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Cuarto de Hotel - Harco

Summary:

Harry decide darle rumbo a su vida, después de todo lo acontecido en torno a la guerra y toma un traslador a un lugar desconocido. Su deseo es que la vida lo sorprenda, y realmente lo hace cuándo su destino resulta ser el mismo que la persona que no lograba salir de su mente: Draco Malfoy.

Después de todo, un cuarto de hotel sería la respuesta a todas sus preguntas y sus vidas estaban por cambiar.

Advertencias:
- Postguerra
- Drama y romance
- Harco
- Esta historia forma parte del AU “Noche de copas - Ronarry” no es necesario leer la historia para entender esta, pero si tienen interés en leerla, la pueden encontrar en mi perfil.
- Si no te gusta la pareja evita leer
- Habrá Mpreg
- Aquí los finales felices son garantizados <3
- Cuarto de hotel de Morat fue la inspiración para esta historia, y tendrá algunos cambios.

Disclaimer:
La historia me pertenece. Los personajes son propiedad de JK Rowling, la canción cuarto de hotel pertenece al grupo Morat, todo es sin fines de lucro, solo entretenimiento.

Bajo ningún concepto autorizo copias y/o adaptaciones de esta historia.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Prólogo

Chapter Text

Prólogo 

Harry soltó un suspiró suave, mirando la luna a través de la ventana del cuarto de hotel, era una noche luminosa y no podía sentirse más pleno. Se giró un poco, cuidando de no despertar al chico en sus brazos, un mechón de cabello platinado caía ligeramente sobre aquel pálido rostro, su respiración era lenta y pausada, y a Harry le parecía el hombre más tierno del mundo. El azabache nunca imaginó hospedarse en el mismo hotel que su antiguo némesis de Hogwarts: Draco Malfoy, y cuando menos qué terminaría en su habitación charlando como si nunca hubieran tenido diferencias de opinión y pensamientos, aunque el término nemesis ya no fuera el más apropiado para describir su relación actual, no después de haber hecho el amor. 

Todavía recordaba aquel momento en el qué comenzó a ver a Draco de una manera distinta, porque tenían en común mucho más de lo que alguna vez imaginó, descubriendo que el rubio no era lo qué aparentaba. 

Hogwarts 1996 

Harry se giró con la intención de mirar el sitio en el que la mirada de Katie Bell se había perdido. La chica a la que habían hechizado y que después de varios días en San Mungo, la tenía frente a él, junto a la oportunidad de descubrir lo que le había ocurrido. Grande fue su sorpresa al encontrarse de lleno con Draco Malfoy, de pie, frente al gran comedor, mirándolos como si supieran la razón de su actitud. 

Draco giró sobre sus talones y se alejó a grandes zancadas de ahí. Harry no era alguien que se quedaba quieto cuándo algo no le cuadraba y últimamente el rubio era la razón más importante que tenía para sospechar que algo estaba mal. 

Draco corrió hacía el baño de mujeres, sin temor a que alguien lo descubriera, el lugar siempre estaba sólo y la razón era fácil de adivinar: Myrtle la llorona, qué no solo era el fantasma que habitaba el baño de Hogwarts, también se había convertido en la amiga y única compañía del chico rubio durante los últimos meses, porque no solo debía cumplir una misión, también se había quedado sin amigos a consecuencia de sus estúpidas decisiones. 

Harry llegó al baño segundos después que Malfoy y se encontró con una escena desgarradora, nunca había visto a Malfoy así, y en el fondo de su ser dudaba que fuera algún tipo de broma, el rubio se veía realmente  mal. Draco sostenía con firmeza el lavabo de porcelana blanco, el chaleco que hacía un par de minutos traía puesto, lo había tirado en un rincón del suelo, el chico lloraba estruendosamente, no se había percatado de que tenía compañía hasta que Myrtle lo vio e hizo todo un escándalo por su presencia.

—¡No saben cuánto desearía estar viva! ¡así podría decidir entre alguno de ustedes! —chilló Myrtle, sin embargo ni el Gryffindor ni el Slytherin le prestaron atención. 

Se escuchó el eco de Myrtle llorando estruendosamente mientras se perdía por el tubo de la cañería.  

Draco se giró y lo miró, parecía alterado, su varita de espino yacía sobre el lavabo, se encontraba completamente desarmado y Harry tuvo el presentimiento de que no lo atacaría. 

—¡Lárgate Potter! ¡No necesito tú lástima! —le espetó Malfoy. 

—Malfoy, sé que tú has sido el responsable del ataque a Katie y la botella envenenada que estuvimos a punto de beber y de no ser por Neville que la probó antes de servirla en la reunión de Slughorn, todos los asistentes estaríamos muertos y para tú mala suerte él está bien —dijo Harry. 

Malfoy no quiso seguir escuchando y se cubrió los oídos con la manos, se dobló y cayó al piso de rodillas, derramando lágrimas, su cuerpo daba ligeras convulsiones y Harry se asustó. Harry observaba al chico con aire preocupado, por un instante dudó si de verdad Draco Malfoy estaba teniendo un ataque de ansiedad, pero no había nadie más en el baño, él lo había seguido durante todo su camino al lugar y ninguna otra persona había ido tras él, y podría asegurar que en el baño estaban solo ellos dos. 

Harry nunca había experimentado una situación parecida, y ni hablar de cómo lidiar con ello, mucho menos con Malfoy. Estaba seguro que le sería imposible calmarlo y probablemente terminarían batiéndose en duelo. 

No obstante, el Gryffindor se armó de valor y se acercó con cautela, Malfoy estaba lo suficientemente alejado de su varita y Harry se inclinó hasta él, lo tomó por los hombros y sin tener claro qué más hacer lo ayudó a levantarse y recargó su cuerpo en el borde del lavamanos. 

—Malfoy tienes que calmarte… —murmuró el azabache. 

Draco no lo escuchó, continuaba sollozando y temblando, su realidad tenía que ser la peor de sus pesadillas, siempre que se sentía así cerraba los ojos con fuerza, intentando despertar de esa pesadilla que lo atormentaba día con día, no obstante, nunca funcionaba y odiaba sentirse así, porque además estaba completamente sólo, ya no tenía amigos y su vida iba en picada. 

—¡Malfoy, mírame! —pidió Harry. 

Draco no lograba enfocar la mirada en él, se sentía realmente mal, nunca antes había experimentado esas sensaciones en un ataque de ansiedad. 

—¿Por qué me pasa esto a mí? —sollozó Draco. 

Harry no supo qué responder, lo único que hizo fue observar y sin quererlo, se dio cuenta de que el rubio era mucho más atractivo de cerca. 

Debo estar jodidamente loco, pensó Harry. 

—¡Yo no pedí esta mierda! ¡Yo no quería estar así! ¡¿Qué tan difícil es tener una vida normal?! —gritó Draco, su voz resonó por todo el lugar. 

—Malfoy cálmate, por favor, no estás bien… —dijo Harry—, y no eres el único que lo piensa yo lo hago más a menudo de lo que imaginas. 

Harry no tenía claro por qué había dicho eso, no obstante, era lo que sentía y lo que siempre había pensado, él no creó esa realidad, pero su obligación aun sin quererlo era terminarla, y se dio cuenta de que en ese aspecto coincidía con el rubio.

—¡¿Y tú eres el más indicado para decirlo, no?! —le espetó Malfoy—, ¡La vida es una mierda! ¡Mi vida lo es y ya no puedo más!

Draco comenzó a gritar incoherencias e intentó apartarse de Harry, sin embargo este no se lo permitió y lo sostuvo con fuerza y dificultad de las muñecas, tenía el presentimiento de que si lo soltaba algo malo iba a pasar. 

Harry no sabía qué hacer ni cómo calmarlo y lo único que se le vino a la mente y lo hizo antes de razonar fue la peor locura de su vida: besarlo. 

Harry pegó sus labios a los de Draco con la intención de calmarlo, el rubio se quedó estático durante un par de segundos hasta que, comenzó a liberar tensión de su cuerpo y correspondió al beso. El azabache intensificó el beso, no teniendo claro si era para evitar que Draco recayera o porque lo estaba deseando. Todo pensamiento en sus mentes se esfumó, estaban completamente concentrados en los labios del otro, besándose y explorando sus bocas con la lengua, hasta que la voz gruesa y áspera de Snape los obligó a separarse. 

Draco se sobresaltó y Harry se giró para mirar a su profesor, el chico estaba completamente pálido y no se atrevió a decir una palabra. 

—Si usted señor Potter valora su vida aléjese de mi ahijado, no permitiré que sea una causa más de sus pesadillas —musitó su profesor. 

¿Ahijado había dicho?. Se preguntó Harry. 

El Gryffindor no respondió, se apartó de Draco antes de que al hombre se le ocurriera lanzarle una maldición. 

A partir de ese día muchas cosas cambiaron; la relación con sus amigos a excepción de Luna y Neville se fracturó totalmente, y tiempo después la familia que lo había adoptado ya no lo veía como un integrante más.

Lo único que lo motivaba a terminar con todo era volver a ver al rubio que no salía de su mente y descubrir si tal vez, sentía algo por él. 

En su nuevo presente, Harry sospechaba qué sus sentimientos hacía el rubio eran completamente sinceros. Lo qué no estaba seguro era hacía que rumbo los llevaría.