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Hawkins, marzo de 1986.
Vecna estaba siguiendo su plan, los cuatro portales colapsados formaron las dos grietas en toda la ciudad. El suelo temblaba y la gente comenzó a correr atemorizada. Cientos de casas se hundieron en la enorme cruz que tachaba la ciudad. Como si un mar de lava surgiera desde el mismo infierno, saliendo a la luz. Los militares llegaron armados en sus camionetas y con sus antenas apuntaron las grietas. La frecuencia que emitían espantaba a cualquier animal. La extensión de la ruptura finalmente cesó y no hubo más que unos sonidos fantasmagóricos que surgían desde su interior. Los rugidos retumbaron por el aire. Algo estaba por salir. Una colonia de demobats salieron disparados a la caza de gente. Se aferraron a los cuellos de una joven estudiante. Rompieron vidrios, acosaron cada vivienda que pudieron. La gente los desconocía, nunca habían visto un animal así. «Han de tener rabia estas cosas» musitó una anciana agazapada tras su ventana con una mezcolanza de odio y confusión. Decenas de camionetas militares se desplazaron por las calles. «Adelántese a las fronteras» ordenó una voz femenina desde el walkie-talkie. «Vamos en camino» respondió el Teniente Akers. Desde su camioneta, viró a toda velocidad por una esquina atropellando unos cuerpos que yacían en el pasto agreste. Mientras tanto el copiloto disparaba a los demobats con asombrosa puntería. La anciana cerró sus puertas y persianas. Los militares sitiaron la ciudad. Apuntando con armas al cielo van cayendo los cadáveres uno por uno.
Jane, Will, Mike, Jonathan, Nancy, Hopper y Joyce estaban en la cabaña. Desde el bosque veían la ciudad dividida en cuatro. Las esporas del aire cayeron sobre los hombros de Jane, que se había agachado a tomar las flores de la primavera, que estaban ahora marchitas. Todo el campo estaba putrefacto a causa de las quiebras, ¿qué salía de ellas?
En el cielo rojo caían relámpagos que ahuyentaban a las aves, como tormenta que se avecina.
—Vecna… —murmuró Will con la mano en la nuca.
—Los cuatro portales. Vecna ya formó cuatro portales —añadió Mike.
El terror en sus ojos era indiscutible.
—Algo está planeando.
—Pero nosotros lo incendiamos —intervino Nancy frunciendo el entrecejo—. En su casa.
—Y luego cayó por la ventana —agregó Jonathan.
—¿¡Cómo es que sigue vivo!?
Todos caminaron hacia la cabaña.
—Está vivo. No sabemos cómo, pero lo está. Will lo puede sentir —dijo Mike con seguridad.
—Okey, lo está. ¿Pero qué hay de las grietas? ¿Por qué frenaron? —Jonathan sonaba furioso—. ¿Acaso no piensa dejar paso al Upside Down?
—Fusionar mundos —Susurró Jane.
—No.
Todos se giraron a ver a Will con un aire de confusión en sus rostros.
—No puede. —Hizo una pausa—, no todavía.
—¿Por qué no? ¿Qué hay con sus poderes? —preguntó Jane.
—Yo… —Will se puso a pensar en qué responder—. Vecna tiene un plan. Pero necesita más fuerza para lograrlo. Y la va a encontrar.
En sus ojos lagrimosos se podía notar su frustración. Una vez dentro de la cabaña, cerraron las ventanas y se acomodaron en una ronda.
—Vamos a tener que permanecer fugitivos —dijo Will desde su asiento con los dedos entrelazados—. Jane está siendo buscada por el gobierno. Seguramente vengan por ella.
Mike asintió, mientras Joyce estaba algo desconcertada. Hopper se enderezó.
El viento soplaba fuerte. Y a unas cuadras, las ventanas de la estación de radio municipal rebotaban tanto que parecía que iban a estallar. En el techo, el cartel que figuraba «WSQK “The Squawk”» estaba chueco, lleno de roturas, hojas y tierra a causa del terremoto y la presunta tormenta. A lo lejos, en el barrio destruido, un niño corría desenfrenadamente. Intentaba gritar pero su garganta ya no daba abasto. Un demogorgon iba tras él. Lo tomó con sus garras y se escapó por la grieta.
No muy lejos estaba la clínica donde se hospedaba Max, “Hawkins General Hospital”. Había sido llevada de urgencia y en su libreta figuraba «Paciente en estado comatoso». Lucas había pasado la noche con ella, reproduciendo una y otra vez la cinta de Running Up That Hill, esperando a que despierte en algún momento. De pronto las luces comenzaron a titilar. Lucas abrió los ojos como platos y se puso de pie.
—Va a despertar —susurró para sí mismo.
Una alarma comenzó a sonar en todo el establecimiento. A lo lejos se escuchaban rugidos. Lucas se apresuró a tomar a Max con los brazos. Se llevó también el reproductor. Una vez en el pasillo, miró hacia todos lados desconcertado. Escuchó un grito y salió corriendo. Antes de doblar, se detuvo un momento frente a la puerta de una de las salas. Por la ranura logró divisar algo que lo dejó estupefacto. Las garras de un demogorgon arrancaron las sábanas de una camilla, degollando a una anciana. Las ventanas de la puerta se salpicaron de sangre. Ahora iba a escuchar la música sonar. Lucas echó a correr otra vez. Tomó el ascensor y apretó frenéticamente el botón de bajar. Llegó al primer piso. Los pasos pesados de los monstruos rebotaban en el techo. En la pared de enfrente brillaba un cartel verde. «EXIT». Lucas fue hacía él. Antes de bajar por la escalera se tropezó con el cuerpo de un hombre de seguridad tirado en el suelo. Las heridas de las garras sangraban a lo largo de toda su espalda, dejando un charco rojo que se esparcía cada vez más. Lucas tragó saliva. Sostener a Max comenzaba a entumecerle los brazos. Abajo se encontró con un equipo de militares armados.
—Ya estamos en el hospital —informó uno de ellos por el walkie-talkie.
—Bombardeen.
Lucas huyó lo más rápido que pudo.
La Escuela Preparatoria de Hawkins estaba llena de personas luego de que se haya comenzado a usar como centro de donación. Cientos de personas habían dejado de entregar cajas y acomodar ropa para salir al patio y ver la nieve de primavera que comenzaba a caer. Miraban al cielo asombrados con una mueca extraña en sus caras. Entre todo el murmullo de la muchedumbre, se escuchó:
—¡Dustin! ¿¡Dustin me copiás!?
Dustin, que se encontraba en medio de toda la gente, asió rápidamente el walkie-talkie.
—¿Will?
—Dustin necesito que vengas a mi casa lo más rápido que puedas —dijo casi interrumpiéndolo.
Dustin, sin pensarlo dos veces, contestó:
—Okey, vamos en camino. —Cortó la transmisión— ¡Steve! ¡Robin! ¿Vinieron en auto?
Mientras, en la cabaña apenas había luz.
—¿Ya llamaste a todos? —preguntó Jane, algo agobiada.
—Lucas no contesta.
—Seguro está en el hospital —dijo Nancy.
—Max… —recordó Mike—. ¿Estará a salvo?
Hopper no había reparado en que ella estaba inconsciente.
—De igual forma el hospital está bastante alejado de las grietas.
—Da igual, mamá. —Will frunció el ceño, cabizbajo, como si tratara de recordar algo—. Vecna la está buscando.
Mike, sentado en una silla, lo veía atento.
—¿Está muy lejos de acá el hospital? —preguntó Jane
—No, podemos ir a buscarla —le respondió Jonathan.
De pronto se escuchó la puerta abrirse con fuerza. Todos se giraron a ver. Era Lucas con Max en sus brazos, exhausto. Hopper se paró rápidamente a cargar a Max. La recostaron en el sillón. Eran ya las diez de la noche y el pueblo era cada vez más silencioso.
Todos hicieron una ronda alrededor de la mesa. Mike dejó caer sus brazos sobre ella, tomó un lápiz y trazó una equis en el mapa.
—Okey, este es el plan.
