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Prologo: Mi nuevo yo.
El aire era sofocante, tan caliente que sentía mi piel arder y mis entrañas cocinarse. Frente a mí se alzaba aquel que había ocasionado este desastre: Saffron. En su forma imperfecta, su poder era absoluto; incluso las rocas de la montaña se derretían ante su presencia, formando ríos y cascadas de lava que descendían por la ladera.
—¡Ya cálmate, maldito mocoso! —grité, arrojando una enorme roca hacia él.
Saffron la esquivó con elegancia, elevándose un poco más.
—¡No creas que dejaré que me vuelvas a golpear con eso, maldito terrano! —bramó, con los ojos inyectados en fuego—. ¡Mi único objetivo era brindar luz y seguridad a mi gente! ¡Pero tú has arruinado mi metamorfosis!
Saffron lanzó una esfera de fuego puro. A duras penas logré desviarla con el Gekkaja, provocando una explosión de vapor al contacto que nubló mi visión.
—¡Oh, por favor! —rugí, manteniéndome a duras penas en el aire gracias a la técnica de vuelo de Herb—. ¡Solo llama a la compañía de luz!
Sabía que mi tiempo en el aire se agotaba; necesitaba terminar esto rápido. Pero el fénix no me lo dejaría fácil.
—Veo que estás ansioso por acabar —se burló, con una sonrisa cruel—. Tal vez debería mantenerme alejado, solo para que te obligues a ver cómo esa muñeca cierra los ojos para siempre.
—¡Salvaré a Akane, aunque tenga que destruir todo el maldito continente! ¿¡Me oíste!? —grité, desesperado al ver a Akane desvanecerse, con los párpados pesados.
—¡Eso me gustaría verlo!
El fénix rugió y lanzó otra bola de fuego, un ataque imposible de esquivar. Me preparé. Congelé mis entrañas con el Gekkaja, tensé cada músculo y...
—¡AKANEEEEEEEEEE!
Un grito desgarrador escapó de mi garganta al verla. Se había sacrificado de nuevo, interponiéndose entre el ataque de Saffron y yo. No, no dejaré que muera. Con un movimiento rápido, me arranqué la camisa y la envolví con ella para protegerla del impacto. Luego, con un movimiento preciso, lancé el Gekkaja directamente contra el centro de la bola de fuego. El impacto del arma actuó como un tajo gélido, cortando la esfera de energía en dos. Aproveché esa fractura, esa pequeña brecha que acababa de crear, y canalicé todo mi ki hacia mi puño.
—¡Hyruo Hyottopa!
Con mi puño congelado, formé un tornado como ningún otro. El vórtice descendió, atravesando el fuego y alcanzando al mocoso fénix. Fue mi último ataque, el más poderoso que he ejecutado jamás: su cuerpo se congeló al instante y se despedazó en el aire.
—Tch... realmente no quería tener que matarlo... —murmuré, ignorando el dolor punzante en mi pecho.
Akane era lo único que importaba. Con mis últimas fuerzas, lancé otro ataque hacia la estatua del dragón de donde emanaba el agua fría de Jusenkyo. La destruí por completo, liberando el agua. El chorro a alta presión nos alcanzó. Vi cómo el cuerpo de Akane recuperaba su forma humana. Estaba pálida, sí, pero sus ojos seguían abiertos. Podía sentir su respiración, suave y cálida, contra mis brazos.
Lo logré.
Fue entonces cuando permití que el dolor me alcanzara. Saffron había arrojado el Kinjakan en el último segundo. Sentí cómo atravesaba mi pecho, quemando todo a su paso. Al principio fue insoportable, pero ahora... ahora ya no duele tanto. Es curioso, mis heridas fueron cauterizadas, pero mis órganos están destruidos.
Aterricé en un lugar seguro y caí de rodillas. Observé el rostro de Akane; recuperaba el color y su respiración se hacía más regular.
—Es un alivio... pude... —no pude terminar la frase.
Mi visión comenzó a oscurecerse. Podía ver a Shampoo, Ryoga y Mousse corriendo hacia nosotros.
—¿Por qué estás llorando, Shampoo? —susurré para mis adentros, mientras el mundo se desvanecía—. Sí, supongo que tú también te diste cuenta...
Oí un grito desgarrador mientras mi conciencia se desvanecía. Es una lástima; nunca pude aceptar mis sentimientos por Akane. Si tan solo hubiera dejado de lado mi orgullo... pero ya es tarde para eso.
Los gritos de Akane y Shampoo se convirtieron en un ruido de fondo distorsionado, una cacofonía agónica que apenas alcanzaba a distinguir. Sus voces me llegaban como si estuviera sumergido en las profundidades de un océano oscuro; las palabras eran incapaces de atravesar esa barrera, transformándose en simples vibraciones sin significado. Mis ojos, que apenas segundos atrás buscaban la luz, ya no percibían nada; el mundo se había reducido a la nada absoluta.
El frío comenzó a invadirme, un gélido abrazo que empezó en el pecho y se extendió hasta los confines de mi ser, adormeciendo la batalla y el dolor. Pero, de alguna manera, estaba bien. Así era mejor. El cansancio era tan profundo que cualquier otra opción me parecía insoportable. Además, ¿qué sentido habría tenido luchar por un futuro que no sabía construir? Me cuestioné, en ese último destello de razón, si realmente habría sido capaz de ser un buen esposo para Akane. El orgullo, la terquedad y mi incapacidad para expresar lo que sentía me habrían terminado por separar de ella tarde o temprano. Quizás, mi sacrificio era la única forma de garantizar su felicidad, lejos de la inestabilidad que siempre arrastré conmigo.
Dejé que el silencio me reclamara, sin embargo, mi conciencia no se desvaneció por completo.
El mundo volvió a iluminarse. No podía moverme, pero sentía que mi cuerpo estaba sumergido en agua fría.
¿Qué está pasando? ¿No había muerto? ¿Quién es esa señora?
Una mujer pelirroja tenía sus manos en mi cuello, ahogándome en el agua. Su rostro era el de alguien quebrado, una persona que sufría, pero, al mismo tiempo, el de alguien que había perdido la razón.
¿Moriré de nuevo? No, se supone que ya estoy muerto, ¿no? Entonces, ¿por qué sigo sintiendo? Esta desesperación por tomar aire...
De pronto, un hombre de pelo castaño entró y apartó a la mujer; no fue violento, solo la movió a un lado, como si intentara hacerla entrar en razón. Fue entonces cuando me di cuenta: ellos eran enormes. No, más bien... yo era pequeño.
El hombre me sacó del agua y me miró con preocupación. Mis pulmones tosieron el líquido, y él pareció tranquilizarse. Me cargó gentilmente. Esto es raro; oye, ¡tengo 18 años! No soy un... ¿bebé? Fue entonces que noté que mi mano era pequeña, regordeta y ajena.
¿He renacido?
La mujer rompió en llanto. Me tomó del regazo del hombre y me acunó contra su pecho —unos pechos que harían avergonzar a mi forma femenina—, pero eso no era importante ahora. Ella parecía estar diciendo algo en un idioma que no conozco, pero intuyo que se está disculpando.
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Han pasado diez años desde que desperté en este mundo. Al inicio me costó aceptarlo: había reencarnado, y definitivamente no estaba en la Tierra.
Mi nombre actual es Selene Boreas Grayrat, oficialmente la primera hija de la casa Boreas. Aunque tengo un hermano mayor al cual nunca conocí, ya que fue arrebatado de nuestro lado, y una hermana menor llamada Eris. Al parecer, soy de cuna noble, aunque mi padre, Philip, perdió la lucha por la sucesión y ahora formamos parte de una rama secundaria.
Por supuesto, yo nací como hombre. Era tradición que los hijos varones de las ramas secundarias fueran reclamados por la familia principal bajo el pretexto de "recibir educación", pero todos sabíamos la verdad: no era más que un método de control. Era una toma de rehenes en toda regla; a los varones se les negaba cualquier entrenamiento en magia o esgrima, garantizando que nunca fueran una amenaza o una pieza clave para un golpe de Estado contra la línea principal.
Sin embargo, mi maldición me acompañó incluso después de la muerte. Al parecer, mi madre, incapaz de soportar la idea de ser separada de otro hijo y vivir con la incertidumbre de su destino, perdió la razón por un momento. Fue en ese instante de crisis cuando mi maldición se activó. Gracias a eso, pudieron presentarme oficialmente ante la casa principal como una niña, salvándome del destino que les esperaba a los varones.
Una cosa que aprendí con el tiempo es que mi padre no ha renunciado a recuperar el control de la línea principal. Aunque perdió la sucesión, sigue obsesionado con volver al poder, principalmente para rescatar a mi hermano, pero sabe que no puede actuar con descuido.
Creo que la otra razón es mi madre, Hilda. Es una mujer maravillosa y la aprecio profundamente como mi verdadera madre. No podría decir si es "mejor" que Nodoka, pues apenas conviví con ella en mi vida anterior, pero sin duda amo a mi familia actual. Aun así, mi padre sigue siendo un noble; aunque me trata con cariño, intuyo que no dudará en usarme como pieza en su tablero si demuestro mi valía. Por eso he mantenido un perfil bajo, esforzándome por actuar como una hija modesta y delicada. No es el momento de iniciar una pelea por el poder. Estoy convencida de que tomé la decisión correcta: si las cosas salen mal, podríamos perderlo todo, y no permitiré que mi madre y mi hermana paguen el precio de la ambición de mi padre.
Y luego está mi abuelo... ¡Tengo un abuelo! Sauros Boreas Grayrat. Es un anciano bastante cariñoso, ¡pero también es gritón y terriblemente temperamental! Y, para colmo, ¡es un viejo cochino! No llega al nivel de Happosai, ¡gracias a los cielos!, pero sigue siendo un depravado. Lo he sorprendido varias veces acosando a las sirvientas. Al menos, he tenido suerte de que Eris nunca lo haya visto en esos momentos. O ¡eso espero!
Por alguna razón, todos en esta familia tienen una fijación extraña con las mujeres bestia. Digo, son bonitas y a veces me dan ganas de acariciarlas, pero... ¡no, no, no! Esa es la sangre de los Boreas hablándome, ¡no soy yo!
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Estaba leyendo tranquilamente un libro sobre la Guerra contra el Dios Demonio Laplace, cuando un grito de terror interrumpió mi lectura.
—¡No puedo! ¡Ella es como un maldito perro loco!
—Y ahí va, Eris ha ahuyentado a otro tutor —murmuré, cerrando el libro con un suspiro.
—La señorita Eris tiene un carácter muy fuerte, aunque con nosotras siempre es muy amable —comentó la sirvienta con cierta despreocupación.
Fue un comentario arriesgado. Si no fuera porque es una de las adoradas maids de la raza de gente bestia, probablemente habría sido castigada. Debería regañarla por su falta de formalidad, pero... ¡mira esas orejas de conejo! ¡Y esa cola esponjosa!
…Cálmate, Selene. Recuerda: tú eres Ranma. ¡No caigas ante los temibles genes Boreas que recorren tus venas!
Me reprendí en silencio e intenté apartar la mirada de Latona. Ella pareció notarlo y me sonrió con el rostro ligeramente teñido de rosa.
—No se preocupe, señorita Selene. Ya estamos acostumbradas al trato de los Boreas; usted, en cambio, siempre ha sido muy modesta y decente.
—¡No lo digas así! ¡Me haces sentir como una pervertida! —exclamé, sintiendo cómo el calor subía a mis mejillas.
—Fufufu, mi señorita se ha sonrojado —se burló ella. Aun así, me abrazó, hundiendo mi rostro contra su voluptuoso pecho.
Curiosamente, no sentí ningún deseo sexual. Es raro; sé que me siguen gustando las mujeres, pero supongo que vivir tanto tiempo en este cuerpo ha mejorado mi resistencia a ellas. Además, aunque tengo estrictamente prohibido acercarme al agua caliente, sigo utilizándola a escondidas en la privacidad de mi habitación cuando se acerca "ese día del mes". ¡No pienso pasar por ello otra vez si puedo evitarlo!
—¡Hermana! ¿Puedes creerlo? ¡Ese estúpido tutor se atrevió a criticarme! —Eris entró dando un portazo, cruzó la habitación de un salto y se sentó sobre mis piernas.
Mi pequeña hermana… su cabello rojo, más oscuro que el de mi vida pasada, y ese carmesí en sus ojos le daban una combinación mortal de “adorable y salvaje” al mismo tiempo.
—Sí, debió ser terrible para ti —dije con una sonrisa irónica, mientras tiraba suavemente de sus mejillas—. Imagino que se atrevió a decirte que no puedes ser una noble si no sabes leer, ¿no, pequeño monstruo?
Por supuesto, este "perro salvaje" no se iba a dejar. Inmediatamente contraatacó, tirando de mis mejillas con la misma fuerza.
—¡No quiero oír eso de ti! —bufó, cruzándose de brazos—. Tienes una apariencia muy dócil y tranquila, pero eres una… ¡mmmgh!
Me apresuré a cubrirle la boca con la mano. Latoa, nuestra sirvienta, nos observó desconcertada desde la puerta.
—Eris, ¿cuántas veces debo decirte que no debes decir tonterías? —la regañé con suavidad, tratando de mantener la compostura.
—Sí, claro, "tonterías" —respondió ella, mirándome con los ojos entrecerrados y una sonrisa pícara.
—Latona, ¿podrías traer más té? Supongo que deberé tomarme el tiempo de darle algo de educación a mi hermanita… —Con esas palabras despaché a la sirvienta, asegurándome de que estuviéramos a solas. Entonces, suspiré y me senté a hablar seriamente con Eris.
—Mira, Eris, no puedes ir contando mi secreto a todo el mundo, ¿sabes?
—¿Cuál? ¿El que eres un hombre cuando te mojas con agua caliente? ¿O el que puedes triturar rocas con las manos? —preguntó ella, sonriendo con arrogancia y una mirada llena de orgullo.
—Por favor, ¡no digas eso en voz alta! —exclamé, bajando la voz al instante.
—¡Pero no lo entiendo! ¡Eres demasiado genial! ¿Por qué finges ser una flor delicada? —preguntó ella, con genuina frustración.
Me quedé en silencio, mirándola. Para mí, la respuesta era obvia: aún no era el momento. Tenía la intención de ayudar a mi padre a recuperar el control de la línea principal, pero necesitaba paciencia. No podía revelar mis cartas tan pronto.
Así que, simplemente sonreí, le pellizqué las mejillas una vez más y murmuré:
—Con un "perro loco" en la familia ya tenemos suficiente, ¿no te parece? Alguien tiene que hacer el papel de la hermana tranquila, y siendo sincera, no creo que tú pudieras lograrlo.
—¡Buuuh! —exclamó haciendo un puchero, inflando las mejillas—. ¡Ni puedo ni quiero!
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El tiempo pasó y finalmente celebré mi décimo cumpleaños. Fue una experiencia realmente horrible: tener que usar un vestido pomposo y bailar con chicos... ¡Puaj!
No puedo esperar a que llegue el momento de ser un chico a tiempo completo. Pero debo tener paciencia; esperaré hasta cumplir los quince. Será entonces cuando, finalmente, moveremos ficha para retomar el control de la familia. Ya me imagino la cara de papá cuando le muestre el verdadero fruto de mi entrenamiento secreto. Estoy segura de que, hasta ahora, pensaba que no tenía esperanzas con una hija "frágil" y otra con cerebro de músculo, pero ya quiero ver su reacción cuando descubra la verdad.
En fin, hoy llega otro tutor nuevo para Eris. Por lo que sé, es nuestro primo lejano, Rudeus Grayrat; tiene siete años y, al parecer, es considerado un niño prodigio.
Ya veremos qué tan "prodigio" es realmente.
Fin del capitulo.
Bien esta fue mi tercera idea para un cruce con Mushoku Tensei.
Bueno, lo que puedo decir es, no a Ranma no le van a gustar los hombres, y no, no esta bloqueado, si leyeron atentamente todo se trata de las circunstancias de su nueva vida.
Como verán, en los cruces con Mushoku, en ninguna de mis ideas reemplace a Rudeus con Ranma u otro personaje, pro que Rudeus es un gran personaje, hacer un Rudeus diferente seria estúpido, perdería el sentido poner a una persona que fue un “ganador de la vida” en el cuerpo de Rudeus y que haga todo bien como un Gary stu.
Por eso introduje a Ranma como un personaje nuevo, con su propia historia, en esta caso, usando a uno de los hermanos sin nombre de Eris.
Mi plan general es básicamente, que Selene tenga sus propias aventuras luego del incidente del desastre de mana, mientras Rudeus y Eris desarrollan su historia normalmente, claro, habran cambio en la trama, pero, mi objetivo no es desplazar a Rudeus.

Bien, aqui una imagen de como imagino que se veria en esta encarnacion, forma masculina/femenina, aun que, nos centraremos en la forma femenina la mayor parte del tiempo.
