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Spy in his lab (and his bed)

Summary:

Segunda parte de la mini serie Spy in the lab.

Todo había vuelto a la normalidad en el laboratorio o eso pensaba Robotnik y Stone.

Una serie de imágenes y pensamientos venía sin permisos a la mente de Robotnik, teniendo de protagonista a su asistente y ex-espía Aban Stone. Al principio podía controlarlos pero conforme pasaba el tiempo, era cada vez más difícil aguantarlos y más cuando observaba esos grandes ojos marrones que brillaban con luz propia.

Por su parte, Stone no lo tenía más fácil. Conforme convivía con Robotnik, se le hacia más complicado actuar con normalidad y no dejar salir sus más oscuros sentimientos.

O lo que es lo mismo, es un 5+1 donde hay mucha tensión sexual no resuelta hasta que no pueden más, explotan y lo solucionan.

Notes:

¡Hola a todos de nuevo!

¿Quién me iba a decir que volvería a escribir otro one-short sobre mis dos old man favoritos siendo muy tontos?

Si hace tiempo que no escribía, mucho más tiempo ha pasado desde que escribir escenas +18 así que espero que os guste esta tensión sexual resuelta al final.

No es necesario al 100% leer el anterior fics pero si quieres entender alguna que otra cosita, lo recomendaría bastante.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 Acto 1. Estrés Post-traumático

 

Robotnik abrió los ojos con dificultad y pesadez, intentando enfocar su alrededor. Reconoció su laboratorio incluso en la oscuridad y por las cuerdas que sentía alrededor de sus brazos, sabía también que estaba atado a una silla. Se miró a sí mismo y suspiró de alivio cuando no encontró ninguna herida visible en su cuerpo, solo la ropa algo rasgada haciendo que se viera partes de su cuerpo. Un ruido de un disparo hizo levantar su mirada.

Incluso en la oscuridad de su laboratorio podía reconocer la figura de Stone en ella. Tenía sangre salpicada por su ropa pero viendo la falta de heridas en su cuerpo, supo que no era suya. Mirando a su alrededor, divisó varios cuerpos tirados en el suelo. ¿Otra vez habían atacado su laboratorio? Tenía que comprobar la inexistente seguridad que parecía tener el lugar. Menos mal que estaba Stone para ayudarlo.

Hablando de Stone… el muy imbécil solo se quedó ahí parado, observándole con una mirada que le dio escalofríos. El agente pareció darse cuenta y empezó a caminar con lentitud hacia el doctor hasta quedar frente suya y se quedó quieto, sin quitarle la mirada de encima.

— ¿Stone? Deja de creerte una estatua y libérame ya. —ordenó con el ceño fruncido cuando se colocó delante suya, alzando la mirada.

— Pero… —susurró en voz baja inclinándose hacia Robotnik, con una sonrisa en sus labios. — Todavía no se ha acabado, ¿no, doctor? 

Robotnik alzó una ceja en una pregunta silenciosa y Stone respondió extendiendo su sonrisa. Un leve estremecimiento recorrió el cuerpo del doctor al sentir los dedos de Stone recorrer su cuello, girando hacia abajo por sus hombros y pecho. La otra mano la colocó con suavidad en su mejilla, paseando el pulgar por ellas hasta llegar a sus labios, entreabriéndolos y dejando escapar un suave suspiro. Sus piernas se abrieron para ponerse más cómodos y Stone aprovechó para meterse entre ellos, acercándose cada vez más a Robotnik.

— Tú y yo sabemos lo que quieres, doctor. —murmuró el agente en un ronroneo a sus oídos, deslizando su pulgar por el labio ajeno. — Sólo tienes que pedirlo… Ordéname, doctor.

Robotnik sintió todo su cuerpo temblar en una mezcla de sensaciones. Aunque él diera la orden, estaba claro que quién llevaba las riendas en la situación era Stone y lejos de molestarle…estaba ansioso, anhelando más de lo que le ofrecía. Otro jadeo escapó de sus labios abiertos cuando Stone se apretó contra él, intentando enfocar su mirada vidriosa en el agente. Sólo tenía que darle la orden, una simple palabra y todo se haría real.

— Stone…

 

BIP. BIP. BIIIIIIIP

 

Robotnik casi se cae de su asiento por el sonido estridente de uno de sus badnik, programado para despertarlo cuando notaba sus pulsaciones altas debido a las diferentes pesadillas que sufría; y este sueño lo podía considerar como una pesadilla, ¿no? Antes de ni siquiera poder pensar en algo lógico, escuchó la puerta de su laboratorio abrirse, dejando paso al protagonista de su más reciente pesadilla (se negaba en rotundo llamarlo fantasía).

— Buenos días, doctor. — saludó Stone con una radiante sonrisa que, a ojos de Robotnik, podría iluminar todo el laboratorio. — Le traigo su café… ¿Está bien?

Robotnik observaba a Stone fijamente y su mente aun sin despertar al 100%, comenzó a entremezclar al Stone real con el del sueño. Estaba esperando, casi deseando, que soltara la taza de café en el escritorio y volviera a él, que terminara con lo que había empezado. Todavía tenía muy presente la mirada de falsa sumisión que le estaba dedicando hasta hace unos minutos.

Stone era ajeno a todo lo que le estaba pasando por la cabeza del doctor y con toda la inocencia que puede tener un ex-espía, se acercó a Robotnik a pasos lento con una pequeña sonrisa en su rostro. No era la primera vez que despertaba de golpe de un sueño profundo y aunque estuviera despierto, su mente todavía navegaba por los retazos de sueño. Se guardó para sí mismo el pensamiento de que le resultaba “adorable” ver una faceta diferente a la de costumbre. Y orgulloso, para qué negarlo, saber que era la única persona que podía verlo en ese estado…hasta el punto de sentir cierta posesividad.

Cuando estuvo en frente suyo, Robotnik alzó la mirada hacia Stone con los ojos entrecerrados y notó cómo abría un poco las piernas mientras susurraba un “hazlo” tan bajo que apenas pudo escucharlo. Aunque no entendía el contexto, ver a su doctor de una manera que podía calificar como “sumisa”, le hizo tensarse y controlar sus bajos instintos que amenazaban con salir.

— Creo que alguien no ha despertado todavía. —soltó Stone con una suave sonrisa para calmar su cuerpo, acercando la taza de café. — Esto seguro que te ayudará.

Robotnik tardó un total de 3,4 segundos en abrir los ojos, parpadear varias veces y ser, al fin, consciente de la situación. Con rapidez, arrebató la taza de café y se giró para darle la espalda.

— Qué va a saber un percebe con el cerebro del tamaño de un guisante. ¿Has terminado de hacer suposiciones dignas de un niño de primaria o vas a empezar a ganarte el sueldo que te dan? ¡No entiendo qué haces aquí, malgastando un tiempo limitado por tu desgraciada condición de ser humano imperfecto! 

Stone entendió a la perfección el “quiero estar solo” implícito en los insultos de Robotnik, una habilidad adquirida tras estar trabajando con él desde hace casi un año. 

— Entonces, con su permiso, saldré para hacer el inventario. —con una leve inclinación de cabeza, no tardó en salir del laboratorio para dejar al doctor solo.

Una vez escuchó las puertas cerrarse, Robotnik se llevó ambas manos a la cabeza en un intento inútil para tapar su cara roja en una mezcla de excitación y enfado. Maldito Stone y sus grandes ojos marrones que lo hacían delirar de una manera que jamás le había pasado. Como mente crítica, tenía que buscar una solución lógica.

— ¿Trastorno por estrés post-traumático? ¡Imposible! ¿Cómo que yo, una mente claramente superior al resto de simples mortales, voy a tener una falla como esa? —le gritó en la pantalla cuando preguntó en su foro anónimo de confianza por su estado y un tal “Tails” (con el que habla mucho por el chat) le contestó educadamente sobre el tema. — Si no fueras porque eres el único con dos dedos de frente en esta maldita red, te hackearía el ordenador y sacaría tu más vergonzosos momentos por toda la red.

Tras su pequeño desahogo en forma de berrinche, se cruzó de brazos y observó la pantalla detenidamente. Movió sus dedos por su brazos como si tecleara por un teclado y buscó información sobre los “trastornos por estrés post-traumático”.

— Uhm…ocurre tras experimentar un evento traumático y uno de sus síntomas son los flashbacks y pesadillas. —Estuvo leyendo durante un rato diferentes artículos hasta que se cansó y cerró todo. — Vaya idiotez. ¿Traumático? Como si no hubieran intentado matarme más veces en todos estos años. 

Aunque por el momento, no iba a rechazar la idea porque sino, ¿cuál era la explicación lógica para que su cabeza, sin venir a cuento, cambie el recuerdo por una digna de una película porno? Y encima teniendo a Stone como protagonista. Esto requería una investigación. Una exhaustiva investigación para aclarar de una vez por todas lo que le pasaba.

Porque reconocer la otra hipótesis y la existencia de que existiera algo más aparte de atracción era imposible. Él y los sentimientos nunca se han llevado bien.

 

Acto 2. For greased lightnin’

 

Aunque era domingo y el supuesto día de descanso de Stone, a las 5 de la mañana estaba ya despierto para prepararse para el día con un pequeño bostezo. El doctor iba a ponerse con un proyecto personal: una nave para una persona con capacidad de recorrer el mundo en menos de 24 horas. ¿Y quién era él para negarse? Estaba más que dispuesto a ir a trabajar un domingo si así podía pasar más tiempo con Robotnik.

Nada más llegó al recinto, fue directo a la sala de descanso para hacer el café del doctor y se dirigió hacia donde supuestamente debería de estar pero se sorprendió al ver el laboratorio vacío. Dejó sus cosas en su escritorio y solo tardó unos segundos en averiguar dónde podría estar así que, con rapidez para que no se enfriara el café, camino hacia el hangar.

Conforme se iba acercando escuchaba una melodía de fondo que le sonaba de algo hasta que pudo apreciar las notas de “Greased Lightnin’” y sonrió. No era la primera vez que veía al doctor escuchar música mientras trabajaba ya que según él “la música es la unión perfecta entre cuerpo y mente” pero sí que era la primera vez que lo veía tan…suelto.

 

Go, greased lightnin', you're coasting through the heat lap trials

You are supreme (ah-ah), the chicks'll cream (ah-ah), for greased lightnin'

 

Robotnik, como si hubiera nacido para ser el centro de atención del mundo (y Stone tenía la creencia firme de que esto era real) estaba disfrutando de su sesión “privada” de baile a un ritmo perfecto y sin fallar con la coreografía. En algún punto se había quitado la chaqueta y llevaba puesto un jersey de cuello alto negro y sin mangas, y Stone descubrió que era la primera vez que veía al doctor con los brazos al aire, tragando saliva ante esa imagen. Llegó la parte de sólo música y Stone pensó que habría terminado pero estaba muy lejos de la realidad.

Pulsando varios botones de su guante, invocó a varios badniks que usó como compañeros de baile y, al ritmo de la música, hizo una mezcla entre bailar y montar el prototipo de la nave. Stone tenía que entrar, decir al menos un “buenos días, doctor” para que supiera de su existencia y entregar el café que se estaba enfriando en sus manos pero había una fuerza mayor que se lo impedía. Toda su atención estaba en sus ojos, queriendo grabar la escena en su retina y no olvidarse nunca.

Y ese momento. Oh, ese momento. ¿El momento de Danny Zuko estirado estirado en el capó del coche? Cómo iba a faltar esa parte en el baile de Robotnik. Se subió al prototipo con las piernas ligeramente abiertas y una de ellas con las rodillas para arriba. Había visto a Robotnik de muchas maneras pero así, que emanaba una sensualidad única por todo su ser…y no ayudó nada cuando sonrió y empezó a peinarse el rizo de su bigote. Stone apretó un poco el vaso, sin perder de vista la figura del doctor y sintiendo como un calor empezaba a recorrer todo su cuerpo mientras su mente le jugaba una mala pasada. Si el doctor, a su edad, podía moverse y estirarse de esa manera, no quería saber las maravillas que podía hacer en la cam-

 

Go grease lightning, you're burning up the quarter mile

(Grease lightning, go grease lightning)

Go grease lighting, you're coasting through the hit lap trial

You are supreme, the chicks'll cream for grease lightning

 

Volvió la letra y aunque eso le ayudó a disipar esos pensamientos, Stone se fijó entonces que no sólo bailaba sino que también cantaba en alto, socavando la voz de la canción. Ahora se arrepentía de no tener el móvil en mano para poder grabarlo; lo pondría como tono de despertador.

 

For grease lightning

Lightning, lightning, lightning

Lightning, lightning, lightning

Lightning

 

Llegó la parte final de la canción y para rematar, Robotnik se subió encima del prototipo de la nave rodeado de sus badniks y con las últimas nota de la canción, estiró el brazo hacia el frente, imitando…no, siendo mil veces mejor que la pose de la película. Fue en ese momento que Robotnik se dio cuenta de que Stone estaba en la entrada y se quedaron mirando en silencio el uno con el otro en lo que podría ser los segundos más largos de sus vidas, ambos con el rostro ligeramente enrojecidos y respiración agitada (Stone creyó que había olvidado respirar).

— ¿Qué haces aquí, Stone…? —consiguió decir Robotnik bajando el brazo pero sin bajarse del prototipo. — ¡Es domingo! ¿Es que tu no descansas o…?

— Doctor…me pediste que viniera también hoy. ¿Lo olvidaste? —habló Stone con la voz un poco más grave de lo normal, bajando la mirada. — El café… ¡El café! Se ha enfriado doctor. Voy a hacerle uno nuevo.

Creyó escuchar un “¡Yo jamás me olvido de nada!” de Robotnik de fondo mientras prácticamente huía del lugar. Volvió a la sala de descanso y miró de nuevo hacia abajo, pasando del café que portaba en sus manos hasta el pequeño bulto que se asomaba por sus pantalones. Dios, esperaba que Robotnik no se hubiera dado cuenta. Por ahora, tenía que concentrarse en hacer un nuevo café para el doctor y dejar de pensar en el baile, al menos, hasta la noche y que pueda encargarse personalmente del “problema”.

GARZA-WM

 

 

Acto 3. Primera fantasía cumplida (a medias). 1º parte.

 

Aunque fuera también parte de su trabajo, Robotnik odiaba tener que moverse de la seguridad y monótono laboratorio para ir a la sede de GUN o a alguna base militar para tener que rodearse de idiotas lameculos con carencia de materia gris en su cerebro. Así que nadie puede reclamarle por hacer su mejor esfuerzo y no golpear a nadie en el proceso.

— Terminemos de una vez, Stone. Siento como mi coeficiente intelectual va bajando por cada minuto que escucho a un militar. —gruñó en voz baja mientras esquivaba a un militar que caminaba como si fuera el único por el pasillo.

— Por supuesto, Doctor. Le prepararé un café cuando volvamos y, ¿tal vez seguir con el montaje del nuevo badnik? Incluso podría preparar burritos a modo de recompensa. —sugirió mirando al doctor de reojo, recibiendo una sonrisa de satisfacción.

— Ah, burritos. ¡Tú sí que me entiendes! —murmuró satisfecho mientras llevaba una mano a su barriga, imaginando ya el momento.

Se había puesto de tan buen humor mientras pensaba en su comida favorita que no vió venir a un grupo de tres militares caminando a paso rápidos por el final del pasillo, con la intención de pasar por allí dándole igual si se llevaban a alguien de por medio o no. Por suerte, Stone sí que tenía sus sentidos puesto a su alrededor y su cerebro estuvo trabajando durante esos segundos para sopesar las diferentes opciones que no acabaran en militares enfadados y reclamaciones que él tendría que rellenar.

— Le pido perdón de antemano, doctor.

— ¿Qué?

Antes de poder preguntar a qué se refería, Stone se colocó frente al doctor y empezó a dar pequeños pasos hacia él, haciendo que Robotnik retrocediera al mismo ritmo hasta sentir algo chocar contra su espalda: una pared. Robotnik miró de reojo para comprobar que, efectivamente, era una pared lo que estaba a su espalda y se giró para mirar con el ceño fruncido hacia el agente, sin esperarse que estuviera tan cerca que podría sentir su calor tras sus capas de ropas y se dio cuenta que Stone había alzado sus brazos, colocándolos en cada lado del cuerpo, encerrándolo.

Los militares pasaron con rapidez por detrás suya, golpeando el hombro de Stone y haciendo que se pegara a Robotnik. —Malditos simios brutos, ¿¡es que no saben mirar y caminar al mismo tiempo!?

— No se puede esperar más de los militares, si hicieran test de inteligencia no tendrían ni la mitad de carne de cañón que tienen ahora. —gruñó por lo bajo Stone, claramente molesto. Pocas veces Robotnik escuchaba hablar así a su agente y tenía que reconocer que le encantaba cuando salía de su papel de “agente bueno y dócil”.

Aunque ya había pasado el peligro y el pasillo estaba despejado, era como si el tiempo se hubiera detenido en ese instante y que ninguno de los dos tenía intención de apartarse. Para Robotnik era extraño estar en esa posición, siendo lo natural ser él quien encerraba a Stone entre su cuerpo y la pared pero ahí estaba, incapaz de romper el contacto visual y supo que Stone estaba en el mismo estado que él. Su mente se trasladó meses atrás, cuando estaban trabajando en el proyecto MK y tuvo su primer pensamiento con Stone; la situación era parecida pero a la vez diferente y mejor porque esto no era un sueño. Stone estaba aquí, frente suyo, pecho con pecho y sintiendo su respiración en su piel.

Alzó uno de sus brazos con lentitud y suavidad, colocándolos sobre el brazo de Stone y como habría querido hacer en su fantasía, paseó sus dedos por el brazo, sintiendo incluso tras las mangas de su chaqueta y camisa como sus músculos se tensaban a la más mínimas caricias. Pudo ver el momento exacto en el que Stone frunció el ceño y entreabrió sus labios para soltar un pequeño suspiro, viendo como sus ojos se dilataban mientras se iba acercando cada vez más. La lentitud de Stone era un permiso no dicho y Robotnik lo entendía perfectamente; bastaba un simple gesto para terminar con esto pero…¿era lo que quería? Y ahora, que lo tenía aquí presente y más real que nunca, supo cuánto deseaba esto.

Su corazón palpitaba con tanta fuerza que el ruido exterior apenas entraba por sus oídos pero Stone, como buen agente y espía entrenado, aun en su estado estaba atento a su alrededor y cuando escuchó pasos y voces provenientes del pasillo, lanzó un gruñido desesperado y se separó del doctor, intentando controlar su respiración agitada. Robotnik seguía contra la pared, aturdido. Esos militares se acercaron hacia ellos y pararon a su lado, haciendo el saludo militar.

— Doctor Robotnik, el coronel Brandon y el teniente coronel Johnson nos mandaron a buscarle para la reunión. —habló con tono neutral, sin mirar directamente al doctor.

Robotnik tardó solo unos segundos en enderezarse y dedicarle una mirada carente de sentimientos a los militares.

— Gracias, soldado genérico nº 15682. —se acercó varios pasos hacia ese soldado hasta estar enfrente suya, con el cuerpo recto y manos hacia atrás para hacer más notoria la diferencia de altura. — Dime, ¿tú madre está orgulloso de ti? Seguro que sí…una mente tan pobre de inteligencia no puede aspirar a más, ¿verdad? —sin cambiar la expresión de su rostro, se inclinó ligeramente hacia adelante. — Encima te creerás importante cuando eres en realidad un soldadito sin valor que morirá en la próxima contienda…

Stone conocía demasiado bien a Robotnik. Sabía bien que, tras esa expresión sin sentimientos, escondía mucha furia y odio que, por desgracia del soldado, estaba recayendo en él. También sabía que toda esa furia era culpa suya y el poco cuidado que había tenido para dejarse llevar, ¿toda su riña interior de “controlar sus impulsos” desde que vio el baile del doctor? A la mierda. Y ahora, o paraba a Robotnik del homicidio que iba a ocurrir o dejaba al soldado a su suerte. No tenía remordimientos si terminaba muerto pero pensar en todo el papeleo que tenía que rellenar, informes y seguramente visitas no-deseadas en el laboratorio le estaba dando mucha pereza.

Con un suspiro resignado, hizo algo que rara vez hacía: poner una mano en el brazo del doctor. El giro brusco de Robotnik no lo pilló desprevenido ni tampoco cuando alzó su mano para meter sus dedos en su boca y agarró con fuerza el bajo de su boca, sintiendo el sabor del cuero de sus guantes.

— Y tú, maldito inútil. No vuelvas a tocarme, ¿entendido? —movió su mano hacia arriba y hacia abajo, moviendo la cabeza de Stone como si fuera un muñeco. Parecía que cuanto más lo miraba, más furioso se ponía.— ¡Para ya! ¿Lo haces queriendo, Stone? ¡Porque no tiene ni puta gracia!

Lo soltó con fuerza e ignorando a los soldados, caminó a paso ligero hacia su destino. Stone se recompuso rápido y soltó un “De nada por salvarte la vida”, al soldado genérico antes de seguir al doctor.

 

 

Acto 4. Lo que es mío no se toca. 2º Parte.

 

La reunión había terminado antes de lo previsto cuando el coronel hizo una pregunta que Robotnik lo consideró tan estúpida que, mezclado con su todavía mal humor, fue suficiente para no querer aguantar más. Estúpido coronel, estúpidos militares, estúpido Stone y estúpidos todo el mundo. Lo único que quería ahora era volver a su laboratorio y encerrarse ahí solo con sus preciados hijos.

Mientras Robotnik salía de la sala de reuniones, Stone se quedó atrás para excusar al doctor y responder a todas sus dudas con más calma. El coronel, que parecía haber tenido ya trato con Robotnik anteriormente y conocer sus arrebatos, aceptó que fuera su asistente quien le comunicara sobre el proyecto en marcha pero no tuvo la misma suerte con el teniente coronel, el cual se veía bastante enfadado. Sin previo aviso, salió también de la sala y Stone tuvo la sensación de que algo malo iba a pasar. Pidió perdón al coronel y salió detrás del teniente coronel.

— ¡Doctor Robotnik! Maldita seas. ¡Para! —alzó la voz para que se escuchara por todo el pasillo, consiguiendo hacer parar a Robotnik.

Robotnik parado en mitad del pasillo, se giró con lentitud para encarar al teniente coronel, que se colocó a sólo unos pies de distancia. — ¿Quién te crees para darme una orden?

— Por si se te ha olvidado la jerarquía, tu superior a quien debes respeto. —aunque era unos centímetros más bajo, alzó la cabeza para dejar claro quién mandaba ahí.

— ¿Respeto? — preguntó Robotnik alzando una ceja para luego soltar una risa despectiva, manteniendo a los segundos esa misma sonrisa. — Tus medallitas solo impresionan a los que no saben sumar 2+2 sin calculadora. —inclinó su cabeza a un lado, dándole un aspecto más maniático. — Un solo chasquido y toda tu vida sería borrada. Te convertirías en una hormiga fácil de aplastar y…

— Tus amenazas no me dan miedo. —cortó mientras que su cuerpo se tensaba, apretando los puños con fuerzas. — Mucha palabrería pero, ¿sabes doctor? No eres nadie sin la financiación que le damos.

— ¿Eso es lo que crees? Parece que los altos rangos los regalaban en la tómbola. —Robotnik alzó su mano para señalarlo pero sin llegar a tocarlo. — Te voy a explicar una cosa, a ver si tus neuronas tienen ganas de trabajar y entender mis palabras. —subió la mano hasta la cara contraria pero seguía sin tocarlo. — No eres nadie. No eres necesario. Solo un ser prescindible que a la primera te desecharán. ¿Y sabes quien seguirá aquí? Exacto, moi. —se señaló a sí mismo, con una sonrisa en sus labios. — Seguiré aquí, más grande y fuerte que nunca. Nunca serás superior a mi porque, y te voy a abrir los ojos, no hay NADIE superior a mi. Y como SUPERIOR a ti, si digo que me voy, me iré y tú lo único que tienes que hacer es callar esa maldita boca, ¿lo has entendido o tengo que ir despacio como a los niños?

Tenía que decirlo: se estaba quedando a gusto. Ver como al teniente coronel se le subía el color a su cara de la misma ira conseguía, en cierto punto, calmar a Robotnik porque sabe que, por más que diga, jamás irán contra él. No decía una mentira; lo necesitaban. Y no podía sufrir un daño que pudiera anteponerse a los encargos. 

Incluso él, podía fallar un poco en sus cálculos.

Se apartó cuando ya se cansó de insultar y cuando se iba a girar para irse de una vez, vio por el rabillo del ojo un movimiento que jamás pensó que pudiera suceder. El teniente coronel, en su máxima expresión de odio e ira, había levantado su mano para ir directo hacia el doctor. Antes de que pudiera reaccionar retrocediendo, parando el golpe o devolverlo, un movimiento rápido pasó a su lado y sin previo aviso, Stone estaba frente suya con el brazo alzado, agarrando el brazo ajeno. El teniente coronel lanzó un grito de sorpresa cuando, en otro rápido movimiento, Stone lo hizo girar doblando el brazo de una forma incómoda en su espalda y tirándolo al suelo.

— T-tú, ¿sabes a quién estás atacando? —consiguió hablar desde el suelo y al hacer el mínimo esfuerzo para soltarse, Stone apretó más fuerte.

— Eso te pregunto yo… —dijo con un gruñido escondido entre sus dientes, inclinándose un poco más. Sabía que si apretaba un poco más, podía partirle el brazo y lo estaba deseando — ¿Quién coño te crees para atacar a mi doctor? 

Robotnik solo observaba la escena, viendo su siempre y tranquilo asistente actuando como un animal salvaje y todo por…él. Esa revelación hizo que su corazón, aparentemente insensible y frío, empezara a latir con fuerza hasta el punto dolía y mucho. Su lado más lógico y racional sabía que tenía que pararlo porque podría poner en peligro su financiación pero su lado irracional solo quería ver más de este Stone tan salvaje y posesivo. Por desgracia, los soldados acompañados con el coronel que venían tras escuchar el jaleo no le dejarían en paz.

— Stone.

Como si fuera una palabra clave, Stone reaccionó con rapidez y soltando un bufido mezclado con un gruñido, terminó por empujar al teniente coronel con fuerza hacia el suelo, soltándolo en el proceso.

— No perdamos más el tiempo con idiotas. Vámonos.

— Tienes razón, doctor.

Quiso ignorar que echó de menos el “mi” delante de su título y se giró para irse de aquel maldito lugar, sabiendo que Stone lo estaba siguiendo. Volvió a escuchar que lo llamaban pero esta vez prefirió ignorarlo, deseando volver a la comodidad de su laboratorio, concentrarse en sus preciadas creaciones y no pensar en los grandes ojos marrones que siempre lo admiraban o en esos brazos fuertes que lo cargaría y defendería siempre.

 

Acto 5. Una enfermedad llamada…

 

Stone no sabía qué más hacer mientras soltaba un suspiro desanimado, removiendo la comida de su tupper y viendo desde su asiento el fregadero, con el tupper de ya había asociado a Robotnik en el fregadero, con la comida que hizo ayer aun sin tocar, un signo de que Robotnik se había negado a comer. Así llevaba una semana, en concreto desde que volvieron de la base militar, recordando el camino incómodo en silencio de vuelta al laboratorio y las veces que intentó romper el silencio, bastó con solo una mirada desde el espejo retrovisor interior para saber qué no era el momento.

Durante toda esa semana, sus intentos de hablar con el doctor, de aclarar lo ocurrido en la base militar, fueron un absoluto fracaso, ¡hasta lo había echado del laboratorio! Cada vez que hacía el intento de entrar en el laboratorio, las puertas no hacían ni el intento de abrirse y cuando necesitaba algo del interior, venía un badnik para dejarselo. La había cagado y ahora, por culpa de su incompetencia, el doctor no quería verlo y aun así, cada vez que recordaba la reacción de Robotnik tras arrinconarlo en la pared y que, aunque aún pensaba que era imposible, parecía que era correspondido, le martilleaba el corazón. Fue justo esa reacción lo que le animó a continuar y si no hubiera sido por el lugar y los soldados, seguro que habría cortado distancias y…

— No puedo más con esto… —susurró a la nada, dejando su comida a medio comer. — Necesito hablar con él.

Con determinación renovada, se levantó y dejó todo en el fregadero. Salió de la sala de descanso hasta el laboratorio con pasos seguros pero fue llegar hasta la puerta y sentir una punzada de nerviosismo. Casi se quiso reír en ese momento; era un espía y agente entrenado para superar cualquier situación con indiferencia pero ahí estaba él, nervioso como una colegiala enamorada. Eso, en parte, lo ayudó un poco a desestresarse y coger aire.

— ¡Doctor! No podemos estar así para siempre. —alzó la voz aunque sabía que no hacía falta. Tenía micrófonos insertados en el laboratorio para escuchar lo que pasa afuera. — Por favor, ábreme. Necesito hablar contigo.

Pasaron los segundos más largos de Stone y era ese momento en el que hablaba tras la puerta y rezar para recibir una respuesta que, desgraciadamente, nunca llega. Su cuerpo se desinfló un poco, perdiendo ese optimismo con el que había llegado y negó con la cabeza. No, hoy tenía que ser el día. Alzó la cabeza y abrió la boca para volver a hablar pero un click que escuchó desde el otro lado le sorprendió, retrocediendo un par de pasos. ¿Acaso sus plegarias habían sido escuchadas esta vez y el doctor le estaba abriendo la puerta? Había echado de menos al doctor en esta semana y ahora que al fin podía verlo, ese sentimiento se había asentado aún más. 

— …¿Copito?

Cuando se abrió la puerta, no esperó ver al badnik, el cual se acercó a él volando y golpeó varias veces su brazo, ganando una pequeña caricia. Le gustaba todas las creaciones del doctor pero este, en especial, le cogió cariño; fue el primer y único badnik que Robotnik le dejó arreglar y parece que eso fue suficiente para que este badnik se mantuviera junto a Stone. Hasta se burló de él cuando le puso el nombre, en honor a su gato de cuando era niño.

— Yo también te echaba de menos, ¿me has abierto tú? —el badnik se movió de arriba a abajo, siendo su forma de asentir. — Si has sido tú y no el doctor…¿Dónde está él?

Eso hizo reaccionar al badnik, que empezó a pitar varias veces. Si el badnik fuera un humano, Stone creería que esos pitidos eran de nervios y eso lo puso en alerta. Caminó hacia dentro y miró a su alrededor, viendo que el laboratorio estaba más desordenado de lo normal y en el escritorio principal divisó la figura de Robotnik inclinada, como si no hubiera notado que las puertas se habían abierto. Preocupado, Stone caminó con rapidez hasta colocarse a su lado y en ese mismo instante, se arrepintió de haber sido tan tonto para dejarlo solo durante tanto tiempo.

Robotnik estaba con un prototipo de mini badnik a medio montar, sujetando un destornillador y observando atentamente su interior. Hasta ahí, todo parecía normal pero el leve temblor en sus manos y el sudor que recorría su rostro sonrojado eran indicios de que algo iba mal en él.

— ¡Doctor! 

Fue en ese momento que Robotnik se dio cuenta de que Stone estaba a su lado y tardó unos segundos en reaccionar, dejando caer el destornillador al escritorio y girando su cabeza hacia su asistente.

— ¿S-Stone? ¿¡Qué haces aquí!? ¡No te he dado permiso para…! entrar. —fue perdiendo la voz conforme iba hablando, encogiéndose en la silla.

— Me dejó entrar Copito pero lo más importante, ¿cómo has podido trabajar así? —suspiró Stone, alzando su mano para ponerla en la frente de Robotnik. — Estás ardiendo.

— Voy a reprogramar a ese badnik cuando termine con esto… —farfulló en voz baja y se alejó del toque de Stone, empezando a respirar agitado. — Aun así, ¡no deberías estar aquí! Así que vete, fus fus.

Stone rodó los ojos y se cruzó de brazos, manteniéndose en su sitio. —No pienso irme hasta asegurarme de que estés bien.

— ¡Estoy bien! —gritó con enfado y se levantó con rapidez, ganándose un mareo que hizo que tuviera que apoyarse en el escritorio. — Soy tu jefe, me tienes que obedecer y si te digo que estoy bien y quiero estar solo, es tu trabajo creerlo e irte.

— No lo hagas más difícil, doctor. —soltó un suspiro hastiado, relajando su expresión mientras se acercaba. — Si quieres castigarme después u odiarme, hazlo. —dijo alzando su mirada hacia el doctor con decisión. — Pero no me iré hasta que vayas a descansar.

Algo en sus palabras o mirada hizo que Robotnik tragara en seco y parecía que hasta se encogía en sí mismo, teniendo que desviar la mirada. — ¡Vale! Maldito cabezota sin cerebro.

Stone sintió su cuerpo relajarse cuando lo escuchó, aliviado de que al menos el doctor le dedicara un insulto. Era lo más cercano al Robotnik habitual que ha tenido en esta semana.

Se hizo a un lado para dejarle espacio a Robotnik, el cual no duró más de dos pasos antes de volver a tener que agarrarse; entre la fiebre y el haber estado tanto tiempo sentado, su cuerpo empezaba a pasarle facturas. Stone rápidamente se colocó a su lado, rodeando la cintura del doctor para asegurarse de que no cayera. Notó cómo el cuerpo contrario se tensó a su toque y por un instante creyó que se iba a alejar pero lejos de la realidad, Robotnik se pegó más a él como si buscara ese contacto. Stone aprovechó ese momento para agarrarlo con más firmeza y dejándose guiar por Robotnik mientras soltaba sus típicos comentarios de “maldito cuerpo humano débil.” y “algún día seré un cyborg superior a la humanidad y nadie podrá detenerme.”

Lo guío hasta su habitación y Stone se puso nervioso. Sabía de la existencia de esa habitación pero era de los pocos lugares en ese laboratorio que no tenía permiso para entrar. Robotnik accionó los botones de su guante y las puertas se abrieron, entrando al lugar. Stone vio que no había nada personal del doctor y aún así, sintió que era entrar en la intimidad del doctor. Lo ayudó a dejarlo en la cama y lo escuchó soltar un suspiro cansado, llevando su mano a su rostro. Estuvo así por unos minutos y Stone, creyendo que se había quedado dormido, se preparó para irse pero Robotnik, en un movimiento brusco, se sentó en la cama sin apartar la mano de su cabeza.

— Odio todo esto…

— ¿Cómo?

— ¡Me duele la cabeza y me siento pesado! Mi cuerpo no reacciona como quiero. —se quejó con la voz apagada, incapaz de alzar la mirada. — 

— Entiendo como te sientes pero…

— ¡No! ¡No lo entiendes! —volvió a alzar la voz, mirando por unos instante a Stone antes de volver a bajar la cabeza, apoyándola sobre su mano. — Todo, hasta el más mínimo esfuerzo, es un suplicio. ¿Trabajar? ¿Comer? ¿Ir a por un estúpido vaso de agua? Todo…

Stone se sorprendió ante la repentina reacción de Robotnik y tras escuchar sus palabras, fue como si todas las piezas de un rompecabezas empezaran a encajar hasta tomar forma y finalmente, comprender las palabras no dichas. Relajó su expresión y con una suave sonrisa, cogió confianza para sentarse en la cama, apoyando sus manos en ella muy cerca de la mano libre del doctor.

— Pero ahora es diferente, doctor. —sus palabras consiguieron la atención de Robotnik, quien giró su cabeza para verlo. — Si es por trabajo, echaremos las horas que hagan falta. Te traeré burritos para comer, se que te encantan. Incluso si necesitas beber agua, puedo traértelo porque doctor, ¿recuerdas lo que me pidió? —dijo sin perder la pequeña sonrisa en su rostro, moviendo lentamente su mano hasta rozarla con la contraria. — Estaré a tu lado siempre. No tienes que pasar todo esto solo.

Terminó por colocar su mano encima de la mano enguantada de Robotnik. Aunque tenía media cara tapada por la otra mano, Stone notó cómo contrajo su rostro en una mueca para luego girar su rostro hacia otro lado pero manteniendo su mano sujetada por Stone quieta. Fueron un par de minutos en un silencio cómodo, el cual Stone no cortó contacto con Robotnik, dejando que fuera él quien marcara el tiempo necesario. 

— ¿Stone?

— ¿Sí, doctor?

— No sé qué haces aquí aun. —Stone se tensó al escucharlo y por un momento, pensó que se había equivocado. Robotnik pareció notarlo y soltó un pequeño gruñido, mirándolo de reojo. — ¿No dijiste que ibas a traer agua? Ya estás tardando, ¿o es que todas esa palabrería era mentira? ¡Y ni pienses que te voy a pagar esas horas extras! Me las debes por no trabajar conmigo esta semana, humpf. 

Su cuerpo se relajó y tuvo que aguantar la risa divertida que le provocó escuchar al doctor con un berrinche. Dejó un suave apretón en la mano contraria antes de levantarse de la cama, girándose para ver al doctor.

— Ahora vuelvo, doctor.

— Sí, sí. ¡Pero no tardes!

Y cumplió con su palabra. No tardó más de 5 minutos en regresar a la habitación con un vaso de agua y una pastilla que servía para el dolor de cabeza y la fiebre. Cuando regresó, se encontró a Robotnik metido en la cama y por cómo estaba la ropa mal puesta en la silla, supo que se había puesto cómodo. “Al menos se va a tomar en serio lo de descansar”, fue el pensamiento de Stone al acercarse a la cama, dejando las cosas en la mesita de noche.

— Ya estoy aquí, doctor. Te he traído también medicina.

Robotnik tardó un poco en reaccionar, soltando un gimoteo antes de alzarse lo suficiente para alcanzar el vaso de agua y la medicina, tomándolo de una sola vez. Se volvió a acostar en la cama después de dejar el vaso vacío en la mesita de noche y empezó a dar pequeñas palmadas en la cama, a lo que Stone ladeó la cama en una expresión confusa. Robotnik abrió los ojos para mirar a su asistente y frunció el ceño, moviéndose un poco hacia la otra esquina de la cama y esta vez, palmeó con más fuerza la cama. No es que fuera lento para entender pero es que Stone jamás se habría imaginado que Robotnik le pidiera no sólo quedarse en su habitación, sino también en su cama. No se atrevía a acostarse del todo, así que cuando se quitó la chaqueta y los zapatos, se subió en la cama y apoyó su espalda en el cabecero de la cama.

Tenía sus manos entrelazadas sobre su estómago, sintiéndose nervioso por la extraña situación en la que estaba. No negaría que se había imaginado más de una vez que estaba en la cama con Robotnik pero no de esta manera precisamente. Escuchó unos golpecitos suaves a su lado y dirigió su mirada hacia allí, viendo la mano del doctor tamborileando sus dedos en la cama; estaba claro que quería llamar su atención. Miró de reojo a Robotnik, el cual tenía los ojos entrecerrados como si estuviera luchando contra el sueño y no pudo evitar sonreír ante la escena. Si poner la palabra “adorable” y Robotnik juntas en una misma frase era de locos, Stone luciría con orgullo su locura. Pensando en el doctor, lo escuchó soltar una especie de queja por lo bajo al ver que no le estaba echando cuenta y soltando una suave risita, soltó sus manos y dejó una de ellas encima de la de Robotnik y supo enseguida que eso era lo que quería por cómo soltó un suspiro de alivio y cerró los ojos.

 

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Robotnik empezó a recuperar la consciencia poco a poco sin llegar abrir los ojos y a su mente le llegó dos conclusiones: no supo cuándo fue la última vez que durmió de verdad y sentía una calidez agradable en su mano incluso a través de su guante. Con lentitud, abrió los ojos y divisó una mano que tan bien conocía encima de la suya, moviendo los dedos en pequeñas caricias. Fue subiendo la mirada desde la mano por el brazo hasta llegar al dueño de dicha mano. Stone estaba usando el teléfono cuando sintió la mirada del doctor, desviando su mirada hacia él con una sonrisa y si Robotnik tuviera que describirlo en una sola palabra, esa sería radiante.

— Buenos días, doctor. ¿Has podido descansar bien? 

Aquí, en este momento, donde Stone le dedicaba una gran sonrisa y lo miraba con esos ojos grandes y brillantes, con sus manos tocándose y en la intimidad y tranquilidad de su habitación, Robotnik lo comprendió. El motivo de todo su sufrimiento durante meses, el por qué era incapaz de dejar de pensar en Stone y lo quería siempre cerca aunque eso significaba que su cuerpo actuara de forma extraña. La respuesta era tan estúpidamente sencilla y a la vez tan humana, que quiso reírse en este momento por lo idiota que se sentía.

Al final no era una simple atracción física. 

Le gustaba Stone.

 

Acto 5+1. El método científico.

 

La fiebre lo provocó la falta de descanso así que con un día reparador en la cama, descansando y comiendo los burritos con extra de chile que tanto le gustaba fue suficiente para recuperarse y volver al trabajo. Stone, como prometió, se mantuvo a su lado durante todo este tiempo, lo que no ayudó para nada en su reciente problema sentimental. Vale, ahora que había llegado a una conclusión lógica, ¿cuál era la solución? Jamás le había gustado a nadie y hasta pensó que no tenía esa capacidad de querer hasta ahora. Era un problema menos en su vida. O era así antes de la llegada de Stone.

Había una pregunta que rondaba en su cabeza una y otra vez y parecía ser la pieza clave para su problema: ¿Qué pensaba Stone? 

De vuelta en su laboratorio y tras haber levantado el destierro de Stone, todo volvió a una normalidad superficial. Para no pensar en esos dichosos ojos grandes y marrones, Robotnik se puso a trabajar en el trabajo retrasado por su día de descanso obligatorio pero gracias a la ayuda de Stone, no tardó más de unas horas y ahora, por culpa también de Stone, Robotnik tenía más tiempo “libre” para pensar. ¿Y a dónde iban a parar todos sus pensamientos?

Disimuladamente, giró su silla hasta tener una visión de Stone en su escritorio, llevando la llave inglesa que tenía en su mano hacia su barbilla. Tenía los ojos entrecerrados mientras lo observaba fijamente, como si así fuera más fácil descubrir los más profundos pensamientos de su asistente y averiguar las respuestas que buscaba. Stone se dio cuenta y alzó su mirada de su tablet, dedicándole una pequeña sonrisa y ladeando ligeramente su cabeza en una pregunta silenciosa de “¿necesitas algo?”. Robotnik, con un humpf bien alto para que lo escuchara, se giró para darle la espalda. Con mirar parecía que no bastaba así que decidió seguir su plan B: entrar en acción. 

Durante los siguientes días fue apuntando cada reacción de Stone, por mínimo que fuera, en un documento. Había invadido su espacio personal todas las veces que había querido, desde quedarse a su lado, hombro con hombro mientras trabajaba pero más allá de una pequeña tensión en su cuerpo que duró solo unos segundos, no sacó ninguna reacción más. También hubo un momento que no pudo controlarse porque vamos, ¿cómo fue capaz de confundir el ISO 10218-1 con el ISO 10218-2? ¡Solo un idiota sin materia gris en su cabeza lo haría! Lo hizo inclinarse contra el escritorio mientras apretaba la tablet contra su rostro y cuando ya se cansó de insultar, dejó que se levantara. Verlo con la corbata mal puesta, respiración agitada y sonrojado hizo que su mente divagara hacia un escenario totalmente diferente.

En resumen, su investigación se volvió en su contra y no llegó a ningún lado. 

Ahora se encontraba de pie en mitad del laboratorio, contemplando en silencio un esquema holográfico del próximo proyecto pendiente con Stone a su lado, apuntando las diferentes mejoras en su tablet. 

— ¿Hay algo que no vaya bien, doctor? — habló Stone levantando finalmente la vista de su tablet.

— ¿Hum? — salió de sus pensamientos al escuchar la voz de su asistente, devolviéndole la mirada. — Todo va perfecto, ¿acaso tienes la osadía de dudar de mi trabajo, adulador? 

Stone sonrió ligeramente, negando con la cabeza. — Por supuesto que no, doctor. Es solo que llevamos media hora en silencio sin hacer nada y pensé que tal vez algo no anda bien.

— ¿Y desde cuándo eres capaz de pensar por ti mismo? —bramó mientras se cruzaba de brazos, volviendo su mirada al holograma. — A diferencia de ti, con tu escasa conexión neuronal, mi mente es capaz de procesar varios pensamientos a la vez sin falla.

— Oh, entiendo. ¿Es ese otro proyecto que le he visto trabajar? 

El cuerpo de Robotnik se tensó y miró de reojo a Stone, quien había vuelto a su trabajo en la tablet. Intentó buscar, de alguna manera, una reacción en Stone que le transmitiera lo que sabía tras mencionar ese otro “proyecto” pero estaba tan tranquilo como de costumbre, ajeno a lo que pasaba en el interior de Robotnik. Era imposible que lo supiera, ¿no? Le había puesto una seguridad diferente al resto de sus archivos para que solo él pudiera tener acceso y había tenido muchísimo cuidado a la hora de tomar apuntes. Él, el gran Doctor Ivo Robotnik, siempre lo tenía todo bajo control.

— ¡ Humpf ! ¿Metiendo las narices donde no debes, Stone? —espetó de mala manera, cruzando los brazos en su pecho. No estaba a la defensiva. No. — No me gustan los cotillas ociosos.

— Lo sé y no quiero sonar pretencioso pero, ¿aceptarías una sugerencia? —murmuró en voz baja pero con claridad, sin apartar la mirada de su tablet.

— Hoy te noto más atrevido, adulador. Incluso si tus neurotransmisores consiguieran pasar a través de la sinapsis, no serías capaz de hilar más de dos pensamientos útiles pero, ¿sabes? Mi curiosidad científica es mayor que el posible derrame cerebral que pudieras causarme con dicha sugerenc-

En su parloteo, no se dio cuenta que Stone, en algún momento, había soltado la tablet en el escritorio y se había colocado justo en su frente (en su defensa, dirá que Stone es un espía entrenado y puede llegar a ser muy silencioso). Ser observado con esos ojos grandes y marrones, que brillaban con luz propia y con tanta intensidad hizo que se le olvidara momentáneamente como respirar.

— Si aceptas mi sugerencia, para superar la etapa de la hipótesis y llegar a la experimentación , tan solo tienes que preguntar a la persona correcta. — la voz de Stone bajo un par de tonos, tan grave que hizo vibrar todo el cuerpo de Robotnik.

Parpadeó varias veces sin dejar de mirar a Stone, asimilando no sólo sus palabras si también la intencionalidad de ellas y pensó que, tal vez y solo tal vez, no tenía el control de la situación como él pensaba. El hecho de pensar que Stone estaba al tanto de la situación lo había puesto nervioso y no sólo por la implicación de que Stone sabía sobre su interés hacia él sino que, al parecer, tenía la respuesta clara y esa respuesta, ¿cuál era? Si tenía en cuenta lo ocurrido en la base militar y en cómo casi se besan, tenía que suponer que había algo. Pero no hubo otro casi después, solo un Stone amable y atento con él. ¿Y si no estaba comprendiendo bien sus intenciones? ¡Rayos! Por eso odiaba todo lo que tuviera que ver con los sentimientos porque, a diferencia del pensamiento racional, era todo demasiado subjetivo.

En algún punto de su monólogo interior, Stone se acercó un par de pasos más hacia Robotnik, esperando. Su corazón empezó a latir con fuerza ante la cercanía, sintiendo su respiración agitada. ¿Qué era lo que esperaba? Una pregunta, eso. Sí. Podía hacer la simple pregunta de “Creo que me gustas, Stone. ¿Tú sientes lo mismo?” de tan solo 9 palabras y que tardaría exactamente en decirla 22.5 segundos, el mismo tiempo que tardaría en resolver una ecuación diferencial. Algo que Robotnik no debería suponer ningún problema.

O así es la teoría.

Porque en la práctica, estaba totalmente callado sin dejar de observar a Stone, con esos ojos grandes y marrones, en los cuales si se concentraba podía verse reflejados como si fuera el centro de su universo. ¡A la mierda las palabras! Con rapidez, subió una de sus manos hasta el rostro de Stone, agarrando su mandíbula y tiró de él, ganándose un pequeño sonido de sorpresa del contrario. Bajó con fuerza su cara hasta que sus rostros se encontraron a mitad de camino y juntando, finalmente, sus labios. No hubo besos, solo un leve contacto entre labios que duró solo unos segundos antes de que Robotnik se apartara.

Ahora fue el turno de Stone de parpadear varias veces porque lo último que esperaba era que lo que llevaba deseando meses y fantaseando durante semanas se hubiera cumplido al final. Que lo tacharan de egoísta si ahora, tras sentir ese leve roce, le pareció insuficiente y quería más. Robotnik lo miraba con un pequeño sonrojo en sus mejillas, ahora siendo él el que esperaba la reacción de Stone y no se iba a hacer esperar. Subió una de sus manos para colocarlas en la nuca del doctor y tiró de ellas para empezar de nuevo con el beso. Empezó a mover sus labios con lentitud sobre los ajenos, ganándose un pequeño suspiro, lo que le motivó a seguir, llevando el ritmo (supo enseguida sobre la nula experiencia y él estaba más que complacido por enseñarle). Empezó con movimientos suaves y lentos, dedicando su tiempo en sentir la calidez de los labios ajenos sobre los suyos. Robotnik empezó a mover sus labios también, ladeando la cabeza para tener un mejor ángulo mientras su mano baja desde la cabeza hasta su cadera, rodeándolos para acercarlo más a su cuerpo. Stone aprovechó para subir su otra mano y rodear el cuello del doctor, asegurando así que no existiera separación alguna entre ambos cuerpos. 

El calor empezaba a recorrer todo su cuerpo y conforme subía, lo hacía la intensidad del beso, con pequeños suspiros entremedio para recuperar el aire y seguir, sin intención de terminarlo. En uno de estos, Stone paseó su lengua entre los labios de Robotnik y este, sorprendido al sentir la húmeda y suave lengua, entreabrió los labios para dejar escapar un suspiro que Stone aprovechó para profundizar el beso. Robotnik se estaba volviendo loco ante la cantidad de sensaciones que nunca antes había sentido y mucho menos con esta intensidad. Su cabeza dejó de pensar, dedicando su concentración en memorizar la suavidad de los labios de Stone y la textura de su lengua contra la suya, soltando pequeños suspiros entre ellos. Cuando la falta de aire era demasiado hasta el punto de sentirse mareado, tuvo que separarse con cierta dificultad con un jadeo en sus labios.

Tras el beso, solo hubo silencio entre los dos, solo roto por los pequeños jadeos que escapaban de sus bocas y que llenaban el laboratorio. Solo una pequeña y suave risa de Stone fue la que rompió el silencio y Robotnik alzó una ceja en una pregunta silenciosa.

— Nada, es que ha sido…increíble. —murmuró apoyando su barbilla en el cuerpo de Robotnik, alzando la cabeza para no perder contacto. — Realmente esperaba una pregunta, o un sin fin de teorías.

— Tú…maldito espía manipulador.  —bufó mientras bajaba su rostro para apoyar su frente contra la de Stone. — Lo sabías, ¿verdad?

— Desde el primer momento. —reconoció con una sonrisa divertida. — Vi el documento mientras pasé a su lado sin que te dieras cuenta.

— Al final acabaré poniéndote un cascabel.

— Sería una buena prueba de sigilo.

La pequeña conversación ayudó, en parte, a que Robotnik consiguiera calmar un poco los latidos de su corazón y poder tener de nuevo su capacidad de pensar.

— Ahora mismo te tendría que llevarte al hangar y usarte como sujeto de prueba para mis badniks por manipulador, cotilla e insubordinación. — separó su rostro para poder verlo mejor, frunciendo las cejas. — ¿Por qué no dijiste nada? ¡Estuve perdiendo días en esto!

— Estaba esperando a que dieras el primer paso… —suspiró mientras enderezaba su cuerpo. O todo lo que podía, teniendo todavía el agarre de Robotnik en sus caderas.— 

— ¿Y cómo quieres que lo haga si no demuestras nada? ¡Tus costumbres de espía me dificultaron la investigación! 

— ¿No? Pensé que lo habrías notado. —la mirada de Robotnik le incitó a seguir hablando y sonrió con ligereza. — No sólo con lo que pasó en la base militar. —se mordió el labio inferior al recordar el momento y cómo luchó para separarse de él. — Cuando estuve contigo mientras te recuperabas. —aprovechando que tenía las manos cercas del cuello del doctor, empezó a repartir pequeñas caricias que en su nuca con la que se ganó pequeños resoplidos. — Y durante estos días, cada que te pegabas a mi sentía que tenía los nervios a flor de piel, esperando. Incluso aceptaba tus toques, apretándome más a ti…

Vale, tal vez analizando desde ese punto de vista todo parecía más claro. Con un pequeño gruñido, bajó la cabeza hasta dejarla reposar en el hueco entre el cuello y el hombro de Stone, apretándolo con fuerza. Stone simplemente se dejó, sin parar con las caricias en su nuca.

— Y ahora que tú hipótesis está corroborada, doctor. —aprovechó la cercanía para susurrarle al oído, notando en su cuerpo el leve estremecimiento de Robotnik. — Toca decidir el siguiente paso, ¿no? 

Las palabras de Stone se ganó una mordida en el cuello, escuchando el jadeo que soltó. Ahí estaba de nuevo, la falsa sumisión que mostraba su asistente que tanto detestaba y quería, dos sentimientos tan contrarios pero que en Robotnik, tenía todo el sentido del mundo. 

— Odio cuando haces una pregunta tan obvia. —se separó finalmente después de asegurarse de haber dejado una marca, quedando su rostro frente a la de Stone con las pupilas dilatadas.— Sabes muy bien lo que quiero.

No hizo falta decir más. Stone se abalanzó hacia delante para volver unir sus labios con los ajenos y Robotnik, encantado, los aceptó sin dudarlo. El beso, a diferencia del primero, se volvió desordenado y acalorado, con movimientos rápidos que se alternaban con suaves mordidas. Conforme empujaba con lentitud a Robotnik hasta que chocó con el escritorio, Stone bajó sus manos, paseándolas por el pecho de Robotnik y metiéndolas por debajo de la gabardina hasta llegar a la cintura.

Robotnik no cabía en sí mismo en estos momentos, acorralando entre su escritorio y el cuerpo de Stone. Su cuerpo se calentaba por cada toque incluso a través de la ropa, reprimiendo el estremecimiento que le provocaba. Lo que no pudo evitar es un suave gemido al sentir unas manos tocar su piel sensible de la cintura, descubriendo que Stone levantó su camiseta para meterlas por dentro. Esa reacción hizo que Stone se pegara más a él, dejando un rastro de besos por la mejilla y mandíbula del doctor, gruñendo por lo bajo cuando el cuello alto de su camiseta le impidió seguir bajando.

— S-Stone, un momento… —odió como salió su voz entrecortada y grave.

Stone reaccionó con rapidez y sus manos se quedaron quietas sobre la piel ajena, subiendo la mirada hacia Robotnik y soltó un jadeo al verlo sonrojado, el bigote desaliñado y la respiración entrecortada. Le costó muchísimo no seguir.

— ¿Pasa algo, doctor? Si vamos muy rápido podemos…

— No seas idiota. Si vamos a seguir…mejor ir a otro sitio más cómodo. —y odió todavía más sonar tan débil y casi avergonzado, como si esta fuera su primera vez y que, técnicamente, lo es.

Una pizca de compresión llegó a Stone y con mucho esfuerzo, se separó del doctor. Sin decir nada, tomó la mano de Robotnik y con pasos rápidos, tiró de él para salir del laboratorio, dirigiéndose hacia la habitación del doctor. Conforme se iba acercando, Robotnik empezaba a asimilar que realmente iba a ocurrir; iba a acostarse con Stone. No quería reconocerlo pero los nervios empezaban a invadir cada centímetro de su cuerpo al no saber qué esperarse. Es decir, la teoría está claro que se la sabía tras haber hecho un trabajo de investigación pero una cosa es la teoría y otra la práctica, ¿iba a ser tan satisfactorio como veía? ¿O solo vería decepción en Stone?

Entraron en la habitación y una vez que se cerró la puerta, Stone se giró hacia Robotnik y alzó sus manos hasta agarrar a la gabardina, susurrando un “¿Puedo?” con suavidad, a lo que reaccionó con un leve asentimiento en la cabeza. Stone se lo quitó con lentitud y la puso en el perchero que descubrió que tenía al lado de la puerta para luego proseguir con su propia chaqueta, colocándola justo al lado. Robotnik no lo perdió de vista en ningún momento, viendo cómo volvía a acercarse a él sin perder la sonrisa.

— Doctor, podemos parar cuando quieras… —murmuró con voz comprensiva una vez se puso a un palmo de distancia.

— Ivo…

— ¿Perdón?

— ¡Agh! Algunas veces llegas a desesperarme. —agarró la corbata de su asistente y tiró de ella hacia arriba. — Si no quisiera, mis badniks te habrían usado de sujeto de prueba en un abrir y cerrar de ojos. ¡Y deja de llamarme doctor en este contexto! Llámame por mi nombre…Ivo.

— Solo quería asegurarme, Ivo .

Su cuerpo se sacudió entero al escuchar su nombre salir de la boca contraria y sin poder aguantarse, tiró de él para besar sus labios con agresividad, dejando un pequeño mordisco en su labio inferior. Stone no se quedó atrás y con la misma intensidad correspondió al beso, volviendo a empujarlo hasta que las rodillas del doctor tocó con la cama. Se quitaron los zapatos y lo tiraron por ahí sin cuidado ninguno, subiéndose a la cama. 

Solo cuando estuvo encima de Robotnik, con los brazos a cada lado y apoyando su peso en ellos, se permitió disfrutar de las vistas: tirado en la cama, frunciendo el ceño con una mirada dilatada y vidriosa, con pequeñas gotas de sudor por su frente, los labios entreabierto y sonrojados, desaliñado y la camiseta a medio quitar, dejando ver parte de su piel. Ni en sus más profundas fantasías habría podido crear una imagen tan perfecta y sólo para él, lo que provocó una sonrisa de suficiencia. Escuchó una queja provenir de Ivo y no se hizo de rogar más, bajando para continuar con el beso hambriento mientras sus manos volvía a la labor de tocar la piel bajo su camiseta, subiéndola en el proceso.

Una vez consiguió quitarle la camiseta y dejarla a un lado, se alzó para quedar de rodillas encima suya y empezar a desabotonar su camisa y Robotnik pudo jurar que ninguna de sus armas mostrando su poder le habría ofrecido un espectáculo tan perfecto. Poco a poco iba viendo el cuerpo ajeno, un cuerpo trabajado tras años de entrenamiento y servicio, salpicado con una fina capa de vello y cicatrices, reconociendo perfectamente las que se hizo aquel día que cambió todo. Incluso tenía una marca circular en su hombro, justo donde recibió la bala. Subió sus manos hacia el torso ajeno, acariciando cada músculo y cicatriz en el proceso mientras escuchaba pequeños resoplidos escapar de los labios de su asistente. 

Stone tomó las manos del doctor y tiró ligeramente de los guantes, mirándolo y Robotnik entendió a la perfección lo que quería, asintiendo la cabeza. Con suma devoción, fue retirando los guantes con lentitud y dejados con una reverencia en la mesita de noche. Con las manos desnudas, Stone no tardó en llevarla a su rostro y empezar a besarlas, sin perder en ningún momento el contacto visual.

— Joder… —murmuró en un gemido, removiéndose bajo suya al sentir el pantalón apretado por su excitación, abriendo las piernas.

—Dios, Ivo. —agarrando las manos ajenas con las suyas propias, bajo hasta quedar rostro con rostro, con las manos en cada lado de su cabeza. — Eres tan perfecto. No sabes el esfuerzo que estoy haciendo ahora mismo…

Robotnik estaba viendo al fin como Stone empezaba a dejar a un lado esa amabilidad y cordialidad que tanto lo definía, dejando entrever su lado más salvaje. Ese lado que le había quitado el sueño en más de una noche.

— ¿Y a qué esperas, adulador? —susurró con un resoplido, alzando su cabeza para tirar con sus dientes de su labio inferior.— Ya sabes lo que tienes que hacer… —fue bajando hasta dejar un beso en su barbilla, antes de volver a acomodarse bajo suya con una sonrisa burlona.— Hazlo.

Fue como si hubiera dicho una palabra mágica que activó a Stone y con un gruñido grave, bajó su rostro para atacar el ahora descubierto cuello del doctor, besando, mordiendo y chupando a su antojo sabiendo que dejaría marcas. Soltó sus manos, usando una para apoyar parte de su peso y la otra fue recorriendo el pecho desnudo de Robotnik mientras el susodicho levantó sus brazos, rodeando el cuerpo de Stone y arañando la espalda. Seguía sin entender cómo algo tan repugnante como juntar dos cuerpos desnudos y sudorosos podría hacerle sentir tan bien hasta tal punto de querer más.

La mano de Stone paró justo en sus caderas, apretándolas con firmeza y acomodándose entre las piernas de Robotnik, probó con moverse. Aun con los pantalones puesto, podía notar perfectamente como su polla dura y palpitante se frotaba contra la del doctor, consiguiendo sacarle un gemido mientras arqueaba su espalda. Fue tan delicioso escucharle que, ¡Dios! ahora mismo tenía la necesidad de buscar más ese sonido y sin hacerse esperar, empezó a moverse contra la entrepierna del doctor, restregándose en él.

— Oh, joder Stone. —exhaló echando la cabeza hacia atrás, dejando más piel libre que Stone mordió gustosamente. Si se sentía en el séptimo cielo con ese roce, tan solo imaginarlo polla con polla lo hacía estremecerse. 

Como si Stone pudiera leer la mente, aunque no terminó el movimiento, sí que bajó la intensidad mientras bajaba sus besos por su pecho.— Quiero marcarte tanto, Ivo… —susurró con adoración contra su piel, repartiendo varios mordiscos.— Que cuando te veas, no olvides nunca este momento y que fui yo el único que te hizo sentir así de caliente.. —llegó a unos de sus pezones, atacándolo sin contemplación. 

Robotnik subió una de las manos a la nuca contraria, rascando por esa zona y empujándolo. Joder, casi sentía que se podía correr con tan solo escuchar a Stone hablar. Cuando Stone notó el pezón erecto y rojo por la atención, fue a por el otro para dejarlo en la misma condición y Robotnik descubrió que esa zona era más sensible, removiéndose bajo el cuerpo de Stone. Una vez estuvo contento de verlos igual, siguió bajando por su estómago hasta llegar al pantalón.

Al quedar de cara con el prominente bulto, repartió varios besos por la zona mientras acercaba su mano hacia el botón y antes de seguir, alzó su mirada hacia el doctor. Iba buscando un “permiso silencioso” para continuar (no había que ser un genio para saber que era su primera vez) pero verlo levemente inclinado sobre sus codos para tener una mejor visibilidad y una mirada de impaciencia, fue suficiente para desabrochar los pantalones y se alzó lo suficiente para poder arrancárselo de golpe junto a la ropa interior. 

Pasó su lengua por sus labios, admirando con hambre la polla de Robotnik. Para ojos ajenos, no tenía nada de especial; era un poco más larga que el promedio y más delgada, coronada con pelo cobrizo oscuro. Para Stone, era la perfección.

— ¿Qué pasa, Stone? ¿Acaso te ha mordido la lengua el gato? —bromeó con una sonrisa nerviosa, tirando con fuerza del cabello de Stone.

Con una risita, agarró la polla de Robotnik., notando como palpitaba en sus dedos.— Sólo pensaba en lo bien que sentiría en mi boca. —empezó a besar y lamer desde la base hasta la punta, recogiendo con su lengua el líquido pre-seminal que goteaba. — Vas a ser tan bueno sólo para mí, Ivo. 

— ¿”Sólo para ti”? No sé cuando te di tanta libertad para ser tan posesivo, adulador.

Se le escapó un gemido de sorpresa cuando Stone, con un gruñido que sintió en toda su polla, se la metió hasta el fondo y empezó a moverse de arriba a abajo. Una vez que empezó, no pudo parar de jadear y gemir, echando la cabeza atrás y cerrando los ojos. Stone estaba ahora mismo en éxtasis, notando como Robotnik se deshacía bajo su cuerpo y como los dedos de sus pies se encogía sobre las sábanas mientras su boca y lengua intentaba memorizar la textura y el sabor. Al principio iba a un ritmo lento, ahuecando las mejillas y chupando con fuerza y conforme acomodaba la polla en su boca, aumentaba el ritmo, lo que provocaba que Ivo soltara más gemidos.

Robotnik, incapaz de quedarse quieto, empezó a mover las caderas hacia arriba y abajo al mismo tiempo que se la chupaba Stone, profundizando más en su boca con cada embestida y ahogando un gemido, respirando con rapidez desde la nariz.

— Joder, Stone. ¡Sigue, no pares por favor! —gemía y jadeaba sin parar, embistiendo contra su boca.

La polla de Stone se contraía dolorosamente en sus pantalones pero estaba tan concentrado en sacar mas de esos deliciosos sonidos que prefirió ignorarlos. Robotnik, una de las veces que se removió bajo su cuerpo, se rozó contra los pantalones de Stone y un pequeño atisbo de conciencia le llegó a la mente. Por más que quisiera correrse en su boca, gruñó por lo bajo mientras apretaba con fuerza el cabello de Stone para obligarlo a parar.

— ¿Ocurre algo? —preguntó Stone después de sentirse obligado a soltar su polla. Misma polla que se contrajo cuando Robotnik observó su aspecto: labios entreabiertos, hinchados y con un hilillo de baba que se conectaba aún.

— Tus pantalones. Quítatelos ya. —pudo hablar con voz ronca tras recuperar un poco el aire. Notó un cambio de expresión en Stone y se adelantó para hablar.— Y antes de que te niegues por cualquier tontería, ¡es una orden!

— Como ordenes, Ivo. —ronroneó el nombre de su doctor con voz juguetona, dejando un último beso en la punta de su polla y se puso de rodillas en la cama.

De rodillas entre las piernas de Robotnik, dirigió sus manos hasta el botón del pantalón y empezó a desabrocharlo ante la atenta mirada del doctor. ¿Cómo era capaz de excitarse todavía más con solo ver la mirada que reflejaba con claridad la excitación de Ivo? Sin hacerse de rogar, bajó la cremallera del pantalón y agarró de una sola vez tanto el pantalón como los calzoncillos y los bajó de una sola vez, levantándose lo justo y necesario para poder quitárselos y tirarlos al suelo, soltando un suspiro de satisfacción al tener su polla húmeda liberada de la presión. El cuerpo de Robotnik vibró de anticipación al verla, sintiendo una necesidad que nunca antes había tenido hasta que Stone había entrado en su vida y con un poco de nervios, se movió para poder alcanzar la mesita anoche, cogiendo algo y dándoselo a Stone.

Stone, por su parte, siguió con la mirada curiosa el movimiento de Robotnik  y cogió el objeto que le estaba entregando. Al ver lo que era, alzó una ceja y volvió su vista al doctor, sonriendo divertido mientras la mano vacía empezaba a recorrer su muslo, bajando hasta llegar cerca de su entrepierna. — Sólo me pregunto si esto era planeado o…

— ¡Cállate y agradece que lo compré hace poco! Espero que sepas usarlo como es debido. — gritó avergonzado Robotnik, abriendo sus piernas ante el toque de Stone. No iba a darle la satisfacción de explicarle el por qué tenía un bote de lubricante abierto en la mesilla de noche.

Con una sonrisa, la mano que tenía en su muslo la movió para levantar la pierna del doctor para ponerla en su hombro y tener mejor acceso. Al tener las dos manos libres, abrió el bote y fue generoso en sus dedos, acercándolos a su entrada, donde expandió otra buena cantidad antes de tantear el agujero con un dedo. Repartió besos por la zona de la pierna que tenía a su alcance y cuando notó que apenas había tensión, metió un primer dedo. Robotnik intentaba relajar sus músculos con respiraciones lentas, tal como había aprendido de leer por internet. No era inocente, sabía que siendo su primera vez iba a doler pero cuando alzó la mirada y vio cómo Stone lo trataba con tanto cuidado, lo besaba con tanta devoción que parte de sus nervios se fueron. En ese momento supo que no había otra persona mejor para hacerlo que con Stone. Un segundo dedo entró y aunque al principio estaba incómodo, Stone dobló los dedos ligeramente haciendo que rozara con una zona en su interior que le hizo gemir y temblar.

— Lo estás haciendo tan bien, Ivo. —susurró contra su pierna, llevando la mano libre a su polla para acariciarla. Un tercer dedo entró sin mucha dificultad cuando vio que sus dos dedos se movían bien.— Con qué facilidad entran mis dedos, como si estuvieran hechos para ti. Me podría correr ahora mismo.

Las palabras de Stone, en otro contexto, lo haría enfurecer y le gritaría para que se callara. Claro, si fuera en otro contexto porque ahora, las únicas palabras que salían de su boca eran pequeños gemidos y movía sus caderas siendo alentado por sus palabras. Empezó a sentirse insatisfecho y abrió los ojos con dificultad, observando la cara enrojecida de Stone.

— H-hazlo ya, Stone. —su tono era una mezcla entre orden y súplica, a lo que Stone no pudo negarse.

— Está bien pero por favor, avísame cuando necesites parar. —murmuró dejando un último beso en su pierna antes de acomodarse, sacando sus dedos con suavidad.

— Ni que fuera una muñeca de porcelana que se vaya a romper. —soltó una pequeña queja al sentirse vacío sin los dedos de Stone.

Ese vacío no duró mucho pues rápidamente, Stone echó un poco más de lubricante en su polla y la acercó a la entrada de Robotnik, acomodando la punta en esta. Empujó sus caderas con lentitud, parándose de vez en cuando al ver como Robotnik agarraba con fuerza las sábanas y solo siguiendo cuando lo veía relajarse, haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad para no empezar a follarlo en ese momento. Una vez que consiguió meterla entera, bajó su cuerpo para abrazar al doctor, repartiendo besos por donde alcanzaba.

— Joder…me vas a partir en dos, adulador. —habló Robotnik, intentando recuperar la respiración para relajarse. La sensación, aunque incómoda, tenía un deje de placer al sentir como palpitaba la polla de Stone en su interior.

— Pero ha conseguido entrar entera. —soltó una pequeña risa mezclada con jadeo, alzando su cabeza para besar el cuello de Robotnik. —Cuando te sientas mejor, me lo dices y empezaré a moverme. 

Robotnik asintió con la cabeza y permitió que su cuerpo se relajara ante los besos y caricias de Stone mientras en su cabeza se hacía a la idea de que al fin, después de todo este tiempo tenía lo que quería: a Stone encima suya, besándolo mientras tenía su polla dentro suya, un pensamiento que le valió una contracción en su polla abandonada y un gemido. Conforme pasaban los segundos y sentía que su cuerpo se acostumbraba a la intromisión, el placer que sentía con tenerlo dentro estaba siendo insuficiente y buscando más de esa sensación, alzó sus piernas para rodear la cintura ajena y empezar a moverse. Stone comprendió a la perfección lo que quería Robotnik sin palabras y para hacer una primera prueba, levantó sus caderas hasta casi sacarla y la volvió a meter, ganándose un largo gemido. Ahí estaba la señal.

Agarró la cintura del doctor y sin separarse mucho de él, empezó a moverse con un ritmo lento y constante, con embestidas profundas contra su entrada. Se estaba deleitando cada vez que se movía el cuerpo de Robotnik bajo suya con cada embestidas, como los arañazos en su espalda iban a durar días y dios esperaba eso para poder verlas, recordar este momento y sentir que fue real. Las embestidas iban subiendo el ritmo, con un vaivén de caderas que hacía temblar la cama bajo suya. En una de estas embestidas, Stone se separó del cuerpo de Robotnik, agarró sus piernas y las empujó contra su cuerpo, teniendo un mejor y más profundo acceso.

— Desde que te vi bailar y lo bien que te movías y te estirabas, joder… —habló Stone con la voz tensa, frunciendo el ceño del esfuerzo. — Sólo pensé en estirarte por la nave y follarte así, como ahora estoy haciendo.

— ¿Tanto tiempo, Stone? No te tenía como un pervertido. — soltó una risa casi sin aire, arqueando su espalda a cada embestida. — Seguro que te tocaste después.

— Esa noche me corrí dos veces con la canción de fondo. — admitió apretando un poco más las piernas y dando una embestida profunda.

Robotnik abrió los ojos y arqueó la espalda junto a un gemido fuerte, más agudo de la cuenta cuando golpeó un punto en su interior. — ¡Stone! 

Una mano rodeó la cintura de Robotnik y la otra la puso en la cama para apoyarse en ella y sin cuidado ninguno, empezó a moverse con rapidez, follando ese punto una y otra vez. Stone pudo llegar finalmente al rostro de Robotnik y empezó a besarlo de forma desordenada, gimiendo contra su boca. Robotnik intentaba corresponderle pero a cada embestida parecía que olvidaba como respirar, sintiendo como la saliva se le caía por la comisura de sus labios. El cuerpo de ambos se tensaban con cada estocada, con movimientos cada vez más errático que indicaban lo cerca que estaba.

— ¡Ivo! No aguanto más… —gimió en alto apoyando su cabeza en el hombro ajeno.

— Sí, sí. Córrete dentro, Stone. ¡Sigue, joder! 

Stone llevó su mano entre sus cuerpos, agarrando la polla olvidada de Robotnik y empezar a moverla. Robotnik no necesito más para, en un gemido largo y sacado de lo más profundo de su garganta, se corriera en su mano y manchara por todo su estómago. Stone no tardó mucho más en correrse cuando sintió como la entrada de Robotnik se contraía por su propio orgasmo, apretando con fuerza su polla. No paró de moverse por el fantasmas del orgasmo en su cuerpo, llenando al doctor de su semen y solo cuando se le pasó un poco, salió de Robotnik con cuidado y se acostó a su lado, soltando un suspiro. Un movimiento a su lado hizo que abriera los ojos y sonrió con ligereza cuando Robotnik se giró con esfuerzo para estar frente suya; tenía los ojos vidriosos del mismo placer, despeinado, sudoroso con los labios hinchados y un pequeño rastro de saliva en la comisura. Era la perfección hecha persona.

— Ivo…deberíamos ir a limpiarnos antes de que se seque. Te aseguro que no te gustará esa sensación. —comentó llevando una mano hacia el rostro ajeno, acariciando su mejilla y apartando el cabello de su frente.

La contestación del doctor fue un murmullo casi inaudible, persiguiendo con su rostro la mano contraria. — No…

— ¿No qué? —repitió buscando respuesta, sin apartar su mano.

— No puedo… —consiguió decir cerrando los ojos, escondiendo parte de su rostro en la almohada para esconder la vergüenza.— Me tiemblan las piernas…no creo que pueda moverme.

La comprensión llegó tarde a Stone y no pudo evitar soltar una risita divertida, ganándose un gruñido por parte de Robotnik y una mordida en su mano. — Lo siento, lo siento. Descansemos un poco y luego nos limpiamos, ¿te parece mejor?

Robotnik asintió con la cabeza en señal de aprobación y se acercó más a Stone, dejando su frente apoyada en el pecho contrario, soltando un suspiro de relajación. Stone lo rodeó con sus brazos y dejó un beso en su cabeza, consiguiendo un sonido parecido a un ronroneo del doctor mientras se relajaba en sus brazos. Empezó a acariciar la nuca y espalda de Robotnik, dejándolo descansar unos minutos.

 

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No supo en qué momento se quedó dormido pero no tenía ganas de despertarse. Era la primera vez en su vida que se sentía tan relajado, sabiendo que era la endorfina que aún tenía en su interior y que recorría su cuerpo. El dolor en su trasero no había desaparecido y las piernas todavía le temblaban bajo la sábana pero nada de eso era comparable a la tranquilidad de su mente. Lo único que no le gustó fue que perdió el calor extra que proporcionaba el cuerpo de Stone y antes de que ni siquiera pudiera preguntarse a dónde había ido, escuchó la puerta de su habitación abrirse y el olor de café recién hecho y tostadas inundó toda la habitación. Con gran esfuerzo, se giró para ponerse de cara contra la puerta y abrió los ojos con pereza, divisando a Stone vestido con sus pantalones y camisa, portando una bandeja.

— ¿Ya te has despertado, doctor? ¿Cómo te encuentras? — preguntó con una sonrisa mientras se acercaba a la cama, dejando la bandeja en la mesita de noche. — He traído café y tostadas.

Un suave murmullo fue la contestación de Robotnik, volviendo a cerrar los ojos. No tenía ganas de levantarse, solo que Stone volviera a la cama y volver a acurrucarse contra su cuerpo caliente. Sí, iba a convertir a Stone en su estufa personal, lo había decidido en ese mismo momento mientras recordaba el calor que emanaba cuando se abrazó a él para dormir. Stone, viendo que no se iba a levantar, se sentó en el filo de la cama y dudó un poco antes de poner la mano en el hombro de Robotnik por encima de la sábana.

— Deberías comer antes de que se enfríe. Te sentará bien. —insistió de nuevo, dando suaves caricias por encima de la sábana.

— Mhm…voy. —contestó finalmente con la voz ronca y seca.

Con pereza y esfuerzo, pudo alzar su cuerpo hasta quedar sentado en la cama, apoyando su espalda en la cabecera. Tal vez Robotnik no se había dado cuenta, o sí pero le daba igual, pero Stone tuvo que morderse el labio inferior al ver el torso desnudo con diferentes chupetones y mordidas, prueba de lo que pasó hace unas horas fue real y no un sueño muy vívido. Cogió la bandeja de la mesita de noche y la colocó en las piernas de Robotnik.

Robotnik cogió primero el café con las dos manos, dejando que el calor de la taza quemara la palma de sus manos y al dar un pequeño sorbo, suspiró de alivio. Sosteniendo el café con una mano, la otra fue a coger la tostada y le dio un mordisco, murmurando de satisfacción. Tras ese mordisco y haciendo caso a su cuerpo, prácticamente devoró todo lo que tenía delante.

— Te has librado del castigo por irte sin avisar. —murmuró dando el último sorbo de su café antes de soltarlo en la bandeja, la cual Stone retiró rápidamente.

— Sólo fue por una hora, ¿me echaste de menos? —sonrió divertido, ganándose un bufido por parte del doctor.

— ¡ Humpf ! Insolente. —aunque lo insultara, su voz no tenía veneno alguno. No supo en qué momento lo perdió cuando se trataba de Stone.— Solo…tengo el cuerpo helado, ¿vale? Y eres como una estufa andante.

— Entonces, doctor…¿quieres?

Un solo leve asentimiento en la cabeza, fue suficiente para que Stone se quitara los zapatos con rapidez y se subiera a la cama hasta ponerse al lado del doctor, abriendo los brazos con determinación. Robotnik rodó los ojos pero no se quejó, acercándose a su asistente y dejándose abrazar con un suspiro de satisfacción. Acabaron tirados en la cama de nuevo.

— Y otra cosa, Stone. —habló al cabo de unos minutos, separándose un poco quedando su rostro frente a la de Stone.

— ¿Sí, doctor?

— ¿Quién te ha dicho que puedes volver al “doctor”? —preguntó con un pequeño berrinche

— Oh…no. —contestó con cierta duda, sintiendo como sus mejillas se enrojecía.— Pensé que solo quería que te llamara así durante el sexo.

— Y en vez de preguntar , deduces. Ah, ah. Aquí alguien no ha aprendido la lección. —se burló ladeando una sonrisa, que intentaba esconder el creciente nerviosismo que se acumulaba en su cuerpo.— En el trabajo sí que debes llamarme así pero ahora…mientras no estemos trabajando, no es necesario.

— Está bien, Ivo. —sus facciones se suavizaron al saborear de nuevo el nombre del doctor en su boca. Por debajo de las sábanas, sus manos empezaron a trazar un camino imaginario por la curva de su cintura y cadera, notando como el cuerpo contrario se estremecía ante sus caricias.— Y hablando de lo que ha pasado…ha estado increíble.

— Por supuesto. —se derritió en las caricias de Stone, acortando un poco más la distancia.— Tu no estuviste nada mal, adulador…

— Gracias, supongo. —sonrió divertido y también se acercó hasta quedar nariz con nariz, entrelazando las piernas para una mejor cercanía. — Y ahora, ¿qué? Es decir, ahora que hemos dado este paso. 

Stone no quiso preocuparse mucho en el después pero tras estar una hora donde se dedicó a limpiar a su doctor dormido y a él mismo, avanzar un poco con su trabajo y preparar la comida, no pudo evitarlo. Habían traspasado la barrera de jefe/asistente y no sabía bien cómo abordarlo, sobre todo con alguien tan caótico como es Robotnik. Ivo se dio cuenta del hilo de pensamientos de su asistente y cortó con la poca distancia que quedaba, dejando un beso en sus labios. No quería reconocerlo pero ahora que había probado lo que era besar y tener unos labios tan suave y cálidos como los de Stone contra los suyos, en lo único que pensaba era que quería más de eso.

— Ahora, mi querido adulador, lo que vamos a hacer es descansar un rato más. —contestó cuando rompió el beso. — Después, recuperaremos las horas perdidas y no pienses que te las voy a pagar. —aprovechando la cercanía, dejó un suave mordisco en su barbilla, ganándose una risa divertida por parte de Stone.— Y cuando terminemos pues…podrías probar algo que dijiste antes…

Stone intentó hacer memoria pero, sinceramente, dijo muchas cosas y no podía saber a cuál se refería exactamente. — ¿Podrías refrescarme la memoría?

Un pequeño sonrojo apareció en las mejillas del doctor y Stone se mordió el interior de su boca para controlar y no empezar a besarlo. —Tu déficit de memoria post-coito no debería sorprenderme. Cuando mencionaste mi baile en el hangar…

— Oh, lo recuerdo perfectamente. —gruñó por lo bajo, sintiendo un calor muy reconocible acumulándose en su estómago. 

— Muy bien.—Robotnik notó el cambio en Stone volvió a acercarse, dejando pequeños besos por la mandíbula y mejilla hasta llegar a su oído.— Si avanzamos rápido el trabajo, podríamos tener tiempo para un par de pruebas en el hangar… —susurró en su oído antes de apartarse pero unas manos agarrando su cintura con fuerza no lo permitió.— ¿Eso es un sí, Stone?

— Siempre, Ivo. —y esta vez fue él quien inició un beso profundo que Robotnik aceptó con gustó, colocando sus manos en el pecho de Stone.

Podrían preocuparse en el futuro sobre las implicaciones de empezar algo parecido a una relación pero ahora mismo, metidos en la cama mientras se abrazaban y se besaban con calma, en lo único que podían pensar es en el ahora y disfrutar del momento.

Notes:

Espero que hayáis disfrutado de esta segunda parte no planeada en un principio pero que sentía necesaria para culminar la relación entre este Stone y Robotnik.

¡Cualquier comentario es bienvenido! Tanto buenos como constructivos que me ayuden a mejorar.

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