Chapter Text
Asagiri Gen, un mentalista reconocido, estaba por dar un show.
Y ahí se encontraba Senku Ishigami… pero, ¿qué hacía Senku en un espectáculo de un mago farsante?
Para eso, volvamos un poco atrás.
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Senku caminaba por la calle cuando un anuncio llamó su atención.
“Asagiri Gen”. Un omega que se hacía llamar mago.
Senku no creía en esas cosas. Le parecían absurdas, carentes de lógica. Todo en este mundo tenía una explicación.
Pero…
Hubo algo que le llamó la atención.
Gen… se veía tan… perfecto.
Senku siempre tenía una explicación para todo, pero no para ese sentimiento. Y eso le resultaba inaceptable.
Necesitaba observarlo más de cerca.
Se dirigió rápidamente al teatro y compró una entrada en primera fila.
Necesitaba verlo en persona ¿Sería igual de inexplicable como parecia?
Tenía que averiguarlo.
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Gen se preparaba para su show, acompañado por su madre, Xeno Houston Wingfield.
Xeno houston y Stanley Snayder siempre lo habían mimado, apoyando e impulsando su carrera como mentalista.
—No hacía falta que te quedaras, mamá. Ya no soy un niño que necesita a sus padres todo el tiempo —expresó Gen, mirando de reojo mientras intentaba acomodarse la corbata.
—Ni siquiera sabes ponerte una corbata y quieres que te deje solo —respondió Xeno, acercándose para ayudarlo.
Sus manos se movieron con precisión, pero se detuvieron un segundo más de lo necesario.
—Te conozco mejor que nadie… —ajustó la corbata con cuidado—. Y sé cuándo algo no está bien.
Gen no respondió de inmediato.
Había algo extraño ese dia. Una incomodidad leve, difícil de nombrar.
Aun así, terminó sonriendo.
Amaba cuando su madre lo consentía, aunque siempre lo negara. Sabía que era su forma de decirle que lo amaba.
Gen ya se encontraba en el escenario, observando y analizando a cada persona del público.
Buscaba reacciones, detalles que pudiera usar para impresionarlos.
Veía a quienes se emocionaban con solo su presencia, a los que se sorprendían con mínimos gestos… y a los que permanecían completamente inmóviles.
Bueno… no completamente. Había una persona que no encajaba.
Un chico.
Calculaba que tenían más o menos la misma edad. Ojos rojizos, cabello que parecía desafiar la gravedad.
No mostraba sorpresa. Ni interés.
Pero tampoco aburrimiento.
Algo en él… era distinto.
Mientras hablaba con el público, Gen hizo contacto visual con él.
Y en ese instante su corazón dio un vuelco.
El chico sonrió.
Gen le devolvio la sonrisa y desvió la mirada de inmediato.
No entendía por qué… pero decidió ignorarlo.
Y continuar con su show
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Senku no aplaudió cuando gen subió al escenario, tampoco cuando sus trucos salían bien y todo el mundo se emocionaba.
No porque no pudiera sino porque no lo consideraba necesario. Observó en silencio, con los codos apoyados en los apoyabrazos, analizando cada detalle con precisión casi mecánica.
Postura relajada, sonrisa calculada, movimientos medidos.
Un mentalista.
O, en términos más exactos, un excelente observador con habilidades de manipulación psicológica.
Nada fuera de lo explicable.
Nada que no pudiera desarmarse con suficiente lógica.
Y aun así…
Frunció levemente el ceño, había algo que no encajaba, no era el truco, no era el discurso, no era el público reaccionando exactamente como esperaba.
Era él.
Gen.
Senku lo observó con más atención. La forma en la que se movía por el escenario era estrictamente calculada, cada paso tenía un propósito, cada pausa estaba estratégicamente colocada.
Hasta ahí, todo correcto. Pero había algo más. Algo… innecesario. Algo que no aportaba directamente al truco.
Senku entrecerró los ojos.
—No es eficiencia —murmuró apenas, para sí mismo—. Es…
No terminó la frase.
Porque en ese momento lo notó.
Un aroma.
Sutil.
Apenas perceptible entre la multitud. No venía del ambiente. No era un perfume genérico.
Era… específico.
Lavanda.
Su cerebro reaccionó antes que él, identificación, comparación, clasificación.
Pero no coincidía con nada conocido.
Eso lo irritó.
Giró apenas la cabeza, buscando la fuente, descartando posibilidades.
Hasta que su mirada volvió inevitablemente al escenario.
A Gen.
…
No.
No podía ser tan facil. Senku se enderezó un poco en su asiento, ahora completamente enfocado.
Eso implicaría una variable que no había considerado. Lo cual era… problemático.
Muy problemático.
Volvió a observarlo. Esta vez no como un espectador, sino como un experimento.
Gen hablaba, sonreía, jugaba con el público como si todo estuviera bajo su control.
Pero Senku ya no veía un espectáculo.
En ese momento, Gen levantó la mirada, y lo encontró.
Contacto visual.
Directo.
Sin interferencias.
Por una fracción de segundo, todo lo demás dejó de importar. El ruido, el público, el escenario, todo.
Senku no apartó la mirada, no había razón lógica para hacerlo.
Y entonces
Gen sonrió.
Algo en el pecho de Senku se tensó de forma abrupta, instintiva, inexplicable.
Su ritmo cardíaco aumentó ligeramente.
Lo notó.
Lo registró.
Y lo descartó como una anomalía… temporal.
Pero no desvió la mirada.
No esta vez.
—Interesante… —murmuró, apenas audible.
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El show había terminado, pero Senku no se movió de su asiento. A su alrededor, el teatro seguía lleno de ruidos, aplausos, voces. Todo eso quedaba en segundo plano, como si no importara.
Su mirada seguía fija en el escenario vacío, en el lugar exacto donde Gen había estado hacía apenas unos minutos.
Había algo mal.
No en el espectáculo. En él.
Ese aroma… a lavanda.
No era fuerte, ni invasivo, ni siquiera constante. Pero lo había notado con una claridad que no tenía sentido. Demasiado preciso. Demasiado presente. Su mente ya estaba intentando clasificarlo, desarmarlo, encontrarle una explicación lógica… pero no encajaba. Y eso no era normal.
Senku frunció levemente el ceño, tensando apenas la mandíbula. No le gustaba no entender. No le gustaba no poder reducirlo a datos, a componentes, a algo concreto.
Pero esto…
Esto no se dejaba analizar tan fácilmente.
Se levantó finalmente, saliendo del teatro sin mirar atrás. No porque no le importara, sino porque ya tenía claro qué estaba buscando. No iba a perder tiempo.
Lavanda.
Esa misma noche terminó en una tienda. El aire estaba cargado de perfumes mezclados, demasiado intensos. Le resultaba molesto, pero no se detuvo.
Pidió todo lo que tuvieran con ese aroma.
No escuchó explicaciones, no le importaron las marcas ni los precios. Solo tomó los frascos y empezó a probarlos. Uno tras otro. Abría, inhalaba, descartaba. Su expresión se mantenía igual.
Ninguno era correcto.
Ninguno se acercaba.
Aun así, compró varios.
No por interés.
Por necesidad.
Los días siguientes se volvieron un ciclo. Más tiendas, más frascos, más intentos. Su habitación empezó a llenarse, el aire cada vez más pesado con esa lavanda imperfecta que no lograba replicar lo que había percibido ese dia. El olor estaba en todos lados… y aun así, faltaba algo.
Senku dejó uno de los frascos sobre la mesa con más fuerza de la necesaria, observándolo fijamente, como si pudiera obligarlo a cambiar. No tenía sentido. Ya había probado suficientes variaciones como para acercarse al resultado.
Y aun así… Nada.
Se dejó caer en la silla, pasando una mano por su cabello, cerrando los ojos apenas un segundo. Y entonces volvió. Sin esfuerzo. Sin que lo buscara. El escenario, la voz… y él.
Gen.
Ese instante.
Esa sonrisa.
Sus ojos se abrieron de golpe. El aire en la habitación se sintió denso, incorrecto, casi insoportable. Todo ese olor… no era el correcto.
Nunca lo había sido.
No era el aroma.
Era de donde provenía.
El silencio que siguió fue pesado. Senku miró a su alrededor, a todos los frascos acumulados, a ese intento fallido de replicar algo que claramente no podía copiarse. Había estado buscando mal desde el principio.
Porque eso no era algo que pudiera separarse.
No era algo que pudiera reemplazarse.
Su mandíbula se tensó apenas, mientras la idea terminaba de acomodarse en su cabeza, firme, clara, inevitable.
Entonces no necesitaba la lavanda.
Lo necesitaba a él.
Se inclinó un poco hacia adelante, apoyando los codos en sus rodillas, completamente enfocado. No había duda, no había espacio para replantearlo.
Si no podía recrearlo…
Entonces lo iba a obtener directamente.
No iba a ignorarlo.
No iba a dejarlo pasar.
No iba a conformarse con menos.
Lo quería.
Ahora.
Una leve sonrisa apareció en su rostro, casi imperceptible, pero cargada de intención.
Iba a encontrarlo.
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Los días siguientes se convirtieron en un patrón constante. Senku pasaba horas frente a la computadora, la pantalla iluminando su rostro en medio de la habitación. Investigaba todo.
Entrevistas, artículos, grabaciones de shows, apariciones en televisión. Cualquier cosa donde apareciera él.
Reproducía los videos más de una vez, deteniéndose en detalles que otros ignorarían. Su forma de hablar, sus pausas, sus gestos. Incluso el ángulo en el que giraba la cabeza. Todo tenía que tener una lógica. Todo debía poder entenderse. Pero cuanto más observaba… más lo necesitaba.
Fue en una de esas entrevistas donde algo cambió.
Gen estaba relajado, sonriendo como siempre, respondiendo con ligereza… hasta que, de repente, inclinó apenas la cabeza hacia la cámara.
—En realidad, no me llamo Asagiri. Ese es solo mi nombre artístico.
Hubo una pequeña pausa.
Luego sonrió, llevándose el dedo índice a la barbilla, con ese aire juguetón que parecía medir cada reacción.
—les voy a dejar una tarea … veamos si descubren mi verdadero nombre.
El video continuó, pero Senku ya no estaba prestando atención.
Había encontrado algo.
Su mirada se afiló apenas, mientras retrocedía el video y lo reproducía otra vez, analizando cada gesto, cada microexpresión.
No era solo una broma.
Era un reto.
Y lo había lanzado directamente.
Senku apoyó el codo sobre la mesa, acercándose un poco más a la pantalla.
—kuku, Interesante…
Gen Snayder. Hijo de un militar y un científico.
Eso complicaba las cosas...
Senku se recostó apenas en la silla, sin apartar la mirada de la pantalla. Si quería acercarse a él, no iba a ser tan simple como aparecer y ya. Había obstáculos. Y no eran menores. Aun así, no dudó. Siguió. Porque detenerse no era una opción.
Entre archivos y perfiles encontró otro dato: universidad. Gen seguía estudiando. Doctorado en psicología. La información se acomodó en su cabeza al instante, tomando forma, volviéndose útil. Accesible. Posible.
Senku no perdió tiempo. Buscó más. Personas cercanas. Contactos.
Ukyo Saionji. Misma universidad, otra carrera.
Tsukasa Shishio. Lo conoció en televisión.
Chelsea Childe. También estudiante.
Su mirada se afiló, recorriendo la pantalla con más atención. Estaba armando un plan.
Y cada vez… estaba más cerca.
