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Fin de Semana de Esposos

Summary:

Megumi había visto una vez una telenovela con Tsumiki donde la protagonista era muy atrevida. Una noche que estaba sola, la chica se metió a nadar desnuda en la piscina de la donde trabajaba (era la sirvienta), y desde esa vez Megumi se preguntaba qué se sentiría nadar así. Jamás se le había presentado la oportunidad, hasta hoy que su hermoso esposo reservó esta increíble habitación solo para ellos. El Omega se sumergió y nadó un poco, disfrutando de la fluidez del agua en su cuerpo completamente desnudo. Ni siquiera había palabras para expresar la libertad que sentía, aunque desde que está con su Alfa se siente más libre que nunca, puede ser él mismo y tener momentos como este.

—¿Te diviertes sin mí?

Notes:

ASÍ ES AMIGOS, ORGANIZARON OTRA ITAFUSHI WEEK Y YO ESTOY AQUÍ FIEL A MI OTP PORQUE QUIERO Y PUEDO.

Este escrito pertenece al Au “Ginger” pero si no lo has leído no importa se puede leer por separado 💕

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Aunque la culpa se instaló en sus conciencias cuando dejaron a sus dos pequeños hijos en casa a cargo de la tía Tsumiki, la joven pareja no podía negar que tenía muchísima ilusión de vivir un fin de semana “solo para esposos” en un hermoso resort playero todo incluido lejos del ruido de la ciudad, de la gente, de Ginger pintando garabatos sobre todas las paredes de la casa y de Umi con el micrófono-parlante de bebé que le regaló el tío Choso y que martillaba sus oídos cada cinco minutos.

Necesitaban tiempo a solas y nada sería mejor que un fin de semana hermoso para disfrutar de su matrimonio. Un sábado y domingo libre de llantos, rutina y agotamiento.

Desde su ciudad hasta la isla vacacional tomaron un vuelo corto a primera hora de la mañana de 45 minutos de duración donde pudieron observar mar abierto y degustar un delicioso sandwich otorgado por la aerolínea una vez llegaron al aeropuerto. Yuuji vestía pantalones cortos de jean con una guayabera blanca y Megumi un jogger de tela delgada con una sudadera negra. Sus atuendos demuestran que son una pareja dispareja, pero bien dicen que los opuestos se atraen.

Al pisar el hotel el corazón de Yuuji brincó de emoción. Planeó esto durante meses, traer a su lindo esposo de vacaciones para que se relaje y para que disfrute de todas las atenciones y cariños que él tiene para darle. Megumi es un médico y esposo maravilloso, se merece lo mejor.

—Ya quiero ir al buffet —dijo Yuuji tomando entre sus dedos la tarjeta de la habitación otorgada por una recepcionista muy amable mientras imaginaba las deliciosas comidas que degustará durante el fin de semana—, y a nuestra piscina. D-digo, a la piscina del hotel.

No se lo dijo a Megumi todavía, pero él no había reservado una habitación modesta y normal como habían dicho cuando acordaron viajar. Él se tomó el atrevimiento de poner un poquito más en el presupuesto para reservar otro cuarto mucho más ostentoso.

—Wow… ¿Esta es nuestra habitación?

Megumi se quedó sin palabras que decir, ante sus ojos la elegancia de una habitación tipo cabaña lo confundió por un instante. No se parecía en nada a la habitación que vieron juntos en la web, esto era… deslumbrante.

Espaciosa, de color blanco con detalles azulados en madera tipo Santorini, una cama enorme en el centro perfectamente acomodada con pétalos y toda la cosa, sillones elegantes, algunos electrodomésticos como microondas y cafetera full equipada al lado de un pequeño fregaplatos, la habitación tenía ventanas grandes desde donde se podía ver el mar, y el baño era de lo más moderno. Los jóvenes esposos caminaron juntos hasta una puerta del fondo para detenerse en seco cuando una piscina pequeña pero de lujo con borde infinito se presentó para ellos.

—Creo que nos equivocamos de habitación —Megumi estaba seguro de eso, les dieron una llave que no era y ahora su tarjeta de crédito sufriría las consecuencias. Iba a decir algo más, pero un abrazo dado desde la espalda y un beso suave en la mejilla cortesía de su esposo lo detuvo.

—Lo reservé para ti, amor. Te lo mereces.

La sonrisa de su Alfa era una de las más deslumbrantes que le veía hasta ahora. Casi tan bonita como la que puso en cada uno de los nacimientos de sus hijos.

No era de tartamudear, pero aún así lo hizo: —Y-Yuuji, pero… ¿por qué?

Cuando Megumi se emocionaba no existía parche en el mundo que pudiera disimular lo dulce de su olor a miel y menos cuando las emociones eran producidas por Yuuji. Su Alfa seguía abrazándolo aunque sin mirarlo por estar muy ocupado dejando besos en la parte posterior de su cuello, murmurando lo rico de su olor.

—Porque te amo y te mereces lo mejor —fue lo único que dijo antes de dejar un beso sobre sus labios.

Fue una maravillosa manera de comenzar el fin de semana de esposos. Megumi sonrió, Yuuji sonrió más fuerte y se tomaron de la mano para salir a aprovechar las bebidas ilimitadas del buffet, además de nadar un poco.

Primero brindaron con una caipiriña, luego con un daiquirí, después piña colada. Los esposos disfrutaban del sol del mediodía y del sonido de las olas tratando de no pensar en Ginger y Umi que de seguro los esperaban en casa llorando mares por su ausencia.

—¿Qué te dijo Tsumiki?

—Todo bien con los niños, están viendo una película y me dijo que va a prepararles puré de papas con nuggets para cenar. Ahorita les dio sopa.

—Tsumiki está lista para ser mamá —bromeó Yuuji—. ¿Será que le presento a Todou?

Megumi lo miró con cara de veneno, a lo que él solo pudo reírse.

Otra piña colada llegó a sus manos, era más hielo que otra cosa pero igual se sentía el sabor del licor. Con tanto calor, Megumi por fin se animó a entrar al mar, quedándose solo en un minúsculo short de playa de color negro. Yuuji se lo llevó en brazos marcando territorio notoriamente ante las mal disimuladas miradas de un par de Alfas que observaban sin pudor el abdomen de su lindo Omega.

—Malditos —masculló expulsando muchas cantidades de sus feromonas a propósito. Odiaba a todas las personas que le ponían los ojos encima a su amor.

Para estas alturas de su relación, Megumi ignoraba lo posesivo de Yuuji. No entendía por qué era tan territorial si ellos son pareja destinada, casada y con dos hijos. En fin, cosas de Alfas. Como el agua estaba cálida y se podía jugar con las olas, Megumi rodeó el cuello de su esposo con los brazos y abrazados se pusieron a saltar olas, dándose besos de vez en cuando. Después regresaron a la sombrilla para aplicarse más protector solar y pedir otras caipiriñas.

—Eres muy hermoso bajo el sol —le dijo Yuuji sentándolo en sus piernas—. Mi lindo Gumi.

Luego de esa caipiriña vinieron más mojitos y otras bebidas afrutadas que les ofreció el bar ilimitado del hotel. Los esposos bebieron, comieron bocadillos, se subieron a los juegos de playa y para las cinco de la tarde entraban a trompicones a su habitación, apenas disimulando las ganas que tenían de amarse como dos animales hambrientos. Ni bien Megumi cerró la puerta buscó la boca de su Alfa para besarlo sin importarle chocar dientes, narices, lenguas y todo. Las manos de Yuuji volaron a sus caderas, apretando la carne aún mojada por el mar. Salieron volando por los aires sandalias, franelas, shorts de playa, y cuanta cosa tenían encima.

El olor a jengibre de Yuuji inundó la habitación, encendiendo de inmediato el instinto primitivo en su pareja que le pasó la lengua por la glándula repetidas veces de forma obscena.

—Amo tu olor, te amo Yuuji. Te amo.

Qué buena música para sus oídos. Yuuji enroscó sus dedos en los mechones de cabello de su amor, se disponía a devorar su boca con todo, pero el sonido característico del llamado a la puerta los detuvo.

《Servicio a la habitación》 dijo alguien del personal del hotel.

Como pudo, Yuuji se puso su short y Megumi salió corriendo a esconderse del lado de la piscina.

El ambiente allí tenía algo mágico, más acogedor, más cálido. No era una piscina profunda y su diseño infinito la hacía especial. Megumi había visto una vez una telenovela con Tsumiki donde la protagonista era muy atrevida. Una noche que estaba sola, la chica se metió a nadar desnuda en la piscina de la donde trabajaba (era la sirvienta), y desde esa vez Megumi se preguntaba qué se sentiría nadar así. Jamás se le había presentado la oportunidad, hasta hoy que su hermoso esposo reservó esta increíble habitación solo para ellos. El Omega se sumergió y nadó un poco, disfrutando de la fluidez del agua en su cuerpo completamente desnudo. Ni siquiera había palabras para expresar la libertad que sentía, aunque desde que está con su Alfa se siente más libre que nunca, puede ser él mismo y tener momentos como este.

—¿Te diviertes sin mí?

La voz de Yuuji desde arriba lo hizo sonreír. En sus manos llevaba un regalo que había encargado para ellos con los chicos del restaurante: una tabla de quesos y una botella de champagne con dos copas. Se veía tan hermoso el arreglo que Megumi le pidió que trajera el teléfono.

Le tomaron una foto al regalo y se tomaron una selfie ellos mismos dentro del agua abrazados y más enamorados que nunca. Como salían del pecho para arriba y no se veía nada raro, Yuuji la puso de inmediato en sus historias con un escrito que decía que estaba con el amor de su vida y un montón de cosas cursis.

Inevitablemente aprovecharon para escribirle a Tsumiki y ella les respondió con una selfie acostada con los bebés mirando programas de niños.

—Salud, mi amor.

Brindaron con sus copas por su fin de semana de esposos mirando el atardecer desde la piscina privada. Yuuji tomó un par de fotos del paisaje también.

En un determinado momento el aire entre ellos cambió y dejaron las copas a un lado para volver a besarse. Esta vez con más calma, disfrutándose el uno al otro. Sus labios se movían en lo que parecía ser una coreografía practicada, perfecta, llena de amor y deseo. Sus olores poco a poco comenzaron a mezclarse, las manos de Yuuji volvieron a las caderas de su Omega, acercándolo a su cuerpo, justo donde sus miembros despertaban buscando más fricción.

La temperatura iba subiendo, las caricias se hicieron más necesitadas y los besos más hambrientos. Tan mareados por el deseo y la bebida se olvidaron del mundo, solo existían Yuuji y Megumi sobre la tierra, amándose, anhelándose, recorriendo con las yemas de los dedos sus espaldas y brazos.

Si fuera por el Alfa lo tomaba ahí mismo, pero para algo mandó a poner pétalos de rosas en la cama, quería que su momento fuera perfecto, tierno y romántico como tenía que ser, así que sujetó a Megumi por los glúteos, sacándolo del agua sin ningún tipo de esfuerzo físico y amasando toda la carne de su trasero mojado hasta que lo puso contra el colchón.

Sus pupilas se dilataron al oler a Megumi y verlo mojado con pétalos de rosas pegados a su piel blanquecina.

—Tan hermoso, tan bello —le dijo antes de bajar a lamer la glándula de su cuello de forma obscena, a la vez que sus dedos estimulaban los pezones de Megumi, robando suspiros de su boca, provocándolo hasta que el Omega interno de su esposo lo llamó.

—Alfa, por favor…

Conocía bien el primer llamado. Megumi ya tenía las piernas abiertas con líquido espeso saliendo de su ano, listo para ser estirado y posteriormente follado hasta la inconsciencia.

Yuuji introdujo el primer dedo con facilidad.

Megumi gimió contra su boca abriendo más las piernas, su miembro de Omega ya prensado con un par de gotas en la punta.

—Alfa…

Que rápido. A Yuuji le hubiese gustado esperar, pero ¿quién era él para contradecir a su amor? Con cuidado fue metiendo el segundo dedo, feliz de sentir más líquido de Megumi bajar, ensuciando todo a su paso.

Envolvió con su lengua un pezón al azar, chupando fuerte. Megumi volvió a gemir, esta vez más necesitado que antes.

Yuuji había aprendido mucho desde aquella primera vez en el aula vacía. Ahora se tomaba su tiempo para honrar a su Omega, recorría con devoción cada parte de su cuerpo: los hombros, la clavícula, sus brazos fueron llenados de pequeños besos a la vez que sus laboriosos dedos entraban y salían buscando más estiramiento. El olor de Megumi lo tenía mareado, ya conocía donde tocarlo para cambiar su aroma así.

Su atractivo Omega se tensó por completo al recibir un dedo adicional, Megumi se aferró a las colchas de la cama lamiendo la glándula de su Alfa con necesidad, disfrutando de la presión de los dedos de Yuuji contra su próstata.

—¡Uhmm! Alfa ♡ —Un brillo de sudor apareció en su frente, Megumi se retorció temblando.

Yuuji también gimió, su miembro de Alfa palpitaba deseoso por atenciones, pero quería que su esposo terminara primero, así que masajeó su punto dulce con experiencia manteniendo un ritmo constante y suave, expulsando feromonas sin escatimar la cantidad. El Omega se corrió con un chillido, sus pies se encogieron involuntariamente al cantar el nombre de Yuuji que no esperó un segundo más para voltearlo sobre el colchón y ponerlo a cuatro patas.

Le encantaba ver a su Omega así: abierto, dispuesto, sudado, con pétalos de rosas pegados a su espalda, glúteos y muslos. Yuuji le dio una nalgada que resonó en las cuatro paredes de la habitación y comenzó a penetrarlo con facilidad gracias a la abundante cantidad de humedad de su Omega.

Lo ama. Su Omega es tan maravilloso y lo acepta tal como es, se deja cuidar, lo atiende, lo ama, siempre está listo para él. Es perfecto.

Afortunadamente, las paredes de las habitaciones son insonorizadas, por lo que solo ellos escucharon sus propios sonidos escandalosos y el golpe de sus pieles húmedas chocar. Cuando Yuuji tenía la libertad de hacerlo, se convertía en un Alfa brutal lleno de energía y deseo. Su miembro entraba y salía estirando la sonrosada piel de su Omega con un ritmo enfermizo, sus manos aferradas a las caderas de Megumi dejando marcas rojas sobre su piel.

El nudo de Yuuji se hinchó abultando el vientre de Megumi cuando los dos se rindieron echándose sobre la cama, chorros abundantes del semen del Alfa salieron entre gemidos y espasmos. Sus olores mezclados a la perfección, sus manos entrelazadas y sus piernas enredadas los unieron como uno solo.

Jadeando, Yuuji miraba la mordida que le hizo a su Omega durante su último celo. El color ya no era tan rojizo, sino más bien durazno rosa. Algo dentro de él le dijo que tenía que volver a marcarlo o de lo contrario otros Alfas lo marcarían para robarselo.

—Sé lo que estás pensando —susurró Megumi buscando su boca para darle un beso de pico—. Nadie va a marcarme, ¿de acuerdo? Solo tú.

—¿Puedo…?

—No. Estamos de vacaciones, quiero ir a la playa por la mañana.

—Tus deseos son órdenes —Se rio aunque así era, cualquier cosa que pidiera su Omega se la daría, en el momento que quisiera y cómo lo quisiera. Una mordida justo ahora no dejaría que su amor pueda bañarse en la playa.

Sin embargo, los esposos disfrutaron tanto de su privacidad que solo volvieron a ver el mar desde la piscina de su habitación, porque el resto del fin de semana se lo pasaron haciendo el amor a toda hora, disfrutándose, aprovechando el tiempo. Solo se detenían para salir a comer en el buffet y regresar a enrollarse con las sábanas.

Fue el mejor fin de semana. No hubo superficie de la habitación que no usaran para devorarse. Y eso que ninguno de los dos estaba en celo.

De regreso en el avión, Yuuji tenía una cara muy extraña. Megumi se imaginó que era por dejar atrás el pequeño nido de amor que hicieron en el resort, pero se echó a reír con ternura cuando su esposo le dijo que echaba de menos a sus bebés.

—Yo también los extraño, espero que no hayan enloquecido a mi hermana.

Notes:

Y aquí termina el primer día Omegaverso/Nadar Desnudo de la #Itafushi Week amigosssss espero que les haya gustado este aporte y espero sus comentarios. El escrito de mañana será publicado a la misma hora!!!

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