Work Text:
Es un día cualquiera de invierno en la gran ciudad de Buenos Aires; por momento sale del sol, por momento se esconde, de la nada se larga a llover y el ciclo se repite. Nada realmente novedoso.
Bueno no, es un día cualquiera de invierno para todos menos para Emiliano, ya que ese día desea no haber nacido; tiene frío, le duele el cuerpo, le palpita la cabeza, siente la garganta seca y está todo sudado ¿Cuál es el mal que hizo para merecer este castigo? Él es un buen samaritano, un creyente en Dios y en la sagrada biblia... O bueno, algo así.
En fin, que es una buena persona, lo suficientemente buena.
Qué más da.
Odiando su vida, se da media vuelta e intenta seguir durmiendo, aún temblando del frío. Se tapa hasta la nariz, pero su cuerpo no logra entrar en calor; sus pies están helados, algo inusual en él, ya que no es una persona friolenta. Se vuelve a dar vuelta, acomoda las almohadas, pero se siente incómodo y con frío.
La vida es una mierda.
En su fallido intento por dormir, escucha que la puerta de su cuarto se abre. Fantástico, lo que le faltaba, que un ladrón haya entrado y quiera matarlo.
—¿Seguís durmiendo, vago? No puede ser. Así se saca adelante al país— siente unas palmadas en su nalga derecha.
¿Por qué un ladrón le daría nalgadas antes de matarlo? No tiene sentido. Confundido, se destapa y es iluminado por tanta belleza; Nicolás lo mira con una sonrisa preciosa y una ceja alzada.
Okey, se arrepiente de todo lo que pensó hace cinco minutos; le agradece a Dios seguir viviendo, ama su vida y no puede pedir nada más. Desear no haber despertado enfermo es avaricia.
—¿Qué hora es?— pregunta con la voz muchísimo más ronca de lo normal.
—Upa ¿Nos despertamos enfermos o me parece?— Nicolás se sienta a su lado —Son pasado del mediodía— responde, dándole un suave beso en la frente —Estás ardiendo, amor—.
—Gracias, vos igual sos caliente, bombón—.
El de barba ignora su comentario y le toca la frente, tratando de tomarle la temperatura —Te hizo re mal el cambio de clima— resalta, acariciándole la mejilla.
Emiliano acepta el mimo con gusto, cerrando sus ojitos y todo —Me siento horrible— se queja, haciendo un puchero.
—Me imagino, amor. Menos mal que hoy no trabajas, sino ibas a tener que pedirte el día o ir pareciendo un zombie— suspira despacio, aún mimándolo —Te voy a preparar algo para comer y buscar algún medicamento. Quédate acá acostado— se levanta de su lugar y sale del cuarto.
El más alto obedece la orden, acomodándose mejor en la cama. Toma su celular y revisa sus redes sociales, pero no hay nada interesante, por lo que vuelve a bloquearlo. Toma el control remoto, prende la tele y pone Netflix, no tiene ganas de mirar noticias.
Nicolás regresa después de unos veinte minutos con una bandeja entre sus manos, la deja junto a la mesita de luz y le pasa la taza humeante de té.
—Cuidado que está caliente— advierte, sentándose al lado suyo —Come algo y después toma el ibuprofeno, lo tenés que tomar cada seis horas—.
Asintiendo, sopla un poco el té y le da un sorbito —Ya me siento mejor— exagera, cerrando los ojos como si se estuviera recuperando mágicamente.
El de barba ríe y niega con la cabeza —Viste, soy el mejor. Tenés suerte de estar casado conmigo—.
—La verdad que sí— responde sincero, mirándolo embobado. Nota como el otro se sonroja y desvía la mirada —Oww sos más lindo—.
—Callate y come, que tenés que recuperar fuerzas—.
Emiliano sonríe suavecito, le encanta poder sonrojar a su marido a pesar de ya estar juntos hace más de quince años y haber pasado por tantas cosas; saber que aún conservan ese romanticismo de cuando comenzaron a salir es, sin dudas, un gran nutriente a su relación.
—¿Te quedas conmigo?— pregunta suave, dándole otro sorbo a su té.
Con una sonrisa linda, Nicolás asiente —Obvio— se acomoda en su lado de la cama.
Ambos eligen una película y Emiliano se come todo lo que su marido le preparó.
✧*。✧*。✧*。✧*。
Son las tres de la tarde y se siente un poco mejor, pero aún está enfermo. Al menos no le duele la cabeza y está junto a Nicolás. La película que eligieron no estuvo buena, de hecho, lo realmente divertido fue intercambiar comentarios y bromas tontas.
Le encanta escucharlo reír y más si él es el causante de eso.
Ahora mismo, Nicolás se había ido a preparar el almuerzo atrasado y le aconsejó (ordenó) que haga una siesta. Él realmente lo intentó, pero no tiene sueño y se siente bastante solo. Decidido y, sabiendo que lo van cagar a pedo, se levanta de la cama, se envuelve una manta sobre los hombros y va hacia la cocina.
Al escuchar sus pasos, el de barba voltea a verlo con el ceño fruncido —¿Qué haces levantado? Tenés que estar durmiendo— acusa, volviendo su atención a la sopa.
—Lo sé, pero no tengo sueño y quiero estar con vos— se excusa, sentándose en el banquito frente al desayunador, mirando a su marido.
Para su sorpresa, este accede a su compañía y sigue cocinando, mientras tarareando una canción. Contento, Emiliano toma el celular de Nicolás, lo desbloquea y juega a un jueguitos de fichas que es malditamente adictivo.
—¡NOOO!— grita ronco, seguido de un ataque de tos.
—¿Qué pasó?— le pregunta del mismo, acercándole un vaso de agua.
—Perdí— responde con un puchero.
Nicolás bufa y revolea los ojos —Me asustaste, tonto— regresa a revolver la olla.
—Perdón, dulzura— inicia otra partida.
Media hora después, Nicolás apaga la hornalla y busca dos platos hondos. Emiliano bloquea el celular y coloca los individuales en la mesa. El olorcito le llegaba desde ahí y ya se le hace agua la boca, su marido es un excelente cocinero.
—Que los disfrutes— desea el de barba, dejando el plato lleno de sopa en frente suyo —Y, si no te gusta, te lo comes igual, porque te va a hacer bien—.
—La sopa se toma—.
—Pero esta tiene pollo y verduras, así que se come—.
Con una sonrisa, Emiliano se acaba el plato en un par de minutos.
✧*。✧*。✧*。✧*。
Otra vez está acostado en la cama, de mal humor y mirando una serie aburridísima; odia estar enfermo y más si está alejado de su marido ¿Por qué no se pueden quedar los dos acostados, dándose mimos? No, se va y lo deja ahí tirado como un perro, porque tiene cosas mucho más importantes que él ¿Qué es más importante que cuidar de tu marido enfermo?
Sus divagaciones son interrumpidas cuando Nicolás ingresa a la habitación con el pelo mojado, algunas gotas de agua cayendo por su marcado pecho y solo en bóxer, recién salido de ducharse. Este camina hasta el placar y busca algo cómodo, dejando a la vista su trabajada espalda y su respingada cola.
Dios lo bendiga.
Lastima que su deleite se termina cuando el de barba se pone ropa y, entonces, recuerda porqué estaba haciendo su rabieta; regresando a su puchero. Nicolás termina de vestirse por completo y se sienta a su lado.
—¿Cómo te sentís?—.
—Si te digo que mal ¿Te vas a quedar?— pregunta de forma hipotética —Porque de ser así, me siento terrible, me voy a morir—.
Nicolás ríe y toma una de las manos del más alto —Dale, no seas dramático, ya te explique: voy a entregar unos papeles a la oficina, voy a comprar un par de cosas al super y regreso— le hace mimos el el dorso de la mano —¿Cómo te sentís?— vuelve a preguntar.
Emiliano suspira —Mejor, pero sigo teniendo frío—.
—Si, me di cuenta— toma las manos del más alto y las envuelve con las suyas, tratando de darle calor. Se quedan así por unos segundos.
Es cálido.
—Deberíamos coger— dice Emiliano de la nada.
Nicolás parpadea confundido y se ríe a carcajadas por lo repentino de la situación —¿Por qué?— pregunta aún riéndose.
—Porque estamos casados, nos amamos y para que pueda entrar en calor— argumenta sólido, abrazando al otro por la cintura —Eso del calor humano y así. Dale, sácate la ropa—.
—No vamos a tener sexo si estás enfermo, Emiliano—.
—¿Por qué no?—.
—¡Porque estás enfermo!— dice con obviedad, aún riéndose —Tenés que descansar— le acaricia el pelo con ternura.
—Bueno, pero eso se soluciona, mon amour; yo me quedo acostado y vos me montas—.
—No, déjate de joder—.
Emiliano bufa y revolea los ojos —Entonces andate y me hago una paja—.
—¿Y eso qué tiene que ver?— le pregunta entre risas.
—Apareces semidesnudo y todo mojado ¿Cómo esperas que no me caliente? Estoy enfermo, pero no soy de palo ¿Esperas que vea esa cola y no se me pare?— bromea, aprovechando el momento para apretarle las nalgas.
—Anda a bañarte con agua fría, pajero— Nicolás se aparta un poco y le acaricia la frente —Estás todo sudado— se libera, va al placar, saca una toalla limpia y se la da —Dale, anda a bañarte—.
—¿No me vas a ayudar?—.
—Estás engripado, no inválido—.
—Pero me duelen los brazos, mira, no los puedo levantar— miente, actuando como si le dolieran —Que dolor—.
Nicolás revolea los ojos, mordiendo una sonrisa —Llorón—.
—Estás invalidando mis sentimientos— acusa Emiliano, haciendo una mueca —¿Ni siquiera me vas a dar un beso?—.
—No, no quiero enfermarme—.
—Fua, como se nota que ya no me amas. Yo daría mi vida por vos y vos no te podés enfermar por mí— dramatiza, dejándose caer en el colchón de forma exagerada.
—Cada quien hace el sacrificio que quiere— molesta, sacándole la lengua.
—Pedime el divorcio mejor—.
—Bueno— accede en broma. Antes de que el más alto pueda protestar, se acerca rápido y le da un besito, esquivando las manos de su marido —Anda a bañarte. Vuelvo en un rato— toma una carpeta con papeles, una campera y sale del cuarto —¡No hagas ninguna cagada!—.
Emiliano ríe, toma su celular y le manda un mensaje.
------
Tú:
-Ya te extraño.
Maridito 💕:
-Lo sé, tengo ese impacto en las personas.
-Acordate toma el médicamente.
-Te amo ❤️
Tú:
-Vos sos el único medicamento que necesito.
-Te amo más ❤️
-------
✧*。✧*。✧*。✧*。
El sonido de la puerta principal lo despierta, se frota uno de los ojos, escuchando ruido en la cocina. Bostezando, abraza la almohada de su marido y se queda acostado en completa oscuridad; no tiene ganas de levantarse, está calentito.
Se queda así unos largos minutos y, cuando se está por quedar dormido otra vez, Nicolás entra a la pieza con cuidado.
—Amor ¿Estás despierto?— susurra bajito.
—Algo— responde perezoso, estirándose.
—¿Te desperté? Perdón—.
Emiliano vuelve bostezar —Vení, precioso— lo llama, estirando los brazos.
El de barba se saca las zapatillas y se sube a la cama, abrazándolo —Perdón por tardar tanto, el súper estaba re lleno y las cajeras eran más lerdas— reniega.
—No pasa nada, corazón— besa su mejilla con ternura — ¿Entregaste lo que te pedían?—.
—Sí, entré y salí— suspira suave —¿Y vos? ¿Qué hiciste en mi ausencia?—.
—Primero te extrañe con locura, después me bañé, tomé el ibuprofeno y me dormí, pero fue de la nada; estaba mirando un video y de la nada me dormí—.
—¿Te sentís mejor?— indaga, tocándole la frente con la mano —Ya no tenés fiebre ¿Querés tomar un té o algo?—.
Emiliano niega y lo acurruca en su pecho —Así estoy bien—.
Ambos se quedan acostados un largo rato, intercambiando suaves caricias, sin decir nada, porque no era necesario, solo querían estar así; juntos, disfrutando de su mutua compañía.
Más adentrada la noche, Nicolás se levanta con todo el pesar del mundo y calienta la sopa que sobró del almuerzo. Después de cenar y lavar la loza, se preparan para irse a dormir. Una vez ya listos y acomodados, Emiliano abraza a su marido por la cintura, acurrucándose en el espacio de su cuello, aspirando su fragancia natural. Por su lado, Nicolás coloca una alarma a la hora en que le toca tomar la tercera dosis de medicamento y arrulla a su enfermo esposo.
—Que duermas bien, amor— le susurra dulces, besando su frente.
Así, lentamente se quedan dormidos.
✧*。✧*。✧*。✧*。
A la mañana siguiente, Emiliano se siente muchísimo mejor; no sabe si fue por el efecto de las pastillas (si) o por despertarse con Nicolás entre sus brazos. Él cree que es por la segunda opción.
Lamentablemente, ese día si tiene que trabajar, por lo que deja un suave beso en la frente de su marido y se levanta con cuidado para comenzar su rutina. Antes de irse, le dejó preparado el desayuno, junto a una nota en la que le dice cuando lo ama.
Si ese día Nicolás se despertó moqueando, fue mera casualidad.
✧*。✧*。✧*。✧*。
