Actions

Work Header

Mi Musa - Landoscar

Summary:

Lando Norris está cansado de quedar siempre detrás de Max Verstappen. Cuando una entrega libre le deja la mente en blanco, encuentra inspiración en un desconocido que suele cruzarse por los pasillos de la facultad. Lo que empieza como una simple referencia artística pronto se convierte en algo mucho más difícil de ignorar.

Chapter 1: Capítulo 1 - Bloqueo

Chapter Text

Hacían dos meses que habían empezado las clases y Lando ya estaba frustrado con su rendimiento académico. No porque le fuera mal; al contrario, era muy bueno en lo que hacía y sabía que no se había equivocado al elegir esa carrera.

El problema tenía nombre y apellido: Max Verstappen.

Lo conocía desde la escuela y llevaban años compitiendo por ver quién era mejor. Desde hacía cuatro años, Max siempre terminaba ganándole. Lando ya estaba harto.

—La entrega final va a consistir en una carpeta con todos los trabajos prácticos que entreguen a partir de ahora. Se van a evaluar tanto la técnica como la creatividad —anunció el profesor Valtteri al finalizar la clase—. La primera entrega es para la semana que viene y el tema va a ser libre.

Max miró a Lando con una sonrisa cargada de picardía.

Eran amigos, pero siempre había una tensión extraña entre ellos. Max lo presionaba constantemente y Lando, de una forma u otra, siempre terminaba cediendo.

—¿Tenés algo pensado para la entrega? —preguntó, fingiendo indiferencia.

—No —respondió Lando con sequedad.

Ya se veía venir alguna idea extravagante de Max que lo dejara en ridículo.

—No te confíes con los tiempos —le advirtió antes de salir del salón.

Lando partió el lápiz que tenía entre los dedos.

No sabía cómo, pero tenía que hacer el mejor trabajo de su vida. Algo que le demostrara a Max que podía ganarle. Algo que nunca olvidaría.

Todos los estudiantes de Artes, después de clase, se internaban en los talleres de la universidad. Allí era donde volcaban sus ideas y creatividad, donde daban forma a sus obras. Era un lugar casi mágico, lleno de caballetes y mesas de trabajo, con olor a pintura, arcilla e inspiración. Era uno de los lugares favoritos de Lando.

Al llegar esa tarde, abrió su caballete, colocó el lienzo y sacó las pinturas.

Y nada.

Su imaginación no fluía.

No era como otros días, cuando el pincel parecía guiarlo por sí solo hasta una obra maestra. No tenía ninguna idea. Nada.

Miró hacia un costado y vio a Max trabajando con total confianza en una naturaleza muerta. El cuadro estaba lleno de detalles, luces, sombras y proporciones impecables.

La ira volvió a recorrerle el cuerpo.

Decidió que era un buen momento para despejarse un poco, así que salió al pasillo.

Se colocó los auriculares y puso la música a todo volumen antes de sentarse en una de las bancas. Observaba a la gente pasar mientras tamborileaba el ritmo de las canciones contra el apoyabrazos.

Estaba completamente inmerso en la música cuando sintió que alguien se acomodaba a su lado.

Al girarse, notó por primera vez que había otra persona sentada en el banco.

El chico tenía una expresión extrañamente difícil de descifrar. No sonreía, pero tampoco parecía molesto. El cabello rubio le caía sobre la frente y sus ojos claros parecían estar siempre concentrados en algo. Lando no estaba seguro de si era serio o si simplemente tenía cara de serio.

El chico notó que lo estaba mirando y dijo algo que Lando no alcanzó a escuchar por encima de la música.

—¿Qué? —preguntó casi gritando mientras se quitaba los auriculares.

—¿Te pasa algo? —preguntó el otro.

La pregunta ofendió un poco a Lando, pero la había dicho con tanta calma que le resultó imposible enojarse.

—No. Es que estaba escuchando la música muy fuerte y no me di cuenta de que te habías sentado.

—Sí, la escuché —respondió, formando apenas una sonrisa.

—¿En serio? —preguntó Lando, avergonzado.

—Sí. Pero no me molestó. Yo no escucho mucha música, la verdad, pero me gusta la que escuchás.

—Es Post Malone —comentó Lando en voz baja.

Observó cómo el chico sacaba el celular, buscaba al artista en Spotify y le daba "me gusta".

Después de eso, no volvieron a intercambiar una sola palabra.

Miró el reloj y se dio cuenta de que había pasado una hora entera sentado en el pasillo.

Una hora.

Y seguía sin una sola idea.

Regresó al taller arrastrando los pies. El lienzo en blanco lo recibió exactamente igual que cuando se había ido.

Lando dejó escapar un suspiro.

Definitivamente, aquello no estaba siendo su día.