Work Text:
I saw you there,
looking so good tonight
I swear to God, I'm dying to kiss you
My heart, bebé,
it's beating so, so fast
I didn't know how much
that I need you
(...)
Tiró su cabeza hacia atrás mientras el líquido ambarino quemaba su garganta de una manera desagradable, ese era el efecto que el alcohol tenía en él; sin embargo, ahí estaba, con la fuerte música del club retumbando en su sistema ya aturdido y un par de vasos pequeños de shots a su alrededor.
Con las luces demasiado fuertes y la cantidad de alcohol que hay en su cuerpo, todo comenzaba a dar vueltas. Bajó la cabeza para estabilizarse un poco, pero cuando la levantó se fijó instantáneamente en la escena que tenía en frente.
Era Ferran, luciendo como la tentación personificada. Bailaba al ritmo de la canción que había en el fondo la cual dejó de prestarle atención apenas sus ojos se posaron en el formado y bronceado cuerpo valenciano. Sintió una oleada de calor recorrer su columna, sin saber si era por el alcohol o por lo que de por sí Ferran causaba en su cuerpo, provocándole más emociones de las que podría admitir.
Ferran, con una camisa de tirantes blanca un tanto ajustada que no hacía absolutamente nada para esconder la escultura de su cuerpo, sujetando a un hombre y una mujer que nunca había visto en cada brazo, los tres moviéndose al ritmo de la música. El hombre tenía la cara hundida en la curva de su cuello, mientras la mujer pasaba sus manos por su torso formado.
Y Pedri, sin la capacidad de formar un pensamiento coherente, solo deseaba poder multiplicarse para reemplazar a esos dos extraños cuyas manos y rostros Ferran no iba a recordar por la mañana.
Un sentimiento de celos se apoderó de él, apretó la mandíbula mientras llenaba otro vaso de vodka y lo tomaba de un solo trago como si fuera agua, aporreando el vaso en la mesa con más fuerza de la que quería.
Pero lo único que logró era que, incluso sentado, comenzara a tambalearse, dejando caer su cabeza hasta chocar con el hombro de Joan, que estaba a un lado suyo. Demasiado atontado, se quedó con la mejilla apoyada contra el bícep del portero hasta que el otro se dió cuenta y lo rodeó con un brazo para estabilizarlo mientras se reía, mil veces más sobrio y consciente que él.
–Creo que ya fue suficiente para ti–rió, tomando la botella y poniéndola en el suelo.
Solo pudo murmurar algo incomprensible en respuesta mientras cerraba los ojos y se acurrucaba contra Joan, sin sentir la mirada penetrante a la distancia de cierta persona. Pudo escuchar las zancadas resonar incluso con el fuerte volumen de la música.
–Pepi–sus ojos se abrieron cuando esa voz que resonaba hasta en sus sueños más profundos lo llamó, su mirada estaba oscurecida con algo muy parecido a los celos–¿te molesta si me lo robó un rato?– preguntó, dirigiéndose a Joan.
Fue lo último que escuchó antes de ser jalado de los brazos del portero que ni siquiera tuvo chance de contestar, dejándose arrastrar por Ferran hasta el cúmulo de gente que bailaba sobre la pista. Sus cuerpos se apretaron, las manos de Ferran tomaron su cintura mientras él solo pudo aferrarse a sus hombros-,vamos a bailar.
Sus caderas se empezaron a mover al ritmo de la música, pero estaban tan cerca que podía sentir el caliente aliento del otro. La cercanía en la que se encontraban y los movimientos que realizaban provocaba fricción, sus cuerpos estando lo suficientemente cerca para erizarle la piel, pero no tan cerca como para calmar su deseo.
Más gente entró a la pista, el espacio comenzó a reducirse. Ferran lo acercó, rodeando su cintura posesivamente, dejándolo con la única opción de rodear su cuello con sus brazos.
Sus miradas conectaron y Pedro sintió como si no hubiera tomado ni una sola gota de alcohol en toda la noche, diciendo más cosas con la mirada que las que podría poner en palabras.
Sus frentes rozaban y sus respiraciones se mezclaban, las pupilas de Ferran se dilataron con deseo, subiendo y bajando desde sus ojos hasta sus carnosos labios, que se entreabrieron con un pequeño jadeo.
"Si no lo beso ahora, voy a morir"–ambos pensaron.
Pedro juntó sus frentes por completo y cerró sus ojos, presionando un beso superficial sobre sus labios, cruzando una línea de la que no podría regresar. Volvió a abrir los ojos, topándose con una mirada hambrienta y voraz que hizo que sus piernas flaquearan, una mirada que jamás había visto en Ferran, como si quisiera comerlo vivo. Y esa mirada provocó mucho más que solo un torrente de deseo que pasara por todo su cuerpo.
Ferran se aferró a su cintura mientras su nariz se enterró en su cuello, aspirando ese aroma que de ahora en adelante no iba a poder sacarse de su sistema–Joder, Pepi, te quiero tanto.
Un jadeo tembloroso salió de su boca antes de responder, enredando sus manos en la cabellera castaña–Vamos a casa...
No tuvieron que decírselo dos veces.
(...)
Como pudieron, se arrastraron fuera del club y caminaron, tal vez demasiado apresurados, hasta el departamento de Ferran que se encontraba cerca, ninguno se encontraba en las condiciones para conducir.
Llegaron al edificio y cuando el elevador se cerró detrás de ellos, sin saber que se acercó primero, sus labios se estrellaron en un beso intenso y desesperado. Pequeños jadeos salían de él, perdiéndose en la garganta del otro que se los bebía con gusto. Las manos de Ferran se arrastraron desde su trasero hasta sus rizos despeinados mientras él tomaba un puñado de su camiseta para acercarlo.
El pitido resonó, pero ninguno hizo un esfuerzo para alejarse. Se quedaron ahí un momento más hasta que Ferran lo presionó en el frío espejo del elevador, regresándolo al mundo real por un momento. Lo empujó suavemente mientras una sonrisa apareció en su rostro, tomándolo de la mano para llevarlo a ese apartamento que conocía bien.
Lo miró por encima de su hombro con una mirada coqueta antes de hablar–alguien debe mantener la cabeza fría, Ferri.
El mencionado lo tomó por la cintura y murmuró cerca de su oído, arrastrando un poco las palabras–eres un peligro...
Sus mejillas se colorearon de ese rojo que Ferran había fantaseado más veces de las que podía contar, sin siquiera pensar antes de dejar un beso en los mofletes rosados.
Cuando llegaron a la puerta, batalló un poco con la llave antes de poder adentrarse, con Pedri saltando sobre él al momento de que la puerta detrás de ellos se cerrara. Como pudo, se aferró a sus muslos mientras correspondió al fuerte beso del menor con un poco de dificultad por la sorpresa.
Lo presionó contra la puerta mientras las piernas de Pedri rodearon su cadera y sus dedos tomaron puñados de su cabello, apoderándose de la boca del valenciano. Sonidos brotaban de lo más profundo de su garganta cada vez que la lengua del canario se rozaba su paladar y sus dientes se aferraban a su labio inferior, dominándolo por completo.
Los labios de Pedro dejaron los suyos y trazó un camino de besos hasta detenerse en su cuello, lamiendo y chupando marcas sin importarle que tan visibles serán en la mañana. Sus cejas se fruncieron y sus ojos se cerraron mientras jadeaba al sentir los dientes del canario rozar ese punto debajo de su oreja.
–Cama.Ya–exigió el menor, con la voz ronca por el deseo. Caminó sin mucha dificultad hasta la habitación, deteniéndose un par de veces para presionarlo contra la pared del pasillo y tomar dominio de su boca.
Lo acostó en la cama y sus labios volvieron a buscarse como imanes, sin aguantar no estar encima del otro un segundo más. Su cuerpo se acomodó entre las piernas abiertas del menor, Pedro se aferró a él con todas sus extremidades.
Se movió un poco para poder besarlo mejor, provocando que sus entrepiernas vestidas se frotaran. Un gemido ahogado salió de la garganta del menor, perdiéndose en su boca. Ni siquiera se molestó en quitarles la ropa, solo comenzó a moler sus caderas lentamente sobre la polla del otro, que presionaba dura contra sus pantalones.
Puso todo su peso encima de Pedri, aplastándolo contra el colchón y dejándolo inmóvil y vulnerable a todo lo que quisiera hacerle. Los dedos del canario se enredaron en su cabello más largo de lo normal, ese que llevaba deseando tener entre sus dedos más tiempo del que le gustaría admitir.
Sus respiraciones calientes se mezclaban y el beso se fue convirtiendo en uno más desordenado, con dientes y lenguas enredándose y luchando por dominar. Su cabeza daba vueltas, sin saber si era por el alcohol o las sensaciones que podía provocar Pedri en su cuerpo.
Sus pensamientos ya no conectaban con su cuerpo, sus caderas se movían erráticamente y sus labios bajaron hasta dejar besos con la boca abierta en el cuello del canario, saboreando la sal de la piel ya perlada por el sudor.
Sintió un pequeño forcejeo debajo de él, el débil intento desesperado de Pedri por mover sus caderas contra las suyas. Sonrió contra su clavícula y retrocedió para dejarlo moverse, un suspiro de alivio salió de la garganta del menor cuando el peso encima de él se hizo un poco más ligero y su cabeza cayó contra la almohada cuando el bulto en sus pantalones comenzó a frotarse con avidez contra el otro.
Ferran trató de echarse hacia atrás para verlo mejor, pero unas manos se enredaron en su cabello y lo jalaron hasta que quedaron frente con frente –no, ni se te ocurra parar.
La sonrisa en su rostro desvaneció, convirtiéndose en una mirada oscura y lasciva que envío un escalofrío por la columna del canario. Maldijo entre dientes antes de chocar sus bocas nuevamente, arrancando un gemido de ambos cuando sus lenguas volvieron a encontrar.
Ambos se movían desesperadamente contra el otro, ebrios de deseo y desesperación. Jadeaban pesadamente en la boca del otro los pocos segundos que se separaban antes de volver a unirse.
No podían aguantar mucho más, las manchas de presemen humedeciendo sus pantalones y los gemidos desesperados de su nombre entre besos que lo estremecían hasta hacer que sus caderas titubearan.
Necesitó un par de empujones más antes de que las piernas de Pedro temblaran fuertemente y su espalda se arqueara contra el colchón, empeorando la mancha en sus jeans. El jalón en su cabello que hizo el menor lo orilló a su propio orgasmo con un último empujón que sacó todo el aire de sus pulmones.
Dejó caer su cabeza hasta que se acomodó entre el cuello del menor, ambos jadeando pesadamente. Pedro estiró su mano hasta tocar su cabello, rascando su nuca cariñosamente. Acercó sus labios hasta que rozaron su oído, dejando escapar un pequeño suspiro tembloroso antes de susurrar– más, Ferri. Necesito más...
Un gruñido glutural salió de su garganta, tener al menor rogándole directo en el oído por más le hizo perder la poca cordura que le quedaba.
Retrocedió por un momento, mirando al menor con los ojos llorosos y una expresión confundida. Enganchó sus dedos debajo de su propia camisa y la quitó de un tirón, dejando al otro embelesado.
–No sabes por cuánto tiempo he querido esto, Pepi.
(...)
El chirrido de los pájaros comenzó a sonar a lo lejos, resaltando en la silenciosa habitación que se iluminaba poco a poco con la luz del sol mañanero.
Ferran se removió en las sábanas hasta que fue despertando poco a poco, siendo arrollado con una resaca que podía asemejarse como si un camión le hubiera pasado encima. Apretó los párpados con fuerza y se llevó una mano a la frente, intentando detener el mareo. Se intentó acomodar entre las sábanas, pero un calor ajeno le hizo pararse sobresaltado de la cama.
Era Pedri, con su espeso cabello negro alborotado en la almohada, sin ropa y dándole la espalda, solo cubierto hasta la espalda baja por una delgada sábana, igual de desnudo que él. La mandíbula de Ferran cayó ante la vista y todos los recuerdos de la noche anterior regresaron de golpe, haciéndolo agarrar su cabeza con ambas manos.
Se arrastró con dificultad y con pasos un poco torpes hasta el baño de la habitación, se miró en el espejo y visualizó varias manchas de besos y dientes esparcidas en sus clavículas, una de las que se encontraba debajo de su oreja resaltando por sobre las demás. Muy en el fondo, intentó con todas sus fuerzas reprimir una sonrisa. Se lavó la cara y el agua fría le hizo soltar un suspiro.
Tomó un par de pastillas y llenó un vaso con agua, dejando una de ellas en la mesa de noche del lado de Pedro cuando regresó a la cama. En el camino vió las prendas esparcidas por el piso de la habitación, se fijó especialmente en el par de pantalones con una gran mancha de semen seco en la entrepierna.
Apretó los labios en una fina línea y se sentó a su lado en la cama con cuidado de no despertarlo, apoyando la espalda en la cabecera. Cubrió su boca con los dedos e intentó recordar correctamente los sucesos de la noche anterior.
Pedri, besándolo con impaciencia. Pedri, gimiendo en su oído. Pedri, rogándole por ir más allá.
Tres. Tres rondas más fueron las que aguantaron antes de que el menor se desmayara por la estimulación, siendo seguido por Ferran.
No se arrepiente, ni en lo más mínimo, pero se siente un poco mortificado por que se dejó llevar por sus deseos más primitivos y terminaron en su cama frotándose como dos adolescentes descubriendo el placer por primera vez.
Cubrió su rostro con la palma de su mano y un miedo comenzó a invadirlo, el miedo del rechazo.
Dios, seguro me odiará por esto, ¿qué tal si nunca lo quiso?, seguro solo dejó llevar. No podría soportarlo, tal vez debería irme a-
Sus pensamientos fueron interrumpidos por un movimiento a su lado, Pedro se removió hasta que quedó mirando hacia el lado donde Ferran estaba sentado. Abrió sus ojos un momento hasta que lo encontró, esbozando una pequeña sonrisa somnolienta que calló sus pensamientos por un momento, antes de que cerrara sus ojos con fuerza y su ceño se frunciera profundamente mientras hundía la cabeza en la almohada.
–Nunca me dejes tomar otra vez, por favor– dijo con la voz ahogada en la almohada.
Soltó una risita que salió un poco más temblorosa por sus nervios. Se levantó de la cama y tomó los objetos que había llevado para dárselos a Pedri él mismo. Apartó un mechon negro de su frente para llamar su atención. Pedro lo miró un momento antes de darse cuenta del vaso de agua y la pastilla en su mano.
–Toma, te hará sentir algo mejor–dijo Ferran con una sonrisa parecida a una mueca.
Lo obedeció y dejó el vaso en la mesita que le daba la espalda, dejándose caer en el colchón con los brazos extendidos y un suspiro.
–Um...entonces, sobre anoche...
Aún con los ojos cerrados alcanzó a murmurar– ¿qué hay sobre anoche?
El valenciano titubeó un poco, sin saber si estaba preparado para esa conversación–tú...¿lo recuerdas, para empezar?
El menor soltó una risita, aún sin abrir los ojos–¿cómo podría olvidarlo?
Ferran tragó saliva y dejó de mirarlo para tomar algo de fuerza–yo...estábamos muy borrachos-rió un poco-, me dejé llevar e hice algo que tal vez tú-
–Ferri–lo interrumpió.
El mencionado dirigió su mirada al canario, que ya lo miraba fijamente con una expresión un poco más seria.
–¿Te arrepientes?
Parpadeó un poco confundido, no esperaba esa reacción–¿q-qué?
–Que si te arrepientes de lo que hicimos-Repitió.
Soltó un suspiro y se deslizó hasta quedar acostado boca arriba en la cama, mirando al techo–Ni un poco–admitió.
Miró a Pedri cuando dijo esas palabras y vio como su rostro se relajó instantáneamente, una sonrisa iluminó su rostro somnoliento y parpadeó lentamente, tal como un gato. No pudo evitar la sonrisa que también apareció en el suyo.
Se quedaron así por un largo momento, memorizando examinando las facciones con suaves sonrisas estirando sus labios. Pedro extendió la mano hasta tocar el rostro de Ferran, ahuecándolo y acariciando suavemente el pómulo con su pulgar-yo quería esto-susurró.
Ferran se acercó, juntando sus frentes. Sus respiraciones se empezaron a mezclar y la temperatura comenzó a subir– necesito más que esto, Pepi, te quiero para mí.
La codicia habló por él, pero no quería nada más. No podría dejar que esto solo fuera un error de borrachera. En el momento que pudo saborear los labios de Pedri se convirtió en un adicto, siempre deseando más. Lo quería todo de él; quiere poseerlo, quiere sostenerlo, quiere estar para él. Que Pedri le pertenezca, y él pertenecerle a Pedri.
–Es todo lo que siempre he querido– susurró antes de enredar sus dedos en el cabello Ferran y juntar sus labios. Al principio, el beso fue tierno y tentativo, ambos saboreando la sonrisa en la boca del otro. Sus labios se acariciaban con ternura y cuidado, ambos tomándose su tiempo para probarse.
Las manos de Ferran bajaron desde sus mejillas hasta su torso lentamente, acariciando suavemente con la punta de sus dedos la piel pálida del canario, provocándole escalofríos por su cuerpo cuando sus dígitos rozaron su columna.
Rodeó los costados de su cintura y lo jaló hasta que no quedó espacio entre ellos, sus pechos chocándose y la temperatura calentándose, provocando un pequeño jalón de cabello.
Ferran se inclinó ligeramente y lamió el labio inferior del menor, tanteando. La boca del menor se entreabrió y dio luz verde al valenciano de explorar su boca con avidez. El beso se profundizó, sus lenguas rozándose tortuosamente.
La intensidad del beso aumentó y sus extremidades se enredaron. Sus narices chocaban suavemente, pequeños sonidos comenzaron a salir de la boca de Pedri cada vez que el mayor succionaba su labio inferior.
Se separaron un momento para recuperar la respiración, Pedro sintió algo chocar contra su muslo y bajó la mirada. Sonriendo pero ruborizándose al ver la polla de Ferran ya dura puyar contra su piel, la suya no estaba en una situación muy diferente.
Coló su mano entre sus cuerpos para alcanzar el miembro del mayor y rodearlo con su mano. El entrecejo de Ferran se frunció y su boca se abrió en un jadeo, siendo atrapado por Pedri y tomando dominio de sus labios.
Ferran comenzó a gemir suavemente, sus sonidos perdiéndose en la garganta del menor. La mano de Pedro acariciaba de arriba a abajo tentativamente la polla entre sus dedos hasta que quedó completamente erecta.
El valenciano se separó con pesar, pegando sus labios a su hombro antes de susurrar–, date la vuelta.
La garganta de Pedri tembló y asintió torpemente, las manos de Ferran lo soltaron un momento para darle más movilidad, quedando pecho contra espalda. Una vez que se acomodo como le pidió, pasó un brazo por debajo de él y el otro tomó por la cintura y lo acercó.
Ferran empujó sus caderas hasta que quedaron completamente pegados, con su polla encajando en el pequeño hueco entre sus muslos. Pedro jadeó, sus dedos se aferraron a las sábanas y sus ojos se cerraron, demasiado sensible por la noche anterior.
El mayor se retiró sin llegar a alejarse demasiado, antes de empujar sus caderas para que su miembro se frotara en el espacio caliente entre sus piernas. Gimió con la voz ronca y marcó un ritmo constante, sus labios dejaron pequeños besos en la nuca de Pedro y una de sus manos rodeó su polla, comenzando a acariciarla al ritmo de sus movimientos.
Pedri se sorprendió a sí mismo mordiéndose el labio para acallar los sonidos que salían de su boca, demasiado afectado por frotarse contra el otro como si fueran cavernícolas.
El sudor comenzó a brotar de ambas pieles y el presemen goteaba de ambos miembros, sintiendo lo insaciables que podían llegar a ser por el otro.
Miró hacia abajo un momento, la mano de Ferran lo masturbaba rápidamente y podía ver una protuberancia aparecer y desaparecer entre sus fuertes muslos.
Inconscientemente y ya perdido por las sensaciones, sus caderas empujaron de adelante hacia atrás para igualar los movimientos de Ferran, su trasero chocando constantemente con el bajo vientre del otro.
Las grandes manos de Ferran acariciaban suavemente su cintura, contrastando en como se frotaba contra él como si fuera un perro en celo. Los besos del mayor pasaron de pequeños salpicones en sus hombros a besos húmedos con la boca abierta sobre su piel, sintiendo su cintura, contrastando en como se frotaba contra él como si fuera un perro en celo. Los besos del mayor pasaron de pequeños salpicones en sus hombros a besos húmedos con la boca abierta sobre su piel, sintiendo su lengua rozar de vez en cuando.
Sus labios subieron hasta que tomó su oreja entre sus labios, jadeando pesadamente al lado de esta– joder...– murmuró el canario.
Ferran tarareó seductoramente, una sonrisa socarrona estirando sus labios al sentir lo desesperado que estaba Pedro, moviéndose necesitado por fricción, sus suaves gemidos resonando por la habitación– ¿te gusta, cariño?– musitó bajó sobre su oído antes de dejar en suave beso sobre este.
Pedro asintió con impaciencia, sus caderas se movieron hacia atrás con más urgencia. Su vista comenzó a dar vueltas, más afectado de lo que debería solo con frotarse un poco, pero quería más, insaciable.
–Dentro...lo quiero dentro– suplicó entre jadeos, giró ligeramente el rostro y lo miró con una expresión tan destruida que no se la iba a poder sacar de la cabeza ni en su siguiente vida.
No dijo ninguna palabra, solo tomó el muslo del menor y alzó su pierna en el aire para abrirlas. Introdujo su miembro de una estocada y ambos soltaron un gemido por la sensación, sin necesidad de mucha preparación por la noche anterior.
Flexionó su brazo hasta llegar al cabello de Ferran, sin poder soltarlo ahora que por fin lo tenia entre sus dedos. Las caderas del valenciano comenzaron a embestir implacablemente, llegando hasta el fondo.
Los choques de sus pieles retumbaban en la habitación, mezclado con el sonido húmedo y sucio de su unión y con los jadeos y gemidos que ambos soltaban.
Pedro se giró un poco y lo miró, con la vista nublada. Ferran estaba destrozado, con el ceño fruncido, la boca abierta soltando sonidos que debilitaban sus piernas, la piel morena y besada por el sol brillando con sudor y el cabello hecho un desastre contra las almohadas.
Acercó su rostro como pudo y tomó sus labios, iniciando un beso desordenado, puro dientes chocando y lenguas enredándose, con la saliva comenzando a derramarse por las comisuras de sus labios.
Jadeaban con desespero en la boca del otro, con el aliento caliente combinándose. En un movimiento, Ferran tomó entre sus labios la lengua de Pedro y chupó, arrancando un gemido agudo de su garganta, el puño en su cabello se apretó.
Tomó la mandíbula del menor entre sus dedos para sostenerlo y succionó el músculo con avidez, moviendo su cabeza de adelante hacia atrás sin soltarlo, sintiendo el temblor que recorrió el cuerpo de Pedri. Su boca combinada con la polla que entraba y salía duramente de su interior lo tenían llorando y prácticamente gritando en la garganta del mayor.
Soltó su lengua con desgano y lamió el interior de su boca, saboreándolo por completo. Pedri intentaba seguirle el ritmo, pero con todas las sensaciones le costaba hacer algo más que solo recibirlo con gusto. Sus ojos se pusieron en blanco cuando la lengua del mayor casi llegó al fondo.
Mordió uno de sus labios ya rojos e hinchados antes de alejarse y atacar sus mejillas con besos con la boca abierta. Pedri permaneció con los ojos cerrados, saliendo de su boca los gritos mas pecaminosos que jamás han salido de su garganta.
–¡Ferri,Ferri!
Soltó un pequeño murmullo para hacer saber que lo estaba escuchando, sin detener sus caderas ni un momento.
–M-Más– gimió entrecortado.
Una sonrisa ladina apareció en su rostro y bajó el ritmo de sus caderas a uno lento y tortuoso– ¿más qué,Pepi?–dejó un beso en su mejilla sonrojada y salada por el sudor– ,necesito palabras.
Antes de que pudiera responder, apretó el agarre en la pierna que se había mantenido suspendida en el aire y aumentó la velocidad de sus caderas a una más rápida que antes. Lo que sea que fuera a pedir el menor, se interrumpió con un grito tan fuerte que Ferran tuvo que introducir dos de sus dedos en su boca para amortiguar sus sonidos.
–Me tomas tan bien, perfecto para mi–gimió contra su cuello.
Pedri ya estaba en el límite, hecho un desastre lloroso y sudado que no podía hacer nada más que balbucear palabras incomprensibles ahogadas por los dedos dentro de su boca, y mover sus caderas contra las de Ferran en busca de su liberación.
–Hmm...¿cerca, bebé?
Pedri asintió vigorosamente, con los ojos brillando por la estimulación. Ferran sintió el cuerpo entre sus brazos comenzando a temblar fuertemente mientras se arqueaba cada cierto tiempo en la cama. Él tampoco estaba muy lejos, sus estocadas, aunque igual de fuertes, perdieron ritmo y agarraron una velocidad más errática, desesperado por liberarse dentro del menor.
En un empujón particularmente fuerte provocó que el cuerpo de Pedri se estremeciera con fuerza, arqueándose contra su espalda, con una fuerte mordida en sus dedos y mojando la cama con una gran cantidad de semen. Ferran solo necesitó un par de estocadas lastímeras para liberarse dentro del menor con fuerza, llenándolo hasta que se comenzó a desbordar incluso si seguía dentro.
Ambos jadeaban pesadamente, con la cabeza caliente aún dando vueltas por la fuerza de su orgasmo. Pedri soltaba pequeños quejidos, aún aturdido.
Ferran salió de su interior, arrancando un gemido de ambos. Volteó a Pedro para que quedara boca arriba, lo miró por un largo momento, con el flequillo pegado en la frente, la piel brillando con la luz del sol que entraba por la ventana, los labios hinchados entreabiertos soltando pequeños sonidos con cada respiración y los ojos perdidos en el techo.
Un verdadero desastre.
No pudo suprimir la sonrisa que apareció en su rostro, porque incluso así, se veía demasiado lindo. Apartó un mechon de la frente húmeda y Pedri lo miró un par de segundos después, una pequeña sonrisa extendiendo sus mejillas mientras su respiración se calmaba.
Se acercó un poco y plantó un suave beso en sus labios antes de levantarse a buscar una toalla para limpiarlos. La humedeció una vez que la encontró y se limpió a sí mismo antes de mojarla otra vez y volver a la cama para limpiar a Pedri.
Acarició su piel suavemente con la tela húmeda, limpiando su agujero con cuidado, quitando el semen que ya comenzaba a chorrear sobre el colchón y provocando que gimiera suavemente, girando el rostro hacia la almohada. Se lamió los labios y le costó toda su fuerza de voluntad no tomarlo una vez más en ese momento.
Tiró la toalla por algún lado en la habitación y se acostó a su lado, mirándolo. Tomó su barbilla entre sus dedos y lo besó suavemente, completamente perdido en el sabor de sus labios. Se quedaron así un largo rato, envueltos en esa calma post-sexo, besandose con nada más que ternura porque ya no tenían energía para algo más que eso.
–¿Tienes hambre?– preguntó el mayor después de un momento mientras se levantaba, subiendo su ropa interior por sus caderas.
Pedro lo miró de arriba abajo mientras una de sus cejas se arqueaba y una sonrisa aparecía en su rostro– hmm...yo ya estoy bien comido– ronroneó.
Ferran solo soltó una carcajada antes de sorprenderlo y tomarlo entre sus brazos al estilo princesa. Pedro patealeó un poco antes de abrazarse a sus hombros y reírse fuertemente.
–¡Ferri!
Sus risas resonaron por todo el departamento.
