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[¡El alfa y modelo Sergio Pérez se encuentra para la pasarela en Mónaco!]
Los flashes parpadean al ver en la camioneta negra al codiciado hombre. La puerta se abre suavemente y la sonrisa se posa en su rostro, una sonrisa sabiendo que será el titular de las próximas revistas. Orgullosa, con grandes expectativas. Los ojos recorren a la aglomeración de personas que lo rodean con sus cámaras, algunos con celulares.
El cabello peinado, esos ojos de cordero, las pecas salpicadas cómo constelaciones, el alfa que todos esperan llegó a la pasarela.
La noticia tan inesperada estaba en boca de todos los medios que pudieras pensar, cada artículo, cada noticia en facebook, instagram, e incluso X estaba repleto de la llegada del mexicano. Muchos saben lo privado que es, lo poco que deja mostrar personalmente, pero además, el tiempo que se toma en cada colaboración es la mayor gloria entre sus admiradores (e incluso sus haters, aunque lo nieguen).
Y es que Sergio es una pieza de extrema rareza, donde solo participa en aquellos eventos de modelaje que considere que se alineen en sus ideales, en las causas, usando esa ropa tan excéntrica, acentuando cada atributo, cada curva, apretando donde debe y como pólvora encendida, desaparece. Agradece su invitación y se retira a su casa en Miami, donde es incluso difícil de tener contacto por su seguridad y de su familia.
Y a Max solo le divierte cómo los demás sufren por buscar un gramo de la vida de su esposo. Que salivan por ver protagonizar un drama sin sentido y regocijarse de una noticia amarillista.
Como tricampeón de la fórmula 1, sabe la dificulta vida de una figura pública. Los cambios de ambiente, la gente, los reporteros; pero aún a pesar de todo, hay espacios para ellos, aunque usualmente sus horarios no coinciden y tienden a pasar meses donde solo pueden verse un par de días o incluso llamarse a altas horas de las noches para escuchar al otro cuando se sienten solos; nunca se separan cuando sus celos se acercan, ahí no se discute y suspenden sus horarios para mimar al otro. El trabajo es solamente una fracción de su día, pero ellos juntos son para toda la vida.
No es para menos que estén tan enamorados, cuando uno de ellos se miró, se enamoró; pero el otro, cayó rendido. Max no tenía ambición de una pareja, su vida está en el pico más alto de lo que ha estado soñando. Conducir, ganar, son parte de su ser, pero conocer a Sergio es como la calma que necesita de su rápido trabajo.
Al principio fue sutil, lento, Sergio no había tenido esa química tan estrecha con su lobo hasta que miró por primera vez a Max en una de sus invitaciones al paddock. Fue un instante que su lobo y él, estaban de acuerdo de buscar a ese alfa y tenerlo. De brindarle su cuello y vivir el para siempre. No fue tan difícil convivir con él, pero Max estaba concentrado en las carreras, en el aullar de su monoplaza, los gritos efervescentes, la constante actualización y manejo de las carreras. Era un hueso difícil de roer, pero Sergio aún así se aventuró.
Las palabras contenían otro tono, las preguntas más invasivas, las manos picando de necesidad. Max, estuvo seguro que no era solo su cabeza, notaba cada gesto y ronroneaba de pensar la posibilidad. Los medios, son entrometidos, como viles cucarachas, buscando alguna puerta para comer y les dio de qué dar. Al principio como broma, pero cada vez escalaba, los empujones eran coquetos, las miradas conectadas, las sonrisas de unos hombres enamorados.
Verstappen sabía quién es Sergio, su pasado, lo que pasó antes de él. No importaba cuando en ese dedo anular, no había anillo, en ese muscular cuello descansaba un collar de piedras plateadas, símbolo de un alfa soltero, sin reclamar. Sus dientes picaron de emoción, sus ojos lo reclamaban como suyo y no había quien pudiera decir lo contrario al león holandés. Su mirada se enfocaba a Sergio, cada centímetro de él lo quería como territorio.
No pudo esperar y cerrar esa puerta abierta a los demás. Es suyo y no va a compartirlo, que otros busquen otra pareja, porque Sergio Michel Pérez es solamente de él. Ese cuerpo ancho y de buena carne, es suyo por devorar. Su sonrisa de amor sólo se las dedicará a él, esas pecas serán besadas con devoción y cariño, que ese cuello llevará la sentencia de su unión. Sus cuerpos son fundidos en uno solo, para su alfa y dejará que todos aquellos que sueñen con él, sigan soñándolo. Porque Max Verstappen es el alfa de Sergio Pérez.
Abrió un oscuro deseo en su corazón a ese alfa y el contrario no tenía objeciones. A palabras dentro de la casa del mexicano, sus votos realizaron y concibieron un testamento juntos. Acordaron sus necesidades, qué quieren como relación y por último, ¿Qué son ellos dos exactamente?
Al siguiente día, podías ver en el paddock al alfa mexicano de la mano con su alfa tetracampeón. Las sonrisas de suficiencia, la arrogancia de Verstappen al ver las caras de los demás, el rostro de pura felicidad de Sergio. Las cámaras adoraron la escena, participaron en varias noticias ¿Y ellos? Tan felices como nunca.
Su relación no es de color rosa, su naturaleza choca con los instintos y aveces son más fuertes de lo que creen. Max sabía lo que es tener el paquete de Sergio: fama, amor incondicional, satisfacción, pero también, un cúmulo de celos. La certeza de que sin importar su anillo de esposos, hay gente esperando un error del piloto, buscar una fractura y actuar como salvadores del mexicano. Odiaba, lo odiaba tanto que causaba un enfado irracional.
Ver en fotos de su esposo en alguna pasarela solo y fijarse en la gente de alrededor. Cómo lo miran. Cómo lo desvisten con la mirada. Era un constante dolor de cabeza pensarlo.
—Maxie, ¿Estás listo?
Frente suyo, su alfa y su esposo, quien porta una argolla dorada con el grabado del día de su boda. Su lobo ronronea al sentir esa posesión ácida recorriéndole la sangre. Toma su mano, girando la argolla en el dedo contrario, intentando calmar los colmillos que quieren salir para alejar los ojos curiosos y aventurados de las personas.
—Claro, mijn lieverd. —Sus ojos se encuentran y solo puede contemplar el manjar de café que esos preciosas ventanas tiene. Se acerca (tan tranquilo como puede), recorriendo con su nariz la mejilla de su esposo y se restrega con cariño. — Te encuentras tan hermoso.
Separándose por unos centímetros, le regala una sonrisa, con un cariño que nadie puede negar que el piloto está perdidamente enamorado. El rubio tomó su mano y dejó un casto beso en los nudillos contrarios, de un sello, de un pacto juntos.
—Oh, mi león. — El marcado acento mexicano relució, ese que tanto ama y le encanta que haga cosquillas en la mente de Verstappen. — Gracias.
Sergio es un diamante, invaluable, difícil de conseguir. Y así quiere que se quede, es el deber como su alfa proteger su territorio. Proteger su manada. Proteger lo que tienen juntos.
Tanto que le pone celoso ver aromas extranjeros en él. Ahora ya no es tan visto, pero las primeras veces, oler de su cuello los olores de otros, cómo descaradamente marcaban sus fans en él, las fragancias plagadas de un doble contexto, de lujuria, de necesidad. Se sentía como un perro rabioso, pero a la vez, era una perfecta excusa para usar el cuerpo del mexicano y poner en él tanto de su propio olor como pudiera. Mancharlo de tiras y tiras blancas mientras que su mirada se perdía en el cuerpo del mayor. Arrancarle jadeos y mostrarle sus colmillos para cortar esa piel y magullarla a su antojo.
Y ahora, después de un año fuera de las cámaras, todos se fijan en él. En su piel radiante, su sonrisa emocionada, su cabello perfectamente peinado. No podía mentirle que odia las miradas inquisidoras de las personas hacia él, que lo miren como un objeto y tengan el derecho de opinar del cuerpo de su esposo. Que se fijen en áreas que son sólo para él. Tomar derecho en tomar videos y fotos cuando está desconcentrado y babear sin pudor alguno.
Nunca ha sido bueno compartiendo, claro que ha podido calmar la urgencia de gruñir, pero no quita la visceral necesidad de soltar sus feromonas y bañarlo en él. Que conozcan con quién se atreven a tocar de más. Lo tenían gritando en su mente por lo hermoso que es su esposo. Maldecía, pero a la vez reconoce la belleza que lo tiene tan atontado por igual.
—Maxie. —lo llama suave su pareja, capturando la cintura de Pérez lo acerca para oler su aroma. Pino y jazmín. Calma la efervescente deseo de su lobo por gruñir ante tanta atención que recibe. — ¿Qué tienes en mente, lobito?
Refunfuña sin soltarle. Apretando de más su cintura.
—Anda. —Verstappen no sabe a qué se refiere, olfatea el hueco entre su cuello y se restrega como un gato. La rosada marca se encuentra vigorosamente. Una linda cicatriz que se habían hecho aquel verano en Imola.— Vamos, alfa.
Al separarse, ve que su esposo le toma la mejilla con amor. Sus ojos escanean sus movimientos y mira el libre acceso a su cuello. La marca se abre en su totalidad y se deja entrever la unión física (y espiritual) de ambos. Su vista desenfoca de su esposo y recorre al pequeño tumulto acumulado en la distancia, observando cualquier movimiento del mexicano. En respuesta, gruñe su lobo celoso.
En algún rincón de su mente le pedía a la luna que lo perdonara Gp por la nueva polémica que estaba por crear. Y es que no hace menos de 2 meses que se metió en una polémica junto a Ocon, un beta dentro de su categoría y que ahora, estará por crear uno nuevo junto a su pareja alfa. Por otra parte, ansiaba poder reclamar a su pareja en público. Sabía que no estaba bien visto las mordidas a plena luz ya que se conocía como "conducta indecente", pero quería parar por lo menos esa noche las miradas a su esposo y que se concentren en que tiene pareja. Que está tomado y no hay devolución.
Tomó entre sus manos el rostro de su compañero, admirando sus ojos cafés (que a su parecer contienen un ligero verde) y olfateó el dulzor de su aroma. Acarició con su nariz su glándula para estimular una marca semi-completa.
—Te dolerá, mijn hart. —susurró. Sus dientes se sobresalieron por la propiesta y no pudo ocultar la emoción que le recorrió al hacer esto. Sus manos sudan de la ansiedad (suya y de su pareja); besa la marca y brevemente su dentadura está clavada en la marca antigua. Los pliegues de piel abren paso al músculo y rasgan parte de. Saliva como un perro hambriento y se adentra al torrente de Sergio, dándole una sensación de calidez. De hogar. Al retirarse lentamente, aspira su aroma en él y lame la herida que hizo, el rastro de sangre paró en su lengua cuidándolo con largas lamidas para curar el hueco. Sintió el pequeño temblor de placer de Sergio entre sus brazos y lo miró con un cariño.
—Uhm. — el azabache soltó en un bajo gemido. Sus manos se aferrador a sus antebrazos y sus ojos cerrados de la explosión de una marca renovada. —Te amo tanto , cariño. — Max decidió voltear brevemente hacia el tumulto, sonriendo aún con los dientes manchados de sangre y le plantó un beso a su alfa en estado de éxtasis. El chillido que sonó a distancia era una mezcla de decepción y sorpresa de aquellos alfas, omegas e incluso betas que estaban. Oír aquello fue como música para sus oídos.
Devoró de nuevo los labios de Sergio, tomando las mejillas de su pareja y tener una sesión de besos. Sus colmillos chicando con los dientes de Sergio, rasgando un poco los labios del contrario. El vínculo, tan renovado como puede estar, vibraba en sensaciones, atravesando cada parte de su cuerpo hasta dejarlo sin aliento. Sus aromas se enfundaron y solo había un espéctáculo del momento y ellos son los protagonistas.
—Vamos lindo, ya puedo dejar que respiren de ti. — Max comentó grave, mimando con cuidado a Checo, quien se encontraba aletargado ante la renovación. Pérez se restregó en el cuello de Max para sentirse cómodo y seguro; ese hecho solo lo hizo ensanchar su orgullo. El aroma del mexicano se intensificó a nariz del rubio y palmeó los costados del bajo. — Tengo que mostrarles a qué alfa perteneces.
Ronroneó el mexicano, tomando su mano. —Eres un león muy codicioso. —extasiado por el perfume de las feromonas de Sergio, ronroneó escuchar su idioma natal. — Espero estés contento.
Tomando la delantera, Sergio camina al vestíbulo del lugar. Ignorando lo que acaban de hacer, porque es de ellos su interacción. Aún cuando llegaron a la mesa asignada y los suegros de Sergio se encontraban (impacientes) de su presencia, estaban seguros que no les afectó las miradas inquisitorias de Jos Verstappen ante las energías renovadas de ambos.
Tal vez saliendo del evento, tenían que terminar la renovación completa y otra vez Max tenía que presumir a su pareja para todo el mundo. Y es que él no consiguió a Sergio por pura suerte, tuvo que ganarse su lugar.
Los demás que sigan soñando lo imposible.
