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IDOLS

Summary:

Surf ha vuelto a Nova Entertainment con un solo objetivo: recuperar su carrera y no cometer errores. Java solo quiere sobrevivir a la sombra de su apellido. No se soportan, pero la industria los quiere juntos. Shippeados hasta el cansancio, tendrán que aprender a convivir entre cámaras, ensayos y silencios incómodos.

¿Pero qué sucede cuando el roce constante empieza a desgastar el odio? ¿Sabrán distinguir dónde acaba la profesionalidad de un guión y dónde empiezan los sentimientos que no se atreven a confesar? Cuando las líneas entre el fanservice y la realidad se difuminan, las piezas dejarán de encajar... y será entonces cuando descubran que lo más peligroso de fingir una mentira es que termine convirtiéndose en la única verdad por la que vale la pena luchar.

✨ Qué esperar:

─Trainee/Idol AU
─Rivals to Lovers / Enemies to Lovers
─Heavy Slow Burn
─Workplace Tension & Fanservice
─Dual POV

Notes:

Chapter 1: Tercera generación

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Surf cruzó la puerta de Nova Entertainment con el estómago apretado y la sensación incómoda de estar entrando de nuevo al lugar dónde creyó pertenecer, pero del que tuvo que marcharse. 

El vestíbulo brillaba demasiado, iluminado por pantallas gigantes de vídeos promocionales en silencio. Videos en los que aparecían chicos a los que conocía, incluso personalmente, pero que vistos así parecían inalcanzables.

En las paredes del fondo, los pósteres enormes de la Segunda Generación. Chicos que sí habían debutado el año pasado, los que habían sobrevivido al mismo filtro que a él le había explotado en la cara en el último segundo.

Ahí estaba Mark.

Sonriendo desde un panel retroiluminado, impecable, con esa presencia de estrella que no necesita esfuerzo para ocupar espacio. Había salido en series, en entrevistas, en campañas. 

Vivía la vida que Surf siempre había imaginado, que había tenido tan cerca y que se esfumó, casi en el último segundo. 

Se quedó quieto. 

No porque no pudiera seguir caminando. Sino porque una parte de él necesitaba mirar.

Mark parecía hecho para ese edificio. Para pertenecer a esa generación de estrellas que se habían consolidado. 

No era para menos, en su serie debut casi le robó el protagonismo a la pareja principal siendo solo un personaje secundario.

Surf recordaba perfectamente como las fans se volvieron locas con él nada más estrenarse la serie y lo pronto que empezaron a shipearlo con cualquier chico lindo al que se acercaba. 

Sonrió, por primera vez desde que entró en aquel edificio. Sentía orgullo por Mark, era su amigo. Había estado a su lado en las primeras audiciones, en las horas muertas, en los entrenamientos donde ninguno de los dos sabía si reírse o romper algo. 

Verlo ahí le daba alegría, pero… Debajo del orgullo había otra cosa. Una cosa más fea. Más viscosa.

No era tanto como envidia, pero había una voz, una que nacía del fondo de su ser, que empezó a sonar cada vez más alta en su cabeza. Mark estaba allí arriba y él seguía estancado en la misma casilla de salida. Otra vez. 

Él era un nombre en la lista de chicos que habían fracasado. 

Un recuerdo llegó sin pedir permiso y su cuerpo reaccionó al instante sin que pudiera controlarlo, la misma sensación se repetía una y otra vez. Aquellos focos.

El sudor frío resbalando por su espalda bajo aquellas luces intensas de la evaluación final en 2025. La mirada de los jueces, inmóvil, clavada en él con esa cortesía despiadada que solo tienen los que están acostumbrados a decidir el destino de otros.

La música había empezado y él había dado un paso. Después, nada.

Nunca había entendido a las personas que decían que quedaban en blanco, aquel día lo comprendió a la perfección. La mente en blanco no era una metáfora. Era un agujero. 

Un hueco negro dónde antes había coreografía, voz, control y años de trabajo…

Todo reducido a un momento dónde el aire no entraba en los pulmones al ritmo normal, las manos sudorosas le temblaban y el suelo parecía demasiado lejos y demasiado cerca al mismo tiempo.

Tuvo la sensación espantosa de que iba a vomitar delante de todos, de que el cuerpo iba a traicionarlo delante del jurado y de sus compañeros. 

Quiso seguir. Quiso recordar una sola secuencia, un solo compás, una sola frase. Pero la cabeza no respondía. Solo había el latido brutal de su corazón golpeándole las costillas como un animal encerrado.

Diecisiete segundos. 

Surf los había contado después, con el vídeo en bucle, seis veces seguidas antes de que alguien se lo quitó de las manos. Diecisiete segundos en el escenario sin moverse mientras la canción avanzaba sin él.

Los jueces no habían dicho nada. Eso era lo peor, no habían necesitado decir nada.

Surf apretó los dedos contra la correa de su mochila.

Cortó el recuerdo de golpe como si se arrancara una espina de la piel.

Su terapeuta había sido muy clara. No le des vueltas. El pasado no cambia con revisarlo.

Surf tragó saliva.

Eso era muy fácil decirlo. Y parecía lo suficientemente racional para que Surf pensara sobre ese consejo, pero…

Ahí de pie, frente al póster de Mark y de nuevo en Nova Entertainment esa teoría racional, se quedaba vacía. El pasado seguía allí, recordándole que aún no había ganado nada. 

Tercera Generación. Eso era lo que era ahora. 

Esta vez no tenía una excusa. Estaba allí porque era su última oportunidad. 

Echó a andar. Cada paso fue más firme que el anterior, como si el miedo tuviera que quedarse atrás, porque él ya no podía permitirse cargarlo.

Enderezó la espalda, con una determinación tan tensa que casi dolía. Esta vez no iba a dejar que el miedo le ganara delante de nadie.

—-------

La sala de la Tercera Generación estaba en la planta cuatro, al fondo del pasillo. 

Empujó la puerta. 

El silencio duró exactamente un segundo. Después llegó el murmullo bajo, ese sonido específico que hace un grupo de gente cuando entra alguien sobre quién ya saben algo. 

Surf siguió caminando sin reaccionar, con la mochila colgando de un hombro y la mandíbula fija. La sala era grande, luminosa, llena de sillas colocadas en filas desordenadas y aspirantes intentando aparentar tranquilidad mientras se medían entre ellos en silencio.

Reconoció algunas caras. Dos chicos del año anterior bastante buenos. Esto solo confirmaba que no era el único al que la empresa había decidido darle una segunda oportunidad. 

Los cuchicheos llegaban en fragmentos, sin orden:

—...que tuvo algo con su familia, que en el último momento recibió una llamada y...

—No, yo escuché que fue algo de salud, que tiene algún tipo de...

—¿Y si simplemente se bloqueó? Porque eso le pasa a mucha gente cuando...

Surf encontró una silla libre en la tercera fila y se sentó. 

No le molestaba que hablaran, lo que le molestaba era que le hiciesen revivir aquel recuerdo, como una mano hundiéndose en una herida todavía abierta. 

Apretó los puños. Respira. Su terapeuta repetía eso constantemente. No pelees con el pensamiento. Déjalo pasar… Es más fácil decirlo fuera de Nova Entertainment.

La puerta volvió a abrirse. Los profesores entraron juntos, atravesando la sala con esa seguridad tranquila de quienes ya habían visto cientos de trainees romperse delante de ellos. El murmullo fue cesando. 

Surf los reconoció enseguida. Nanon, el profesor de música. El mismo que el año pasado le había dicho que tenía talento suficiente para debutar si conseguía dejar de pelearse consigo mismo. Y Tay, el profesor de actuación.

El año pasado había tardado tres semanas en aprender a leerlos. Este año ya les conocía, sabía lo que valoraban y lo que no, era su única ventaja. 

Nanon dejó unas carpetas sobre la mesa principal y miró a todos por encima de ellas.

—Bienvenidos a la Tercera Generación de Nova Entertainment.

Silencio inmediato.

—Vamos a pasar lista antes de empezar.

Surf dejó la vista fija al frente mientras escuchaba nombres desfilar uno detrás de otro. Algunos respondían nerviosos. Otros demasiado alto, intentando parecer seguros.

Entonces:

Java Bhobdhama

Silencio.

Nanon levantó la vista del papel. Tay miró el reloj en la pared.

Un segundo después la puerta se abrió de golpe. Todos giraron la cabeza.

El chico que entró llevaba la mochila en un hombro, el pelo ligeramente revuelto como si hubiera estado corriendo, y una expresión en la cara que Surf tardó un momento en identificar porque no era la que esperaba. 

No era vergüenza. Era algo más parecido a la diversión de alguien que encuentra la situación graciosa y no ve el sentido en fingir que no.

—¡Perdón, perdón! ¡Lo siento muchísimo!—dijo, y sonó completamente sincero — No encontraba esta sala y terminé en el edificio de prácticas de baile… creo.

Algunas risas suaves recorrieron la clase. Surf rodó los ojos automáticamente. Llegar tarde el primer día con ese tono, con esa cara… 

El chico, sin embargo, sonrió con una facilidad irritante. Esa clase de sonrisa natural que parecía desactivar la tensión alrededor sin esfuerzo.

—Venga —dijo Nanon, y señaló la sala con la carpeta—. Siéntate. No pasa nada.

Java escaneó la sala con rapidez. Sus ojos se detuvieron en la silla vacía que había junto a Surf. Caminó hacia allí. Y ahí fue cuando Surf se fijó realmente en él.

Era guapo. No de la manera perfectamente calculada que tenían algunos trainees. 

Lo suyo era otra cosa, más natural. Rasgos suaves, piel clara, ojos enormes todavía algo desorientados por la carrera y esa clase de belleza etérea que hacía que la gente mirara dos veces sin darse cuenta.

Guapo. Sí. ¿Y qué?

Surf había visto chicos guapos toda su vida. Nova estaba llena de ellos. La belleza aquí era solo un punto de partida. Apartó la vista enseguida.

Java se sentó, acomodó la mochila entre los pies, y lo miró.

—Hola —dijo, con una sonrisa.

—Hola —respondió Surf con un simple movimiento de cabeza. 

Nanon retomó la explicación como si nada hubiera pasado.

—Todos habéis dejado ya vuestro equipaje en las habitaciones. La zona residencial cierra a las diez de la noche. Si llegáis tarde, se os penalizará.

Algunos empezaron a tomar notas inmediatamente. Surf incluido.

—Estas seis semanas van a ser intensivas —continuó Tay—. Vais a seguir un horario estricto desde primera hora de la mañana hasta la noche. Música, baile, actuación, expresión corporal, idiomas, entrenamiento físico y evaluaciones semanales.

—Además, este año implicaremos más al público —dijo Nanon —. Todo está explicado en el dossier que os vamos a repartir. 

Un asistente empezó a repartir carpetas negras por las filas. Cuando una cayó sobre la mesa de Surf, él la agarró casi al instante.

Cuarenta y dos páginas, grapadas en la esquina superior izquierda, con el logo de Nova en la portada y el calendario de las seis semanas impreso en la contraportada. 

Normas de convivencia, horarios de ensayo, criterios de evaluación, el sistema de puntuación que determina quién debuta y quién no.

Su última oportunidad impresa en papel. Pasó la mano por la portada lentamente mientras Tay seguía hablando.

—Esto no es un campamento —dijo, y lo dijo de una manera que no necesitaba ser amenaza para serlo—. Estáis aquí porque alguien creyó que tenéis algo. Ahora tenéis que demostrarlo.

—Por el momento tenéis que grabar un pequeño video de presentación para nuestras redes sociales —escuchó decir a Nanon —Es una oportunidad de oro para que la gente os conozca, aprovecharla. 

Surf pasó la página. A su izquierda, escuchó un sonido. Pequeño, casi inaudible. El rasgueo de un bolígrafo sobre papel.

Se giró. Java tenía el dossier apoyado sobre la rodilla y estaba dibujando en la portada. Un monigote, algo parecido a un dinosaurio: cabeza redonda, dos brazos, una sonrisa de tres trazos… 

Lo estaba haciendo con la concentración aplicada de alguien que no está siendo descuidado sino genuinamente entretenido.

Surf lo miró durante tres segundos completos.

Ese papel era el mapa de las próximas seis semanas de su vida. Era, en términos prácticos, la diferencia entre debutar o volver a casa. Y el chico que tenía al lado lo estaba usando para hacer garabatos.

Volvió la vista al frente. Este no tiene ni idea de lo que nos estamos jugando.

Respiró despacio. Se dijo que no era asunto suyo, cada uno gestiona su oportunidad como quiere, tengo suficiente con gestionar la mía. 

Se lo dijo tres veces. No funcionó del todo.

Tay estaba terminando el discurso sobre la importancia de tomarse estas semanas de entrenamiento en serio cuando Java inclinó el dossier levemente hacia Surf, sin girar la cabeza, como si fuera un gesto completamente casual.

—¿Qué te parece? —murmuró, señalando el dinosaurio con el capuchón del bolígrafo—. Le he puesto cara de juez.

Surf miró el dibujo. Miró a Java. Miró el dossier y volvió la vista al frente… 

—Llevas aquí diez minutos —dijo, muy bajo, sin mover la mandíbula más de lo necesario— y ya estás perdiendo el tiempo.

—Eso ya lo veremos—respondió Java, con un brillo de desafío en los ojos qué Surf no supo cómo interpretar.

Notes:

¡Hola! Bienvenidos a Idols. Esta es una historia que nace del amor que tengo por el ship SurfJava y de las ganas de explorar qué pasaría si sus mundos chocaran en un entorno tan competitivo como Nova Entertainment.

Espero que disfrutéis de este primer encuentro entre la intensidad de Surf y el caos de Java.

¡Dejadme en los comentarios qué os ha parecido este primer capítulo! Nos leemos mañana con el siguiente. 💙