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Cuando Ace tuvo su primer ciclo de Rut fue unos días después de haber cumplido los quince años.
Parecía un día tranquilo cuando Ace se despertó. Lo primero que hizo fue bostezar, luego parpadeó varias veces con el objetivo de afinar su vista y ver mejor su entorno.
—¿Mmh?—miró a su lado y tocó el futón a su lado.
Luffy no estaba.
—Oh, bueno.
Supuso que el menor simplemente se había levantado antes que él, así que él siguió, hizo lo mismo y se levantó para comenzar su día al igual que su hermano menor.
Al levantarse, Ace se balanceo un poco y casi cae al sentirse mareado.
Frunció el ceño.
—¿Qué carajo?—Ace acercó una mano a su cabeza.
Sentía que daba vueltas por un segundo. Pero eso no era todo, apretó los dientes por la incomodidad que sentía en su boca.
Lo único que se le venía a la cabeza era un simple dolor de cabeza, lo más probable es que le están creciendo más los dientes, por eso le pican y le molestan mucho. No pensó en más que eso.
El joven de pecas no sé había dado cuenta aún, pero a su alrededor había una gran nube formándose, está contenía sus feromonas alocadas y descontroladas.
Si, Ace a veces soltaba feromonas impulsivamente, ya sea para esparcir un poco de su aroma en Luffy, Dadan o varios de los bandidos de las montañas, mostrando así que todos pertenecían a la misma manada aunque todos los bandidos de las montañas fueran betas y no sintieran las feromonas. También solía hacerlo cuando se enojaba mucho o se emocionaba, era algo inevitable para él en ese punto y no conocía a ningún Alfa que le enseñara a controlarse, así que no podía hacer nada para cambiar eso.
Pero está vez era diferente, sentía como si su pecho estuviera extraño, su corazón palpitaba más de lo debido, era sumamente raro para él. Nunca le había pasado algo así antes.
Al salir de la habitación suya y de Luffy, Ace hace todo lo posible para no tambalearse en medio del camino. Ve a varios de los bandidos, Magra y Dogra ordenando la casa y los saluda antes de salir afuera. Alza la vista y observa a Dadan colgando la ropa, había ropa de él y de Luffy colgadas, varias de las prendas que les había regalado Makino se encontraban ahí, sonrió ligeramente al ver una remera roja con un payaso en el medio. No podía evitar pensar en lo extraña que podía ser la ropa que les regalaba aquella mujer a veces.
Dadan nota su presencia mientras cuelga unos shorts rojos en las sogas.
—Oye, Ace. ¿Recién te despiertas? Luffy ya se fue hace media hora. Probablemente te estará esperando en el bosque, no lo hagas esperar y traigan algo rico para la cena.
—Ya escuché, no grites—Ace se cubrió los oídos con molestia en su rostro.
La mujer frunció el ceño. Había notado algo fuera de lugar en Ace, pero antes de que pudiera preguntar si le sucedía algo el adolescente se fue corriendo rápido.
—Ya me voy. Nos vemos más tarde.
Tras decir eso, Ace corrió hasta el bosque. Estuvo durante unos minutos corriendo hasta que comenzó a caminar.
Se sentía extraño, molesto, energético, cansado. Y además de eso, su cuerpo estaba caliente y no sabía cómo manejar todo eso a la vez.
Fue tanta la molestia que sentía Ace que comenzó a correr de un momento a otro y luego golpeó un árbol de una patada. El golpe fue tan fuerte que logró romper el tronco del árbol y hacerlo caer provocando un ruido muy fuerte a los alrededores.
—¡Agh!—de nuevo, sostuvo su cabeza entre las manos y tapó sus ojos. Sentía molestia en sus ojos ahora.
«¿Qué carajo me está pasando?»
Estaba comenzando a sentir como su cuerpo temblaba ligeramente mientras seguía buscando a Luffy con la mirada mientras repasaba qué cosas había sentido hasta ahora y enumeraba con sus dedos para no perderse.
El malestar al despertar, incomodidad en sus dientes, dolor de cabeza, agresividad impulsiva, feromonas descontroladas, picazón en los ojos, calor en el cuerpo...
No fue hasta que escucho el aleteo de un pájaro que finalmente logró conectar todos los puntos en su mente.
Bajo sus manos a cada lado de su cuerpo mientras movía su cabeza hacia arriba y observaba el cielo con una mirada perdida.
Hace unos años e incluso a veces, Makino les enseño varias como si fuera una maestra. También les había enseñado acerca de los géneros secundarios.
Ace no era muy inteligente y apenas sabía cosas básicas, el mismo era consciente. Así que se había propuesto aprender al menos como ser un buen Alfa y saber sobre su propio género. Luffy siempre se quedaba dormido y solo despertaba en algunas ocasiones, mientras que él era el más interesado en saber sobre su mundo y diferentes dinámicas. Al igual que cuando intento aprender la forma correcta de como saludar, también quería saber otras cosas.
Él quería aprender a ser un buen hermano mayor y un buen ejemplo a seguir para Luffy.
Justamente, el ciclo de Rut de los Alfas fue una de las cosas que Ace aprendió en una de esas clases.
Y fue algo difícil de asimilar.
—¡No, no, no, no! ¡No puede estar pasando ahora, no ahora!—giró su cabeza a todas partes para observar el perímetro.
Aún no encontraba a Luffy a su alrededor así que tenía que aprovechar para perderse y no encontrarse con él.
Lo que había aprendido con la mujer beta había sido bastante educativo e interesante. Pero lamentablemente, uno de esos días se había despertado en medio de la noche solo para tomar agua, pero se quedó quieto al escuchar la conversación que estaban teniendo los bandidos con Dadan. Probablemente la mujer se había emborrachado junto a los hombres porque sus voces se escuchan algo graciosas entre hipos. Aunque no pudo reírse por ese hecho debido a que muchas de las cosas que escuchaba de parte de la mujer no le gustaban para nada. Incluso llegó a sentir asco por los de su propio género.
¿Cómo podían ser capaces de abusar de los Omegas y luego culparlos a ellos por "incitarlos".
Cada que vez que lo pensaba sentía un asco profundo. No quería convertirse en uno de ellos por nada del mundo. Y mucho menos le gustaría que un Alfa así se acercará a Luffy.
Sin pensarlo dos veces, Ace estrelló su cabeza contra un árbol varias veces hasta romper el tronco y tirarlo. Le dolía mucho su cabeza, pero no sentía que fuera a disminuir el calor en su interior.
«Mierda. ¿Qué hago ahora?», pensó con frustración mientras acariciaba su cabeza adolorida.
Había oído un ruido repentino, y al girarse vio al causante de aquel alboroto.
Era Luffy, quien justamente se estaba acercando hacia él.
—¡Oh! ¡Ace, finalmente te despertaste!—gritó desde su lugar, levantó ambas manos para llamar la atención del mayor mientras sonreía en el proceso—. Ven, ven. Entrenemos juntos, Ace. ¿Qué esperas? Ven conmigo.
Ace se quedó paralizado al escuchar la voz de su hermano pequeño. Incluso desde esa distancia de metros, el joven Alfa podía oler las ligeras feromonas de Luffy, quien aún no había tenido su primer celo, pero sus feromonas olían.
Un gruñido se le escapó de golpe. Se cubrió la boca con rapidez, eso lo sorprendió bastante. Frunció el ceño mientras varias venas se le formaban en su frente y cuello por el enojo que comenzaba a sentir por él mismo.
—¡Ace! ¡No me ignores!—gritó de nuevo Luffy, está vez acercándose al mayor con un puchero.
—¡No me sigas, Luffy! —grito alterado mientras comenzaba a dar pasos hacia atrás—. ¡Puedo lastimarte si lo haces! ¡Déjame solo!
Ace pateó un árbol enorme y lo tiró cerca del Omega, no caería encima de Luffy y lo sabía, así que no se preocupó cuando comenzó a correr como loco por todo el bosque con él objetivo de alejarse del menor.
Había algunas serpientes gigantes y un tigre desmayados en el suelo, no parecían tener heridas ni nada, era como si una gran fuerza invisible los hubiera golpeado mentalmente.
Hizo todo lo posible por mantenerse lejos, pero Luffy lo siguió en todo el camino porque no quería que Ace estuviera solo.
Ace había comenzado a jadear exhausto de tango correr, apoyó un brazo en un árbol para descansar un poco.
—Creo...que lo perdí—se pasó una mano por su frente para quitar el sudor que caía—. Menos mal, creí que tendría que seguir corriendo.
Se había descuidado bastante, a veces olvida que Luffy es capaz de encontrarlo la mayor parte de veces cuando juegan a las escondidas.
Luffy había encontrado a Ace y no solo eso, sino que los había tirado al piso lleno de hierba, musgo y rocas.
—¡Te atrapé!~—exclamó el menor con diversión mientras reía—. Nee, Ace. ¿Por qué corres de mi?
—¡Suéltame! Mierda, Luffy. ¿Por qué nunca haces caso a lo que te digo?
Aunque Ace intentaba con todas sus fuerzas quitarse al menor de encima, no podía. El Omega había estirado y enrollado sus brazos alrededor de él con ayuda de sus poderes.
—¿No me quieres?
—¿Ah? ¿Que mierda estás diciendo, idiota? Solo suéltame.
—¡No! Si te dejo ir entonces saldrás corriendo de vuelta. Dime, ¿Por qué huyes de mí?
Ace trago saliva, sintió como la ansiedad de su cuerpo lo hacía temblar.
—No quiero hacerte daño, Luffy—comenzó en voz baja—. Estoy con mi Rut...no se que tan fuerte debe ser, aún no estoy tan mal. Pero no quiero estar cerca de ti—suspiró ligeramente cuando sintió como Luffy lo soltaba de a poco para darle un abrazo normal—. He escuchado que los Alfas en Rut hacen daño a los Omegas y yo...preferiría matarme a hacerte algo así.
Luffy se quedó en silencio unos segundos cortos y luego levantó la cabeza para ver a Ace a los ojos. Podía ver claramente como los ojos del mayor estaban dorados. Lo más probable es que estuviera en la primera fase aún y por eso no estaban rojos.
—Ace—murmuro Luffy, su voz era suave—. Yo sé que nunca serías capaz de lastimarme. No te preocupes tanto, confío en ti.
Al escuchar eso, Ace sintió muchas ganas de llorar. Su tonto hermano menor siempre provocaba tantas emociones en él que no sabía cómo manejarlas. Sobre todo cuando Luffy tenía esa sonrisa que aliviaba su corazón y lo alejaba de todo lo malo que pudiera pensar de sí mismo.
—Idiota.
Ace no sabe de dónde sacó esa fuerza que evitó que atacará a su hermano menor, pero su ansiedad había disminuido al tenerlo cerca. Jamás se perdonaría si tocará a Luffy de forma indebida, prefería dejarse comer por un monstruo marino que hacer eso.
Por otro lado.
Dadan supo de inmediato cuando Ace comenzó su Rut y cuando se dió cuenta de que Luffy no estaba cerca se preocupo mucho. Sabía que los Alfas se volvían locos en sus Ruts, sobretodo los más
jóvenes al ser inexpertos en controlarse.
Se culpó a sí misma por no tener ni siquiera supresores de Omegas. Al ya no ser tan joven no pasaba sus ciclos de la misma forma por lo que solo sentía una leve fiebre y calor en su cuerpo.
Sin pensarlo más, les encargó a todos los bandidos que buscarán sin descanso a sus niños mientras ella buscaría en el pueblo alguna medicina o algo que pudiera ayudar a Ace.
Fue directo al bar a pedir ayuda a Makino, estaba el alcalde quien le dijo que claramente no podría encontrar medicina ni supresores en un bar, así que tendría que ir a la farmacia.
Makino se sintió mal al no poder ayudar mucho, ya que Dadan le dijo que ella se encargaría de los chicos y sin más se fue.
Los de la farmacia se asustaron al ver a Dadan gritando como loca por los supresores. Y al no querer problemas le dieron lo que tenían. Dadan entendía porque se asustaron, al ser una bandida de las montañas obviamente asustaría al resto. Aún así, dejó algo de dinero que había ahorrado y se fue rápidamente siendo seguida por Dogra y Magra.
Sus bandidos habían encontrado a Ace y Luffy en medio del bosque y la habían guiando al lugar en donde se escondían.
Se sorprendió mucho al ver a algunas serpientes y un tigre desmayados. Las bestias estaban totalmente inconscientes.
Al acercarse pudieron ver qué Ace tenía en sus brazos a Luffy, quien estaba durmiendo plácidamente en los brazos de su hermano mayor. El joven Alfa mientras tanto estaba con los ojos cerrados, pero no parecía dormido ni mucho menos tranquilo.
Al dar unos cuantos pasos más, Dadan ahogó un grito de sorpresa. Pudo ver claramente como el mayor de los chicos tenía sus uñas clavadas en cada brazo y la sangre que salía de ellos hasta caer al suelo.
Uno de los bandidos pisó una ramita sin querer, haciendo ruido.
En ese momento, Ace abrió los ojos. Su mirada lucía tan afilada que sentían que podría matarlos si se acercaban más, pero lo que más miedo daba eran los gruñidos que sonaban como las de una bestia.
Todos se alejaron excepto Dadan. La mujer se acercó a ambos niños y se arrodilló para estar a la altura de ellos. Y con gentileza acarició la cabeza de Ace mientras le quitaba el cabello que estaba sobre su frente sudada.
—Tranquilo—dijo en voz baja mientras comenzaba a esparcir feromonas—. Soy solo yo, Dadan. ¿Acaso ya no me reconoces, mocoso?
Ace suavizó su mirada al darse cuenta de a quien tenía enfrente, poco a poco cerró los ojos y apoyó su rostro en la mano de la mujer cuando ella tocó su rostro.
Dadan pudo observar la forma en la que Ace respiraba con dificultad mientras intentaba decirle algo.
—No...le hice nada. Jamás...me lo perdonaría si lo hiciera—respondió él, a pesar de no abrir los ojos aún, solo se relajó con el aroma de la mujer.
—Si, lo sé—ella asintió con una sonrisa—. Jamás le harías daño a Luffy—. Pero te felicito, no cualquier Alfa puede controlarse y mucho menos en su primer Rut—elogio.
Ace abrió los ojos para verla. Su mirada parecía más tranquila que antes, pero desvió sus ojos levemente hacia otro lado, parecía sentir algo de pena.
—No creas ni por un segundo que me sentiré feliz solo porque me elogiaste.
—Si, si. Me imagino. Cómo sea, tengo algo que podría servirte.
Ace frunció el ceño y la vio con atención esperando a que siguiera hablando.
—Traje supresores. Dicen que son difíciles de conseguir y es cierto—hizo una mueca infeliz—. Lo siento, pero solo pude conseguir de este tipo.
Ella metió una mano en su bolsillo izquierdo para sacar una jeringa y mostrar al menor.
—Hay que encajarla en una de tus venas, puede doler un poco, pero—
—No me importa, puedo soportarlo—dijo con rapidez, mostrando su desesperación.
Ace se soltó sus brazos de una vez, quitando sus uñas de su piel y acercó uno de sus brazos a la mujer.
—Cualquier cosa es mejor que hacerle daño a Luffy. Así que hazlo ya.
Dadan solo suspiro. Ya esperaba este tipo de reacción del menor de todas formas así que agarró con cuidado el brazo derecho de Ace y clavo la aguja para inyectar el supresor en su sangre.
Ace solo hizo un leve quejido, pero nada más que eso, luego sintió como sus colmillos ya no picaban tanto, y no se sentía tan agresivo como antes. Recostó su cabeza para atrás sintiéndose aliviado.
—Disculpen y gracias, Dadan, chicos—agradeció Ace con los ojos cerrados, pero con una mano acariciando el cabello de Luffy.
Los bandidos sonrieron levemente mientras aún permanecían algo lejos por seguridad.
—Volvamos a casa, mocoso—dijo la mujer mientras se levantaba y comenzaba a caminar.
Ace asintió y se levantó, aún con Luffy en sus brazos camino directo hasta la casa junto a Dadan y el resto de hombres.
El menor seguía durmiendo plácidamente en los brazos del mayor, ignorando todo a su alrededor.
Para Ace era mejor así. Aún así, se prometió internamente que siempre tendría supresores a mano para evitar un desastre así de nuevo.
