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Riley era un tipo que lo tenía todo. Un enorme apartamento tipo loft en la zona urbana de la ciudad, en el penúltimo piso, obteniendo una vista por la que muchos matarían; tenía su propio automóvil, que, si bien no era modelo del año (ni de los 10 anteriores), funcionaba muy bien y gracias al mantenimiento que le daba lucía como una verdadera maravilla; buenos amigos, con los que podía salir de fiesta cada fin de semana, sin preocuparse de ser abandonado de pronto; y el trabajo soñado. Riley era el masajista más solicitado por los visitantes del Spa Glimmer, y el más cotizado por todos los spas dela ciudad. En un simple mes, Riley ganaba en propinas el doble de su sueldo, y… la verdad es que no podía quejarse. Era un trabajo que adoraba.
Hacía una semana había escuchado el rumor de que Vincent Ludnick, el filántropo más adinerado del país, estaba nuevamente visitando todos los hoteles y spas, para entregar el premio al masajista del año. Un premio que equivalía a 1 millón de dólares, la cantidad que Riley necesitaba para crear su propio Spa, su sueño desde que tenía memoria. El año anterior no había obtenido el premio porque apenas estaba empezando, no tenía experiencia y Vincent –amablemente- le dijo que quizá debería invertir más tiempo en perfeccionarse. Y Riley le hizo caso. Durante 360 días había tomado cada curso y taller de masaje del que supiera, experimentando con sus amigos y familia, hasta convertirse en el mejor masajista que la ciudad había visto alguna vez. Las ganancias del Glimmer iban cada vez en aumento y había fines de semana en que los visitantes hacían fila para poder acceder a una hora de masaje con Riley. Así que no, Riley no podía quejarse de lo maravillosa que era su vida.
Aquel día salió a correr temprano, como cada mañana, y luego llegó a tomar su desayuno de siempre, para tomar un largo baño y vestirse para irse al trabajo. El sol relucía brillante en el cielo y Riley tenía la magnífica sensación de aquel sería un día espectacular. Desde ese día, por el siguiente mes, tendría que estar preparado para la llegada de Vincent Ludnick.
-Buen día Riley- le sonrió Amy, la recepcionista del spa, sonriéndole coquetamente como cada vez que llegaba a trabajar.- ¿Qué tal tus dos días libres?
-Buen día, Amy. Bastante tranquilos y relajados- sonrió en respuesta el chico, acercándose al mesón- ¿Muchos masajes hoy?
-Oh, no, hoy tienes un día tranquilo- respondió Amy, hojeando el libro de masajes
-Aguarda- la detuvo el rubio, frunciendo el ceño al ver la nueva hoja añadida junto a la suya- ¿Quién es Zane?- realmente necesitaba saber quién era el tipo ese que tenía su día completo de masajes mientras él sólo tenía tres.
-Zane- Amy repitió el nombre como si estuviera saboreándolo- Es un nuevo masajista que trajo Glimmer hace dos días- Riley le enarcó una ceja, dudoso- Logró abducirlo desde el Elements- comenzó explicando la chica, enrollando su cabello castaño en una coleta- Era el mejor masajista de allá y Glimmer puso todo de su parte para convencerlo de venirse a trabajar con nosotros.- Amy finalizó con una sonrisa triunfal, como si tener al tal Zane trabajando en el Glimmer hubiera sido el objetivo de su vida entera. Riley simplemente asintió levemente y entonces se fue a los camarines, para ponerse el uniforme de trabajo.
Apenas volvía de sus dos días libres y ya se le había amargado el día. Tener a ese tal Zane trabajando allí era un riesgo demasiado grande con la proximidad de la visita de Ludnick. Y Riley iba a ser lo que fuera con tal de obtener el premio de ese año.
Cuando regresó al hall de acceso, Glimmer, la dueña y administradora del spa, estaba junto a Amy, conversando con un chico moreno, de aspecto chino. O japonés. O tailandés, lo que fuera. Tenía los ojos rasgados. Y por el uniforme que llevaba, era bastante claro de que ese era Zane.
-Riley! Buen día!- sonrió Glimmer, con su voz cantarina de siempre, sonriendo cuando lo vio- No has conocido a Zane, ¿Verdad? Él es Zane, nuestro nuevo masajista- Riley siempre terminaba preguntándose cómo es que la mujercita podía hablar casi sin respirar cada vez que abría la boca. Pero esta vez tenía otras cosas en qué enfocar su atención. Como por ejemplo el sujeto moreno que ahora lo miraba con una radiante sonrisa.
-Mucho gusto, me han hablado mucho de ti- Zane estiró su mano y Riley lo miró con cierto recelo, para luego suspirar y estrechársela, esbozando una fingida sonrisa.
-Que bien- respondió, soltando enseguida su mano y mirando a Glimmer- Amy dijo que tendré un día tranquilo- la mujer lo miró, dubitativa y luego observó a la recepcionista.
-Bueno, sí… supongo- asintió finalmente- Sólo tres masajes hasta el momento… tendrás tiempo de… estudiar, o algo.
-Claro- sonrió Riley, resoplando, y se sentó en los sillones tras Amy, queriendo mirar con todo el odio del mundo al nuevo, pero tendría que ser inteligente si quería sacarlo de juego. Tendría que fingir amabilidad, simpatía y resignación. Definitivamente tendría que retomar sus clases de yoga si no quería sucumbir a la ira una vez más, como en su adolescencia.
****
Luego de aquel día, los demás fueron prácticamente iguales. Zane estaba copado de masajes, mientras que él con suerte hacía un máximo de cinco al día. Y estaba realmente empezando a cabrearse de aquella situación. Si las cosas seguían así, Vincent Ludnick se pediría un masaje con el maravilloso y sobrevalorado Zane y ni siquiera se tomaría la molestia de tomar hora con Riley. El rubio tendría que actuar pronto, o iba a perderse la oportunidad de su vida una vez más.
Claire se sentó a su lado y lo miró sonriente. Si había alguien a quien Riley podía considerar su amiga en el Glimmer, esa era Claire, la cosmetóloga de 21 años, sonrisa cálida y mirada sincera. Además, Claire era la única que no lo miraba como si quisiera comérselo con papas fritas en cualquier momento.
-Luces pensativo- musitó la joven, echándole una mirada a la revista de fitness que estaba hojeando Riley en la sala de descanso.
-Luces desocupada- contestó el rubio, sonriendo de medio lado y ella se encogió de hombros, como solía hacerlo ante cualquier cosa que sucediera en su vida.
-Ya sabes, cosmetóloga, nunca hay demasiado trabajo para mí- explicó, reclinándose en el sillón y entrelazando las manos sobre su abdomen- Si antes me opacabas tú, ahora me opaca Zane.- Riley torció el gesto al oír el nombre y dejó la revista a un lado, imitando la postura de Claire- No te veo muy contento por ello, ¿Ya no eres el centro de atención de la mamá oca?- el rubio rió ante el apelativo, que era la forma en que ambos solían llamar a Glimmer cuando no estaba alrededor.
-Ya no soy el centro de atención de nadie, Claire- suspiró, mirando hacia el techo- Cualquiera de estos días vendrá Vincent Ludnick y ni siquiera me tomará en cuenta por culpa del tal Zane ese.
-Puedes hablar con él, ¿Sabes?- inquirió la joven, quitándose el mechón rubio que le caía delante de los ojos y Riley la miró interrogativo- Zane viene de una buena familia, no necesita el bendito premio, probablemente ni siquiera le interese. Y si Vincent pide masaje con él, él puede rechazarlo y recomendarte a ti.
-Ojalá el mundo del masaje funcionara así, Claire- respondió Riley, suspirando profundo- Pero estamos a una fina línea de ser como las modelos.- Claire soltó una carcajada, probablemente porque gracias a su vívida imaginación se había imaginado a Riley y Zane desfilando en una pasarela, con ceñidos vestidos y tacones gigantes.
-No… en serio- hipó, cuando terminó de reírse- Creo que podrías hablar con él sobre Ludnick.- Riley le enarcó una ceja- He hablado con Zane, y me parece un tipo super guay, ya me conoces, identifico muy bien a las personas, y estoy segura de que si hablaras con él, podrían llegar… a un acuerdo… qué sé yo- le movió las cejas pícaramente y Riley frunció el ceño- Vamos, al menos inténtalo.
-Vale, vale- asintió el rubio finalmente, enderezándose en el sillón y apoyando los codos en las rodillas- Hablaré con él cuando vuelva mañana de su día libre.
-Hasta podrías invitarlo a una cita, ¿Sabes?- Claire se enderezó también y Riley la miró dudoso. Claire se acercó hasta estar apenas unos centímetros aparte y sonrió de medio lado, con esa especial sonrisa de perversión que tenía tan propia- Es gay también, bombón.- Riley rió y sacudió la cabeza.
Sí, era gay. Lo había descubierto a los 15 años, mientras veía un clip porno en su computador había comenzado a masturbarse viendo la sinuosa y curvilínea figura de una joven morena de labios sensuales y ojos felinos… y había terminado deleitándose en las fuertes líneas de la musculatura de su acompañante masculino. Aquello fue como un balde de agua fría para su adolescencia. Y por ello desarrolló esas crisis de furia que lo azotaban a veces y que había logrado controlar a base de yoga y meditación.
Y la verdad es que nadie lo sabía. Frente a su familia siempre llevaba a alguna que otra novia, con las que casi era una tortura tener sexo porque, de verdad, no sentía NADA. Sus amigos tampoco se enteraban y cada fin de semana que salían, terminaba enrollándose con cualquier rubia voluptuosa, para que nadie sospechara. Pero con Claire… la chica sólo había necesitado echarle un vistazo encima para saber que era gay, y es que Claire tenía ese no sé qué, que qué sé yo de leer tan fácilmente a las personas, que le bastaba mirarlas a los ojos para saber prácticamente todo su pasado. De hecho la misma chica le había dicho una vez que Glimmer había creado el spa porque había trabajado como masajista en un spa en su juventud y le habían dicho que quizá le salía mejor dedicarse a la administración, porque como masajista no tenía futuro. Y por la pura frustración, Glimmer había terminado abriendo su spa, poniéndole incluso su propio nombre para alardear frente al mundo. Riley no sabía si aquello era cien por ciento cierto, pero sí tenía la certeza que durante su juventud, Glimmer había sido masajista.
Y si Claire estaba diciendo que Zane era gay, era porque el chico, realmente era gay. Tampoco es que a Riley le interesara. Sí, era guapo. Tenía una mirada cristalina y sincera, una sonrisa seductora, una espalda ancha y marcada, brazos fuertes, trasero firme… pero no, Riley no estaba interesado. En lo absoluto.
****
Tal como le había asegurado Claire, la conversación con Zane fue bastante bien. El moreno dijo completamente seguro que no le interesaba el premio y que si llegaba el tal Ludnick, de quien no había oído hablar, simplemente rechazaría hacerle el masaje y recomendaría a Riley. Todo ello, con una sonrisa en el rostro y Riley comenzó a pensar que sí, el tipo podría caerle bien. Hasta que finalizó su oración.
-No me interesa recibir un premio para tener la certeza de lo buenos que son mis masajes- puntualizó, palmeándole el hombro con fraternidad y se alejó, rumbo a su cabina de masajes.
Riley se quedó allí, de pie, estático y con la ira bulléndole en el cuerpo. Pues él tampoco necesitaba el premio para saber que sus masajes eran buenos! Necesitaba el dinero para su maldito spa propio! Quiso gritárselo a la cara, escupirle la rabia que le estaba quemando las entrañas. Pero se contuvo. Sabía que no era bueno revelar su idea en el spa de Glimmer. La mujer podía boicotearlo con una rapidez asombrosa.
Así que simplemente decidió ignorarlo, dejar que siguiera creyendo que el premio significaba una clase de trofeo para él. Después de todo… ¿Qué mierda le importaba la opinión de un imbécil como Zane? Pero entonces… todo fue más claro.
Efectivamente, la gente estaba prefiriendo a Zane antes que a él, y si lo hacían era por algo. Quizá el sujeto sí era realmente bueno, tenía alguna técnica especial o algo por el estilo. ¿Qué tal si…?
Sonriendo, se acercó a la cabina de masaje de Zane, quien estaba preparando todo para los masajes del día siguiente, y entró, con total indiferencia.
-Bueno… ya que el asunto de Ludnick está aclarado- comenzó, aclarándose la garganta y Zane lo miró interrogativo- Supongo que… podríamos decir que… hay… ¿Buena onda entre nosotros?- el moreno asintió, esbozando una sonrisa tranquila- ¿Podría entonces… pedirte un favor?
-Claro, lo que quieras- asintió Zane, apoyándose contra la camilla, cruzando los brazos a la altura del pecho.
-Sabes, hace días que tengo un fuerte dolor en la espalda- explicó Riley, poniendo cara de real dolor- Y, he intentado con el automasaje, sillas vibradoras, incluso quedarme una hora bajo el agua caliente de la ducha, pero no pasa- musitó, desviando la mirada- ¿Sería mucha molestia pedirte ayuda con eso?
-No, claro que no- replicó Zane, inocentemente- ¿Quieres que te haga un masaje ahora?- Riley dio un grito de triunfo y alzó el puño dela victoria en su mente, mientras exteriormente sólo esbozó una sonrisa tímida y asintió con algo de vergüenza.- Venga, vamos, móntate en la camilla- indicó entonces el moreno.
Riley se quitó la camiseta y se subió en la camilla, sonriendo triunfal para sus adentros. Se recostó boca abajo, acomodándose para comenzar a grabarse a fuego cada cosa que hiciera Zane y así poder usarla en sus propios masajes. Mwahahahaha.
Zane encendió el difusor de aromaterapia y la música, como si estuviera frente a cualquier paciente, y no un simple compañero de trabajo. Riley tenía que admitirlo, el tipo era profesional. Él simplemente se habría puesto manos a la obra y listo.
Se sobresaltó levemente cuando sintió las manos aceitadas del moreno sobre su espalda y no pudo evitar cerrar los ojos ante el suave y confortable contacto. Zane deslizó las manos delicadamente a través de todo el trapecio de Riley, esparciendo el aceite tibio sobre cada centímetro de piel, suave y delicadamente, sin aplicar ningún tipo de presión sobre el músculo. Mientras a Riley le estaba costando verdadero trabajo mantenerse concentrado en robar las técnicas y no dejarse seducir por el masaje. Después de todo, parecía que realmente estaba necesitando aquello, porque la totalidad de los músculos de su torso estaban gimiendo de gusto.
Cuando Zane apoyó las manos con más presión al borde de la escápula derecha, Riley supo que, efectivamente, había estado necesitando bastante tiempo por ese masaje, porque incluso él notó la fuerte contractura que tenía allí. Esa contractura iba a ser un jodido problema. Pero Zane fue suave, amasando con el pulpejo de las manos, como si estuviera acariciando el músculo y Riley realmente lo agradeció, porque, como masajista, sabía que esa contractura necesitaba mucha presión, preferentemente con el codo, pero era un cobarde y también como masajista sabía que aplicar presión con el codo en una contractura así dolía como la mierda. Así que simplemente se dejó llevar por la sueva caricia, hasta que Zane decidió ponerse serio y le enterró el codo con toda la fuerza sobre el jodido nudo.
-JODER! NO LO ENTIERRES TAN FUERTE!- exhaló Jared, tensando el resto de su cuerpo al instante. Y Zane pareció paralizarse al instante, con lo que Riley se dio una bofetada mental, mientras las mejillas le ardían – Mierda… ha sonado más feo de lo que pretendía, ¿verdad?- susurró
-Un poco… sí- asintió Zane, en un hilo de voz.
-Lo siento- se excusó Riley- Es que ha dolido como la mierda
-Pues sólo tenemos dos opciones- musitó entonces Zane y Riley alzó la cabeza para mirarlo titubeante- Puedo seguir con el masaje suave y dejarte esa contractura, que te seguirá molestando igual… o puedes hacer de tripas corazón, aguantar el dolor, hasta que deshaga la contractura y luego no tendrás que preocuparte más.
-De acuerdo- asintió Riley, suspirando pesadamente- Soy un maldito cobarde, así que tomaré la primera opción- puntualizó, volviendo a acomodar la cabeza en el hueco de la camilla. No se imaginaba que estaba frente a alguien extremadamente profesional, amante de los retos y el placer de dejar completamente satisfecho a un cliente.- BENDITO HIJO DE PUTA… DIJE LA OPCIÓN UNO, LA OPCIÓN UNO!!!!- gruñó, cuando sintió que el codo se enterraba con una fuerza descomunal sobre su contractura, apretando los dientes ante el intenso dolor que le recorrió como una corriente eléctrica por todo el torso. Pero en menos de un minuto, el dolor se convirtió en relajación absoluta cuando el músculo aflojó y la contractura comenzó a deshacerse bajo las capaces manos de Zane.
-¿Decías?- sonrió Zane, con un rintintín divertido en la voz. Riley alzó la cabeza y lo miró, rodando los ojos.
-Eres el jodido dios de los masajes, ¿Contento?- bufó, levantándose suavemente y sentándose sobre la camilla, sintiendo cómo todos sus músculos gozaban de gusto ante la relajación inmediata.
-Eso ya lo sabía- sonrió Zane, entregándole una toalla para que se quitara el exceso de aceite- ¿Más relajado?
-Ya lo creo- sonrió Riley, elongando el cuello con facilidad, algo que no lograba hacer desde ya no sabía cuándo, y suspiró, meditativo- Tengo que reconocer algo- el moreno lo miró interrogativo y Riley se bajó de la camilla, mientras se deslizaba la toalla para quitar el aceite, mirando hacia cualquier lado menos al chico que tenía en frente, consumido por la vergüenza- Te pedí el masaje con una mala intención- Zane asintió, como si aquello no fuera ningún secreto, instándolo a continuar- Quería aprender tus técnicas, robarlas, usarlas en mi propio masaje…
-Es realmente importante ese premio, eh- musitó el moreno, cruzándose de brazos y Riley asintió.- Los demás me han hablado maravillas de tus masajes, no creo que necesites ese bendito premio para validarte, Riley.
-No, no lo necesito para validarme- negó el rubio, sacudiendo la cabeza y dejando la toalla sobre la camilla- Llevo un año ahorrando dinero y me falta aproximadamente un millón de dólares para abrir mi propio spa- Zane enarcó una ceja.
-¿No te gusta trabajar para Glimmer?- inquirió
-No es eso. Glimmer es buena persona… a menos que se trate de ganar o perder buenos masajistas- sonrió Zane, apoyando su peso en contra de la camilla- De hecho si ella supiera mis planes, buscaría la forma de evitar que gane ese premio, pero es un buen ambiente, un buen lugar de trabajo, no hay roces innecesarios, se gana buen dinero- Riley suspiró pesadamente, mordiéndose el labio- Quiero acercar el mundo de los masajes a más personas, poder ofrecer masajes a un bajo costo, que todos puedan tener acceso a una hora de relajación sin tener que pagar cantidades estratosféricas, quiero… quiero ayudar a las pers…- su discurso se vio cortado abruptamente, cuando Zane lo besó, de una forma en que nadie lo había besado jamás y Riley no pudo evitar dejarse llevar por el cosquilleo que le recorrió desde la punta de los pies y le revoloteó en el estómago. Cuando el moreno se apartó, apenas unos centímetros, Riley no pudo más que mirarlo embobado y sorprendido a la vez, con la vista nublada.
-Desde que llegué pensé que eras un capullo insensible a quien no le preocupa nadie- sonrió Zane- Y acabas de sorprenderme gratamente. Jamás imaginé que tu motivación tras todo esto fuera tan… filántropa.
-Gr… Gracias- titubeó Riley, confundido.
-Si el tal Ludnick insiste en tomar el masaje conmigo, lo aceptaré- indicó entonces Zane y Riley lo miró dudoso- Y si gano el premio… te lo daré, con una condición- el rubio enarcó una ceja, interrogativo- Quiero ser tu socio.
-¿De verdad?
-De verdad- asintió Zane- Y tengo una condición adicional
-¿Cuál?- preguntó Riley, esbozando una sonrisa
-Que aceptarás mi invitación a cenar este fin de semana- indicó Zane, mirándolo como casi estuviera desafiándolo a negarse.
-Nadie sabe que soy gay…- replicó Riley, con reticencia.
-Riley- Zane lo miró arqueándole una ceja- Vamos a ir a cenar, no a follar sobre la mesa- el rubio sintió que el estómago se le retorcía de ansiedad ante la mención de follar en la misma implícita oración que los incluía a él y a Zane- Eso podemos dejarlo para la privacidad de mi departamento- le sonrió, guiñándole un ojo y saliendo de la cabina.
*****
TRES MESES DESPUÉS…
Claire entró en la oficina, hojeando el informe y cerró la puerta tras ella, alzando la vista para observar a los dos chicos que la miraban impertérritos, tras el escritorio de caoba.
-Dios! No estaban follando otra vez, ¿Verdad?- gimió la joven, torciendo el gesto y apoyando la mano en la cintura, como si se tratara de la madre que acaba de descubrir a sus críos haciendo una travesura.
-¿Follar? No, ¿De qué hablas? ¡Estamos trabajando!- respondió Riley, apoyando los brazos sobre el escritorio, mientras Zane asentía tranquilamente, con su típica cara de inocencia absoluta.
-Vaaaaale- repuso Claire, sin quitarse la sospecha del rostro y se acercó para dejar sobre el escritorio el informe- Ya está todo listo, las masajistas ya se han ido y yo estaba a punto de cerrar…
-Vale- asintió Riley y la joven lo miró ofendida por el abrupto corte a su discurso.
-Nos vemos mañana, par de exhibicionistas- replicó entonces, sonriendo ampliamente y dio la media vuelta para salir de la oficina y cerrar la puerta tras ella.
Sin perder siquiera un segundo, Zane se lanzó al suelo de rodillas otra vez, metiéndose toda la envergadura del rubio en la boca, quien gimió, arqueando la espalda.
-Alguien… alguien podría entrar….- gimió, apretando los brazales del sillón reclinable con las manos
-Ya la oíste, todas se han ido- susurró Zane, lamiéndole sinuosamente el miembro- Tenemos todo el tiempo del mundo para los dos solos.
Riley simplemente asintió, apretando la mandíbula para no gemir demasiado fuerte por todas las sensaciones que le estaban recorriendo el cuerpo mientras Zane se lo comía por completo, lo que venía haciendo desde hacía ya tres meses.
Igual que cada tarde, terminaron follando sobre el escritorio, envueltos en los profundos gemidos de Riley cada vez que Zane lo embestía con una fiereza y pasión que no parecía decrecer con el tiempo. Como cada tarde, el rubio terminó con medio cuerpo sobre el escritorio, respirando agitado, con las mejillas encendidas, mientras Zane le besaba suavemente la espalda desnuda y sudorosa, con infinito cariño, tras el ardiente sexo que los tenía como protagonistas cada día al finalizar el turno.
Riley era un tipo que lo tenía todo. Una pequeña casa en la zona residencial de la ciudad, donde vivía junto a Zane; tenía su propio automóvil que había comprado un mes atrás con los beneficios de su propio Spa en el centro de la ciudad; buenos amigos, con los que podía salir a beber unas copas de vez en cuando; el trabajo que más amaba en el mundo, que le permitía acercar el mundo del masaje a cientos de personas que ahora podían darse el gusto de tomar una hora de relajación y que había convertido al Spa Ziley en el más visitado por las personas. Ganaba lo justo y necesario, lo suficiente como para que nada le hiciera falta. Y además tenía al novio más maravilloso que alguien podría desear, que cuidaba de él, que lo ayudaba a mantener la ira a raya, que le daba las mejores sesiones de sexo que en su vida podría haber imaginado. Y además, era el novio que adoraba. No, la verdad es que no podía quejarse en lo absoluto de su vida. Era simple y sencillamente feliz.
