendió los brazos para sujetar a su hija en uno de sus brazos y apreciar de cerca de su expresión sonrojada, la enorme sonrisa oculta detrás de su peluche y la palpable felicidad por ese gesto tan sencillo, algo que debería ser normal entre padre e hija, Fuyumi lo ve como si fuera el mayor regalo —Tōuya-nii siempre me carga porque mamá tiene brazos débiles y yo ya soy grande, por eso me levanta del suelo y me hace… —Fuyumi elevó sus brazos hacia arriba golpeando a Enji con su peluche mientras demostraba su punto con los brazos y sonidos —¡Wosh! Me tira alto, muy alto.
—¿Tōuya pasa tiempo contigo?
—Mi hermano toma el té conmigo, me hace peinados bonitos y compró esto para mi —Fuyumi le enseñó su peluche con mucho orgullo mientras avanzaban en los pasillos de la enorme y hermosa casa —Pero desde que entrena no juega conmigo, tampoco con Natsuo.
Enji descubrió pequeños detalles sobre su familia gracias a la pequeña charla con su hija.
Sabía que su esposa tenía un cuerpo débil, pero no se imaginó que era hasta el punto de no poder cargar a sus hijos que eran pequeños, el dinero de la mesada de Tōuya fue a parar al regalo de cumpleaños de Fuyumi, su primogénito tenía una buena relación con sus hermanos cuando lo entrentaba de buena gana y al ignorarlo, ese lazo fraternal se rompió, Fuyumi jugaba mucho con Natsuo desde el nacimiento de Shōto y… el quiebre de su familia radica principalmente en su relación igual de rota con Tōuya.
A medida que se fue alejando de su propia familia, huyó del dolor de su hijo mayor y mostró total indiferencia por lo que ocurría en lugar de comportarse como un verdadero padre y héroe, destruyó la vida de muchas personas.
Incluso si su matrimonio fue un arreglo con un objetivo claro y no entendía a su esposa, no la odiaba y tampoco odiaba a sus hijos, nunca podría, ellos son su familia.
Si debía odiar a alguien o algo, es a sí mismo.
Enji dejó en la cama a Fuyumi que seguía hablando de su día a día, totalmente emocionada por tener la atención de su padre incluso después del nacimiento de Shōto, nunca se sintió tan feliz y más cuando la miraba con cariño. No había miradas duras o de decepción, él de verdad le estaba dando un poco de atención.
La niña bostezó con sueño y apretando con fuerza la mano de su padre, quien seguía al lado de su cama.
—Si quieres dormir, hazlo.
—Pero… quiero estar contigo… —Dijo en voz baja luchando por no cerrar sus pequeños ojitos grises —Es… la primera vez… que papá me habla… y quiero quedarme así, si duermo, volverá… mi padre malo.
—Descuida, papá estará contigo cuando despiertes —Fuyumi le sonrió, esperanzada y dulce.
Sus ojos se rindieron luego de algunos minutos.
“ Padre malo ”. Así es como lo ve su hija de tan solo seis años, como si la persona que miraba ahora no fuera la misma de su día a día, incluso le atemorizaba dormirse porque pensaba que solo en sueños su padre podría mostrar interés en ella, un producto defectuoso.
Tal vez Fuyumi no lo dijo con las mismas palabras que Tōuya, pero Enji leyó entre líneas y ahora estaba claro que así es como se percibe su hija. La vio durmiendo pacíficamente y acarició su cabello albino con mechas pelirrojas, si lo que dijo era cierto, eso explicaba porqué solo la ha estado viendo con el cabello suelto desde que Tōuya fue ingresado al hospital, porque su hermano mayor se encargaba de peinarla antes de ir al jardín de infantes o al parque. Fuyumi era demasiado pequeña, al tenerla entre sus brazos se dio cuenta de lo frágil que podía ser, ser capaz de sonreír incluso cuando le tenía miedo demostraba una gran fortaleza.
Salió de la habitación dejando la lámpara que iluminaba el cuarto con estrellas, antes de ir a su propio cuarto se asomó en la puerta contigua a la de su hija.
Vio a Natsuo durmiendo en una extraña posición, con la cabeza inclinada fuera de la cama y los pies sobre la almohada. Enji entró para acomodarlo y ganar gruñidos entre sueños, pero consiguió enderezarlo como corresponde; no recuerda la última vez que pasó tiempo con Natsuo y apenas tiene tres años, tal vez… la última vez que pasaron tiempo juntos fue antes del nacimiento de Shōto.
Tōuya había llevado a Natsuo, de dos años, al entrenamiento y estuvieron jugando en lugar de entrenar, esa fue la primera y última vez que vio a sus hijos convivir lejos del tenso ambiente en la casa. Puede acordarse de ese día porque los vio jugar e incluso les dio explicaciones extensas sobre su profesión como héroe, pese a que eran muy jóvenes y Natsuo se seguía chupando el dedo.
Dejando el cuarto de su tercer hijo, finalmente regresó a su propia habitación donde se encontró a Rei terminando de hacer dormir a Shōto y dejándolo en la cuna.
La mujer terminó de acomodar a su bebé entre las mantas celestes con dibujos de ovejas y acarició sus delgados cabellos albinos, frenando un instante en el pelirrojo. Su concentración fue interrumpida cuando escuchó a Enji dejándose caer sobre la cama, ella volteó asustada y se acercó, se mantuvo en silencio y con la cabeza gacha, como una buena esposa, tal como en su familia le dijeron que debía comportarse después de ser vendida a los Todoroki. Esperaba estar haciendo un buen trabajo, se supone que si porque finalmente dio a luz a alguien que tendrá quirk-frío y quirk-caliente, eso era lo que Enji estaba buscando. Ahora que demostró ser útil es posible que la vea como alguien servible y deje un poco de lado esa actitud hostil.
Aunque las circunstancias de su matrimonio eran nefastas, Rei agradecía que Enji haya decidido casarse con ella, porque su familia podría haberla vendido a cualquier enfermo y lo pasaría mal. Al menos con el hombre frente a ella no sufría insultos o maltrato.
Ha escuchado rumores de sus primas, incluso hermanas, sobre lo horribles que son sus matrimonios y la forma en que son tratadas. Debería estar agradecida de que su esposo sea Enji, al menos él nunca la obligó a tener relaciones con hombres poderosos, no la golpea, tampoco la humilla, podía pasar tiempo con sus hijos e, incluso los que eran productos fallidos, pueden quedarse en la casa y vivir cómodamente. Su vida era buena. Ahora que ha demostrado ser útil, Enji debería estar satisfecho y, si es muy positiva y tiene mucha esperanza, quizás todo mejore y puedan ser una familia de verdad.
Rei se preguntaba si esa noche finalmente podrían hablar como cualquier pareja o si le agradecería por ayudarlo a cumplir su objetivo. No debe ser codiciosa en un matrimonio arreglado, pero por alguna razón guarda esperanza y, una pequeña parte de su corazón desea obtener la aprobación de su esposo y que la mire.
Por primera vez, tomando por sorpresa a la albina que esperaba no recibir más que unas cuantas palabras de cortesía, Enji levantó la cabeza para mirarla atentamente y en silencio. Rei se mantuvo firme, recordando las enseñanzas de su familia: Callada, obediente, fría, sumisa y bonita. Como toda buena esposa debe ser. Enji se fijó en su compañera de vida, la madre de sus hijos, la mujer con la que decidió casarse y la misma que fue comprada por sus propios fines egoístas.
No hay nada diferente a lo que vio la primera vez que se conocieron. Rei siempre le pareció una mujer hermosa, mucho, de lo contrario no podría excitarse estando con ella y su buena apariencia, además del poderoso quirk que era demasiado para su pequeño cuerpo, fue lo que le hizo elegirla entre las muchas chicas en el catálogo de futuras esposas. No obstante, su personalidad era muy pasiva y sumisa, a veces le parecía estar hablando con un robot o chocar con un témpano de hielo, no era la clase de mujer que le atraía a Enji, pero fue la que eligió de forma superficial porque… porque si debía ser honesto consigo mismo, fue la mujer más hermosa que apreciaron sus ojos.
Le cuesta creer que la observación infantil, y demasiado madura, de Tōuya fuera cierta.
Si fuera verdad que Rei siento algo , ya sea cariño o amor, a Enji le resultaba muy extraño de procesar. Porque si hablamos de sentimientos, la hermosa mujer frente a sus ojos no puede amarlo de verdad, sino que es víctima del Síndrome de Estocolmo.
Él la salvó de esa familia loca que fue capaz de venderla, ante los ojos de Rei era el hombre que la rescató de una cárcel para ofrecerle una con mayores comodidades y eso, que Tōuya veía como “cariño”, solo podía tratarse del deseo inconsciente por satisfacer a sus egoístas objetivos ya que fue el hombre que, de una u otra forma, la rescató.
—¿Sabías que a Tōuya le gustan las series de suspenso y terror?
—¿Eh?
—Lo descubrí hoy —Dijo en voz baja tomando por sorpresa a Rei, poco acostumbrada a que su esposo se esfuerce por iniciar una verdadera conversación con ella —¿Quieres verla?
—¿Nosotros? —Preguntó con sorpresa —¿Juntos?
—Si quieres.
Rei asintió sin entender el cambio, pero tampoco debía cuestionarlo porque su familia le dijo que siempre debía aceptar lo que decía su esposo.
Aunque no fuera una orden y Rei apenas mostrara en su rostro cualquier emoción que le diera un indicio a Enji de estar haciendo algo bien o mal, ambos se vistieron con pijamas a juego de diferentes colores y se acostaron en la cama con las luces apagadas, con una laptop en medio y netflix encendido en el primer capítulo de una serie.
Esa noche, Rei y Enji se acostaron junto al otro y comenzaron a ver The Haunting of Hill House, Enji también descubrió que a su esposa le asustan los programas de terror y que podía abrazarlo con demasiada fuerza si estaba muy asustada.
