Chapter Text
Prólogo. Todo inicia por una historia.
Para Hoseok ser hijo de un corvain no es algo emocionante, nunca lo fue desde que tiene memoria, han habido profesores particulares cada cierto tiempo, clases de manejo de la espada y un reducido tiempo para su propia pasión. Añade a su lista mental, el hecho de que su familia tiene una gran relación con la familia real, un lado positivo para tantas cosas terribles que ha vivido; sin embargo, por lo mismo que su relación es buena, se da por algo más importante…
Su familia ha existido desde que nació ese reino de nombre Cease que poco a poco se fue convirtiendo en imperio, apoyo al primer elyndor y se ofreció a servirle por el resto de sus vidas, siendo así el hecho de que terminaron siendo caballeros desde esa antigüedad. Recibiendo un título único porque estos servirían al elyndor, su familia y lo que se le pida. El castaño no puede protestar por nada de ese estilo, ser algo tan importante como eso le ha resultado fascinante, dado que también su familia educa incluso a omegas como él para ser caballeros. No se ha perdido en estudiar en el baile, en las clases de costura o aprender sobre los diferentes tipos de tés, como su esposo pensó en la primera ocasión que hablaron, un acuerdo matrimonial de una alianza entre dos familias poderosas.
No le enseñaron las artes que aprenden los omegas para ser un buen esposo o esposa, sino que desde su nacimiento estaba prescrito que sea cómo resultará su casta, Hoseok dedicaría su vida a convertirse en Veythar. Luego de eso, juraría lealtad al elyndor para poder hacer su deber como lo marca su familia, independientemente de estar casado y viviendo en otra casa.
Aquella tarde escucha a su dama de compañía, Nayeon le habla emocionada por el vestido elegido para la hija de Hoseok, esa noche habría un baile para las debutantes y se volvería parte de esa terrible sociedad. Algo que él cuando la vio nacer, deseo que nunca sucediera porque este mundo es complejo, su hija no tiene madera para la sociedad porque es terca y mal educada. Nunca ha dado la talla para relacionarse con los demás jóvenes de su edad, además solo tiene un objetivo en mente, cosa que no ha logrado que entre en razón.
— ¿Usted cree que consideren a la señorita Hyemi como posible pareja para el luthien? —habla emocionada su dama, a pesar de que Hoseok sabe que no será así, ella le está ayudando con el cabello
—No vayas a meterle ideas tontas a Hyemi, ya su padre le ha dicho que el luthien tiene muchos pretendientes y no todo está asegurado —responde viendo la ropa que han elegido para él, estará un poco con su hija y el demás tiempo al lado del elyndor como su escolta—. Es como lo que hable con Taehyung, nada está destinado a hacer, aunque con él ha sido más sencillo, le gustó el hijo de los Kim y su matrimonio si se dará
—El joven Taehyung tuvo suerte, pero me gustaría pensar que para la señorita Hyemi se dará lo que ella sueña desde pequeña y… —habla Nayeon soñadora mientras deja de cepillar el cabello del contrario
—No hables de eso con Hyemi, Nayeon —pide Hoseok negando con la cabeza
Termina de arreglarse para enviar a su dama de compañía a que ayude a su hija, tiene que adelantarse debido al labor importante de cuidar al elyndor, Hoseok no llevaría una espada o algún arma, no cuando tiene magia para invocar. Solo la utiliza en momentos determinados, las espadas que lleva consigo son adornos a comparación a las que sabe invocar. Un simple protocolo que debe cumplir, una cadena de deberes que debe seguir como se le educó desde temprana edad. Todo se mueve de manera sistemática, tiene tantas reglas que algunas veces solo quiere desaparecer y dejar de ser en este imperio.
Aquel día, Hoseok camina por los pasillos del palacio real, son más silenciosos de lo que frecuentemente eran todos los días, el castaño volteó a ver su reflejo en una de las grandes ventanas. Sabe que parece sereno por fuera, pero por dentro está nervioso porque esta noche no es para que ocupe su armadura o espada al cinto. En su lugar, lleva un atuendo confeccionado por uno de los sastres más grandes del imperio —un regalo que su esposo hizo, para que él y su hija fueran combinados; símbolo de que la está apoyando—, una pieza de gala reservada solo para las ceremonias más importantes. Un detalle que la familia Jung conocía desde sus antepasados y ahora vuelve a portar, porque desde que se casó, cambió de costumbres.
La chaqueta entallada en tonos lavanda y azul medianoche abrazaba su figura con elegancia majestuosa. El degradado del tejido parecía simular el cielo al anochecer, justo antes de que las estrellas comenzarán a encenderse. Finos bordados dorados recorrían los hombros y las mangas como si dibujaran constelaciones secretas, sellos protectores ocultos entre arabescos celestiales. Pequeñas gemas amatistas centelleaban al ritmo de sus movimientos, colgando en delicadas cadenas de oro que pendían de su solapa y de los puños semi-transparentes.
Bajo la chaqueta, una camisa blanca de cuello alto le otorgaba un aire sobrio y refinado, y el corbatín vaporoso atado con una joya lila al centro le recordaba, con un nudo dulce en el pecho, que esa noche no era solo un caballero: era un padre de una señorita.
Los pantalones blancos impecables alargaban su figura, bordados en los laterales con hilos dorados que dibujaban raíces entrelazadas, símbolo de legado y linaje. Las botas azul profundo, firmes pero ornamentales, contrastan con la ligereza del faldón asimétrico que caía tras él como una segunda capa. Era un manto etéreo en tonos púrpura y añil, con capas que ondeaban al caminar como si una parte del cielo le siguiera a donde fuera.
Desde la espalda, cadenas doradas descendían con gracia, sujetando cristales y esferas encantadas, cada una representando un momento, un juramento, un recuerdo. Y en la joya central que colgaba de su espalda, llevaba grabado el nombre de su hija: una de las debutantes de esa noche.
Hoseok respira hondo, no había instante más importante que ese día, el debut de su hija y la veía crecer así como vio a su hijo mayor, después verá a los gemelos y por último a su niña —la más pequeña, uno de sus más grandes tesoros—. Bajo la luz de los candelabros y el reflejo de los vitrales, su figura resplandece como la estrella que guía la oscuridad. Alguno que otro sirviente le saluda, da una suave reverencia porque se dirigen al Veythar del elyndor, formalidades que siempre vivió desde que inició su entrenamiento.
Se dirige primero a donde se ha de encontrar el serathis, su hermana Jiwoo le acompaña siempre, es la persona de su familia que se encarga de cuidarlo, velar por su seguridad y ella sonríe cuando le ve entrar. Se arrodilla ante serathis Park Jimin, escucha que habla algo con sus damas de compañía antes de recibir la orden de levantarse, Jiwoo se acerca para verlo de pies a cabeza; analiza cada detalle de su prenda. Ambos no llevan armaduras que les cubra, portan finas ropas que son clara muestra de un protocolo que tienen que cubrir.
—Espero que Hyemi esté feliz —dice Jiwoo antes de dar un paso atrás al ver que se acercan a ambos
— ¿Buscas al elyndor? —Jimin pregunta acomodando unas joyas en sus muñecas, él es un omega precioso
—Realmente vine porque el mismo elyndor, me pidió que le acompañe un rato, ya que luthien debe tener un poco más de protección —explica con calma, sus ojos se encuentran viendo a cierto punto de la pared, distante porque no puede más que mirar a otro lado—. Mi hermana será quien asigne al próximo thalyon temporal para luthien hasta que su próximo Veythar jure lealtad a luthien como marca la tradición
— El elyndor Yoongi es tan considerado, ¿no lo cree serathis? —habla Momo, una dama de compañía de Jimin—. Y pensar que aún no se presenta el futuro Kaelthar, sigue procurando a su hijo mayor a pesar de ese problemita
—Que el luthien Yujin no haya presentado signos de la magia imperial, no significa que hables así de él —comenta Jiwoo cruzándose de brazos reprendiendo a la dama
—Basta. Si elyndor pidió que su veythar me acompañe, entonces, seguiré con el horario previsto y pido que mi querida Jiwoo vaya a cumplir la petición —pide Jimin poniendo orden—. Vamos, Hoseok. Tengo que ver algunas cosas del banquete antes de soltarte para que veas a mi esposo
Jiwoo se marcha por el lado izquierdo, Hoseok sigue dos pasos atrás a Jimin mientras piensa, el futuro thalyon del luthien Yujin quedaría entre alguno de los hijos de las familias nobles. Después cuando la hija de Jiwoo pasara el examen para veythar dentro de la familia, sería asignada a cuidar de aquel joven, similar a su padre el serathis tan hermoso que cualquiera se enamora con verlo de cerca. Igual que le pasó a su hija Hyemi, tal vez es una condena que tiene por ser la hija de Hoseok y vivir la misma historia que vivió él desde la infancia o solamente es un capricho infantil, nunca se sabe con su hija que siempre cambia de opinión.
No es como si esa historia fuera algo dramático, sino una aceptación que a pesar de todo, lo que quiso nunca se cumpliría porque tienen diferentes roles en la vida. Se despide de Jimin cuando vuelve Jiwoo, tal vez una condena para Hoseok es ser veythar como todos en su familia, condenado a servir a la familia del imperio y verlo todos los días que duele. Eso creyó mientras crecía, la distancia aumentaba y en algún momento ocurrió algo que aún guarda como un secreto.
Llega dando una reverencia al elyndor del imperio de Cease, es un solo instante donde puede percibir el aroma a fresa y chocolate amargo. Momentáneo y diminuto. Yoongi le da una sonrisa cordial, pequeña como puede dar a cualquiera de su servidumbre —por no decirlo más feo—, porta uno de los tantos trajes que ya ha visto millones de veces, diferentes colores y detalles. Nunca cambia, siempre se ve igual desde que su memoria recuerda a un niño con el que se hizo su amigo.
Un traje único para eventos tan importantes como este, Hoseok ha de recordar cada traje en su memoria, así como cuando Yoongi lo portó cuando se presentó ante la sociedad. Luego su compromiso anunciado con el príncipe Jimin de un lejano reino, en su boda, en la coronación y nunca se cansa de notar que cada traje confeccionado de forma similar, tiene un diferente detalle como algún color o algo—por muy minúsculo que fuera—.
—Honor y gloria al sol del imperio —dice Hoseok con calma
—Puedes levantarte, Hoseok. Una vez entre con mi familia, puedes retirarte a acompañar a tu hija por lo que resta de la noche —comenta Yoongi con calma—. Pediré que un thalyon me acompañe o para que te sientas más cómodo un arveth
—Mi deber siempre ha sido estar con usted, elyndor. Ya no debo descuidar mi promesa, aunque agradezco que me considere para tener tiempo con mi hija —responde aún manteniendo la calma
—No es necesario…
Un leve silencio se prolonga, la mirada de Hoseok se dirige a la cicatriz que tiene Yoongi en el lado derecho de su ojo, ¿cuánto tiempo ha pasado desde ese accidente?
Se levanta antes de que Yoongi continúe hablando, intentando convencerlo de que vaya con Hyemi, este a lado de su esposo e hijos lo que resta de la noche. Recuerda una vez más la promesa silenciosa que hizo hace años, el amor que profesó desde ese entonces y que se arrepiente de no haberla cumplido en una ocasión.
Uno de los sirvientes beta ajusta algunas cosas en el traje de Yoongi, Hoseok vuelve la mirada en el elyndor del imperio y nota que aquella vestimenta es similar a una que recuerda hace tiempo. Para cualquiera que viera en el paso del elyndor, Yoongi se erguía con la solemnidad de quien carga sobre sus hombros el peso de un imperio —lo aprendido en clases de etiqueta desde edad temprana—.
Su traje de un negro profundo casi como obsidiana, estaba bordado con intrincados motivos dorados que se extienden desde el cuello hasta el pecho, semejando raíces y constelaciones entrelazadas, simbolos del vinculo eterno entre la corona y su pueblo. Sobre él reposa una faja escarlata cruzada de hombro a cadera, sujeta con un broche ornamental que representa el blasón real, recordando a todos que bajo esa elegancia también latía la fuerza de un gobernante dispuesto a ver por el bienestar de su imperio.
La capa azul real, con forro en rojo intenso, cae desde sus hombros como un manto de cielo y fuego. El borde estaba recubierto de un espeso cuello de piel negra, aportando al conjunto un aire imponente, casi marcial, digno de un soberano que no solo gobierna, sino que inspira respeto con su sola presencia.
Su cabello, oscuro y ligeramente largo, caía en mechones rebeldes a ambos lados de su rostro, enmarcando la serenidad fría de sus rasgos. Y sobre su cabeza descansaba la corona imperial: un delicado equilibrio entre severidad y belleza, forjada en oro antiguo con incrustaciones de piedras profundas que reflejaban la luz de los candelabros como estrellas capturadas.
Las botas altas, de un brillo impecable, reforzaban la rectitud de su porte, mientras que a su costado reposaba su espada ceremonial, finamente decorada, más símbolo de autoridad que de guerra. Cada detalle de aquel atuendo no era solo vestimenta, sino recordatorio vivo del poder que representaba. Yoongi, elyndor, no necesitaba pronunciar palabra alguna para imponer: su presencia, envuelta en aquel manto de autoridad y realeza, era suficiente para que todos se inclinaran ante él.
Es como cuando entra al gran salón, todos se inclinan saludando al sol del imperio, observan después al luthien que es, para toda la sociedad es un hecho que sería, el kaelthar antes de que terminara el año. Hoseok se para al lado de su hermana, muy cerca de donde está su padre y madre —quienes sirvieron al emperador anterior—. Puede ver entre tanta gente a su esposo, llevando de la mano a su hija; muy cerca su hijo mayor, Taehyung que va de la mano del hijo mayor de la familia Kim. Todo se vuelve un latente recuerdo de su época de juventud, aquellos años donde creía que lo lograría, se podría casar con Yoongi a una edad más considerable y sus planes estaban hechos.
Sueños rotos de un amor imposible, dividido por el deber y el deseo; pese a que nunca han dejado de añorarse, tienen que mantener una fachada fuera de. Ante la sociedad solo es el Veythar más importante del imperio, aquel que cuida al elyndor de cualquier forma y quien daría su vida si fuera necesario.
—Hyemi se ve tan hermosa, ¿qué te dijo Jackson cuando ella pidió presentarse el mismo año que el luthien? —pregunta Jiwoo presenciando el primer baile, después los padres presentan a sus hijos ante el elyndor
—Creeme que comprende cómo se siente, pero le dijo que no se hiciera falsas esperanzas, si el luthien Yujin se convierte en kaelthar… Ya sabes lo que significa —comenta Hoseok imaginando una situación precaria—. Aunque es imposible hacerla entrar en razón, es tan terca y no se de donde obtuvo la idea de que puede ser pareja del luthien
—Sabes que existe una mínima posibilidad, Yujin no es el único hijo que tuvo y tampoco simboliza que por ser el mayor será bendecido con el sol —responde ella con calma antes de aplaudir—. Deberías ir a bailar con tu hija, Hyemi te necesita igual
—Iré después de que baile con Jackson —contesta sin decir mucho más
Hay un discurso, palabras emotivas para los jóvenes que se presentan ante la sociedad e igual como el luthien bailo con elyndor, algunos bailan con su padre o madre alfa, dependiendo de que tienen. Su hija se ve preciosa, es una hermosa flor en primavera con esa encantadora sonrisa y a lo lejos puede ver a Taehyung encantado con el hijo de los Kim, ¿qué no daría por verlos así de felices? Aprendió a amar su vida, su propio destino cuando no pudo casarse con la persona de sus sueños.
Acepto la cruda realidad, así como aprendió a soportar el permanecer a su lado y servirle como ese juramento permanente que va desde la época de sus ancestros. Hoseok baja para sonreírle a su hija, Hyemi le abraza tan cariñosa como lo ha sido desde la infancia, su vestido es rosa para contrastar con el suyo y así sin decir mucho, baila con su hija mientras la ve encantada.
—Papá Hobi, ¿por qué siguen diciéndome que me rinda con Yujin? —ella pregunta cuando le da una vuelta—. Yo lo amo desde que éramos niños, nadie le entenderá mejor que yo y…
—Hyemi, ya te lo ha dicho tu padre muchas veces —responde poniendo la mirada en su hija, es rebelde, es caótica igual que él cuando tenía su edad—. Además, refiérase a él como luthien, ¿qué no tienes clases de etiqueta?
—Lo tengo, si. Pero es mi amigo, Tae puede hablar con Jungkook normal, ¿por que yo tengo que aceptar esto? —vuelve a decir soltando las manos de su papá antes de dar media vuelta
Sale de la pista de baile, Hoseok inhala profundo antes de seguirle el paso. Jackson se acerca, el castaño negó con la cabeza antes de pedirle que le deje ese pendiente a él, Hyemi se marcha hasta un lugar alejado donde tal vez llora en silencio. A pesar de ser alfa, de recibir la mejor educación y enseñarle a guardar sus más terribles sentimientos, se quiebra como la niña pequeña que siempre vio a Hoseok en su hija.
Ella nunca ha visto lo duro que es la vida con uno mismo, no le ha tocado soportar lo que le corresponde porque, no está ligada a ser un Veythar. Ella puede elegir si quiere seguir estudiando o aprendiendo algo, casarse con algún otro noble, pero no con la persona que ella desea. Hyemi no entiende que no le corresponde a él elegir, no puede apoyarla porque no tiene el suficiente poder para que pueda ocurrir su deseo.
— ¿Otra vez tu dama de compañía te metió esas ideas? —pregunta sentándose a su lado, pensando cuántas veces ha tenido que hablarlo con ella sin tocar el tema que tanto evita
—No ha sido ella, Yujin me lo ha pedido. ¿Por qué crees que sigo insistiendo?
—Aunque te lo pida él, no sucederá y debes ir aceptándose. En la vida que has recibido, se te ha dado todo y también se te ha enseñado muchas cosas, una es que no añores algo con la realeza —habla con calma, recordando tal vez una charla de hace años con su progenitor—. Si se pudiera, es una mínima probabilidad y más cuando Yujin podría ser el próximo al trono
—No es cierto, eres un mentiroso. Mi nana Nayeon me contó que Taehyung no es hijo de mi papá Jackson y… ¿Quién más puede ser su padre? Siempre escuche a tía Jiwoo hablar de ti y el elyndor, a los abuelos murmurar y… —expresa molesta porque es injusto—. Él seguramente va a ser el próximo Kaelthar, así que Yujin se puede casar conmigo…
— ¿Es por eso que tratas mal a Taehyung desde hace meses? ¡Hyemi! No importa quien es su padre, lo que ocurre detrás de lo que piensas, Taehyung es hijo de Jackson desde su nacimiento y no dejará de serlo —regaña igual molesto, se levanta antes de ver a su hija—. Sea como sea, cruzaste una línea metiéndote en asuntos que no te conciernen. Mañana en casa lo hablaremos, ya zanja el tema de querer a Yujin y ni menciones más de eso
—Te odio, te odio… Ojalá no fueras mi padre, desearía que murieras… —dice Hyemi molesta
De cierta forma duele escuchar aquellas palabras, había criado a Hyemi para que hiciera las decisiones correctas y tal vez, su amargura fue en el calor del momento. Pero nunca dejará de doler, tal vez ella se arrepiente al instante solo que Hoseok no le permite que se retracte. Se da media vuelta antes de marcharse, deja que su hija llore porque es lo que necesita, ya hablaría este tema con Jackson y verían que hacer. Suspira cuando vuelve, muerde su labio inferior al quedarse al lado de Jiwoo, su hermana no pregunta o molesta queriendo saber que lo tiene así. No conversan cómo está acostumbrado, solo observa su entorno.
La noche podría transcurrir tranquila, lo sabe mejor que nadie, los debutantes hablan entre ellos y ríen intercambiando cosas de sus gustos. Hoseok lo siente tan en calma que tiembla cuando Jiwoo le toca el hombro, porque se había perdido en sus pensamientos y no espera que le interrumpa en eso.
—El escudo mágico ha sido roto… —murmura ella tan bajo para que escuche—. Lleva al elyndor a resguardarse, yo moveré a la gente
—Entendido —responde Hoseok caminando a donde está Yoongi
Cuenta hasta diez mientras se acerca al elyndor, toca el hombro del hombre antes de ver que se recarga para escucharlo, Yoongi puede sentir y oler que Hoseok se encuentra mal desde hace rato, el aroma suyo es pesado. Solo que eso no es lo que busca decirle, sabe que este tipo de cosas solo tienen un motivo por el que Hoseok se acerca, dejando la distancia para después.
—Veythar Jiwoo me pide que lo lleve a un lugar seguro —le dice en un susurro que solo pueda escucharlo él—. La gente será llevada a un lugar seguro de otra manera
— ¿Qué ocurre? —pregunta prestando más atención al contrario
—El escudo hecho por mi hermana está roto, tenemos que irnos, elyndor —pide antes de ver a la pista de baile
Entre tanta gente puede ver a Jackson hablando bajo con Hyemi —podría ser que la está regañando—, Taehyung se encuentra al lado del hijo de los Kim y también distingue al luthien bailando de la mano del hijo de un marionth. Yoongi se levanta sin decir muchas palabras a Jimin, le hace una seña antes de caminar por la puerta donde entraron, Hoseok le hace una señal a Jackson que ha de entenderla. Jiwoo se acerca a Jimin para susurrarle algo y el castaño camina detrás del elyndor cuando cierran las puertas detrás de sí.
Está preparado para cualquier batalla si se llega a presentar, no le tomarán por sorpresa y recuerda un momento cuando a Yoongi le hicieron esa cicatriz; Hoseok tuvo que ausentarse porque iba a nacer Hyemi. A cargo se quedó un joven thalyon de la familia noble de los Park, creía que estaría bien dejarlo, tomarse su tiempo como pidió Yoongi porque aún procuraba la salud de Hoseok, más al volver sabe que también ordenó que guardaran ese secreto. No lo supo hasta que lo vio a la cara, sus ojos se agrandaron tanto que le ardieron por las lágrimas que se acumulaban, corrió sin pedir permiso en ese entonces y tocó sin necesidad de decir algo.
Acaricio las mejillas de Yoongi en esa ocasión, sus dedos cubiertos por guantes blancos tocaron con miedo esa cicatriz y su corazón se oprimió tan rápido. Hoseok no se perdona porque su corazón fue dañado, su otra mitad herida al final porque tuvo que ir a cuidar su salud. Tal vez es por eso que nadie entiende, lo doloroso que ha sido desde que se dieron cuenta que hay algo diminuto que los ata y los une.
“—No tienes que culparte, Hoba—le dice Yoongi tomando sus manos acariciando en círculos pequeños
— ¿Cómo no hacerlo? Estás herido, esa marca se convertirá en cicatriz y con ello… mi corazón igual estará dañado —murmura Hoseok dolido, arrepentido por cuidar de su salud antes de a él
—Mi corazón estaría herido si tú seguías aquí, tú mereces descansar y esta cicatriz solo es superficial. Lo que me importa más en este mundo eres tú, Hoba —responde intentando no hacerlo pero igual lo hace
En silencio se besan en secreto, Hoseok retiene las lágrimas que intentan salir de sus ojos mientras se pierde en ese aroma que tanto ama, adora y añora todas las noches. Su vida es dolorosa como ninguna otra.”
Escucha ruido a lo lejos, tal vez Jiwoo ya se está encargando de llevar a la gente noble a lugares seguros, Hoseok apresura el paso poniéndose delante de Yoongi antes de abrir una de las habitaciones del primer piso, suspira mientras busca tanteando las paredes. No importa a donde vaya, Jiwoo le comunicará cuando todo sea seguro, solo necesita sacar a Yoongi de este problema y del lugar. Lidiará con Hyemi cuando termine de cuidar al elyndor, escuchará sus lloriqueos hasta que se agote de esa vida injusta, le entenderá porque igual tomó ese camino hace años.
Solo que Hoseok enfermo, en aquella época donde no pudo obtener lo que deseaba y amaba, casi muere solo porque Yoongi y él estaban destinados a vivir separados. Algo que nadie en el imperio comprendería, ellos únicamente saben lo doloroso que es como si te arrancaran el alma y aún lo vive cada cierto tiempo. Dolorosamente, lo recuerda porque después de un tiempo investigó para poder entender lo que ocurría con ellos.
Sonríe cuando puede abrir el pasillo secreto, deja que Yoongi baje primero mientras se asegura que no los sigan, es un camino largo de escaleras interminables. Yoongi por ser el elyndor recibió la bendición del sol, magia que crea calor y también trae vida de alguna forma muy especial. Tal vez es por eso que ambos siguen con vida, el anterior elyndor no permitió que murieran en la agonía de su separación, solo les concibió algo que ambos tienen y les ata. Algo que les une de manera silenciosa, los mantiene a flote para no morir en la desesperación de sus almas separadas, de su dolor de años queriendo estar juntos.
— ¿Pasó algo? —pregunta el contrario cuando van a mitad del camino
—Lo mismo de siempre —responde viendo la espalda de Yoongi, pudiera alcanzarla y tocarla si quisiera—. Mi hija está siendo muy terca
—Yujin está haciendo lo mismo, son niños encaprichados —dice asintiendo al escucharle—. Jimin le está apoyando mucho, pero le digo que no todo está escrito para ser y…
— ¿Crees que Tae…?
—Deseo que no sea así, por lo menos hasta que se case con el hijo de Namjoon y Seokjin. No quiero que se le impidan cosas cuando se le ve feliz —contesta aún bajando las escaleras
—Mi hija lo sabe. Pronto lo sabrá Yujin y probablemente también el serathis —aclara sin decir mucho
—Lo manejaré por los dos
Es un momento instantáneo que guarda en su memoria como todas las que comparte con Yoongi. Detiene el paso cuando escucha un estruendo, parpadea antes de pasar al contrario y después caminar más a prisa pidiéndole que apresure el paso. Sus ojos se ponen rojos cuando un olor repulsivo llega a su nariz, Hoseok voltea para darle un empujón a Yoongi, tienen que regresar de nuevo.
Quienes andan atacando investigaron, infiltraron gente que descubriera secretos y llevaron criaturas peligrosas al castillo sin que se dieran cuenta, Hoseok lo sabe mientras sigue haciendo que Yoongi suba. Tal vez su problema del enemigo es que desconocen de las habilidades de los veythar, nunca las muestran a menos que sea requerida, sus planes pueden verse frustrados. Hoseok jadea al volver a salir, después del incidente tendría que bajar con su hermana a exterminar esas cosas, tal vez llevarían a los thalyon y arveth para que apoyen.
—Tendremos que ir donde protegen al serathis —dice caminando a la puerta, ve a todos lados y se asegura que el pasillo esté solo
—Hoba, es peligroso —murmura acercándose poniendo su mano en el hombro del contrario
—Es más peligroso para ti, si piensas permanecer aquí…
—No puedo arriesgarte a que me protejas, no así —niega Yoongi mientras espera a que el contrario entienda
—Yo no importo, por algo soy un veythar y por eso también te prometí… cuidarte incluso si muero —responde acercándose para tomar su mano, la aprieta y le ve a los ojos
El dorado de los ojos de Yoongi aparecen, su alfa le llama para que entienda, pero Hoseok también presenta a su omega con sus ojos color rojos, niega porque es desesperante vivir esto, ¿qué no es lo que entiende? Viene de una familia que juró lealtad a la corona desde el origen del imperio, tiene una costumbre que seguir y una tradición que continuar. Pero, al verlo sus ojos y los de él cambían de color, algo que los une de principio a fin, un color especial que lo conocen fuera del imperio como auralis.
—Hoba, no lo haré
—Igual moriré si permanecemos aquí, sea a donde vayamos, mi prioridad siempre serás tú —responde apretando la mano de Yoongi—. Déjame protegerte, no lo hagas más difícil
Yoongi suspira. —Bien, pero igual te apoyaré si es necesario.
Hoseok ríe un poco porque es imposible lidiar con alguien que tiene más autoridad que él, tal vez es un largo camino hasta el invernadero en donde Jimin permanece resguardado, lo protege un thalyon que suspira al ver entrar al elyndor. Está feliz de encontrarse con alguien más fuerte, Jimin está con su hijo Yujin que corre a abrazarse a Yoongi, también hay nobles que se han resguardado y entre ellos está su familia.
Tiene que volver a fingir, endurecer su corazón para no dañarlo más, no puede hablarle a Yoongi de manera cariñosa y mucho menos acercarse como lo hace a menudo. Jimin se acerca para escuchar al elyndor, Hoseok piensa en su hermana, Jiwoo ha de estar con su padre menguando el problema y él debería ir si es necesario. En esos momentos, le hace falta llevar su armadura que le protege, oculta su rostro de cualquier mirada y puede preocuparse en un mar de miedos.
El joven thalyon recién nombrado, llamado Chang-bin se acerca, Hoseok se cruza de brazos mientras se aleja lo suficiente para escuchar lo que quiere decirle. Es sorprendente como la cantidad de miradas se fijan en él, todo puede volverse un caos si el veythar da a entender que está sucediendo algo grave. Nunca ha dejado de odiar que las miradas de la gente noble estén sobre él, cada facción o respuesta inmediata puede alertarlos de cualquier suceso.
—Thariel Jiwoo enviará a mi compañero Lee para apoyarme, pide que vaya al lado norte del castillo —dice el joven bajando la mirada, tembloroso porque eso sí es preocupante
—Entiendo, me iré cuando llegue el thalyon Lee —responde asintiendo aprieta su brazo al escuchar aquello
Vuelven a aparecer sus ojos color rojo, ¿marcharse dejando solo a elyndor? Es inaceptable, pero sabe que es porque el problema se está volviendo más grande y peligroso, no habría nada que proteger si no lo menguaba con su familia. El joven thalyon Lee llega haciendo una reverencia exagerada a su persona, le entrega parte de una armadura, probablemente la consiguió en el camino y asiente.
—Hablaré con el thalyon Christopher para que les venga a apoyar con otro grupo más grande —dice viendo a ambos mientras se acomoda parte de esa armadura—. Cualquier cosa me comunicaré con thalyon Chang-bin, si crece esto tienen que evacuar a la gente al sur e ir al bosque
—Entendido —asienten ambos apretando sus espadas
— ¿Pasó algo? —pregunta elyndor acercándose que hace que ambos jóvenes se arrodillen de inmediato
—Solo es cuestión de tiempo para menguarlo, no tiene que preocuparse por eso —responde con calma—. Volveré con Veythar Jiwoo cuando terminemos la limpieza
—Ve con cuidado —asiente al escucharlo, le da la bendición antes de marcharse
Inhala tan profundo como puede, mientras sale de aquel lugar, sus ojos de un color rojo resplandecen mientras se inclina un poco, el manejo de la magia lo ha dominado a través de estos años. Respira profundo antes de dar un salto que lo eleva, sus ojos se cierran por el aire chocando y al abrirlos busca la zona a la que debe ir. Hoseok invoca una espada —magia antigua que solo le pertenece a su familia— y vuelve a impulsarse antes de salir a la dirección que le corresponde estar.
Puede ver a los thalyon correr esquivando los ataques de un theryon, inhala profundo cuando cae al piso, busca con la mirada a Jiwoo que está hablando con Seokjin —es uno de los magos más fuertes del imperio—. Inicia a correr mientras escucha como los thalyon siguen las órdenes que les da alguno de rango más alto, su padre ha de estar intentando que el theryon se aleje lo más que se pueda.
— ¿Están intentando llevarlo a otro lado? —pregunta al acercarse, deja la espada que siempre ha cargado desde que fue nombrado veythar
—Lo que haremos es enviarlo a las afueras del palacio, después lidiamos con su exterminio —explica Jiwoo estirándose un poco, lleva una armadura blanca y pulcra—. Si tienes tiempo, ve por tu armadura y vuelve. Te puede llevar Jin.
—Voy y vuelvo —responde antes de acercarse a Seokjin
Se ve envuelto en magia que le transporta a su casa, corre llamando la atención de sus sirvientes, va en búsqueda de cualquier armadura que pueda ponerse; esto no iba de protocolos o estética, era para salvar a su imperio. Escucha los pasos de la que puede que sea su dama de compañía, le sigue mientras sigue subiendo escaleras y esquivando objetos en los pasillos hasta que entra a su habitación.
— ¡¿Qué ocurre, Hoseok?! No van ni tres horas de que se fueron para el debut y… —se le nota preocupada
—Atacaron el castillo. Un theryon.
Nayeon abre los ojos mientras cubre su boca, un theryon es una bestia del vacío que no lucha por hambre ni poder, lo hace porque su sola existencia es una ruina. Pero ese tipo de bestia solo es invocada por gente que sabe magia oscura, son de tamaño colosal, tienen un cuerpo que se retuerce y crece como un amasijo de carne y sombras. Los que lo han visto e incluso han sobrevivido describen que tiene tentáculos oscuros que salen de su torso y espalda, pueden partir caballos en dos. Sus garras son largas como espadas, cargan veneno que corroe el metal o cualquier armadura que no estuviera bendecida.
Ver abrir sus fauces, han descrito que no tiene colmillos sino que un gran vacio negro, del cual se puede decir que desaparece de la existencia al que sea devorado. Casi nada puede contenerlo, las heridas con espadas no bendecidas causan que aumente su fuerza, absorbe la sangre derramada para alimentarse y regenerarse. Su solo paso crea una corrupción en el campo de batalla, el suelo se vuelve negro y la vegetación muere, cualquier animal huye. Los hombres que no son fuertes solo desean huir, pero no pueden porque sienten ganas de vomitar, sus piernas les fallan cayendo de rodillas.
—Su armadura de juramento está en el baúl de arriba… ¿Le ayudó a vestirse? —dice Nayeon moviéndose rápido para socorrer a bajar el baúl
—Me serías de mucha ayuda si lo haces —contesta Hoseok quitándose sus ropas
Su dama asiente antes de murmurar algo bajo, es un hechizo que ayuda a que se quite la ropa en un instante, sus manos tiemblan antes de ver la mirada que le dirige Hoseok. Se da unas palmadas en las mejillas, inhala profundo antes de volver a murmurar y una luz cubre el cuerpo del veythar que cierra los ojos, al abrirlos puede ver que porta la armadura. Aquella que utilizó hace 20 años cuando juro que protegerá a Yoongi, sería su escudo y espada, moriría en cualquier momento de ser necesario; después de su debut, en la ceremonia cuando a Yoongi lo pasarían como kaelthar y todo se escribió desde ese entonces.
—Habla con el mayordomo Kang y la ama de llaves, evacuen la casa al lugar seguro que prepare en caso de estas emergencias —pide Hoseok viendo a su dama de compañía—. Cuida de mis niños, si tengo oportunidad haré que lleguen Jackson con Taehyung y Hyemi…
—Cuidate mucho, Sookie —dice Nayeon antes de verlo a los ojos
Este asiente antes de ajustar lo que falta de su armadura. Murmura algo antes de desaparecer de la habitación y volver a la zona donde está el theryon.
La mirada de algunos thalyon se dirigen al caballero que aparece, envuelto en una armadura de plata bruñida, cuyo fulgor parecía atrapar la luz de la luna y las piedras mágicas que generaban luz artificial, así volviéndose un resplandor casi sagrado. Las placas metálicas se ajustaban a su cuerpo con una precisión impecable, formando un escudo viviente que evocaba tanto poder como disciplina.
Un manto azul profundo, con finos bordados dorados en los bordes, caía sobre sus hombros como la noche misma protegiendo la luna. Ese color no era casualidad: el azul era el emblema de los juramentos inquebrantables, de la lealtad al imperio y, sobre todo, al elyndor a quien había consagrado su vida. El yelmo, coronado por una cresta de cabellos blancos que emergen como una llamarada, ocultaba su rostro tras una visera afilada, cuyas líneas recordaban la mandíbula de una bestia implacable.
Era un rostro forjado en acero, diseñado no solo para proteger, sino también para infundir respeto —y temor— en quienes lo enfrentaran. Bajo la armadura, un faldón de tela azul se desplegaba en geometrías sobrias, enmarcado por hilos de oro que dibujaban símbolos antiguos, protectores y solemnes. Cada movimiento el caballero hacía que el manto ondeara con gravedad, como si su sola presencia anunciara la balanza de la justicia.
Para quien lo viera era la viva imagen del juramento hecho espada, un guerrero cuya armadura no solo servía como defensa, sino como estandarte de lo que representaba: la devoción absoluta, la protección eterna y la fuerza implacable contra la oscuridad.
— Thariel Hoseok, su espada —dice el thalyon Nishimura haciendo una reverencia
—Dile a tus demás compañeros que vayan con los que cuidan a elyndor y los nobles. Nada más deben quedarse los más alto rango —indica Hoseok aceptando su arma—. No quiero que se arriesguen en algo que debemos acabar nosotros
—E-entendido —asiente dándose media vuelta para correr
Inhala profundo antes de correr por la zona, mueve su espada antes de transformarla en una espada de hoja ancha y rectangular, casi como un espadón. Una vez cuando tuvo aquella arma en sus manos, al mostrarla a Yoongi lo único que dijo era “esa forma es muy grande para que la cargues” y fue lo mismo con su esposo Jackson. Es algo que nunca entendieron de una familia que cría a hijos alfas, betas y omegas por igual, no dejan que cumplan los roles establecidos por el imperio sino por sus propias tradiciones.
Da un salto alto cuando alcanza a Baekhyun, ha sido lanzado a cincuenta metros de distancia de donde se encuentra el theryon, le observa de pies a cabeza antes de suspirar; esta bien en lo que cabe, la armadura que porta bajo una bendición le ha ayudado. Los thalyon no hubieran aguantado mucho de esto, las bajas serían numerosas si no le hubiera dado la orden a Nishimura.
—Se dirigen al sur, para donde están los terrenos de prácticas —habla el alfa levantándose y tosiendo un poco—. Mandaron a un thalyon para evacuar a la gente cercana al lugar…
—Haremos tiempo para que Veythar Jiwoo busque al mago, no creo que podamos vencer al theryon de otra manera—comenta sacudiendo su espada un momento—. Dile a los demás arveth el plan
—Entendido, pero si no resulta. Aún tenemos dos opciones
Hoseok cierra los ojos un instante imaginando a lo que se refiere, no recurriría a un sello de sacrificio, ese tenía que ser su último recurso en el peor de los casos. La segunda opción entre las que tienen es una llama de dos juramentos, estaría listo por si se requería aquel recurso y la primera que había comentado era la más limpia, la menos dolorosa y con menos pérdidas. Vuelve a correr cuando ve a Baekhyun marcharse a la misma velocidad, su mirada recorre los alrededores, el paso de la naturaleza muerta y algunos rastros de armas olvidadas.
Escucha los gritos de alguien dando órdenes, los tantos arveth que escuchan al padre de Hoseok siempre, Jiwoo se mantiene alejada mientras se prepara para cualquiera de las opciones que tienen. Seokjin habla con algún mago para crear una barrera que contenga al theryon un par de horas, sus miradas se encuentran con un leve asentimiento antes de continuar con sus deberes, ¿cuántas veces ocurrió algo similar? Aquel omega, el veythar que cuidaba al elyndor del imperio de Cease, en muchas ocasiones tuvo que ir a la guerra, presenciar batallas bárbaras y a pesar de haberse casado a los dieciocho años, nunca olvidará cómo era antes.
Su vida en la casa de los Jung, las miles de ocasiones que escapó con el actual elyndor, las veces que vomitó cuando veía las escenas que provocaron las guerras que fueron llevadas a cabo por el anterior elyndor. Hoy en día está de nuevo, después de tres años solo cuidando al elyndor, se encuentra enfrente de un campo de batalla mientras observa lo que ocurre a su alrededor.
—La mejor opción es que veythar Jiwoo busque al mago invocador del theryon —comenta Hoseok acercándose a su padre y viendo a su hermana, las formalidades en el campo de batalla siempre existen a pesar de ser familia—. Si no llega a lograrlo, me presto como la lanza para crear la herida de luz que acabará con el monstruo
— ¿Qué? No, por supuesto que no. Veythar Jihoon estará de acuerdo con mi postura, es muy arriesgado para ti —habla Jiwoo al escucharle—. No solo eso, puedes resultar herido y perder sangre… morirías en el acto… es como si pidieras hacer el sello de sacrificio y…
—Ese plan seguiremos, Veythar Jiwoo —responde Jihoon con su mano apretada en su codo sin mostrar bajo el yelmo ninguna expresión
Aquel veythar que Hoseok conoce desde la infancia como su padre no muestra debilidad, en comparación a Jiwoo que tiembla al escuchar lo que dice el estoico hombre, no es que no duela el plan del omega. Solo que primero, su padre tiene el deber con el imperio y con el elyndor antes que derrumbar su máscara por su hijo menor. La mujer da media vuelta antes de quitarse el yelmo, limpiándose unas cuantas lágrimas y vuelve a ponérselo antes de invocar su arma.
—Denme treinta minutos —pide antes de impulsarse al cielo con magia
—Ella va a ser rápida —dice el hombre mayor invocando su espada
Escucha con atención la orden que indica a un arveth moverse. Hoseok reacciona de inmediato, siguiendo la señal y lanzándose a la carrera. Su respiración se acelera, el aire arde en sus pulmones mientras esquiva los embates del theryon, esa bestia de múltiples extremidades que ataca sin descanso. A su alrededor, sus compañeros también caen en la danza peligrosa de acero y garras, algunos lanzados al suelo en el instante en que bajan la guardia.
Hoseok salta, rueda, se impulsa hacia adelante con la adrenalina marcando el ritmo de cada músculo. Sus pasos son firmes, pero su mente —traicionera— se aparta un instante: un destello del elyndor en su memoria, el eco de su mirada… después, fugaz, la imagen de su familia. Ese resquicio de distracción le basta al monstruo. Uno de los tentáculos lo alcanza con violencia, golpeándolo con tal fuerza que lo lanza contra su voluntad por los aires.
El impacto es brutal. Su cuerpo choca contra rocas, raíces y restos de madera, arrastrándolo hacia un rumbo incierto. El dolor se expande por su torso como brasas encendidas, y un jadeo desgarrado escapa de sus labios. Sabe que su padre lo reprenderá con dureza por tal debilidad, por haberse permitido flaquear en medio del combate.
Un crujido rompe el silencio, un ruido seco de algo quebrándose. Hoseok abre los ojos apenas, mareado, con un pitido insoportable en los oídos. Su mano tiembla al apretar el costado izquierdo de su abdomen, donde un ardor punzante amenaza con consumirlo. Parpadea varias veces intentando distinguir su entorno; la visión se le nubla y las sombras se mezclan con el resplandor de la batalla.
De pronto, unas manos firmes lo alcanzan, lo sostienen para impedir que se desplome. Una voz conocida le llega entre la bruma, suave pero urgente, llamándolo de vuelta. Intenta enfocar el rostro, reconociendo poco a poco a quien está frente a él.
Jadea de nuevo cuando el dolor lo atravesó con crudeza, obligándolo a encorvarse. No es momento para ceder al cuerpo, no ahora, no cuando lo que lo rodea sigue siendo un campo de peligro y sangre. A pesar de ello, siente el peso abrumador de la fragilidad, el recordatorio cruel de que incluso los más leales guerreros pueden caer en un instante de descuido.
—¡Veythar Hoseok! —exclama el thalyon Lee, con el rostro crispado de preocupación.
—Tenemos que atenderlo —se apresura a añadir Nishimura, avanzando hacia él con las manos tensas, casi temblorosas.
—No es nada —gruñe Hoseok mientras se endereza, su voz grave y cortante como un filo.
Nunca había mostrado a sus hijos lo duro que era su vida como veythar. Hyemi solo lo había visto sonreír, abrazarla y corregirla en pequeños detalles, jamás con sangre en las manos ni vidrios incrustados en la carne. Incluso ahora, mientras arranca el trozo brillante de su abdomen, siente el peso del secreto: la necesidad de ser su padre antes que su guerrero. Y sin embargo, ahí está, quebrado por dentro, con la mirada del elýndor fija en él, siguiendo cada uno de sus movimientos.
El dolor le nubla la vista, pero no se permite caer. La criatura lo ha lanzado lejos, haciéndole perder un tiempo precioso. El debut de Hyemi… ¿qué quedará de esa noche que debía ser un recuerdo luminoso? Una ruina teñida de caos y sangre. Sus pensamientos regresan a Taehyung: él sabía lo que significaba esta vida, lo había preparado con dureza, lo había hecho ver las sombras detrás de la gloria. Pero Hyemi, y los pequeños… nunca. Nunca quiso mostrarles lo que significaba ser el escudo del elýndor.
—Tengan cuidado —advierte con voz firme, mientras chasquea los dedos. El sonido retumba como un eco mágico, y en cuestión de minutos su espada responde al llamado—. Si me pasó a mí, también puede alcanzarlos a ustedes.
Chang-bin da un paso al frente, su mirada fija en el costado ensangrentado de Hoseok.
—Su herida, veythar Hoseok —dice con voz tensa, casi suplicante, mientras observa la tela teñirse más y más de rojo.
Hoseok lo mira apenas un segundo, con una mezcla de severidad y cansancio. No tiene tiempo para la compasión ni para admitir la gravedad de su estado. Su deber arde más fuerte que el dolor.
No responde cuando da un salto para poder detener la caída del arveth Jay, ambos caen con menos impacto, rodando, y Hoseok se levanta para atrapar su arma que llega por fin. Jadea con el dolor en su abdomen, niega con la cabeza antes de impulsarse dejando a la mayoría observando y no ha de tener esa sensación de que la mirada del elyndor seguía encima suyo.
Llega cuando uno de los tentáculos del theryon está por golpear a Seokjin, lo detiene a duras penas, apretando su espada mientras jadea de dolor. Da parte de su energía en mantenerlo, desviarlo y suspira cuando ve que lo ha conseguido. Esquiva otro de los tentáculos de aquella criatura y escucha al arveth Namjoon acercarse.
El aire vibra con el choque de acero y carne corrupta; cada golpe contra los tentáculos es como enfrentarse a un muro viviente que nunca cede. Hoseok contiene un gruñido al sentir cómo la presión en su abdomen se intensifica, como si la herida ardiera con cada movimiento. No puede permitir que lo noten, mucho menos frente a los demás compañeros que tiene dando todo de sí.
—Veythar Jihoon dijo que Veythar Jiwoo encontró al mago, pide que duremos otra media hora —anuncia Namjoon, apurándose a detener uno de los tentáculos de esa criatura
—Bien… —asiente Hoseok, respirando hondo
—Igual, gracias Hobi por salvar a mi esposo —susurra aquel arveth dándole una palmada en la espalda—. El más fuerte de todo el imperio…
Hoseok niega con la cabeza, como si aquel gesto fuera demasiado para él. El jadeo se escapa de sus labios cuando el dolor se vuelve insoportable, y se pregunta si realmente podrá soportar otra media hora. Pero sabe que debe hacerlo. ¿Qué otra cosa podría aportar si no cumple su deber en esa lucha contra la bestia?
El recuerdo de su padre se impone en su mente como un peso, la voz que lo había instruido en la severidad del deber. La casa Jung siempre había sido juramentada a proteger al elyndor, desde antes de que Cease fuera siquiera un imperio consolidado. Ese lazo no se rompía, se transmitía con la sangre. Había sostenido una espada de madera desde los cuatro años, aprendido bajo la mirada firme de su abuelo, y no había un solo día en el que no recordara que nació para ese destino.
Solo por su deber es que aceptó la realidad de sus sueños rotos de la infancia y adolescencia; juró lealtad al hombre que amaba y seguirá amando por el resto de su vida. Ese pensamiento es lo único que lo sostiene, incluso cuando siente que con cada movimiento pierde más sangre, que cada golpe del theryon lo arrastra un poco más hacia la oscuridad. Quizá este sea su final. Y entonces, una punzada de miedo lo atraviesa: ¿qué hará si deja solo a Taehyung? Sus otros niños estarán bien, lo sabe; Jackson daría la vida entera por criarlos con rectitud, por mantenerlos firmes. Pero Taehyung… su primogénito carga un futuro que ni él mismo imagina, y dejarlo sin guía sería una condena demasiado cruel.
Jadea cuando un impacto lo saca de sus pensamientos, no es el golpe directo del theryon, sino el cuerpo inconsciente de uno de los arveth que es lanzado contra él. El choque lo hace retroceder, escupir sangre, y su espada casi se le resbala de entre las manos. Se obliga a levantarse, aunque su cuerpo tiembla, quebrado por dentro, y la visión se le nubla en un rojo cada vez más denso.
A lo lejos, entre el estruendo de gritos y el retumbar de la magia disipándose, distingue una figura corriendo. Jiwoo. Su hermana corre hacia él en el mismo instante en que el theryon lanza un alarido desgarrador; la sombra que lo sostenía empieza a desmoronarse porque el mago oscuro que lo controlaba ha caído. El eco de su agonía resuena mientras la criatura, privada de su ancla, es arrastrada de vuelta al abismo del que fue invocada.
El ruido es ensordecedor: tentáculos que se retuercen, carne oscura que se rompe en jirones de humo y ceniza, un rugido que no parece de este mundo. Hoseok apenas puede mantenerse en pie, la visión borrosa, el cuerpo tembloroso; y aun así sus ojos no se apartan de Jiwoo. En ella ve la única imagen nítida en medio de todo el caos, como cuando eran niños y corría hacia él con un vestido demasiado pomposo para sus pequeñas piernas, con una sonrisa radiante que siempre lo alcanzaba.
Ese recuerdo lo sujeta al presente, lo obliga a respirar a pesar del ardor en sus costillas y la sangre en sus labios. Y mientras el theryon es tragado por el mismo vacío que lo trajo, Hoseok piensa que aún no es su momento de caer. Su juramento, sus hijos, el elyndor… y esa figura corriendo hacia él, son suficientes para sostenerlo una vez más.
—¡Oh, por dios…! Hobi… Hoseok, por favor no me asustes… —la voz de Jiwoo se quiebra mientras lo sostiene con todas sus fuerzas, apretándolo contra su pecho como si así pudiera retenerlo en este mundo—. N-necesitas un médico… no, mejor a Jin… sí, a él…
—Jiwoo… —murmura Hoseok con un hilo de voz apenas audible, apagada, mientras siente cómo le retiran el yelmo, revelando su rostro pálido—. Cuida de Tae… haz que se case con… Jungkook antes de que termine el mes… cuida de mi pequeña… Lily…
—No me digas tonterías… tú… tú podrás cuidar de ambos… —responde ella, temblando, negando con la cabeza mientras lo acompaña al suelo sin poder detener las lágrimas que amenazan con brotar.
Con manos temblorosas, Jiwoo acomoda a su hermano en su regazo, aferrándose a él como cuando eran niños. Sus ojos recorren desesperados el campo en busca de ayuda; el rugido del theryon ya ha cesado, pero ahora el silencio pesa más que la batalla. La mirada de Jiwoo se clava en Seokjin a lo lejos, después en Namjoon, con una súplica que le arranca la voz.
—¡Namjoon! —grita con la garganta rota, atrayendo de inmediato la atención del arveth, que corre hacia ella.
—Voy corriendo —responde él con firmeza, asintiendo antes de lanzarse a toda prisa
—Promete que… no dejarás que Tae… sea infeliz… júrale lealtad si es que… él resulta ser el Kaelthar… —murmura Hoseok con un hilo de voz, sus ojos apenas abiertos, buscando a su hermana.
—No digas eso… —responde Jiwoo, temblando, negando con fuerza mientras las lágrimas empañan su visión.
—Jiwoo… —insiste él, quebrado, como si su propio nombre fuese lo último que aún le mantiene aferrado.
El corazón de Jiwoo late tan fuerte que apenas puede respirar. Sus lágrimas caen sin control mientras sus manos se aferran a las de Hoseok, como si pudiera anclarlo a la vida. Su mirada, rota por el miedo, se desvía un instante y alcanza la figura de su padre a lo lejos, observando en silencio, contenido por el deber y la costumbre de una vida de disciplina. Ella tiembla más fuerte. Sabe que después vendrían los reproches, las palabras duras sobre lo que se hizo mal en la batalla… pero no quiere escucharlas, no ahora, no cuando su hermano menor está desangrándose en sus brazos.
De pronto, la energía del aire cambia. Seokjin aparece apresurado, levantando una barrera luminosa que se cierra alrededor de ellos, ocultándolos del resto del campo. Nadie verá lo que ocurra ahí dentro. El mago murmuró un hechizo con los labios tensos, la voz firme aunque sus manos revelan la prisa. Jiwoo apenas lo nota; su mundo es Hoseok, y la presión de sus dedos debilitándose en los suyos.
—Jiwoo… —repite él, cada vez más bajo.
—Lo prometo… —solloza ella, inclinándose sobre él, dejando que las lágrimas bañen su rostro—. En serio te lo prometo… cuando sea necesario estaré para Taehyung… y para tu nena… no estarán solos, Hobi… nunca.
—Iré por el elyndor —interrumpe Seokjin con voz rápida y cortante, sabiendo que cada segundo cuenta—. Él podrá sanarlo.
Tal vez suene injusto hablar solo de dos de sus hijos, pero Taehyung es un omega en un mundo tan difícil, sin conocer toda la verdad de su vida. Y luego está la pequeña Lily, que ya sabe que será omega. No puede dejarlos solos a la deriva. Hyemi es fuerte, pese a su terquedad, y Seoyun y Minho, al igual que los mellizos, tienen la fuerza que heredaron de su padre. No logra imaginar cómo reaccionaría Taehyung al descubrir la verdad, ni cómo soportaría el dolor de no comprender por qué ocurrieron las cosas así, y Hoseok no tiene manera de explicárselo.
Tampoco sabría cómo hablarle de que tanto Yoongi como él son almas gemelas, destinados a estar juntos, casi muertos por la imposición de un destino que jamás quisieron. Aún recuerda con claridad aquella ocasión: el dolor que atravesó su cuerpo mientras creía que iba a morir, y la desgarradora certeza de que Yoongi se casaría en apenas una semana.
Jiwoo se inclina al ver al elyndor llegar, con Seokjin siguiéndolo. La mirada de Yoongi lo dice todo; con manos temblorosas, toca las mejillas de Hoseok. Si él muriera, no pasaría mucho tiempo antes de que Yoongi le siguiera, lo sabe mejor que nadie, después de haber vivido esa misma situación hace dieciocho años. Sus ojos se tornan dorados mientras de su mano emana una magia que brilla como luz solar, y cierra los ojos esperando que funcione. Él tampoco quiere morir; jamás dejaría a Taehyung sin haber preparado todo para que viva lo más cómodo posible antes de llevarlo a donde verdaderamente pertenece.
Pero su magia no funciona del todo; apenas se activa porque Hoseok está gravemente herido y Yoongi no puede hacer mucho sin más ayuda. Voltea hacia Seokjin, inhalando profundo. Está a punto de confiarle uno de los secretos más grandes que ha guardado durante dieciocho años, aquel que casi les cuesta la vida tanto a él como a Yoongi. Solo han logrado sobrevivir gracias a algo que los une, un secreto que les permite mantenerse vinculados sin necesidad de un matrimonio.
—Trae a Taehyung, dile a marionth Jackson que puede venir con él —ordena mientras continúa canalizando la magia.
—P-pero… —Seokjin asiente al ver la mirada decidida de Jiwoo.
—¿Crees que él pueda? —murmura Jiwoo, sintiendo cómo su hermano pierde calor lentamente, apenas irradiando fuerza.
—Cada generación es más fuerte que la anterior —responde Yoongi, tomando la mano de Hoseok—. Hay una conexión, y por eso el elyndor sabe quién es el heredero. Yo sé que Taehyung lo es desde que nació; no se lo dije a Hoba para no preocupar… además, algunas veces el mismo dios Soltania otorga el regalo de que un hijo sea más fuerte.
—Quiero pensar que él es fuerte porque es hijo de los dos… me pidió y me hizo prometer que juraría lealtad a Taehyung… —murmura Hoseok, escuchando ruidos desde afuera.
—Yo también te lo hubiera pedido. No hay mejor persona que tú para cuidar el tesoro de ambos —responde Yoongi, con una calidez que atraviesa el dolor y la incertidumbre.
Ella llora un poco más mientras sostiene a Hoseok, limpiando las lágrimas que siguen cayendo cuando ve a Jackson entrar. Entonces puede notar al joven dar un paso adelante con la mirada baja, tímido pero decidido. Se apresura a acercarse a Hoseok, dejando escapar algunas lágrimas mientras intenta comprender lo que sucede: la sangre derramada, lo pálido que se ve su padre omega.
Taehyung percibe su olor, tan familiar y dulce, y no puede evitar recordar al niño de dos años que le pedía que le mostrara la espada que llevaba para los eventos importantes, riendo a carcajadas por las galletas que le daba a escondidas.
Pero también ve al joven frente a él, vestido con un atuendo tejido con delicadeza. Aunque Jackson no sea su padre biológico, siempre ha cuidado de Taehyung como si fuera uno de sus más preciados tesoros. Por eso las ropas que lleva ahora reflejan ese cuidado, un pequeño recordatorio de cuánto lo protege y lo valora. Una chaqueta de marfil, larga y de faldones que rozaban con elegancia al caminar, estaba bordada con filigranas doradas que brillaban con cada leve movimiento, como si ocultara en sus costuras secretos de linaje. Los puños y hombros ostentaba aquel mismo bordado, recordando a todos con su porte no era de cualquier persona común, era el hijo de un Veythar caminando por lugares de mármol y miradas expectantes.
Bajo ella, un chaleco perlado se ceñía con precisión sobre la camisa blanca de cuello fruncido, cuyo broche en forma de flor dorada reposaba al centro como un sol discreto, irradiando un fulgor contenido, apenas suficiente para recordar que la grandeza no siempre grita, a veces susurra.
El contraste lo daban los pantalones negros, rectos y sobrios, que equilibraban la solemnidad con firmeza terrenal, como raíces que sostienen el esplendor de un rosal. Los pasos quedaban sellados con botines claros, pulidos hasta el último detalle, acompañando la figura con la misma quietud solemne de un caballero al lado de su príncipe.
Era un vestuario pensado no solo para vestir el cuerpo, sino para envolver el espíritu en dignidad; una armadura de seda y oro para las batallas de la diplomacia, los pactos y las promesas. Jiwoo siempre estaba sorprendida de cómo Taehyung había crecido, de la manera más preciosa posible como si fuera una flor cultivada y cuidada desde su nacimiento.
—Necesito que te enfoques en utilizar magia —habla Yoongi viendo al joven—. La que te habrá enseñado tu abuela a como usarla
—Ella me dijo que no debía enfrente de nadie —responde Taehyung ante la mirada de tantos adultos más experimentados que él
—Tae, hazlo por tu papá —pide Jackson dándole palmadas en el hombro—. Tu abuela lo hizo porque lo que te enseñó es algo que deberemos explicarte después, todos…
La mirada de Taehyung se posa en la mano del elyndor, que todavía reposa sobre el abdomen de su padre, antes de desviarse hacia Seokjin —su futuro suegro—, quien le regala una suave sonrisa. Inhala profundo mientras sus manos temblorosas se acercan a la del elyndor. Sus ojos se vuelven dorados por primera vez desde que tiene memoria, desde aquel día en que se presentó como omega y mostró su verdadera naturaleza, recordando cómo su abuela le regañaba para que ocultara el color de sus ojos cada vez que un omega aparecía. Solo una persona más lo sabe: Jungkook, quien conoce todos sus secretos y nunca deja de recordarle lo que intenta mantener oculto.
Su mano resplandece con la misma magia que Yoongi está usando; nunca entendió por qué posee algo similar al elyndor, pero solo sabe que está agradecido de que pueda ayudar a su padre. Pasan aproximadamente dos minutos antes de que aparte su mano, gire sobre sí mismo y arquee el cuerpo, vomitando. Su padre Jackson se apresura a acariciarle la espalda; Taehyung devuelve lo que había ingerido durante el evento del debut, y su visión se torna borrosa hasta que siente que su padre lo abraza, brindándole consuelo y seguridad.
—Nunca aprendió cómo utilizarlo. Tae no hará esto —dice Jackson, consciente de que igual perdería a Hoseok si no lo hacían.
—Lo sé, no lo obligaremos —responde Yoongi, deteniéndose—. Ya no…
Taehyung escucha el sollozo de su tía. Ella jamás había mostrado sus lágrimas, ni ese dolor tan profundo que escapa en jadeos mientras sostiene a Hoseok. No, eso no puede ser posible, y lo sabe. Se acerca para tomar la mano de su papá omega, sintiendo cómo comienza a enfriarse. Es mentira… ¿qué haría él sin su mitad más importante en la vida?
Nunca supo cómo explicarlo, pero entiende que con su padre alfa no tiene esa conexión, ese hilo invisible que le permite sentir cómo se siente. Taehyung llora mientras hace brillar su mano otra vez. No puede permitir que su padre muera, no cuando le había prometido tantas cosas y le había confiado todos y cada uno de sus deseos.
—Ya no lo hagas… Te hará daño si no conoces la magia —intenta detenerlo Yoongi, con la voz cargada de preocupación.
—Solo una vez… solo una vez —pide Taehyung, volteando hacia el elyndor con una súplica adolorida, como si todo su corazón estuviera contenido en esas palabras.
En el imperio de Cease circula una vieja historia que data de los inicios del reino, cuando un noble murió momentáneamente y afirmó algo que nadie creía. Durante siete minutos, la mente de Hoseok repasa las cosas más importantes de su vida, mientras su cuerpo se mantiene consciente y su alma comienza a despegarse de sí mismo. Retrocede, reviviendo instantes que jamás olvidará, recordando a las personas que han marcado su existencia, sobre todo a su hijo Taehyung.
Piensa en sus hijos que dejará solos, en sus sobrinos, en su hermana y en sus padres. Luego viene la persona con la que se casó por obligación, por una alianza entre familias, pero a quien aprendió a querer a medida que crecían la cercanía y la confianza. Jackson entendió lo que vivía Hoseok desde el primer momento, cuando se dedicó a conocerlo tal como era, no como suponía que debía ser. Sus amigos de la niñez y adolescencia también ocupan un espacio en su memoria, antes de dedicar los últimos instantes a Yoongi.
Así recuerda al hombre que ahora toma la mano de Taehyung para usar magia, sosteniéndolo mientras Jiwoo llora amargamente, murmurando que cumpliría su promesa. El cuerpo de Hoseok da su última batalla para conservar en su memoria cada detalle del tiempo que le queda: la promesa hecha en su infancia, que se fue rompiendo lentamente al llegar a la adolescencia. Recuerda la mañana en que conoció a Yoongi: un niño curioso de cuatro años llevado al palacio del emperador por su madre, que se encontró con un pequeño de cinco lidiando con una espada pesada, y así comenzó una conexión que cambiaría su vida para siempre.
“—Esa no es la forma correcta de agarrar una espada—“
Fue su primera charla, su primera tormenta de sentimientos encontrados, su primer todo que Hoseok recuerda como si volviera a vivirlo otra vez en cámara lenta.
