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Language:
Español
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Published:
2026-01-12
Words:
3,047
Chapters:
1/1
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3

"Detrás del Cristal: Lo que el Parásito Dejó"

Summary:

"La cámara enfocaba la caja de madera astillada sobre la mesa del comedor. Manuel ajustaba la iluminación, tratando de ocultar el leve temblor de sus manos.

— Amigos, no sé si esto fue una buena idea —dijo Manuel a la lente, forzando una sonrisa—.

Timmy insistió en que esta página de la Dark Web era 'segura', pero el paquete huele a humedad y... algo más.

Timmy, sentado al lado, no bromeaba como siempre. Tenía la mirada fija en el sello de cera negra de la caja. Desde que el repartidor anónimo la dejó en la puerta, había sentido un frío extraño recorriéndole la nuca. Al abrirla, no hubo gritos, solo un silencio pesado. Dentro había un objeto.

— ¿Qué es eso, Tim? —preguntó Manuel acercando la cámara.
Timmy no respondió. Solo sintió un pinchazo agudo en el brazo, justo donde el parásito lo había marcado antes. La pesadilla estaba empezando otra vez, pero esta vez, la cámara no iba a poder protegerlos."

Work Text:

Capítulo 1 (La obsesión de Manuel)

El zumbido de los focos LED era lo único que llenaba el vacío del comedor. Manuel ajustó el trípode por tercera vez en menos de cinco minutos. Sus dedos, usualmente ágiles y seguros, rozaban el metal frío con una torpeza que intentaba ocultar. Detrás de la lente, el mundo parecía más manejable, una realidad contenida en un rectángulo de cristal líquido de tres pulgadas. Pero fuera de ese encuadre, el aire en la casa se sentía denso, como si las paredes mismas estuvieran reteniendo el aliento.

La cámara enfocaba la caja de madera astillada sobre la mesa del comedor. Manuel ajustaba la iluminación, tratando de ocultar el leve temblor de sus manos.

- ¿Estás listo, Tim? -preguntó Manuel, sin apartar la vista del monitor de la cámara
- Amigos, no sé si esto fue una buena idea -dijo Manuel a la lente, forzando una sonrisa- se notaba que estaba nervioso más de lo normal pero lo oculto con su fachada de serio y frío, el vídeo tenía que salir perfecto.

Manuel insistió en que esta página de la Deep Web era 'segura', pero el paquete huele a humedad y... algo más como a cobre a viejo. Un olor cuando algo lo tienen guardado por mucho tiempo y apenas en ese mismo momento lo hubiera sacado de su escondite, el aire se sentía más denso, más frío de lo normal aunque era las 3 am, se sentía en el ambiente un escalofríos.

Timmy estaba sentado al otro lado de la mesa de madera astillada, no bromeaba como siempre.Llevaba una sudadera gris demasiado grande para él, unas dos o tres tallas más grandes de lo normal?, se veía más pequeño... más frágil de los que se muestran en los vídeos, sus lentes estaban reposando a un lado en la mesa frente a él. Sus manos estaban escondidas en las mangas. Su rostro, iluminado por la luz blanca y artificial del set, se veía más pálido de lo habitual. No respondió de inmediato. Sus ojos estaban fijos en el paquete que descansaba entre ellos: una caja de madera oscura, envuelta en papel de estraza amarillento y sellada con una cera negra que parecía absorber la luz en lugar de reflejarla.

Desde que el repartidor anónimo la dejó en la puerta, había sentido un frío extraño recorriéndole la nuca.

- Manuel... no sé si esto sea necesario -susurró Timmy. Su voz era apenas un hilo-. Dijimos que después de lo del parásito, tendríamos cuidado. Dijimos que el contenido no valía el riesgo.

Manuel sintió un pinchazo de culpa en el pecho, una punzada que ignoró con la destreza de alguien que se ha acostumbrado a mentirse a sí mismo. Miró la mano de Tim, en qué momento dejó de jugar con ellas? En que momento subió para tocar el lugar que muy bien sabía que ahí estaba la cicatriz que Timmy muy recelosamente tenía escondida una marca violácea, rugosa, que servía como recordatorio constante de la última vez que el peligro dejó de ser un guion para convertirse en carne viva.

- Es por el canal, Tim. La gente cree que nos hemos vuelto "suaves". Dicen que todo es falso ahora. Necesitamos demostrar que seguimos siendo los mismos, que no tenemos miedo -Manuel forzó una sonrisa, esa sonrisa de "vlogger" que proyectaba una confianza que no sentía-. Además, el vendedor de la Red Oscura me aseguró que esto es inofensivo si no se rompe el sello. Solo es una pieza histórica.

- Una pieza histórica que llegó en un camión sin matrícula a las tres de la mañana -replicó Timmy, finalmente levantando la mirada. Sus ojos buscaban los de Manuel, buscando una salida, una excusa para detenerse.

Pero el ego de Manuel era un motor que ya estaba en marcha. Presionó el botón de "Record". El anillo de luz alrededor del objetivo se tiñó de rojo. La función había comenzado, Timmy cerró los ojos por un momento para tomar aire, *Solamente es un vídeo más.... Es para el canal, solamente para el canal* pensó poniéndose los lentes para mira a la cámara.

- ¡Qué pasa, familia! Bienvenidos a un nuevo video -la voz de Manuel cambió instantáneamente, volviéndose vibrante, enérgica, proyectando esa falsa seguridad.

- Hoy estamos en un nivel diferente. Después de meses de búsqueda en los rincones más profundos de la Deep Web, finalmente lo tenemos aquí. El objeto que, según las leyendas, perteneció a una de las sectas más antiguas de Europa. Timmy está un poco nervioso, ¡saluda, Tim!

Timmy forzó una pequeña mano fuera de su manga y saludó tímidamente a la cámara.

- Hola a todos -dijo, intentando seguir el juego, aunque su instinto gritaba que saliera corriendo de esa habitación.

Manuel sacó una navaja del bolsillo. El metal brilló bajo los focos. Se acercó al sello de cera negra. En ese momento, el olor llegó a ellos: no era el olor a viejo o a humedad que esperaban. Era algo orgánico, algo que recordaba al hierro de la sangre fresca y al ozono antes de una tormenta eléctrica, tenía ese leve olor a tierra mojada, preparándose para una tormenta o una lluvia? No tenía esa respuesta, pero Manuel sigue adelante igualmente.

- El sello es extraño -comentó Manuel para la audiencia, acercando el micrófono a la caja-. Parece... ¿piel? No, es solo cera endurecida. Muy bien, a la de tres. Uno... dos...

- Manuel, espera -interrumpió Timmy, su respiración empezando a acelerarse-. Siento algo. Mi brazo... me está quemando, me incomoda. Ya no quiero seguir grabando.

Manuel se detuvo en seco. La cámara seguía grabando, captando el momento de tensión real que los suscriptores tanto amaban. Pero al ver la cara de terror genuino de su mejor amigo, algo en su interior vaciló. ¿Estaba realmente dispuesto a sacrificar la paz de la única persona que amaba por un millón de vistas? El dilema duró solo un segundo, sepultado por la ambición, *Es por el canal*,- Solo son los nervios, hermano. Estamos juntos en esto... Tres.

La navaja cortó la cera con un crujido seco, similar al de un hueso rompiéndose o un palo siendo roto por la mitad, la tapa de la caja se abrió lentamente, y el aire de la habitación pareció ser succionado hacia el interior del cofre no hubo gritos, solo el silencio pesado y una tranquilidad que daba miedo, era como la tranquilidad ante la tormenta.

Dentro, sobre un lecho de terciopelo podrido descolorido por el tiempo o más bien por el poco cuidado que no se le brindo, descansaba el espejo de mano con un marco de plata ennegrecida. No era bonito, no era brillante; era viejo y oscuro, como si nunca hubiera reflejado la luz.

No era un espejo común. El cristal era negro como el ónix, y el marco de plata estaba tallado con figuras que parecían retorcerse si las mirabas demasiado tiempo. Pero lo más aterrador no era el objeto en sí, sino lo que Manuel y Timmy vieron (o mejor dicho, lo que no vieron) al mirar su superficie.

El espejo no reflejaba el comedor. No reflejaba los focos LED ni la cámara. Reflejaba una versión de la habitación sumida en una penumbra total, donde las paredes chorreaban una sustancia oscura y, en la silla donde debería estar Timmy, solo había un vacío palpitante, a Timmy no le comenzó a gustar nada. Sentía un escalofríos desde la espalda baja hasta la nuca sentía una corriente que le recorría por el cuerpo desde la punta de los dedos de la manos hasta la punta de los desde de los pies.

- ¿Qué es eso, Tim? -preguntó Manuel acercando la cámara.
Timmy no respondió.

- Manuel... -Timmy sollozó, estaba aterrador, que está pasando? Tenía miedo, tiene miedo, tiene mucho miedo, llevándose la mano a la cicatriz. La marca comenzó a brillar con una intensidad enfermiza traspasando la tela de la sudadera, *por qué hay calor? Tengo calor! No me gusta nada de esto*-. ¿Por qué no nos vemos en el espejo?

La transmisión en vivo, que Manuel había iniciado en paralelo, empezó a llenarse de comentarios a una velocidad vertiginosa. El chat era un caos de advertencias que ninguno de los dos estaba leyendo. Estaban atrapados en el magnetismo del cristal negro. El parásito no se había ido; solo había estado esperando una invitación para dejar pasar a algo mucho peor.

La luz roja de la cámara no era solo un indicador de grabación; para Manuel, se había convertido en el único sol de su universo. Cómo una polilla que va directo a una llama caliente, así se sentía Manuel, le encanta ser el centro de atención, queria se esa polilla que girara alrededor de la luz. Que sentía que el mundo era suyo, completamente suyo.Mientras veía a Timmy encogerse en su silla, una parte de su cerebro -la parte que aún recordaba los veranos que pasaron jugando fútbol antes de la fama, que iba con emoción a grabar esos vídeos, que compartían la misma cama por qué no le alcanzaba para pedir dos cuartos de hotel- le gritaba que apagara todo y quemara la caja, precisamente lo que tenía adentro. Pero esa voz era débil comparada con el rugido de la adrenalina, de la que si hacía eso iba a perder lo que duramente le costó conseguir.

Manuel no siempre fue así. Al principio, el canal era un refugio para ambos para los dos, un lugar donde dos chicos que no encajaban fácilmente con la sociedad podían ser héroes, podían ser ellos mismos. Pero el éxito, la fama, el dinero conseguido por lis suscritores, era aditivos como si fuera una droga, su droga. La que necesitaba para poder salir de esta realidad para que las personas lo reconocieran a caminar por la calle, a ir al supermercado, que le pidieran fotos o un autógrafos.

Pero se convirtió en un parásito más peligroso que el que habitó en el brazo de Timmy. Manuel se había vuelto adicto a la validación de millones de extraños. Cada "like", cada comentario alabando su "valentía", era un ladrillo más en el muro que lo separaba de la realidad.

Para él, la seguridad de Timmy se había convertido en una variable ajustable. Se convencía a sí mismo de que "lo tenía bajo control", que él era el protector y que, mientras él sostuviera la cámara, nada malo pasaría realmente. Pero la verdad era más oscura: Manuel tenía miedo de volver a ser nadie. Prefería ver a Timmy temblar frente a un objeto maldito que ver las estadísticas del canal caer en picado. Su ego le susurraba que Timmy era fuerte, que *aguantaría un video más*, minimizando el dolor de su amigo para justificar su propia sed de gloria.

- No va a pasar nada, Tim. Es solo un objeto. El miedo está en tu cabeza -dijo Manuel, aunque sus propios ojos evitaban el cristal negro del espejo. Sus palabras eran un escudo de papel frente a una tormenta de granizo.

Al otro lado de la mesa, Timmy sentía que el mundo se desmoronaba. Para él, el incidente del parásito no fue un "video exitoso"; fue una violación de su propio cuerpo. Había pasado noches enteras sintiendo algo moverse bajo su piel tenía miedo de dormir y despertar aterrador porque sentía algo en su cama, la viscosidad y el mal olor era una presencia que le robaba el aliento. Cuando finalmente "salió", Timmy creyó que el ciclo se había cerrado y que lo había dejado como un *vídeo viejo*. Hizo terapia, trató de olvidar el color de la sangre infectada y los movimientos de "eso" intentando entrar a su cuerpo, como lo que sentía cuando se retorcía adentro de su cuerpo cuando se lo estaban sacando, el sonido de los chirridos que salían de su herida,su llanto, los gritos aterrorizado que el vídeo no salió como debía de salir. Creyó que lo había dejado.

Pero ahora, frente a ese espejo, el trauma regresó con la fuerza de un tsunami. Al sentir el calor punzante en su cicatriz, Timmy comprendió la verdad más aterradora: el ciclo nunca se cerró; solo estaba en pausa. La entidad no había llegado para ser parte de un video de YouTube.

Había llegado para terminar lo que el parásito empezó. Timmy miró a Manuel, buscando al amigo que solía defenderlo de los abusadores en la escuela, pero solo encontró a un hombre con la mirada fija en una pantalla, analizando si el encuadre era el correcto.

El aislamiento de Timmy era total; estaba solo en una habitación con su mejor amigo y una presencia milenaria que reclamaba su alma.

- Me duele, Manuel. De verdad me duele mucho -susurró Timmy, y una lágrima solitaria rodó por su mejilla, brillando bajo los focos-. Esto no es un juego. Siento... siento que el espejo me está llamando por mi nombre. No por el nombre del canal, Manuel. Por mi nombre real.

Manuel, por un segundo, vaciló. Vio la lágrima. Vio el temblor errático en las manos de Timmy. Pero en ese preciso instante, el contador de espectadores en vivo saltó a los 500,000. El ego ganó la batalla.

- La audiencia está flipando, Tim. No podemos parar ahora. Solo diez minutos más y cerramos -sentenció Manuel, sellando así el destino de ambos.

El espejo, como si hubiera escuchado la decisión de Manuel, emitió un pulso de frío que apagó las luces LED de golpe. La única luz que quedó fue el pequeño punto rojo de la cámara, que seguía grabando en la oscuridad, capturando cómo la superficie negra del espejo empezaba a licuarse, preparándose para absorber la realidad.

El silencio que siguió al apagón no fue un silencio ordinario, fue como cuando uno está en un momento serio que por cualquier momento el silencio será roto, por cualquier cosas; fue un vacío sónico que pareció succionar el oxígeno de la habitación.

Manuel se quedó congelado, con la mano aún extendida hacia la cámara. El repentino cambio de la luz cegadora de los LED a la negrura absoluta le provocó manchas residuales en la visión, orbes de colores que danzaban en la oscuridad, distorsionando su percepción, parpadeando varias veces para poder acostumbrarse a la repentina oscuridad.

- ¿Tim? -la voz de Manuel sonó pequeña casi tentativa, despojada de su tono de presentador.

No hubo respuesta inmediata, solo el sonido de una respiración errática y entrecortada que venía del otro lado de la mesa. Manuel tanteó la mesa buscando su teléfono, pero sus movimientos eran lentos, calculado, como si el aire se hubiera convertido en melaza. El ambiente se sentía pesado, con una presión barométrica que hacía que los oídos le pitaran como si en su cabeza estuviera miles de abejas zumbando de un lugar a otro.

Había un olor metálico, ozono mezclado con algo antiguo casi maligno pero no podía decir o explicar lo extraño que se sentía, era como algo que recordaba a la tierra húmeda de una tumba recién abierta.

Manuel finalmente encontró su teléfono y con los dedos temblando por el cambio de ambiente encendió la linterna del teléfono. El haz de luz cortó la oscuridad, revelando que el polvo en el aire se movía de forma antinatural, girando en espirales alrededor del espejo negro. Miró hacia la ventana del comedor que daba a la calle.

- Las farolas de afuera están encendidas... -

Murmuró Manuel, sintiendo un escalofrío recorrerle la columna-. Los vecinos tienen luz. Tim, solo se fue la luz en nuestra casa.

El círculo de luz de la linterna se desplazó hasta enfocar a Timmy. Lo que Manuel vio lo dejó sin aliento. Timmy no estaba simplemente asustado; estaba en un estado de catatonia por terror.

Tenía las rodillas pegadas al pecho sobre la silla y sus manos cubrían sus oídos, sus lentes estaban en el piso, seguramente se le cayeron cuando se cubrió los oídos, mirándolo sus ojos estaban desorbitados, fijos en la nada.

Para Timmy, la oscuridad no era la ausencia de fotones; era una presencia física, una masa de sombras que parecía tener peso y textura.
Timmy no temía no ver nada; temía lo que sí podía ver cuando sus ojos se ajustaran, lo que podía sentir por a través de sus otros sentidos.

Tenía miedo de que, en ese espacio negro entre la mesa y la puerta, la entidad estuviera tomando forma, usando la oscuridad como un lienzo para reconstruir su cuerpo. Su cicatriz en el brazo comenzó a palpitar con un ritmo cardíaco propio, una luz violeta tenue que se filtraba a través de la tela de su sudadera, como un faro para lo que acechaba en las sombras.

- No está oscuro, Manuel... -susurró Timmy con una voz que no parecía la suya-. Está lleno. La habitación está llena de ellos. Puedo sentirlos rozando mis pies, tocándome, me aterra.

Manuel sintió que el vello de sus brazos se erizaba,conocia esa sensación muy claramente. El escepticismo que había mantenido como una armadura se agrietó. Intentó acercarse a Timmy para darle algo de seguridad, pero el frío que emanaba del espejo era como una pared de hielo. Cada paso hacia su amigo le costaba un esfuerzo sobrehumano, como si estuviera caminando contra una corriente invisible que lo echaba para atrás, daba un paso y sentía que retrocedía tres.

La casa, su refugio, su hogar, se había transformado en un territorio hostil, una extensión del Lado Izquierdo que reclamaba su derecho de propiedad.
En ese momento, el teléfono de Manuel vibró violentamente. Un mensaje de alerta de la transmisión en vivo apareció en la pantalla, iluminando su rostro con un brillo azulado:

"ERROR DE SEÑAL: LA FUENTE DE AUDIO NO PERTENECE A ESTA REALIDAD".

Manuel bajó la linterna hacia el espejo. La superficie negra ya no era sólida. Pequeñas ondas se expandían desde el centro, como si algo estuviera a punto de emerger desde el fondo de ese pozo de ónix. El parásito había sido solo el explorador; lo que estaba en esa habitación ahora era el ejército.

- Tenemos que salir de aquí, Tim. Ahora -dijo Manuel, alcanzando finalmente la mano de su amigo.
Pero cuando sus dedos se cerraron sobre la muñeca de Timmy, no sintió piel cálida. Sintió algo frío, viscoso y vibrante. Timmy lo miró, y por un segundo, sus pupilas no eran redondas, sino grietas verticales que reflejaban un mundo que Manuel aún no estaba listo para comprender.