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Lin Ling no odiaba a su hermano.
En serio que no, si, a veces era bastante controlador o pegajoso con él, pero a la larga se había ido acostumbrando.
Ya debería haberse acostumbrado también al trato diferencial que el mundo siempre había impuesto sobre ellos, pero no era así.
Tampoco es que tuviese alguna forma de hacerlo. El rostro de su hermano constantemente empapelaba la ciudad. Un rostro que aunque decía ser igual al suyo, era completamente extraño.
Aplastó el empaque entre sus manos mientras abría la puerta de su pequeño y humilde departamento, bastante diferente del gran penthouse de su hermano.
Con su hermano siempre existían diferencias, a veces pensaba para sí mismo que el título de gemelos era simplemente simbólico.
Habían sido gestados por el mismo útero al mismo tiempo y ahí acababa la similitud entre ambos.
Tenía sentido si lo pensaba bien, aún desde el útero su madre se había asegurado de marcar la diferencia entre ambos. Le había entregado a Nice su suave cabello plateado y sus increíbles ojos azules.
Ambos tenían la misma estructura facial, pero aún si empezaba a cuidarse a sí mismo ahora, jamás se pondría a la par de la perfecta piel bien cuidada de su hermano, que había recibido cuidados y mimos constantes mientras crecía.
Era seguro que esa piel jamás había conocido lo que era el acné.
Avanzó y tiró su bolso sobre el sofá, completamente agotado física y mentalmente.
Lo último que había visto antes de entrar a su edificio había sido un bus cubierto por esa maldita foto de Moon y el estúpido de su hermano.
Moon se veía preciosa, parecía un hada con ese ligero vestido blanco, casi podía hacer que se olvidara que la abrazaba Nice.
Como siempre, su hermano salía completamente perfecto, una sonrisa segura, ni un solo cabello fuera de lugar y una pose que no indicaba más que confianza en sí mismo mientras uno de sus brazos abrazaba la cintura de Moon y el otro se elevaba para cubrir sus ojos de lo que simulaba ser el sol radiante.
Ojalá se hubiera quedado ciego con las luces en esa sesión, deseó rencorosamente.
Busco a tientas su celular, en un acto mezquino decidió que hoy pediría pollo para cenar.
El perfecto y grácil Nice solo podía soñar con hacer algo similar.
Con el ánimo mejorado, lo pidió con papas extras y por pura costumbre sacó una captura de pantalla.
Cada que pedía comida chatarra solía mandarle una prueba a su hermano, su sufrimiento mejoraba siempre el sabor de sus comidas.
Se detuvo justo antes de abrir el chat de su hermano, viendo el número de mensajes acumulados que este le había estado enviando.
Su humor se agrió de inmediato y soltó su teléfono.
Que lo llamasen infantil, rencoroso, egoísta. No le importaba.
Estirándose sobre el sofá volvió a cometer el mismo error que cometía de vez en cuando, su pequeño pecado diario. Su castigo por torturar a su hermano.
¿Sería distinta su vida si su madre no hubiese elegido a Nice?
La respuesta era sí, siempre era un odioso si.
La grandiosa y exitosa vida de Nice era tal como era por qué ella lo había elegido. Por qué ella lo amaba.
Por otro lado, aunque siempre dijese lo contrario, él amaba a su madre. O al menos creía hacerlo, tanto como podía luego de que ella dejase en claro que no podía verlo a la cara sin sentir odio o asco. Sabía que no era del todo su culpa o la de ella, era simplemente que se parecía demasiado a su padre.
Y era debatible cuánta culpa tenía su padre en eso seriamente.
Había hablado ya de eso con su hermano, se repetía constantemente que no necesitaba de esa mujer. Nunca en su vida lo había hecho. Nunca la había necesitado verdaderamente. Aunque su padre casi nunca estuviese presente, si se había asegurado de que estuviese bien cuidado, sin ninguna carencia realmente. Asistía a sus actos escolares siempre y cuando le avisase con tiempo y él pudiese liberar tiempo, y aún si no podía ir sus abuelos nunca faltaban.
Se sentía mal por ellos, no importa cuánto lo quisiesen, aún así anhelaba saber cómo se sentiría ser amado por ella, tal como Nice. Siempre quería más.
El gran rechazo que ella sentía por él y su padre, aún por enorme que fuese, palidecía contra el amor que sentía por Nice.
Un amor tan intenso, tan fuerte y grande. Había agotado todo su amor en Nice, dejando apenas gotas de el para Lin Ling.
Siempre recibía lo que quedaba de Nice, lo que él descartaba o no necesitara.
El cabello castaño simple y descuidado de su padre, junto a sus comunes ojos marrones, unas ojeras constantes y una pobre constitución física.
Quería a su padre y no es que odiara el cómo se veía, era simplemente que ver diariamente lo que pudo haber sido lo pinchaba cruelmente.
Eran opuestos perfectos.
Si él era oscuro, Nice era claro.
Si él era no, Nice era si.
Si él era hetero, Nice era gay.
Lo último lo hizo sonreír levemente, ni siquiera podían coincidir en su sexualidad.
Mientras le daba vueltas a esa idea empezó a rodar también por el sofá hasta que quedó boca abajo.
¿Que tan aterradora sería la expresión de su madre si se enterara?
Rió con solo pensarlo, dios sabía cuántas veces se había quejado Nice por la insistencia de su madre con respecto a sus nietos.
Parecía ansiosa, emocionada de ver su nueva colección de muñecas a las que obligaría a bailar y posar tal y como había hecho con su hermano mayor.
Algún día, cuando Nice estuviese listo, se enteraría que solo podría esperar descendencia de Lin Ling.
Oh, sus hijos con Moon.
¿No serían preciosos?
Aunque Moon mataría a su suegra antes de dejar que se acercara a su hija o hijo.
¿Serían gemelos? Había oído que los gemelos tenían más probabilidades de engendrar gemelos.
Le gustaba la idea de tener dos niñas.
Aún estaba saboreando la imagen de Moon con dos pequeñas rubias cuando lo alarmó el timbre de su departamento, que lo hizo exaltarse y caer del sofá en menos de un segundo antes de que volviese a sonar, de forma repetida e insistente.
Solo había una persona que conocía su dirección y era tan horriblemente molesto al tocar el timbre.
Ese simp.
No dejaría entrar a un aliado del bando enemigo en su zona segura.
Oh, no. No abriría esa puerta.
“¡Pequeño Ling Ling sé que estás dentro!” con un cojín aplastando su rostro, trató de encubrir el gruñido de molestia que le provocó el solo escucharlo. “¡Vamos, se me va a derretir el helado!”
Una de sus mayores virtudes era sin duda el perdonar y amar al prójimo.
“¡Voy!”
Se acercó a la puerta arrastrando los pies y con una mueca de hartazgo en su rostro, al menos Wreck debía ser consciente de que su presencia lo estaba molestando y no estaba abriendo la puerta por gusto.
“Deja la ofrenda y lárgate”.
Le dijo en cuanto llegó, y abrió la puerta apenas lo suficiente para que se viera su cara y poder asegurarse de que el incordio no mentía.
Aún así pareció no afectarle en nada, Wreck tenía una mano en la cadera y una expresión aburrida , lo único que lo detuvo de rodar los ojos fue la bolsa blanca en su mano derecha de la que colgaba lo que verdaderamente parecía ser helado.
Una suerte para él, fácilmente podría haber pasado de “aliado del enemigo” a “enemigo” por eso.
Wreck no pareció entender mucho la situación por qué sin importarle un poco las palabras de Lin Ling, avanzó directamente, abriendo por completo la puerta y empujando a Lin Ling ligeramente al pasar.
“Hoy es noche de chicos pequeño Ling Ling, vamos, hazme lugar”.
A pesar de que decía no querer saber nada de Wreck, Ling no hizo mucho por echarlo verdaderamente, parecía estar más bien acostumbrado y se fue despacio a la cocina mientras le seguía hablando.
“Le voy a pedir a mi hermano que termine contigo”.
A su cuñado pareció divertirle la respuesta, aunque ahora ya no podía ver su cara, estaba seguro de que el incordio está disfrutando de incordiarlo.
Molesto.
“Genial, ya estamos avanzando entonces”. Lo escucho decir mientras escuchaba ruidos de él poniéndose cómodo en su sofá y el suave ruido siguiente debió ser él poniendo el helado sobre la pequeña mesa en su comedor. “Por qué hasta donde sé, no estás hablando con tu hermano”.
“Si vienes como víctima compañera, está bien” comenzó mientras rebuscaba por un tazón y una cuchara. “Si vienes como aliado de ese traidor puedes hacer lo que dije, dejar el helado y largarte”
Con todo en mano y de camino al comedor nuevamente, oyó un sonoro suspiró exasperado.
“Pequeño Ling Ling a veces puedes ser tan cruel, no te sienta para nada bien”.
“Pudrete”. Soltó mientras se tiraba sobre el otro extremo del sofá, ya estirando las manos hacia el helado. “Que te jodan”.
“Auch”. Dijo fingiendo estar dolido por sus palabras mientras se estiraba por el sofá. “Aunque no te preocupes, tu hermano ya se encarga de eso”.
Estuvo lo suficientemente atento como para esquivar la patada que le lanzó Lin Ling tan pronto como terminó de hablar.
Había dejado el helado y girado todo su cuerpo para que la patada apuntara directamente a su cara.
El pequeño demonio era jodidamente flexible.
“Bien, bien, no estás de humor para bromas. Entiendo”.
Fue cuando se enderezaba nuevamente que la vió, estaba a un lado del sofá, apenas se veía la mitad, a nada de sumergirse debajo del mueble por completo. Una imagen curiosa.
Moon había sido recortada de la foto, seguramente resguardada en algún altar raro que Lin Ling le habría armado a su novia.
¿Pero Nice? Su pobre novio había parecía haber sido víctima de una noche de malas de su hermano menor y de un marcador permanente rojo.
Estaba cubierto por dibujos como cuernos, bigotes, a su alrededor parecían haber llamas y resaltando la obra había un mensaje de “Enemigo Jurado”.
Wreck se detuvo a sí mismo de pedirle la mitad de la foto de Moon para hacerle lo mismo, alguien debía ser el maduro en esta situación. Si llegaba a empeorar el humor de Lin Ling sus esfuerzos por mejorar la situación serían completamente en vano. Había sacrificado una tarde con su novio por esto.
Respiró hondo, como si aquella decoración infernal sobre la foto no fuese más que un estilo de arte moderno malinterpretado.
“¿Terapéutico?”, preguntó, alzando una ceja.
Lin Ling solo gruñó y hundió la cuchara en la mezcla cremosa sin responder. Ni siquiera lo miró. Parecía tener intenciones de únicamente masticar rabia y azúcar.
“¿Sabes? A veces me pregunto si realmente me odias o si simplemente me tienes en tu lista de «personas que finjo tolerar por qué no tengo más amigos pero que en realidad quiero mucho»”.
Lin Ling se encogió de hombros, ya con una cucharada de helado en la boca. Habló igual, aunque sus palabras salieron pastosas.
“Te tolero por el helado. Y porque me sueles dar material para molestar a mi hermano. No te sobreestimes”.
Siete años de relación como cuñados, más de cinco como mejores amigos y el pequeño gremlin soltaba eso.
Wreck rió con suavidad mientras encendía la televisión, pasando canales con la familiaridad de alguien que ya estaba acostumbrado a hacerlo.
“No deberías seguir evitandolo”. Dijo, sin mirarlo. “Te va a explotar en la cara. Lo conoces. Es paciente pero también tiene sus propios límites”.
Lin Ling bufó, dejando la cuchara en el tazón con un golpe innecesariamente fuerte.
“Que lo haga. Que haga un escándalo, que llore, que venga aquí a gritarme con sus malditos y perfectos rizos y me exija que lo escuche. ¡Que sienta como es por una vez!” Su voz subió, temblando levemente, y se quedó ahí, en el aire, pesada y quebradiza. “¿Sabes lo que es ser invisible para tu propio gemelo?”
Wreck bajó el volumen de la tele. Y lo miró por primera vez desde que entró.
“Él te ve. Todo el tiempo”.
No mentía, Nice se desvivía pensando siempre en su hermano. Tenía y revisaba todo el tiempo el itinerario de su hermano, siempre pendiente de lo que hacía o donde se encontraba. Al menos una vez por mes, aún con su agenda infernal, liberaba un día completo para pasar con Lin Ling.
Varias veces le había tocado ceder de su propio tiempo con su novio para que cumpliese con esos días. No se lo habían dicho a Lin Ling, pero tampoco tenían por qué hacerlo. Sabía bien cuanto su hermano lo quería, solo estaba lo suficientemente de malas como para ignorar cualquier razón o lógica.
No respondió. Se frotó los ojos con la palma de la mano, respirando hondo.
“No quiero hablar de él”. Dijo finalmente.
Wreck asintió.
Podría haber tratado de abogar por su novio, que en realidad no había tenido decisión alguna en todo ese circo. Podría haber tratado de calmarlo dándole la razón, aunque en realidad no la tuviese. Podría hacer tantas cosas.
Pero así como Wreck sabía cuales eran los límites de su pareja, también sabía cuando todo era demasiado para el pequeño Ling Ling. No era la primera vez que lo había visto tocar fondo, compartían eso.
“Entonces hablemos de Moon. ¿Aún te niegas a conocer a sus padres como el cobarde que eres?”
Sabía, por el propio Lin Ling, que Moon se había tomado un breve descanso y había ido a visitar a sus padres. Visita a la que había invitado a su novio, por supuesto, y a la que él se había negado a aceptar excusándose con estar demasiado ocupado con el trabajo.
“Cállate”. Respondió con un suspiro derrotado. “No es como con los tuyos, ellos van a odiarme y entonces ella verá que puede hacerlo muchísimo mejor y terminará conmigo”.
¿Le sorprendió el pesimismo con el que Lin Ling se veía a sí mismo? No, ya era algo común. Aún así seguía preocupandole.
“Nah, le gusta demasiado”. dijo Wreck, sonriendo como si la cosa más sencilla del mundo fuera amar a alguien como Lin Ling. “Aunque no sé qué tanto le guste eso de que rayes fotos con marcador como si tuvieras doce”.
Lin Ling le dio una mirada lenta y peligrosa, pero está vez no dijo nada.
“Bien, no Nice, no Moon”. Dijo Wreck mientras se sentaba derecho ahora, mirándolo con cautela. “¿Quieres entonces que hablemos de esto?”
En sus manos estaba aquel empaque que había dejado olvidado sobre su sofá en cuanto llegó. El paquete que ahora se arrepentía de no haber escondido antes de abrir la puerta.
Al diablo, ni siquiera debería haberle abierto la puerta.
“No es mío”.
Bien, culpenlo, fue lo primero que se le ocurrió.
Wreck lo observó fijamente, como si intentara asegurarse de que hablaba en serio.
“Está en tu sofá, que está en tu departamento”. Dijo lentamente, como esperando que rompiese de una vez su ridícula mentira y confesara. Que se joda, no hablaría. “Es casi del mismo tono que el color de cabello del amor de mi vida que casualmente puede que sea tu hermano y a pesar de eso se supone que no tiene relación alguna contigo?”
“¿No es el mismo?” Se rindió en ese momento, tampoco es como si tuviese caso tratar de esconderle algo. Desgraciadamente llevaban demasiados años conociéndose.
“¡Por supuesto que no es el mismo!” Exaltado, hizo cara de asco, se paró en ese momento, dejando el tinte barato para el cabello que había recogido. “¿«Ice Mauve», en serio? Puaj, si no fueras tan tonto creería que es un nuevo tipo de insulto ingenioso para tu hermano”.
Prosiguió con su diatriba mientras camina a su cocina, seguramente a asaltar su refrigerador, como si haberlo descubierto y asaltar su heladera no fuese suficiente humillación.
“Además tienes el cabello oscuro, primero deberías decolorarlo para siquiera empezar como base, y no me hagas hablar de lo estúpido que es siquiera hacerlo por tu cuenta, necesitarías a un verdadero peluquero como mínimo”.
Lo veía gesticular fuertemente mientras hablaba, volviendo con una cerveza en mano.
“¿Estás planeando robarle la identidad y arruinar su reputación o algo así?” preguntó finalmente, con un tono divertido que dejó en claro que bromeaba.
Lin Ling no respondió de inmediato. Se limitó a encogerse de hombros, dejando que el silencio hiciera el trabajo.
“Fue solo curiosidad,” murmuró al cabo de un rato, pensando sus palabras. “A veces me pregunto si el mundo sería más justo si luciera como él. Si tuviera su cabello, sus ojos. Si hablara suave. Si supiera sonreír como nada me afectara. Como si mi existencia fuese un regalo y no algo sucio.”
Está no era la primera vez que se abría emocionalmente con el idiota a su lado, para este punto de sus vidas Wreck ya debería conocer al derecho y al revés cada transtorno psicológico y trauma de ambos hermanos. Eso no significaba que fuera menos vergonzoso confesarse, aún si sabía que no se reiría de él.
“Si fueras como él,” interrumpió Wreck, “no estarías con Moon para empezar”.
Lin Ling lo miró, alzando una ceja.
“Nice es adorable, claro. Es amable, dulce y tiene una sonrisa que haría enloquecer a cualquiera. Sin mencionar su cuerpo y”. Se detuvo a la mitad, quizás notando que debería apresurarse al ver que no estaba ayudando. “Y quizás no soy el mejor para hablar de los defectos de tu hermano”.
Se encogió de hombros, como restándole importancia.
A veces creía que era un mal chiste de la vida odiar a su hermano y al mismo tiempo tener de amigo a su mayor simp.
“No sé verdaderamente cómo es que Moon pudo resistirse ahora que lo pienso, es bastante extraña, por eso combinan bien”. Se rió entre dientes mientras esquivaba la cucaracha de Lin Ling. “A lo que voy con todo esto es que Moon no necesita ni quiere nada parecido a Nice. Nunca le interesó, aún con todas las cualidades que le envidias, te quiere a ti”.
Lin Ling lo observó por un instante largo mientras Wreck le devolvía la cuchara, con el ceño levemente fruncido. Luego volvió a mirar el tazón en su regazo. Mezcló un poco más el helado que ya se había derretido y habló con voz baja.
“Es difícil no sentirse como un error cuando todos a tu alrededor brillan excepto tú.”
¿Su madre? Una ex bailarina famosa. ¿Su padre? Un cirujano ortopédico reconocido en su medio. ¿Su hermano? Un actor y modelo demasiado famoso, lo mismo con su novia, incluso su cuñado y mejor amigo.
Todo parecía haberse alineado para ser un espacio más seguro y óptimo, Nice sin duda le había sacado provecho. ¿Pero Lin Ling? Nunca había siquiera intentado meterse en algo similar.
Quizás en parte era culpa de su padre, quien repudiaba como su madre había lanzado a su otro hijo ante las cámaras con total impunidad. Había tratado de proteger a Lin Ling, aún si no había consultado a su hijo cuál era su opinión.
Otro problema con eso podría haber sido que las cámaras siempre habían sido el lugar de Nice, de su madre. Costaba tener confianza en sí mismo cada que ella lo veía como lo que era, el mayor error en su vida.
Nunca podía respirar tranquilamente a su alrededor, era como estar caminando siempre con zapatos que no eran de su talla, una constante sensación incómoda y dolorosa.
“Podríamos quedarnos toda la noche y no habríamos acabado de contar todas las razones por las que ya brillas, casi todas ellas no tienen relación alguna con él y más que si lo tienen te juro que son válidas y por mérito tuyo. No eres un error, Ling.”
Silencio. Esta vez uno distinto, menos tenso.
“Y vamos, sé que tú también haces cosas solo por molestar a tu hermano. Sí Nice fuese alérgico a los gatos, estarías acariciando uno frente a él solo para provocarlo.”
Lin Ling sonrió con media boca, reconociendo la verdad. “Amo a los gatos. Coincidencia.”
“Claro, coincidencia,” murmuró Wreck antes de darle un trago a su cerveza. Se acomodó más cerca de él, bajando un poco el tono. “Hablando en serio, ¿qué esperabas con el tinte?”
“¿Verme al espejo y no odiarme por un segundo? Ver si dolía menos”.
Nuevamente, no era la primera vez que le decías cosas así a Wreck, aún así él seguía poniendo la misma cara, como si alguien le hubiese abierto una vieja herida solo para hundir sus dedos en ella.
El silencio que siguió fue lo suficientemente largo como para que el ruido del refrigerador y el golpeteo de la cuchara contra el tazón fuesen demasiado evidentes. Lin Ling desvió la mirada, con los labios apretados.
Wreck suspiró suavemente y empujó con el pie el borde del sofá para inclinarlo levemente hacia él. Su intento de hacerle saber que estaba ahí, a su lado. Ya habían pasado por esto y sabía que ninguna cantidad de elogios podría hacerlo dejar de pensar así de sí mismo, Ling era alguien que necesitaba acciones más que palabras.
“¿Crees que algún día pueda dejar de odiarlo?” preguntó Lin Ling, tan bajo que casi parecía un suspiro.
Wreck lo miró un momento, con la mirada más seria de lo que solía tener.
“Creo que no lo odias. Creo que lo amas tanto que no sabes cómo vivir sin sentirte dolido por eso.”
Lin Ling no respondió.
Pero no se levantó, no se fue, no gritó.
“¿Crees que me odiaría si supiera?”
“Como psicólogo, debidamente certificado bajo el título de amigo y novio, no debería revelar información confidencial de mis clientes, ¿sabes?”
“Pero si algo he aprendido de ustedes dos es que algo que comparten además de su rostro es su odio por sí mismos. Nice se odiará cuando le cuente”.
Por supuesto que lo haría. Esos idiotas lo compartían todo. Aunque a su favor, Wreck era equitativo con ambos al menos, varias veces había hablado con él de su hermano.
¿Contaría Wreck como otra de las cosas que Nice había tomado primero y luego le había prestado?
Ugh, ahora se sentía peor solo por pensar en él como un objeto.
A veces odiaba que él y su hermano compartiesen mejor amigo. Ya había hecho las paces con ese hecho hace tiempo, aunque a veces aún tenía recaídas. Lo mejor sería ignorarlo, así que estiró la mano para que le pasase la botella.
“¿Crees que si me tiño igual aún pueda ser más guapo que él?” preguntó con una sonrisa traviesa, ladeando la cabeza para ver la reacción de Wreck.
El mayor lo miró con una mueca.
“¿Prefieres la verdad o que salve nuestra amistad?”
“Ugh, ¿Si dios no me odia entonces por qué me dió un idiota fan de mi hermano como amigo?”
Frunció la nariz, fingiendo estar asqueado mientras echaba la cabeza hacia atrás y bebía.
“En defensa de ese grande, no colaboraste mucho, soy el único que te soporta”.
“Te odio”.
Lo escuchó soltar una corta carcajada en medio de eso. Una cosa que le gustaba de su cuñado era que siempre que lo escuchaba, trataba de mantenerse calmado e imparcial, se reía, bromeaba, pero nunca había lo había hecho sentirse menos por envidiar a su hermano, aún cuando tenía todo el derecho de llamarlo infantil o avaricioso.
“Sabes que no necesitas convertirte en otra persona, ¿no?” Su voz bajó el tono, se volvió más suave, más sincera. “El mundo es horrible e injusto, sí, pero no hay nada de malo en ser tú. Por mucho que duela. Y sí, lo sé, a veces duele demasiado.”
Lin Ling no contestó. Se limitó a seguir dándole sorbos a la cerveza. No tenía que hacer nada más para que supiese que lo estaba escuchando.
“No digo que tengas que dejar de sentir de golpe, está bien que te sientas mal” continuó Wreck. “Pero al menos deja de cargar con todo como si estuvieras solo.”
“No estoy solo,” dijo Lin Ling, sin levantar la vista. “Te tengo a ti, ¿no?”
Wreck se encogió de hombros, intentando fingir que no le afectaban esas palabras. Pero sí lo hacían. Porque sabía cuánto le costaba a Lin Ling admitir esas cosas, aunque fuera con cinismo en la voz.
“Se que necesitabas tiempo, pero a veces espero enterarme por ti y no a través de tu hermano que te sientes mal”
Se sintió un poco culpable cuando lo vio suspirar y tenderse sobre el sofá como si estuviera cansado.
“Tienes también a Moon, que es aún mejor compañía. Que es más paciente, al menos contigo, y se muere por presentarte a sus padres aunque los rehuyas como la peste.”
Eso hizo que Lin Ling soltara una pequeña risa.
“¿Qué clase de personas tienen que ser para criar a alguien como Moon?”, preguntó, apoyando su mejilla contra el respaldo del sofá, su voz ahora más dulce al pensar en ella.
“No lo sé. Pero sí lograron que ella te ame, no pueden ser tan horribles.”
“Que asco, eso fue cursi.”
“Dios, ahora soy yo el que te odia”. Dijo mientras se restregaba las manos por la cara.
Ambos se rieron. Fue un sonido breve, casi como una válvula que se abría para dejar escapar un poco de presión.
“Además no funcionaría, si hay alguien que es más obsesivo con tu hermano que yo, es J. Si baja o sube un solo gramo, lo nota, te habría descubierto de inmediato”.
Lin Ling lo refutó, siguiendo su broma.
Era el primero en notar todas las diferencias que tenía con su hermano, lo sabía mejor que nadie, aún así no iba a dar marcha atrás frente a él.
“Podría decirle de antemano, hacerla mi aliada, ella me agrada”.
“Solo te agrada por qué tú hermano la odia, no la conoces”. No hizo nada por esconder el veneno en su tono y sabía que lo estaba pinchando demás al hablar de J, pero el alcohol siempre lo golpeaba de inmediato y ya había bebido media botella.
“Piénsalo bien, funcionaría”, dijo, tratando de aparentar seriedad. “No está haciendo ningún trabajo ahora más que tener salidas con mi novia, podríamos cambiar de lugares, tendría tiempo para pasar contigo y yo podría salir con Moon frente a todos, sería tan fácil”.
Y a medida que seguía hablando, muy probablemente por el alcohol, en su cabeza la idea iba teniendo cada vez más sentido.
“Y ahí está, ya estás borracho”.
“Aún estoy algo sobrio, idiota”, se defendió. “Pero piénsalo, ¿no crees que se merecen un descanso?”
“Si, por supuesto. De paso podrías pedirle a J que les organice unas vacaciones para alimentar a los medios mientras yo me escapo con tu hermano”.
“Mierda eso es aún mejor”.
“Lo dije en broma,” declaró rápidamente al ver que el ebrio se lo tomaba en serio. “Muy en broma”.
Y antes de que el pequeño borracho pudiese replicar, siguió hablando.
“Ling se que el alcohol te está haciendo creer que es una buena idea pero escúchame, y lo digo solo por tu bien, la vida de tu hermano no es tan fácil como la hace ver”.
Pero Lin Ling ya no lo escuchaba. Se había reclinado en el sofá, los brazos cruzados tras la cabeza, la sonrisa aún colgando torcidamente de sus labios y la mirada fija en el techo. Ya imaginando cómo sería.
“Jodida mierda, tu hermano va a matarme”.
Se recriminó a sí mismo por siquiera haberle mencionado la idea.
“¡Oh, si! ¡Deberíamos avisarle!”
Nada de “consultar”, “preguntar” o “charlar”, sino directamente avisar.
Wreck lo miró aún más alarmado, tirandosele encima cuando vio que estaba por tomar su celular.
“¡Ni se te ocurra!”
Primero lo sintió y luego lo escuchó, las vibraciones de su pecho mientras él idiota debajo suyo se carcajeaba.
“¿De verdad te creíste eso?” Preguntó entre jadeos mientras se carcajeaba y lo apartaba. “Dios, eres un idiota, ni siquiera me he mareado del todo aún”.
Soltó un leve quejido cuando lo golpeó el puño de Wreck, que ya se había recuperado del susto y ahora lo miraba con unos ojos que dejaban en claro que estaba ofendido.
Wreck lo siguió observando mientras él quedaba tendido en el sofá, con la mejilla recargada en el respaldo del sofá. Aún se lo veía divertido pero no podía engañarlo, no cuando tenía gestos tan parecidos a su novio.
Y obviamente Lin Ling lo notó, por qué su expresión volvió a cambiar de repente.
Seriamente a Wreck aún le sorprendía la cantidad de expresiones que podía tener Ling en tan cortos lapsos de tiempo. Otra cosa que compartía con Nice.
Conocia esa expresión. Cejas levemente izadas, sus ojos daban la impresión de haberse vuelto un poco más grandes, su nariz tenía la punta sutilmente fruncida.
Y aún no decidía si lo peor era su voz suave y baja o sus labios tambaleantes que lo hacían parecer vulnerable.
Todo en él en estos momentos era exactamente a cuando a su novio se estaba por echar a llorar.
“¿En serio fue tan mala idea?”
“Si. Terrible, de las peores que haz tenido hasta ahora”.
Su tono fue tajante y firme. Tenía que cortarlo desde el inicio o caería como siempre terminaba haciendo.
“¡Oh, vamos!” Se quejó él, rompiendo con su acto de inmediato.
“Ni siquiera trates de usar eso conmigo, no soy tu hermano”.
Nice sin duda habría caído en eso, de hecho, lo había hecho innumerables veces ya.
“Ayúdame a convencerlo”.
“Estas demente, ni siquiera yo estoy convencido”.
Aunque a decir verdad, Lin Ling tenía un talento nato para actuar.
Demonios incluso hace un momento lo había hecho creer que de verdad estaba borracho. Tenía el mismo talento de actuación de su hermano, no, quizás era incluso algo superior que Nice, ya que el albino había tomado incontables clases de actuación a lo largo de su carrera mientras que su hermano menor lo más cercano que debería haber tenido debían ser las actuaciones escolares en primaria y preescolar.
Si tenía algo de fé en él, podría casi estar seguro de podía interpretar bien el papel de Nice, era su hermano después de todo. Si alguien sabía cuáles eran los detalles y mañas de Nice mejor que él y J, era sin duda Lin Ling.
Cuanto más lo pensaba, la escalofriante idea iba tomando cada vez más forma.
Lin Ling debió ver que empezaba a dudar, por qué decidió atacar justo en ese momento.
“Solo piensa que podrías salir a donde sea con mi hermano por días o mejor aún, por semanas, estaba por renunciar a mi trabajo de todas formas”.
“Que mier-”, se detuvo a mitad de la oración, algo aturdido y mareado por la información repentina. “¿Pasó algo?”
El otro solo se encogió de hombros, con una sonrisa tan amplia que casi parecía tan absurda como sus palabras.
“Nada importante, solo estoy cansado, de todas formas tengo lo suficiente ahorrado para mantenerme unos meses en lo que encuentro algo nuevo. En el peor de los casos puedo volver con papá”.
Wreck sintió que se estaba perdiendo de algo, pero no tuvo oportunidad de mencionar nada cuando ya Lin Ling lo está atropellado con su palabrería.
“¿No sería genial? Además estoy seguro de que él aceptará, no hay forma de que nos diga no a ambos”.
Al menos el pequeño demonio sabía que tenía a su hermano en la palma de su mano, aunque quizás estaba confiando un poco de más en la culpa que Nice debía estar sintiendo por el problema de la promoción con Moon.
Wreck suspiró.
Estaba condenado.
Lo miró con una mezcla de resignación y afecto.
“Solo prométeme una cosa, pequeño Lin Ling.”
“¿El qué?”
“Cuando Nice te diga que sí, recuerda que ambos te queremos y que aunque él lo haga parecer fácil, no todo en su vida es tan sencillo. Y por amor a todo lo sagrado, prométeme que será cosa de una sola vez”.
Rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír. Ling Ling lo notó de reojo y, por un instante, su expresión se suavizó. Porque en medio de todas sus tonterías, de su rencor infantil, de su dolor encubierto, Wreck estaba ahí. Siempre estaba ahí.
• • • • •
El tazón de helado seguía a medio terminar, la televisión encendida en un canal irrelevante, la foto de Nice aún decorada con rayones. Y aún así, por primera vez en días, el aire dentro del pequeño departamento no se sentía tan pesado.
Wreck se había ido hace solo unos minutos, haciendole prometer de paso que arreglara las cosas con su hermano antes de preguntarle nada.
Estaba tirado en sofá inspeccionando perezosamente una mancha en su techo mientras pensaba en su hermano y su cuñado.
Hace siete años estaba en una posición similar.
Había sido un día después de su cumpleaños dieciocho, su padre aún estaba trabajando y hace ya unos días que sus abuelos habían regresado a su propia casa luego de festejar una fiesta íntima para los gemelos.
Recordaba que estaba aún dormido cuando él llamó frenético pidiéndole que le abrirse la puerta. Por su tono urgente había asumido que era una emergencia importante, así que había salido de la cama a las apuradas, tenía solo una pantufla cuando abrió la puerta y encontró a su hermano completamente bien.
Si, su ropa estaba toda desordenada y apenas podía respirar entre jadeos, con el rostro levemente enrojecido, lo que más delataba que había estado corriendo era la gota de sudor resbalando por la sien. Estaban en invierno y el frío le estaba calando en los huesos solo con estar en vestíbulo. Aún así, dentro de todo no se lo veía herido al menos.
Los empujó a ambos dentro, cerró la puerta de un portazo y lo tomó por los hombros como si estuviese desquiciado. Casi estaba tentado a preguntar quién era, la persona frente a él era y a la vez no era su hermano.
“Creo que soy gay”.
Sonrió ante el recuerdo mientras se paraba al escuchar el timbre, debía ser su cena.
Tomó las bolsas del repartidor y le agradeció antes de cerrar la puerta mientras seguía pensando en eso.
No, no odiaba a su hermano. Nunca lo había hecho verdaderamente.
Lo que sentía por él era más complejo. La verdad era que lo amaba, un tipo de amor espeso y denso que se acumula con los años. Como el helado dejado fuera del congelador demasiado tiempo.
Se derretía, se volvia líquido, menos firme, pero no desaparecía. Cambia de forma, perdía consistencia, se volvía difícil de sostener, pero seguía siendo dulce en el fondo. Siempre quedaba algo ahí, incluso cuando parecía haberse evaporado del todo.
Se tensó visiblemente, un movimiento más que nada involuntario. Dejó el pollo a un lado, tomó el tazón de helado sobre su mesita central y se dirigió a la cocina con pasos arrastrados. El helado aún podía salvarse si lo metía a tiempo en el congelador, aunque sabía que no volvería a ser exactamente igual.
Quizás, pensó, era lo mismo con él y Nice.
Tomó su celular y lo analizó por un momento. Mensajes sin responder, notificaciones acumuladas y quizás, solo quizás, una llamada que debía hacer. Sus dedos dudaron sobre la pantalla, como si cada palabra pendiente pesara más que la anterior.
Suspiró, dejando que el aire frío del refrigerador le rozara la cara mientras guardaba el helado. No estaba listo para arreglarlo todo, pero al menos podía evitar que se arruinara por completo.
Por ahora, eso bastaba.
